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El mundo visto desde Roma
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Servicio diario -
26 de mazro de 2007


Santa Sede
El infierno, cerrarse al amor de Dios; explica el Papa
Benedicto XVI recibe en audiencia al superior de Taizé
La Santa Sede llama a las religiones en Tierra Santa a promover la paz
Las preocupaciones de la Santa Sede para la Europa del mañana

Mundo
Obispos estadounidenses piden acabar con la prohibición de viajes a Cuba
Presidentes de Conferencias Episcopales preparan la Conferencia del Episcopado Latinoamericano
El debate sobre la despenalización del aborto toca en México su punto más álgido
Nuevo obispo presidente de Cáritas Latinoamérica
Comienza el año jubilar de Guadalupe
Raíces cristianas y el papel de la religión en la nueva Europa

Entrevistas
De la dignidad inviolable del ser humano depende el futuro de la UE

Documentación
Mensaje de Roma emitido por el Congreso convocado por los obispos europeos
Homilía del cardenal Rouco Varela en el funeral de monseñor Romero Pose
Monseñor Eugenio Romero Pose, «un teólogo de raza»

 




 


Santa Sede



El infierno, cerrarse al amor de Dios; explica el Papa
Al visitar la parroquia romana de Santa Felicidad e Hijos Mártires

ROMA, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- El Infierno consiste en cerrarse al amor de Dios, constató Benedicto XVI este domingo al visitar una parroquia de la diócesis de Roma.

«Si es verdad que Dios es justicia, no hay que olvidar que es sobre todo amor: si odia el pecado es porque ama infinitamente a toda persona humana», aclaró al dirigirse a los fieles de la Parroquia de Santa Felicidad e Hijos Mártires, en el barrio Fidene, del sector norte de la diócesis de la ciudad eterna.

Dios «nos ama a cada uno de nosotros y su fidelidad es tan profunda que no nos deja desalentarnos, ni siquiera por nuestro rechazo», siguió explicando en la homilía de la misa que presidió junto a la comunidad parroquial.

El Santo Padre meditó sobre el pasaje evangélico que presentaba la liturgia en ese domingo de Cuaresma: la mujer adúltera, que debía ser apedreada, a quien Jesús salvó la vida y perdonó.

«Jesús no entabla una discusión teórica con sus interlocutores una discusión teórica sobre la ley de Moisés: no le interesa ganar una disputa académica», indicó, «sino que su objetivo es salvar un alma y revelar que la salvación sólo se encuentra en el amor de Dios».

«Por esto vino a la tierra, por esto morirá en la cruz y el Padre le resucitará al tercer día», aclaró.

«Jesús vino para decirnos que nos quiere a todos en el Paraíso y que el Infierno, del que se habla poco en nuestro tiempo, existe y es eterno para quienes se cierran el corazón a su amor», subrayó.

«Por tanto, también en este episodio comprendemos que nuestro verdadero enemigo es el apego al pecado, que puede llevarnos al fracaso de nuestra existencia», siguió explicando.

Recordando que Jesús se despide de la adúltera con esta consigna: «Vete, y en adelante no peques más», el Papa explicó: «sólo el perdón divino y su amor recibido con corazón abierto y sincero nos dan la fuerza para resistir al mal y para no “pecar más”, para dejarnos golpear por el amor de Dios, que se convierte en nuestra fuerza».

«La actitud de Jesús se convierte de este modo en un modelo que tiene que seguir toda comunidad, llamada a hacer del amor y del perdón el corazón palpitante de su vida», concluyó.
ZS07032603

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Benedicto XVI recibe en audiencia al superior de Taizé
Continúa con una tradición inaugurada por el Papa Juan XXIII

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI recibió este lunes en audiencia al hermano Alois, sucesor del hermano Roger como superior de la Comunidad Ecuménica de Taizé, según informó la Oficina de Información de la Santa Sede.

Si bien el Vaticano no ha comunicado detalles del encuentro, la audiencia continúa con la tradición que había comenzado el Papa Juan XXIII al recibir en audiencia todos los años al hermano Roger y que fue continuada después por los Papas.

Ahora Benedicto XVI sigue con la costumbre: el año pasado también recibió al hermano Alois el 5 de enero.

La Comunidad de Taizé fue fundada por el hermano Roger, asesinado a los 90 años, el 16 de agosto de 2005, durante un encuentro de oración celebrado en la pequeña localidad francesa de Taizé, por una mujer mentalmente desequilibrada de 36 años.

Del 28 de diciembre al 1 de enero pasados, unos 40.000 jóvenes se reunieron en Zagreb (Croacia) para participar en el vigésimo noveno encuentro europeo de jóvenes animado por esta comunidad.
ZS07032601

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La Santa Sede llama a las religiones en Tierra Santa a promover la paz
Intervención vaticana en la Conferencia sobre los derechos del pueblo palestino

ROMA, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- Las confesiones religiosas presentes en Tierra Santa deben ser decisivas para el relanzamiento de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos, considera la Santa Sede.

Así lo explicó el subsecretario para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado del Vaticano, monseñor Pietro Parolin, al intervenir en la Conferencia internacional convocada en Roma entre el 22 y el 23 de marzo por el Comité de las Naciones Unidas para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino.

El representante vaticano aplaudió esta iniciativa que «busca dar un nuevo impulso a la reflexión y a la participación de la comunidad internacional, de las confesiones religiosas, de los grupos parlamentarios y de la sociedad civil para determinar los desafíos que tienen que afrontar y la actitud que habría que adoptar para contribuir a la construcción de la paz entre israelíes y palestinos».

El representante vaticano comenzó recordando que la Autoridad Palestina cuenta ahora con un nuevo gobierno de Unidad Nacional: «Sin duda es positivo el que este gobierno sea el producto de un compromiso entre los principales grupos políticos palestinos».

«Pone fin a muchos meses de grave conflicto, armado y violento, que ha provocado muchas víctimas, con frecuencia inocentes, entre el pueblo palestino, que ya ha sufrido tanto», observó.

«La comunidad internacional confía en el hecho de que el nuevo gobierno sea un interlocutor autorizado y confiable, capaz de guiar a su pueblo, con sentido de responsabilidad y realismo, para establecer una paz justa con los israelíes, que tienen el derecho a vivir en paz en su Estado, y crear el Estado libre, independiente y soberano que todos desean para los palestinos».

«Millones de católicos y cristianos en todo el mundo tienen los ojos puestos en esta tierra, con la esperanza de poder acudir en peregrinación», aseguró.

Tras recordar el largo y emotivo mensaje que Benedicto XVI ha enviado en esta Navidad a los católicos en Tierra Santa, monseñor Parolin, en nombre de la Santa Sede, manifestando «su firme convicción de que las confesiones religiosas presentes en Tierra Santa puedan dar una contribución decisiva al relanzamiento de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos».
ZS07032604

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Las preocupaciones de la Santa Sede para la Europa del mañana
Energía, demografía, investigación ética, derechos humanos y sana laicidad

ROMA, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).-Diversificación y reducción del uso de los combustibles fósiles, centralidad de la dignidad humana en la investigación científica, problema demográfico, sana laicidad y salvaguarda de los derechos humanos. Son estas las preocupaciones de la Santa Sede para la Europa del mañana.

