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Santa Sede
El Papa pide a los medios comunicar la belleza y la verdad
Luces y sombras del nuevo panorama comunicativo, según el Papa
El predicador del Papa alerta: El pecado que Dios denuncia con más fuerza es la hipocresía
Análisis
La sexualización de las chicas
Mundo
Universitarios en cuatro lugares asiáticos rezarán con el Papa
Una ley en Andalucía permitirá clonación de células madre
Flash
Encuesta on line sobre la misión continental de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano
Entrevistas
«El futuro está aquí: boletines de Iglesia electrónicos»
De la mujer depende el que se conserve y transmita la fe
Documentación
Llamamiento de Benedicto XVI a la responsabilidad de los medios de comunicación
Predicador del Papa: «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios»
El Papa con el clero de Roma: La integración de los movimientos en la Iglesia (IV)
Santa Sede
El Papa pide a los medios comunicar la belleza y la verdad
Al recibir a los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI hizo este viernes un llamamiento a los medios de comunicación social para que en sus ámbitos y con sus lenguajes transmitan la belleza y la verdad.
Escucharon la petición del Papa los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, que del 9 al 13 de marzo ha analizado los desafíos más apremiantes que tiene la Iglesia en el campo de los medios de comunicación, y esa institución vaticana en particular.
«Mis preocupaciones no son diferentes a las de cualquier otro padre, profesor o ciudadano responsable», confesó el Papa.
«Todos reconocemos que la belleza, como un espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y mentes jóvenes, mientras que la fealdad y la tosquedad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos», constato.
Por este motivo, aseguró, «la responsabilidad de introducir y educar a los niños y jóvenes en la belleza, la verdad y la bondad es comprometedora».
«Sólo puede ser apoyada por las empresas de comunicación si promueven la dignidad fundamental del ser humano, el verdadero valor del matrimonio y la vida familiar, y los logros y objetivos positivos de la humanidad», afirmó.
El pontífice lanzó un llamamiento «a los líderes de la industria de los medios de comunicación para que aconsejen a los productores que salvaguarden el bien común, que respeten la verdad, que protejan la dignidad humana individual y promuevan el respeto por las necesidades de la familia».
«Y, al alentaros a todos los que estáis aquí reunidos hoy, confío en que se preste atención para que los frutos de vuestras reflexiones y estudio sean compartidos con las Iglesias particulares a través de la parroquia, la escuela y las estructuras diocesanas.
Benedicto XVI ha dedicado su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el 20 de mayo de 2007 al tema: «Los niños y los medios de comunicación social: un reto para la educación».
ZS07030902
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Luces y sombras del nuevo panorama comunicativo, según el Papa
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- El nuevo panorama comunicativo mundial tiene luces y sombras que Benedicto XVI afrontó este viernes.
Al dirigirse a los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, el obispo de Roma reconoció que «el mundo de la comunicación experimenta un cambio creciente».
«Mientras la prensa lucha por seguir circulando, otros medios como la radio, la televisión e Internet se desarrollan a extraordinaria velocidad», constató.
«Ante el fenómeno de la globalización --siguió ilustrando--, la influencia de los medios de comunicación electrónicos coincide con su concentración creciente en manos de pocas multinacionales cuya influencia supera todas las fronteras sociales y culturales».
«¿Cuáles podían son los resultados y efectos de este desarrollo de las industrias de los medios de comunicación y de entretenimiento?», preguntó el Papa pidiendo a los miembros y consultores de ese Consejo vaticano que ofrezcan una respuesta
«Dado el papel penetrante de los medios de comunicación para modelar la cultura, es una cuestión que afecta a todas las personas que se toman en serio el bienestar de la sociedad cívica», reconoció.
El Papa consideró que hay «grandes beneficios para la civilización» que «se deben a diferentes componentes de los medios de comunicación».
«Basta pensar en los documentales de calidad y en los servicios de información, en el sano entretenimiento, y en los debates mentalmente estimulantes y entrevistas», reconoció.
«Además, con respecto a Internet, hay que reconocer que ha abierto un mundo de conocimientos que antes era de difícil acceso, por no decir imposible, para muchas personas. Estas contribuciones al bien común deben ser aplaudidas y alentadas», añadió.
«Por otra parte --alertó--, es evidente que mucho de lo transmitido de diferentes maneras a millones de hogares en todo el mundo es destructivo».
«Al presentar la luz de la verdad de Cristo en estas sombras la Iglesia engendra esperanza», dijo el pontífice. «¡Reforcemos nuestros esfuerzos para alentar a todos para que coloquen la lámpara en una posición elevada, allí donde brilla para cada uno en la casa, en la escuela, y en la sociedad!».
ZS07030903
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El predicador del Papa alerta: El pecado que Dios denuncia con más fuerza es la hipocresía
Primera predicación de Cuaresma al Papa y a la Curia
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- La hipocresía, el pecado que Dios denuncia con más fuerza, también es el menos admitido; por eso el predicador del Papa alerta de sus peligros y brinda herramientas para contrarrestarlo, algo que beneficiaría a toda la sociedad.
En presencia de Benedicto XVI y de sus colaboradores de la Curia, en la capilla «Redemptoris Mater» del Palacio Apostólico, el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap. pronunció, en la mañana de este viernes, la primera de sus cuatro predicaciones cuaresmales, centradas en las Bienaventuranzas evangélicas.
Entre ellas, propuso reflexionar sobre ésta: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios», y aclaró equívocos. Remitiéndose al Evangelio, «lo que decide la pureza o impureza de una acción es la intención: si se hace para ser vistos por los hombres o para agradar a Dios», apuntó.
Y es que «en realidad la pureza de corazón no indica, en el pensamiento de Cristo, una virtud particular, sino una cualidad que debe acompañar a todas las virtudes, para que sean de verdad virtudes y no “espléndidos vicios”»; por eso «su contrario más directo no es la impureza, sino la hipocresía», señaló el padre Cantalamessa.
Y ese es el pecado que denuncia con más fuerza Dios a lo largo de toda la Biblia, porque con la hipocresía «el hombre rebaja a Dios, le sitúa en el segundo lugar, colocando en el primero a las criaturas, al público», prosiguió.
De manera que «la hipocresía es esencialmente falta de fe» -recalcó-, pero también «falta de caridad hacia el prójimo, en el sentido que tiende a reducir a las personas a admiradores».
«Nunca se habla de la relevancia social de la bienaventuranza de los puros de corazón», pero «estoy convencido –manifestó el padre Cantalamessa- de que esta bienaventuranza puede ejercer hoy una función crítica entre las más necesarias en nuestra sociedad», pues «se trata del vicio humano tal vez más difundido y menos confesado».
Se traduce en llevar dos vidas: una es la verdadera, la otra la imaginaria que vive de la opinión, propia o de la gente; se traduce, según el religioso, en la cultura de la apariencia, en la tendencia que tiende a vaciar a la persona, reduciéndola a imagen, o a simulacro.
El padre Cantalamessa hizo hincapié en que la hipocresía acecha a las personas religiosas por un sencillo motivo: «donde más fuerte es la estima de los valores del espíritu, de la piedad y de la virtud, allí es más fuerte también la tentación de ostentarlos para no parecer privados de ellos».
Pero existe «un medio sencillo e insuperable para rectificar varias veces al día nuestras intenciones», propuso el predicador de la Casa Pontificia; nos lo dejó Jesús en las tres primeras peticiones del Padrenuestro: «Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad».
«Se pueden recitar como oraciones, pero también como declaraciones de intención: todo lo que hago, quiero hacerlo para que sea santificado Tu nombre, para que venga Tu reino y para que se cumpla Tu voluntad», añadió.
«Sería una preciosa contribución para la sociedad y para la comunidad cristiana si la bienaventuranza de los puros de corazón nos ayudara a mantener despierta en nosotros la nostalgia de un mundo limpio, verdadero, sincero, sin hipocresía -ni religiosa ni laica-, un mundo donde las acciones se corresponden con la palabras, las palabras con los pensamientos y los pensamientos del hombre con los de Dios», concluyó.
ZS07030901
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Análisis
La sexualización de las chicas
Los informes muestran los daños causados
ROMA, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- Una sexualización malsana está poniendo en peligro a las chicas cada vez más, concluye un informe publicado el 19 de febrero por la Asociación Psicológica Americana.
