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14 de mazro de 2007


Santa Sede
Benedicto XVI sueña con una Iglesia que sintetice unidad y anuncio del Evangelio
Obras del padre Sobrino contienen «notables discrepancias» con la fe de la Iglesia
El examen de la Santa Sede de obras de teólogos
Reconocimiento pontificio de la Comunidad Católica «Shalom»

Mundo
Asesinado el rector del Seminario de los Padres Blancos en Kenia
Curso de verano en Roma sobre ecumenismo desde una perspectiva católica

Flash
Curso Bíblico Virtual

Entrevistas
Cardenal Etchegaray: «Tiro adelante como un asno...» (II)

Audiencia del miércoles
Benedicto XVI presenta a san Ignacio de Antioquía

Documentos en la página web de Zenit
Notificación vaticana sobre obras del padre Sobrino en la web de Zenit

Documentación
Nota explicativa a propósito de la Notificación sobre las obras del P. Jon Sobrino s.j.

 




 


Santa Sede



Benedicto XVI sueña con una Iglesia que sintetice unidad y anuncio del Evangelio


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- La Iglesia debe lograr sintetizar en sí misma la unidad interna y el anuncio generoso del Evangelio al mundo, considera Benedicto XVI.

Así lo explicó este miércoles durante la audiencia general concedida en una soleada plaza de San Pedro del Vaticano que acogía a cuarenta mil peregrinos.

Continuando con el ciclo de catequesis sobre los Padres Apostólicos de la Iglesia, el Papa presentó la figura de san Ignacio de Antioquia, tercer obispo de esa ciudad que hoy forma parte de Turquía, del año 70 al 107, fecha de su martirio en Roma, donde fue devorado por las fieras.

El Papa repasó el legado espiritual que ha dejado ese mártir a los cristianos de todos los tiempos repasando sus siete cartas en las que «se siente la frescura de la fe de la generación que todavía había conocido a los apóstoles» y «el amor ardiente de un santo».

«Ningún Padre de la Iglesia ha expresado con la intensidad de Ignacio el anhelo por la “unión” con Cristo y por la “vida” en Él», constató.

Para Ignacio, explicó el Santo Padre, «la unidad es ante todo una prerrogativa de Dios, que existiendo en tres Personas es Uno en una absoluta unidad».

De este modo, el obispo mártir elaboró una particular visión de la Iglesia, según la cual, «la unidad que tienen que realizar sobre esta tierra los cristianos no es más que una imitación lo más conforme posible con el modelo divino».

«En su conjunto, se puede percibir en las Cartas de Ignacio una especie de dialéctica constante y fecunda entre dos aspectos característicos de la vida cristiana: por una parte la estructura jerárquica de la comunidad eclesial, y por otra la unidad fundamental que liga entre sí a todos los fieles en Cristo», indicó obispo de Roma.

«Por lo tanto, los papeles no se pueden contraponer --advirtió--. Al contrario, la insistencia de la comunión de los creyentes entre sí y con sus pastores, se refuerza constantemente mediante imágenes elocuentes y analogías: la cítara, los instrumentos de cuerda, la entonación, el concierto, la sinfonía».

«Es evidente la peculiar responsabilidad de los obispos, de los presbíteros y los diáconos en la edificación de la comunidad. A ellos se dirige ante todo el llamamiento al amor y la unidad», subrayó.

El sucesor de Pedro presentó a Ignacio como «doctor de la unidad»: «unidad de Dios y unidad de Cristo (en oposición a las diferentes herejías que comenzaban a circular y que dividían al hombre y a Dios en Cristo), unidad de la Iglesia, unidad de los fieles, “en la fe y en la caridad, pues no hay nada más excelente que ella”».

«En definitiva, el “realismo” de Ignacio es una invitación para los fieles de ayer y de hoy, es una invitación para todos nosotros a lograr una síntesis progresiva entre “configuración con Cristo” (unión con Él, vida en Él) y “entrega a su Iglesia” (unidad con el obispo, servicio generoso a la comunidad y al mundo)».

«Es necesario --concluyó el Santo Padre-- lograr una síntesis entre “comunión” de la Iglesia en su interior y “misión”, proclamación del Evangelio a los demás, hasta que una dimensión hable a través de la otra».
ZS07031404

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Obras del padre Sobrino contienen «notables discrepancias» con la fe de la Iglesia
Constata un «Notificación» de la Congregación para la Doctrina de la Fe

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- Obras del sacerdote Jon Sobrino S.J. presentan «notables discrepancias con la fe de la Iglesia», constata una «Notificación» publicada este miércoles por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El documento, firmado por el prefecto de ese dicasterio vaticano, el cardenal estadounidense William Cardenal Levada, explica que estas discrepancias afectan a cuestiones centrales al cristianismo, como son «la divinidad de Jesús», «la encarnación del Hijo de Dios», «la relación entre Jesucristo y el Reino de Dios», «la autoconciencia de Jesucristo» y «el valor salvífico de su muerte».

El padre Sobrino, nacido en 1938 en el seno de una familia vasca, llegó a El Salvador, siendo novicio de la Compañía de Jesús, en 1957, con 18 años, quedando sumamente impresionado por la dramática realidad social del país centroamericano.

Exponente de una de las corrientes de la Teología de la Liberación, ha dedicado la mayor parte de su vida a la docencia teológica en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de San Salvador.

La Congregación explica que, en el año 2001, cuando su prefecto era el cardenal Joseph Ratzinger, se decidió emprender una investigación sobre las obras del padre Sobrino al haberse constatado errores y dada su amplia divulgación en seminarios y otros centros de estudio, sobre todo en América Latina.

La «Notificación» se centra en dos obras del padre Sobrino: «Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret» (Madrid, 1991) y «La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas» (San Salvador, 1999).

Los pobres
La «Nota explicativa» que ha publicado la Congregación para acompañar a la «Notificación» comienza aclarando que la preocupación del padre Sobrino por los pobres en América Latina «es ciertamente la de la Iglesia entera».

Ratifica «la opción preferencial por los pobres», aclarando que «lejos de ser un signo de particularismo o de sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misión de la Iglesia. Dicha opción no es exclusiva».

Ahora bien, aclara la «Notificación», se da un error de metodología en la obra del sacerdote. En su libro «Jesucristo liberador», el padre Sobrino afirma: «La cristología latinoamericana […] determina que su lugar, como realidad sustancial, son los pobres de este mundo, y esta realidad es la que debe estar presente y transir cualquier lugar categorial donde se lleva a cabo».

