Que se atrevan con Mahoma

15.03.07 | 08:38. Archivado en Política

 

(PD / Agencias).- Una vez más, como siempre, Ignacio Camacho da en el clavo. Escribe esta vez sobre la blasfema exposición del fotógrafo Moreno Montoya, sufragada con dinero público. Tal y como comenta "aquí somos todos muy modernos, muy rompedores y muy vanguardistas, pero la modernidad y el rupturismo los tiene que apoquinar el contribuyente".

"Si al contribuyente, pongamos por caso, le ofende o le repugna que el moderno de guardia se tome sus creencias a grosera chacota, pues que se fastidie". Camacho centra en su columna de ABC de este jueves el problema: al margen de la blasfemia en sí, que ofende a cristianos y no cristianos, resulta más sangrante cuando el bolsillo de los extremeños, cristianos o no cristianos, es el que paga las fotografías.

LA HIPOCRESÍA DEL AUTOR

Tal y como comenta sobre el autor de la blasfemia:

"Se cree un heterodoxo incomprendido, un atrevido iconoclasta que pone en solfa con brillante rebeldía la moral establecida y la hipocresía católica, pero no es más que un triste, rancio y rijoso victimista. Que además juega con ventaja. Primero porque su presunta transgresión creativa se acolcha en el cojín de la subvención oficial, y segundo porque sabe que ni la Iglesia ni sus fieles van a hacer otra cosa que escandalizarse durante un ratito y acordarse de su señores padres durante otro. Inofensivo todo ello".

Ahora bien. ¿Y si se atreviera a hacerlo con Mahoma?

"Por el contrario, si este preclaro Cartier-Bresson extremeño, este ilustre Hamilton de la dehesa, este egregio Man Ray del alcornocal, hubiese desplegado todo su desafiante coraje en retratar a Mahoma masturbándose con Jadicha o sodomizando a un camello, no encontraría en todo el planeta un agujero lo bastante profundo para ponerse a salvo de la santa ira de los hijos de Alá. Y ninguna Alianza de Civilizaciones podría esquivar la fatwa sangrienta que caería sobre el político capaz de subvencionarle su escatológico delirio".

¿Y POR QUÉ NADIE DIMITE?

Analiza la cobardía del autor, que escondiéndose en el típico argumento de que la Iglesia le responderá con críticas y censura, puede destacar más su mérito como "artista":

"Ellos se conforman con ofender la tolerancia de sus conciudadanos, para poder alzar una quejica protesta contra la habitual incomprensión de la España reaccionaria y clerical, zaragatera y triste, inquisitorial y rancia, que siempre tiene en una mano una antorcha para prender la hoguera de los heterodoxos..."

Y concluye, de forma brillante, dejando la cuña de por qué nadie ha dimitido aún:

"Esas fotos no son ni modernas, ni vanguardistas, ni audaces, ni innovadoras, ni siquiera una burla inteligente o aguda, sino una insultante, tarada y procaz basura, una vulgar, añeja y prostibularia blasfemia. Que tiene todo su derecho a proferir, retratándose moralmente a sí mismo, el tal Moreno Montoya, que rima con farfolla, pero resulta absolutamente indigna de que una institución democrática la honre con una subvención. Que rima con dimisión".