Es lo que afirmó el arzobispo Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados, en el Congreso celebrado del 23 al 25 de marzo en Roma, organizado por la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea COMECE), con motivo del 50 aniversario de la forma de los Tratados de Roma.

El evento reunió a más de 400 delegados que al final realizaron el «Mensaje de Roma» a los jefes de Estado y de Gobierno de los Estados miembros de la Unión Europea, que se reunieron el 25 de marzo en Berlín por el mismo motivo.

Al tratar las políticas comunes de Europa, monseñor Mamberti afrontó sobre todo la «cuestión energética», subrayando la dimensión ética.

En su intervención, el arzobispo subrayó la necesidad «de reducir el consumo de combustibles fósiles» y de apuntar a la «diversificación» de las fuentes energéticas, con el fin de ayudar, entre otras cosas, a «la paz en el mundo y la protección del ambiente».

«La destrucción del ambiente, su uso impropio y egoísta y el acaparamiento violento de los recursos de la tierra, generan laceraciones, conflictos y guerras», observó.

Sobre los desafíos económicos, sobre todo con vistas al bienestar de los países rezagados, el arzobispo subrayó la necesidad de «incentivar las inversiones en la búsqueda de la innovación».

«La Iglesia católica está convencida de que, en la medida en que se orientan al bien común y respetan la dignidad humana, ciencia y tecnología son instrumentos esenciales y que hay que impulsar», añadió.

«No se pueden sin embargo negar los gravísimos e inaceptables resultados de una investigación que no ponga a la persona humana en el centro de sus objetivos», dijo el prelado refiriéndose al VII Programa Marco 2007-2013, al que el Consejo de Competitividad (Mercado Interno, Industria e Investigación) de la Unión Europea dio luz verde el 24 de julio de 2006.

El Programa prevé, entre otras cosas, la financiación de los proyectos de investigación con células estaminales, una iniciativa que plantea problemas éticos.

«Una democracia que, en lugar de servir a la vida humana, la someta a los votos y apoye a quien la suprime, parece presa de la prevaricación y de la intolerancia», observó.

Este comportamiento, añadió, supone «una estrategia, urgida por grandes intereses técnico-industriales, que recurre a la política para obtener instrumentos jurídicos que tutelen dichos intereses» y que «considera la ética como un obstáculo, en lugar de una ayuda al bienestar».

El arzobispo señaló el dato de que ningún país de Europa Occidental tiene un índice de nacimientos por mujer que corresponda al nivel mínimo de mantenimiento de la población (2,1 hijos por mujer), y subrayó problemas como la caída del índice de fecundidad, el envejecimiento de las generaciones y el aumento de la vida media.

El prelado precisó que las causas más profundas de la creciente falta de natalidad no son de orden económico-social, sino «psicológico y moral». «Se trata, sobre todo, de individualismo y de una profunda crisis de confianza en el futuro por parte de las nuevas generaciones».

«La Iglesia está dispuesta a contribuir para poner remedio a tal pesimismo; pero las instituciones políticas y económicas deberían tener el valor de poner en cuestión un estilo de vida consumista y hedonista», añadió, subrayando también la necesidad de «apoyar la vida y la familia con acciones decididas en varios frentes».

Respecto a los criterios de adhesión a la Unión Europea, monseñor Mamberti subrayó que la Santa Sede «urge a la observancia» de los llamados «criterios de Copenhague», aprobados por el Consejo Europeo de 1993, y que se refieren entre otras cosas a la defensa de los derechos humanos, la libertad religiosa, así como el respeto y protección de las minorías.

«Además, si la ampliación es política de seguridad y estabilidad para la UE, no hay que infravalorar los ‘costes’ que esto comporta para los ciudadanos. No sólo en términos económicos, aunque de gran relieve, sino también culturales», afirmó.

«La política de la ampliación no debería amenazar el compartir los principios y valores, forjados por el cristianismo, que han convertido a Europa en un faro de civilización para el mundo entero», añadió.

Frente a tales cuestiones, añadió el arzobispo, «los católicos comprometidos en el ámbito público deberían ser conscientes de que ¡está en juego el significado mismo de su actividad política y el futuro de Europa!».

Los cristianos empeñados en la vida pública europea, «para ser plenamente coherentes con su fe (...), deben considerar como prioritario para su compromiso público la tutela de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, y de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer, fundada en el matrimonio».

Monseñor Mamberti habló luego de la necesidad en la construcción de Europa de una «correcta laicidad» y de una «autonomía de las realidades temporales».

El prelado, en este sentido, subrayó el hecho de «que en la últimas dos legislaturas del Parlamento Europeo, las posiciones de la Iglesia católica y el Vaticano fueron atacadas casi 30 veces, y fueron injustamente acusados de indebida injerencia en el campo europeo».

También subrayó los peligros de una «ideología casi absoluta y unificante», del laicismo, que supone una «forma de intolerancia, presentada como la quintaesencia de la tolerancia».

La historia, dijo, ha demostrado que cuando «las ideologías neopaganas han absolutizado el estado, disolviendo toda forma de pluralismo, las democracias han caído y los derechos de la persona han sido violados y arrollados».

En este marco, concluyó, «corresponde en primer lugar a la Santa Sede, además de a todos los cristianos, recordar a este continente que (...) no puede traicionar los valores cristianos, como un hombre no puede traicionar sus razones para vivir y esperar, sin caer en una crisis dramática».
ZS07032605

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Mundo



Obispos estadounidenses piden acabar con la prohibición de viajes a Cuba


WASHINGTON, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- La Conferencia Episcopal de los Obispos Católicos de los Estados Unidos ha pedido al Congreso de ese país que apruebe un proyecto de ley para poner punto final a las restricciones de viajes a Cuba y alentar más contactos entre Cuba y los ciudadanos estadounidenses.

Monseñor Thomas Wenski, obispo de Orlando, Florida, y presidente de la Comisión episcopal para asuntos internacionales, escribió una carta al congresista Charles Rangel de Nueva York, para manifestarle su apoyo, así como al congresista Jeff Flake de Arizona y a otros legisladores por impulsar una propuesta que permitiría los viajes entre los Estados Unidos y Cuba.

La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos «ha invitado con decisión desde hace años a aligerar las sanciones contra Cuba», afirmó monseñor Wenski.

«Estas políticas han fracasado claramente en su objetivo de lograr una mayor libertad, democracia y respeto de la vida humana», asegura el prelado.

«Mantenemos nuestra posición de que los objetivos de mejorar las vidas de los cubanos y de alentar la democracia en Cuba se alcanzarán de una manera más eficaz con más contactos entre el pueblo cubano y el estadounidense», concluye.
ZS07032610

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Presidentes de Conferencias Episcopales preparan la Conferencia del Episcopado Latinoamericano


BOGOTÁ, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- Del 27 al 28 de marzo se celebrará en Bogotá (Colombia) la última reunión de presidentes de las Conferencias Episcopales de América Latina y del Caribe que prepara la Quinta Conferencia General de Episcopado Latinoamericano y del Caribe (VCG), que tendrá lugar en Aparecida - Brasil, del 13 al 31 de mayo.

Los 21 presidentes, representantes de la Iglesia en América Latina, se reunirán con la Comisión Central de la Conferencia, encargada de organizar y preparar este gran evento.

