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Santa Sede
El Papa recibe la invitación para intervenir ante el Parlamento Europeo
Benedicto XVI y la presidenta de Irlanda constatan las raíces cristianas de Europa
Las prioridades en la comunicación para la Iglesia
El mayor pecado contra los pobres es la indiferencia, advierte el predicador del Papa

Análisis
Los símbolos religiosos en la encrucijada

Mundo
«Oración y caridad para hacer renacer a la Iglesia en Corea del Norte»
México: No callarán a la Iglesia en su defensa del derecho a la vida
Los derechos de los niños están por encima de los debates ideológicos

Entrevistas
El camino de la integración europea, 50 años después de los Tratados de Roma

Espiritualidad
Predicador del Papa: «Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados»

 




 


Santa Sede



El Papa recibe la invitación para intervenir ante el Parlamento Europeo
Propuesta del presidente de la Eurocámara, Hans-Gert Pöttering

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org).- El presidente del Parlamento europeo Hans-Gert Pöttering, ha invitado este viernes a Benedicto XVI a tomar la palabra en una sesión plenaria de la Eurocámara.

Pöttering, alemán, fue recibido en audiencia privada al final de su visita a Roma, en la que ha participado en un congreso convocado por la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea, con motivo del 50 aniversario de los Tratados de Roma, que instituyeron la Comunidad Europea.

«El presidente aprovechó esta ocasión para transmitir una invitación al Papa a pronunciar un discurso durante una sesión plenaria del Parlamento Europeo», informó el servicio de prensa del presidente.

Pöttering ha sido uno de los promotores del reconocimiento de las raíces cristianas en el Tratado constitucional europeo.

Juan Pablo II tomó la palabra ante el Parlamento Europeo de Estrasburgo el 11 de octubre de 1988.
ZS07032303

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Benedicto XVI y la presidenta de Irlanda constatan las raíces cristianas de Europa


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org).- La audiencia que concedió Benedicto XVI este viernes a la presidenta de Irlanda, Mary McAleese, ha servido para subrayar las raíces cristianas de Europa.

Después del encuentro con el Santo Padre, la presidenta fue recibida también por el secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone.

«Se ha hablado de los temas más generales de la construcción de Europa y de sus raíces cristianas, así como del desarrollo del proceso de paz en Irlanda del Norte», explica un comunicado emitido posteriormente por la Oficina de Información de la Santa Sede.

«Durante los coloquios, que se han desarrollado en un clima de gran cordialidad –añade la nota--, se han afrontado los problemas sobre la situación de la Iglesia en Irlanda y se ha profundizado en particular en el inicio positivo del "Diálogo Estructurado" entre el Estado y las Iglesias, según el espíritu del nuevo Tratado Constitucional Europeo, como vía prometedora para una contribución positiva de las Iglesias en la vida de la sociedad».

Por último, el Papa y sus colaboradores manifestaron aprecio «por el compromiso irlandés en la ayuda desinteresada al desarrollo de los países más pobres de África, a través del "White Paper on Aid"».
ZS07032302

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Las prioridades en la comunicación para la Iglesia
Monseñor Foley revela conclusiones de la asamblea del Consejo para las Comunicaciones Sociales

GAP (FRANCIA), viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org).- La formación constituye una de las prioridades en el compromiso de la Iglesia para evangelizar a través de las comunicaciones sociales, ha revelado el arzobispo John P. Foley.

El presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales lo constata en un mensaje, leído en su nombre por el señor Thaddeus Jones, de ese dicasterio vaticano, 2007, ante la reunión del la Comisión para los Medios de Comunicación de los Obispos de Europa que se celebra en el Santuario di Notre-Dame de Laus, Gap (Francia) del 23 al 25 marzo 2007.

En su mensaje, monseñor Foley, que en estos momentos se encuentra de visita pastoral en Sudáfrica, informa sobre las conclusiones de la reciente asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales celebrada en el Vaticano del 5 al 9 de marzo 2007 sobre el tema «Prioridades en la comunicación para la Iglesia y para nuestro Consejo».

Según los participantes en el encuentro del Consejo vaticano, que al final fueron recibidos en audiencia por Benedicto XVI, las prioridades identificadas para la Iglesia en el campo de la comunicación son las siguientes:

1. «Formación en la comunicación y medios de comunicación y entrenamiento para seminarios profesores, seminaristas, clero, religiosos y laicos»;
2. «Educación en los medios de comunicación para todas las edades en todas las escuelas»;
3. «Mejorar la presencia en Internet (educación a distancia, prensa virtual, blogs, video, libre acceso)»;
4. «Estudiar y utilizar mejor de los lenguajes de los medios de comunicación en continua evolución, con una sensibilidad particular por las culturas locales (inculturación) »;
5. «Promoción de las radios locales».

En esa reunión se analizaron también las prioridades para el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.

Según las indicaciones de los participantes en la asamblea, las prioridades para ese dicasterio vaticano son:

1. «Organizar una jornada de estudio o crear una organización para proteger y educar a los niños en su relación con los medios de comunicación»;
2. «Dar más importancia y reconocimiento a Asia y África»;
3. «Organizar encuentros internacionales para crear un mejor entendimiento mutuo y posibles sinergias entre los profesionales de los medios de comunicación católicos»;
4. «Establecer canales permanentes de intercambio y reflexión con las universidades católicas sobre el tema de la comunicación y de lo medios de comunicación».
5. «Continuar con la idea de un banco de programas par la televisión compartidos, y considerar una plataforma de intercambio de noticias para la televisión».

Monseñor Foley informa a los participantes en el encuentro europeo de comisiones episcopales de Europa que el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales en este último año se ha internacionalizado gracias a sus nuevos oficiales: el sacerdote boliviano, el padre Ariel Beramendi, y del sacerdote de Burkina Faso, el padre Janvier Yameogo.
ZS07032301

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El mayor pecado contra los pobres es la indiferencia, advierte el predicador del Papa
En su tercera predicación de Cuaresma al Santo Padre y a la Curia

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org).- Una alerta ante el pecado de la indiferencia hacia los pobres y un llamamiento a reducir el escandaloso abismo que les separa de los saciados lanzó este viernes el predicador de la Casa Pontifica ante el Papa y sus colaboradores de la Curia.

En su tercera predicación de Cuaresma, en torno a las Bienaventuranzas Evangélicas, el padre Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap., abordó la aplicación práctica de la que se refiere a los pobres y hambrientos.

Y lo hizo integrando cuanto recogen los evangelios de Lucas y Mateo: «Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados» el primero; y la del segundo, que habla de los que tienen hambre y sed de «justicia».

Los que tienen hambre son los pobres « considerados en el aspecto más dramático de su condición, la falta de alimento»; «paralelamente, los "saciados" son los ricos que en su prosperidad pueden satisfacer no sólo la necesidad, sino también la voluntad al comer», apuntó.

Resaltó la advertencia evangélica respecto a los «ricos»: «no son condenados por el simple hecho de ser ricos, sino por el uso que hacen, o no, de su riqueza».

Y mostró la actualidad la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro, refiriéndola a cuanto sucede, a escala mundial, entre el primer mundo y el tercer mundo.

«El mayor pecado contra los pobres y los hambrientos es tal vez la indiferencia», lamentó el predicador del Papa, recordando que «ignorar las inmensas muchedumbres de mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor –como escribía Juan Pablo II en la encíclica "Sollicitudo rei socialis" - «significaría parecernos al rico epulón que fingía no conocer al mendigo Lázaro, postrado a su puerta».