Titulado «Report of the APA Task Force on the Sexualization of Girls» (Informe del Equipo de Trabajo de la APA sobre la Sexualización de las Chicas), el estudio es el resultado de la investigación sobre el contenido y los efectos de los medios de comunicación: televisión, vídeos musicales, música, revistas, películas, vídeo juegos e Internet.
El equipo de trabajo examinó también las campañas de promoción y anuncios de productos dirigidos a las chicas.
«Tenemos una extensa serie de evidencias para concluir que la sexualización tiene efectos negativos en diversos campos, que incluyen el funcionamiento cognitivo, la salud física y mental, y el desarrollo sexual sano», afirmaba la doctora Eileen Zurbriggen, directora del equipo de trabajo y profesora de psicología en la Universidad de California, Santa Cruz, en una nota de prensa que acompañaba el informe.
La sexualización causa dificultades a cualquier edad, indica el informe, pero añade que es especialmente problemática cuando tiene lugar a una edad más temprana. Lograr la madurez sexual en los adolescentes no es un proceso fácil, reconoce el estudio, pero observa que cuando se anima a una chica joven o adolescente a ser sexy, sin que ellas sepan siquiera lo que esto significa, el proceso se complica aún más.
Saturación de los medios
El informe citaba algunos estudios que detallan la gran cantidad de tiempo pasado en contacto con los medios. Según los datos, el niño o adolescente ve de media tres horas de televisión al día. Sin embargo, cuando se calcula el número de horas totales ante todos los tipos de medios, resulta que los niños están expuestos a algún tipo de medio – televisión, vídeo juegos, música, et…- seis horas y media al día.
Un estudio llevado a cabo en el 2003 informaba que el 68% de los niños tienen una televisión en su habitación, y que el 51% de las chicas juegan a juegos interactivos en sus ordenadores y en consolas de vídeo juegos. Tanto chicas como chicos pasan una media de una hora al día ante el ordenador, visitando páginas webs, escuchando música, frecuentando chats, jugando a juegos o enviando mensajes a sus amigos.
El informe de la Asociación Psicológica Americana observaba: «En la televisión, los jóvenes televidentes encuentran un mundo que es desproporcionadamente masculino, especialmente en los programas orientados a la juventud, y en el que las figuras femeninas es más probable que vistan de modo más atractivo y provocativo que las masculinas».
Un gran porcentaje de vídeos musicales contienen imágenes sexuales, y las mujeres suelen ser presentadas vestidas de forma provocativa. El informe también observaba que las artistas femeninas son presentadas de forma que su foco de atención principal no es su talento o su música, sino más bien su cuerpo y sexualidad. Así, concluye el informe, los espectadores reciben el mensaje de que el éxito viene de ser un objeto sexual atractivo.
En cuanto a las canciones mismas, los investigadores de la APA lamentaban que no haya análisis recientes sobre su contenido sexual. En su informe, no obstante, citaban algunos ejemplos de cómo las palabras de algunas canciones de éxito reciente sexualizan a las mujeres, o se refieren a ellas de formas altamente degradantes.
En cuanto a la gran pantalla, el informe comentaba la falta de personajes femeninos en las películas generalistas, y en las películas de serie G. Un estudio de 101 películas de serie G, de 1990 a 2004, revelaban que de los más de 4.000 personajes de estas películas, el 75% eran varones, el 83% de los caracteres secundarios eran varones, el 83% de los narradores también lo eran, y el 72% de los protagonistas con diálogo eran también varones. «Esta clara falta de representación de las mujeres y chicas en las películas con contenido familiar reflejan una oportunidad perdida de presentar un espectro más amplio de las chicas y de las mujeres en papeles que no están sexualizados», observaba el informe de la APA.
Dudosas influencias
Las revistas para adolescentes son otra importante influencia en las chicas. El informe citaba algunos estudios sobre el contenido de las revistas, y revelaba que uno de los mensajes centrales de las publicaciones es que «presentarse a uno mismo como sexualmente deseable, y obtener así la atención de los hombres, es, y debe ser, la meta focal de las mujeres».
Es difícil determinar el enormemente variado contenido que está disponible vía Internet, pero los investigadores de la APA citaban un estudio sobre páginas webs que suelen atraer a las chicas – las páginas webs de fans de celebridades masculinas y femeninas. Un análisis de su contenido encontró que las celebridades femeninas eran de forma aplastantes más representadas con imágenes sexuales que las masculinas, sin importar si se trataba de la página web oficial o de una creada por sus fans.
La publicidad es otra área importante donde se suele sexualizar a las mujeres. Además, el estudio indica que la investigación ha mostrado la tendencia a presentar a las mujeres de forma decorativa o explotadora sigue aumentando. Ha alcanzado el punto, añadía, en el que se usan chicas en poses seductivas para atraer audiencias adultas.
Recientemente, algunos comentaristas han resaltado el hecho de que también el mercado del juguete se está viendo afectado por la tendencia a la sexualización. Los investigadores de la APA declararon que estaban preocupados por los vestidos sexualmente provocativos que suelen vestir las muñecas más populares para las niñas entre 4 y 8 años.
Lo mismo ocurre con la ropa. Se invita a chicas en edades cada vez más jóvenes a vestir ropa diseñada para destacar la sexualidad femenina. Los cosméticos también se están dirigiendo a chicas más jóvenes.
Todas estas influencias se combinan para ocasionar una serie de problemas a las chicas. El informe de la APA establecía que la sexualización está ligada con tres de los problemas de salud mental más comunes en las chicas y en las mujeres: desórdenes alimenticios, baja autoestima y depresión.
Los investigadores añadían que también existen evidencias que muestran que la sexualización de las chicas, y los sentimientos negativos por el propio cuerpo que provoca, pueden llevar a problemas sexuales en la edad adulta. Indicaban que se relaciona con el problema de la idealización de la juventud como la única edad buena y hermosa de la vida. El actual auge de los productos antienvejecimiento y de la cirugía cosmética es resultado de esta belleza impuesta.
La victoria de los móviles
Resistir la tendencia a la hiper sexualización no es fácil, pero en Canadá, hace dos semanas, la decencia ganó una batalla.
En enero, la segunda compañía de telefonía de Canadá, Telus, comenzó ofreciendo fotos y vídeos pornográficos a sus usuarios. La compañía con sede en Vancouver recibió fuertes críticas del arzobispo, Mons. Raymond Roussin. «La decisión de Telus es decepcionante y motivo de malestar», declaraba el 12 de febrero.
En otra declaración publicada cuatro días después, el arzobispo de Vancouver acusaba a la compañía de dañar a la sociedad en su búsqueda de una parte de los lucrativos beneficios obtenidos por la industria pornográfica.
El arzobispo pidió un servicio de telefonía móvil libre de
pornografía. También declaró que se estaba poniendo en comunicación con las iglesias y colegios católicos para que no renovaran sus contratos de telefonía móvil con Telus. Además, pedía a todos los católicos y a los demás canadienses preocupados por el hecho que contactaran con las compañías de telefonía móvil para expresar su preocupación por la proliferación de pornografía a través de los móviles.
El 21 de febrero, Telus anunció que cancelaba su servicio de «contenido adulto». Según un reportaje del periódico canadiense Globe and Mail, la compañía declaró que había recibido cientos de quejas de sus usuarios.
Mons. Roussin celebró la medida en una declaración el mismo día: «Estamos apenas empezando a darnos cuenta de cuán grave es en realidad el tema de la adicción al sexo y a la pornografía», comentaba.
La preocupación por el efecto de la cultura de moda también fue expresada recientemente por Benedicto XVI. En su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que tendrá lugar el 20 de mayo, el Papa observaba la tendencia a la exaltación de la violencia y a la trivialización de la sexualidad.
El pontífice escribía: «La belleza, que es como un espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y mentes jóvenes, mientras que la fealdad y la tosquedad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos» (No. 2).
Los campeones de la cultura moderna han acusado con frecuencia y falsamente a la Iglesia de estar obsesionada con el sexo. De hecho, es la sociedad contemporánea la que sufre esta obsesión, mientras la Iglesia sigue defendiendo la dignidad, y la belleza, de la persona humana.
Por el padre John Flynn
ZS07030907
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Mundo
Universitarios en cuatro lugares asiáticos rezarán con el Papa
En conexión por satélite
BANGKOK, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- Estudiantes universitarios en cuatro localizaciones asiáticas tendrán la oportunidad de rezar con Benedicto XVI vía satélite mañana 10 de marzo, informa la Unión de Noticias Católicas Asiáticas.