«De esta manera, los obispos presidentes de las Conferencias Episcopales, ultimarán detalles para la cita continental, que será inaugurada por el Santo Padre en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Aparecida, con el tema: "Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida" ("Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", Jn 14,6)», informa una nota de la Conferencia Episcopal Peruana.
ZS07032609

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El debate sobre la despenalización del aborto toca en México su punto más álgido


MÉXICO, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org-El Observador).- El debate público sobre la despenalización del aborto en el Distrito Federal, tocó este fin de semana su punto más álgido.

Las posiciones se han hecho más decididas al anunciarse que el dictamen de ley para despenalizar el aborto en la capital de la República llegará al pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal el próximo 12 de abril, para votar dicha ley a más tardar el 17 de abril.

En la propia capital, y en varias ciudades del interior del país, como León y Mérida, se llevaron a cabo marchas multitudinarias de rechazo a las propuestas pro abortistas de asambleístas del Distrito Federal, liderados por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

En la Ciudad de México, miles de católicos avanzaron por calles del centro de la ciudad y culminaron la marcha por la vida con la celebración eucarística presidida por el cardenal Norberto Rivera Carrera en la Basílica de Guadalupe.

Mientras tanto, en León, cerca de 4 mil personas se pronunciaron contra la misma iniciativa, concluyendo con la misa presidida por el arzobispo José Guadalupe Martín Rábago.

En la celebraciones dominicales, prácticamente todos los obispos de México condenaron duramente la iniciativa de despenalizar el aborto.

Estas declaraciones coincidieron con el Día Internacional del Niño por Nacer y con la clausura del Tercer Congreso Internacional Provida, celebrado en México, en el que el cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, advirtió sobre la extensión de la cultura de la muerte.

Al final del Congreso se publicó la «Declaración por México» en la cual asociaciones y grupos católicos se comprometieron a defender la vida como una obligación ciudadana; a exigir que la dignidad del ser humano sea considerada por los legisladores como prioridad y a repudiar, por todas las vías al aborto del cual, informaron, se llevan a cabo un promedio de cien mil al año en México.

Durante su participación en el Tercer Congreso Internacional Provida, el cardenal Norberto Rivera Carrera hizo un llamado a los legisladores del Distrito Federal para que se abstengan de despenalizar al aborto tal y como se han propuesto hacerlo.

«No es un problema de dogma; no es correcto imponer una opinión sin discutir la racionalidad que hay detrás de estas posturas; las leyes, sean cual sean y en el campo que fueren, tienen el propósito de respetar la vida, una ley que no respeta la vida es inicua», subrayó el también arzobispo primado de México.

Por su parte, el obispo de Texcoco y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, monseñor Carlos Aguiar Retes, exigió el domingo «que no se despenalice el aborto, para que siga habitando en la ley y en el corazón de cada mujer el precepto de que no podemos ir contra la vida».

Y hablando en torno al Evangelio del domingo --la mujer adúltera-- advirtió: «Jesús no condena a la mujer, él condena el pecado pero no a la mujer. Lamentablemente muchos intelectuales, muchos comunicadores, muchos políticos se han confundido».

Mientras tanto, el obispo de Ecatepec, monseñor Onésimo Cepeda, señaló que «el único que puede decidir quién vive y quién muere es Dios; porque el aborto no es otra cosa que un asesinato y no podemos matar, mucho menos a aquel que no se puede defender».
ZS07032613

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Nuevo obispo presidente de Cáritas Latinoamérica
El pastor argentino de Merlo-Moreno, monseñor Fernando Bargalló

PUERTO PRÍNCIPE, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- El obispo argentino de Merlo-Moreno, monseñor Fernando Bargalló, fue elegido presidente de Cáritas para la Región América Latina y El Caribe, en el marco del XVI Congreso Latinoamericano y Caribeño de Cáritas y III Encuentro Continental de Pastoral Social – Caritas, que se desarrolla en Haití.

En la reunión también se anunció que la Argentina será sede del próximo Congreso Regional, por realizarse dentro de cuatro años.

Monseñor Bargalló, actual titular de Cáritas Argentina, sucederá en cargo a monseñor Gregorio Rosa Chavez, obispo auxiliar de San Salvador.

La asamblea estatutaria de la entidad eligió como secretario ejecutivo para Latinoamérica al sacerdote mexicano Antonio Sandoval.

También designó como coordinadores para la zona Caribe a Marcia Boxill (Cáritas Santa Lucía), para la Bolivariana a Giorgio Peroni (Cáritas Ecuador), para la zona Centroamérica México y Panamá al reverendo Germán Cáliz (Cáritas Honduras), y para la zona Cono Sur al argentino Gabriel Castelli.
ZS07032612

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Comienza el año jubilar de Guadalupe
Con una solemne eucaristía a la que asistieron más de 16.000 peregrinos

MADRID, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- Más de 16.000 peregrinos se dieron cita el pasado sábado, día 24 de marzo, en Guadalupe, Cáceres, España, en la celebración de la apertura del Año Jubilar con motivo del primer centenario del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre Extremadura, informa Ivicom.

El acto central de la apertura del Año Jubilar fue la solemne celebración de la eucaristía que tuvo lugar en el atrio de la Basílica del Real Monasterio de Guadalupe y que estuvo marcada por un «gran júbilo del pueblo cristiano, calor de corazón y recogimiento», como resaltó el guardián de la comunidad franciscana que custodia el Santuario, Fray Guillermo Cerrato.

Presidida por el arzobispo de Toledo, el cardenal primado Antonio Cañizares, contó también con la presencia de los demás prelados de la Iglesia extremeña: el arzobispo titular de Mérida- Badajoz, Santiago García Aracil y el arzobispo emérito de esa diócesis, Antonio Montero, el obispo de Plasencia, Amadeo Rodríguez, y el administrador diocesano de Coria-Cáceres, Ceferino Martín.

Alrededor de 300 sacerdotes se dieron cita en la celebración, además del ministro provincial de la Provincia Bética de los Franciscanos, Fray Francisco García, el párroco de la Puebla, Fray José Arenas, y el guardián del de la comunidad franciscana del Real Monasterio, Fray Guillermo Cerrato.

Entre las autoridades civiles se encontraba el presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el titular del Parlamento autónomo, Federico Suárez, la delegada del Gobierno, Carmen Pereira y varios de los consejeros de la Junta extremeña.

El cardenal Cañizares resaltó en su homilía «el deseo de hacer de Santa María de Guadalupe el centro y el espíritu de reconciliación ante los acontecimientos vividos por la iglesia extremeña la pasada semana», señaló fray Guillermo, en referencia a la polémica suscitada por unas fotografías irreverentes con los símbolos cristianos, de José Antonio Montero Montoya, publicadas por la Junta de Extremadura.

«¡Que no nos toque nadie a la Madre de Dios, nuestra Madre! ¡Nos pueden injuriar a nosotros, pero jamás, jamás, a la Virgen y a su Hijo Jesucristo, nuestro Señor! Son lo más santo. Cuando esto ocurre, además se degrada el hombre, se rompe la convivencia, se nos humilla», dijo el cardenal durante su homilía, recordando las fotografías blasfemas «expuestas en tierras extremeñas», según recoge la agencia Veritas.


Uno de los momentos más sobrecogedores de la celebración, recordó Guillermo Cerrato, se produjo con el abrazo de la paz que monseñor Cañizares y el presidente Ibarra intercambiaron, y que fue recibido con un espontáneo aplauso por parte de la asamblea que participaba en la eucaristía.

