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16 de mazro de 2007
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Santa Sede
Se pierde el «sentido del pecado» y aumentan los «complejos de culpa», constata el Papa
El Papa aboga por la colaboración Iglesia-Estado, respetando las propias competencias
Benedicto XVI llama a globalizar la solidaridad
El predicador del Papa anima a «apropiarnos» de las bienaventuranzas, autorretrato de Jesús
Publicado el itinerario del viaje del Papa a Brasil

Análisis
La exhortación sobre la Eucaristía, llamada contra el hambre en el mundo
Mujeres, trabajo y familia

Mundo
La Iglesia rusa de Bari regresa al Patriarcado ortodoxo, por intercesión de Putin
Brasil: El Senado estudia Ley que criminaliza la reprobación de la homosexualidad

Flash
Comunicadores católicos preocupados por una «nueva jerarquía» de derechos

Documentación
Los desafíos de Perú, según Benedicto XVI
Predicador del Papa: «Bienaventurados los mansos porque poseerán la tierra»

 




 


Santa Sede



Se pierde el «sentido del pecado» y aumentan los «complejos de culpa», constata el Papa
Discurso a sacerdotes ordenados recientemente

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI constata que a la pérdida del «sentido del pecado», que caracteriza a la sociedad actual, le ha seguido un aumento de los «complejos de culpa».

Este fenómeno, añade, demuestra la necesidad que tiene el ser humano de recibir el perdón de Dios, que tiene lugar a través del sacramento de la confesión.

Así lo constató el Papa al recibir en audiencia a los participantes en el curso sobre el foro interno (es decir, todo lo que está ligado a las cuestiones de conciencia), ofrecido por el Tribunal de la Penitenciaría Apostólica a sacerdotes ordenados recientemente.

Al hacer un análisis de la realidad actual, explicó que en estos momentos puede percibirse «una humanidad que querría ser autosuficiente, pues muchos consideran casi pueden prescindir de Dios para vivir bien».

Y, sin embargo, reconoció, «¡cuántos parecen quedar tristemente condenados a afrontar dramáticas situaciones de vacío existencial, cuánta violencia hay todavía en la tierra, cuánta soledad pesa sobre el espíritu del hombre de la era de la comunicación!».

«En una palabra --dijo--, parece que hoy se ha perdido el “sentido del pecado”, pero en cambio han aumentado los “complejos de culpa”».

«¿Quién podrá liberar el corazón de los hombres de este yugo de muerte, si no es Aquel que al morir derrotó para siempre la potencia del amor divino?», se preguntó el Papa.

«El sacerdote, en el sacramento de la Confesión, es instrumento de este amor misericordioso de Dios», aseguró.

«El compromiso del sacerdote y del confesor consiste principalmente en esto: llevar a cada uno a hacer la experiencia del amor de Cristo para él, encontrándole en el camino de la propia vida».

Por ello, concluyó, «que el sacerdote, el ministro del sacramento de la Reconciliación, sienta siempre como una tarea propia la de reflejar, en las obras y en el modo de acercarse al penitente, el amor misericordioso de Dios».
ZS07031603

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El Papa aboga por la colaboración Iglesia-Estado, respetando las propias competencias
En el discurso al nuevo embajador de Perú ante la Santa Sede

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- Según Benedicto XVI, la separación entre Iglesia y Estado no implica relaciones de enemistad, sino de colaboración en el respeto de las competencias específicas de cada uno.

El Papa ilustró la concepción de la Iglesia católica de la laicidad al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de Perú ante la Santa Sede, Alfonso Rivero Monsalve.

«La Iglesia, que reconoce al Estado su competencia en las cuestiones sociales, políticas y económicas, asume como un propio deber, derivado de su misión evangelizadora, la salvaguardia y difusión de la verdad sobre el ser humano, el sentido de su vida y su destino último que es Dios», aclaró.

La Iglesia, añadió, «es fuente de inspiración a fin de que la dignidad de la persona y de la vida, desde su concepción hasta su término natural, sea reconocida y protegida, como garantiza la Constitución Peruana».

«Por esto, seguirá colaborando de manera leal y generosa en la educación, en la atención sanitaria y en la ayuda a los más pobres y necesitados».

El obispo de Roma aseguró el apoyo de la Santa Sede a «todo el esfuerzo social que ya se lleva a cabo, para que haya siempre igualdad de oportunidades y cada peruano se sienta respetado en sus derechos inalienables».

«Por eso --aseguró--, el Episcopado del Perú seguirá fomentando, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia, la búsqueda de la verdad en el campo familiar, laboral y sociopolítico».

«Por su parte --siguió ilustrando el sucesor de san Pedro--, los católicos peruanos están también llamados a ser fermento del mensaje cristiano en las instituciones sociales y en la vida pública, para contribuir así a la construcción de una sociedad más fraterna».

«La Iglesia, consciente de su propia "misión religiosa y, por esto mismo, sumamente humana", así como de su deber de proponer la verdad de todo hombre, que por ser hijo de Dios está dotado de una dignidad superior y anterior a toda ley positiva, seguirá trabajando para alcanzar estos objetivos», garantizó.

El Papa recordó que la Iglesia «enseña además que sólo en el respeto de la ley moral, que defiende y protege la dignidad de la persona humana, se puede construir la paz favoreciendo un progreso social estable»

«Por eso es de desear que continúe la mutua colaboración entre el Estado y la Iglesia en el Perú, que hasta ahora ha dado buenos frutos», concluyó Benedicto XVI.
ZS07031621

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Benedicto XVI llama a globalizar la solidaridad
Al recibir al nuevo embajador de Perú ante la Santa Sede

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- Para que la globalización produzca riqueza de manera equitativa es necesario globalizar la solidaridad, constata Benedicto XVI.

Así lo explicó este viernes al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de Perú ante la Santa Sede, Alfonso Rivero Monsalve, diplomático de carrera que antes ha sido embajador en Bolivia, Chile, Brasil, y Estados Unidos.

«Se sabe que el Perú quiere hacer frente adecuadamente al fenómeno de la globalización aprovechando las oportunidades ofrecidas por el crecimiento económico, de modo que la riqueza producida y otros bienes sociales lleguen a todos de modo equitativo», comenzó constatando.

«Los peruanos, como todos los seres humanos, esperan también que los servicios de salud atiendan debidamente a todas las capas sociales; que la educación sea patrimonio de todos, mejorando su calidad a todos los niveles», constató.

El obispo de Roma se hizo portavoz de los peruanos para pedir que «frente a la corrupción impere la integridad que permita la acción eficaz de las diversas instituciones públicas, ayudando así a superar tantas situaciones de hambre y miseria».

«Urge, pues, la unión de intentos para hacer posible una continua acción de los gobernantes ante los desafíos de un mundo globalizado, los cuales deben ser afrontados con auténtica solidaridad», afirmó.

Inspirándose en Juan Pablo II, su sucesor consideró que esta virtud «ha de inspirar la acción de los individuos, de los gobiernos, de los organismos e instituciones internacionales y de todos los miembros de la sociedad civil, comprometiéndolos a trabajar para un justo crecimiento de los pueblos y de las naciones, teniendo como objetivo el bien de todos y de cada uno».
ZS07031602

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El predicador del Papa anima a «apropiarnos» de las bienaventuranzas, autorretrato de Jesús
Segunda predicación de Cuaresma al Papa y a la Curia

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- Dado que las bienaventuranzas constituyen un «autorretrato de Jesús», el predicador de la Casa Pontificia consideró este viernes ante Benedicto XVI y la Curia Romana que no sólo estamos llamados a su imitación, sino también a apropiarnos de ellas.