Jóvenes de Hong Kong, India, Pakistán y Filipinas, así como de Europa, esperan rezar el rosario con el Papa durante el evento titulado «Caridad intelectual, una renovada cooperación entre Europa y Asia».
La Oficina de Pastoral Universitaria de la diócesis de Roma está organizando el evento junto con Iglesias locales con el fin de promover la caridad y la cooperación entre los dos continentes. La ocasión es la V Jornada de los Universitarios. El evento tendrá lugar en el Aula Pablo VI del Vaticano y empezará a las 4 de la tarde, hora local.
Durante el mismo, el Papa simbólicamente entregará a los jóvenes participantes las exhortaciones apostólicas de Juan Pablo II «Ecclesia in Europa» y «Ecclesia in Asia». Estos documentos recogen las conclusiones de los dos sínodos continentales de los obispos.
En India, 500 jóvenes universitarios se espera que tomen parte frente a la tumba de la beata Teresa de Calcuta. Los estudiantes, que provienen de los colegios mayores y parroquias católicos de la Arquidiócesis de Calcuta, serán presididos por el cardenal Telesphore Toppo, de Ranchi, presidente de la Conferencia Episcopal de India, y el arzobispo salesiano Lucas Sirkar, de Calcuta.
La sucesora de la beata Teresa, la hermana Nirmala Joshi, también estará presente. La tumba está situada en la sede de las Misioneras de la Caridad que la beata Teresa fundó en 1950.
Dos universitarios leerán de la Biblia en la lengua local bengalí y en la nacional hindi. Está previsto que el arzobispo Sirkar lea una oración en bengalí. La asamblea rezará después el rosario en inglés, dijo el padre P. J. Joseph, coordinador de prensa del evento. La Arquidiócesis de Calcuta es la organizadora a nivel local.
En Hong Kong, la Federación de Estudiantes Católicos, que incluye ocho universidades y cuatro institutos superiores, está coordinando la reunión. Según el agente pastoral de la Federación, Winnie Tam Wing-sze, esperan que en torno a cien universitarios locales se unan al cardenal Joseph Zen Ze-kiun en el encuentro que empezará a las 11 p.m., hora local.
El obispo auxiliar John Tong Hon, el vicario general padre Dominic Chan Chi-ming y algunos capellanes universitarios se espera que estén presentes en la reunión en la catedral de la Inmaculada Concepción, añadió Tam.
En Filipinas, el evento se ha titulado localmente «Rosario Ni Maria, Kasama ng Santo Papa». El padre Gerard Francisco Timoner III, presidente del comité de programación, dijo que se espera que participen muchos jóvenes filipinos y sus familias en la Universidad Santo Tomás en Manila, de las 8 p.m. a la 1 a.m.
Dijo que espera que los jóvenes fascinados por el chateo y las conversaciones en video en Internet aprecien «orar junto a gente de diferentes partes del mundo».
El padre Timoner dijo que participantes filipinos recitarán el rosario en filipino, mientras que otro segmento estará integrado por cantores de la Universidad.
Se espera que asista el arzobispo Angel Lagdameo de Jaro, presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas, y será el principal celebrante de una misa a las 8,30 p.m. El arzobispo Fernando Filoni, nuncio apostólico en Filipinas, guiará las oraciones después del rosario.
En Pakistán, los jóvenes se encontrarán con el obispo Anthony Lobo de Islamabad-Rawalindi, en la Capilla Universitaria del Ave Maria College de Rawalpindi.
Benedicto XVI no es el primer Papa que usa la tecnología del satélite para encontrarse con los fieles. Su predecesor Juan Pablo II llegó a cerca de mil millones de participantes de 16 países en 1987, para «Una Oración por la Paz Mundial». El mismo año, se conectó con jóvenes estadounidenses en cuatro ciudades durante su visita a Los Ángeles.
En la conexión por satélite del 10 de marzo participarán jóvenes de siete ciudades europeas: Bolonia y Turín en Italia; Coimbra, Portugal; Cracovia, Polonia; Manchester, Reino Unido; Praga, República Checa; y Tirana, Albania.
ZS07030904
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Una ley en Andalucía permitirá clonación de células madre
Los obispos se opusieron antes de la aprobación de la norma
SEVILLA, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- El Parlamento de Andalucía, España, aprobó el pasado 7 de marzo la Ley andaluza que permite obtener células madre humanas mediante clonación. Los obispos andaluces expresaron su oposición a la norma cuando se anunció el proyecto ya en 2002.
Cuando la ley aprobada sea publicada en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, la comunidad autónoma habrá legislado sobre una materia para la que no existe aún una normativa básica de ámbito estatal.
El Partido Socialista andaluz se adelanta a su propio partido, puesto que el proyecto de Ley de investigación biomédica propuesto por el Gobierno central, en el que se considera también el uso de esta tecnología, todavía se encuentra a la espera de informe de la Comisión de Sanidad del Congreso.
La nueva Ley andaluza regula la investigación en reprogramación celular con finalidad exclusivamente terapéutica. Básicamente, esta tecnología --ensayada con éxito en varias especies animales pero sin resultados en humanos- permite obtener células madre muy versátiles, derivables en líneas celulares potencialmente útiles para su uso terapéutico, sin manipular embriones preexistentes. De este modo, mediante esta tecnología de laboratorio, se sortea un problema ético. Pero se plantea otro: la entidad biológica de la que saldrán las células madre no procede de la fusión de un óvulo y un espermatozoide, pero sería implantable en un útero humano.
A lo largo de la tramitación del proyecto andaluz, los obispos de Andalucía mostraron su oposición, de modo público y contundente, a la normativa andaluza, por entender que favorece el camino hacia la clonación de seres humanos.
Ya, cuando el Gobierno andaluz anunció su intención, los obispos andaluces publicaron un documento el 8 de noviembre de 2002 en el que expresaban su postura ante el tema.
Manifestaban los prelados apoyar «todos los progresos científicos que ayuden a mejorar las condiciones de vida del ser humano desde el primer instante de su concepción hasta el momento de su muerte natural. En este sentido, no cabe sino congratularse por los múltiples avances de las ciencias biomédicas durante las últimas décadas, que han permitido logros significativos en la lucha contra la enfermedad y han hecho posible un notable incremento de la esperanza de vida y una mejora de las condiciones de esa vida de una parte importante de la humanidad».
Ahora bien, añadía el documento de los obispos andaluces, «estas cotas de bienestar obtenidas no pueden fundamentar la reivindicación de una libertad sin límites en la investigación científica basándose únicamente en los objetivos que se pretenden alcanzar. No todo lo que es científicamente posible es moralmente lícito, como prueban también algunas horribles experiencias del siglo XX. Una ciencia sin conciencia conduce a la destrucción del hombre».
A este respecto, subrayaban los prelados «los embriones son seres humanos vivos en constante desarrollo y poseedores desde su concepción de una identidad genética propia y permanente. Por tanto, tienen derecho a ser respetados, independientemente de su etapa de desarrollo, y a no ser usados como material biológico de investigación, ya que su crecimiento es coordinado, continuo y gradual».
Recordaban que el Papa Juan Pablo II manifestó en repetidas ocasiones el respeto incondicional que moralmente se debe tener con los embriones humanos y que se basa en la dignidad propia de todo ser humano desde el momento de su concepción, sin que nunca pueda ser instrumentalizada en función de razonamientos utilitaristas, sea cual sea su estado de desarrollo (cf. Evangelium Vitae nº 60; cf. Discurso al XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Transplantes, 29-8-2000).
Por otro lado, indicaban los obispos andaluces, «las investigaciones biológicas más recientes evidencian la existencia de células estaminales aisladas de tejidos diferenciados del feto y del adulto que pueden ser cultivadas ‘in vitro’ e inducidas a diferenciarse en fenotipos celulares distintos del tejido de procedencia. En otras palabras, existen en los tejidos humanos células madres con la misma capacidad que las embrionarias y más fáciles y seguras de manipular, pues no tienden a diferenciarse espontánea e incontroladamente como las embrionarias, que pueden incluso dar lugar a tumores focales constituidos por células heterogéneas (teratomas). Además, el avance de esta otra línea de investigación evitaría la aberración que supone destruir vidas humanas en desarrollo argumentando finalidades científicas o terapéuticas».