A lo largo de este año, asegura el guardián de la comunidad franciscana, se llevarán a cabo actividades de índole cultural, como congresos y exposiciones, que junto a la misa de Peregrinos, que acogerá a los que todos los días se acerquen a venerar a la Virgen de Guadalupe, centrarán las principales actividades del Año Jubilar.
ZS07032611

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Raíces cristianas y el papel de la religión en la nueva Europa
Temas del Congreso de la COMECE por los 50 años de los Tratados de Roma

ROMA, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- Europa debe tomar conciencia de las propias raíces cristianas y del papel público de la religión. Es el mensaje del Congreso organizado por la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), que reunió en Roma del 23 al 25 de marzo a más de 400 participantes.

Los obispos de la COMECE aprovecharon la ocasión del 50 aniversario de la firma de los Tratados de Roma (25 de marzo de 1957), origen del proceso de unificación europea, para reunir a personalidades políticas, exponentes de diversos episcopados europeos, comunidades religiosas, organizaciones y movimientos católicos, con el fin de dialogar sobre los valores y las perspectivas de la Europa del mañana.

El evento, además recordar el nacimiento de la Comunidad Económica Europea (CEE) y de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom), sirvió también para trazar un balance sobre el camino emprendido por la Unión Europea, sobre el que pesan las dudas y la insatisfacción causados por el fracaso en la ratificación del Tratado que establece una Constitución para Europa (aprobado por muchos estados miembros, pero rechazado por el voto popular de Francia y Holanda en 2005).

En el discurso de inauguración del Congreso, monseñor Adrianus H. van Luyn SDB, obispo de Rotterdam y presidente de la COMECE, afirmó que los «valores comunes por los que nos decimos cristianos no son propiedad privada, sino valores universales que pertenecen a toda la humanidad y que forjan Europa desde hace mucho tiempo».

Hablando del debate acerca de los valores sobre los que edificar la casa común europea, el prelado advirtió que «sin su raíces religiosas, los valores, hacia los que pretende orientarse Europa, pierden su fundamento».

«Acallar este hecho es una consecuencia del intento de alejar completamente del ámbito público toda referencia a Dios y a la fe», subrayó el prelado holandés.

En un mensaje dirigido a los participantes en el encuentro y leído al inaugurarse los trabajos congresuales, el presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, subrayó el «importante impulso y contribución» de estas celebraciones y subrayó que «la Iglesia y las asociaciones de inspiración religiosa (...) están llamadas a contribuir al relanzamiento de la Unión Europea testimoniando los más profundo valores que constituyen la base de la construcción de una Europa Unida».

Al tomar la palabra, monseñor Angelo Bagnasco, nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, afirmó que «Europa está llamada a superar la originaria vocación económica» y remarcó la necesidad de un reconocimiento de las raíces cristianas y de los «principios éticos que son parte integrante y fundamental de su patrimonio espiritual».

Sin «negar las exigencias de una justa y sana laicidad, que no hay que confundir con el laicismo ideológico, de las instituciones europeas», el arzobispo Bagnasco subrayó el interés de la Iglesia católica por «la promoción y la tutela de la dignidad de la persona y de su centralidad ética», del que surge también el empeño en la defensa del «derecho fundamental a la libertad religiosa».

También el ministro del Interior alemán y representante de la Presidencia alemana ante la Unión Europea, Wolfgang Schäuble, subrayó la importancia de las raíces cristianas: «en el momento en que está aumentando cada vez más el número de los musulmanes, es necesario que ellos mismos se den cuenta de la importancia de la tolerancia».

«La unidad en la multiplicidad forma parte también de la historia del Islam. Y esperamos que encuentre un equilibrio en esta multiplicidad porque necesitamos una contraparte con el Islam», añadió el representante alemán.

El vicepresidente de la Comisión Europea, Franco Frattini, subrayó la necesidad de promover «un sentimiento profundo que, surgiendo de las profundas raíces cristianas de Europa, sea todavía capaz de motivar las conciencias, de afrontar con más valentía el tema de los derechos negados y de la solidaridad, dentro y fuera de los confines de la Unión».

La nueva Europa no puede olvidar los «propios valores que hay que proteger y promover»; así como «la propia historia de religiosidad». «Yo creo que laicidad de los estados y religiosidad de los pueblos son elementos principales que se integran entre sí y ciertamente no se contradicen».

«Más que el silencio, Europa ha optado por imponer el silenciador a la religiosidad, a excepción de una defensa tibia de temas que ciertamente son graves y preocupantes, como el antisemitismo o la islamofobia», observó Fratini.

El vicepresidente de la Comisión Europea constató que es «más bien árido el corazón de las instituciones europeas en su respuesta al llamamiento de Benedicto XVI que ha reabierto el diálogo con el mundo laico sobre la relación entre religión y razón».

«En la agenda de Europa, debemos volver a escribir el tema de las raíces cristianas, porque esto significa poder afirmar y afrontar el núcleo de nuestra identidad europea, en la perspectiva de un universo religioso que vuelve a afirmarse», subrayó.

«El tema de las raíces pone en primer plano el tema de un cristianismo que no es la nostalgia de un pasado, sino un pensamiento viviente. Un cristianismo que al presentar con el Papa Karol Wojtyla el tema de los derechos, y con el Papa Joseph Ratzinger el tema de la libertad, se convierte en senda de diálogo y en parte integrante de la promesa, del sueño europeo y, por tanto de nuestro futuro», añadió Frattini.

Monseñor Dominique Mamberti, secretario vaticano para las Relaciones con los Estados, afrontando el eventual tratado constitucional europeo, recordó el llamamiento del Papa Benedicto XVI para que se reconozca el patrimonio cristiano del viejo continente.

«Tal reconocimiento no otorgaría un carácter confesional a Europa y ni siquiera se contradiría su laicidad», dijo el arzobispo Mamberti.

El 23 de marzo, tras ser recibido en audiencia por el Santo padre, el presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Poettering intervino en el Congreso deplorando, a título personal, la ausencia en la declaración de Berlín de la referencia a Dios y a la tradición judeocristiana en el Tratado constitucional europeo.

Aludiendo a las futuras elecciones del Parlamento Europeo, que se celebrarán en junio de 2009, el Presidente habló de la urgencia de poner sobre la mesa de discusión la cuestión del capítulo de los valores, que «para la mayor parte debe reflejar y abarcar los valores cristianos y la filosofía cristiana».

También la Presidenta de Irlanda, Mary McAleese, intervino el viernes en el Congreso, tras entrevistarse en el Vaticano con el Pontífice, en referencia al regular y transparente diálogo con las Iglesias al que el Tratado Constitucional obliga a la Unión Europea.

En este sentido, McAleese anunció que «el mes pasado, el Gobierno irlandés inició una confrontación similar a nivel nacional con los líderes judíos, musulmanes y cristianos del país».

«La voluntad de la UE de interactuar con las Iglesias y las comunidades religiosas ofrece la posibilidad de desarrollar un nuevo paradigma de relaciones entre el Estado y la Iglesia» y «es un reconocimiento significativo de la influencia moral de las comunidades de fe y su contribución al reforzamiento de la civilización» para la «construcción de un futuro mejor para cada uno», añadió la presidenta de Irlanda.