Y esto es una «buena noticia» que se traduce --afirmó el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap.-- «en que en la fe podemos beber de la mansedumbre de Cristo, así como de su pureza de corazón y de cualquier otra virtud suya».

Podemos orar por tener la mansedumbre, de igual modo en que Agustín rogaba, por su parte, para tener la castidad: "Oh Dios, tu mandas que sea manso; dame lo que mandas y mándame lo que quieras"», propuso.

En presencia de Benedicto XVI, en la capilla «Redemptoris Mater» del Palacio Apostólico del Vaticano, el padre Cantalamessa prosiguió este viernes sus predicaciones de Cuaresma en el marco de las Bienaventuranzas Evangélicas, en esta ocasión sobre la siguiente: «Bienaventurados los mansos, porque poseerán la tierra».

Lejos de ser un buen programa ético de un maestro para sus discípulos, las bienaventuranzas son el autorretrato de Jesús: «Él es el verdadero pobre, manso, puro de corazón, el perseguido por la justicia», recordó el sacerdote franciscano, apuntando el mandato de Jesús: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29).

Para abarcar el sentido pleno de la mansedumbre, subrayó dos asociaciones constantes de la Biblia y de las exhortaciones cristianas antiguas: mansedumbre y humildad, así como mansedumbre y paciencia.

«Una evidencia las disposiciones interiores de las que brota la mansedumbre; la otra las actitudes que impulsa a tener ante el prójimo: afabilidad, dulzura, gentileza», aclaró el padre Cantalamessa. Y los Evangelios «son la demostración de la mansedumbre de Cristo, en su doble aspecto de humildad y paciencia», recalcó.

«Prueba máxima de la mansedumbre de Cristo se tiene en su Pasión»: «ningún gesto de ira, ninguna amenaza»; «pero Jesús hizo mucho más que darnos ejemplo de mansedumbre y de paciencia heroica», alertó el predicador del Papa.

«Hizo de la mansedumbre y de la no violencia el signo de la verdadera grandeza» -recalcó-, de forma que «ésta ya no consistirá más en elevarse solitarios sobre los demás, sobre la masa, sino en abajarse para servir y elevar a los demás».

Tal vez la de los mansos es el ejemplo más claro de «la relevancia incluso social de las bienaventuranzas», apuntó el padre Cantalamessa aludiendo a la «extraordinaria relevancia» de esta bienaventuranza «en el debate sobre religión y violencia».

«El Evangelio no deja lugar a dudas –observó--. No hay en él exhortaciones a la no violencia mezcladas con exhortaciones contrarias».

Y el siguiente paso en su predicación fue hacia el corazón, donde se decide la mansedumbre. Advirtió, recordando el Evangelio, que es del corazón de donde procede la maldad, las explosiones de violencia, guerras y conflictos, pero también la violencia de los pensamientos.

Pero se les puede ver venir --expresó, acudiendo a la experiencia de los Padres del desierto--, porque «nuestra mente tiene la capacidad de prevenir el desarrollo de un pensamiento, de conocer, desde el inicio, adónde irá a parar: si a perdonar al hermano o a condenarlo, si a la gloria propia o a la de Dios».

De ahí la tarea de cerrarles el paso cuando no son conformes a la caridad, señaló.

Antes de concluir, el padre Cantalamessa recordó «la promesa ligada a la bienaventuranza de los mansos» --«poseerán la tierra»--, que «se realiza en diversos planos, hasta la tierra prometida definitiva que es la vida eterna».

«Pero ciertamente uno de los planos es el humano: la tierra son los corazones de los hombres. Los mansos conquistan la confianza, atraen las almas», confirmó.
ZS07031604

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Publicado el itinerario del viaje del Papa a Brasil
Del 9 al 14 de mayo

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- En su viaje a Brasil, del 9 al 14 de mayo, Benedicto XVI inaugurará la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en Aparecida, y visitará una de las ciudades más grandes del mundo, Sao Paulo.

Así lo ha revelado este viernes la Oficina de Información de la Santa Sede al confirmar oficialmente las fechas del viaje.

En un aviso a los periodistas, el Vaticano ha ofrecido detalles sobre el itinerario de este sexto viaje apostólico internacional del Papa.

El avión del Santo Padre despegará el 9 de mayo de Roma y aterrizará en ese mismo día en Sao Paulo. En esa ciudad, residirá en el monasterio benedictino de la Abadía de Nuestra Señora de la Asunción.

El obispo de Roma trascurrirá el 10 de mayo en Sao Paulo, y al día siguiente se trasladará a Aparecida, sede de la Conferencia, a unos 170 kilómetros al norte de Sao Paulo.

El 12 de mayo visitará la «Fazenda da Esperança», cerca de Guaratinguetá, centro de acogida para antiguos drogadictos.

El 13 de mayo, domingo, el Papa inaugurará solemnemente la Conferencia, y posteriormente regresará a Sao Paulo.

El regreso a Roma está previsto para el lunes, 14 de mayo.
ZS07031605

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Análisis



La exhortación sobre la Eucaristía, llamada contra el hambre en el mundo
Entrevista a monseñor Eterovic, secretario general del Sínodo de los Obispos

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- En la exhortación «Sacramentum Caritatis», Benedicto XVI «llama a los cristianos, pero también a los hombres de buena voluntad, a poner fin al escándalo del hambre en el mundo», afirma monseñor Eterovic.

Coincidiendo con la rueda de prensa de la exhortación apostólica postsinodal sobre la Eucaristía, el arzobispo Nikola Eterovic ha querido confiar a los lectores de Zenit algunas reflexiones sobre los temas afrontados en la tercera parte del documento papal, titulada «Eucaristía, misterio a vivir».

--¿Hay algún aspecto de las enseñanzas contenidas en la «Sacramentum Caritatis» que le gustaría subrayar?

--Monseñor Eterovic: Sí, el Santo Padre nos muestra que la Eucaristía es la fuente de la vida y de la misión de la Iglesia, así como de una vida de santidad. En dos pasajes de la exhortación, de hecho, el Santo Padre menciona algunas figuras de santos como modelos de existencia eucarística. Son los cinco beatos que fueron canonizados al final del Sínodo de los Obispos, el 23 de octubre de 2005 --fueron sus primeras canonizaciones-- porque «se distinguieron especialmente por la piedad eucarística»: el obispo polaco Józef Bilczewski, los presbíteros Gaetano Catanoso (italiano), Zygmunt Gorazdowski (polaco) y Alberto Hurtado Cruchaga (chileno), y el religioso capuchino Felice de Nicosia (italiano) (SC, n. 4).

Al término de la exhortación, el Papa cita del mismo modo a muchos santos a partir de los primeros siglos (SC, n.94), que pueden ser definidos como «santos de la Eucaristía».

--Tras mostrar, en las dos primeras partes de la exhortación, que cada bautizado está llamado a «interiorizar» la propia vida eucarística, a través de la profundización de la fe, la oración personal, y la adecuada celebración del misterio del amor trinitario en la liturgia, en la tercera parte, Benedicto XVI usa palabras muy fuertes y concretas. El documento indica cómo expresar en la propia vida cotidiana la existencia eucarística del cristiano, dentro de una amplia visión «cósmica», llama a un «público testimonio de la propia fe» sobre valores que «no son negociables» (n. 83), alude a los lugares en los que hay escasa libertad de culto (n. 87), y en modo especial invita a denunciar «las situaciones indignas del hombre, en las que se muere por falta de alimento a causa de la injusticia y de la explotación» (n. 90)...

