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Santa Sede
El concierto de la unidad compuesto por un obispo ortodoxo ruso en TV
La Santa Sede ultima los preparativos del IX Foro Internacional de los Jóvenes
Monseñor Foley invita a los jóvenes a reivindicar la verdad de los medios de comunicación

Mundo
Llamamiento de judíos y católicos a la defensa de la libertad religiosa
Odoardo Focherini, el periodista que dio la vida por salvar a judíos
Un tercio de los niños iraquíes están malnutridos
Clausura del proceso diocesano de la causa de beatificación del padre Morales
Líderes cristianos se oponen a la sustitución del Sistema de Armas Nucleares Tridente
El sufrimiento no tiene la última palabra: reflexión para e-peregrinos de la JMJ '08

Entrevistas
El rector del Pontificio Instituto Litúrgico comenta la «Sacramentum Caritatis»
Subsecretario para las Relaciones con los Estados: Los últimos contactos Vaticano-Vietnam

Documentación
Llamamiento de Benedicto XVI a movilizarse en defensa de la vida humana amenazada

 




 


Santa Sede



El concierto de la unidad compuesto por un obispo ortodoxo ruso en TV
«La Pasión según san Mateo», el 29 de marzo

ROMA, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- Canales de televisión de varios países transmitirán en directo desde Roma el concierto de la unidad compuesto por un obispo ortodoxo ruso.

Se trata de «La Pasión según san Mateo», obra del compositor Hilarion Alfeyev, obispo de la Iglesia ortodoxa rusa en Viena y Austria y representante del patriarcado de Moscú ante la Unión Europea.

La composición será presentada el 29 de marzo en el Auditórium de la Conciliación, junto al Vaticano.

La «Pasión» será dirigida por el maestro Vladimir Fedoseev (primer director de los Wiener Filarmoniker de 1997 a 2005), e interpretada por la orquesta sinfónica más grande de Rusia, la Gran Orquesta Sinfónica «Petr Chajkovskij», y por el Coro Tretjakovskij, el más famoso de Rusia, constituido en la capilla de San Nicolás de las Galería Tretjakov.

La transmisión del concierto será realizada por el Centro Televisivo Vaticano. Entre los canales que mandarán en onda la composición musical se encuentran EWTN, la red televisiva católica mundial, y Telepace.

Los canales interesados en la transmisión del concierto pueden entrar en contacto con el Centro Televisivo Vaticano (vati119@ctv.va).
ZS07032001

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La Santa Sede ultima los preparativos del IX Foro Internacional de los Jóvenes
Convocado por el Consejo Pontificio para los Laicos

CIUDAD DEL VAITCANO, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede está ultimando los preparativos del IX Foro Internacional de los Jóvenes, que se celebrará del 28 de marzo al 1 de abril con el lema: «Testimoniar a Cristo en el mundo del trabajo».

La iniciativa, organizada por el Consejo Pontificio para los Laicos, cuyo presidente es el arzobispo Stanislaw Rylko, tendrá lugar en Rocca di Papa (localidad cercana a Roma) y prevé la participación de unos 300 participantes de entre 20 y 35 años.

Un comunicado de prensa emitido por la Oficina de Información de la Santa Sede explica que estos jóvenes están «comprometidos en la Iglesia y en el mundo del trabajo» y que provienen «de un centenar de países diferentes y de diferentes experiencias laborales y eclesiales».

Junto a ellos, participarán más de unos treinta relatores, testigos, participantes en mesas redondas, procedentes también de todo el mundo.

«En cuatro días de trabajo, se tratará de indagar en la relación entre los jóvenes y el mundo del trabajo, subrayando las rápidas transformaciones que caracterizan la era de la globalización, los problemas y los desafíos», explica el comunicado.

Este análisis se realizará a la luz «del anuncio de Cristo y del testimonio evangélico en los lugares de trabajo», añade el comunicado.

Entre los temas no faltará «la movilidad, la precariedad y el desempleo, las frustraciones y las reivindicaciones de los barrios pobres de todo el mundo».

Se profundizará en «la espiritualidad del trabajo», en el «papel del asociacionismo católico, para llegar, siguiendo a san Benito, al “Ora et lavora”, es decir, a la unidad de la vida profesional con la vida cristiana de la persona», afirma el Consejo vaticano en el comunicado.

El Foro concluirá con una audiencia con Benedicto XVI y con la participación en la XXII Jornada Mundial de la Juventud, el Domingo de Ramos, 1 de abril, que en el Vaticano será presidida por el Papa, etapa decisiva en el camino hacia la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney (julio de 2008).
ZS07032005

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Monseñor Foley invita a los jóvenes a reivindicar la verdad de los medios de comunicación


MESSINA, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- El arzobispo John P. Foley ha invitado a los jóvenes a reivindicar su derecho ante los medios de comunicación a la verdad y a la dignidad.

El prelado lanzó esta exhortación el lunes, al intervenir ante un auditorio de jóvenes congregados en la Iglesia de la Anunciación de los Catalanes de de Messina, convocados por la Asociación Siciliana de la Prensa y la Unión Católica de la Prensa Italiana.

«Nunca es demasiado pronto para llegar a ser activos en los medios de comunicación», comenzó constatando el arzobispo estadounidense.

«Nunca es demasiado pronto para involucrarse en los medios de comunicación, no sólo como usuarios, sino también como participantes», añadió.
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«Tenéis el derecho a la verdad --afirmó dirigiéndose a los jóvenes--. Los medios de comunicación tienen la obligación de referir la verdad y sólo la verdad; tenéis derecho a exigir esto a los medios de comunicación».

«Tenéis derecho a vuestra dignidad --añadió--. Los medios de comunicación tienen la obligación de trataros con respeto y vosotros tenéis el derecho de exigirlo. No deberían nunca tratar de aprovecharse de vosotros».

«Tenéis el derecho a pedir a los medios de comunicación lo necesario para proteger el bien común: el derecho a pedir justicia, a enfrentarse a la violencia, a condenar la corrupción», siguió subrayando.

Citando a Benedicto XVI el arzobispo pidió «a los comunicadores y a los jóvenes que sean positivos, que no se limiten a lamentarse, sino que contribuyan a transformar la sociedad, dando a conocer la buena noticia de Jesucristo y de tantas instituciones que en el mundo realizan un trabajo maravilloso en su nombre».
ZS07032007

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Mundo



Llamamiento de judíos y católicos a la defensa de la libertad religiosa
Reunión de la Comisión bilateral en Jerusalén

JERUSALÉN, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- La última reunión del organismo más representativo del diálogo entre judíos y católicos ha lanzado un llamamiento a la defensa de la libertad religiosa.