«El lugar eclesial de la cristología no puede ser la “Iglesia de los pobres” sino la fe apostólica transmitida por la Iglesia a todas las generaciones», aclara el documento vaticano. «El teólogo, por su vocación particular en la Iglesia, ha de tener constantemente presente que la teología es ciencia de la fe».

Divinidad de Jesús
El texto constata que «diversas afirmaciones del autor tienden a disminuir el alcance de los pasajes del Nuevo Testamento que afirman que Jesús es Dios». Según el documento, Sobrino, considera que «la divinidad de Jesús ha sido afirmada sólo después de mucho tiempo de reflexión creyente y que en el Nuevo Testamento se halla solamente “en germen”».

Sin embargo, explica la Santa Sede, «la confesión de la divinidad de Jesucristo es un punto absolutamente esencial de la fe de la Iglesia desde sus orígenes y se halla atestiguada desde el Nuevo Testamento».

La encarnación del Hijo de Dios
En este sentido, la nota considera que en las obras analizadas del padre Sobrino se establece «una distinción entre el Hijo y Jesús» sugiriendo «la presencia de dos sujetos en Cristo.

«No resulta claro que el Hijo es Jesús y que Jesús es el Hijo». Esta visión, señala, «resulta incompatible con la fe católica, que afirma la unidad de la persona de Jesucristo en las dos naturalezas, divina y humana», según las formulaciones los Concilios de la Iglesia.

Jesucristo y el Reino de Dios
Al presentar a Jesucristo y el Reino de Dios, según la «Notificación», el padre Sobrino no deja claro que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, como «siempre» ha afirmado la Iglesia: «su mediación es única, singular, universal e insuperable». Por el contrario, según el teólogo, «la persona de Jesús, como mediador, no se puede absolutizar».

La autoconciencia de Jesucristo
Según el documento, «la relación filial de Jesús con el Padre, en su singularidad irrepetible no aparece con claridad», en las obras analizadas, más aún, «llevan más bien a excluirla».
En ocasiones, Sobrino dice que Jesús es «un creyente como nosotros». Pero, «si Jesús fuera un creyente como nosotros, aunque de manera ejemplar, no podría ser el revelador verdadero que nos muestra el rostro del Padre», advierte la Santa Sede.

El valor salvífico de la muerte de Jesús
«Algunas afirmaciones»de Sobrino, dice la «Notificación» «hacen pensar que, según él, Jesús no ha atribuido a su muerte un valor salvífico»: El teólogo afirma literalmente: «no hay datos para pensar que Jesús otorgara un sentido absoluto trascendente a su propia muerte».

«La muerte de Cristo es “exemplum” [ejemplo, ndr.] y no “sacramentum” (don). La redención se reduce al moralismo», considera la nota.

Sin embargo, dice citando al Concilio Vaticano II la nota: «El Hijo de Dios, en la naturaleza humana que unió a sí, venciendo la muerte con su muerte y resurrección, redimió al hombre y lo transformó en una criatura nueva».

Tras un examen de casi tres años sobre obras del padre Sobrino, la Congregación para la Doctrina de la Fe le envió un elenco de proposiciones erróneas o peligrosas encontradas en los libros citados.

En el mes de marzo de 2005 el padre Sobrino envió a la Congregación una «Respuesta al texto de la Congregación para la Doctrina de la Fe», la cual fue examinada en la Sesión Ordinaria del 23 de noviembre de 2005.

«Se constató que, aunque en algunos puntos el autor había matizado parcialmente su pensamiento, la Respuesta no resultaba satisfactoria, ya que, en sustancia, permanecían los errores que habían dado lugar al envío del elenco de proposiciones ya mencionado».

«Aunque la preocupación del autor por la suerte de los pobres es apreciable, la Congregación para la Doctrina de la Fe se ve en la obligación de indicar que las mencionadas obras del P. Sobrino presentan, en algunos puntos, notables discrepancias con la fe de la Iglesia».

Por este motivo, la Congregación ha publicado la «Notificación», «para poder ofrecer a los fieles un criterio de juicio seguro, fundado en la doctrina de la Iglesia, acerca de las afirmaciones» del teólogo en sus libros.
ZS07031402

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El examen de la Santa Sede de obras de teólogos
El motivo que llevó al cardenal Ratzinger a analizar la obra de Sobrino

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- ¿Qué debe hacer la Santa Sede cuando miles de fieles, en particular jóvenes seminaristas o estudiantes, reciben en centros católicos enseñanzas de teólogos que parecen negar aspectos fundamentales de la fe católica, como la divinidad de Jesús?

Esta es la pregunta que le surgió en 2001 al cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al recibir observaciones de los pastores y fieles católicos latinoamericanos sobre las obras del padre Jon Sobrino S.I.

Para responder a esta difícil pregunta, a través de los siglos, la Iglesia ha establecido un procedimiento para el examen de las doctrinas, que ha sido confiado por los Papas a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Este procedimiento está regulado por el «Reglamento para el examen de las doctrinas», redactado en 1997 por el cardenal Joseph Ratzinger, que entonces era el prefecto de esa Congregación, con la aprobación de Juan Pablo II.

La «Notificación» publicada por la Santa Sede sobre obras del padre Sobrino explica que «la Congregación para la Doctrina de la Fe, a causa de las imprecisiones y errores en ellos encontrados, en el mes de octubre de 2001, tomó la decisión de emprender un estudio ulterior y más profundo de dichas obras».

«Dada la amplia divulgación de estos escritos y el uso de los mismos en Seminarios y otros centros de estudio, sobre todo en América Latina, se decidió seguir para este estudio el “procedimiento urgente” regulado en los artículos 23-27» del Reglamento.

«Como resultado de tal examen, en el mes de julio de 2004 se envió al Autor, a través del R.P. Peter Hans Kolvenbach S.J., Prepósito General de la Compañía de Jesús, un elenco de proposiciones erróneas o peligrosas encontradas en los libros citados», aclara.

En el mes de marzo de 2005 el P. Jon Sobrino envió a la Congregación una «Respuesta al texto de la Congregación para la Doctrina de la Fe», la cual fue examinada en la Sesión Ordinaria del organismo vaticano del 23 de noviembre de 2005.

«Se constató que, aunque en algunos puntos el Autor había matizado parcialmente su pensamiento, la Respuesta no resultaba satisfactoria, ya que, en sustancia, permanecían los errores que habían dado lugar al envío del elenco de proposiciones ya mencionado».

El resultado de la investigación constata que «obras del padre Sobrino presentan, en algunos puntos, notables discrepancias con la fe de la Iglesia».