Por todo ello, pedían a las autoridades sanitarias andaluzas que encauzaran los recursos públicos «hacia campos de investigación que respondan a las exigencias éticas y antropológicas que debe respetar la investigación biomédica en su lucha contra la enfermedad y por la mejora de las condiciones de vida de cada persona y de todos los hombres».
ZS07030905
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Flash
Encuesta on line sobre la misión continental de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano
BOGOTÁ, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) ha lanzado una encuesta on line para que todos los fieles del continente puedan aportar ideas para la gran misión continental que tendrá lugar tras la cumbre episcopal.
La información proveniente del sondeo que se realizará hasta el 18 de marzo será entregada al grupo de expertos en misión, que entre el 19 y 23 de marzo se reunirán en Bogotá para preparar el documento sobre misiones que será visto en mayo en Brasil por los obispos participantes de la V Conferencia General.
Para participar en la encuesta puede ingresar a: http://www.celam.info/encuesta/index.php?sid=1&newtest=Y&encuesta=1
ZS07030906
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Entrevistas
«El futuro está aquí: boletines de Iglesia electrónicos»
Entrevista con el periodista Ángel Rodríguez
GERONA, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- La Iglesia, hoy más que nunca, tiene que entender el gran poder de Internet como cuna de publicaciones. Es una de las constataciones de Ángel Rodríguez, autor de un trabajo de investigación en la Universidad Autónoma de Barcelona sobre las publicaciones diocesanas en el obispado catalán de Gerona.
Zenit ha hablado con el periodista para entender cuáles son, en general, las carencias de las publicaciones diocesanas y cuáles son las posibilidades que brinda Internet para mejorar la comunicación de la Iglesia.
Ángel Rodríguez, casado y padre de dos hijos, responsable de radio de su obispado, licenciado en Ciencias Religiosas, autor de varios libros sobre María, es el creador de El ángel de la web.
--Usted ha estudiado la prensa católica en su diócesis, Gerona: ¿A qué conclusión ha llegado?
--Rodríguez: La investigación me ha permitido comprobar la gran variedad de publicaciones católicas que existen en la diócesis y el papel importante que desempeñan muchas de ellas para llegar a la sociedad, como es el caso de cuatro revistas mensuales que tratan información generalista y que se editan desde las parroquias.
Cabe tener en cuenta también que el obispado edita el llamado «Full Parroquial» (Hoja Parroquial) que con 16.800 ejemplares se reparte semanalmente en todas las parroquias, y que a parte, desde la delegación de medios de comunicación, se elabora mensualmente una revista diocesana con 850 ejemplares.
A nivel general, la diócesis cuenta con 76 publicaciones católicas, 32 de las cuales (un 30%) pertenecen a escuelas religiosas. Hay revistas o boletines de movimientos eclesiales, alguna de reflexión, de santuarios, entidades... Sorprende el éxito de tiraje que tienen algunas de ellas, de corte tradicional, como las hojas informativas de causa de canonización. Un ejemplo: la hoja informativa «Heroïnes», dedicada a destacar la figura de las hermanas Fradera, mártires de la Guerra Civil, edita 5.600 ejemplares.
--¿Qué les falta, y qué les sobra, a las publicaciones diocesanas en general?
--Rodríguez: La gran mayoría de los responsables de las publicaciones me decían que comienzan a faltar colaboradores, y colaboradores jóvenes. Y es lógico, porque la juventud de hoy ha nacido bajo la tecnología de la imagen --Internet sobre todo--, la televisión, DVD, consolas, Ipods...
La Iglesia, hoy más que nunca, tiene que entender el gran poder de Internet como cuna de publicaciones. Hay pocos movimientos en la diócesis de Gerona con revista. La razón que se da es porque no hay dinero suficiente o que faltan colaboradores. Internet lo soluciona.
Los movimientos, grupos y entidades de Iglesia tendrían que hacer su propio boletín y colgarlo en la red. Se gana en ahorro y en difusión. El futuro está aquí: boletines de iglesia electrónicos. Tenemos la suerte de que la juventud cree en Internet. Hay esperanza en ello.
--¿Hay algunas publicaciones que usted conozca que puedan ser ejemplares?
--Rodríguez: Es difícil responder por la sencilla razón de que estamos viviendo un tiempo de impass y de duda, de esperar a ver qué pasa.
Por ejemplo, por lo que se refiere a los periódicos de pago, los investigadores en periodismo creen casi todos lo mismo: que van a tener mucha letra y poca foto.
Serán diarios de reflexión de noticias, para gente mucho más culta. ¿Por qué? Muy fácil, ¿a quién le va a interesar volver a conocer una noticia que ya ha visto en la televisión y en Internet o escuchado por la radio? Lo que querrá el lector será una reflexión sobre lo ocurrido y creo que también las revistas católicas generalistas irán por este camino, porque una revista parroquial mensual no puede informar como hecho actual una noticia dada tres emanas o un mes antes por la radio o por el portal de su municipio. Tendrán que reflexionar más sobre las noticias que han pasado y menos explicar lo ocurrido.
En cambio, los boletines y de movimientos de Iglesia, al ser electrónicos y gratuitos, podrán tener más libertad.
Curiosamente, los periódicos de papel gratuitos sobrevivirán gracias a la publicidad.
--Internet modifica la percepción también de la información eclesial. ¿Considera que la página web del Vaticano (www.vatican.va) refleja bien esta nueva mentalidad de Internet?
--Rodríguez: La web del Vaticano está bien diseñada y hay muy buena documentación, esto nadie lo duda, pero creo que el menú de entrada es complicado.
No deja de ser curioso que tardes menos en ir al enlace del documento «Lumen Gentium» del Vaticano a través del buscador de Google que en el propio buscador que tiene la web del Vaticano. Haced la prueba.
Por otra parte hace falta más conectividad entre el cibernauta y la web. Posibilidad de recibir los mensajes del Papa por mail, un boletín semanal, reflexiones...
ZS07030922
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De la mujer depende el que se conserve y transmita la fe
Habla la subdirectora de un proyecto de capacitación de la mujer en Perú
ROMA, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- Más de 20.000 mujeres han pasado por los talleres de capacitación de Condoray, una institución peruana de promoción de la mujer que ayuda a mejorar la autoestima de muchas mujeres, tantas de ellas indígenas.
Ana Lucía Aguayo de Rosell, su directora, se encuentra en Roma en un seminario internacional y Zenit ha aprovechado para preguntarle en el Día de la Mujer Trabajadora cuál es el papel de la mujer latinoamericana en la reevangelización americana.
Para la subdirectora de Condoray, Ana Lucía Aguayo de Rosell, la mujer tiene un papel fundamental en la transmisión de la fe en América Latina: «Se puede decir que de su piedad, de su propia santidad, de su modo de hacer familia, de su dedicación a la educación cristiana de sus hijos, de su ejemplo en la vida familiar, depende que se conserve la fe en nuestro continente».
Aguayo ilustra el trabajo de esta organización, que opera en la zona peruana del Cañete.
--Capacitar a 20.000 mujeres se dice rápido. ¿Como lo han conseguido?
--Ana Lucía Aguayo: Efectivamente se dice rápido pero lograrlo es distinto. Condoray es una organización que nació en el año 1963 con el propósito de formar integralmente a la mujer cañetana (zona Cañete, Perú, ndr.) y a través de ella, contribuir al desarrollo socioeconómico de Cañete y sus familias.
A lo largo de estos casi 44 años de trabajo, Condoray ha implementado un modelo de desarrollo en el que la mujer es su eje y finalidad, no es una simple intermediaria para lograr eficiencia en los proyectos.
Nuestra misión es formar personas, que por la asimilación de unos modos de trabajar, de unos valores humanos y cristianos, influyan positivamente en sus familias y en la provincia de Cañete.
Promovemos que las mujeres crezcan en autoestima, que aprendan a reconocer sus cualidades y defectos y sean capaces de trazarse sus propias metas y luchar por alcanzarlas, convirtiéndose así en agentes de su propio desarrollo.
En este contexto, un factor de éxito del modelo que hemos aplicado se debe a las Promotoras Rurales.
Las promotoras son mujeres líderes que viven en las comunidades campesinas de Cañete y reciben en Condoray una formación que luego replican a las mujeres de sus pueblos con el objetivo de realizar proyectos- con participación de la comunidad- para lograr mejoras educativas, familiares y sociales.