Por eso hay que «echar abajo las barreras y dejarse invadir por una sana inquietud a causa de la espantosa miseria que hay en el mundo» -exhortó-, a ejemplo de Cristo, que suspiraba de compasión ante las carencias de la gente.

«Eliminar o reducir el injusto y escandaloso abismo que existe entre los saciados y los hambrientos del mundo es la tarea más urgente y más ingente que la humanidad ha llevado consigo sin resolver al entrar en el nuevo milenio», constató.

Y es «una tarea en la que sobre todo las religiones deberían distinguirse y hallarse unidas más allá de toda rivalidad», -recalcó el predicador del Papa- porque «una empresa de esta envergadura no puede promoverla ningún líder o poder político, condicionado como está por los intereses de la propia nación y frecuentemente por poderes económicos fuertes».

Ejemplo, al respecto, ha dado Benedicto XVI con su «fuerte llamamiento» -recordó el padre Cantalamessa- del pasado enero al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede: « el escándalo del hambre –dijo en aquella ocasión el Santo Padre--, que tiende a agravarse, es inaceptable en un mundo que dispone de bienes, de conocimientos y de medios para subsanarlo».

Sumó a su reflexión a los que «tienen hambre de justicia», pues «estar de lado de los hambrientos y de los pobres entra en las obras de justicia».

«Toda la justicia que Dios pide del hombre se resume en el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo --recalcó el padre Cantalamessa--. Es el amor al prójimo por lo tanto el que debe impulsar a los hambrientos de justicia a preocuparse de los hambrientos de pan. Y éste es el gran principio a través del cual el Evangelio actúa en el ámbito social».

«Jesús nos ha dejado una antítesis perfecta del banquete del rico epulón, la Eucaristía», surbayó: «en ella se realiza la perfecta "comensalidad"», «la misma comida y la misma bebida, y en la misma cantidad, para todos».

Pero advirtió de lo que sucede -«objetivamente, si bien no siempre culpablemente»- incluso «entre millones de cristianos que, en los distintos continentes, participan en la Misa dominical», pues «hay algunos que, de regreso a casa, tienen a disposición todo bien, y otros que no tienen nada que dar de comer a sus propios hijos».

La reciente exhortación post-sinodal de Benedicto XVI sobre la Eucaristía [«Sacramentum caritatis» ] «recuerda con fuerza» -insistió el predicador de la Casa Pontificia-: «El alimento de la verdad nos impulsa a denunciar las situaciones indignas del hombre, en las que a causa de la injusticia y la explotación se muere por falta de comida, y nos da nueva fuerza y ánimo para trabajar sin descanso en la construcción de la civilización del amor».
ZS07032306

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Análisis



Los símbolos religiosos en la encrucijada
Aumenta la hostilidad ante los símbolos cristianos

ROMA, viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org).- Los símbolos cristianos parecen estar en vías de extinción. El pasado octubre, se quitó una cruz en el altar de la capilla del College of William and Mary, en Williamsburg, Virginia, por orden de la presidenta de la institución, Gene Nichol.

La decisión desató un duro debate, que culminó con el anuncio de que la cruz volvería a la capilla, informó el Washington Times el 7 de marzo. La cruz, no obstante, no volverá al altar, sino que será colocado en un expositor en una caja de cristal.

Esta última decisión se tomó después de que alumnos consternados hubieran amenazado con la retirada de millones de dólares en donaciones.

En un reportaje el 26 de diciembre sobre la controversia, el Washington Post observaba que la presidenta del colegio quería quitar la cruz para no excluir a los estudiantes no cristianos. El artículo añadía, sin embargo, que, antes de su decisión, cualquier persona que utilizara la capilla podía pedir que se quitara la cruz para bodas y otros servicios.

El College of William and Mary es la segunda institución educativa más antigua de Estados Unidos y su capilla fue construida por Wren en 1732. En 1906 se convirtió en una institución financiado por el estado. La cruz, informaba el Washington Post, fue donada por la Iglesia Episcopaliana Bruton Parish y ha estado allí desde los años treinta.

El símbolo de la cruz también ha recibido ataques en Canadá a finales del año pasado. El consejo superior de la Universidad Simon Fraser, en la Columbia Británica, decidió quitar las dos cruces de su escudo de armas, informó el periódico National Post el 27 de diciembre.

Warren Gill, vicepresidente de relaciones de la Universidad, explicó que las cruces junto con el hecho de que las universidad debe su nombre a una persona – el explorador Simon Fraser – haya llevado a «culturas extranjeras» a concluir erróneamente que la universidad «es una universidad religiosa privada, en vez de una institución provincial», informaba el National Post.

En España, ha surgido el conflicto de los crucifijos en las aulas de los colegios públicos. Una escuela primaria de Valladolid decidió quietar los crucifijos de las clases, informaba ABC el 27 de noviembre.

Comentando el asunto, el arzobispo de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo, declaró que es mucho más importante enseñar a un joven alumno cristiano a respetar a una chica que use el velo musulmán, y que ella respete al chico que lleva un crucifijo, que prohibir a ambos que lleven ambos símbolos.

El 13 de enero, el ABC informaba de otra escuela pública en Palencia que volvió a poner los crucifijos tras las protestas de los padres ante la decisión de quitarlos.

Excepto la religión
El artículo también informaba de que las disputas de los colegios están teniendo lugar en un momento en el que la conferencia episcopal ha criticado al gobierno por su celo en excluir los símbolos religiosos de los eventos públicos.

De hecho, esto ha sido tema de una carta pastoral de los obispos, publicada el 23 de noviembre. El texto observa que hay un «alarmante desarrollo» del laicismo en la sociedad española. No se trata de la necesidad de salvaguardar la independencia del orden temporal y sus instituciones, sino más bien de un intento de excluir a Dios totalmente.

Cualquier referencia a Dios, observaban los obispos en su declaración, es considerada cada vez más como una señal de inmadurez intelectual y una falta de libertad humana. Este extenderse del ateísmo en la cultura moderna, continuaba el documento, marca un cambio fundamental en la vida de cada persona, dado que Dios es parte vital de las raíces y cultura de muchas sociedades.

El deseo de excluir a Dios de este modo tan radical, comentaban los obispos, se debe al deseo de ser dueños absolutos del propio destino, y de ordenar la sociedad según la propia voluntad sin referencia a ninguna autoridad más alta. De aquí surge el menosprecio de la religión y la consideración idolátrica de los bienes del mundo como bien supremo, añadían los prelados.

En Inglaterra sigue el debate sobre los símbolos cristianos. El año pasado se pidió a una empleada de British Airways que no llevara una pequeña cruz al cuello en su trabajo. A principios de año, la Robert Napier School de Gillingham, en Kent, pidió a una de sus estudiantes católicas, que se quitara un colgante con una cruz, informaba el 13 de enero el periódico Daily Mail.

Su familia protestó rápidamente, observando que el colegio permite a las alumnas musulmanas usan pañuelos en la cabeza y los estudiantes sikhs van a clase con turbantes y brazaletes, apuntaba el artículo.

Perder el trabajo
Los conflictos entre trabajo y religión son frecuentes en Estados Unidos. En el 2003, Connie Rehm de Savannah, Missouri, perdió su puesto de trabajo en la biblioteca pública de la ciudad por negarse a trabajar los domingos.