Estas discrepancias afectan a temas centrales de la fe cristiana, pues ponen en tela de juicio la divinidad de Jesucristo o la encarnación del Hijo de Dios.

En otros casos, este tipo de notificaciones concluyen prohibiendo al autor la enseñanza de la teología católica mientras no rectifique sus posiciones de modo que sean plenamente conformes con la doctrina de la Iglesia. En el caso del padre Sobrino, la «Notificación» hace ninguna alusión a este tipo de medidas disciplinares.
ZS07031406

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Reconocimiento pontificio de la Comunidad Católica «Shalom»
Desde ahora Asociación Privada Internacional de Fieles de Derecho Pontificio

CIUDAD DEL VATICANO , miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- Este martes la Comunidad Católica «Shalom», nueva realidad eclesial, recibió el reconocimiento pontificio en el Vaticano.

Más de medio millar de peregrinos, la mayor parte de Brasil, llegaron a Roma para celebrar este acontecimiento de la Comunidad, nacida en el país sudamericano hace 25 años, según difundió «Radio Vaticana».

El decreto de aprobación de los Estatutos de la Comunidad se firmó en la sede del Consejo Pontificio para los Laicos en presencia del presidente del dicasterio --el arzobispo Stanislaw Rylko-- y del cardenal brasileño Claudio Hummes --nuevo prefecto de la Congregación vaticana para el Clero--.

Nacida para evangelizar a los jóvenes, la Comunidad Católica «Shalom» se convierte ahora en Asociación Privada Internacional de Fieles de Derecho Pontificio.

En la ceremonia del martes estuvieron presentes miembros y amigos de la Comunidad procedentes incluso de Israel, Canadá o Francia, así como de varias ciudades de Brasil, donde está presente en más de medio centenar de diócesis.

Por la tarde el programa de celebraciones incluyó la Santa Misa de acción de gracias en la Basílica de San Juan de Letrán, presidida por el cardenal Hummes. «Respuesta» fue el título del musical internacional que en el Teatro Orione se sumó a los festejos.

Este miércoles, los peregrinos de la Comediad Católica «Shalom» se unieron a 40 mil fieles en la plaza de San Pedro, en el Vaticano, para participar en audiencia general con el Papa.

Al termino de la misma, Benedicto XVI dirigió su saludo y bienvenida a los «amados peregrinos de lengua portuguesa», «de modo particular a los grupos de portugueses y de brasileños, incluida la Comunidad "Shalom" de Fortaleza», expresándoles el deseo de que aviven la conciencia de ser Iglesia misionera, «deseosa de contribuir a la unidad de todos los hombres en la verdad y en el amor».

Según explica el Consejo Pontificio para los Laicos en su «Repertorio» de Asociaciones Internacionales de Fieles, la Comunidad Católica «Shalom» nació por iniciativa de jóvenes universitarios que, bajo la orientación de Moysés Louro de Azevedo Filho y el apoyo del arzobispo de Fortaleza (Brasil), abrieron un local de bocadillos unido a una librería para la acogida y la evangelización de los jóvenes: fue el primer Centro «Shalom» [«paz», en hebreo].

La obra se difundió rápidamente también entre familias, niños y personas de distinta procedencia socio-cultural. En 1985, el primer grupo de jóvenes se constituyó en comunidad de vida y en 1986 nació la primera comunidad de Alianza formada por jóvenes y adultos.

En 1998 la Comunidad obtuvo el reconocimiento canónico del arzobispo de Fortaleza. La Asociación, como se ha apuntado, es miembro de la «Fraternidad Internacional de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza» ( http://www.catholicfraternity.net ) -Federación Mundial formada por las principales comunidades históricas de la Renovación Carismática Católica-.
La Comunidad Católica «Shalom» está formada por matrimonios, hombres y mujeres consagrados, jóvenes y adultos en busca de la propia vocación, sacerdotes, unidos por la llamada a vivir el carisma de «Shalom», caracterizado por la contemplación, la unidad y la evangelización.

El compromiso evangelizador y formativo de la Comunidad privilegia el mundo de la escuela, de la cultura y de las artes, los ambientes científicos, las comunicaciones sociales y la promoción humana.

La formación de los miembros, basada en el encuentro personal con Jesucristo, está alimentada por el estudio de la Palabra de Dios y del magisterio de la Iglesia, por la oración, por la participación en la liturgia y a los sacramentos, por la vida fraterna y misionera, por el amor filial a la Virgen María, por la unión con el Señor según el modelo de vida de San Francisco de Asís y el modelo de oración de Santa Teresa de Ávila y por el espírtu de la Renovación Carismática Católica y el ejercicio de los carismas del Espírtu Santo al servicio de la Iglesia.

Actualmente cuenta con unos 2.300 miembros y está presente una decena de países. En torno a otras 30 mil personas tienen relación con esta nueva comunidad.

Por iniciativa de la Comunidad «Shalom», además de numerosos grupos de oración, han nacido centros de evangelización y de formación catequética para jóvenes, familias y niños, casas de retiro espiritual, centros de arte al servicio de la evangelización, una escuela, una asociación de promoción humana, casas de acogida para ancianos y servicio a los enfermos y a los encarcelados, proyectos para la recuperación de drogadictos y niños de la calle, proyectos de prevención del aborto y de acogida a personas sin hogar.

La Comunidad ha dado vida a cuatro emisoras de radio, a una casa editorial y al Instituto «Gaudium et spes» para la formación y el compromiso socio-político según los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Más información en http://www.comunidadeshalom.org.br.
ZS07031405

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Mundo



Asesinado el rector del Seminario de los Padres Blancos en Kenia
El padre Martin Addai, de 46 años, era ghanés

NAIROBI, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- El padre Martin Addai, un sacerdote ghanés de los Misioneros de África, fue asesinado el sábado en Nairobi (Kenia).

El crimen, cuya noticia se ha confirmado recientemente, se perpetró en Mombasa Road, en el área Sur B de la capital keniana.

El sacerdote de los Padres Blancos (como también se conoce su congregación), de 46 años, fue tiroteado por unos criminales que se llevaron su automóvil. En el momento de su asesinato, el padre Addai se dirigía al seminario de Teología –del que era rector- de su congregación.

El órgano informativo «Fides» de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos se hace eco de los interrogantes de los Padres Blancos: el asesinato del padre Addai «se parece más a una ejecución que a un homicidio para robar el coche o cualquier otra cosa», escriben en la web de su revista «África».

«¿Querían los asesinos acabar con el sacerdote o fue un error de persona? ¿Se trata de una venganza local? Por el momento no se sabe», añaden.