--Monseñor Eterovic: Así es, también todo esto proviene de la Eucaristía: los dones como nosotros los ofrecemos son los dones de la naturaleza que es el don del buen Dios, la Creación es una cosa buena pero nosotros observamos continuamente cómo estos dones son dañados a través de los abusos y la explotación. Y además, este será el fruto de la «existencia eucarística» que hará todo lo posible para que esta situación cambie, para que podamos ofrecer a las generaciones siguientes la posibilidad de llevar el pan y el vino en oferta al altar del Señor, de manera que a través de la gracia del Espíritu Santo y las palabras del sacerdote, puedan transmutarse en la Sangre y el Cuerpo de Cristo.

--En este sentido, la ecología cristiana no es por tanto una ecología «ideológica», sino una verdadera ecología «eucarística»...

--Monseñor Eterovic: Sí, como todos los aspectos de la vida cristiana, la eucaristía debe representar la espiritualidad que ilumina la vida de cada hombre y de cada mujer, en todos los ámbitos de su actividad. Y además, también en la relación con la Creación y en la ecología.

--Benedicto XVI afronta también el tema de la globalización... de la solidaridad.

--Monseñor Eterovic: Sí, así como los rostros negativos de la globalización, en modo especial cuando deplora el hecho de que los ricos son siempre menos numerosos, mientras que los pobres son cada vez más numerosos, y que a menudo les falta el «pan cotidiano» que nosotros invocamos cada día en la oración del Padre Nuestro. Es un escándalo (SC, n. 91). El Santo Padre cita como ejemplo el hecho de que menos de la mitad de las sumas destinadas a armamentos sería suficiente para dar de comer a los pobres del mundo (SC, n. 90). Esto supone por tanto una gran responsabilidad para los cristianos. El Santo Padre llama a los cristianos, pero también a los hombres de buena voluntad, a poner fin al escándalo del hambre en el mundo.
ZS07031607

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Mujeres, trabajo y familia
Buscar un equilibrio un mundo lleno de presiones

ROMA, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- Las madres trabajadoras se enfrentan a discriminación a la hora de trabajar en Gran Bretaña. Esta es una de las conclusiones de un informe publicado el 28 de febrero por Equalities Review, un organismo independiente del Reino Unido. El informe: «Fairness and Freedom: The Final Report of the Equalities Review» (Justicia y Libertad: Informe Final de Equalities Review), encontró que las mujeres con niños pequeños son las más discriminadas en el trabajo.

De hecho, las mujeres con niños pequeños hacen frente a más discriminación en el puesto de trabajo que las personas discapacitadas o que aquellas que pertenecen a minorías étnicas, observaba la BBC en un artículo sobre el informe publicado el mismo día.

El estudio descubrió que una mujer con un niño con menos de 11 años tiene un 45% menos de posibilidades de estar trabajando que un hombre. Estos datos dieron lugar a una serie de comentarios en la prensa británica sobre las dificultades a que se enfrentan las mujeres en sus puestos de trabajo. La escritora Kirsty Scott, en un comentario en las páginas del periódico Scotsman del día siguiente, reflexionaba sobre cómo ser madre significa un cambio radical en la vida de la mujer.

«Convertirse en madre debería ser uno de los movimientos sísmicos más grandes en la vida de una mujer, y uno de los mejores», afirmaba Scott, que escribía sobre la alegría que sienten muchas mujeres al convertirse en madres.

También observaba que las cifras tan bajas de madres trabajadoras podrían deberse también a una decisión consciente de las mujeres, y no sólo a consecuencia de la discriminación. Scott observaba que algunos estudios han mostrado que la mayoría de las mujeres trabajadores preferirían quedarse en caso si pudieran hacerlo. A pesar de sus frustraciones y dificultades «la maternidad es brillante. Intensamente compensadora, profundamente realizadora», añadía Scott.

Madeleine Bunting, escribiendo el 1 de marzo en el Guardian, observaba que muchas madres son dejadas de lado por la falta de flexibilidad en los acuerdos laborales. Además, retomar de nuevo una carrera tras haber hecho una pausa para cuidar a los hijos es cada vez más difícil en ambiente de trabajo cada vez más competitivo.

Una opción es el trabajo a tiempo parcial pero, explicaba Bunting, con demasiada frecuencia la calidad y el sueldo de esta clase de trabajo está normalmente bastante por debajo de los puestos de plena jornada.

No hay lugar para mujeres ejecutivas

La combinación de maternidad y falta de condiciones laborales flexibles limita el número de mujeres que alcanzan puestos ejecutivos en las empresas. Un artículo publicado en el Financial Times el 10 de noviembre examinaba las dificultades que tienen las mujeres al hacer carrera. Un estudio de las principales empresas de Estados Unidos prevé que en una década las mujeres contarán sólo con el 6,2% de los puestos ejecutivos de estas empresas.

Incluso esto será una gran mejoría con respecto a la situación actual. Constance Helfat, profesora en la Escuela de Negocios Tuck en el Dartmouth Collage, y coautora del estudio, indicó al Financial Times que el 6,2% es una cifra que triplica el actual porcentaje.

El estudio examinó casi 10.000 ejecutivos de la Fortune 1000. Cerca de la mitad de estas empresas no tienen ni siquiera una ejecutiva que incluir en los registros oficiales de la Securities and Exchange Commission. Además, sólo el 3,8% de los directores ejecutivos en las direcciones eran mujeres.

El 21 de febrero la organizaciones norteamericana Catalyst publicaba su «2006 Census of Women in Fortune 500 Corporate Officer and Board Positions» (Censo del 2006 de Mujeres en Puestos Corporativos y de Dirección en la Fortune 500). El estudio encontró que las mujeres ocupan el 15,6% de los puestos corporativos de la Fortune 500, por debajo del 16,4% del 2005. El número de mujeres que ocupan puestos de dirección también ha bajado, hasta el 14,6% en comparación con el 14,7% del 2005.

La situación es similar en Gran Bretaña, según los datos publicados el 2 de octubre por el periódico Guardian. En las 100 principales empresas británicas sólo había 12 mujeres ocupando papeles de directoras ejecutivas.

El artículo también citaba otra encuesta, de 350 empresas, que precisó que el número de puestos de director ejecutivo ocupados por mujeres era del 3%. La encuesta fue publicada por la firma de auditoría Deloitte.

Una flexibilidad necesaria
Lord Layard, un par del Partido Laborista designado por el gobierno británico para investigar la situación de la infancia, hizo un llamamiento a prestar más atención a las necesidades de las mujeres, trabajen en la cima o no. En una entrevista publicada en el periódico Telegraph el 9 de octubre, Lord Layard afirmaba que las madres trabajadoras con niños pequeños sufren una terrible tensión por parte de sus empleadores que las juzgan por las horas que dan y la calidad de su trabajo.

La importancia de dar a las madres varias opciones en sus acuerdos laborales fue subrayada por un informe hecho público el 30 de enero por el Familias and Work Institute, un organismo con sede en Nueva York.

«Making Work ‘Work’: New Ideas >From the Winners of the Alfred P. Sloan Awards for Business Excellence in Workplace Flexibility» (Convertir el Trabajo en ‘Trabajo’: Nuevas Ideas en Flexibilidad Laboral de los Ganadores de los Premios P. Sloan a la Excelencia Empresarial) recoge casos de estudio que subrayan prácticas empresariales novedosas de empresarios que han adoptado prácticas de trabajo más flexibles.

