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Actualidad
25 de marzo, Día de la Vida
Documentación
Por una cultura de la vida
«Sobre el grave problema del aborto»
Un «sí» apasionado y vibrante a la vida
Campaña orquestada contra la familia
Actualidad
25 de marzo, Día de la Vida
ROMA, sábado, 24 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la presentación del Día de la Vida, 25 de marzo, redactada por la asociación Provida de Valencia (España).
En el primer Congreso Internacional Provida, celebrado en Madrid en el 2003 se acordó por abrumadora mayoría tras una encuesta mundial contestada por más de 5000 grupos y asociaciones de más de 20 países de Europa y América que en todo el mundo se celebrase el día de la vida, día del niño por nacer o día de la vida naciente, el día 25 de Marzo de cada año.
Historia del Día de la Vida
El primer país que celebró el día de la Vida de manera institucionalizada fue El Salvador en 1993. La primera celebración oficial del Día del Niño por Nacer en Argentina, se produjo el 25 de marzo de 1999 por iniciativa del entonces presidente Carlos Menen respaldado por la Conferencia Episcopal.
El acto central se realizó en el Teatro Coliseo de Buenos Aires y congregó a representantes de la Iglesia Católica en el país e invitados especiales como el Cardenal Bernard Law, Arzobispo de Boston, Estados Unidos; monseñor Francisco Gil Hellín, Secretario del Pontificio Consejo para la Familia del Vaticano; y monseñor Renato Martino, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas. También estuvieron presentes representantes de las iglesias ortodoxas y cristianas, así como líderes judíos y musulmanes.
Poco antes de la fiesta, el entonces Presidente Menem escribió una carta a todos los presidentes de los países de América Latina, así como a los de España, Portugal y Filipinas, pidiéndoles seguir la iniciativa comenzada en El Salvador y de declarar el 25 de marzo como Día del Niño por Nacer, Día de la vida naciente o Día de la Vida.
El Papa Juan Pablo II, por su parte, envió una carta al Presidente Menem en la que hizo votos «para que la celebración del 'Día del niño por nacer' favorezca una opción positiva en favor de la vida y del desarrollo de una cultura orientada en este sentido, que asegure la promoción de la dignidad humana en todas las situaciones».
Países donde se ha instituido el Día del Niño por Nacer
El Congreso de Guatemala el 20 de mayo de 1999 declaró a instancias de la Iglesia y de varias ONGs el día 25 de marzo como Día nacional del Niño no nacido. La declaración oficial señala que de esta manera se espera "promover una cultura de vida y de defensa de la vida desde el momento de su concepción".
En Chile, a partir de una campaña que contaba con el apoyo de miles de firmas y varios alcaldes, el 18 de mayo de 1999 la Cámara de Senadores aprobó por unanimidad un proyecto de acuerdo por el que se solicita al Presidente de la República se sirva declarar el día 25 de marzo de cada año, como el día del niño concebido.
En el marco del III Encuentro de Políticos y Legisladores de América, que se realizó del 3 al 5 de agosto de 1999 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, la primera dama de Costa Rica, Lorena Clara de Rodríguez, anunció la celebración de un día por la vida del no nacido en Costa Rica. El entonces presidente costarricense Miguel Angel Rodríguez, proclamó el 27 de julio como Día Nacional de la Vida Antes de Nacer.
En Nicaragua, el presidente de la República, Arnoldo Aleman, con el apoyo de la Iglesia y de los grupos provida, dictó el día 25 de enero de 2000 un decreto por el que declara el día 25 de marzo de cada año como el "Día del Niño por Nacer". El primer magistrado nicaragüense fundamenta su resolución en que la Constitución Política de la República, en su artículo 23 declara que "el derecho a la vida es inviolable e inherente a la persona humana". Luego añade que como "la vida humana necesita de cuidado y protección especiales, tanto antes como después del nacimiento", el Estado nicaragüense reconoce "como una de sus prioridades velar por el desarrollo integral de las personas por nacer". Finalmente el decreto reconoce que "el derecho a la vida, inherente a cada uno de los habitantes de la Nación y del mundo, constituye el eje principal de los derechos humanos y por tanto, merece de la decidida atención del Estado, sus instituciones y de toda la sociedad nicaragüense".
En República Dominicana fue aprobada a instancias del señor cardenal, a comienzos del año 2001, la ley civil que instituye la celebración, considerando como "apropiado y necesario consignar un día al Niño por Nacer, con la finalidad de propiciar la reflexión sobre el importante papel que representa la mujer embarazada en el destino de la humanidad, y el valor de la vida humana que porta en su seno".
En Brasil el proyecto de ley que instituirá el Día del Niño por Nacer, espera su aprobación en la Cámara de Diputados. Se trata de una iniciativa del diputado Severino Cavalcanti (PPB/PE) con el apoyo de los provida y de la Iglesia, que reclama la fiesta para cada 25 de marzo. El proyecto, que recibió el número 947/1999, debe ser primero evaluado en la Comisión de Seguridad Social y Familia de la Cámara de Diputados.
Actualmente, en Venezuela, Uruguay y Panamá, grupos de defensa de la vida promueven campañas de recolección de firmas para lograr el reconocimiento de la fiesta por la autoridades civiles. En Uruguay, cada 25 de marzo, ciudadanos -principalmente católicos- realizan marchas pacíficas de protesta contra las clínicas de aborto clandestinas, reparten volantes defendiendo los derechos de los no nacidos y alertan a las mujeres sobre los graves daños psicológicos y físicos que el aborto les puede causar.