La biblioteca había comenzado a abrir los domingos, pero Rehm, luterana, declaró que su fe le prohibía trabajar ese día.

Fue readmitida el pasado otoño tras llegar su caso hasta los tribunales federales, informaba el 16 de noviembre Associated Press.

La importancia del tema de la discriminación religiosa se refleja en la decisión del Departamento de Justicia de Estados Unidos de poner en marcha un programa para ayudar a proteger a las personas en este tema. El First Freedom Project fue lanzado el 20 de febrero por el Fiscal General, Alberto Gonzales.

Es frecuente referirse a la libertad religiosa como la «Primera Libertad» porque aparece en primer lugar en la Carta de Derechos, observaba la nota de prensa de la página web del proyecto.

Junto a este proyecto, el Departamento de Justicia publicó su Informe sobre la Aplicación de las Leyes que protegen la Libertad Religiosa: Años Fiscales 2001-2006».

Papel en la sociedad
Tratando el tema de los derechos humanos y la religión, el observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, Mons. Celestino Migliore, defendía la necesidad de respetar la libertad religiosa. En su discurso del 27 octubre ante un comité de la Asamblea General, el representante vaticano apuntaba que es esencial la libertad de creencia, culto y testimonio de la propia fe.

«La Santa Sede sigue preocupada por algunas situaciones en las que la existencia de medidas legislativas y administrativas aprobadas o propuestas para limitar la práctica, observación o propagación de la religión son una realidad», afirmaba Mons. Migliore.

El primer ministro de Irlanda, Bertie Ahern, defendió recientemente los derechos de la religión en la vida pública. Existe «un legítimo papel para las Iglesias y las comunidades de fe en la vida pública», manifestaba el 26 de febrero en la inauguración de lo que se ha llamado «Diálogo Estructurado con las Iglesias, las Comunidades de Fe y los Organismos no Confesionales».

El diálogo con las iglesias y los grupos religiosos, continuaba, es importante para «comprender las creencias y los valores que han formado nuestras instituciones, costumbres y valores y que proporcionan la clave del sentido pleno de la identidad de mucha de nuestra gente».

«Retroceder como país en nuestra viva y vibrante vida de fe religiosa sería una perdida y un error», sostenía el líder irlandés. «Las actitudes morales inculcadas en una cultura de fe son la esencia de las creencias de muchísimas personas que no se considerarían a sí mismos adscritos a ninguno credo o denominación particular».

«Si la Irlanda moderna dislocara su herencia de creencias religiosas, nuestra cultura y nuestra sociedad estarían a la deriva de sus raíces más profundas y de una de las fuentes más vitales que nutren su crecimiento y dirección hacia el futuro», sostenía Ahern.

La primer ministro describía como «no liberales» las voces que forman parte del laicismo agresivo que ignora la importancia de la dimensión religiosa y desean confinar la religión de forma estricta a la esfera privada.

Los gobiernos, continuó, «que rechazan o no logran entrar en diálogo con las comunidades e identidades religiosas, corren el riesgo de no cumplir sus deberes fundamentales para con sus ciudadanos».

Por el padre John Flynn

ZS07032320

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Mundo



«Oración y caridad para hacer renacer a la Iglesia en Corea del Norte»
Recomienda el cardenal Cheong, administrador apostólico de Pyongyang

SEÚL, viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org).- Con motivo del 80 aniversario de la erección de la diócesis de Pyongyang, capital de la República Popular Democrática de Corea, los católicos coreanos se reunieron en la catedral de Seúl, capital de Corea del Sur, para pedir que la sangre de los mártires del Norte devuelva vigor y libertad a la Iglesia y los fieles oprimidos por el régimen estalinista, informa AsiaNews.

Seguir rezando por Corea del Norte para que la sangre de sus mártires sea semilla de libertad para la Iglesia y toda la población, y al mismo tiempo mantener abierto cualquier posible canal de diálogo con todos los interlocutores, para devolver al país libertad y justicia. Esta es la invitación contenida en los mensajes leídos en la catedral de Nuestra Señora de Lourdes, en Seúl, el pasado 18 de marzo, con motivo de la conmemoración del 80 aniversario de la erección de diócesis de Pyongyang.

En su homilía, el arzobispo de Seúl y administrador apostólico de Pyongyang, cardenal Nicholas Cheong Jin-suk, dijo: «Debemos recordar siempre el valor de la oración, sobre todo cuando pensamos en nuestros hermanos del Norte. Sabemos que su fe está obligada al silencio, y sobre todo por esto debemos elevar oraciones cada vez más fervorosas a nuestro Salvador».

El predecesor del cardenal Cheong, el arzobispo emérito Stephen Kim Sou-hwan, añadió: «El modo mejor de recordar este drama, para mí, es mirar el Anuario pontificio y ver, cada año, un renglón vacío (donde debería estar el nombre del actual obispo de la capital norcoreana, ndr). Debemos sin embargo recordar siempre que hay esperanza incluso donde no parece, porque creemos en Cristo, que siempre ha ayudado a los perseguidos».

El nuncio apostólico, el arzobispo Emil Paul Tscherring, pidió por su parte «recordar en oración a la población que sufre» aunque subrayó la importancia de «hacer lo posible para mostrar con acciones prácticas la solidaridad y el amor cristiano».

Un testimonio importante fue aportado por el padre Vittorino Youn Kong-hi, nacido en la provincia de Pyongyang y luego huido del régimen estalinista, quien dijo: «Estoy seguro de que en Corea del Norte hay una base fuerte para la evangelización. Esta nació y se mantiene viva gracias a la sangre de los mártires coreanos que, como escribe Tertuliano, es la semilla de la fe».

La situación de la Iglesia Católica en Corea del Norte es dramática. Desde finales de la guerra civil (1953), las tres circunscripciones eclesiásticas y toda la comunidad católica fueron diezmadas de manera brutal por el régimen estalinista, que no ha dejado vivo a ningún sacerdote local y ha expulsado a los extranjeros. Se estiman en más de trescientos mil los cristianos «desaparecidos», durante los primeros años de la persecución de Kim Il-sung, el entonces dictador del país.

Sin embargo, el Papa ha seguido manteniendo vivo al clero asignando las «sedi vacanti et ad nutum Sanctae Sedis» a algunos ordinarios surcoreanos. Actualmente, además del cardenal Cheong, tienen cargos monseñor John Chan Yik, obispo de Chuncheon y administrador de Hamhung, y el padre Simon Peter Ri Hyeong-u, abad del monasterio benedictino de Waegwan y administrador de Tokwon.

Para testimoniar la persecución del régimen, en el Anuario pontificio aparece todavía el obispo de Pyongyang monseñor Francis Hong Yong-ho (que hoy tendría 101 años), desaparecido el 10 marzo de 1962, y nunca fue declarado oficialmente muerto.

En la actualidad, no hay estructuras eclesiásticas ni sacerdotes residentes. Tras la inauguración de la primera iglesia ortodoxa, en la capital norcoreana el pasado agosto, la comunidad católica es la única que no tiene ningún sacerdote para sus fieles.
El número oficial de católicos reconocidos es de 800, un número muy inferior a los tres mil declarados recientemente por el Gobierno.

La llamada Asociación de los católicos norcoreanos, una organización creada y gestionada por el régimen, sigue declarándose interlocutor oficial de los católicos locales. La Santa Sede, sin embargo, ha desanimado siempre una visita de los dirigentes de la Asociación a Roma, dado que quedan serias dudas sobre su estatus jurídico y canónico Hay en efecto sospechas de que sean sólo funcionarios de partido y ni siquiera católicos.