«La libertad religiosa y de conciencia y sus límites» fue precisamente el argumento del encuentro de la Comisión bilateral, de la que forman parte la Delegación de la Comisión de la Santa Sede para las Relaciones Religiosas con los Judíos y la delegación para las Relaciones con la Iglesia católica del Gran Rabinado de Jerusalén.

El encuentro, celebrado en Jerusalén del 11 al 13 de marzo, fue presidido por el cardenal argentino Jorge María Mejía, archivista y bibliotecario emérito de la Santa Iglesia romana, y por el rabino jefe Shear Yashuv Cohen.

«La capacidad humana para elegir es una manifestación de la imagen divina, según la cual todas las personas han sido creadas, y el fundamento del concepto bíblico de la responsabilidad humana y de la justicia divina», comienza diciendo la declaración final citando el Genésis y el Deuteronomio.

«La libertad de elección se deriva de Dios y por este motivo no es absoluta, debe reflejar la voluntad y la ley divinas», sigue diciendo el texto publicado este martes.

«De este modo, los seres humanos están llamados a obedecer libremente a la voluntad divina tal y como se manifiesta en la Creación y en su Palabra revelada», añade.

Ahora bien, aclaran los representantes de judíos y católicos, «la idea del relativismo moral está en contra de esta visión religiosa del mundo y constituye una seria amenaza para la humanidad».

«Si bien la Ilustración propició una purificación del abuso de la religión, la sociedad secular sigue necesitando fundamentos religiosos para justificar valores morales duraderos», constata el documento.

«Entre estos principios, tiene una importancia decisiva el carácter sagrado de la vida humana y su dignidad --añade--. El monoteísmo ético afirma que se trata de derechos humanos inviolables».

«Si bien el estado, en virtud de este principio, no debe limitar la libertad religiosa de individuos y comunidades, ni la libertad de conciencia, sin embargo, tiene la responsabilidad de garantizar el bienestar y la seguridad de la sociedad», aclara.

«Por este motivo, tiene la obligación de intervenir donde y cuando se dé una amenaza a través de la promoción, la enseñanza o el ejercicio de la violencia, y específicamente del terrorismo y la manipulación psicológica, en nombre de la religión», subrayan los representantes religiosos.

«Es legítimo el que una sociedad con una identidad religiosa predominante pueda preservar su carácter, a condición de que esto no limite la libertad de las comunidades minoritarias y de los individuos a profesar un compromiso religioso alternativo, ni la integridad de sus derechos civiles», aclara el comunicado.

«A lo largo de la historia, las comunidades religiosas no han sido siempre fieles a estos valores. Por este motivo, los líderes religiosos tienen una especial obligación de prevenir el uso inapropiado de la religión y de educar en el respeto de la diversidad, que es esencia para asegurar una sociedad sana, estable y pacífica».

«En este sentido, tienen un papel especial las familias, las escuelas y las autoridades del estado y de la sociedad, así como los medios de comunicación, para transmitir estos valores a las futuras generaciones».

La declaración de la Comisión bilateral concluye con un llamamiento desde Jerusalén a los líderes religiosos y políticos de de la región para que trabajen «con determinación por la promoción de la paz, de la dignidad, de la seguridad y de la tranquilidad en Tierra Santa, a favor de sus pueblos y del mundo en su conjunto».
ZS07032008

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Odoardo Focherini, el periodista que dio la vida por salvar a judíos
Se ha celebrado en Carpi el centenario de su nacimiento

CARPI, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- Para recordar, cien años después de su nacimiento, a Odoardo Focherini, periodista y director administrativo de «L'Avvenire d’Italia» hasta 1944, los periodistas de la Unión Católica de la Prensa Italiana (UCSI) organizaron el 17 de marzo, en la iglesia de San Ignacio de Carpi, un congreso con el título «Testimonios que contar. La vida y los hechos de la historia a la memoria».

Las celebraciones fueron abiertas por el obispo de Carpi, monseñor Elio Tinti, quien constató que «supo dar sabor a la vida de mucha gente, sobre todo a los 105 judíos que salvó, pero también a todos aquellos que conoció».

Según el obispo de Carpi, «de él hay que recordar el profundo amor hacia la familia, la tiernísima relación con su adorada mujer, con los siete amadísimos hijos. Lazos sólidos que descubrimos en las maravillosas cartas que escribió, pero que no le impidieron vivir su vida hasta el fondo por los demás».

«Con esperanza y devoción, deseamos que pronto la Iglesia lo pueda reconocer como mártir. Su vida como hombre verdadero es un himno a la santidad», reconoció el prelado.

Focherini, empezó a interesarse por los judíos mucho antes del Armisticio con los Aliados (8 de septiembre de 1943), cuando ayudó a un grupo de refugiados llegados de Varsovia. Murió en el campo de concentración de Hersbruck (uno de los 74 subcampos de Flossenburg), el 27 de diciembre de 1944, a la edad de 37 años.

Odoardo Focherini, quien ha sido declarado «Justo entre las naciones», se encuentra en proceso de beatificación. La causa comenzó en 1996.

A los 27 años era presidente de la Acción Católica Italiana (ACI). Durante la persecución fascista de 1933, corrió de una sede a otra de la ACI para esconder las banderas, las cartas y poner en lugar seguro registros y actas de las reuniones.

En 1939, en vísperas de la guerra, Focherini se convirtió en director administrativo del diario «L’Avvenire d’Italia».

Con el endurecimiento de las leyes antijudías y el inicio de las deportaciones raciales, Odoardo Focherini junto con el padre Dante Sala, organizó una red eficaz para la expatriación hacia Suiza de más de un centenar de judíos.

A pesar del absoluto secreto de las operaciones, los nazis recibieron algunas cartas anónimas y arrestaron al padre Dante Sala, el cual escapó a la pena por insuficiencia de pruebas.

El 11 de marzo de 1944, Focherini fue arrestado en el hospital mientras se ayudaba a un judío enfermo. Fue trasladado al Comando de las SS de Bolonia y de allí a la cárcel de San Giovanni in Monte.

Durante una visita, su cuñado Bruno Marchesi le dijo: «Ten cuidado, quizá te estás exponiendo demasiado, ¿no piensas en tus hijos?». A lo que Odoardo respondió: «Si tú hubieras visto lo que he visto yo en esta cárcel, todo lo que hacen padecer a los judíos, lo único que lamentarías es no haber hecho lo suficiente por ellos, y no haberlos salvado en mayor número».

Trasladado al campo de concentración de Gries (Bolzano), permaneció allí hasta el 5 de septiembre de 1944. Ocultado en el campo de Flossenburg, Focherini fue trasladado al campo de trabajo de Hersbruck, donde se trabajaba de las tres y media de la mañana hasta la tarde, y quien no resistía era marcado con una «K» en la frente y enviado inmediatamente a los hornos crematorios.