El Perú es, en este momento, el último país en haber instituido por ley, la fiesta de la vida. En enero del 2002, el Congreso de la República Peruana declaró el 25 de marzo como "Día del Niño por Nacer", luego del arduo esfuerzo de la asociación de defensa de la vida CEPROFARENA por recolectar las firmas necesarias para su legalización con el apoyo del cardenal y de toda la jerarquía de la Iglesia.
La Iglesia católica en México celebrará por quinto año consecutivo este 25M el "Día de la Vida concebida en el seno materno", instituido por los prelados también en el marco de la solemnidad del misterio de la Encarnación.
"Día del Niño no Nacido" es el nombre que la fecha recibe en Austria, según acordaron los grupos pro-vida del país y se celebra también el 25M.
En Eslovaquia, por cuarto año consecutivo, los grupos pro-vida han enviado una carta al Consejo Nacional de la República Eslovaca solicitando que el 25 de marzo se declare como "Día del Niño Concebido".
En Cuba, la arquidiócesis de La Habana celebrará el "Día por la Vida" el 25M con un Rosario viviente, la entrega de premios del concurso de dibujo infantil por la Vida y la celebración eucarística presidida por el señor cardenal en la parroquia habanera de Nuestra Señora del Carmen.
Finalmente, en Filipinas Durante la Misa por la fiesta de la Anunciación en Malacañang, la Presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, declaró oficialmente el 25 de marzo como el Día del No Nacido. En su declaración, Arroyo afirmó que la conmemoración de la visita del ángel Gabriel a María requiere dar una importancia especial a los bebés que mueren por causa de complicaciones durante el embarazo.
En España las diócesis de Madrid y Palencia, entre otras, han proyectado ya actos para conmemorar el día de la Vida este próximo 25 de marzo.
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Documentación
Por una cultura de la vida
Mensaje de los obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de España
MADRID, sábado, 24 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje de los obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española sobre el 25 de marzo, Día de la Vida.
* * *
El domingo 25 de Marzo, muchas diócesis y asociaciones celebrarán el día de la Vida. Con esta ocasión los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida queremos dirigirnos a todos para ofrecer unos puntos de reflexión y para manifestar nuestro apoyo y aliento a esta celebración.
1. Ante la situación actual de España
La última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó unas Orientaciones morales ante la situación actual de España, que querían ofrecer unos criterios para el discernimiento que hoy es necesario.
En el terreno de la vida, nos encontramos en un momento preocupante de nuestra historia. Por un lado, los recientes cambios legislativos han llevado a que España tenga una de las legislaciones que menos protege la vida humana en el mundo entero. Por otro lado, desde las instituciones se promueve la promiscuidad sexual con la falsa esperanza de que el preservativo o el recurso a la “píldora del día después” permitirán una práctica “segura” del sexo. Pero al contrario de lo esperado, las enfermedades de transmisión sexual y los abortos siguen creciendo.
No menor preocupación suscitan algunos temas que aparecen recurrentemente en los medios de comunicación que pueden llegar a anestesiar las conciencias. En particular, diversos grupos de presión y muchos medios de comunicación promueven la regulación legal del aborto libre y de la eutanasia.
Por ello, como Pastores del “Pueblo de la Vida” (Evangelium vitae, n. 78), tenemos que denunciar la extensión en nuestra sociedad de una verdadera “cultura de la muerte”, una visión del hombre que deja sin fundamento sus derechos fundamentales y diluye en la conciencia social el valor de la vida y la dignidad de la persona.
Nos encontramos ante un verdadero “desafío cultural”, un cambio sin precedentes en el corazón y la conciencia de nuestras familias y de la sociedad. Este desafío requiere una respuesta a distintos niveles.
2. Ayudar eficazmente a las madres
La primera acción de promoción de una cultura de la vida es la atención a las situaciones donde la vida de una persona está en peligro. No basta que animemos a una mujer a que se sobreponga a las presiones que la empujan al aborto si no le ofrecemos los medios para ello. Por eso es imprescindible el precioso servicio que tantas asociaciones ofrecen a las madres embarazadas para que puedan llevar adelante su embarazo. Queremos agradecer a todos su trabajo en este campo, a la vez que los alentamos para que perseveren a pesar de tantas dificultades.
En este terreno asistencial tenemos también que felicitarnos por iniciativas como Red Madre, que permite una coordinación y sostenimiento institucional de la ayuda a la mujer embarazada. Nuestra sociedad está tomando conciencia de que muchas veces el aborto se produce porque la mujer se encuentra sola ante una fuerte presión que la empuja al aborto. La sociedad tiene la responsabilidad de ofrecer a estas mujeres la posibilidad de elegir que su hijo llegue a nacer. Por eso, un solo aborto es un enorme fracaso de nuestra sociedad.
3. Necesidad de conversión para generar una cultura de la vida
Siendo insustituible la acción asistencial, no basta esta acción para dar respuesta al desafío cultural al que nos enfrentamos. Es necesario, sobre todo, fomentar entre los propios católicos una experiencia de fe, es decir, del reconocimiento de la presencia de Cristo entre nosotros, verdadera y fiel. Tan verdadera y fiel que pueda determinar todas las dimensiones de nuestra vida, como para que haga resplandecer en nosotros el amor a la propia vida y la gratitud por ella, y como para suscitar en nosotros la voluntad de ayudar y sostener siempre el amor a la vida de los demás, tratando de hacerlo posible con nuestro testimonio del amor de Cristo y con nuestro afecto. Llamar a esta experiencia de fe es llamar a la conversión. Todos contribuimos a la cultura de la muerte cuando nos sometemos a la mentalidad consumista, cuando hacemos del poder, del dinero, del estatus o del éxito social, los criterios que rigen el valor de la vida humana. Por eso, la conversión es siempre la primera responsabilidad de los católicos en relación con la vida. La primera, y la única verdaderamente indispensable, verdaderamente insustituible, si en verdad se ama la vida. En realidad, sólo un sujeto social –un pueblo– agradecido por la experiencia de la redención de Cristo puede expresar con verdad y generar una auténtica cultura de la vida.