De esta forma es posible realizar programas estables de desarrollo y por otro lado se logra que el trabajo de Condoray tenga un efecto multiplicador, llegando así a muchas mujeres de la zona.
--¿Qué aprecia más de la mujer indígena?
--Ana Lucía Aguayo: En primer lugar debemos aclarar que Condoray no trabaja sólo con mujeres indígenas. Por su ubicación – en la costa central del Perú – se encuentra una rica diversidad de razas en la que confluyen mujeres indígenas, morenas, mestizas, etc.
Nuestra experiencia nos hace apreciar muchas cualidades en estas mujeres: su capacidad de liderazgo, su tenacidad, fortaleza y empuje para conseguir lo que se propone. Debemos resaltar su generosidad y espíritu solidario.
Es muy común que ante los problemas de sus vecinas: una enfermedad, problema económico, etc., las mujeres inmediatamente se unen y organizan para realizar actividades (venta de comida principalmente) para conseguir dinero y ayudar a quien lo necesita, o cuidan de los hijos mientras sus mamás trabajan o deben ausentarse por alguna razón.
También apreciamos su capacidad de emprender y no se detienen ante la dificultad si están convencidas de lo que quieren.
Otra cualidad es su abnegación y dedicación a su familia. La necesidad de conseguir el sustento diario, de alguna manera ha contribuido a que se organicen muy bien para no descuidar sus obligaciones familiares y hacerlas compatibles con actividades productivas que les permite contribuir con el sostenimiento económico de su hogar.
--¿Cuál es el papel de la mujer en la reevangelización de América Latina?
--Ana Lucía Aguayo: Indudablemente su papel es invalorable porque el futuro de la humanidad se escribe en la familia. Allí la mujer es el eje y la principal transmisora de los valores humanos y cristianos.
Las mujeres promueven, sostienen e inculcan la fe y las virtudes cristianas en sus hijos y son las que unen a los miembros de la familia. La unidad familiar es un gran bien para la Iglesia y la sociedad.
Además, la familia es una comunidad de personas donde se aprenden los valores morales y donde se transmite la herencia espiritual y cultural de la sociedad.
La familia es también esencial para asegurar que las personas se afiancen en sus convicciones, y promueve tanto la responsabilidad social como la solidaridad.
Por otro lado la mujer por sus cualidades innatas tiene capacidad para acoger a cada persona y puede llegar al mundo interior del otro.
Puede aportar a la Iglesia desde su feminidad, modos de vivir la reciprocidad con el otro, de acoger a quien es diferente y promover tantas iniciativas sociales en bien de los más necesitados.
Por su fuerza moral, por su ternura innata y su facilidad para preocuparse por cada persona como mencionaba antes, la mujer puede cuidar la «Iglesia doméstica», que es la familia y también a toda la Iglesia.
Se puede decir que de su piedad, de su propia santidad, de su modo de hacer familia, de su dedicación a la educación cristiana de sus hijos, de su ejemplo en la vida familiar, depende que se conserve la fe en nuestro continente. De las familias auténticamente cristianas salen personas virtuosas, ciudadanos íntegros, que dan aire y luz a la sociedad.
ZS07030920
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Documentación
Llamamiento de Benedicto XVI a la responsabilidad de los medios de comunicación
Discurso a la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI este viernes al recibir en audiencia a los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.
* * *
Eminencias, obispos, hermanos y hermanas en Cristo:
Con alegría os doy la bienvenida al Vaticano hoy con motivo de la asamblea plenaria anual del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales. En primer lugar, doy las gracias al arzobispo Foley, presidente del Consejo, por sus amables comentarios de saludo. A todos vosotros os quiero expresar mi gratitud por vuestro compromiso con el apostado de las comunicaciones sociales, cuya importancia no puede ser subestimada en nuestro mundo cada vez más tecnológico.
El mundo de la comunicación experimenta un cambio creciente. Mientras la prensa lucha por seguir circulando, otros medios como la radio, la televisión e Internet se desarrollan a extraordinaria velocidad. Ante el fenómeno de la globalización, la influencia de los medios de comunicación electrónicos coincide con su concentración creciente en manos de pocas multinacionales cuya influencia supera todas las fronteras sociales y culturales.
¿Cuáles podían son los resultados y efectos de este desarrollo de las industrias de los medios de comunicación y de entretenimiento? Sé que esta cuestión atrae vuestra atención. De hecho, dado el papel penetrante de los medios de comunicación para modelar la cultura, es una cuestión que afecta a todas las personas que se toman en serio el bienestar de la sociedad cívica.
Sin duda, muchos de los grandes beneficios para la civilización se deben a diferentes componentes de los medios de comunicación. Basta pensar en los documentales de calidad y en los servicios de información, en el sano entretenimiento, y en los debates mentalmente estimulantes y entrevistas. Además, con respecto a Internet, hay que reconocer que ha abierto un mundo de conocimientos que antes era de difícil acceso, por no decir imposible, para muchas personas. Estas contribuciones al bien común deben ser aplaudidas y alentadas.
Por otra parte, es evidente que mucho de lo transmitido de diferentes maneras a millones de hogares en todo el mundo es destructivo. Al presentar la luz de la verdad de Cristo en estas sombras la Iglesia engendra esperanza. ¡Reforcemos nuestros esfuerzos para alentar a todos para que coloquen la lámpara en una posición elevada, allí donde brilla para cada uno en la casa, en la escuela, y en la sociedad! (Cf. Mateo 5, 14-16).
En este sentido, mi mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones de este año llama la atención sobre la relación entre los medios de comunicación y los jóvenes. Mis preocupaciones no son diferentes a las de cualquier otro padre, profesor o ciudadano responsable. Todos reconocemos que «la belleza, como un espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y mentes jóvenes, mientras que la fealdad y la tosquedad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos» (número 2). La responsabilidad de introducir y educar a los niños y jóvenes en la belleza, la verdad y la bondad es comprometedora. Sólo puede ser apoyada por las empresas de comunicación si promueven la dignidad fundamental del ser humano, el verdadero valor del matrimonio y la vida familiar, y los logros y objetivos positivos de la humanidad.
Vuelvo a lanzar un llamamiento a los líderes de la industria de los medios de comunicación para que aconsejen a los productores que salvaguarden el bien común, que respeten la verdad, que protejan la dignidad humana individual y promuevan el respeto por las necesidades de la familia. Y, al alentaros a todos los que estáis aquí reunidos hoy, confío en que se preste atención para que los frutos de vuestras reflexiones y estudio sean compartidos con las Iglesias particulares a través de la parroquia, la escuela y las estructuras diocesanas.
A todos vosotros, y a vuestros colegas y a los miembros de vuestras familias, imparto mi bendición apostólica.
[Traducción del original inglés realizada por Zenit
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
ZS07030923
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Predicador del Papa: «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios»
Primera predicación de Cuaresma al Papa y a la Curia
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios – Las bienaventuranzas evangélicas» es el tema de la primera predicación de Cuaresma que, ante Benedicto XVI y la Curia, pronunció este viernes el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap., predicador de la Casa Pontificia.
Ofrecemos íntegramente el texto de dicha predicación.
* * *
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P. Raniero Cantalamessa
“BIENAVENTURADOS LOS PUROS DE CORAZÓN PORQUE VERÁN A DIOS”
Primera predicación de Cuaresma
1. De la pureza ritual a la pureza de corazón
Continuando con nuestra reflexión sobre las bienaventuranzas evangélicas iniciada en Adviento, en esta primera meditación de Cuaresma queremos reflexionar sobre la bienaventuranza de los limpios de corazón. Cualquiera que lee u oye proclamar hoy: «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios», piensa instintivamente en la virtud de la pureza, casi la bienaventuranza es el equivalente positivo e interiorizado del sexto mandamiento: «No cometerás actos impuros». Esta interpretación, planteada esporádicamente en el curso de la historia de la espiritualidad cristiana, se hizo predominante a partir del siglo XIX.
En realidad, la pureza de corazón no indica, en el pensamiento de Cristo, una virtud particular, sino una cualidad que debe acompañar todas las virtudes, a fin de que ellas sean de verdad virtudes y no en cambio «espléndidos vicios». Su contrario más directo no es la impureza, sino la hipocresía. Un poco de exégesis y de historia nos ayudarán a comprenderlo mejor.