Las mujeres jueguen un papel cada vez más vital, constituyendo cerca de la mitad de la fuerza laboral, observaba el informe. Esto da como resultado también importantes cambios a nivel del hogar, con un cifra de parejas con los trabajando que ha subido del 66% en 1977 al 78% de hoy.

Además, para muchos empleados las horas de trabajo han subido, y los empleos se han vuelto más estresantes y exigentes. Estos factores se combinan a la hora de presionar a las familias trabajadoras, comentaba el informe. Citaba estadísticas que muestran que el 55% de los empleados sienten que no tienen suficiente tiempo para sí mismos; el 63% sienten que no tienen suficiente tiempo para sus esposas o parejas; y el 67% sienten que no tienen suficiente tiempo para sus hijos.

El informe del Families and Work Institute también comentaba que además del impacto en la vida familiar, los estudios muestran que la flexibilidad en los acuerdos laborales resulta un factor crítico para asegurar la eficacia en el puesto de trabajo, y lograr una mayor satisfacción profesional.

La necesidad de un mejor equilibrio entre las obligaciones laborales y familiares también ha recibido apoyo en Australia. El 18 de diciembre el periódico Courier Mail publicaba detalles de una investigación llevada a cabo por la Universidad de Queensland sobre la cuestión de la baja por maternidad.

El estudio confirmó que los padres desean tener tiempo para estar con sus hijos. Una encuesta llevada a cabo por los investigadores del informe encontró que el 46% de las madres australianas que se tomaban la baja y volvían al trabajo en el plazo de 15 meses indicaban que habrían estado más tiempo si hubieran tenido acceso a alguna – o a una mayor – baja por maternidad pagada.

Una pieza esencial
El Pontificio Consejo Justicia y Paz, en su Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, también tiene algo que decir sobre el tema de la mujer, el trabajo y la familia. El trabajo es esencial, observa el compendio, puesto que proporciona los medios económicos para sostener la familia. Al mismo tiempo, sin embargo, la familia mantiene el trabajo, a través de la educación y la formación de los miembros de la familia.

El compendio (No. 250) se expresa a favor de un salario familiar que sea suficiente para mantener una familia y permitirla vivir de forma decente. En relación a las mujeres, el número siguiente del compendio pide un mayor reconocimiento del valor llevado a cabo por las mujeres en el hogar.

El compendio indica: «Las labores de cuidado familiar, comenzando por las de la madre, precisamente porque están orientadas y dedicadas al servicio de la calidad de la vida, constituyen un tipo de actividad laboral eminentemente personal y personalizante, que debe ser socialmente reconocida y valorada, incluso mediante una retribución económica al menos semejante a la de otras labores».

La familia debería verse como una parte esencial de la vida económica, y recibir así el apoyo de la sociedad y de las oportunas políticas de los gobiernos, insiste el compendio.

Por el padre John Flynn
ZS07031608

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Mundo



La Iglesia rusa de Bari regresa al Patriarcado ortodoxo, por intercesión de Putin


BARI, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- La visita del presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, a la ciudad italiana de Bari ha servido para que la iglesia rusa de esa ciudad regrese al Patriarcado ortodoxo de Moscú.

El Ayuntamiento de Bari accedió el 14 de marzo a la petición del presidente de entregar al Patriarcado en propiedad esta iglesia dedicada a San Nicolás.

Putin había pedido ayuda al Vaticano para alcanzar este objetivo y, al encontrarse con el Papa, el 13 de marzo, le regaló un icono que representa a san Nicolás Taumaturgo (270-350).

El templo fue construido por la Iglesia ortodoxa rusa en 1913. Esta ciudad a través del segundo milenio ha sido meta de peregrinaciones para los ortodoxos rusos, que tienen una gran devoción por san Nicolás.

La Iglesia fue comprada en circunstancias poco claras por el Ayuntamiento, en 1937.

Durante la visita de Putin a Bari, con motivo de una cumbre con el gobierno italiano, el presidente rezó ante los restos de San Nicolás, en la basílica católica en que se encuentran custodiados.
ZS07031606

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Brasil: El Senado estudia Ley que criminaliza la reprobación de la homosexualidad
El Proyecto, que implicaría persecución religiosa, fue retirado de las votaciones

BRASILIA, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- El Senado brasileño decidió el 15 de marzo crear un grupo de trabajo para estudiar de forma más profundizada la llama «Ley de Homofobia», que pretende castigar como un delito cualquier tipo de reprobación de la homosexualidad.

El grupo de trabajo tendrá el objeto de promover audiencias públicas para oír a especialistas en el asunto.

El proyecto entró en la pauta de votaciones el 15 de marzo pero los senadores declinaron votarlo.

Uno de los motivos de la cautela de los senadores, según pudo saber Zenit, sería el gran número de mensajes electrónicos y telefonemas, registrados en los últimos días, de ciudadanos que se posicionaron contra la ley.

Especialistas consultados por Zenit explicaron que la «Ley de Homofobia» implicaría un marco legal de persecución religiosa.

Si se aprobara la nueva ley, la homosexualidad dejaría de ser un vicio para convertirse en un mérito.

«Y quien osara criticar tal conducta sería tratado como delincuente», afirmó una abogada y presidenta de la Federación Paulista de los Movimientos en Defensa de la Vida, Maria das Dores Dolly Guimarães.

«Además de los derechos previstos en la Constitución para todas las personas, el homosexual, por el simple hecho de ser homosexual, ganará privilegios», explicó la especialista a Zenit.

La propuesta pretende castigar con de 2 a 5 años de reclusión a quien ose prohibir o impedir la práctica pública de un acto obsceno («manifestación de afectividad») por homosexuales.

En la misma pena podrá incurrir el pastor o sacerdote que, en una homilía, condene la homosexualidad, y el rector de un seminario que no admita el ingreso de un alumno homosexual podrá recibir una pena mayor, de 3 a 5 años de reclusión.

El Proyecto que ahora se tramita en el Senado como PLC 122/2006 ya fue votado y aprobado por la Cámara de los Diputados (bajo el nombre de PL 5003/2001) el día 23 de noviembre de 2006.
ZS07031601.

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Flash



Comunicadores católicos preocupados por una «nueva jerarquía» de derechos


ROMA / QUERÉTARO, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org-El Observador).- La encuesta número 18 del portal electrónico www.periodismocatolico.com ha dejado patente la preocupación de los visitantes sobre la llamada «nueva jerarquía» de los derechos y su papel preponderante en las legislaturas actuales.

La premisa de la encuesta se basaba en el hecho de que un tribunal local del Norte de Inglaterra había rechazado la petición de un juez cristiano de ser eximido de participar en los casos de adopción de niños por parejas homosexuales.

La pregunta específica fue: «¿Los cristianos están saliendo perdedores en una nueva jerarquía de derechos, sí o no?».

Del total de votos que se emitieron desde el 6 hasta el 15 de marzo, 87.7 por ciento (57) estuvieron de acuerdo en que sí han sido rebasados los cristianos en esta materia, mientras que 12.3 por ciento (8), negaron que esto estuviera sucediendo.

Entre los comentarios, destacan los visitantes que «toda idea, toda aberración, todo error, toda ocurrencia, tiene "derecho" a existir e imponerse como derecho humano fundamental, hasta de los simios se afirma que deben tener derechos "humanos"(?). Pero no se le ocurra nadie decir que como cristiano tiene derecho a algo porque, entonces, todos sus derechos desaparecen por el hecho de proclamarse cristiano o actuar en consecuencia con su fe».

