Cristianos Socialistas reivindican el valor de la religión

La laicidad incluyente del PSOE

RD
Viernes, 9 de marzo 2007

 

"Seamos laicos: tendamos puentes y no ensanchemos las brechas”. Con esta finalidad casi contracorriente, miembros del PSOE del grupo federal Cristianos Socialistas han elaborado un “documento propuesta” en el que reivindican el valor de las confesiones religiosas y demandan un “Pacto por un Laicidad Incluyente”, según cuenta José Lorenzo en el semanario Vida Nueva.

Este texto, que ya ha sido presentado a miembros de la jerarquía episcopal y responsables socialistas, entre ellos el embajador en el Vaticano, Francisco Vázquez, es la repuesta creyente al ‘Manifiesto Constitución, Laicidad y Educación para la Ciudadanía’, presentado en diciembre pasado por el diputado Álvaro Cuesta, secretario federal de Política Municipal y Libertades Públicas del PSOE, y principal impulsor de su lobby laicista.

Un manifiesto que encendió todas las alarmas en el seno de la Conferencia Episcopal, como puso de manifiesto el arzobispo Fernando Sebastián en una demoledora “Lectura crítica” del mismo.
Fruto de la invitación al diálogo que proponía el arzobispo de Pamplona nace esta reflexión de Cristianos Socialistas, que comienza reconociendo el valor de las confesiones religiosas como “expresión e instrumento de una ciudadanía participativa y solidaria”, y que recalca que la “necesaria” separación entre Estado y religión “no significa indiferencia o pasiva neutralidad”.

“Bajo una interpretación parcial y sesgada del principio de laicidad”, dice el documento del grupo que coordina Carlos García de Andoin, “hay quienes justifican la prohibición de la realización de procesiones de Semana Santa en nuestro país, la eliminación de belenes navideños en las escuelas, la expulsión de las enseñanzas regladas de religión con optatividad en la escuela pública o que se llegue a anular todo tipo de cooperación o ayuda económica a las confesiones”. “Estas pretensiones”, se afirma, “contradicen el espíritu y letra de la Constitución y el sentir mayoritario de los españoles”.

El documento, de nueve páginas, hace autocrítica también sobre la tradicional postura mantenida por el PSOE a propósito de la religión y, en concreto, de la católica, señalando que “la estrategia de un laicismo anticlerical ha podido ser muy interiorizada” en sus filas. Asimismo, pone en guardia ante esa “acepción de la laicidad” que “esconde la intención de eliminar la religión o reprimirla a la esfera privada”, pues así “se va por un camino contrario a la democracia y las libertades”.

En este sentido, se asegura que “no ayudaría a la defensa de los Derechos Humanos que se sintiera el más mínimo asomo de añoranza del paradigma constitucional republicano [en alusión a la Constitución de 1931] en materia de religión”. Frente a eso, apuestan por “debatir y madurar el papel” que se otorga en nuestra sociedad a las creencias religiosas  e invitan a las organizaciones políticas, sindicales y sociales a que “asuman en su cultura corporativa la libertad y cooperación religiosas”.
 

TRAS LA ‘SANA LAICIDAD’ DE BENEDICTO XVI

Los impulsores de este Pacto consideran “una poderosa prueba” de que la laicidad incluyente está ya presente en nuestra sociedad el “altísimo porcentaje” de católicos que votan al PSOE [quienes lo hicieron en las elecciones de 2003 se declararon católicos practicantes en un 46%].

Por ello, recordando también las palabras de Benedicto XVI de diciembre pasado en las que invitaba a los “creyentes en Cristo” a “contribuir a elaborar un concepto de laicidad basado en la legítima autonomía de las realidades terrenas” e impulsor de la “sana laicidad”, Cristianos Socialistas propone asentar en la sociedad española un Pacto por una Laicidad Incluyente que se sustente sobre “tres vectores”.

Primero, el del “desarrollo activo de la laicidad el Estado, de las instituciones públicas y de las leyes ante restos de confesionalismo; algo que debe hacerse no frente al factor religioso sino desde la inclusión, la cooperación y el reconocimiento de la aportación de las confesiones religiosas” a la sociedad.

Segundo, con la “construcción de un marco ético cívico compartido que debe sostenerse y enriquecerse no sólo desde matrices laicas o sólo religiosas, sino desde la contribución y el diálogo en un marco de laicidad”, y tercero, mediante “la acción positiva para superar la discriminación de las confesiones religiosas no católicas”.

Esto, se añade, “no debe hacerse para difuminar el catolicismo como una entre otras sino desde el reconocimiento de la singularidad histórica, cultural y pública de la Iglesia católica en un país como España, algo expresamente reconocido por la propia Constitución”.