En Corea del Norte se permite sólo el culto del líder Kim Jong-Il y de su padre Kim Il-Sung. El régimen ha tratado siempre de obstaculizar la presencia religiosa, en especial de budistas y cristianos, e impone a los fieles el registro en organizaciones controladas por el Partido.

Pyongyang declara que hay libertad religiosa en el país y que está garantizada por la Constitución: cifras gubernamentales oficiales hablan de cerca de diez mil budistas, diez mil protestantes y tres mil católicos. Las estimaciones del Gobierno se refieren sólo a los fieles inscritos en las asociaciones reconocidas. En Pyongyang hay tres iglesias, dos protestantes y una católica.

Según el Informe de Ayuda a la Iglesia Necesitada de 2004, sobre la libertad religiosa en el mundo, en estas iglesias protestantes se hace mucha propaganda al régimen, y dentro actúan ministros que equiparan al «querido líder» Kim Jong-Il a un semidiós.

En la única iglesia católica no actúa ningún sacerdote, pero se realiza sólo una oración colectiva una vez a la semana. Estos lugares de culto han sido varias veces definidos «espejos para las alondras», destinadas a los pocos turistas que logran visitar el país.
ZS07032307

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México: No callarán a la Iglesia en su defensa del derecho a la vida
Asegura el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano

MÉXICO, viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org-El Observador).- El presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), el obispo de Texcoco, monseñor Carlos Aguiar Retes, afirmó, de manera categórica que «a la Iglesia católica no la callarán para defender el derecho a la vida».

En conferencia de prensa convocada este jueves y ante la insistencia de legisladores de izquierda y líderes sociales que han pedido que la Iglesia católica permanezca fuera del debate sobre la despenalización del aborto en el Distrito Federal, el purpurado mexicano advirtió que «por el simple hecho de que México es un país democrático, no le callarán la boca a la Iglesia católica para defender el derecho a la vida».

Además, afirmó Aguiar Retes, la CEM se ha sumado a la convocatoria a la sociedad a manifestarse el próximo domingo en contra de la legalización del aborto, propuesta por diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF).

El obispo Aguiar Retes, quien también es vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), pidió que la discusión en torno a las causales de aborto que pretenden introducir los asambleístas del Distrito Federal, se amplíe y se realice un plebiscito o encuesta para conocer el punto de vista de la población.

La marcha en contra de las medidas que pretende tomar la ALDF, se realizará el próximo domingo 25 de marzo, coincidiendo con el Día Internacional por la Vida. Concluirá con una misa en la Basílica de Guadalupe que presidirá el cardenal y arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera.
ZS07032305

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Los derechos de los niños están por encima de los debates ideológicos
Propuesta de la profesora Janne Matlary

ROMA, viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org).- La defensa de los derechos de los niños ayuda a superar los debates ideológicos actuales que están teniendo por víctima a la familia, considera la profesora Janne Halaand Matlary.

Profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Oslo, ex secretaria de Estado para Asuntos Exteriores de Noruega, Matlary pronunció la conferencia inaugural del XVII congreso internacional «Derechos y responsabilidad de la Familia», que se celebra en Roma del 23 al 24 de marzo por iniciativa de la International Federation for Family Development (IFFD).

En la conferencia, que llevaba por título «La familia, ¿puede definirse por las políticas occidentales?», Matlary se preguntó si es necesaria una redefinición legal y política de la familia.

El debate político actual, considera Matlary, es testigo del debate entre dos perspectivas diferentes.

Por un lado está el constructivismo, que parte del presupuesto, según el cual, el género, la paternidad y la maternidad, son una construcción social, y por tanto están sometidos al cambio.

A esta visión se le opone la perspectiva de quienes apoyan la familia como institución natural en todas las culturas y sociedades.

La batalla tiene un argumento central: ¿puede el Parlamento cambiar la definición de familia? ¿Lo puede hacer un Estado? ¿Lo puede hacer un juez?, se preguntó.

Un problema crucial, añadió, es que, si los derechos humanos dependen de las diferentes interpretaciones, entonces, ¿pueden seguir definiéndose derechos humanos?

¿Cómo podría Europa defender los derechos humanos en el exterior si los Estados europeos comenzaran a redefinir los derechos humanos en su interior?, se preguntó por poner un ejemplo.

Si se dejara libertad a los estados «canallas» para interpretar los derechos humanos como quisieran, toda la política exterior de Occidente desparecería de un plumazo, reconoció.

Para superar los debates ideológicos, Matlary propuso una solución: «aceptar que los niños tienen derechos que los adultos no tienen, y que estos derechos están antes que los derechos de los adultos».

Concentrarse en los derechos de los niños no autoriza la falta de atención por la unidad de la familia, pues los niños necesitan atención y estabilidad, constató.

Si en vez de hablar del derecho de los adultos a casarse, se hablara del derecho de los niños a tener padres y familias estables, entonces se reduciría la fuerza de las reivindicaciones individualistas, concluyó la profesora.
ZS07032304

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Entrevistas



El camino de la integración europea, 50 años después de los Tratados de Roma
Entrevista al padre Jesús Villagrasa, profesor de Filosofía

ROMA, viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org).- Del 23 al 25 de marzo próximos, con motivo del cincuenta aniversario de los Tratados de Roma, que marcaron el inicio del proceso de unificación europea, la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE), está celebrando en Roma un Congreso de carácter continental.

Para profundizar en el significado y relevancia de este acontecimiento y para repasar el camino realizado hasta ahora por la Unión Europea, Zenit ha entrevistado al padre Jesús Villagrasa, profesor de Filosofía del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum», quien acaba de publicar en Italia el libro «El árbol y la obra. Fidelidad creativa a las raíces cristianas de Europa» («L’albero e il cantiere. Fedeltà creativa alle radici cristiane dell’Europa», Ediciones Art, Roma 2006).

--¿Hay algo que «celebrar» el próximo 25 de marzo?

--Villagrasa: ¡Cincuenta años de integración europea! No es poco. Es verdad, el momento que está atravesando el proceso de integración es delicado. El euro-escepticismo está muy difundido. A la aceleración del proceso, quizá excesiva, que se dio tras el año 2000 con el objetivo de lograr cuanto antes un Tratado constitucional que pudiera sancionar la integración política y no sólo económica de la Unión Europea (UE), le ha seguido el brusco frenazo provocado por el «no» de los franceses y holandeses a la ratificación de este Tratado. Nótese bien que el «no» ha sido pronunciado precisamente por la población de dos de los países fundadores de la UE. Para superar esta embarazosa situación, Alemania, presidente de turno de la UE durante el primer semestre de 2007, está trabajando para desbloquearla y hacer aprobar un «mini-tratado».

--En estos 50 años de historia de integración europea, ¿cuáles serían los grandes momentos que habría que recordar?

--Villagrasa: Quizá habría que recordar a las personas que animaron los primeros, decisivos, pasos. Luego podrían citarse algunas piedras miliares en las progresivas ampliaciones y en los sucesivos tratados.

--¿Cuáles serían estas personalidades de los orígenes de la integración europea?