La encuesta número 19 ya se encuentra en la página www.periodismocatolico.com y tiene que ver con la «ampliación» de causales de aborto que se está promoviendo en el Distrito Federal (México).

La información de fondo se centra en las iniciativas de adición al artículo 148 del Código Penal del Distrito Federal y de redacción para el Artículo 14 bis de la Ley de Salud del Distrito Federal.

La primera iniciativa intenta excluir de responsabilidad penal en el delito de aborto «Cuando a juicio y a solicitud de la mujer, de no provocarse el aborto en las primeras 14 semanas de gestación, se afecte su proyecto de vida y de desarrollo integral».

En lo que respecta a la redacción del 14 bis de la Ley de Salud diría, a la letra que «Toda mujer tiene derecho a decidir sobre la interrupción de su embarazo durante las primeras 14 semanas de gravidez, cuando a su juicio se afecte su proyecto integral de vida y desarrollo integral».

«¿Es posible que la subjetividad individual se convierta en derecho para abortar, sí o no?». Muy importante resultarán los comentarios a las encuestas que se pueden dejar en una sección de la misma página donde se vota.
ZS07031610

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Documentación



Los desafíos de Perú, según Benedicto XVI
Discurso al nuevo embajador de Lima ante la Santa Sede, Alfonso Rivero Monsalve

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI este viernes al nuevo embajador de Perú ante la Santa Sede, Alfonso Rivero Monsalve.

 

* * *



Señor Embajador:
1. Al recibir las Cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República del Perú ante la Santa Sede, me complace darle la más cordial bienvenida, deseándole una fecunda labor para mantener las buenas relaciones que existen entre su noble País y esta Sede Apostólica. Al agradecerle las amables y sentidas palabras que me ha dirigido, le ruego que tenga a bien transmitir mi deferente saludo al Excelentísimo Dr. Alan García Pérez, Presidente de la República, a su Gobierno y al querido pueblo peruano.

2. Este encuentro nos trae a la memoria los profundos lazos que su Nación ha tenido y tiene con la Iglesia. Desde el primer momento, la fe católica -llevada allí por evangelizadores como santo Toribio de Mogrovejo, cuyo IV centenario de su muerte se ha conmemorado el año pasado- fue acogida y llegó a penetrar poco a poco en los entresijos culturales y sociales de ese pueblo bendito, en el que florecieron muy pronto los primeros santos y santas en suelo latinoamericano. Y como usted ha mencionado, además del santo Obispo, deseo recordar a los santos Rosa de Lima, Martín de Porres, Francisco Solano, Juan Macías y a la beata Ana de los Ángeles Monteagudo, beatificada por el Papa Juan Pablo II en su primera visita al Perú en 1985. También yo tuve ocasión de visitar su Patria en 1986 cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Conservo un gratísimo recuerdo de aquellos días, sobre todo de mis encuentros con personas sencillas de barrios populares, tanto en Lima como en el Cuzco.

3. En este mundo de rápidas transformaciones sociales, políticas y económicas, su País no es una excepción al experimentar también profundos cambios. Son procesos que inciden directamente en las personas y en sus valores. A este respecto, son notables los esfuerzos realizados por la Iglesia y el Estado en materia de educación y en el uso de las nuevas tecnologías, con el fin de generar una mayor inclusión de los sectores menos favorecidos en los nuevos espacios culturales de nuestro tiempo. Por otra parte, subsisten problemas morales y religiosos que tanto la Iglesia como el Estado deben afrontar, cada uno en el marco de su propia competencia y precisamente para el bien de los peruanos.

Se sabe que el Perú quiere hacer frente adecuadamente al fenómeno de la globalización aprovechando las oportunidades ofrecidas por el crecimiento económico, de modo que la riqueza producida y otros bienes sociales lleguen a todos de modo equitativo. Los peruanos, como todos los seres humanos, esperan también que los servicios de salud atiendan debidamente a todas las capas sociales; que la educación sea patrimonio de todos, mejorando su calidad a todos los niveles; que frente a la corrupción impere la integridad que permita la acción eficaz de las diversas instituciones públicas, ayudando así a superar tantas situaciones de hambre y miseria.

Urge, pues, la unión de intentos para hacer posible una continua acción de los gobernantes ante los desafíos de un mundo globalizado, los cuales deben ser afrontados con auténtica solidaridad. Esta virtud, como decía mi predecesor Juan Pablo II, ha de inspirar la acción de los individuos, de los gobiernos, de los organismos e instituciones internacionales y de todos los miembros de la sociedad civil, comprometiéndolos a trabajar para un justo crecimiento de los pueblos y de las naciones, teniendo como objetivo el bien de todos y de cada uno (cf. Sollicitudo rei socialis, 40).

4. La Iglesia, que reconoce al Estado su competencia en las cuestiones sociales, políticas y económicas, asume como un propio deber, derivado de su misión evangelizadora, la salvaguardia y difusión de la verdad sobre el ser humano, el sentido de su vida y su destino último que es Dios. Ella es fuente de inspiración a fin de que la dignidad de la persona y de la vida, desde su concepción hasta su término natural, sea reconocida y protegida, como garantiza la Constitución Peruana. Por esto, seguirá colaborando de manera leal y generosa en la educación, en la atención sanitaria y en la ayuda a los más pobres y necesitados.

5. Desde esta Sede Apostólica se continuará apoyando todo el esfuerzo social que ya se lleva a cabo, para que haya siempre igualdad de oportunidades y cada peruano se sienta respetado en sus derechos inalienables. Por eso, el Episcopado del Perú seguirá fomentando, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia, la búsqueda de la verdad en el campo familiar, laboral y sociopolítico. Por su parte, los católicos peruanos están también llamados a ser fermento del mensaje cristiano en las instituciones sociales y en la vida pública, para contribuir así a la construcción de una sociedad más fraterna. La Iglesia, consciente de su propia "misión religiosa y, por esto mismo, sumamente humana" (Gaudium et spes, 11), así como de su deber de proponer la verdad de todo hombre, que por ser hijo de Dios está dotado de una dignidad superior y anterior a toda ley positiva, seguirá trabajando para alcanzar estos objetivos. Ella, "experta en humanidad" (Populorum progressio, 13), enseña además que sólo en el respeto de la ley moral, que defiende y protege la dignidad de la persona humana, se puede construir la paz favoreciendo un progreso social estable. Por eso es de desear que continúe la mutua colaboración entre el Estado y la Iglesia en el Perú, que hasta ahora ha dado buenos frutos.

6. Señor Embajador, al concluir este grato encuentro renuevo a usted mi más cordial bienvenida, formulando los mejores votos por el éxito de la misión que ahora inicia. Al implorar al Señor de los Milagros que derrame abundantes bendiciones sobre Vuestra Excelencia, su distinguida familia, sus colaboradores y sobre las Autoridades de su País, pido también a Nuestra Señora de las Mercedes que proteja al querido pueblo peruano para que siga progresando por los caminos de la justicia, de la solidaridad y de la paz.

[Original en español.
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]

ZS07031620

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Predicador del Papa: «Bienaventurados los mansos porque poseerán la tierra»
Segunda predicación de Cuaresma al Papa y a la Curia

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 16 marzo 2007 (ZENIT.org).- «Bienaventurados los mansos porque poseerán la tierra – Las bienaventuranzas evangélicas» es el tema de la segunda predicación de Cuaresma que, ante Benedicto XVI y la Curia, pronunció este viernes el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap., predicador de la Casa Pontificia.

Ofrecemos íntegramente el texto de dicha predicación.

La primera predicación de Cuaresma se publicó en Zenit, 9 marzo 2007.