El primer ministro italiano, Romano Prodi, en su saludo al Congreso, confesó «un recuerdo personal nunca hecho público hasta hoy» y que se remonta a la época en la que desempeñaba el cargo de Presidente de la Comisión de la UE.

El primer ministro confesó haber «trabajado amplia y silenciosamente para introducir la referencia a las raíces cristianas en la Constitución Europea. Creo, sin embargo que no haberlo logrado no quiere decir que el texto las desconozca. La dificultad nació por herencias del pasado».

Prodi recordó su empeño que lo llevó a presentar y proponer enmiendas, «pero cuando lo hice –reveló-- tuve que oír decir: “Métetelas en el bolsillo. No las podemos discutir porque es una historia que nos divide” ».

Los participantes en el encuentro decidieron dirigir un mensaje a los jefes de Estado yp de Gobierno de los estados miembros de la Unión Europea, al presidente del Parlamento Europeo y al Presidente de la Comisión Europea, reunidos el 25 de marzo en Berlín para una reunión solemne del Consejo Europeo.

En especial en el mensaje, como solución a la «actual pausa de reflexión en Europa», se propone tutelar «la libertad religiosa en todas sus dimensiones, los derechos institucionales de las Iglesias y de las comunidades religiosas» y reconocer explícitamente «el patrimonio cristiano de nuestro continente».

El Congreso concluyó este domingo con la celebración de la Santa Misa en la Basílica de San Pedro y con la participación en el rezo junto a Benedicto XVI de la oración mariana del Angelus.
ZS07032606

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Entrevistas



De la dignidad inviolable del ser humano depende el futuro de la UE
Concluye el presidente de la Comisión de los Episcopados de Europa (COMECE)

ROMA, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- No sólo son valores que deben ser respetados, sino que la dignidad inviolable de la persona humana y el bien común deben considerarse como fundamento para la ulterior construcción de la Unión Europea, advierte el presidente de la COMECE (Comisión de los Episcopados de las Comunidades Europeas), el obispo de rótterdam, monseñor Adrianus Van Luyn.

El prelado se hace eco así de la exhortación de Benedicto XVI (Zenit, 25 marzo 2007) en la audiencia que concedió a los más de 400 participantes en el Congreso europeo que convocó este fin de semana en la capital italiana la COMECE (www.comece.org ), con ocasión del 50º aniversario de la firma de los Tratados de Roma, origen de la actual Unión Europea.

«Valores y perspectivas para la Europa del mañana» fue el centro de la reflexión fruto de la cual sus participantes --delegados de todas las Conferencias Episcopales, de comunidades religiosas, de organizaciones y movimientos católicos y de otras iglesias cristianas-- hicieron llegar a los jefes de Estado y de gobierno de Europa y a las instituciones comunitarias el «Mensaje de Roma».

La gran cita convocada por los episcopados europeos ha conjugado eficazmente las aportaciones de eclesiásticos y laicos, recalca monseñor Van Luyn en esta entrevista concedida a Zenit la tarde del sábado, en la recta final del Congreso.

La convocatoria ha visto la participación del presidente del Consejo italiano –Romano Prodi-, de la presidente de Irlanda -Mary McAleese-, del presidente del Parlamento Europeo –Hans-Gert Pöttering-, y del secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados –el arzobispo Dominique Mamberti-, entre otras muchas personalidades.

Las intensas jornadas de trabajo dejaron espacio, el viernes, para el rezo de Vísperas en Santa María en Trastevere con la Comunidad de San Egidio. El sábado la oración de Vísperas se celebró en la iglesia romana de San Lorenzo in Verano, donde reposan los restos de Alcide de Gasperi, uno de los padres fundadores de la Unión Europea; en su memoria, y con la participación de su hija Maria Romana, los 400 congresistas rindieron un homenaje y oraron por el estadista italiano.

--¿Qué balance desea hacer de este Congreso, de su importancia y del eventual impulso que dé a los católicos en la vida pública, en su compromiso por la construcción y desarrollo futuro de la Unión Europea?

--Monseñor Van Luyn: Estamos muy contentos del desarrollo de este congreso; deseábamos este momento de reflexión con ocasión del 50º aniversario de los Tratados de Roma, no sólo como obispos, sino también, sobre todo, con representación del laicado. Hemos reunido en Roma a un grupo de laicos muy comprometidos en movimientos, asociaciones, y también laicos que han ocupado un puesto importante en la vida política, cultural y en la universidad. Ellos, a través de un «Comité de sabios», han preparado un informe sobre los valores importantes, soportes de la Unión Europea. Después, junto a todos los congresistas, hemos preparado un mensaje [ «Mensaje de Roma». Ndr] que hemos presentado hoy a Romano Prodi, presidente del Consejo Italiano, que ha prometido entregar a sus colegas, jefes de gobierno, que se reúnen esta tarde y mañana en Berlín para celebrar, bajo la presidencia alemana, el aniversario de la Unión.

--Del encuentro con el Papa de esta mañana, ¿qué impulso específico desea subrayar que se manifiesta para eclesiásticos y laicos?

--Monseñor Van Luyn: Cuando invité, como presidente [de la COMECE], al Santo Padre en el mes de diciembre para que recibiera a los participantes de este Congreso, le escribí las palabras que Jesús dijo a Pedro: «Confirma fratres tuos». Así que es precisamente eso lo que hemos pedido al obispo más importante, al primer obispo de Europa y sucesor de Pedro, nosotros, los obispos, sus hermanos; es lo que ha sucedido esta mañana. Y [el Papa] ante todo ha subrayado estos valores que sustentan la doctrina social de la Iglesia, la dignidad inviolable de la persona humana y el bien común; después ha dicho que debemos seguir insistiendo para que estos valores sean no sólo respetados, sino que sean los valores-fundamento para la ulterior construcción dentro de la Unión Europea. Y sobre todo al final nos ha alentado para continuar esta labor no fácil del diálogo con las fuerzas políticas, con una sociedad civil que tal vez incluso se distancia de este discurso con base en el cristianismo, pero estamos también convencidos, como ha dicho frecuentemente el Santo Padre esta mañana, que no es una cuestión inmediatamente de la fe cristiana, sino que sobre todo es antes un tema de la conciencia humana, que es innato en la persona. Por lo tanto, se trata de valores ciertamente universales.

--¿Cuál es el primer desafío en este momento en la agenda de la COMECE, también en el contexto de las palabras del Santo Padre?

--Monseñor Van Luyn: Nos interesamos en los valores, pero el tema de los valores no puede jamás afrontarse tomando un valor sólo. Existe siempre conexión entre los valores, y hay también una jerarquía de valores. Ciertamente nosotros deseamos mostrar en nuestro diálogo con los responsables de las instituciones europeas cuáles son los valores que están involucrados en ciertas decisiones que se van a tomar. Y mostramos también esta jerarquía; el derecho a la vida es mucho más importante que la cuestión energética por ejemplo; es evidente.

--En el curso de las intervenciones, se ha mencionado numerosas veces la palabra «reconciliación». A los 50 años de los Tratados de Roma, ¿cree que puede ser momento, para el continente, de una especie de purificación de la memoria histórica que recoge totalitarismos, conflictos...?