--Villagrasa: Sin duda, Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi y Robert Schuman, tres católicos convencidos del valor de la Doctrina Social de la Iglesia, líderes de partidos democristianos, provenientes de regiones de frontera, por tanto zonas discutidas entre naciones europeas. Además, tenían una inspiración filosófica bastante compartida que hacía referencia al humanismo de Jacques Maritain, al personalismo de Emmanuel Mounier, al popularismo de don Luigi Sturzo y al valor de la solidaridad. Tras estos tres grandes personajes, hay otros protagonistas de extracción diversa, como Jean Monnet, Paul-Henri Spaak y Altiero Spinelli.

--¿No es sorprendente que todos sean católicos?

--Villagrasa: Esa es la cuestión. Pienso que un católico está mejor dispuesto a promover formas de integración y cooperación internacional porque está menos expuesto a nacionalismos estrechos. Otros, ya en la primera fase de integración veían otras motivaciones. Los partidos comunistas europeos, que hacían referencia a Moscú, consideraron la Europa de Schuman, Adenauer y De Gasperi como una «invención democristiana» o una «Europa vaticana», combatiéndola en los debates parlamentarios.

Cuando en 1957, fueron firmados los Tratados de Roma, la izquierda italiana y europea manifestó su radical oposición a los mismos. El Partido Comunista italiano, en concreto, definió los Tratados como «un instrumento político antidemocrático, grave y peligroso», afirmando que la Europa de los Seis llevaría a una comunidad política dominada por Alemania, bajo el patrocinio de los Estados Unidos. Sin embargo, dentro de la izquierda, se abrió camino en aquellos años el europeísmo «federalista» de A. Spinelli, que preveía la transferencia de la soberanía política de los Estados nacionales a un verdadero Estado europeo, según el modelo estadounidense o suizo.

--Si se tuviera que conferir el título de «Padre de Europa» a alguno de estos protagonistas, ¿quién se lo merecería?

--Villagrasa: A la luz de este quincuagésimo aniversario de los Tratados de Roma, creo que Robert Schuman es el primer candidato. Tuvo el gran mérito de proponer un modelo de cooperación económica, basado en la estrategia de los pequeños pasos, que se traducirá, el 18 de abril de 1951, en la firma en París del Tratado para la creación de la Comunidad europea del carbón y el acero (CECA) entre los seis miembros fundadores: Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo.

El éxito de la CECA fue tal que aquellos seis países decidieron integrar otros sectores, en concreto la agricultura y el transporte, con la firma de los Tratados de Roma (25 de marzo de 1957) que instituyeron la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea para la Energía Atómica (Euratom). Vamos a celebrar el quincuagésimo aniversario de este compromiso de remover las barreras comerciales y aduanales existentes para constituir un «mercado común» y consentir la libre circulación de mercancías, capitales y mano de obra. Ciertamente, la UE no ha sido hecha por un hombre y habría sido una pobre realidad sin la ulterior apertura a los demás países de Europa.

--Luego vinieron las ampliaciones de la CEE y de la UE...

--Villagrasa: Tras los seis países fundadores, se adhirieron Dinamarca, Irlanda y Gran Bretaña en 1973, Grecia en 1981, España y Portugal en 1986. Se integran ya a la UE Austria y Finlandia en 1995, y otros diez países en 2004: República Checa, Estonia, Chipre, Letonia, Lituania, Hungría, Malta, Polonia, Eslovenia y República Eslovaca. En 2007, ingresan Bulgaria y Rumanía. Algunos de los tratados de la UE han nacido por exigencia de adaptación a estas ampliaciones.

--¿Qué puede recordar de estos tratados?

--Villagrasa: Tras la elección del primer Parlamento europeo por sufragio universal en 1979 y con el fondo político marcado por la «perestroika» de Gorvachov, se firma el «Acta Única Europea» (1986) que refuerza la cohesión socioeconómica e inicia la evolución de la CEE hacia la Unión política. Tras la caída del Muro de Berlín y la autodisolución de la Unión Soviética, se firma el Tratado de Maastricht (1992) que crea una nueva entidad supranacional, la Unión Europea, instituye la ciudadanía de la UE, prepara la llegada de la moneda única, extiende e inicia la puesta en marcha de una política exterior de seguridad común y de una cooperación en materia de justicia y asuntos internos. A petición de los «länder» alemanes se incluye en el Tratado el principio de subsidiariedad.

El Tratado de Amsterdam (1997) trata por primera vez el tema de las Iglesia y de las religiones, y no logra introducir la esperada reforma de las cuatro «instituciones fundamentales»: Parlamento, Consejo de Ministros, Comisión Ejecutiva y Tribunal de Justicia.

El Consejo Europeo de Colonia de junio de 1999 pide la redacción de una «Carta europea de derechos fundamentales» que será aprobada en Niza en diciembre de 2000. El Tratado de Niza introduce en lugar del voto por unanimidad el voto por mayoría cualificada. El largo y complejo Tratado constitucional redactado a petición del Consejo Europeo de Laeken (2001), tras muchas negociaciones ligadas sobre todo al sistema de voto establecido en Niza (que nos gustaba a Francia y Alemania) fuE firmado en Roma el 29 de noviembre de 2004.

Se sancionaba así la unidad política y económica de los 25 países miembros de la UE. Luego, los franceses y holandeses, llamados a referéndum, no aprobaron la ratificación del Tratado, por motivos de descontento económico y social.

--¿Cómo juzgar este «no»?

--Villagrasa: Las motivaciones de los ciudadanos no son muy altas o altruistas. Pero son realistas. Y este realismo puede ayudar a una clase política dominada, quizá, por ideologías e intereses nacionales. Este «no» puede ser provechoso para la UE. En el proceso de ratificaciones se había emprendido, en muchos países, con gran superficialidad. ¡Se quería ganar el primer puesto en la carrera de las ratificaciones! Los ciudadanos no pudieron reflexionar sobre el contenido del Tratado.

--¿Cuál cree que es la posición de la Iglesia al respecto?

--Villagrasa: La Iglesia católica, sustancialmente favorable a un proceso de integración que favorecía la paz y prosperidad en Europa, se mostró contraria a la falta de mención de las raíces cristianas en el preámbulo. El hecho de que varios Papas se hayan mostrado favorables a un cierto modelo de unificación no significa que su empeño sea de naturaleza política o que quiera devolver a Europa una posición de superioridad, o sea la expresión de un sueño de restauración de la «Respublica christiana» de la Edad Media.

Los pontífices no tienen un proyecto «político» para la Europa del mañana, ni ofrecen sugerencias técnicas para superar las dificultades de Europa. La Iglesia se interesa por los grandes procesos que viven sus hijos y da orientaciones de naturaleza pastoral. Se da cuenta de que la UE, que se construye y se da una Constitución, puede ofrecer un paradigma de lo que puede llegar a ser la aldea global: una comunidad respetuosa de las diferencias y anclada en un genuino humanismo. Y se preocupa cuando ve una Europa que reniega de su identidad y de su historia.

--¿Entre tantos problemas técnicos que los políticos deben afrontar, piensa que esta mención de las . raíces cristianas sea relevante?