Un comunicado del superior general de los Misioneros de África –el padre Gérard Chabanon- enviado a «Fides» relata que el padre Addai «se dirigía a visitar a algunos amigos cuando, cerca del seminario, algunos bandidos le pararon y le dispararon».

«Parece que murió enseguida. Su cuerpo fue arrojado al borde de la carretera y sus agresores huyeron con el coche, que fue hallado la tarde del domingo», añade.

Se cuestionan los Padres Blancos en la citada web: «Del coche no había desaparecido nada: teléfono móvil, pasaporte, dinero, documentos, ¡estaba todo!. En la puerta, algunas huellas de sangre. Probablemente el padre Martin se apoyó antes de caer a la carretera herido de muerte. Le dejaron en la vía y se marcharon. Parece que alguien llamó a la policía, que retiró el cuerpo, pero en la zona no se oye nada de particular. La gente interrogada por la policía no vio nada, y eran las dos de la tarde de un sábado...».

Sus hermanos de comunidad y los estudiantes del seminario no se preocuparon por el hecho de que no regresara el sábado, pues sabían que se había acercado a una fiesta de la comunidad local ghanesa. Fue en la tarde del domingo cuando empezaron las indagaciones.

Originario de Kumasi (Ghana), donde había nacido el 12 de noviembre de 1960, Martin Addai ingresó en el noviciado de Kasama (Zambia) en 1984. Pronunció sus votos como Misionero de África en Totteridge (Londres) a los cinco años.

Fue ordenado sacerdote en 1990; y desarrolló su labor en Mozambique, en la diócesis de Chimoio.

De 1993 a 1996 prosiguió sus estudios en Roma, para licenciarse en Teología Moral, y posteriormente siguió un año de espiritualidad en Canadá.

A su regreso a Mozambique, enseñó en el seminario mayor de Maputo, antes de ser nombrado rector del Filosofado de Ejisu, en Ghana, hasta 2004. Ese año, elegido miembro del Capítulo General, fue enviado a Nairobi como rector del seminario de Teología de los Padres Blancos.

Igualmente era profesor de Ética Médica en el Tangaza College, parte de la Catholic University of Eastern Africa.

Los robos con armas de fuego en carretera son un azote cada vez más preocupante en Kenia, denuncia «Fides»; los obispos locales han reclamado al gobierno varias veces que actúe para asegurar la protección de la población. Se calcula que en el país circulan al menos cien mil armas de fuego de posesión ilegal.
ZS07031403

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Curso de verano en Roma sobre ecumenismo desde una perspectiva católica
En el Centro Pro Unione

ROMA, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- El Centro ecuménico de Roma «Pro Unione» ha organizado un curso estivo de introducción a movimientos ecuménicos y interreligiosos desde una perspectiva católica.

Tendrá lugar del 25 de junio al 13 de julio y ofrecerá, en inglés, una introducción histórica y teológica a las cuestiones que unen y separan a los cristianos.

Esta experiencia ecuménica también explorará las relaciones con otras tradiciones religiosas.

El curso está pensado para personas que se preparan al ministerio o a la vida religiosa, que están en campo de misión o que se ocuparán de cuestiones ecuménicas y interreligiosas, así como a personas que buscan una experiencia sabática.

Los profesores provienen del Centro «Pro Unione» de Roma y del «Graymoor Ecumenical & Interreligious Institute» de Nueva York. El director del Centro Pro Unione y general de los Franciscanos del Atonement, el padre James Puglisi, también ofrecerá algunas sesiones.

Por las mañanas se iniciará con una oración seguida de lecciones. Por las tardes se realizarán excursiones, por ejemplo a las catacumbas romanas, a la tumba de San Pedro, a la sinagoga y a la mezquita.

La primera semana se dedicará a profundizar las divisiones en la Iglesia, el movimiento ecuménico, el Concilio Vaticano II y los principales documentos ecuménicos, y se estudiarán las organizaciones ecuménicas, como el Consejo Mundial de las Iglesias. En esta semana se visitarán los Consejos Pontificios para la Promoción de la Unidad entre los Cristianos y para el Diálogo Interreligioso.

Los participantes en el curso asistirán a la fiesta de san Pedro y san Pablo el 29 de junio en el Vaticano durante la cual Benedicto XVI impondrá el palio a los nuevos arzobispos metropolitanos.

La segunda semana se dedica a entender la Reforma Protestante y la relación de los católicos con las iglesias de la Reforma.

Finalmente, la tercera semana estará centrada en las relaciones católico-judías, la respuesta cristiana a los otros credos, el fenómeno del fundamentalismo, los nuevos movimientos religiosos y el islam y sus relaciones con la Iglesia católica.

El curso cuesta 300 dólares estadounidenses y la fecha límite para apuntarse es el 31 de marzo.

Los costes de viaje y acogida en Roma no están comprendidos en los gastos de inscripción.

Más información en www.prounione.urbe.it
ZS07031422

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Flash



Curso Bíblico Virtual


BOGOTÁ, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- El Centro Bíblico Pastoral para América Latina (CEBIPAL) del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), anuncia la apertura de las inscripciones y matrículas para el Curso Virtual titulado: «María Discípula según los Evangelios: estudio exégetico y proyección pastoral», que se desarrollará desde el 20 de marzo hasta el 20 de abril.

Este curso tiene como finalidad ofrecer a la Iglesia de nuestro continente un espacio nuevo de formación bíblica, partiendo de una iniciativa surgida de las muchas preguntas que los visitantes a la página en internet del CEBIPAL, hicieron llegar respecto de la interpretación correcta de los pasajes bíblicos en los que se habla de María.

Las inscripciones y pago de matrículas se recibirán hasta el 16 de Marzo; el curso comenzará el martes 20 y se prolongará hasta el 20 de abril con un breve receso durante la Semana Santa.

Para más información e inscripciones puede enviar un mensaje a: cebipal@celam.org o visitar la página web: www.celam.org/cebipal.
ZS07031408

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Entrevistas



Cardenal Etchegaray: «Tiro adelante como un asno...» (II)


ROMA, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- El cardenal Roger Etchegaray anuncia en esta entrevista que su casa de Roma está abierta a todos los que toquen a su puerta. Su mensaje es sencillo: a sus 84 años quiere comunicar el gusto de existir.

Zenit ha tocado a su puerta con motivo de la presentación de su nuevo libro en francés, «Tiro adelante como un asno..., guiños al cielo y a la tierra », que se inspira en el best-seller que él mismo publicó hace veinte años «Tiro adelante como un asno..., guiños al cielo y a la tierra…, a tiempo y a destiempo».