Qué entiende Jesús por «pureza de corazón» se deduce claramente del contexto del sermón de la montaña. Según el Evangelio lo que decide la pureza o impureza de una acción –sea ésta la limosna, el ayuno o la oración- es la intención: esto es, si se realiza para ser vistos por los hombres o por agradar a Dios:
«Cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6, 2-6).
La hipocresía es el pecado denunciado con más fuerza por Dios a lo largo de toda la Biblia y el motivo es claro. Con ella el hombre rebaja a Dios, le pone en el segundo lugar, situando en el primero a las criaturas, al público. «El hombre mira la apariencia, el Señor mira el corazón» (1 S 16, 7): cultivar la apariencia más que el corazón significa dar más importancia al hombre que a Dios.
La hipocresía es por lo tanto, esencialmente, falta de fe; pero es también falta de caridad hacia el prójimo, en el sentido de que tiende a reducir a las personas a admiradores. No les reconoce una dignidad propia, sino que las ve sólo en función de la propia imagen.
El juicio de Cristo sobre la hipocresía no tiene vuelta de hoja: Receperunt mercedem suam: ¡ya han recibido su recompensa! Una recompensa, además, ilusoria hasta en el plano humano, porque la gloria, se sabe, huye de quien la sigue y sigue a quien la rehuye.
Ayudan a entender el sentido de la bienaventuranza de los limpios de corazón también las invectivas que Jesús pronuncia respecto a escribas y fariseos, todas centradas en la oposición entre «lo de dentro» y «lo de fuera», el interior y el exterior del hombre:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad» (Mt 23, 27-28).
La revolución llevada a cabo en este campo por Jesús es de un alcance incalculable. Antes de Él, excepto alguna rara alusión en los profetas y en los salmos (Salmo 24, 3: «¿Quién subirá al monte del Señor? Quien tiene manos inocentes y corazón puro»), la pureza se entendía en sentido ritual y cultual; consistía en mantenerse alejado de cosas, animales, personas o lugares considerados capaces de contagiar negativamente y de separar de la santidad de Dios. Sobre todo aquello que está ligado al nacimiento, a la muerte, a la alimentación y a la sexualidad entra en este ámbito. En formas o con presupuestos distintos, lo mismo ocurría en otras religiones, fuera de la Biblia.
Jesús elimina todos estos tabúes. Ante todo, con los gestos que realiza: come con los pecadores, toca a los leprosos, frecuenta a los paganos: todas cosas consideradas altamente contaminantes; después, con las enseñanzas que imparte. La solemnidad con la que introduce su discurso sobre lo puro y lo impuro permite entender lo consciente que era Él mismo de la novedad de su enseñanza:
«Llamó otra vez a la gente y les dijo: “Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre... Porque de dentro del corazón de los hombres salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre”» (Mc 7, 14-15. 21-23).
«Así declaraba puros todos los alimentos», observa casi con estupor el evangelista (Mc 7, 19). Contra el intento de algunos judeo-cristianos de restablecer la distinción entre puro e impuro en los alimentos y en otros sectores de la vida, la Iglesia apostólica recalcará con fuerza: «Todo es puro para quien es puro», omnia munda mundis (Tt 1, 15; Rm 14, 20).
La pureza, entendida en el sentido de continencia y castidad, no está ausente de la bienaventuranza evangélica (entre las cosas que contaminan el corazón Jesús sitúa también, hemos oído, «fornicaciones, adulterios, libertinaje»); pero ocupa un puesto limitado y por así decirlo «secundario». Es un ámbito junto a otros en el que se pone de relevancia el lugar decisivo que ocupa el «corazón», como cuando dice que «quien mira a una mujer con deseo, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón» (Mt 5, 28).
En realidad, los términos «puro» y «pureza» (katharos, katharotes) nunca se utilizan en el Nuevo Testamento para indicar lo que con ellos entendemos nosotros hoy, esto es, la ausencia de pecados de la carne. Para esto se usan otros términos: dominio de sí (enkrateia), templanza (sophrosyne), castidad (hagneia).
Por cuanto se ha dicho, parece claro que el puro de corazón por excelencia es Jesús mismo. De Él sus propios adversarios se ven obligados a decir: «Sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios» (Mc 12, 14). Jesús podía decir de sí: «Yo no busco mi gloria» (Jn 8, 50).
2. Una mirada a la historia
En la exégesis de los Padres vemos delinearse pronto las tres direcciones fundamentales en las que la bienaventuranza de los puros de corazón será recibida e interpretada en la historia de la espiritualidad cristiana: la moral, la mística y la ascética. La interpretación moral pone el acento en la rectitud de intención, la interpretación mística en la visión de Dios, la ascética en la lucha contra las pasiones de la carne. Las vemos ejemplificadas, respectivamente, en Agustín, Gregorio de Nisa y Juan Crisóstomo.
Ateniéndose fielmente al contexto evangélico, Agustín interpreta la bienaventuranza en clave moral, como rechazo a «practicar la justicia ante los hombres para ser por ellos admirados» (Mt 6, 1), por lo tanto como sencillez y franqueza que se opone a la hipocresía. «Tiene el corazón sencillo, puro -escribe- sólo quien supera las alabanzas humanas y al vivir está atento y busca ser agradable solo a aquél que es el único que escruta la conciencia» [1].
El factor que decide la pureza o no del corazón es aquí la intención. «Todas nuestras acciones son honestas y agradables en la presencia de Dios si se realizan con el corazón sincero, o sea, con la intención hacia lo alto en la finalidad del amor... Por lo tanto no se debe considerar tanto la acción que se realiza, cuanto la intención con que se realiza» [2]. Este modelo interpretativo que hace palanca sobre la intención permanecerá activo en toda la tradición espiritual posterior, especialmente ignaciana [3].
La interpretación mística, que tiene en Gregorio de Nisa su iniciador, explica la bienaventuranza en función de la contemplación. Hay que purificar el propio corazón de todo vínculo con el mundo y con el mal; de este modo, el corazón del hombre volverá a ser aquella pura y límpida imagen de Dios que era al principio y en la propia alma, como en un espejo, la criatura podrá «ver a Dios». «Si, con un tenor de vida diligente y atenta, lavas las fealdades que se han depositado en tu corazón, resplandecerá en ti la divina belleza... Contemplándote a ti mismo, verás en ti a aquél que es el deseo de tu corazón y serás santo» [4].
Aquí el peso está todo en la apódosis, en el fruto prometido a la bienaventuranza; tener el corazón limpio es el medio; el fin es «ver a Dios». Se nota, a nivel de lenguaje, una influencia de la especulación de Plotino, que se hace aún más descubierta en San Basilio [5].
También esta línea interpretativa tendrá continuidad en toda la historia sucesiva de la espiritualidad cristiana que pasa por San Bernardo, San Buenaventura y los místicos renanos [6]. En algunos ambientes monásticos se añade, en cambio, una idea nueva e interesante: la de la pureza como unificación interior que se obtiene deseando una cosa sola, cuando esta «cosa» es Dios. Escribe San Bernardo: «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios. Como si dijera: purifica el corazón, sepárate de todo, sé monje, sólo, busca una cosa sola del Señor y persíguela (Sal 27, 4), libérate de todo y verás a Dios (Sal 46, 11)» [7].
Bastante aislada está en cambio, en los Padres y en los autores medievales, la interpretación ascética en función de la castidad que se convertirá en predominante, decía, desde el siglo XIX en adelante. Crisóstomo da el ejemplo más claro [8]. Situándose en esta misma línea, el místico Ruusbroec distingue una castidad del espíritu, una castidad del corazón y una castidad del cuerpo. Refiere la bienaventuranza evangélica a la castidad del corazón. Ella -escribe- «mantiene reunidos y refuerza los sentidos externos, mientras, en el interior, frena y doma los instintos brutales... cierra el corazón a las cosas terrenas y a las ilusiones falaces, mientras que lo abre a las cosas celestiales y a la verdad» [9].
Con grados diversos de fidelidad, todas estas interpretaciones ortodoxas permanecen dentro del horizonte nuevo de la revolución obrada por Jesús que reconduce todo discurso moral al corazón. Paradójicamente, los que traicionaron la bienaventuranza evangélica de los puros (katharoi) de corazón son precisamente los que tomaron el nombre de ella: los cátaros con todos los movimientos afines que les precedieron y siguieron en la historia del cristianismo. Estos caen en la categoría de los que hacen consistir la pureza en estar separados, ritual y socialmente, de personas y cosas juzgadas en sí mismas impuras, en una pureza más exterior que interior. Son los herederos del radicalismo sectario de los fariseos y de los esenios más que del Evangelio de Cristo.