--Monseñor Van Luyn: ¡Y colonialismo! Los europeos somos en buena parte causa y tenemos culpa del subdesarrollo de los Estados en África; también porque hemos creado Estados en África según criterios absolutamente equivocados, sin tener en cuenta la identidad de los pueblos y de las tribus. Ha sido una política del todo errónea, una política del poder. Así que debemos estar interesados e implicados en el desarrollo de África sobre todo.

En 1950, en su famoso discurso del 9 de mayo de apenas dos páginas, Robert Schumann nombró explícitamente tres veces la responsabilidad de Europa respecto a África, y justamente. Si entonces se hubiera escuchado mejor, África estarían en una posición mucho mejor que la actual. La hemos hecho caer. No hemos hecho nada. Y los famosos «Millennium development goals» [«Objetivos de desarrollo del milenio». Ndr ] -decididos por unanimidad, también por todos los países europeos- hay que llevarlos a cabo antes del año 2015; estamos en 2007: casi nada de tiempo es el que poseemos para pasar de la aspiración a la acción.

--De todos estos trabajos del congreso de la COMECE, ¿qué llamamiento se desprende para los católicos de la Unión Europea?

--Monseñor Van Luyn: ¡Que deberían leer nuestro «Mensaje»! Pero personalmente me ha impresionado mucho la advertencia de la presidenta de Irlanda [Mary McAleese], «building bridges» [«construir puentes»].

Ayer por la tarde, en Trastevere, lo he aplicado al ejemplo que nos da «San Egidio», o sea, hacer puentes [la Comunidad de San Egidio - asociación internacional de fieles de derecho pontificio-, fundada por el historiador laico Andrea Riccardi, tienen su sede en el citado barrio italiano; en 1973, en la Iglesia de San Egidio en Trastevere, se empezó la costumbre de la oración comunitaria todas las tardes, que desde entonces acompaña la vida de todas las comunidades en todas partes del mundo. Ndr ].

Se ha hablado de cuatro puentes: el puente entre espiritualidad y solidaridad; si ampliamos el tema, es el puente entre fe y compromiso en la sociedad civil. Y muchos cristianos, cuando viven la fe, lo hacen como algo interno que tiene pocas consecuencias en la actividad que desarrollan en la sociedad civil. Y este primer puente que hay que hacer es muy importante, porque la solidaridad debe estar, digamos, inspirada por la espiritualidad, pero la espiritualidad cuando es auténtica se expresa en solidaridad.

El segundo puente es entre eclesiásticos y laicos, porque tenemos necesidad recíprocamente unos de otros. Por ello hemos organizado también este congreso, que es un diálogo entre el laicado y eclesiásticos.

Se añade el puente entre las culturas y las religiones; también el puente de la paz que hay que construir entre partes en conflicto –por ejemplo, en Sudán, en Uganda, como hace también «San Egidio» en África, en Mozambique-.
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Documentación



Mensaje de Roma emitido por el Congreso convocado por los obispos europeos
«Valores y perspectivas para la Europa de mañana»

ROMA, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- Con ocasión del 50º aniversario de la firma de los Tratados de Roma, más de 400 delegados de las Conferencias Episcopales, de las comunidades religiosas, de las organizaciones y movimientos católicos y de otras iglesias cristianas se han reunido en Roma del 23 al 25 de marzo, por invitación de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), en un congreso europeo sobre el tema «Valores y perspectivas para la Europa de mañana».

Estos delegados han dirigido el «Mensaje de Roma» a los jefes de Estado y de gobierno de los Estados miembros de la Unión Europea, al presidente del Parlamento Europeo y al Presiente de la Comisión Europea, reunidos el domingo en Berlín con ocasión del mencionado aniversario, en un solemne encuentro del Consejo Europeo.

En propia mano recogió el «Mensaje de Roma» el presiente del Consejo Italiano, Romano Prodi, comprometiéndose ante los congresistas a llevarlo personalmente a los convocados en la ciudad alemana.

Publicamos el texto íntegro de dicho Mensaje.

 

* * *



 

MENSAJE DE ROMA



1. A la luz de la historia de la Comunidad Europea, contemplamos los Tratados de Roma como una etapa importante en el camino de integración de los Estados y de los pueblos europeos. Agradecemos los esfuerzos de muchos representantes de nuestros pueblos en términos de compromiso a favor de la paz y de la reunificación europea, hasta ahora no completamente realizados. Aquellos líderes europeos supieron sacar enseñanzas adecuadas de las aberraciones de nacionalismos exacerbados e ideologías totalitarias que han llevado a guerras, destrucción y negación de las libertades. Los logros de estos cincuenta años se describen en el informe «Una Europa de los valores», del que el Congreso ha tomado nota. Consideramos nuestro deber realizar la construcción europea en el tiempo con la conciencia de que se trata de una construcción terrena. Necesitaban más de cien años nuestros antepasados para construir una catedral; en cincuenta años hemos construido una nueva «catedral» para todos los europeos.

2. Recordamos que todos los Estados miembros se han comprometido libremente en el proceso de integración europea con la firma y la ratificación de los Tratados de Roma y de los sucesivos acuerdos europeos. Hoy, en marzo de 2007, la Unión Europea tiene nuevamente ante sí desafíos importantes que superar para garantizar su propio futuro. Es necesario desarrollar la cooperación internacional para combatir la pobreza, especialmente en África, la explotación de las mujeres y de los niños, así como las violaciones de los derechos del hombre. Es necesario luchar contra las causas y las consecuencias del cambio climático. En este contexto es necesario armonizar las experiencias de un mayor número de países miembros de la UE, responder a las crecientes expectativas de los ciudadanos respecto a la UE en una situación de globalización y mantener una adecuada protección social. El reacercamiento de los ciudadanos a las instituciones políticas lejanas y difíciles de entender es cada vez más necesario. Todo ello requiere urgentemente que se confirme con vigor el camino ya recorrido hallando nuevos motivos para justificar la existencia de la Unión Europea. Ello le permitirá reencontrar su dinamismo original, a fin de que cada vez más jóvenes europeos se conviertan realmente en la mayor riqueza de Europa.

3. Seguimos con atención el diálogo entre los Jefes de Estado y de Gobierno, el presidente del Parlamento Europeo y el Presidente de la Comisión Europea, a fin de identificar una solución compartida que permita superar la actual pausa de reflexión en Europa. Pedimos que la solución institucional que se alcance tutele la dignidad humana y los valores que se derivan de ella, como la libertad religiosa en todas sus dimensiones, los derechos institucionales de las Iglesias y de las comunidades religiosas, y reconozca explícitamente el patrimonio cristiano de nuestro continente. En el diálogo sobre y por el bien común de los ciudadanos, contribuiremos a una fuerte cohesión social, hoy tan importante y necesaria para Europa.

4. Pedimos que la UE esté guiada por los valores y los principios que han inspirado la unificación europea desde el inicio, como: la dignidad humana, la igualdad entre el hombre y la mujer, la paz y la libertad, la reconciliación y el respeto recíproco, la solidaridad y la subsidiariedad, el Estado de Derecho, la búsqueda del bien común. Estos son indispensables, en particular frente al rebrote, en nuestros países, de tendencias nacionalistas, racistas, xenófobas, y de egoísmos nacionales. Las instituciones europeas deberán actuar en el ámbito de sus competencias y no en el que corresponda a los Estados nacionales. Y es por esto que nosotros apelamos a los Estados miembros, pidiéndoles que respeten, en el ámbito de la propia legislación democrática, la vida desde la concepción hasta su fin natural, y que promuevan la familia como unión natural entre el hombre y la mujer en el matrimonio. El respeto de los derechos civiles y jurídicos de los individuos no debe perjudicar el matrimonio y la familia como base de la sociedad.