El cardenal Roger Etchegaray nació en 1922 en Espelette (Bajos Pirineos), fue obispo auxiliar de París (1969-1970) luego arzobispo de Marsella (1970-1984), presidente de la Conferencia Episcopal Francesa (1975-1981), y presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (1971-1979).

Juan Pablo II le llamó a Roma para ser presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y del Consejo Pontificio «Cor Unum». Presidió el comité central para el Gran Jubileo del año 2000. Es hoy vicedecano del Colegio de Cardenales.

En la segunda parte de esta entrevista, la primera fue publicada por Zenit en el servicio del 13 de marzo de 2007, el purpurado revela detalles de su desbordante gusto de vivir.

--Usted habla del placer de vivir, hablemos entonces también de su gusto por el diálogo frente a la diversidad humana, de su apego a sus orígenes vascos que quizá explica su pasión por los viajes.

--Cardenal Etchegaray: Es verdad y le agradezco que subraye mis orígenes vascos. Yo estoy muy orgulloso de ello. Muy orgulloso de todo lo que mi pequeño País Vasco y mi familia vasca me han dado para ser lo que soy hoy. Se dice que el vasco es aventurero. Puede ser verdad. Hay grandes aventureros, corsarios, pero hay también misioneros y pienso en uno de ellos que amo mucho: san Francisco Javier, que tenía una hermana casada en mi pequeña aldea de Espelette. San Francisco Javier, «el hombre con sandalias de viento» que llegó hasta Japón, que quiso ir a China y que no pudo porque murió a sus puertas. Era un auténtico vasco. No es que me quiera comparar con él, pero siempre ha habido algo en mí de misionero, primero como cristiano, luego como sacerdote, como obispo, y ahora como cardenal, he sido enviado por el Papa en misión a los cuatro rincones del mundo.

He viajado mucho, pero he viajado también por placer, por gusto personal, e incluso todavía a mi edad estoy siempre listo para emprender grandes viajes. Tengo además proyectos que hacer todavía si la salud me lo permite. Creo que mi cabeza está todavía bien, puedo por tanto todavía hacer rodar mi joroba por todas las partes del mundo.

Voy por placer pero también porque Dios quiere hacer de cada hombre un mensajero de su amor, de su mensaje que es un mensaje de fraternidad. Cuando se ha comprendido esto, no se desea permanecer en un lugar. Esto te hace cosquillas en los pies y te da ganas de ir a todas partes. Yo he hecho todos mis viajes, todas mis misiones, porque el Papa me lo pedía, pero con ese espíritu.

--Se reconoce ahí la testarudez del asno, por retomar el título de su libro «Tiro adelante como un asno...», un título insólito por lo demás...

--Cardenal Etchegaray: Es verdad, cuando le decía al principio que el libro tuvo mucho éxito, hay que reconocerlo, también se debió a este título un poco extravagante. Esto ha ayudado mucho a su éxito. Me he comparado con el asno al principio porque me gustan mucho los asnos, que no son tan «asnos» como se dice. A Jesús le gustaban mucho los asnos, porque sobre un burrito hizo su última entrada en Jerusalén, justo antes de dar su vida por nosotros.

--¿Y piensa que es necesaria verdaderamente la testarudez del asno para conservar la esperanza en el mundo actual, en la llegada de un mundo de paz? ¿Es el mensaje que quiere transmitir en su obra?

--Cardenal Etchegaray: El asno tiene muchas cualidades: es sobrio, marcha lentamente pero con un paso muy seguro; va por caminos escarpados, por tanto lejos de las autopistas donde la rapidez impide ver montura y caballero. Lo que falta hoy son asnos por los pequeños senderos, para encontrarse y charlar Hoy se corre demasiado, cruzándose apenas, sin rozarse incluso cuando la vía está hecha para mirarse, sin egoísmos, sino para aprender del otro todo lo que nos puede dar de bueno.

Cada uno es una riqueza, a menudo desconocida: creemos que somos peores de lo que realmente somos. Cuando nos encontramos, es necesario saber que se tienen muchas cosas felices, buenas, excitantes que compartir y que nos dan un mayor gusto de vivir.

--Así que usted está «jubilado», pero por lo que cuenta sigue muy activo...

--Cardenal Etchegaray:¡Activo, sí! Pues aunque no tenga responsabilidades en la Iglesia oficialmente, siempre tengo una responsabilidad con mis hermanos, de cualquier edad.

Dios me ha dado todavía buena salud, e aunque estuviera enfermo, pienso que estaría todavía activo en el sentido en el que la palabra «activo» quiere decir «actuar».

Ante todo se puede actuar con la oración, y no se cree nunca suficientemente en su importancia, en la eficacia de la oración, esa comunicación de los espíritus que nos aproxima a todos.

Y luego están los encuentros: hoy mi actividad consiste en recibir a mucha gente. Rechazo muchas invitaciones a congresos, conferencias, pues prefiero recogerme, pero no me encierro nunca.

Quiero hacer de mi apartamento en Roma una casa abierta a todos, una tienda como las de los nómadas. Es una imagen que me gusta pues es signo de apertura a los demás. He conocido esta experiencia en otro tiempo en algunos desiertos. Es extraordinario. Entonces es lo que yo querría hacer ahora. Que éste sea mi ministerio, mi misión. Responder a todos los que llaman a mi puerta, quienes quiera que sean, grandes y pequeños. Y para mí no hay grandes y pequeños. Somos todos iguales y me gusta recibir a quien quiera que sea. Esta es mi alegría y me sigo sintiendo feliz por existir.
ZS07031407

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Audiencia del miércoles



Benedicto XVI presenta a san Ignacio de Antioquía
Intervención en la audiencia general

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles en la que continuó con la serie de los padres apostólicos. En esta ocasión, presentó a san Ignacio de Antioquia.

 

* * *



Queridos hermanos y hermanas:
Como ya hicimos el miércoles, estamos hablando de las personalidades de la Iglesia naciente. La semana pasada habíamos hablado del Papa Clemente I, tercer sucesor de san Pedro. Hoy hablamos de san Ignacio, que fue el tercer obispo de Antioquia, del año 70 al 107, fecha de su martirio.

En aquel tiempo, Roma, Alejandría y Antioquia eran las tres grandes metrópolis del Imperio Romano. El Concilio de Nicea habla de los tres «primados»: el de Roma, pero también el de Alejandría y Antioquia participan, en cierto sentido, en un «primado».