 

* * *



 

P. Raniero Cantalamessa

“BIENAVENTURADOS LOS MANSOS PORQUE POSEERÁN LA TIERRA”
Segunda Predicación de Cuaresma a la Casa Pontificia



1. Quiénes son los mansos

La bienaventuranza sobre la que deseamos meditar hoy se presta a una observación importante. Dice: «Bienaventurados los mansos porque poseerán la tierra». Pues bien; en otro pasaje del mismo evangelio de Mateo, Jesús exclama: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29). De ahí deducimos que las bienaventuranzas no son sólo un buen programa ético que el maestro traza para sus discípulos; ¡son el autorretrato de Jesús! Es Él el verdadero pobre, el manso, el puro de corazón, el perseguido por la justicia.

Está aquí el límite de Gandhi en su aproximación al sermón de la montaña, que igualmente admiraba mucho. Para él, aquél podría hasta prescindir del todo de la persona histórica de Cristo. «No me importaría siquiera –dijo en una ocasión- si alguien demostrara que le hombre Jesús en realidad no vivió jamás y cuanto se lee en los Evangelios no es más que fruto de la imaginación del autor. Porque el sermón de la montaña permanecería siempre verdadero ante mis ojos» [1].

Es, al contrario, la persona y la vida de Cristo lo que hace de las bienaventuranzas y de todo el sermón de la montaña algo más que una espléndida utopía ética; hace de ello una realización histórica, de la que cada uno puede sacar fuerza para la comunión mística que le une a la persona del Salvador. No pertenecen sólo al orden de los deberes, sino también al de la gracia.

Para descubrir quiénes son los mansos proclamados bienaventurados por Jesús, es útil pasar revista brevemente a los términos con los que la palabra mansos (praeis) se plasma en las traducciones modernas. El italiano tiene dos términos: «miti» y «mansueti». Este último es también el término empleado en las traducciones españolas, los mansos. En francés la palabra se traduce con doux, literalmente «los dulces», aquellos que poseen la virtud de la dulzura (no existe en francés un término específico para decir mansedumbre; en el «Dictionnaire de spiritualité» esta virtud está expuesta en la voz douceur, dulzura).

En alemán se alternan diversas traducciones. Lutero traducía el término con Sanftmŋtigen, esto es, mansos, dulces; en la traducción ecuménica de la Biblia, la Eineits Bibel, los mansos son aquellos que no ejercen ninguna violencia -die keine Gewalt anwenden-, por lo tanto los no-violentos; algunos autores acentúan la dimensión objetiva y sociológica y traducen praeis con Machtlosen, los inermes, los sin poder. El inglés vincula habitualmente praeis con the gentle, introduciendo en la bienaventuranza el matiz de gentileza y de cortesía.

Cada una de estas traducciones evidencia un componente verdadero, pero parcial, de la bienaventuranza. Hay que considerarlas en conjunto y no aislar ninguna, a fin de tener una idea . de la riqueza originaria del término evangélico. Dos asociaciones constantes, en la Biblia y en la parénesis cristiana antigua, ayudan a captar el «sentido pleno» de mansedumbre: una es la que acerca entre sí mansedumbre y humildad, la otra la que aproxima mansedumbre y paciencia; la una saca a la luz las disposiciones interiores de las que brota la mansedumbre, la otra las actitudes que impulsa a tener respecto al prójimo: afabilidad, dulzura, gentileza. Son los mismos rasgos que el Apóstol evidencia hablando de la caridad: «La caridad es paciente, es servicial, no es envidiosa, no se engríe...» (1 Co 13, 4-5).

2. Jesús, el manso

Si las bienaventuranzas son el autorretrato de Jesús, lo primero que hay que hacer al comentar una de ellas es ver cómo la vivió. Los evangelios son, de punta a punta, la demostración de la mansedumbre de Cristo, en su doble aspecto de humildad y de paciencia. Él mismo, hemos recordado, se propone como modelo de mansedumbre. A Él Mateo aplica las palabras del Siervo de Dios en Isaías: «No disputará ni gritará, la caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante» (Mt 12, 20). Su entrada en Jerusalén a lomos de un asno se ve como un ejemplo de rey «manso» que huye de toda idea de violencia y de guerra (Mt 21, 4).

La prueba máxima de la mansedumbre de Cristo se tiene en su pasión. Ningún gesto de ira, ninguna amenaza. «Insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba» (1 P 2, 23). Este rasgo de la persona de Cristo se había grabado de tal forma en la memoria de sus discípulos que San Pablo, queriendo exhortar a los corintios por algo querido y sagrado, les escribe: «Os suplico por la mansedumbre (prautes) y la benignidad (epieikeia) de Cristo» (2 Co 10, 1).

Pero Jesús hizo mucho más que darnos ejemplo de mansedumbre y paciencia heroica; hizo de la mansedumbre y de la no violencia el signo de la verdadera grandeza. Ésta ya no consistirá en alzarse solitarios sobre los demás, sobre la masa, sino en abajarse para servir y elevar a los demás. Sobre la cruz, dice Agustín, Él revela que la verdadera victoria no consiste en hacer víctimas, sino en hacerse víctima, «Victor quia victima» [2].

Nietzsche, se sabe, se opuso a esta visión, definiéndola una «moral de esclavos», sugerida por el «resentimiento» natural de los débiles hacia los fuertes. Predicando la humildad y la mansedumbre, el hacerse pequeños, el poner la otra mejilla, el cristianismo introdujo, en su opinión, una especie de cáncer en la humanidad que ha apagado su empuje y ha mortificado su vida... En la introducción al libro Así hablaba Zaratustra, la hermana del filósofo resumía así el pensamiento de su hermano:

«Él supone que, por el resentimiento de un cristianismo débil y falseado, todo lo que era bello, fuerte, soberbio, poderoso –como las virtudes procedentes de la fuerza- ha sido proscrito y prohibido, y que por ello han disminuido mucho las fuerzas que promueven y ensalzan la vida. Pero ahora una nueva tabla de valores debe ponerse sobre la humanidad, esto es, el fuerte, el hombre magnífico hasta su punto más excelso, el superhombre, que nos es presentado ahora con arrolladora pasión como objetivo de nuestra vida, de nuestra voluntad y de nuestra esperanza» [3].

Desde hace algún tiempo se asiste al intento de absolver a Nietzsche de toda acusación, de amansarle y hasta de cristianizarle. Se dice que en el fondo él no va contra Cristo, sino contra los cristianos que en ciertas épocas predicaron una renuncia fin de sí misma, despreciando la vida y yendo contra el cuerpo... Todos habrían tergiversado el verdadero pensamiento del filósofo, empezando por Hitler... En realidad él habría sido un profeta de tiempos nuevos, el precursor de la era postmoderna.

Ha quedado, se puede decir, una sola voz que se opone a esta tendencia, la del pensador francés René Girard, según el cual todos estos intentos perjudican ante todo a Nietzsche. Con una perspicacia en verdad única, para su tiempo, él captó el verdadero núcleo del problema, la alternativa irreducible entre paganismo y cristianismo.

El paganismo exalta el sacrificio del débil a favor del fuerte y del progreso de la vida; el cristianismo exalta el sacrificio del fuerte a favor del débil. Es difícil no ver un nexo objetivo entre la propuesta de Nietzsche y el programa hitleriano de eliminación de grupos humanos enteros por el adelanto de la civilización y la pureza de la raza.

No es por lo tanto sólo el cristianismo el blanco del filósofo, sino también Cristo. «Dionisio contra el Crucificado»: «he ahí la antítesis», exclama en uno de sus fragmentos póstumos [4].