Herido en una pierna, al no recibir tratamientos médicos, contrajo una septicemia y murió el 27 de diciembre de 1944. Antes de morir dictó sus dos últimas cartas a los familiares.

Estas son las palabras confiadas al amigo de prisión: «A mis siete hijos... quisiera verlos antes de morir... sin embargo, acepta, Señor, también este sacrificio y custódialos tú, junto a mi mujer, a mis padres, y a todos mis seres queridos».

«Declaro morir en la más pura fe fe católica, apostólica, romana y en la plena sumisión a la voluntad de Dios, ofreciendo mi vida en holocausto por mi diócesis, por la Acción Católica, por el Papa y por el retorno de la paz al mundo. Os ruego decir a mi mujer que le he sido siempre fiel, he pensado siempre en ella, y la he amado siempre intensamente», escribió.

La noticia de la muerte llegó a Carpi en junio de 1945.

El padre Claudio Pontiroli, vicepostulador de la causa de beatificación, revela: «Hemos encontrado más de 300 cartas de pésame, de las que en 62 casos se habla de Odoardo como de un mártir de la caridad. Por él se hicieron celebraciones como por ninguna otra víctima de la guerra».
ZS07032004

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Un tercio de los niños iraquíes están malnutridos
A cuatro años de la invasión, informa Caritas Irak

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- «Caritas Internationalis» y Caritas Irak afirman que la tasa de malnutrición ha aumentado en Irak del 19%, en el periodo precedente a la invasión del país por las fuerzas guiadas por Estados Unidos, al 28% cuatro años después.

Caritas sostiene que el hambre en aumento está provocada por los altos niveles de inseguridad, por el colapso del sistema sanitario y otras infraestructuras, por la mayor polarización entre sectas y tribus diversas y por el aumento de la pobreza.

Más del 11% de los niños nace hoy con falta de peso en Irak, frente al 4% de 2003. Antes de marzo de 2003, Irak tenía ya una tasa de mortalidad infantil significativa debido a la malnutrición a causa de las sanciones internacionales impuestas al régimen dictatorial de Bagdad.

Caritas Irak ha activado una serie de clínicas para el bienestar de los niños en el país. Actualmente proporciona alimentación suplementaria a 8.000 niños hasta los 8 años y a las que acaban de ser madres.

Las clínicas de Caritas ayudan a los más vulnerables, y la crisis sanitaria que afrontan es bastante peor que la media nacional.

El contexto de inseguridad de quien trabaja es además de alto riesgo. Según Claudette Habesch, presidenta di Caritas Medio Oriente-Norte de África, «el conflicto sectario y tribal infecta cotidianamente la vida en Irak. Las escuelas primarias y secundarias, los hospitales, la policía, el Gobierno están todos divididos. No se puede ni siquiera ir al supermercado sin el miedo de no volver».

«Caritas Irak está trabajando contra este difícil ‘background’ proporcionando alimento fundamental para los niños más vulnerables y las madres recientes. El ‘staff’ afronta grandes riesgos pero trata de dar asistencia médica en un país en el que el sistema sanitario nacional en algunas zonas ha colapsado».

«Irak es el segundo país en cuanto a reservas petrolíferas del mundo, pero los niveles de pobreza, hambre y subdesarrollo son comparables a los del África subsahariana».

«En los últimos cuatro años, y en especial en 2006, hemos visto que la vida más que mejorar ha empeorado para el iraquí medio. La gente se está yendo. Cada día cinco mil personas dejan Irak. En 2007, se piensa que un iraquí de cada diez abandonará el país», denunció.

«Vemos grupos minoritarios como los cristianos desaparecer de todo el país o abandonar sus casas en búsqueda de lugares más seguros. Espero para Irak que las cosas mejoren, pero es sin duda porque las cosas no pueden ir peor», observó.

Caritas Internationalis es una confederación de 162 organizaciones católicas de ayuda, desarrollo y servicio social presente en más de 200 países y territorios.
ZS07032003

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Clausura del proceso diocesano de la causa de beatificación del padre Morales
Fundador de los Institutos Seculares Cruzados y Cruzadas de Santa María

MADRID, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- El 18 de marzo, el cardenal Antonio Mª Rouco Varela, arzobispo de Madrid, presidió la clausura del proceso diocesano de la causa de beatificación y canonización del padre Tomás Morales S.I., fundador de los Institutos Seculares Cruzados y Cruzadas de Santa María, así como de la Milicia y de los Hogares de Santa María.

Al finalizar el acto, se celebró una solemne Eucaristía, en cuya homilía el cardenal Rouco recordó el «sendero de luz» dejado por el padre Morales, una «llamada a vivir la vocación seglar a base de una humanidad sanada, curada, elevada a la condición de hijo de Dios».

Su existencia, constató el purpurado, fue «una invitación» a vivir «apostólicamente, sin cobardías, sin marchas atrás, sino con el empeño y el compromiso de toda nuestra vida y de todo nuestro corazón».

El cardenal concluyó elevando su oración para que este proceso «termine gozosamente y con mucho bien para la Iglesia».

Tras la clausura de la fase diocesana, toda la documentación del proceso se enviará a la Congregación vaticana para las Causas de los Santos, para comenzar la «fase Romana».

El acto de clausura diocesana, que tuvo lugar en la Fundación Pablo VI, contó con la asistencia, entre otros, del cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo, y del secretario general de la Conferencia Episcopal Española, el padre Juan Antonio Martínez Camino S.I.

El padre Tomás Morales nació en 1908. Obtuvo la licenciatura en Derecho en la Universidad Central de Madrid.

Durante aquellos años universitarios vivió como laico comprometido, llegando a ser presidente de los Estudiantes Católicos, a los que representó en numerosos Congresos en distintas ciudades de Europa.

Realizó el Doctorado en Bolonia el año 1932 becado por la Universidad. Ese mismo año, a sus veintitrés de edad, ingresó en la Compañía de Jesús en Chevetogne (Bélgica), donde ordenado sacerdote en 1942.

En 1946 comenzó en Madrid una intensa labor apostólica y social con trabajadores y hombres de empresa. Con ellos inició el «Hogar del Empleado», para cristianizar las estructuras laborales.

Años después fundó los Institutos Seculares Cruzados y Cruzadas de Santa María, el Movimiento Matrimonial Hogares de Santa María y el Movimiento Juvenil Milicia de Santa María.

Ha escrito numerosos libros sobre su estilo pedagógico de educar: «Laicos en marcha», «Forja de hombres», «El Ovillo de Ariadna», «Hora de los laicos», entre otros.