San Ignacio era obispo de Antioquia, que hoy se encuentra en Turquía. Allí, en Antioquia, como sabemos por los Hechos de los Apóstoles, surgió una comunidad cristiana floreciente: el primer obispo fue el apóstol Pedro, como dice la tradición, y allí «fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de “cristianos”» (Hechos 11, 26).

Eusebio de Cesarea, un historiador del siglo IV, dedica todo un capítulo de su «Historia Eclesiástica» a la vida y a la obra de Ignacio (3,36). «De Siria», escribe, «Ignacio fue enviado a Roma para ser pasto de fieras, a causa del testimonio que dio de Cristo. Viajando por Asia, bajo la custodia severa de los guardias» (que él llama «diez leopardos» en su Carta a los Romanos 5,1), «en las ciudades en las que se detenía, reforzaba a las Iglesias con predicaciones y exhortaciones; sobre todo les alentaba, de todo corazón, a no caer en las herejías, que entonces comenzaban a pulular, y recomendaba no separarse de la tradición apostólica».

La primera etapa del viaje de Ignacio hacia el martirio fue la ciudad de Esmirna, donde era obispo san Policarpo, discípulo de san Juan. Allí, Ignacio escribió cuatro cartas, respectivamente a las Iglesias de Éfeso, e Magnesia, de Tralles y de Roma.

«Al dejar Esmirna», sigue diciendo Eusebio, «Ignacio llegó a Troade, y allí envió nuevas cartas»: dos a las Iglesias de Filadelfia y de Esmirne, y una al obispo Policarpo. Eusebio completa así la lista de las cartas, que nos han llegado de la Iglesia del primer siglo como un tesoro precioso.

Al leer estos textos se siente la frescura de la fe de la generación que todavía había conocido a los apóstoles. Se siente también en estas cartas el amor ardiente de un santo. Finalmente, de Troade el mártir llegó a Roma, donde en el Anfiteatro Flavio, fue dado en pasto a las fieras feroces.

Ningún Padre de la Iglesia ha expresado con la intensidad de Ignacio el anhelo por la «unión» con Cristo y por la «vida» en Él. Por este motivo, hemos leído el pasaje del Evangelio sobre la viña, que según el Evangelio de Juan, es Jesús. En realidad, confluyen en Ignacio dos «corrientes» espirituales: la de Pablo, totalmente orientada a la «unión» con Cristo, y la de Juan, concentrada en la «vida» en Él.

A su vez, estas dos corrientes desembocan en la «imitación» de Cristo, proclamado en varias ocasiones por Ignacio como «mi Dios» o «nuestro Dios». De este modo, Ignacio implora a los cristianos de Roma que no impidan su martirio, pues tiene impaciencia por «unirse con Jesucristo».

Y explica: «Para mí es bello morir caminando hacia («eis») Jesucristo, en vez de poseer un reino que llegue hasta los confines de la tierra. Le busco a Él, que murió por mí, le quiero a Él, que resucitó por nosotros. ¡Dejad que imite la Pasión de mi Dios!» (Romanos 5-6). Se puede percibir en estas expresiones ardientes de amor el agudo «realismo» cristológico típico de la Iglesia de Antioquia, atento más que nunca a la encarnación del Hijo de Dios y a su auténtica y concreta humanidad: Jesucristo, escribe Ignacio a los habitantes de Esmirna, «es realmente de la estirpe de David», «realmente nación de una virgen», «fue clavado realmente por nosotros» (1,1).

La irresistible tensión de Ignacio hacia la unión con Cristo sirve de fundamento para una auténtica «mística de la unidad». Él mismo se define como «un hombre al que se le ha confiado la tarea de la unidad» (A los fieles de Filadelfia 8, 1). Para Ignacio, la unidad es ante todo una prerrogativa de Dios, que existiendo en tres Personas es Uno en una absoluta unidad.

Repite con frecuencia que Dios es unidad y que sólo en Dios ésta se encuentra en el estado puro y originario. La unidad que tienen que realizar sobre esta tierra los cristianos no es más que una imitación lo más conforme posible con el modelo divino. De esta manera, Ignacio llega a elaborar una visión de la Iglesia que recuerda mucho a algunas expresiones de la Carta a los Corintios de Clemente Romano. «Conviene caminar de acuerdo con el pensamiento de vuestro obispo, lo cual vosotros ya hacéis --escribe a los cristianos de Éfeso--. Vuestro presbiterio, justamente reputado, digno de Dios, está conforme con su obispo como las cuerdas a la cítara. Así en vuestro sinfónico y armonioso amor es Jesucristo quien canta. Que cada uno de vosotros también se convierta en coro a fin de que, en la armonía de vuestra concordia, toméis el tono de Dios en la unidad y cantéis a una sola voz» (4,1-2).

Y después de recomendar a los fieles de Esmirna que no hagan nada «que afecte a la Iglesia sin el obispo» (8,1), confía a Policarpo: «Ofrezco mi vida por los que están sometidos al obispo, a los presbíteros y a los diáconos. Que junto a ellos pueda tener parte con Dios. Trabajad unidos los unos por los otros, luchad juntos, corred juntos, sufrid juntos, dormid y velad juntos como administradores de Dios, asesores y siervos suyos. Buscad agradarle a Él por quien militáis y de quien recibís la merced. Que nadie de vosotros deserte. Que vuestro bautismo sea como un escudo, la fe como un casco, la caridad como una lanza, la paciencia como una armadura» (6,1-2).

En su conjunto, se puede percibir en las Cartas de Ignacio una especie de dialéctica constante y fecunda entre dos aspectos característicos de la vida cristiana: por una parte la estructura jerárquica de la comunidad eclesial, y por otra la unidad fundamental que liga entre sí a todos los fieles en Cristo. Por lo tanto, los papeles no se pueden contraponer. Al contrario, la insistencia de la comunión de los creyentes entre sí y con sus pastores, se refuerza constantemente mediante imágenes elocuentes y analogías: la cítara, los instrumentos de cuerda, la entonación, el concierto, la sinfonía.

Es evidente la peculiar responsabilidad de los obispos, de los presbíteros y los diáconos en la edificación de la comunidad. A ellos se dirige ante todo el llamamiento al amor y la unidad. «Sed una sola cosa», escribe Ignacio a los Magnesios, retomando la oración de Jesús en la Última Cena: «Una sola súplica, una sola mente, una sola esperanza en el amor… Acudid todos a Jesucristo como al único templo de Dios, como al único altar: él es uno, y al proceder del único Padre, ha permanecido unido a Él, y a Él ha regresado en la unidad» (7, 1-2). Ignacio es el primero que en la literatura cristiana atribuye a la Iglesia el adjetivo «católica», es decir, «universal»: «Donde está Jesucristo», afirma, «allí está la Iglesia católica» (A los fieles de Esmirna 8, 2). Precisamente en el servicio de unidad a la Iglesia católica, la comunidad cristiana de Roma ejerce una especie de primado en el amor: «En Roma, ésta preside, digna de Dios, venerable, digna de ser llamada bienaventurada… Preside en la caridad, que tiene la ley de Cristo, y lleva el nombre del Padre» (A los Romanos, «Prólogo»).