Luego, pero sólo en un segundo momento, es necesaria también la presencia de intelectuales que propongan una cultura de la vida, que sean capaces de generar una argumentación adecuada a nuestro tiempo y que pueda iluminar la conciencia social. Personas públicas que se comprometan por la causa de la vida. Instituciones académicas, universitarias y culturales que promuevan en nuestra sociedad el valor de la vida. A las instituciones católicas y no católicas que trabajan por defender la vida, les queremos manifestar nuestro apoyo y aliento a su dura tarea. Esperamos que su común servicio a la vida sea capaz de generar una unidad de acción y un espíritu de comunión. Esta unidad será un testimonio convincente para la sociedad y también la garantía de un trabajo más fecundo.
4. Necesidad de incidir en las leyes y las políticas sociales
Una cultura de la vida, si es verdadera y no sólo un eslogan ideológico, incidirá necesariamente en la política. Un pueblo que ama la vida actúa sobre los partidos políticos que han de representarle para que propongan en sus planes electorales y luego desarrollen una legislación donde el valor de la vida sea protegido y promovido.
En el campo del aborto y de la reproducción asistida, tenemos en España unas leyes que atentan contra la vida, y que por tanto tienen que ser abolidas.
Pero también debemos tomar conciencia de que si las autoridades sanitarias velaran por el cumplimiento de la ley y de las condiciones en que el aborto está despenalizado, no es temerario suponer que el número de abortos en España se reduciría drásticamente. Por ello, a la vez que pedimos a la sociedad y a los políticos la abolición de los supuestos en los que el aborto está despenalizado, porque es una ley gravemente injusta, instamos a las instituciones sanitarias a que persigan estos abusos. Es una grave responsabilidad de las autoridades.
5. La gravísima amenaza de la eutanasia
Una de las cuestiones que vemos con mayor preocupación es la campaña que, desde diversos ámbitos, se realiza para promover la aceptación social de la eutanasia. La metodología es la que se empleó en la legalización del aborto: se presentan casos dramáticos para que el sentimiento, aparentemente “bueno” y “piadoso” de “ayudar” al enfermo que sufre, se imponga al recto juicio. Es, pues, una manipulación que no por sutil es menos real. Estos últimos días lo hemos vivido con mayor intensidad por el desgraciado caso de todos conocido.
Además de denunciar estos hechos como moralmente inaceptables, queremos recordar a la sociedad que una cosa es el suicidio asistido y otra la eutanasia. La práctica legalmente consentida de la eutanasia consiste en que una persona da muerte a otra. Basta que miremos a países cercanos, como Holanda, para comprender lo que esto supone y a dónde llega la sociedad en esta pendiente resbaladiza.
Por otra parte, si consideramos la situación de la práctica del aborto en España, es clara la falacia de los que abogan por una despenalización de la eutanasia en determinados supuestos y con unas rigurosas condiciones. ¿Cómo pueden garantizar que para la eutanasia se cumplirán esas condiciones que en el aborto se ignoran?
Nuestra sociedad está a tiempo de abandonar el camino que la lleva a la práctica de la eutanasia. Para ello tenemos que trabajar con empeño y confianza, sin olvidar que en esto los políticos tienen una singular responsabilidad.
En primer lugar, tenemos que ofrecer nuestro apoyo, compañía, y los medios médicos lícitos para aliviar el dolor y sufrimiento de los enfermos cuya vida sufre un grave deterioro. A la vez que les descubrimos el valor de su sufrimiento unido a la Cruz de Cristo, tenemos que sostenerles en su lucha contra la tentación de la desesperación o el suicidio y aliviar su sufrimiento con los medios que la actual medicina paliativa nos ofrece.
Hay que generar una cultura de la dignidad de la persona enferma y del valor de su vida, que despierte en nuestra en nuestra sociedad la conciencia de la inmoralidad de la eutanasia. Para ello la Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española titulada La eutanasia es inmoral y antisocial puede ser un instrumento útil.
6. Una acción decidida a favor de la vida
Todos tenemos la responsabilidad de promover la vida, cada uno en la medida de sus posibilidades, para evitar la extensión en nuestra sociedad de la cultura de la muerte y de leyes antivida.
La verdad del evangelio exige la coherencia de los católicos en todas las dimensiones de la vida, y también en la vida pública. Es cierto que la primera y más directa responsabilidad respecto de las leyes es de los políticos que las promueven, pero los ciudadanos tenemos la responsabilidad de no respaldar a quienes promueven leyes que atentan, de un modo u otro, contra el valor sagrado de la vida. El bien de la sociedad requiere que cada uno asuma más seriamente su propia responsabilidad, también el conjunto de los cristianos como pueblo, en la construcción de un futuro más humano.