Girard demuestra que lo que forma el mayor honor de la sociedad moderna –la preocupación por las víctimas, estar de parte del débil y del oprimido, la defensa de la vida amenazada- es en realidad un producto directo de la revolución evangélica que, sin embargo, por un paradójico juego de rivalidades miméticas, es ahora reivindicado por otros movimientos, como conquista propia, incluso en oposición al cristianismo [5].

Hablaba la vez pasada de la relevancia hasta social de las bienaventuranzas. La de los mansos es su ejemplo tal vez más claro, pero lo que se dice de ella vale, en conjunto, para todas las bienaventuranzas. Son la manifestación de la nueva grandeza, el camino de Cristo a la autorrealización en la felicidad.

No es verdad que el Evangelio mortifique el deseo de hacer grandes cosas y de sobresalir. Jesús dice. «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9, 35). Es por lo tanto lícito, e incluso está recomendado, querer ser el primero; sólo que el camino para llegar a ello ha cambiado: no elevándose por encima de los demás, tal vez aplastándoles si son un obstáculo, sino abajándose para elevar a los demás consigo.

3. Mansedumbre y tolerancia

La bienaventuranza de los mansos ha pasado a ser de extraordinaria relevancia en el debate sobre religión y violencia, encendido después de hechos como el del 11 de septiembre. Ella recuerda, ante todo a nosotros, los cristianos, que el Evangelio no da lugar a dudas. No hay en él exhortaciones a la no violencia, mezcladas con exhortaciones contrarias. Los cristianos pueden, en ciertas épocas, haber errado sobre ello, pero la fuente es límpida y a ella la Iglesia puede volver para inspirarse de nuevo en toda época, segura de no encontrar ahí más que verdad y santidad.

El Evangelio dice que «el que no crea se condenará» (Mc 16, 16), pero en el cielo, no en la tierra, por Dios, no por los hombres. «Cuando os persigan en una ciudad –dice Jesús-, huid a otra» (Mt 10, 23); no dice: «ponedla a hierro y fuego». Una vez, dos de sus discípulos, Santiago y Juan, que no habían sido recibidos en cierto pueblo samaritano, dijeron a Jesús: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Jesús, está escrito, «volviéndose, les reprendió». Muchos manuscritos recogen también el tono del reproche: «No sabéis de qué espíritu sois, porque el Hijo del hombre no ha venido a perder las almas de los hombres, sino a salvarlas» (Lc 9, 53-56).

El famoso compelle intrare, «obligadlos a entrar», con el que San Agustín, si bien muy a su pesar [6], justifica su aprobación de las leyes imperiales contra los donatistas [7] y que se utilizará después para justificar la coerción respecto a los herejes, se debe a un forzamiento del texto evangélico, fruto de una lectura mecánicamente literal de la Biblia.

La frase la pone Jesús en boca del hombre que había preparado una gran cena y, ante el rechazo de los invitados a acudir, dice a los siervos que vayan por las calles y las cercas y que «hagan entrar a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos» (Lc 14, 15-24). Está claro que obligar no significa otra cosa, en el contexto, que una amable insistencia. Los pobres y los lisiados, como todos los infelices, podrían sentirse violentos al presentarse con sus trastos en el palacio: venced su resistencia, recomienda el señor, decidles que no tengan miedo de entrar. Cuántas veces, en circunstancias similares, nosotros mismos hemos dicho: «Me obligó a aceptar», sabiendo bien que la insistencia en estos casos es signo de benevolencia, no de violencia.

En un libro-investigación sobre Jesús que ha suscitado mucho eco últimamente en Italia, se atribuye a Jesús la frase: «Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí» (Lc 19, 27), y se deduce que «es a frases como éstas que se remiten los partidarios de la “guerra santa”» [8]. Pues bien: hay que precisar que Lucas no atribuye tales palabras a Jesús, sino al rey de la parábola, y se sabe que no se pueden trasladar de la parábola a la realidad todos los detalles del relato parabólico, y que en cualquier caso hay que trasladarlos del plano material al espiritual. El sentido metafórico de estas parábolas es que aceptar o rechazar a Jesús no carece de consecuencias; es una cuestión de vida o muerte, pero vida y muerte espiritual, no física. La guerra santa no tiene nada que ver.

4. Con mansedumbre y respeto

Pero dejemos de lado estas consideraciones de orden apologético y procuremos ver cómo hacer de la bienaventuranza de los mansos una luz para nuestra vida cristiana. Existe una aplicación pastoral de la bienaventuranza de los mansos que empieza ya con la Primera Carta de Pedro. Se refiere al diálogo con el mundo externo: «Dad culto al Señor Cristo en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza. Pero hacedlo con mansedumbre (prautes) y respeto» (1 P 3,15-16).

Han existido desde la antigüedad dos tipos de apologética; uno tiene su modelo en Tertuliano, otro en Justino; uno se orienta a vencer, el otro a convencer. Justino escribe un Diálogo con el judío Trifón, Tertuliano (o un discípulo suyo) escribe un tratado Contra los judíos, Adversus Judeos. Estos dos estilos han tenido una continuidad en la literatura cristiana (nuestro Giovanni Papini era ciertamente más cercano a Tertuliano que a Justino), pero es verdad que hoy es preferible el primero. La encíclica Deus caritas est del actual Sumo Pontífice es un ejemplo luminoso de esta presentación respetuosa y constructiva de los valores cristianos que da razón de la esperanza cristiana «con mansedumbre y respeto».

El mártir San Ignacio de Antioquia sugería a los cristianos de su tiempo, respecto al mundo externo, esta actitud, siempre actual: «Ante su ira, sed mansos; ante su presunción, sed humildes» [9].

La promesa ligada a la bienaventuranza de los mansos -«poseerán la tierra»- se realiza en diversos planos, hasta la tierra definitiva que es la vida eterna, pero ciertamente uno de los planos es el humano: la tierra son los corazones de los hombres. Los mansos conquistan la confianza, atraen las almas. El santo por excelencia de la mansedumbre y de la dulzura, San Francisco de Sales, solía decir: «Sed lo más dulces que podáis y recordad que se atrapan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre».

5. Aprended de mí

Se podría insistir largamente sobre estas aplicaciones pastorales de la bienaventuranza de los mansos, pero pasemos a una aplicación más personal. Jesús dice: «Aprended de mí que soy manso». Se podría objetar: ¡pero Jesús no se mostró, Él mismo, siempre manso! Dice por ejemplo que no hay que oponerse al malvado, y que «al que te abofetee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra» (Mt 5, 39). Pero cuando uno de los guardias le golpea en la mejilla, durante el proceso en el Sanedrín, no está escrito que ofreció la otra, sino que con calma respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18, 23).

Esto significa que no todo, en el sermón de la montaña, hay que tomarlo mecánicamente a la letra; Jesús, según su estilo, utiliza hipérboles y un lenguaje figurativo para grabar mejor en la mente de los discípulos determinada idea. En el caso de poner la otra mejilla, por ejemplo, lo importante no es el gesto de ofrecerla (que a veces hasta puede parecer provocador), sino el de no responder a la violencia con otra violencia, vencer la ira con la serenidad.

En este sentido, su respuesta al guardia es el ejemplo de una mansedumbre divina. Para medir su alcance, basta con compararla a la reacción de su apóstol Pablo (que era un santo) en una situación análoga. Cuando, en el proceso ante el Sanedrín, el sumo sacerdote Ananías ordena golpear a Pablo en la boca, él responde: «Dios te golpeará a ti, pared blanqueada» (Hch 23, 2-3).