--Villagrasa: Se trata de una cuestión de realismo político. Si no está claro lo que es Europa y lo que quiere ser la UE, si no se conoce su identidad y no se determinan bien sus objetivos, la construcción de la UE se quedaría sin fundamentos y por tanto no tendrá futuro. Juan Pablo II dijo que las raíces cristianas son para Europa la principal garantía de su futuro. Se trata de volver la mirada al pasado para empeñarse hoy en la construcción del futuro. El reconocimiento del origen, de las raíces históricas y culturales de Europa, de todo lo que hace de Europa una realidad única y distinta de las demás, habría podido ser incluido en un texto ideal, como el Preámbulo del Tratado, capaz de inspirar el sentimiento de pertenencia de los europeos. Pero no ha sido así porque no se ha querido hacer mención del cristianismo.
ZS07032321

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Espiritualidad



Predicador del Papa: «Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados»
Tercera predicación de Cuaresma al Papa y a la Curia

CIUDAD DEL VATICANO , viernes, 23 marzo 2007 (ZENIT.org).- «Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados – Las bienaventuranzas evangélicas» es el tema de la tercera predicación de Cuaresma que, ante Benedicto XVI y la Curia, pronunció este viernes el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap., predicador de la Casa Pontificia.

Ofrecemos íntegramente el texto de dicha predicación.

La primera y la segunda se publicaron en Zenit, respectivamente, el 9 y el 16 de marzo.

 

* * *



 

P. Raniero Cantalamessa

«BIENAVENTURADOS LOS QUE TENÉIS HAMBRE AHORA,
PORQUE SERÉIS SACIADOS»

Tercera Predicación de Cuaresma a la Casa Pontificia



1. Historia y Espíritu

La investigación sobre el Jesús histórico, hoy tan en auge –tanto la que hacen estudiosos creyentes como la radical de los no creyentes- esconde un grave peligro: el de inducir a creer que sólo lo que, por esta nueva vía, se pueda remontar al Jesús terreno es «auténtico», mientras que todo lo demás sería no-histórico y por lo tanto no «auténtico». Esto significaría limitar indebidamente sólo a la historia los medios que Dios tiene a disposición para revelarse. Significaría abandonar tácitamente la verdad de fe de la inspiración bíblica y por lo tanto el carácter revelado de las Escrituras.

Parece que esta exigencia de no limitar únicamente a la historia la investigación sobre el Nuevo Testamento comienza a abrirse camino entre diversos estudiosos de la Biblia. En 2005 se celebró en Roma, en el Instituto Bíblico, una consulta sobre «Crítica canónica e interpretación teológica» («C anon Criticism and Theological Interpretation») con la participación de eminentes estudiosos del Nuevo Testamento. Aquella tenía el objetivo de promover este aspecto de la investigación bíblica que tiene en cuenta la dimensión canónica de las Escrituras, integrando la investigación histórica con la dimensión teológica.

De todo ello deducimos que «palabra de Dios», y por lo tanto normativo para el creyente, no es el hipotético «núcleo originario» diversamente reconstruido por los historiadores, sino lo que está escrito en los evangelios. El resultado de las investigaciones históricas hay que tenerlo enormemente en cuenta porque es el que debe orientar a la comprensión también de los desarrollos posteriores de la tradición, pero la exclamación «¡Palabra de Dios!» seguiremos pronunciándola al término de la lectura del texto evangélico, no al término de la lectura del último libro sobre el Jesús histórico.

Las dos lecturas, la histórica y la de fe, tienen entre sí un importante punto de encuentro. «Un evento es histórico –escribió un eminente estudioso del Nuevo Testamento- cuando asoman en él dos requisitos: ha "sucedido" y además ha asumido una relevancia significativa determinante para las personas que estuvieron involucradas en él y establecieron su narración» [1]. Existen infinitos hechos realmente ocurridos que, en cambio, no pensamos en definir «históricos», porque no han dejado huella alguna en la historia, no han suscitado ningún interés, ni han hecho nacer nada nuevo. «Histórico» no es por lo tanto el descarnado hecho de crónica, sino el hecho más el significado de él.

En este sentido, los evangelios son «históricos» no sólo por lo que refieren verdaderamente ocurrido, sino por el significado de los hechos que sacan a la luz bajo la inspiración del Espíritu Santo. Los evangelistas y la comunidad apostólica antes que ellos, con sus añadidos y subrayados diversos, no hicieron sino evidenciar los diferentes significados o implicaciones de un determinado dicho o hecho de Jesús.

Juan se preocupa de hacer que se explique anticipadamente por Jesús mismo este hecho cuando le atribuye las palabras: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga y os anunciará lo que ha de venir» (Jn 16,12-13).

Estas observaciones nos resultan de particular utilidad cuando se trata del uso que hay que hacer de las bienaventuranzas evangélicas. Es bien sabido que las bienaventuranzas nos han llegado en dos versiones distintas. Mateo tiene ocho bienaventuranzas; Lucas sólo cuatro, seguidas, en cambio, de otros tantos «ay» contrarios. En Mateo el discurso es indirecto: «bienaventurados los pobres», «bienaventurados los que tienen hambre»; en Lucas el discurso es directo: «bienaventurados vosotros, los pobres», «bienaventurados los que tenéis hambre»; Lucas dice «pobres» y «hambrientos», Mateo pobres «de espíritu» y hambrientos «de justicia»

Después de toda la labor crítica realizada para distinguir lo que, en las bienaventuranzas, se remonta al Jesús histórico y lo que es propio de Mateo y de Lucas, [2], la tarea del creyente de hoy no es la de elegir como auténtica una de las dos versiones y dejar de lado la otra. Se trata más bien de recoger el mensaje contenido en una y otra versión evangélica y –según los casos y las necesidades de hoy- valorar, cada vez, una u otra perspectiva, como hizo cada uno de los dos evangelistas en su tiempo.

2. Quiénes son los hambrientos y quiénes los saciados

Siguiendo este principio, reflexionamos hoy sobre la bienaventuranza de los hambrientos, partiendo de la versión de Lucas: «Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados». Veremos, en un segundo momento, que la versión de Mateo, que habla de «hambre de justicia», no se opone a la de Lucas, sino que la confirma y refuerza.

Los que tienen hambre, en la bienaventuranza de Lucas, no constituyen una categoría diferente de los pobres mencionados en la primera bienaventuranza. Son los mismos pobres considerados en el aspecto más dramático de su condición, la falta de alimento. Paralelamente, los «saciados» son los ricos que en su prosperidad pueden satisfacer no sólo la necesidad, sino también la voluntad al comer. Es el propio Jesús quien se preocupó de explicar quiénes son los saciados y quiénes los que tienen hambre. Lo hizo con la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro (Lc 16, 19-31). También ésta considera pobreza y riqueza bajo la perspectiva de la falta o sobreabundancia de alimento: el rico «celebraba todos los días espléndidas fiestas»; el pobre «deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico».

La parábola sin embargo no explica sólo quiénes son los hambrientos y quiénes los saciados, sino también, y sobre todo, por qué los primeros son declarados bienaventurados y los segundos desventurados: «Un día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado... en el infierno entre tormentos»

La riqueza y la saciedad tienden a encerrar al hombre en un horizonte terreno porque «donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Lc 12, 34); agravan el corazón con la disipación y la ebriedad, sofocando la semilla de la palabra (Cf. Lc 21, 34); hacen olvidar al rico que la noche siguiente podrían pedírsele cuentas de su vida (Lc 16,19-31); hacen la entrada en el Reino «más difícil que para un camello pasar por el ojo de una aguja» (Lc 18, 25).

El rico epulón y los demás ricos del evangelio no son condenados por el simple hecho de ser ricos, sino por el uso que hacen, o no, de su riqueza. En la parábola del rico epulón Jesús da a entender que habría, para el rico, un camino de salida, el de acordarse de Lázaro a su puerta y compartir con él su opulenta comida.