3. La hipocresía laica
Con frecuencia se pone de relieve el alcance social y cultural de algunas bienaventuranzas. No es raro leer «Bienaventurados los que trabajan por la paz» en las pancartas que acompañan las manifestaciones de los pacifistas, y la bienaventuranza de los mansos que poseerán la tierra es justamente invocada a favor del principio de la no violencia, por no hablar después de la bienaventuranza de los pobres y de los perseguidos por la justicia. Jamás en cambio se habla de la relevancia social de la bienaventuranza de los puros de corazón, que parece reservada exclusivamente al ámbito personal. Estoy convencido sin embargo de que esta bienaventuranza puede ejercer hoy una función crítica entre las más necesarias en nuestra sociedad.
Hemos visto que en el pensamiento de Cristo la pureza de corazón no se opone primariamente a la impureza, sino a la hipocresía, y el de la hipocresía es el vicio humano tal vez más difundido y menos confesado. Hay hipocresías individuales e hipocresías colectivas.
El hombre –escribió Pascal- tiene dos vidas: una es la vida auténtica, la otra la imaginaria que vive en la opinión, suya o de la gente. Trabajamos sin descanso para adornar y conservar nuestro ser imaginario y descuidamos el verdadero. Si poseemos alguna virtud o mérito, nos apresuramos a darlo a conocer, de un modo u otro, para enriquecer de tal virtud o mérito nuestro ser imaginario, dispuestos hasta a quitarlo de nosotros, para añadir algo a él, hasta consentir, a veces, ser cobardes, con tal de parecer valerosos y dar hasta la vida, para que la gente hable de ello [10].
La tendencia evidenciada por Pascal ha crecido enormemente en la cultura actual, dominada por los medios de comunicación masivos, cine, televisión y mundo del espectáculo en general. Descartes dijo: «Cogito ergo sum», pienso, luego existo; pero hoy se tiende a sustituirlo con «aparento, luego existo».
De origen, el término hipocresía se reservaba al arte teatral. Significaba sencillamente recitar, representar en el escenario. San Agustín lo recuerda en su comentario a la bienaventuranza de los puros de corazón. «Los hipócritas -escribe- son agentes de ficción del estilo de los que presentan la personalidad de otros en las representaciones teatrales» [11].
El origen del término nos da las pistas para descubrir la naturaleza de la hipocresía. Es hacer de la vida un teatro en el que se recita para un público; es llevar una máscara, dejar de ser persona y pasar a ser personaje. Leí en alguna parte esta caracterización de las dos cosas: «El personaje no es sino la corrupción de la persona. La persona es un rostro, el personaje una careta. La persona es desnudez radical, el personaje es todo ropaje. La persona ama la autenticidad y la esencialidad, el personaje vive de ficción y de artificios. La persona obedece a las propias convicciones, el personaje obedece a un guión. La persona es humilde y ligera, el personaje es pesado y ampuloso».
Pero la ficción teatral es una hipocresía inocente porque mantiene siempre la distinción entre el escenario y la vida. Nadie que asista a la representación de Agamenón (es el ejemplo citado por Agustín) piensa que el actor sea de verdad Agamenón. El hecho nuevo e inquietante de hoy es que se tiende a anular también esta distancia, transformando la vida misma en un espectáculo. Es lo que pretenden los llamados «reality show» que inundan ya redes televisivas de todo el mundo.
Según el filósofo francés Jean Baudrillard, fallecido hace tres días, ya se ha hecho difícil distinguir los sucesos reales (el 11-S, o la guerra del Golfo) de su representación mediática. Realidad y virtualidad se confunden.
El llamamiento a la interioridad que caracteriza nuestra bienaventuranza y todo el sermón de la montaña es una invitación a no dejarse arrollar por esta tendencia que tiende a vaciar a la persona, reduciéndola a imagen, o peor (según el término apreciado por Baudrillard) a simulacro.
Kierkegaard evidenció la alienación que resulta de vivir de pura exterioridad, siempre y sólo en presencia de los hombres, y nunca sólo en presencia de Dios y del propio yo. Un pastor -observa- puede ser un «yo» frente a sus vacas, si viviendo siempre con ellas no tiene más que esas con las que medirse. Un rey puede ser un yo de frente a los súbditos y se sentirá un «yo» importante. El niño se percibe como un «yo» en relación con los padres, un ciudadano ante el Estado... Pero será siempre un «yo» imperfecto, porque falta la medida. «Qué realidad infinita adquiere en cambio mi “yo”, cuando toma conciencia de existir ante Dios, convirtiéndose en un “yo” humano cuya medida es Dios... ¡Qué acento infinito cae sobre el “yo” en el momento en que obtiene como medida a Dios!».
Parece un comentario al dicho de San Francisco de Asís: «Lo que el hombre es ante Dios, eso es, y nada más» [12].
4. La hipocresía religiosa
Lo peor que se puede hacer, hablando de hipocresía, es servirse de ella sólo para juzgar a los demás, la sociedad, la cultura, el mundo. Es justamente a esos a quienes Jesús aplica el título de hipócritas: «Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver parea sacar la brizna del ojo de tu hermano» (Mt 7, 5).
Como creyentes, debemos recordar el dicho de un rabino judío del tiempo de Cristo, según el cual el 90% de la hipocresía del mundo se encontraba entonces en Jerusalén [13]. El mártir San Ignacio de Antioquia sentía la necesidad de prevenir a sus hermanos en la fe, escribiendo: «Es mejor ser cristianos sin decirlo que decirlo sin serlo» [14].
La hipocresía acecha sobre todo a las personas piadosas y religiosas; el motivo es sencillo: donde más fuerte es la estima de los valores el espíritu, de la piedad y de la virtud (¡o de la ortodoxia!), ahí también es más fuerte la tentación de ostentarlos para no parecer faltos de ellos. A veces es la propia función que desempeñamos la que nos empuja a hacerlo.
«Ciertos compromisos del consorcio humano –escribe San Agustín en las Confesiones- nos obligan a hacernos amar y temer por los hombres; por lo tanto el adversario de nuestra verdadera felicidad persigue y disemina por todas partes los lazos del “Bravo, bravo”, para prendernos a nuestras espaldas mientras los recogemos con avidez, a fin de separar nuestra alegría de tu verdad y unirla a la mentira de los hombres, para hacernos gustar el amor y el temor no obtenidos en tu nombre, sino en tu lugar» [15].
La hipocresía más perniciosa es esconder... la propia hipocresía. En ningún esquema de examen de conciencia recuerdo haber encontrado la pregunta: ¿He sido hipócrita? ¿Me he preocupado de la mirada de los hombres sobre mí, más que de la de Dios? En cierto momento de la vida, tuve que introducir por mi cuenta estas preguntas en mi examen de conciencia y raramente pude pasar indemne a la pregunta sucesiva...
Un día tocaba como lectura del Evangelio de la Misa la parábola de los talentos. Escuchándolo, entendí de golpe algo. Entre hacer rendir los talentos o no, existe una tercera posibilidad: la de ponerlos a rendir, sí, pero por sí mismos, no por el dueño, por la propia gloria o el propio provecho, y esto es un pecado tal vez más grave que sepultarlos. Aquel día, en el momento de la comunión, tuve que hacer como ciertos ladrones atrapados en delito flagrante, que, llenos de vergüenza, vacían los bolsillos y echan a los pies del propietario lo que le han quitado.
Jesús nos ha dejado un medio sencillo e insuperable para rectificar varias veces al día nuestras intenciones, las primeras tres peticiones del Padrenuestro: «Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad». Se pueden recitar como oraciones, pero también como declaración de intenciones: todo lo que hago, quiero hacerlo para que sea santificado tu nombre, para que venga tu reino y para que se haga tu voluntad.
Sería una contribución preciosa para la sociedad y para la comunidad cristiana si la bienaventuranza de los puros de corazón nos ayudara a mantener despierta en nosotros la nostalgia de un mundo limpio, verdadero, sincero, sin hipocresía, ni religiosa ni laica; un mundo en el que las acciones se corresponden a las palabras, las palabras a los pensamientos, y los pensamientos del hombre a los de Dios. Esto no sucederá plenamente más que en la Jerusalén celeste, la ciudad toda de cristal, pero debemos al menos tender a ello.