Al final de su vida redactó pequeñas semblanzas de los santos que, a lo largo de la historia de la Iglesia, consideraba podían ser más representativos e imitables en nuestros días.

Se publicaron doce volúmenes, bajo el título de «Semblanzas de testigos de Cristo para los nuevos tiempos», -uno por mes- en un estilo ágil e incisivo.

A estos se añaden otros numerosos escritos para la formación interna de los miembros de los dos Institutos Seculares por él fundados.

El padre Morales falleció en Alcalá de Henares (Madrid) el 1 de octubre de 1994, festividad litúrgica de Santa Teresa del Niño Jesús. La apertura de su causa de canonización tuvo lugar el 24 de junio de 2000 en la archidiócesis de Madrid.

ZS07032009

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Líderes cristianos se oponen a la sustitución del Sistema de Armas Nucleares Tridente
En una carta enviada a los parlamentarios de Escocia

GLASGOW, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- Líderes eclesiales católicos y de las mayores confesiones cristianas presentes en Escocia han escrito una carta con fecha del 14 de marzo a los parlamentarios escoceses para expresar su oposición a la sustitución del Sistema de Armas Nucleares Tridente.

En su carta piden a los parlamentarios votar «contra la propuesta del Gobierno cuando se debata en el Parlamento».

La carta recuerda que «la gravedad del tema» y la unidad de puntos de vista entre anglicanos y católicos llevó a redactar un inédito mensaje conjunto con motivo del Año Nuevo 2007, firmado por el moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, el reverendo Alan McDonald, y el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Escocia, el cardenal Keith O’Brien.

Aquel mensaje afirmaba: «Este año es una maravillosa oportunidad para que nuestros parlamentarios de Westminster finalmente den pasos para cumplir los compromisos que este país hizo hace muchos años para deshacerse de las armas nucleares».

«Pedimos que nuestros diputados tomen posición a favor de los principios de paz y tengan el coraje de rechazar el respaldo a la sustitución del Sistema Tridente. La paz no puede avanzar encargando nuevas armas de destrucción masiva».

En abril de 2006, los obispos católicos de Escocia hicieron un llamamiento al gobierno para que no sustituya el Sistema de Armas Nucleares Tridente e invierta el dinero ahorrado en programas de ayuda al desarrollo.

Entre los signatarios de la nueva carta se encuentran, además del cardenal O'Brien, el reverendo John O. Fulton, secretario general de la Iglesia Libre Unida de Escocia; el obispo Idris Jones, de Glasgow y Galloway, primado de la Iglesia Episcopal de Escocia; y el reverendo Alan D McDonald, moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia.
ZS07032010

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El sufrimiento no tiene la última palabra: reflexión para e-peregrinos de la JMJ '08
La gran cita del Papa con la juventud del mundo en Sydney (Australia)

SYDNEY, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- El misterio del sufrimiento: es la propuesta de reflexión para los jóvenes que ya peregrinan «virtualmente» hacia Sydney (Australia), donde se celebrará la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en 2008.

La e-PEREGRINACIÓN> («e-PILGRIMAGE>»), peregrinación «on-line», es un instrumento completamente nuevo en las JMJ para llegar a los jóvenes peregrinos y prepararles a ese gran encuentro de fe y fiesta con el Papa.

El boletín de marzo preparado por la organización de la JMJ '08 para esta experiencia de e-PEREGRINACIÓN> aborda, en este tiempo cuaresmal, el sentido cristiano del sufrimiento humano, y ello comenzando con un «mensaje de esperanza» del obispo Anthony Fisher O.P. –coordinador del evento-: el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra.

«A todos nos llega un momento en el que nos preguntamos si Dios se preocupa por nosotros o no, si le importamos», escribe el prelado a los jóvenes. «¿Dónde está Dios cuando mueren los niños, o nuestros seres queridos? ¿Dónde estaba Dios cuando Auschwitz?», plantea.

Y es que en cada generación las personas piensan y consideran el tema del mal, ya sea natural o humano, constata el obispo Fisher. «A menudo nos sentimos como la Madre de Jesús y las otras mujeres, y el adolescente Juan, sin duda se sintieron al pié de la Cruz: golpeados con muda incomprensión y paralizados por la impotencia ante el misterio del sufrimiento», prosigue.

La propuesta del obispo Fisher es el Vía Crucis, que se reza en tantas iglesias en Cuaresma y especialmente en Semana Santa, y que en la JMJ australiana se celebrará por las calles de Sydney, portando la cruz por lugares significativos de la ciudad.

El prelado es consciente de que «causará un fuerte impacto no sólo entre jóvenes peregrinos, sino también en la ciudad y en el mundo mientras observan».

«Parte de la razón por la cual el Vía Crucis tiene este efecto es, creo, que ante la faz del misterio del sufrimiento, no hay palabras» -explica-; tratamos de «encontrar sentido y hallar también algún alivio», y «concluimos, como todo cristiano debe concluir, que el mal no es un acto de Dios; que ninguna persona inocente sufre por la voluntad activa de Dios; que a pesar de que Dios permite que esto suceda para facilitarnos la libertad, esto le cuesta a Él enormemente; que el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra».

«Dios camina en el Vía Crucis –que "demuestra la profundidad del amor salvador de Dios"- con cada uno de nosotros, en nuestra soledad y dolor, hasta el final», asegura.

Al hacer el Vía Crucis esta Cuaresma, «traigamos a Cristo todo aquello que nos confunde, nos horroriza y nos duele, confiando en que Él entiende la necesidad humana desde dentro y tiene el poder de consolar, transformar y salvar», propone el prelado.

Y ¿cuánto nos ama Cristo?: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15, 13; Jn 10, 11-18), contesta. Y nosotros ¿cómo debemos responder? Siguiendo las palabras de Cristo: «…Como yo os he amado, así amaos también vosotros, los unos a los otros» (Jn 13, 34), concluye el obispo Fisher.

El boletín de marzo de la e-PEREGRINACIÓN> brinda también, en la sección «Fundamentos de fe», una breve reflexión sobre el misterio del sufrimiento humano.

Asimismo, el padre Peter Williams, director litúrgico de la JMJ'08, escribe y explica el Vía Crucis.

Los jóvenes pueden consultar igualmente los fragmentos seleccionados de la Carta Apostólica de Juan Pablo II «Salvifici Doloris», sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano.

El boletín recoge además el testimonio de fe de una joven de la diócesis de Canberra-Goulburn, y propone la vida y testimonio de San Pío de Pietrelcina (el padre Pío, 1887-1968), quien desarrolló un deseo ardiente de compartir con Jesús su Pasión en la Cruz.