El remedio, en otras palabras, es hacerse «amigos de los pobres con las riquezas» (Lc 16, 9); el administrador infiel es elogiado por haber hecho esto, si bien en un contexto equivocado (Lc 16, 1-8). Pero la saciedad confunde el espíritu y hace extremadamente difícil ir por esta vía; la historia de Zaqueo muestra cómo es posible, pero también lo raro que es. De ahí el porqué del «ay» dirigido a los ricos y a los saciados; un «¡ay!», en cambio, que es más un «¡atentos!» que un «¡malditos!».

3. A los hambrientos colmó de bienes

Desde este punto de vista, el mejor comentario a la bienaventuranza de los pobres y de los que tienen hambre es lo que dice María en el Magnificat.

«Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos
y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes
y despidió a los ricos sin nada»
(Lc 1, 51-53).

Con una serie de poderosos verbos, María describe un vuelco y un cambio radical de partes entre los hombres: «Derribó – exaltó; colmó – despidió sin nada». Algo, por lo tanto, ya sucedido o que sucede habitualmente en la acción de Dios. Contemplando la historia no parece que haya habido una revolución social por la que los ricos, de golpe, hayan empobrecido y los hambrientos hayan sido saciados de alimento. Si por lo tanto lo que se esperaba era un cambio social y visible, ha habido un desmentido total por parte de la historia.
El vuelco ha sucedido, ¡pero en la fe! Se ha manifestado el reino de Dios y esto ha provocado una silenciosa, pero radical revolución. El rico aparece como un hombre que ha ahorrado una ingente suma de dinero; por la noche ha habido un golpe de Estado con una devaluación del cien por cien; por la mañana el rico se levanta, pero no sabe que es un pobre miserable. Los pobres y los hambrientos, al contrario, están en ventaja, porque están más dispuestos a acoger la nueva realidad, no temen el cambio; tienen el corazón preparado.

Santiago, dirigiéndose a los ricos, decía: «Llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida» (St 5, 1-2). También aquí, nada testifica que en tiempos de Santiago los bienes de los ricos se pudrieran en los graneros. El apóstol quiere decir que ha ocurrido algo que les ha hecho perder todo valor real; se ha revelado una nueva riqueza. «Dios –escribe también Santiago- ha escogido a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino» (St 2, 5).

Más que «una incitación a derribar a los potentados de sus tronos para exaltar a los humildes», como a veces se ha escrito, el Magnificat es una saludable advertencia dirigida a los ricos y a los poderosos acerca del tremendo peligro que corren, exactamente como el «ay» de Jesús y la parábola del rico epulón.

4. Una parábola actual

Una reflexión sobre la bienaventuranza de los que tienen hambre y de los saciados no puede contentarse con explicar su significado exegético; debe ayudarnos a leer con ojos evangélicos la situación en marcha a nuestro alrededor y a actuar en ella en el sentido indicado por la bienaventuranza.

La parábola del rico epulón y del pobre Lázaro se repite hoy, entre nosotros, a escala mundial. Ambos personajes incluso representan los dos hemisferios: el rico epulón el hemisferio norte (Europa occidental, América, Japón); el pobre Lázaro es, con pocas excepciones, el hemisferio sur. Dos personajes, dos mundos: el primer mundo y el «tercer mundo». Dos mundos de desigual tamaño: el que llamamos «tercer mundo» representa en realidad «dos tercios del mundo» (se está afirmando el uso de llamarlo precisamente así: no «tercer mundo», third world , sino «dos tercios del mundo», two-third world).

Hay quien ha comparado la tierra a una astronave en vuelo por el cosmos, en la que uno de los tres astronautas a bordo consume el 85% de los recursos presentes y brega por acaparar también el restante 15%. El desperdicio es habitual en los países ricos. Hace años una investigación realizada por el Ministerio de Agricultura americano calculó que de 161 mil millones de kilos de productos alimentarios, 43 mil millones, esto es, cerca de la cuarta parte, acaban en la basura. De este alimento desechado, se podrían recuperar fácilmente, si se quisiera, cerca de 2 mil millones de kilos, una cantidad suficiente para alimentar durante un año a cuatro millones de personas.

El mayor pecado contra los pobres y los hambrientos es tal vez la indiferencia, fingir no ver, «dar un rodeo (Cf. Lc 10, 31). Ignorar las inmensas muchedumbres de mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor –escribía Juan Pablo II en la encíclica "Sollicitudo rei socialis" - «significaría parecernos al rico epulón que fingía no conocer al mendigo Lázaro, postrado a su puerta» [3].

Tendemos a poner, entre nosotros y los pobres, un doble cristal. El efecto del doble cristal, hoy tan aprovechado, es que impide el paso del frío y del ruido, diluye todo, hace llegar todo amortiguado, atenuado. Y de hecho vemos a los pobres moverse, agitarse, gritar tras la pantalla de la televisión, en las páginas de los periódicos y de las revistas misioneras, pero su grito nos llega como de muy lejos. No llega al corazón, o llega ahí sólo por un momento.

Lo primero que hay que hacer, respecto a los pobres, es por lo tanto romper el «doble cristal», superar la indiferencia, la insensibilidad, echar abajo las barreras y dejarse invadir por una sana inquietud a causa de la espantosa miseria que hay en el mundo. Estamos llamados a compartir el suspiro de Cristo: «Siento compasión por esta gente que no tiene nada qué comer»: mi sereor super turba (Cf. Mc 8, 2). Cuando se tiene ocasión de ver con los propios ojos qué es la miseria y el hambre, visitando las aldeas o las periferias de las grandes ciudades en ciertos países africanos (a mí me ha sucedido hace algunos meses en Ruanda), la compasión deja sin palabras.

Eliminar o reducir el injusto y escandaloso abismo que existe entre los saciados y los hambrientos del mundo es la tarea más urgente y más ingente que la humanidad ha llevado consigo sin resolver al entrar en el nuevo milenio. Una tarea en la que sobre todo las religiones deberían distinguirse y hallarse unidas más allá de toda rivalidad. Una empresa de esta envergadura no puede promoverla ningún líder o poder político, condicionado como está por los intereses de la propia nación y frecuentemente por poderes económicos fuertes. El Santo Padre Benedicto XVI ha dado ejemplo de ello con el fuerte llamamiento, dirigido el pasado enero, al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, como hizo también el año pasado en la misma ocasión:

«Entre las cuestiones esenciales, ¿cómo no pensar en los millones de personas, especialmente mujeres y niños, que carecen de agua, comida y vivienda? El escándalo del hambre, que tiende a agravarse, es inaceptable en un mundo que dispone de bienes, de conocimientos y de medios para subsanarlo» [4].

5. «Bienaventurados los que tienen hambre de justicia»

Decía al principio que las dos versiones de la bienaventuranzas de los hambrientos, la de Lucas y la de Mateo, no se presentan alternativamente, sino que se integran recíprocamente. Mateo no habla de hambre material, sino de hambre y sed de «justicia». De estas palabras se han dado dos interpretaciones fundamentales.

Una, en línea con la teología luterana, interpreta la bienaventuranza de Mateo a la luz de lo que dirá San Pablo sobre la justificación mediante la fe. Tener hambre y sed de justicia significa tomar conciencia de la propia necesidad de justicia y de la incapacidad para procurársela solos con las obras y por lo tanto esperarla humildemente de Dios. La otra interpretación ve en la justicia «no la que Dios mismo pone por obra o la que Él concede, sino la que Él reclama al hombre» [5], en otras palabras, las obras de justicia.