Como se puede ver, Ignacio es verdaderamente el «doctor de la unidad»: unidad de Dios y unidad de Cristo (en oposición a las diferentes herejías que comenzaban a circular y que dividían al hombre y a Dios en Cristo), unidad de la Iglesia, unidad de los fieles, «en la fe y en la caridad, pues no hay nada más excelente que ella» (A los fieles de Esmirna 6,1).

En definitiva, el «realismo» de Ignacio es una invitación para los fieles de ayer y de hoy, es una invitación para todos nosotros a lograr una síntesis progresiva entre «configuración con Cristo» (unión con Él, vida en Él) y «entrega a su Iglesia» (unidad con el obispo, servicio generoso a la comunidad y al mundo).

En definitiva, es necesario lograr una síntesis entre «comunión» de la Iglesia en su interior y «misión», proclamación del Evangelio a los demás, hasta que una dimensión hable a través de la otra, y los creyentes tengan cada vez más «ese espíritu sin divisiones, que es el mismo Jesucristo» (Magnesios 15).

Al implorar del Señor esta «gracia de unidad», y con la convicción de presidir en la caridad a toda la Iglesia (Cf. A los Romanos, «Prólogo»), os dirijo a vosotros el mismo auspicio que cierra la carta de Ignacio a los cristianos de Tralles: «Amaos los unos a los otros con un corazón sin divisiones. Mi espíritu se entrega en sacrificio por vosotros no sólo ahora, sino también cuando alcance a Dios… Que en Cristo podáis vivir sin mancha» (13). Y recemos para que el Señor nos ayude a alcanzar esta unidad y vivamos sin mancha, pues el amor purifica las almas.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
San Ignacio fue Obispo de Antioquia, ciudad en la que los discípulos recibieron por primera vez el nombre de cristianos. Durante el camino que le condujo a Roma, para ser martirizado, escribió siete cartas en las que expresa su anhelo de unión con Cristo y de vida en Él. Los cristianos están llamados a construir una unidad que sea reflejo de la unidad de Dios. Con imágenes tomadas de la música, insiste sobre la comunión de los fieles entre sí y con sus pastores, conciliando así la estructura jerárquica de la comunidad eclesial con la unidad fundamental que une a todos, evitando contraponer los respectivos papeles. San Ignacio es el primero que llama a la Iglesia «católica», universal, destacando el primado en la caridad de la Iglesia de Roma respecto a la Iglesia universal. Con razón, Ignacio es el «doctor de la unidad»: unidad de Dios y unidad de Cristo, unidad de la Iglesia y unidad de los fieles, llamados a realizar una síntesis progresiva entre configuración con Cristo y compromiso con su Iglesia, entre comunión y misión.

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular a la Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil de España, con su consiliario nacional, Monseñor José Manuel Estepa, un querido amigo mío; a la Delegación de Pastoral de la Salud, de Santiago de Compostela, acompañados de su Arzobispo Monseñor Julián Barrio; así como a los demás grupos de España, México y otros países latinoamericanos. Os animo a estar muy unidos a Cristo, y a trabajar por la salvación de todos los hombres, superando toda forma de división. ¡Gracias por vuestra visita!

[© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
ZS07031401

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Documentos en la página web de Zenit



Notificación vaticana sobre obras del padre Sobrino en la web de Zenit


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).- En la sección «Documentos» de la página web de Zenit (www.zenit.org), puede leerse la «Notificación» sobre las obras «Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret» y «La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas» del padre Jon Sobrino, S.I., publicada este miércoles por la Congregación para la Doctrina de la Fe.
ZS07031421

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Documentación



Nota explicativa a propósito de la Notificación sobre las obras del P. Jon Sobrino s.j.


 

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

NOTA EXPLICATIVA
A LA NOTIFICACIÓN  SOBRE LAS OBRAS DEL P. JON SOBRINO S. J.

 

1. El interés de la Iglesia por los pobres

Es función propia de la Congregación para la Doctrina de la Fe promover y tutelar la doctrina sobre la fe y las costumbres en todo el orbe católico[1]. En tal modo se quiere servir a la fe del pueblo de Dios y en particular a sus miembros más sencillos y pobres. La preocupación por los más sencillos y pobres es, desde el inicio, uno de los rasgos que caracteriza la misión de la Iglesia. Si es cierto, como también lo ha recordado el Santo Padre, que «la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo»[2], entonces todos los hombres tienen derecho a conocer al Señor Jesús, que es «esperanza de las naciones y salvador de los pueblos», y a mayor razón cada cristiano tiene derecho de conocer de modo adecuado, auténtico e integral, la verdad que la Iglesia confiesa y expresa acerca de Cristo. Ese derecho es el fundamento del deber correspondiente del magisterio eclesial de intervenir cada vez que la verdad es puesta en peligro o negada.

Por todo ello, la Congregación se ha visto en el deber de publicar la Notificación adjunta sobre algunas obras del P. Jon Sobrino S.I. en las cuales se han encontrado diversas proposiciones erróneas o peligrosas que pueden causar daño a los fieles. El P. Sobrino, en sus obras, manifiesta preocupación por la situación de los pobres y oprimidos especialmente en América Latina. Esta preocupación es ciertamente la de la Iglesia entera. La misma Congregación para la Doctrina de la Fe, en su Instrucción Libertatis conscientia sobre libertad cristiana y liberación, indicaba que «la miseria humana atrae la compasión de Cristo Salvador que la ha querido cargar sobre sí e identificarse con los “más pequeños de sus hermanos” (cf. Mt 25,40.45)» y que «la opción preferencial por los pobres, lejos de ser un signo de particularismo o de sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misión de la Iglesia. Dicha opción no es exclusiva. Ésta es la razón por la que la Iglesia no puede expresarla mediante categorías sociológicas o ideológicas reductivas, que harían de esta preferencia una opción partidista y de naturaleza conflictiva»[3]. Ya previamente la misma Congregación, en la Instrucción Libertatis nuntius sobre algunos aspectos de la teología de la liberación, había observado que las advertencias sobre esta corriente teológica contenidas en el documento no se podían interpretar como un reproche hacia quienes deseaban ser fieles a la “opción preferencial por los pobres” ni podían en modo alguno servir de excusa a quienes se muestran indiferentes a los gravísimos problemas de la miseria y de la injusticia[4].