Al padre Pío se debe la conocida «Casa Alivio del Sufrimiento» en Italia, y entre las muchas personas que le visitaron se contó Karol Wojtyla.

Por otro lado, Turín (Italia) es el lugar de peregrinación espiritual que este mes se propone a los jóvenes del mundo, pues allí se conserva el Santo Sudario de Cristo.

El boletín de marzo e-PEREGRINACIÓN>, titulado «Como yo os he amado, así amaos también vosotros, los unos a los otros» (Jn 13, 34), se puede descargar en formato «pdf» desde el enlace http://www.wyd2008.org/index.php/es/wyd08_pilgrims/epilgrimage__1 .

Del 15 al 20 de julio de 2008 la ciudad de Sydney acogerá la JMJ que reunirá a jóvenes de todo el mundo en torno al Papa. Será la primera visita de Benedicto XVI a Australia.

«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos» (Hechos 1,8) es el lema elegido para la convocatoria.

Más información e inscripciones en la web oficial (plurilingüe) de la JMJ'08: www.wyd2008.org .
ZS07032002

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Entrevistas



El rector del Pontificio Instituto Litúrgico comenta la «Sacramentum Caritatis»
Pide que se lea en su conjunto para evitar «reduccionismos»

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- La novedad de la exhortación apostólica postsinodal sobre la Eucaristía «Sacramentum Caritatis», publicada la semana pasada, consiste sobre todo en su profundización en «la reforma litúrgica» que emprendió el Concilio Vaticano II.

Así lo constata en esta entrevista concedida a Zenit el padre Juan Javier Flores, osb., presidente del Pontificio Instituto Litúrgico de Roma.

El sacerdote benedictino aclara al mismo tiempo en qué consiste el llamamiento del Papa lanzado en ese documento a la coherencia eucarística, así como su petición de utilizar el latín en las misas multinacionales.

--¿Qué recomendaciones haría usted para leer y comprender bien la exhortación del Papa?

--Padre Flores: El documento papal se divide en tres partes que hay que leer en su conjunto: La Eucaristía es un misterio que se ha de creer (primera parte), que se ha de celebrar (segunda parte) y que se ha de vivir (tercera parte). Por tanto en la primera parte se trata de conocer bien el aspecto teológico del sacramento eucarístico, la segunda centra en la acción litúrgica, es decir en la liturgia eucarística, y la tercera presenta la vida eucarística, misterio que se ha de anunciar y ofrecer al mundo.

Creo que es importante no hacer lecturas reductivas o minimalistas o parciales del documento, el cual es una reflexión magisterial sobre el sacramento eucarístico que da luces nuevas sobre el sacramento de la Eucaristía. Hay que leerlo en su totalidad y no entresacar frases que puedan despistar o desviar de la verdadera doctrina.

--¿Cuáles son las novedades de este documento?

--Padre Flores: Las novedades del documento papal están sobretodo en la profundización de la reforma litúrgica.

El Papa refiere cómo los padres sinodales han constatado y reafirmado el influjo benéfico que ha tenido para la vida de la Iglesia la reforma litúrgica puesta en marcha a partir del Concilio Vaticano II.

No ha faltado tampoco una constatación de las dificultades y los abusos que no obscurecen el valor y la validez de la renovación litúrgica, la cual tiene aún riquezas no descubiertas del todo (nº3).

Se observa claramente que hay unidad entre la fe profesada, la acción litúrgica y celebrativa y el nuevo culto que ha inaugurado Cristo con su Misterio Pascual.

En este orden de cosas el Papa insiste en el orden de los sacramentos de la iniciación cristiana y en cómo la Eucaristía hay que situarla en su justo puesto, tras la recepción del bautismo y de la confirmación.

La santísima Eucaristía, dice el Papa en el número 17, lleva la iniciación cristiana a su plenitud y es como el centro y el fin de toda la vida sacramental.

Pero la gran novedad es la reflexión que la Iglesia reunida en el Sínodo de los Obispos ha hecho sobre el sacramento de la caridad, que es la Eucaristía. Nunca se profundizará suficiente sobre el sacramento que nos da el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

La Celebración eucarística aparece con toda su fuerza como fuente y cumbre de la misma existencia cristiana. Esta es una de las grandes ideas del Papa Ratzinger, como se deduce de sus diferentes intervenciones.

--¿E cierto que se vuelve al latín?


--Padre Flores: Nunca se ha dejado el latín en las celebraciones litúrgicas, más aún, las ediciones oficiales del Misal Romano se publican siempre en latín y hay comunidades monásticas y no monásticas que celebran normalmente en latín.

Por tanto nunca estuvo prohibido, lo que ocurre es que en los últimos años, se fue dejando ante el desconocimiento del latín por parte de los fieles, pero nunca se perdió.

El Papa solamente dice que, en las celebraciones que tienen lugar durante encuentros internacionales o en las grandes concelebraciones con una presencia masiva de fieles de diversas nacionalidades, se tengan algunas partes de la Misa en latín.

El Papa dice en el número 62: «Exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín», sugiriendo que eventualmente se puedan utilizar cantos gregorianos.

Y añade el Papa: «Pido que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la santa Misa en latín, además de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano» y pensando en los fieles dice también en dicho número que «se preocupará que los mismos fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia».

Por tanto, se trata de un deseo legítimo que no anula ni impone nada nuevo.

--¿Qué es la «coherencia eucarística» a la que apela el Papa?

--Padre Flores: El Papa pide --y esto es una gran novedad-- una fuerte coherencia eucarística. Todo el número 83 insiste en que la Eucaristía exige una coherencia interna con el obrar.

En este sentido el Papa hace una llamada a los políticos y los legisladores católicos a fin de que apoyen leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana, dado que el culto que damos a Dios no es algo privado sino que exige el testimonio público de la fe.

Desde esta perspectiva el Papa hace una fuerte llamada a los bautizados y a quienes por su posición social o política influyen sobre leyes a que respeten la vida humana, desde su concepción hasta fin natural, así como la familia, la educación, etc.

Si leemos rectamente la tercera parte del documento encontramos la convicción del Santo Padre de que en la autenticidad de la fe y del culto eucarístico se encuentra el deseo de una reconstrucción de la vida auténticamente cristiana.
ZS07032021

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Subsecretario para las Relaciones con los Estados: Los últimos contactos Vaticano-Vietnam
Monseñor Pietro Parolin traza el estado de la cuestión y el rostro eclesial el país asiático

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- Qué significan las visitas de la Delegación de la Santa Sede a Vietnam, cuál es la actitud de las autoridades vietnamitas hacia la Iglesia, qué perspectivas reales hay para el establecimiento de relaciones diplomáticas y cómo es la comunidad católica vietnamita: son cuestiones que ha explicado, de primera mano, el subsecretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados en «Radio Vaticano».