Terminamos recordando unas palabras de las Orientaciones morales aprobadas recientemente, para que nos iluminen en nuestra responsabilidad y en la promoción decidida de una cultura de la vida:
«En consecuencia, los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida y a la justificación moral de sus propuestas y programas. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas. “Es preciso afrontar -señala el Papa- con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social”»(Orientaciones morales ante la situación actual de España, n. 56).
Dios quiera que este tiempo de cuaresma, tiempo de renovación y de conversión, nos ayude a renovar nuestro compromiso por la vida y a convertirnos a la vida. Que la Virgen María, que en el misterio de la Encarnación acogió en su seno al que es la Vida, Jesucristo, nos sostenga en este camino cuaresmal que conduce a la Pascua, fiesta de la Vida. Recibid nuestra más afectuosa bendición.
Madrid, 19 de marzo de 2007, Solemnidad de San José
Los Obispos de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida
Mons. Julián Barrio Barrio,
Presidente de la CEAS
Mons. Juan Antonio Reig Pla,
Presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida
Mons. Francisco Gil Hellín
Mons. Javier Martínez Fernández
Mons. Vicente Juan Segura
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«Sobre el grave problema del aborto»
Nota de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Madrid
MADRID, sábado, 24 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la nota de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Madrid «Sobre el grave problema del aborto»
* * *
La Iglesia, fiel al evangelio de la vida, ha proclamado siempre que sólo Dios es el Señor y Dueño de la vida y de la muerte de los hombres: «Yo doy la muerte y doy la vida», dice el Señor . Por ello, al mismo tiempo que reconoce la soberanía de Dios sobre la vida y muerte de los hombres, la Iglesia ha condenado siempre los ataques contra la vida del hombre, que en nuestra sociedad parecen haber entrado en una espiral imparable. No en vano, Juan Pablo II, calificó como «cultura de muerte» , las corrientes actuales que presentan los atentados directos a la vida como reivindicaciones modernas amparadas en «un concepto perverso de libertad» . El Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la jornada de la Paz de este mismo año, presentaba los ataques a la vida humana como atentados directos a la paz que todos anhelamos: «Hay muertes silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la experimentación sobre los embriones y la eutanasia. ¿Cómo no ver en todo esto un atentado a la paz? El aborto y la experimentación sobre los embriones son una negación directa de la actitud de acogida del otro, indispensable para establecer relaciones de paz duraderas» .
Entre estos atentados contra la vida, el aborto reviste una especial gravedad, por lo que el Concilio Vaticano II no duda en calificarlo de «crimen nefando» . En razón de su intrínseca malicia y de la injusta y terrible indefensión que sufre quien debería recibir todos los cuidados de la familia, de la sociedad y del Estado para alcanzar la meta de la gestación y ser alumbrado a la vida, la Iglesia lo condena con la pena de la excomunión de quienes lo practican y colaboran directamente en él . Los obispos de la Provincia Eclesiástica de la Madrid ya nos vimos obligados a hablar sobre este tema anteriormente . Desgraciadamente, la situación desde entonces ha ido a peor, por lo que consideramos necesario recordar el Magisterio de la Iglesia y exhortar a los cristianos y personas de buena voluntad que quieran escucharnos a tomar conciencia de la gravedad del problema. No podemos acostumbrarnos a situaciones inmorales, ocasionadas por leyes injustas; tampoco podemos pensar que nada se puede hacer por cambiar el rumbo de la sociedad en cuestiones que ponen en peligro el fundamento de la misma sociedad, como es el derecho a la vida.
1. Los datos
Queremos destacar, en primer lugar, la malicia real del fenómeno y su extensión: no estamos ya ante el aborto como un hecho inicuo que se comete de forma particular, sino de una realidad de enormes proporciones que busca su propia justificación al margen de la Ley de Dios y de los más elementales principios morales.
Hemos de tomar conciencia de que el aborto es una auténtica estructura de pecado , que «busca la deformación generalizada de las conciencias para la extensión de su maldad de modo estable» . Después de veinte años de la ley de despenalización del aborto en España (1985), se constata el ritmo constantemente creciente de los abortos llamados «legales» en nuestro país, y en nuestra comunidad autónoma. Se ha extendido la consideración del aborto como recurso fácil ante la dificultad de un embarazo no deseado.
Los datos sobre el aborto en España y en nuestra Comunidad son harto elocuentes. En España se ha llegado en el año 2004 a la cifra de casi 85.000 abortos anuales, de los cuales 16.228 se han realizado en la Comunidad Autónoma de Madrid. Sólo en cinco años se ha producido un incremento de un 45 %; una evolución acelerada que muestra una sociedad a la deriva que ha aceptado como normal una violación tan grave contra la vida humana. En estos años de aplicación de la ley de despenalización del aborto ya se han producido en España más de un millón de muertes por aborto.
En lo que corresponde a nuestra Comunidad, existe un incremento notable de los abortos tardíos (de fetos de más de dos meses -9 semanas- de gestación) que alcanzan ahora el 41% (6.619 abortos) de los totales, cuando el año 2000 eran poco más del 33%. En una sola clínica de Madrid se producen 40 abortos diarios de muy avanzado estado. La cifra de abortos realizados por madres menores de 19 años (1.765) representa ya el 11% del total. Y ha crecido el tanto por ciento de personas paradas que acuden al aborto (2.092) que suma un 13% del total e indica el aumento de número de personas emigrantes que se ven empujadas a cometerlo.