Estas afirmaciones muestran con claridad la posición de la Iglesia en este complejo problema: «Las desigualdades inicuas y las opresiones de todo tipo que afectan hoy a millones de hombres y mujeres están en abierta contradicción con el Evangelio de Cristo y no pueden dejar tranquila la conciencia de ningún cristiano. La Iglesia, dócil al Espíritu, avanza con fidelidad por los caminos de la liberación auténtica. Sus miembros son conscientes de sus flaquezas y de sus retrasos en esta búsqueda. Pero una multitud de cristianos, ya desde el tiempo de los Apóstoles, han dedicado sus fuerzas y sus vidas a la liberación de toda forma de opresión y a la promoción de la dignidad humana. La experiencia de los santos y el ejemplo de tantas obras de servicio al prójimo constituyen un estímulo y una luz para las iniciativas liberadoras que se imponen hoy»[5].

2. Procedimiento para el examen de las doctrinas

A la Notificación arriba mencionada se ha llegado tras un atento examen de los escritos del P. Sobrino según el procedimiento establecido para el examen de las doctrinas. El modo de proceder de la Congregación para la Doctrina de la Fe para formarse un juicio sobre escritos que aparecen como problemáticos puede explicarse brevemente. Cuando la Congregación considera que los escritos de un autor determinado presentan dificultades desde el punto de vista doctrinal, de tal manera que de ellos se deriva o puede derivarse un daño grave para los fieles, se inicia un procedimiento regulado por el Reglamento del 29 de junio de 1997, que fue en su día aprobado por el Papa Juan Pablo II[6].

El procedimiento ordinario prevé que se pida la opinión de algunos peritos en la materia tratada. El parecer de los mismos, junto con todas las noticias útiles para el examen del caso, seguidamente se somete a la consideración de la Consulta, o sea, la instancia de la Congregación formada por expertos en las diferentes disciplinas teológicas. Toda la ponencia, incluyendo el verbal de la discusión, la votación general y los votos particulares de los Consultores sobre la eventual existencia en los escritos de errores doctrinales u opiniones peligrosas, es sometida al examen de la Sesión Ordinaria de la Congregación, compuesta por los Cardenales y Obispos miembros del Dicasterio, la cual examina minuciosamente toda la cuestión y decide si se debe proceder o no a una contestación al Autor. La decisión de la Sesión Ordinaria es sometida a la aprobación del Sumo Pontífice. Si se decide proceder a la contestación, la lista de proposiciones erróneas o peligrosas se comunica, a través del Ordinario, al Autor, el cual dispone de tres meses útiles para responder. Si la Sesión Ordinaria considera que la respuesta es suficiente, no se procede ulteriormente. De lo contrario se toman las medidas adecuadas. Una de éstas puede ser la publicación de una Notificación en la que se detallan las proposiciones erróneas o peligrosas encontradas en los escritos del Autor.

Cuando se considera que los escritos son evidentemente erróneos y de su divulgación podría derivar o ya deriva un grave daño a los fieles[7], el procedimiento se abrevia. Se nombra una Comisión de expertos encargada de determinar las proposiciones erróneas y peligrosas. El parecer de dicha Comisión se somete a la Sesión Ordinaria de la Congregación. En el caso de que las proposiciones se juzguen efectivamente erróneas y peligrosas, después de la aprobación del Santo Padre, siempre a través del Ordinario, se trasmiten al Autor, para que éste las corrija en un plazo de dos meses útiles. Su respuesta es examinada por la Sesión Ordinaria, que adopta las medidas oportunas.

3. El caso particular del P. Sobrino

En el presente caso, la misma Notificación indica los pasos que se siguieron según el procedimiento urgente. Se optó por tal procedimiento teniendo en cuenta entre otras razones la gran difusión que, sobre todo en América Latina, han alcanzado las obras del P. Jon Sobrino. En ellas se encontraron graves deficiencias tanto de orden metodológico como de contenido. Sin reproducir aquí cuanto en la Notificación se indica en detalle, se hace notar que entre las deficiencias de orden metodológico se encuentra la afirmación según la cual la Iglesia de los pobres es el lugar eclesial de la cristología y ofrece la dirección fundamental de la misma, olvidando que el único “lugar eclesial” válido en la cristología, como de la teología en general, es la fe apostólica, que la Iglesia transmite a todas las generaciones. El P. Sobrino tiende a disminuir el valor normativo de las afirmaciones del Nuevo Testamento y de los grandes Concilios de la Iglesia antigua. Estos errores de índole metodológica llevan a conclusiones no conformes con la fe de la Iglesia acerca de puntos centrales de la misma: la divinidad de Jesucristo, la encarnación del Hijo de Dios, la relación de Jesús con el Reino de Dios, su autoconciencia, el valor salvífico de su muerte.

Al respecto, la Congregación para la Doctrina de la Fe escribía: «una reflexión teológica desarrollada a partir de una experiencia particular puede constituir un aporte muy positivo, ya que permite poner en evidencia algunos aspectos de la Palabra de Dios, cuya riqueza total no ha sido aún plenamente percibida. Pero para que esta reflexión sea verdaderamente una lectura de la Escritura, y no una proyección sobre la Palabra de Dios de un significado que no está contenido en ella, el teólogo ha de estar atento a interpretar la experiencia de la que él parte a la luz de la experiencia de la Iglesia misma. Esta experiencia de la Iglesia brilla con singular resplandor y con toda su pureza en la vida de los santos. Compete a los Pastores de la Iglesia, en comunión con el Sucesor de Pedro, discernir su autenticidad»[8].

Por lo tanto, con esta Notificación, se espera ofrecer a los pastores y a los fieles un criterio seguro, fundado en la doctrina de la Iglesia para un juicio recto acerca de estas cuestiones, muy relevantes tanto desde el punto de vista teológico como pastoral.

 

[1] Cf. Juan Pablo II, Const. Apost. Pastor bonus, 48: AAS 80 (1988), 841-934)

[2] Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2006.

[3] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 68: AAS 79 (1987), 554-599.

[4] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis nuntius, Proemio: AAS 76 (1984) 876-909.

[5] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis nuntius, 57.

[6] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Agendi Ratio in Doctrinarum Examine: AAS 89 (1997) 830-835.

[7] Cf. ibidem, 23

[8] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 70.

 

 


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