A la luz de esta interpretación, con mucho la más común y exegéticamente más fundada, el hambre material de Lucas y el hambre espiritual de Mateo ya no carecen de relación entre sí. Estar de lado de los hambrientos y de los pobres entra en las obras de justicia y será, más aún, según Mateo, el criterio según el cual ocurrirá al final la separación entre justos e injustos (Cf. Mt 25).

Toda la justicia que Dios pide del hombre se resume en el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo (Cf. Mt 22, 40). Es el amor al prójimo por lo tanto el que debe impulsar a los hambrientos de justicia a preocuparse de los hambrientos de pan. Y éste es el gran principio a través del cual el Evangelio actúa en el ámbito social. En cuanto a este punto, lo había percibido adecuadamente la teología liberal:

«En ninguna parte del Evangelio –escribe uno de sus más ilustres representantes, Adolph von Harnack- encontramos que enseñe a mantenernos indiferentes ante los hermanos. La indiferencia evangélica (no preocuparse del alimento, del vestido, del mañana) expresa más que nada lo que cada alma debe sentir ante el mundo, sus bienes y sus lisonjas. Cuando se trata, en cambio, del prójimo, el Evangelio no quiere ni oír hablar de indiferencia, sino que impone amor y piedad. Además, el Evangelio considera absolutamente inseparables las necesidades espirituales y temporales de los hermanos» [6].

El Evangelio no incita a los hambrientos a hacerse solos justicia, a alzarse, también porque en tiempos de Jesús –a diferencia de hoy- aquellos no tenían instrumento alguno, ni teórico ni práctico, para hacerlo; no les pide el inútil sacrificio de ir a dejarse matar detrás de algún agitador celote o cualquier Espartaco local. Jesús actúa sobre la parte fuerte, no sobre la parte débil; afronta, Él, la ira y el sarcasmo de los ricos con sus «ay»( Lc 16, 14), no deja que sean las víctimas las que lo hagan.

Buscar a toda costa, en el Evangelio, modelos o invitaciones explícitas dirigidas a los pobres y a los hambrientos par que se empleen en cambiar solos la propia situación es vano y anacrónico, y hace perder de vista la verdadera contribución que él puede dar a su causa. En esto tiene razón Rudolph Bultmann cuando escribe que «el cristianismo ignora cualquier programa de transformación del mundo y no tiene propuestas que presentar para la reforma de las condiciones políticas y sociales» [7], si bien su afirmación necesitaría alguna distinción.

El de las bienaventuranzas no es el único modo de afrontar el problema de la riqueza y pobreza, hambre y saciedad; hay otros, hechos posibles por el progreso de la conciencia social, a los cuales justamente los cristianos dan su apoyo y la Iglesia, con su Doctrina Social, su propio discernimiento.

El gran mensaje de las bienaventuranzas es que, independientemente de lo que hagan o no por ellos los ricos y saciados, incluso así, en el estado actual, la situación de los pobres y de los hambrientos por la justicia es preferible a la de los primeros.

Existen planos y aspectos de la realidad que no se perciben a simple vista, sino sólo con la ayuda de una luz especial, rayos infrarrojos o ultravioletas. Se usa ampliamente en las fotografías de satélite. La imagen obtenida con esta luz es muy distinta y sorprendente para quien está acostumbrado a ver el mismo panorama a la luz natural. Las bienaventuranzas son una especia de rayos infrarrojos: nos ofrecen una imagen distinta de la realidad, la única verdadera, porque muestra lo que al final quedará, cuando haya pasado «el esquema de este mundo».

6. Eucaristía y compartir

Jesús nos ha dejado una antítesis perfecta del banquete del rico epulón, la Eucaristía. Esta es la celebración diaria del gran banquete al que el señor invita a «pobres y lisiados, y ciegos y cojos» (Lc 14, 15-24), esto es, a todo los pobres Lázaros que hay alrededor. En ella se realiza la perfecta «comensalidad»: la misma comida y la misma bebida, y en la misma cantidad, para todos, para quien preside como para el último que ha llegado a la comunidad, para el riquísimo como para el paupérrimo.

El vínculo entre el pan material y el espiritual era bien visible en los primeros tiempos de la Iglesia, cuando la cena del Señor, llamada agape, tenía lugar en el marco de una comida fraterna, en la que se compartía tanto el pan común como el eucarístico.

A los corintios que habían errado sobre este punto, San Pablo escribía: «Cuando os reunís, pues, en común, eso ya no es comer la Cena del Señor; porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga» (1 Co 11, 20-22). Acusación gravísima; es como decir: ¡la vuestra ya no es una Eucaristía!

Hoy la Eucaristía ya no se celebra en el contexto de una comida común, pero el contraste entre quien tiene lo superfluo y quien no tiene lo necesario ha adquirido dimensiones planetarias. Si proyectamos la situación descrita por Pablo de la Iglesia local de Corinto a la Iglesia universal, nos damos cuenta con pesar de que es lo que –objetivamente, si bien no siempre culpablemente- sucede también en la actualidad. Entre millones de cristianos que, en los distintos continentes, participan en la Misa dominical, hay algunos que, de regreso a casa, tienen a disposición todo bien, y otros que no tienen nada que dar de comer a sus propios hijos.

La reciente exhortación post-sinodal sobre la Eucaristía recuerda con fuerza: «El alimento de la verdad nos impulsa a denunciar las situaciones indignas del hombre, en las que a causa de la injusticia y la explotación se muere por falta de comida, y nos da nueva fuerza y ánimo para trabajar sin descanso en la construcción de la civilización del amor» [8].

El 0,8% [porcentaje de asignación tributaria del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas en Italia. Ndt] mejor gastado es el que se destina a la Iglesia con este objetivo, sosteniendo las diversas «Caritas» nacionales y diocesanas, las mesas de los pobres, iniciativas para la alimentación en los países en vías de desarrollo. Uno de los signos de vitalidad de nuestras comunidades religiosas tradicionales son las mesas de los pobres que existen en casi todas las ciudades, en las que se distribuyen miles de comidas al día en un clima de respeto y de acogida. Es una gota en un océano, pero también el océano, decía la Madre Teresa de Calcuta, está hecho de muchas pequeñas gotas.

Me gustaría concluir con la oración que rezamos a diario, antes de la comida, en mi comunidad: «Bendice, Señor, este alimento que por tu bondad vamos a tomar, ayúdanos a proveer de él también a quienes no lo tienen y haznos partícipes un día de tu mesa celestial. Por Cristo Nuestro Señor».

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

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[1] D. H. Dodd, Storia ed Evangelo, Brescia 1976, p.23.
[2] Cf. J. Dupont, Le beatitudini, 2 Voll. Edizioni Paoline 1992 (ed. originale Parigi 1969).
[3] Giovanni Paolo II, Enc. "Sollicitudo rei socialis", n. 42.
[4] Discours du pape Benoît XVI pour les vœux au corps diplomatique accrédité près le saint- siège, Lundi 8 janvier 2007.
[5] Cf. Dupont, II, pp. 554 ss.
[6] A. von Harnack, Il cristianesimo e la società, Mendrisio 1911, pp. 12 ss.
[7] R. Bultmann, Il cristianesimo primitivo, Milano 1964, p. 203 (Titolo orig. Das Urchristentum im Rahmen der antiken Religionen).
[8] «Sacramentum caritatis» , n.90.
ZS07032322

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