Estas cifras manifiestan que nos encontramos de hecho ante el aborto libre, lo cual es un fraude de ley. Son datos que revelan la incapacidad de la autoridad pública de defender la vida del no nacido y una ineficacia enorme en la prevención de los embarazos no deseados. Detrás de estas estadísticas oficiales, se oculta una tremenda realidad que es necesario recordar: los dramas familiares y las secuelas enormes de las personas más afectadas, que han tomado la decisión de deshacerse del fruto de la concepción y que arrastran su culpa. El denominado «síndrome postaborto» es ya suficientemente conocido, una manifestación clamorosa de la gravedad de lo realizado y que la sociedad pretende silenciar.
2. Un creciente desprecio a la vida
Hablar del aborto en la actualidad nos obliga a denunciar nuevas situaciones donde el desprecio a la vida es especialmente manifiesto y que deben considerarse como nuevas formas de aborto. Por una parte, los efectos psíquicos del aborto tan bien comprobados han conducido a buscar un aborto menos «traumático» que los evite. De ahí la extensión de las «pastillas abortivas» en sus dos tipos principales: la primera (comercializada como RU-486), que se toma directamente tras la comprobación de un embarazo y que mediante tratamientos hormonales provoca el desprendimiento del embrión que había anidado en el seno materno. Por ser un tratamiento bastante agresivo, no ha tenido la aceptación que se esperaba, pues necesita un seguimiento médico con lo que conlleva una clara conciencia de lo que se está cometiendo: un aborto.
El segundo modo de llevarlo a cabo es la denominada «píldora del día después», que se quiere presentar como un anticonceptivo de emergencia en las denominadas «relaciones de riesgo». Es una pastilla que busca impedir la anidación del embrión en el caso de haberse producido la concepción, por lo que se induce directamente el aborto y quien la toma acepta implícitamente esta posibilidad.
Lamentamos profundamente la ligereza con que las Administraciones Públicas han procedido respecto a estos atentados contra la vida humana. Se ha permitido la comercialización de la píldora abortiva; además, se ha promocionado y facilitado gratuitamente la píldora del día después incluso a menores de edad sin informar a los padres. Tampoco se informa con rigor a quienes la piden de los graves efectos secundarios de este tipo de fármacos.
Es evidente que estas prácticas obedecen a una ética social utilitarista que, con tal de evitar la carga de un niño a una persona que no lo deseaba, no le importa eliminarlo, pensando que con ello se acaba el problema. Tiene además la ventaja política de que, con evidente incoherencia, no se cuestiona la clara ilegalidad de muchas de estas intervenciones que no se ciñen a las despenalizadas por la ley, pero que se las considera equivocadamente como un simple tratamiento sanitario que no necesitaría otra aprobación que la del médico.
Por último, hemos de lamentar la ampliación de la ley sobre técnicas de reproducción asistida (14/2006 de 26 de mayo) conducente, casi exclusivamente, a abrir el uso de los denominados embriones sobrantes a la experimentación científica.
En este punto hay que ser especialmente claros con el lenguaje. Se emplea el término «preembrión» para sugerir un estado anterior al de embrión, que debería contar con una protección menor, aunque los legisladores saben que esta terminología va contra los datos científicos. La misma existencia de embriones congelados «sobrantes» muestra el criterio pragmático de producción inhumana que se aplica en estas técnicas. Según esta mentalidad, se busca el uso productivo de los embriones sobrantes: un «material biológico» para experimentación. Ésta se califica con engaño como «terapéutica» cuando todavía de ella no se ha conseguido ninguna práctica curativa y ni siquiera se prevé a medio plazo. Se dan informaciones sobre «células madres» de modo indiferenciado, sin aclarar que son las procedentes de cuerpos adultos, no las embrionarias, las que ya han dado importantes resultados curativos.
En la ley se emplean circunloquios para ocultar que se permite de hecho la clonación humana con un pretendido sentido «terapéutico» de curar a un adulto. Se trata de dejar una puerta abierta a una técnica especialmente aberrante de manipulación genética y que ni siquiera entre animales tiene ninguna aplicación terapéutica previsible a medio plazo. Se ha aprobado también la fabricación de «bebés medicamento»: aquellos que se eligen entre los demás por tener una carga genética que permite curar la enfermedad de algún hermano. Esta práctica es inmoral porque se realiza mediante un proceso eugenésico que desprecia los demás embriones producidos por considerarlos inservibles para el único fin que se busca y termina también con el seleccionado.
Hemos de reconocer en todo ello una falta gravísima de protección de los derechos del embrión al que se trata, en la cuestión del aborto, como una vida sin importancia y, en la actual ley de técnicas de reproducción asistida, simplemente como una cosa. Una falta de protección de un ser humano embrionario que contrasta cruelmente con los cuidados prestados a embriones animales, mucho más protegidas por la ley que los humanos.
3. Graves responsabilidades públicas
Ante esta situación tenemos que recordar la grave responsabilidad de los legisladores que aprueban estas leyes gravemente injustas que crean una gran violencia interna en la sociedad y con las cuales se aplasta sin más los derechos de los que no tienen voz. Es un modo totalitario de legislar que olvida el principio primero de la justicia que reside en el derecho a la vida, fundamento de todos los demás.
Igualmente, hemos de llamar la atención a los gobernantes porque en el modo de aplicar la ley vigente del aborto se lleva a cabo un enorme fraude de ley, ya que en 2004 el 96,7 % de los abortos se produjeron por peligro en la salud física o psíquica de la mujer. No se vigila entonces el cumplimiento exacto de los supuestos de la ley, con lo que la protección del nasciturus, reconocida por el Tribunal Constitucional como uno de sus derechos (Sentencia 53/1985, de 11 de abril), es nula en la práctica.