5. Nosotros, cristianos, muestras comunidades, nuestras asociaciones y movimientos, contribuiremos con nuestro compromiso a sostener las iniciativas que respeten auténticamente la naturaleza humana creada a imagen y semejanza de Dios, como está revelada en la persona de Jesucristo, y que, en esta óptica, trabajen auténticamente a favor de la reconciliación, de la paz, de la libertad, de la solidaridad, de la subsidiariedad, de la justicia. En el proceso de integración del continente, como recordó el Papa Juan Pablo II, «es de importancia capital tener en cuenta que la unión no tendrá solidez si queda reducida sólo a la dimensión geográfica y económica, pues ha de consistir ante todo en una concordia sobre los valores, que se exprese en el derecho y en la vida» [ «Ecclesia in Europa», 110 ].

Que el Señor bendiga Europa y la Virgen María la proteja.

[Traducción del texto plurilingüe realizada por Zenit]

[La COMECE (www.comece.org), cuyo secretariado está en Bruselas, se creó en 1980 como un instrumento de enlace entre las Conferencias Episcopales y la Comunidad Europea. Acompaña la política de la Unión en todo campo de interés eclesial, le ofrece la colaboración de la Iglesia y se esfuerza por responder las peticiones de los responsables de las instituciones europeas. Ndr].
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Homilía del cardenal Rouco Varela en el funeral de monseñor Romero Pose
«¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?»

Homilía del cardenal Rouco Varela en el funeral de monseñor Romero Pose
«¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?»

MADRID, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció este lunes el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, en la Misa «corpore insepulto» de monseñor Eugenio Romero Pose, obispo auxiliar de Madrid y teólogo de prestigio internacional, en la catedral de La Almudena.

 

* * *


Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

«Dios hace, el hombre se deja hacer»

Estas palabras de san Ireneo, que Monseñor Eugenio Romero Pose escogió como lema de su ministerio episcopal, se han cumplido plenamente en el trance de su muerte acaecida en la madrugada del V Domingo de Cuaresma. Dios, el Creador y Redentor, ha actuado en su vida y en su muerte, ha realizado una historia de amor y de salvación para con él, le ha dado a gustar con Cristo el cáliz de su pasión, y, purificado como los justos en el crisol de la prueba, le ha llamado a la casa paterna para que descanse eternamente en su paz. Don Eugenio se ha dejado hacer: ha acogido la voluntad del Señor en su vida y en su muerte sin ofrecer resistencia a lo que el Señor quería de él. «Que sepa aceptar lo que me envíe y que lo acepte queriéndolo de verdad», decía días antes de morir. Con fe inquebrantable en el amor de Dios, con la certeza de la resurrección de la carne, y con la tierna confesión de su amor a Cristo y a la Virgen, nuestro obispo auxiliar abrió de par en par las puertas de su corazón para que el Señor hiciera en él lo que sin duda ha sido el último paso de su conformación con Cristo antes de la ansiada resurrección de la carne. Ahora nos reunimos con fe y esperanza e invocamos, como él mismo lo hizo, la misericordia divina para que sea purificado de sus faltas y goce para siempre de la visión de Dios. La Palabra de Dios que hemos proclamado tiene el poder de la consolación, en estos momentos en que sus familiares, toda la diócesis, y yo mismo con mis obispos auxiliares, sentimos profundamente la pérdida de un hermano, un entrañable amigo, un fiel consejero y un pastor celoso que ha servido a la Iglesia sin otra pretensión que proclamar la verdad que nos salva y justifica nuestra vida. ¡Que Dios le premie como a servidor bueno y fiel!


«¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?»

Al hombre no le resulta fácil alabar a Dios cuando llega la muerte. Siendo como es el último enemigo del hombre, la muerte nos provoca gran angustia y temor y todos quisiéramos vernos libres de su ineludible asechanza. El mismo Hijo de Dios, Jesucristo, suplicó con gran clamor y lágrimas verse libre de la muerte (cf. Heb 5,7-8), lo que no se le concedió porque debía «gustar la muerte por todos» (Heb 2,9). Precisamente por eso, la muerte es el lugar donde se hace más comprensible cantar las maravillas de Dios, que la ha vencido gracias al misterio insondable de la muerte de Cristo. Así lo hace san Pablo en el texto de la carta a los Romanos que hemos escuchado. El apóstol exalta el amor de Dios que, para salvarnos del poder de la muerte, «no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros» (Rom 8,32).

Esta admirable paradoja, que cantaremos en la noche de Pascua –«para rescatar al esclavo entregaste al Hijo»– sólo se explica desde el amor de Dios, que ha querido vencer definitivamente la muerte del hombre permitiendo a su Hijo pasar por ella. Más aún que ha querido así que el hombre, superando la historia de su pecado y de su último fruto, la muerte, fuese capaz de vivir el amor más grande de Dios. «¿Quién nos apartará –se pregunta entonces san Pablo– del amor de Cristo? Nada ni nadie, ni siquiera la muerte. Nada ni nadie puede hacernos dudar del amor de Dios que ha permitido que su Hijo descendiera a la oscuridad de la muerte para iluminarla con la luz de la gloria. Don Eugenio vivía de esta convicción de fe recibida en el seno de una familia profundamente cristiana. Cultivó esta fe en los años de su formación para el sacerdocio y en sus estudios posteriores. Y, sobre todo, vivió de esta fe en los diversos ministerios que la Iglesia le encomendó y que realizó con sencillez y extraordinaria competencia. Su generosa entrega al ministerio episcopal de la que hemos sido testigos hasta que el último tramo de la enfermedad se lo ha impedido, ha sido un signo elocuente de que el amor de Cristo estaba en el fondo de sus motivaciones y de sus actividades apostólicas. La misma enfermedad, acogida y vivida con serena esperanza y firme paciencia, ha sido para él una ocasión para expresar el amor a Cristo reconociendo que sólo así podía servirle tal y como él se lo iba pidiendo. Su único temor era no responder al Señor como se merecía.

D. Eugenio había nacido y había sido bautizado en Baio, en la Provincia de la Coruña, cerca de las costas bravías del Finisterre, mirando a la América hermana, evangelizada por los misioneros de España. Ordenado sacerdote en nuestra querida Santiago de Compostela, conoció, vivió y promovió apasionadamente el Camino de Santiago como el itinerario de la fe apostólica del que desde el corazón de Galicia, el Sepulcro del Apóstol Santiago en su ciudad de Compostela, surgiría aquella Iglesia de “la Hispania” del primer Milenio, rica en mártires, padres y maestros insignes de la vida cristiana, monjes y santos y, con ella, España misma y la Europa de raíces cristianas. Todo su amor a Cristo y a su Iglesia, “la Católica” –en la expresión patrística tan preferida por él–, presidida en la caridad por el Sucesor de Pedro, lo volcó luego totalmente en sus diez años de servicio episcopal a nuestra muy querida Archidiócesis de Madrid, lugar de encuentro fraterno de españoles venidos de todos los rincones de la Patria común y también de Europa y de todo el mundo.