Una escritora de fábulas redactó «El país de cristal». Habla de una joven que termina, por magia, en un país todo de cristal: casas de cristal, pájaros de cristal, árboles de cristal, personas que se mueven como graciosas estatuillas de cristal. Con todo, nada se había hecho añicos nunca, porque todos aprendieron a moverse en él con delicadeza para no hacerse daño. Las personas, al encontrarse, responden a las preguntas antes de que se les formulen, porque hasta los pensamientos se han hecho abiertos y transparentes; nadie busca ya mentir, sabiendo que todos pueden leer lo que se tiene en la cabeza [16].
Dan escalofríos sólo de pensar qué pasaría si esto ocurriera ya, entre nosotros; pero es sano al menos tender a tal ideal. Es el camino que lleva a la bienaventuranza que hemos intentado comentar: «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios».
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[1] S. Agustín, De sermone Domini in monte, II, 1,1 (CC 35, 92)
[2] Ib. II, 13, 45-46.
[3] Jean-François de Reims, La vraie perfection de cette vie, 2 parte, Paris 1651, Instr. 4, p.160 s).
[4] Gregorio de Nisa, De beatitudinibus, 6 (PG 44, 1272).
[5] S. Basilio, Sullo Spirito Santo, IX,23; XXII,53 (PG 32, 109.168).
[6] Cf. Michel Dupuy, Pureté, purification, in DSpir. 12, coll,2637-2645.
[7] S. Bernardo de Claraval, Sententiae, III, 2 (S. Bernardi Opera, ed. J. Leclerq – H. M. Rochais).
[8] S. Juan Crisóstomo, Homiliae in Mattheum, 15,4.
[9] Giovanni Ruusboec, Lo splendore delle nozze spirituali, Roma, Città Nuova 1992, pp.72 s.
[10] Cf. B. Pascal, Pensieri, 147 Br.
[11] S. Agustín, De sermone Domini in monte, 2,5 (CC 35, p. 95).
[12] S. Francisco de Asís, Ammonizioni, 19 (Fonti Francescane, n.169).
[13] Cf. Strack-Billerbeck, I, 718.
[14] S. Ignacio de Antioquía, Efesini 15,1 (“È meglio non dire ed essere che dire e non essere”: “Es mejor no decir y ser que decir y no ser”) y Magnesiani, 4 (“Bisogna non solo dirsi cristiani, ma esserlo”: “Es necesario no sólo decirse cristianos, sino serlo”).
[15] Cf. S. Agustín, Confessioni, X, 36, 59.
[16] Lauretta, Il bosco dei lillà, Ancora, Milán, 2° ed. 1994, pp. 90 ss.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
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El Papa con el clero de Roma: La integración de los movimientos en la Iglesia (IV)
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 9 marzo 2007 (ZENIT.org).- En su encuentro con los sacerdotes de Roma, el 22 de febrero, Benedicto XVI mantuvo una sesión de preguntas y respuestas. Ofrecemos la respuesta del Papa a la cuarta pregunta sobre los movimientos eclesiales.
* * *
4. El tema de esta pregunta fueron los Movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, don providencial para nuestro tiempo, realidades con un impulso creativo que viven la fe y buscan nuevas formas de vida para encontrar una justa colocación misionera en la Iglesia. Se pidió al Papa un consejo sobre cómo insertarse para desarrollar realmente un ministerio de unidad en la Iglesia universal.
Benedicto XVI: Bien, veo que debo ser más breve. Gracias por esta pregunta. Me parece que usted ha citado las fuentes esenciales de cuanto puedo decir sobre los movimientos. En este sentido, su pregunta es también una respuesta.
Quisiera precisar inmediatamente que durante estos meses estoy recibiendo a los obispos italianos en visita "ad limina", y así puedo aprender un poco mejor la geografía de la fe en Italia. Veo tantas cosas hermosas juntamente con los problemas que todos conocemos. Veo, sobre todo, cómo la fe está aún profundamente arraigada en el corazón italiano, aunque, sin duda, en las circunstancias actuales, está amenazada de muchos modos. También los movimientos aceptan bien mi función paterna de Pastor. Otros son más críticos y dicen que los movimientos no se insertan. Pienso que realmente las situaciones son diversas, todo depende de las personas en cuestión.
Me parece que tenemos dos reglas fundamentales, de las que usted ha hablado. La primera regla nos la ha dado san Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses: no extingáis los carismas. Si el Señor nos da nuevos dones, debemos estar agradecidos, aunque a veces sean incómodos. Y es algo hermoso que, sin iniciativa de la jerarquía, con una iniciativa de la base, como se dice, pero también con una iniciativa realmente de lo alto, es decir, como don del Espíritu Santo, nazcan nuevas formas de vida en la Iglesia, como, por otra parte, han nacido en todos los siglos.
En sus comienzos fueron siempre incómodas: también san Francisco fue muy incómodo, y para el Papa era muy difícil dar, finalmente, una forma canónica a una realidad que era mucho más grande que los reglamentos jurídicos. Para san Francisco era un grandísimo sacrificio dejarse encastrar en este esqueleto jurídico, pero, al final, nació una realidad que vive aún hoy y que vivirá en el futuro: da fuerza y nuevos elementos a la vida de la Iglesia.
Sólo quiero decir esto: en todos los siglos han nacido movimientos. También san Benito, inicialmente, era un Movimiento. Se insertan en la vida de la Iglesia con sufrimiento, con dificultad. San Benito mismo debió corregir la dirección inicial del monaquismo. Y así también en nuestro siglo el Señor, el Espíritu Santo, nos ha dado nuevas iniciativas con nuevos aspectos de la vida cristiana: vividos por personas humanas con sus límites, crean también dificultades.
Así pues, la primera regla: no extinguir los carismas, estar agradecidos, aunque sean incómodos. La segunda regla es esta: la Iglesia es una; si los movimientos son realmente dones del Espíritu Santo, se insertan y sirven a la Iglesia, y en el diálogo paciente entre pastores y movimientos nace una forma fecunda, donde estos elementos llegan a ser elementos edificantes para la Iglesia de hoy y de mañana.
Este diálogo se desarrolla en todos los niveles, comenzando por el párroco, el obispo y el Sucesor de Pedro; está en curso la búsqueda de estructuras adecuadas: en muchos casos la búsqueda ya ha dado su fruto. En otros, aún se está estudiando; por ejemplo, se nos pregunta si al cabo de cinco años de experimento se deben confirmar de modo definitivo los estatutos del Camino Neocatecumenal, o si aún se requiere un tiempo de experimento o si quizá se deben retocar un poco algunos elementos de esta estructura.
En todo caso, he conocido a los neocatecumenales desde el inicio. Ha sido un Camino largo, con muchas complicaciones, que existen todavía, pero hemos encontrado una forma eclesial que ya ha mejorado mucho la relación entre el Pastor y el Camino. ¡Y así vamos adelante! Lo mismo vale para los demás movimientos.
Ahora, como síntesis de las dos reglas fundamentales, diría: gratitud, paciencia y aceptación incluso de los sufrimientos, que son inevitables. También en un matrimonio existen siempre sufrimientos y tensiones. Y, sin embargo, van adelante, y así madura el verdadero amor. Lo mismo sucede en la comunidad de la Iglesia: juntos tengamos paciencia. También los diversos niveles de la jerarquía —desde el párroco al obispo, hasta el Sumo Pontífice— deben tener juntos un continuo intercambio de ideas, deben promover el coloquio para encontrar juntos el camino mejor. Las experiencias de los párrocos son fundamentales, pero también las experiencias del obispo y, digamos, la perspectiva universal del Papa tienen su lugar teológico y pastoral en la Iglesia.
En consecuencia, por una parte, este conjunto de diversos niveles de la jerarquía; por otra, la realidad vivida en las parroquias, con paciencia y apertura, en obediencia al Señor, crean realmente la vitalidad nueva de la Iglesia.
Estamos agradecidos al Espíritu Santo por los dones que nos ha dado. Seamos obedientes a la voz del Espíritu, pero seamos también claros al integrar estos elementos en la vida: este criterio sirve, al fin, a la Iglesia concreta, y así, con paciencia, con valentía y con generosidad el Señor ciertamente nos guiará y nos ayudará.
[Traducción del original en italiano distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
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