Constatamos el crecimiento de los debates en temas bioéticos y la aparición de muchos comités de ética para dar solución a estos graves problemas. En este campo se siente la necesidad urgente de una aclaración ética en el ámbito social. Corresponde a los especialistas cristianos en estos temas, entrar en ellos e influir, con fidelidad al magisterio y desde la profunda sabiduría evangélica, para recuperar la importancia de la dimensión moral propia de las profesiones relacionadas con la vida: médicos, personal sanitario, biólogos e investigadores.
A los médicos y personal sanitario, al tiempo que les agradecemos su servicio a la vida, les pedimos que no claudiquen ante concepciones materialistas de la vida y pongan todos sus esfuerzos en la defensa de la vida como don de Dios. No son meros técnicos que aplican un protocolo; deben conservar siempre las convicciones morales básicas recogidas en el juramento hipocrático. Que ejerzan, cuando proceda, la objeción de conciencia; a nadie se le puede obligar a atentar contra la vida de otro ser humano. Esto se extiende también a los farmacéuticos que no son meros comerciantes, sino profesionales al servicio de la salud. Tanto la píldora abortiva como la del día después no son medicinas; por ello, no existe obligación alguna de distribuirlas y sí el deber moral de no venderlas en una acción que sería una cooperación formal con el mal del aborto.
Nuestro pensamiento se dirige también hacia quienes se ven más afectadas por el mal del aborto: las madres gestantes. Muchas veces estas personas se ven presionadas fuertemente y sin ayuda externa, de tal modo que se sienten psicológicamente obligadas a ceder al aborto. En ese caso la responsabilidad moral afecta particularmente a quienes las han forzado a abortar . Un estudio detallado de las causas que llevan a las mujeres a tomar la decisión de abortar muestra que las razones por las que se llega a este extremo son de orden económico y de carencia de auténtica formación afectiva y sexual. Es decir, las políticas sociales se han mostrado muy ineficaces.
Paradójicamente, se gastan ingentes cantidades en «producir» niños y no se ofrecen casi recursos de ayuda a las madres embarazadas sin posibilidades. En la Comunidad Autónoma de Madrid, se ha activado la denominada «redmadre» -con una mayoría de asociaciones de inspiración directamente cristiana- para procurar una ayuda global a las jóvenes embarazadas sin recursos: el sector de población que accede más al aborto. Hemos de felicitar a los que han hecho posible esta iniciativa y esperamos que crezca, también en dotación económica, como alternativa real al aborto, de forma que nadie elija este camino por carencias económicas o de información de asistencia social.
Un fracaso notable de nuestra sociedad es el intento de reducir la tasa de embarazos no deseados entre adolescentes, que sigue creciendo. Es un indicio claro de la carencia de educación moral en nuestro sistema educativo y en la sociedad en general. Se reduce la educación afectivo-sexual a una pura información de las técnicas para evitar un embarazo en una relación sexual. Así se favorecen conductas irresponsables que terminan lamentablemente en el drama del aborto. Por el contrario, la experiencia comprobada de una educación afectivo-sexual basada en la concepción cristiana del hombre y en la virtud de la castidad tiene una eficacia muy notable en la reducción de embarazos no deseados.
4. Una llamada a defender la vida
Al describir esta situación queremos, como pastores del Pueblo de Dios, que nuestros fieles tomen conciencia del enorme desafío que suponen estos problemas ante los que no podemos permanecer impasibles. La sociedad está dañada gravísimamente por el aborto; se trata de un «peligro gravísimo y mortal, el de la confusión entre el bien y el mal en relación con el mismo derecho fundamental a la vida» .
Es preciso responder desde la fe mediante el anuncio gozoso del Evangelio de la vida, capaz de llevar al hombre a la plenitud de su existencia en la tierra, y a la participación en la vida más allá de la muerte.
La Iglesia es el lugar donde mana abundantemente la vida que procede del Espíritu Santo, el Señor vivificante. La Iglesia es el «pueblo de la vida» y el «pueblo para la vida» ; sabe reunir a todas las personas que reconocen en la vida un don precioso. Os exhortamos, pues, a adquirir un «corazón que ve» y sabe apreciar con mirada contemplativa el don de la vida que tiene su fuente verdadera en la vida de Dios y es, por ello, una realidad sagrada e indisponible. De aquí nace el anuncio del Evangelio de la vida en la enseñanza, la catequesis y la formación de la conciencia .
La Iglesia ha respondido al desafío de las distintas revoluciones sexuales de la historia con el llamamiento a una fuerte espiritualidad que reconozca la vida como un don precioso de Dios y la relación que existe entre la acogida agradecida de la vida y la vocación al amor. Por ello, gasta sus energías en una auténtica formación sobre el amor y la vida según el plan de Dios.
Animamos, pues, a padres y educadores, a dedicar sus mejores energías en la formación afectivo-sexual de niños, adolescentes y jóvenes. Se trata de enseñarles a interpretar sus deseos más profundos del corazón en los que existe un lenguaje del amor puesto por Dios. Sin esta educación básica difícilmente aceptarán las exigencias del Evangelio de la vida en el momento de fundar un hogar y realizar su vocación de padres cristianos. Educar para el amor y la vida es una tarea hermosa, pues de ella depende la creación de una sociedad en la que el hombre sea amado por sí mismo, como hijo de Dios, llamado a participar en su misma vida, que recibimos como don sagrado cuando el Hijo de Dios tomó carne en las entrañas de la Virgen María.