Igualmente valioso ha sido su servicio a toda la Iglesia en España, especialmente a través del delicado cargo de Presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, que ejerció durante dos períodos con exquisita fidelidad al Magisterio de la Iglesia y al Santo Padre.


«Mi carne tiene ansia de ti»

Podemos decir, por tanto, que el amor de Cristo ha vencido la muerte en nuestro hermano Eugenio que ha pasado por ella con la confianza puesta en aquél que le amó y murió por él (cf. Gál 2,20). Si nos entristece el dolor de la separación, nos edifica y conforta el testimonio de su fe, que es fe en la resurrección de la carne. Sólo así, podemos entender el salmo interleccional en el que el justo expresa vivamente el deseo de su carne por ver a Dios. Ciertamente, Dios nos ha hecho para que tengamos sed de Él, para que vivamos con el ardiente deseo de verlo cara a cara, para contemplarlo con nuestra propia carne, como dice el salmista: «Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua». La vida del cristiano tiende, desde que recibe las aguas del bautismo, hacia esa meta de la visión de Dios que alcanzará su realización última en la resurrección de la carne.

Todos sabemos los esfuerzos que, tanto en su investigación y magisterio sobre los Santos Padres, como en la defensa valiente de la fe frente a posturas reduccionistas de la misma, hizo Don Eugenio para que esta verdad definitiva de la fe cristiana –la carne llamada a la gloria– estuviera siempre presente en la predicación, la catequesis y la enseñanza de la Iglesia. Ésta es, en efecto, la novedad cristiana: la resurrección de Cristo, y, gracias a ella, la de los creyentes unidos a él. Al dar sepultura hoy al cuerpo de nuestro hermano confesamos que un día también esta carne que enterramos en debilidad se saciará «como de enjundia y de manteca» con la visión de Dios; sus manos, que tantas bendiciones ha prodigado, se alzarán invocándole; y sus labios, que han proclamado con pasión y fidelidad las bellas palabras del evangelio, le «alabarán jubilosos» por toda la eternidad.


«Ahí tienes a tu hijo»

No temamos, pues, hermanos, la aparente arrogancia de la muerte que pretende imponerse como si fuera el fin de la vida humana. Contemplemos a María, al pie de la cruz, en estos momentos en que todos la necesitamos cercana y firme como Madre fuerte junto al dolor. La escena evangélica tiene lugar momentos antes de que su Hijo ponga en las manos del Padre su último aliento. María es, junto al árbol de la cruz, la nueva Eva que no se deja alagar por la tentación ni los engaños de la muerte, sino que, como Cristo, se deja atravesar por la espada de la prueba. Por eso es imagen de la Iglesia fiel que permanece junto al Crucificado, es decir, junto al que es escándalo y necedad para judíos y griegos. María sabe que allí está naciendo la vida, la Verdadera, que brota del costado abierto del Salvador. Sabe que allí tiene lugar la nueva creación. Sabe que allí culminará su vocación de Madre, no sólo de Cristo, sino de todos los que se llaman sus discípulos. Por eso, recibe a Juan, y en él a todos nosotros, como el que ocupará para siempre, en la tierra, el lugar de Cristo. «Mujer, ahí tienes a tu hijo». María recibe una maternidad universal en la muerte de su propio Hijo; podemos decir que, para llegar a ser Madre de toda la Iglesia, hubo de pasar por el trance de la muerte de su Hijo.

También hoy está al pie de nuestra cruz, aquí, en este valle de lágrimas donde ella permanece para siempre. Hoy ha muerto uno de sus muchos hijos, de los hijos nacidos del costado abierto del Redentor. Un hijo configurado a su Hijo con los sacramentos de la gracia, un hijo a quien Cristo llamó para asemejarle a Él mediante la plenitud del sacramento del Orden y ser así su imagen en medio de los hombres. Y hoy María se dirigirá sin duda a Cristo para decirle: Mira, aquí está uno de los que tú me diste al pie de la cruz, uno de los que te han costado la vida que diste por amor, uno de los que me han tenido en su casa como preciado tesoro y me han mirado con exquisita ternura y filial devoción, uno que antes de expirar pudo todavía decir «amo a Cristo, amo a la Virgen». Acógelo en la casa del Padre, ponlo junto a ti, pues es tuyo y te pertenece, y cumple así aquella vocación que me diste al pie de la cruz cuando de todos los tuyos me dijiste en Juan: «Ahí tienes a tu hijo».

Amén.
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Monseñor Eugenio Romero Pose, «un teólogo de raza»


OVIEDO, lunes, 26 marzo 2007 (ZENIT.org).- Monseñor Eugenio Romero Pose, obispo auxiliar de Madrid, uno de los teólogos expertos en Patrística más conocidos del panorama mundial, falleció el 25 de marzo, a los 58 años de edad, en Madrid, después de una larga enfermedad.
Así le recuerda, en este artículo, monseñor Raúl Berzosa Martínez, obispo auxiliar de Oviedo.


 

Un teólogo de raza



La noticia nos llegaba muy temprana: D. Eugenio Romero Pose, actualmente obispo auxiliar de Madrid, había fallecido el día de la Anunciación, tras una larga enfermedad. Quienes le conocimos, primero como profesor en la Facultad de Teología de Burgos, y más tarde como compañero en la docencia y teólogo, podemos decir de él, sin dudarlo, que ha sido uno de los teólogos más representativos y notables del panorama teológico español del siglo XX.

Supo hacer realidad el triple programa señalado por el Concilio Vaticano II: vuelta a las fuentes puras y genuinas de la patrística, diálogo sincero con la cultura de nuestro tiempo, y atención a la dimensión pastoral de la teología.

Las tres dimensiones las cultivó con maestría, pero sin duda la patrística fue el campo donde nos legó sus mejores aportaciones. Junto al fallecido jesuita padre Orbe y al joven teólogo J. J. Ayán, han sabido abrir una escuela reconocida mundialmente, sobre todo cuando se trata de hablar de San Ireneo o San Justino.

¡Cuántas veces escuché de labios de D. Eugenio, las conocidas frases de San Ireneo!: «Dios se hace hombre para que el hombre se haga Dios. La gloria y felicidad de Dios es que el hombre viva. Y la gloria y felicidad del hombre es la visión de Dios».

Su labor en la Conferencia Episcopal ha sido muy fructuosa. Los importantes documentos emanados por la Comisión de la Doctrina de la Fe, de la que era Presidente, y otros más recientes aprobados en Asamblea Plenaria, llevan su sello y su acertado saber hacer.

Quiero destacar, finalmente otra faceta de D. Eugenio Romero: su cercanía al monasterio de Clarisas de Lerma. Con frecuencia les repetía tres verdades de nuestra fe: el amor apasionado a Jesucristo, el amor sincero a la Iglesia como Cuerpo y presencia de Cristo, y las claves de una auténtica espiritualidad de encarnación. Creía y valoraba la vida de especial consagración como don del Espíritu.

En estos momentos, no sólo Madrid o Galicia, su tierra natal, sino toda la Iglesia española llora la muerte de un hijo tan sabio como humilde, tan clarividente como espiritual, tan español como universal. Sabemos que con su muerte no le hemos perdido: hemos ganado un intercesor. Gracias, D. Eugenio por tu obra y por el testimonio de tu vida.

+ Raúl Berzosa Martínez, obispo titular de Arcavica y auxiliar de Oviedo
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