Por su interés, publicamos la traducción de amplios pasajes de la entrevista de monseñor Pietro Parolin difundida el sábado por la emisora pontificia.

Estuvo al frente de los representante vaticanos que visitaron Vietnam del 5 al 11 de marzo ( A HREF="http://www.zenit.org/spanish/visualizza.phtml?sid=104359 ">Zenit, 12 marzo 2007).

--¿Nos puede hablar de esta misión?

--Monseñor Parolin: Desde 1989, año del viaje del cardenal Roger Etchegaray, hasta la fecha han tenido lugar 14 visitas de una Delegación de la Santa Sede a Vietnam, la mayor parte de ellas encabezadas por los Subsecretarios para las Relaciones con los Estados, monseñor Claudio Maria Celli y monseñor Celestino Migliore. Para mí ha sido la segunda visita, después de la de 2004. En 2005 vino a Roma una Delegación vietnamita, y en 2006 no pude acudir por razón de las rotaciones experimentadas en la Oficina. Me han acompañado monseñor Luis Mariano Montemayor, consejero de Nunciatura en la Secretaría de Estado, y monseñor Barnabé Nguyên Van Phuong, vietnamita, jefe de la oficina de la Congregación [vaticana] para la Evangelización de los Pueblos.

Como es sabido, estas visitas tienen sustancialmente dos objetivos, esto es, los contactos con las autoridades vietnamitas y el encuentro con la Iglesia local. En la práctica, la Delegación de la Santa Sede desarrolla, por una semana, las tareas que en los demás países están confiadas a los Legados Pontificios, dado que en Vietnam aún no hay un Representante del Papa. Dialoga, por lo tanto, con las autoridades sobre cuestiones que tienen relación con la Iglesia y las relaciones entre Iglesia y Estado, mientras que la visita a algunas diócesis se convierte en un modo de «hacer cada vez más sólidos y eficaces los vínculos de unidad que existen entre la Sede Apostólica y las Iglesias particulares».

Este año hemos estado en Quy Nhon y Kon Tum, en la provincia eclesiástica de Huê, en el centro del país, las últimas dos diócesis que aún no habían sido visitadas por una Delegación de la Santa Sede. La visita de una Delegación es ciertamente una forma válida de contacto y de diálogo que ha permitido, en casi veinte años, dar notables pasos adelante en esta dirección; por nuestra parte, deseamos que aquella pueda evolucionar hacia formas más estables y frecuentes de presencia en el país de un Representante Pontificio, hasta, obviamente, el establecimiento de relaciones diplomáticas con el nombramiento de un Nuncio Apostólico.

--En su opinión, ¿ha influido en la visita el reciente encuentro del primer ministro Nguyên Tân Dung con el Santo Padre?

--Monseñor Parolin: Puedo decir que, en esta segunda visita, he vuelto a encontrar la misma acogida cordial que experimenté la primera vez, en 2004. Con las personas con las que se han mantenido reuniones se ha procurado continuar construyendo esos vínculos de respeto, estima y confianza que son apreciados por la sociedad vietnamita y que hacen más ágil el diálogo, sobre todo en las cuestiones espinosas.

Por otro lado, creo que se ha querido dar una particular relevancia a esta visita precisamente en relación con el viaje al Vaticano, el pasado enero, del primer ministro Nguyên Tân Dung y su encuentro con el Santo Padre y los responsables de la Secretaría de Estado. Lo hemos percibido por muchos detalles, por el modo en que hemos sido tratados, hasta la cobertura mediática que ha recibido nuestra presencia. Creo justo manifestar también públicamente gratitud a las autoridades vietnamitas. De la visita del primer ministro, además, se habló expresamente en varios contextos, también eclesiales –recuerdo, por ejemplo, que hizo referencia explícita de ella el representante del laicado que nos saludó al final de la Santa Misa en la catedral de Hà Nôi- subrayando su importancia y expresando la confianza de aquella pueda de verdad suponer una etapa importante en un camino marcado por la voluntad de mirar hacia delante, hacia el futuro, superando las dificultades aún existentes.

--¿Se ha tratado la posibilidad de un pronto establecimiento de las relaciones diplomáticas?

--Monseñor Parolin: Se ha hablado de las relaciones diplomáticas sin, por el momento, fijar plazos. Tal vez alguien se esperaba progresos más sustanciales al respecto, dado que, durante la visita del primer ministro, el tema había sido expresamente mencionado por el cardenal Secretario de Estado y con anterioridad diversas personalidades políticas del país se habían declarado a favor, y la Iglesia local había expresado apoyo abierto.

Creo, en cualquier caso, que se ha dado un notable paso adelante, porque por parte vietnamita se nos ha referido que el primer ministro, como por lo demás él mismo había prometido en Roma, ha dado instrucciones a los organismos competentes para que examinen la cuestión y se nos ha propuesto dar vida, en los próximos meses, a un grupo de expertos encargados de estudiar tiempos y formas concretas para emprender el proceso de establecimiento de relaciones diplomáticas.

Al respecto desearía recordar que, para establecer relaciones diplomáticas, no se requiere que se resuelvan antes todas las cuestiones pendientes. Las relaciones diplomáticas no constituyen sólo un punto de llegada, sino igualmente más bien un punto de partida. Con ellas se da una señal fuerte de que se quieren afrontar de manera constructiva las relaciones recíprocas, eliminando también las dificultades. Y con ellas, gracias al intercambio de representantes, las partes se dotan de canales privilegiados para una mutua, correcta y oportuna información, lo cual es importante para poder alimentar buenas relaciones recíprocas.

--¿Podría compartir con nosotros sus impresiones sobre los progresos en lo relativo a la libertad religiosa?

--Monseñor Parolin: Sostengo que la situación de la libertad religiosa en Vietnam es la descrita en el comunicado de prensa difundido por la Santa Sede al término de la visita del primer ministro al Santo Padre. Se habla de «espacios que se han abierto» (Zenit, 25 enero 2007) y puedo asegurar, según el testimonio de los obispos, que algunos problemas se han resuelto y otros están en vías de solución. Me refiero por ejemplo al problema de la reconstrucción de las iglesias destruidas durante la guerra y de la construcción de nuevos edificios de culto donde hay movimientos de población. En cuanto a los problemas aún abiertos, alimentamos la esperanza de que, a través del diálogo y la buena voluntad, se llegue a encontrar un camino de salida satisfactorio.