Madrid, a 25 de marzo de 2007, Solemnidad de la Encarnación del Señor.
+ Antonio María Rouco Varela, Cardenal Arzobispo de Madrid
+ Jesús E. Catalá Ibáñez, Obispo de Alcalá de Henares
+ Joaquín Mª Lz. de Andújar y Canovas del Castillo, Obispo de Getafe
+ Fidel Herráez Vegas, Obispo Auxiliar de Madrid
+ Cesar A. Franco Martínez, Obispo Auxiliar de Madrid
+ Eugenio Romero Pose, Obispo Auxiliar de Madrid
+ Rafael Zornoza Boy, Obispo Auxiliar de Getafe
ZS07032403
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Un «sí» apasionado y vibrante a la vida
Mensaje de monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacan (México)
MÉXICO, sábado, 24 marzo 2007 (ZENIT.org-El Observador).- Publicamos el mensaje que ha escrito monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacan (México), con motivo del 25 de marzo, Día de la Vida.
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La Iglesia Católica en México, al igual que en otros países, celebra el 25 de marzo como el “Día de la Vida”. En ese día, exactamente nueve meses antes de la fiesta de la Navidad, celebramos la visita que el Angel Gabriel hace a la Virgen María para anunciarle los planes que Dios tiene en relación con ella. María responde con entera disponibilidad: “Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que me has dicho.” (Lc 1,38). Con esa respuesta, María concibe a Jesús en la fe y luego físicamente en su vientre. Entonces el Hijo de Dios -eterno con el Padre y el Espíritu Santo- inicia su existencia humana, empezando a crecer en el vientre de María.
María queda embarazada sin participación de varón, por obra del Espíritu Santo; pero la gestación de Jesús se realiza según el proceso natural: el óvulo fecundado, al inicio una célula pequeñísima, comienza rápidamente su multiplicación celular, como el desarrollo de todo embrión humano; a las cinco semanas de su concepción, apenas mide un centímetro, pero diversos órganos ya han empezado a tomar forma. A los dos meses la forma del cuerpo ya está completa. En adelante no necesitará más que refinar sus funciones y crecer. De los dos a los nueve meses multiplicará veinte veces su estatura y mil veces su peso.
Como nos decía bellamente el Papa Juan Pablo II, María se convierte en “el primer sagrario de la historia”, albergando a Cristo Jesús.
María dice “sí” a Dios Padre con libertad y entrega total.
A usted que me escucha, le invito a alegrarnos de que nuestra madre también haya dicho “sí” a Dios y haya aceptado su embarazo y el dar a luz esa nueva vida humana que somos nosotros. Menciono esto expresamente, porque en el mundo entero va creciendo una mentalidad y una legislación que no sólo deja de ver el aborto como un delito, sino como algo permitido e incluso, según su mentalidad, como lo mejor; por otro lado, a quienes nos oponemos al aborto, nos tachan de retrógradas, oscurantistas, que no permitimos el avance de la ciencia, que no estamos cercanos a las necesidades de la gente, que no comprendemos los derechos de la mujer y la muerte de muchas por abortos clandestinos debido a embarazos no deseados.
Yo en cambio, no comprendo a quien dice defender los derechos humanos y promueve la negación del derecho a la vida de quien ya ha empezado a existir. Efectivamente, desde el momento de la concepción, el embrión tiene un crecimiento y desarrollo coordinado, continuo y gradual. El embrión humano ya es ser humano desde el momento mismo de la concepción. De la misma manera, no comprendo a la mujer que bloquea su maternidad y se convierte en asesina de su propio bebé, no importa que tenga apenas unos días de embarazo.
Pregunto a usted, que defiende el aborto: ¿ha visto fotografías o videos de un aborto provocado?
Con motivo de la celebración del Día de la Vida, invito a usted: a dar gracias a Dios por la vida que Él nos ha concedido; a estar totalmente disponibles a una nueva vida humana, aunque haya pobreza material o aunque el embrión venga con malformaciones o sea fruto de una violación.
No interrumpa su maternidad. Mejor favorezca su desarrollo y, en todo caso, ofrezca en adopción la criatura que no quiere ayudar a crecer ya nacida.
Por otro lado, recuerde usted que la solución para evitar un embarazo no deseado, es evitar tener relaciones sexuales fuera de una relación responsable, estable y madura. La relación sexual dentro del matrimonio favorece una atmósfera de responsabilidad ante el gozo y el compromiso de una nueva vida humana.
Invito a usted a oponernos al aborto, diciendo un “sí” apasionado y vibrante a la vida humana, como regalo de Dios, para acogerla y ayudarla a crecer y desarrollarse, viviendo plenamente la misión que Dios nos encomienda: ser defensores y promotores de la vida humana.
+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán
ZS07032404
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Campaña orquestada contra la familia
Por monseñor Arizmendi, obispo de San Cristóbal de Las Casas
SAN CRISTÓBAL DE LA CASAS, sábado, 24 marzo 2007 (ZENIT.org-El Observador).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título «Campaña orquestada contra la familia».
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VER
Como resultado de la aprobación de la llamada “Ley de Sociedades en Convivencia”, impulsada por el partido mayoritario en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, ya empezaron en esa entidad a legalizarse uniones de homosexuales, equiparándolas al matrimonio entre un hombre y una mujer. Lo mismo ha hecho el Estado de Coahuila, aunque con otro nombre que se inventó, para disimular el ataque a la familia. Es de suponer que otros Estados de la República intentarán proceder en forma semejante. Preocupa mucho que un medio informativo nacional celebre esto como un triunfo histórico, lo cual nos indica la ideología que le sostiene, y que le da buenos dividendos económicos.