Hay que aclarar otra duda. En el mismo sermón de la montaña, Jesús dice: «El que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame renegado, será reo de la gehenna de fuego» (Mt 5, 22). Varias veces en el Evangelio Él se dirige a los escribas y fariseos llamándoles «hipócritas, insensatos y ciegos» (Mt 23, 17); reprocha a los discípulos llamándoles «insensatos y tardos de corazón» (Lc 24, 25).

También aquí la explicación es sencilla. Hay que distinguir entre la injuria y la corrección. Jesús condena las palabras dichas con rabia y con intención de ofender al hermano, no las que se orientan a hacer tomar conciencia del propio error y a corregir. Un padre que dice su hijo: «eres un indisciplinado, un desobediente», no pretende ofenderle, sino corregirle. Moisés es definido por la Escritura como «más manso que cualquier hombre sobre la tierra» (Nm 12,3); con todo, en el Deuteronomio le oímos exclamar, dirigido a Israel: «¿Así pagáis a Yahveh, pueblo insensato y necio?» (Dt 32, 6).

Lo decisivo es si quien habla lo hace por amor o por odio. «Ama y haz lo que quieras», decía San Agustín. Si amas, ya corrijas, ya lo dejes pasar, será amor. El amor no hace ningún daño al prójimo; de la raíz del amor, como de un árbol bueno, no pueden más que nacer frutos buenos [10]

6. Mansos de corazón

Hemos llegado así al terreno propio de la bienaventuranza de los mansos, el corazón. Jesús dice: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón». La verdadera mansedumbre se decide ahí. Es del corazón, dice, que proceden los homicidios, maldades, calumnias (Mc 7, 21-22), como de las agitaciones internas del volcán se expulsan lava, cenizas y material incandescente. Las mayores explosiones de violencia, como las guerras y conflictos, empiezan, como dice Santiago, secretamente desde las «pasiones que se agitan dentro del corazón del hombre» (St 4, 1-2). Igual que existe un adulterio del corazón, existe un homicidio del corazón: «El que odia a su propio hermano –escribe Juan-, es un homicida» (1 Jn 3, 15).

No existe sólo la violencia de las manos; existe también la de los pensamientos. Dentro de nosotros, si prestamos atención, se desarrollan casi continuamente «procesos a puerta cerrada». Un monje anónimo tiene páginas de gran penetración al respecto. Habla como monje, pero lo que dice no vale sólo para los monasterios; apunta el ejemplo de los súbditos, pero es evidente que el problema se plantea de otro modo también para los superiores.

«Observa -dice-, aunque sea por un día, el curso de tus pensamientos: te sorprenderá la frecuencia y la vivacidad de tus críticas internas con interlocutores imaginarios, y si no con los que te son cercanos. ¿Cuál es habitualmente su origen? Éste: el descontento a causa de los superiores que no nos quieren, no nos estiman, no nos entienden; son severos, injustos o demasiado cerrados con nosotros o con otros “oprimidos”. Estamos descontentos de nuestros hermanos, “sin comprensión, obstinados, bruscos, desordenados o injuriosos...”. Entonces en nuestro espíritu se crea un tribunal en el que somos fiscal, presidente, juez y jurado; raramente abogado, más que en nuestro favor. Se exponen los agravios; se pesan las razones; se defiende, se justifica; se condena al ausente. Tal vez se elaboran planes de revancha o trampas vengativas... » [11].

Los Padres del desierto, al no tener que luchar contra enemigos externos, hicieron de esta batalla interior contra los pensamientos (los famosos logismoi) el banco de prueba de todo progreso espiritual. También elaboraron un método de lucha. Nuestra mente, decían, tiene la capacidad de preceder el desarrollo de un pensamiento, de conocer, desde el principio, adónde irá a parar: si a disculpar al hermano o a condenarle, si a la gloria propia o a la gloria de Dios. «Tarea del monje –decía un anciano- es ver llegar de lejos los propios pensamientos» [12], se entiende que para cerrarles camino, cuando no son conformes a la caridad. La manera más sencilla de hacerlo es decir una breve oración o enviar una bendición hacia la persona que tenemos tentación de juzgar. Después, con la mente serena, se podrá valorar si y cómo actuar respecto a aquella.

7. Revestirse de la mansedumbre de Cristo

Una observación antes de concluir. Por su naturaleza, las bienaventuranzas están orientadas a la práctica; llaman a la imitación, acentúan la obra del hombre. Existe el riesgo de desalentarse al constatar la incapacidad de llevarlas a cabo en la propia vida y la distancia abismal que existe entre el ideal y la práctica.

Se debe recordar lo que se decía al inicio: las bienaventuranzas son el autorretrato de Jesús. Él las vivió todas en grado sumo; pero –y aquí está la buena noticia- no las vivió sólo para sí, sino también para todos nosotros. Respecto a las bienaventuranzas, estamos llamados no sólo a la imitación, sino también a la apropiación. En la fe podemos beber de la mansedumbre de Cristo, como de su pureza de corazón y de cualquier otra virtud suya. Podemos orar para tener la mansedumbre, como Agustín oraba para tener la castidad: «Oh Dios, tú me mandas que sea manso; dame lo que mandas y mándame lo que quieras» [13].

«Revestios, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre (prautes), paciencia » (Col 3, 12), escribe el Apóstol a los colosenses. La mansedumbre y la bondad son como un vestido que Cristo nos ha merecido y del que, en la fe, podemos revestirnos, no para ser dispensados de la práctica, sino para animarnos a ella. La mansedumbre (prautes) es situada por Pablo entre los frutos del Espíritu (Ga 5, 23), esto es, entre las cualidades que el creyente muestra en la propia vida, cuando acoge al Espíritu Santo y se esfuerza por corresponder.

Podemos, por lo tanto, terminar repitiendo juntos con confianza la bella invocación de las letanías del Sagrado Corazón: «Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo»: Jesu, mitis et humilis corde: fac cor nostrum secundum cor tutum.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

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[1] Gandhi, Buddismo, Cristianesimo, Islamismo, Roma, Tascabili Newton Compton, 1993, p. 53.
[2] S. Agostino, Confessioni, X, 43.
[3] Introduzione all’edizione tascabile di Also sprach Zarathustra del 1919.
[4] F. Nietzsche, Opere complete, VIII, Frammenti postumi 1888-1889, Adelphi, Milano 1974, p. 56.
[5] R. Girard, Vedo Satana cadere come folgore, Milano, Adelphi, 2001, pp. 211-236.
[6] S. Agostino, Epistola 93, 5: “Dapprima ero del parere che nessuno dovesse essere condotto per forza all’unità di Cristo, ma si dovesse agire solo con la parola, combattere con la discussione, convincere con la ragione”.
[7] Cf. S. Agostino, Epistole 173, 10; 208, 7.
[8] Corrado Augias – Mauro Pesce, Inchiesta su Gesù. Mondadori, Milano 2006, p.52.
[9] S. Ignazio d’Antiochia, Agli Efesini, 10,2-3.
[10] S. Agostino, Commento alla Prima Lettera di Giovanni 7,8 (PL 35, 2023)
[11] Un monaco, Le porte del silenzio, Ancora, Milano 1986, p. 17 (Originale: Les porte du silence, Libraire Claude Martigny, Genève).
[12] Detti e fatti dei Padri del deserto, a cura di C. Campo e P. Draghi, Rusconi, Milano 1979, p. 66.
[13] Cf. S. Agostino, Confessioni, X, 29.
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