Como sabemos, la política religiosa del gobierno vietnamita se ha fijado en la Ordenanza sobre creencias y religiones de 18 de junio de 2004 en torno a dos principios: que los creyentes –y por lo tanto los católicos- son parte integrante de la Nación y que el Estado se compromete a responder a sus legítimas exigencias. En los encuentros con el Comité de Asuntos Religiosos hemos sido informados del estado de aplicación de tal ley, respecto a lo cual se publicó también el librito: « Religion and policies regarding religion in Vietnam». Puesto que muchas de las competencias en materia religiosa han sido delegadas a las autoridades locales, es importante que se asegure cada vez más una aplicación uniforme de la ley, de manera que no resulten penalizadas las regiones rurales, lejanas y aisladas, respecto a las zonas urbanas y más desarrolladas. Considero también importante que se tengan en cuenta las observaciones de las comunidades religiosas sobre la aplicación de la ley, que nacen de la experiencia y que permiten mejorarla allí donde sea necesario, a fin de que la libertad religiosa, que es un derecho fundamental de los individuos y de las comunidades, pueda ser respetada cada vez más y traducida a la realidad. .

--¿Cuál es su impresión sobre la vida de la Iglesia en Vietnam?

--Monseñor Parolin: He comentado en diversas ocasiones, durante los encuentros con los fieles, que es mucho más lo que hemos recibido que lo que hemos dado. No se puede, de hecho, dejar de estar impresionados y edificados por el ejemplo y el testimonio de los católicos vietnamitas.

Aún tengo los ojos y el corazón llenos de las imágenes de las asambleas litúrgicas en Quy Nhon, Pleichuet, Hà Nôi, etcétera, de los numerosísimos fieles, en gran parte pertenecientes a las etnias minoritarias de los «montagnards», que se reunieron la tarde del 8 de marzo en la plaza de la catedral Kon Tum, de la ferviente comunidad parroquial de Ha Long, que ha sufrido mucho.

Me ha impresionado la forma de orar de las personas, atentas, devotas, y a la vez tan involucradas en el plano comunitario, porque todos, niños y adultos, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, cantan y responden juntos.

No puedo dejar de mencionar el amor de los católicos vietnamitas hacia el Santo Padre, respecto a quien, durante la visita de la Delegación, dieron continuamente prueba de apego filial y de fidelidad.

Es una Iglesia valiente, dinámica, llena de vitalidad, de la que son signo, entre otras cosas, los numerosísimos candidatos al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa. Es una Iglesia, además, que se compromete a favor de la sociedad y atiende a cuantos están en necesidad, mientras desea poder dedicar mayor compromiso al ámbito educativo y social, para ofrecer una contribución cada vez más cualificada y eficaz al país y a todos sus habitantes, prescindiendo del hecho de que sean o no creyentes, o pertenezcan a uno u otro grupo religioso. Es una Iglesia, finalmente, que toma conciencia de los problemas ligados a la rápida industrialización del país y al tumultuoso desarrollo económico (Vietnam, con una tasa de crecimiento del 8,4% prevista para 2007, es la segunda economía del mundo que crece con mayor rapidez) y que intenta preparase para responder a este desafío, para seguir siendo sal y levadura e iluminar a todos con el gozoso anuncio del Evangelio.
ZS07032006

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Documentación



Llamamiento de Benedicto XVI a movilizarse en defensa de la vida humana amenazada
Discurso a los participantes en la asamblea general de la Academia Pontificia para la Vida

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI el 24 de febrero de 2007 al recibir en audiencia a los participantes en la asamblea general de la Academia Pontificia para la Vida.

 

* * *




Queridos hermanos y hermanas:
Es para mí una verdadera alegría recibir en esta audiencia tan numerosa a los miembros de la Academia pontificia para la vida, reunidos con ocasión de la XIII asamblea general; y a los que han querido participar en el congreso que tiene por tema: "La conciencia cristiana en apoyo del derecho a la vida". Saludo al señor cardenal Javier Lozano Barragán, a los arzobispos y obispos presentes, a los hermanos sacerdotes, a los relatores del congreso, y a todos vosotros, que habéis venido de diversos países.

Saludo en particular al arzobispo Elio Sgreccia, presidente de la Academia pontificia para la vida, al que agradezco las amables palabras que me ha dirigido, así como el trabajo que lleva a cabo, junto con el vicepresidente, el canciller y los miembros del consejo directivo, para realizar las delicadas y vastas tareas de la Academia pontificia.

El tema que habéis propuesto a la atención de los participantes, y por tanto también de la comunidad eclesial y de la opinión pública, es de gran importancia, pues la conciencia cristiana tiene necesidad interna de alimentarse y fortalecerse con las múltiples y profundas motivaciones que militan en favor del derecho a la vida. Es un derecho que debe ser reconocido por todos, porque es el derecho fundamental con respecto a los demás derechos humanos. Lo afirma con fuerza la encíclica Evangelium vitae: "Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón (cf. Rm 2, 14-15) el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política" (n. 2).

La misma encíclica recuerda que "los creyentes en Cristo deben, de modo particular, defender y promover este derecho, conscientes de la maravillosa verdad recordada por el concilio Vaticano II: "El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre" (Gaudium et spes, 22). En efecto, en este acontecimiento salvífico se revela a la humanidad no sólo el amor infinito de Dios, que "tanto amó al mundo que dio a su Hijo único" (Jn 3, 16), sino también el valor incomparable de cada persona humana" (ib.).

Por eso, el cristiano está continuamente llamado a movilizarse para afrontar los múltiples ataques a que está expuesto el derecho a la vida. Sabe que en eso puede contar con motivaciones que tienen raíces profundas en la ley natural y que por consiguiente pueden ser compartidas por todas las personas de recta conciencia.

Desde esta perspectiva, sobre todo después de la publicación de la encíclica Evangelium vitae, se ha hecho mucho para que los contenidos de esas motivaciones pudieran ser mejor conocidos en la comunidad cristiana y en la sociedad civil, pero hay que admitir que los ataques contra el derecho a la vida en todo el mundo se han extendido y multiplicado, asumiendo nuevas formas.

Son cada vez más fuertes las presiones para la legalización del aborto en los países de América Latina y en los países en vías de desarrollo, también recurriendo a la liberalización de las nuevas formas de aborto químico bajo el pretexto de la salud reproductiva: se incrementan las políticas del control demográfico, a pesar de que ya se las reconoce como perniciosas incluso en el ámbito económico y social.

Al mismo tiempo, en los países más desarrollados aumenta el interés por la investigación biotecnológica más refinada, para instaurar métodos sutiles y extendidos de eugenesia hasta la búsqueda obsesiva del "hijo perfecto", con la difusión de la procreación artificial y de diversas formas de diagnóstico encaminadas a garantizar su selección. Una nueva ola de eugenesia discriminatoria consigue consensos en nombre del presunto bienestar de los individuos y, especialmente en los países de mayor bienestar económico, se promueven leyes para legalizar la eutanasia.