Como no es tiempo de elecciones, avasallan con su mayoría luchando por despenalizar más el aborto, cobijados con la bandera de proteger la salud de la mujer. Esto es perfectamente plausible, siempre y cuando no esté en juego la vida del ser humano que lleva en su seno. Hay que conocer a quién se da el voto, para no ser colaboradores de asesinatos incontables.
La campaña contra la vida y la familia se intensificó en Europa. América Latina, con el complejo de inferioridad que no acabamos de superar, no quiere quedarse atrás. Así lo describe el Documento de Síntesis que acaba de publicar el CELAM, en preparación a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe: “Muchas de las modificaciones legales que se han introducido en numerosos países de América Latina en los últimos años hieren gravemente la dignidad del matrimonio, de la familia y de la vida humana. Estas modificaciones no son casuales, no ocurren simplemente. Muchas veces son promovidas como elementos necesarios de agendas ‘progresistas’, con frecuencia impulsadas por determinadas ONG o por organismos de las Naciones Unidas. Persiguen la emancipación de las costumbres, las normas éticas y las leyes de su matriz cristiana. Con frecuencia responden a los intereses y estrategias de personas e instituciones con gran poder y presencia internacional, que abiertamente buscan provocar un cambio en el ethos cultural y religioso latinoamericano” (No. 67).
JUZGAR
La Biblia, en los dos primeros capítulos del Génesis, describe la institución divina del matrimonio y de la familia: Dios no creó tres o más sexos o géneros, sino sólo hombre y mujer, masculino y femenino. Esta verdad no es sólo creencia religiosa, sino constatación antropológica: un hombre no complementa ni fecunda a otro hombre, ni una mujer a otra mujer. Se necesitan los dos sexos, y no sólo en lo biológico y genital, sino también en lo psicológico y social. La fe nos confirma en esta realidad y nos asegura que nuestro juicio es acorde con lo establecido por Dios mismo. Pero algunos le quieren enmendar su plan, sintiéndose los nuevos dioses, que pueden hacer lo que les venga en gana...
San Pablo no se amedrenta ante los romanos y condena sin miramientos sus excesos: “Se ofuscaron en vanos razonamientos y su insensato corazón se entenebreció: ¡jactándose de sabios se volvieron estúpidos!... Por eso Dios los entregó a pasiones infames: pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío” (Rom 1,21-27).
Y a los corintios: “No se engañen. Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces herederán el Reino de Dios” (1 Cor 6,9-10).
El pasado 12 de febrero, el Papa Benedicto XVI dijo a los participantes en un congreso sobre la ley moral natural, organizado por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma: “La ley natural es la fuente de donde brotan, juntamente con los derechos fundamentales, también imperativos éticos que es preciso cumplir... La ley natural es, en definitiva, el único baluarte válido contra la arbitrariedad del poder o los engaños de la manipulación ideológica... El Concilio Vaticano II reafirmó oportunamente que el matrimonio es ‘una institución estable por ordenación divina’ y, por eso, ‘este vínculo sagrado, con miras al bien tanto de los cónyuges y de la prole como de la sociedad, no depende del arbitrio humano’. Por tanto, ninguna ley hecha por los hombres puede subvertir la norma escrita por el Creador, sin que la sociedad quede dramáticamente herida en lo que constituye su mismo fundamento bacilar. Olvidarlo significaría debilitar la familia, perjudicar a los hijos y hacer precario el futuro de la sociedad”.
Y en su discurso a los Nuncios Apostólicos de los países de América Latina, les dijo: “La familia merece una atención prioritaria, pues muestra síntomas de debilitamiento bajo las presiones de ‘lobbies’ capaces de influir negativamente en los procesos legislativos”.
ACTUAR
Es tiempo de que los cristianos, católicos y protestantes, nos unamos para defender la familia. Así lo decidimos en el Consejo Interreligioso de Chiapas, en nuestra última sesión. Y si los legisladores, contradiciendo su bautismo, se empeñan en destruir la familia y la vida humana con las leyes que están aprobando, debemos enraizar más nuestra fe y no dejarnos engañar por estas corrientes ideológicas contrarias al plan de Dios, ni por encuestas que se publican, pues éstas no son criterio de verdad, sino sólo indicativas de lo que piensan algunos sectores de la sociedad.
Como dice el Documento de Síntesis del CELAM hacia la V Conferencia del Episcopado en Brasil, “la crisis de la familia interpela nuestra pastoral familiar” (No. 65). En nuestras diócesis y parroquias, deberíamos poner más empeño en la formación de los jóvenes hacia el matrimonio, sin reducirnos a unas intrascendentes pláticas presacramentales. Hemos de animar diversos métodos de atención pastoral a las familias, sin excluir movimientos aprobados por la Iglesia. Y buscar una relación pastoral con los “constructores de la sociedad pluralista”, como gobernantes, legisladores y comunicadores, para ofrecerles los criterios del Evangelio sobre la persona humana, sobre la familia y la sociedad.
Seamos capaces de discernir lo que vemos y oímos en los medios informativos, sobre todo en la televisión, y en las conversaciones ordinarias en la casa, en la escuela y en la calle, para distinguir el trigo de la cizaña, y quedarnos sólo con lo bueno. ¡Cristo, único camino!
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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