Todo esto acontece mientras, en otra vertiente, se multiplican los impulsos para legalizar convivencias alternativas al matrimonio y cerradas a la procreación natural. En estas situaciones la conciencia, a veces arrollada por los medios de presión colectiva, no demuestra suficiente vigilancia sobre la gravedad de los problemas que están en juego, y el poder de los más fuertes debilita y parece paralizar incluso a las personas de buena voluntad.

Por esto, resulta aún más necesario apelar a la conciencia y, en particular, a la conciencia cristiana. Como dice el Catecismo de la Iglesia católica, "la conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto" (n. 1778).

Esta definición pone de manifiesto que la conciencia moral, para poder guiar rectamente la conducta humana, ante todo debe basarse en el sólido fundamento de la verdad, es decir, debe estar iluminada para reconocer el verdadero valor de las acciones y la consistencia de los criterios de valoración, de forma que sepa distinguir el bien del mal, incluso donde el ambiente social, el pluralismo cultural y los intereses superpuestos no ayuden a ello.

La formación de una conciencia verdadera, por estar fundada en la verdad, y recta, por estar decidida a seguir sus dictámenes, sin contradicciones, sin traiciones y sin componendas, es hoy una empresa difícil y delicada, pero imprescindible. Y es una empresa, por desgracia, obstaculizada por diversos factores. Ante todo, en la actual fase de la secularización llamada post-moderna y marcada por formas discutibles de tolerancia, no sólo aumenta el rechazo de la tradición cristiana, sino que se desconfía incluso de la capacidad de la razón para percibir la verdad, y a las personas se las aleja del gusto de la reflexión.

Según algunos, incluso la conciencia individual, para ser libre, debería renunciar tanto a las referencias a las tradiciones como a las que se fundamentan en la razón. De esta forma la conciencia, que es acto de la razón orientado a la verdad de las cosas, deja de ser luz y se convierte en un simple telón de fondo sobre el que la sociedad de los medios de comunicación lanza las imágenes y los impulsos más contradictorios.

Es preciso volver a educar en el deseo del conocimiento de la verdad auténtica, en la defensa de la propia libertad de elección ante los comportamientos de masa y ante las seducciones de la propaganda, para alimentar la pasión de la belleza moral y de la claridad de la conciencia. Esta delicada tarea corresponde a los padres de familia y a los educadores que los apoyan; y también es una tarea de la comunidad cristiana con respecto a sus fieles.

Por lo que atañe a la conciencia cristiana, a su crecimiento y a su alimento, no podemos contentarnos con un fugaz contacto con las principales verdades de fe en la infancia; es necesario también un camino que acompañe las diversas etapas de la vida, abriendo la mente y el corazón a acoger los deberes fundamentales en los que se basa la existencia tanto del individuo como de la comunidad.

Sólo así será posible ayudar a los jóvenes a comprender los valores de la vida, del amor, del matrimonio y de la familia. Sólo así se podrá hacer que aprecien la belleza y la santidad del amor, la alegría y la responsabilidad de ser padres y colaboradores de Dios para dar la vida. Si falta una formación continua y cualificada, resulta aún más problemática la capacidad de juicio en los problemas planteados por la biomedicina en materia de sexualidad, de vida naciente, de procreación, así como en el modo de tratar y curar a los enfermos y de atender a las clases débiles de la sociedad.

Ciertamente, es necesario hablar de los criterios morales que conciernen a estos temas con profesionales, médicos y juristas, para comprometerlos a elaborar un juicio competente de conciencia y, si fuera el caso, también una valiente objeción de conciencia, pero en un nivel más básico existe esa misma urgencia para las familias y las comunidades parroquiales, en el proceso de formación de la juventud y de los adultos.

Bajo este aspecto, junto con la formación cristiana, que tiene como finalidad el conocimiento de la persona de Cristo, de su palabra y de los sacramentos, en el itinerario de fe de los niños y de los adolescentes es necesario promover coherentemente los valores morales relacionados con la corporeidad, la sexualidad, el amor humano, la procreación, el respeto a la vida en todos los momentos, denunciando a la vez, con motivos válidos y precisos, los comportamientos contrarios a estos valores primarios. En este campo específico, la labor de los sacerdotes deberá ser oportunamente apoyada por el compromiso de educadores laicos, incluyendo especialistas, dedicados a la tarea de orientar las realidades eclesiales con su ciencia iluminada por la fe.

Por eso, queridos hermanos y hermanas, pido al Señor que os mande a vosotros, y a quienes se dedican a la ciencia, a la medicina, al derecho y a la política, testigos que tengan una conciencia verdadera y recta, para defender y promover el "esplendor de la verdad", en apoyo del don y del misterio de la vida. Confío en vuestra ayuda, queridos profesionales, filósofos, teólogos, científicos y médicos. En una sociedad a veces ruidosa y violenta, con vuestra cualificación cultural, con la enseñanza y con el ejemplo, podéis contribuir a despertar en muchos corazones la voz elocuente y clara de la conciencia.

"El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón —nos enseñó el concilio Vaticano II—, en cuya obediencia está la dignidad humana y según la cual será juzgado" (Gaudium et spes, 16). El Concilio dio sabias orientaciones para que "los fieles aprendan a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana" y "se esfuercen por integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana, pues ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios" (Lumen gentium, 36).

Por esta razón, el Concilio exhorta a los laicos creyentes a acoger "lo que los sagrados pastores, representantes de Cristo, decidan como maestros y jefes en la Iglesia"; y, por otra parte, recomienda "que los pastores reconozcan y promuevan la dignidad y la responsabilidad de los laicos en la Iglesia, se sirvan de buena gana de sus prudentes consejos" y concluye que "de este trato familiar entre los laicos y los pastores se pueden esperar muchos bienes para la Iglesia" (ib., 37).

Cuando está en juego el valor de la vida humana, esta armonía entre función magisterial y compromiso laical resulta singularmente importante: la vida es el primero de los bienes recibidos de Dios y es el fundamento de todos los demás; garantizar el derecho a la vida a todos y de manera igual para todos es un deber de cuyo cumplimiento depende el futuro de la humanidad. También desde este punto de vista resalta la importancia de vuestro encuentro de estudio.

Encomiendo sus trabajos y resultados a la intercesión de la Virgen María, a quien la tradición cristiana saluda como la verdadera "Madre de todos los vivientes". Que ella os asista y os guíe. Como prenda de este deseo, os imparto a todos vosotros, a vuestros familiares y colaboradores, la bendición apostólica.

[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]

ZS07032020

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