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Santa Sede
La verdadera fe no es un invento intelectual, sino la enseñada por los obispos; aclara el Papa
El Papa exhorta a los sicilianos a testimoniar la paz en la legalidad y el amor
Israel cancela la reunión con el Vaticano sobre la aplicación de acuerdos mutuos
El Papa alaba al progreso ecuménico con la Federación Mundial Luterana
Mundo
El álbum de la visita del Papa Brasil es ya disco de oro
Irak: Mueren asesinadas dos monjas católicas caldeas
«La Educación que Venezuela Necesita»
Monseñor Foley: Mantened los medios «limpios» para los niños
Por el bien común, los obispos de Italia advierten del riesgo de legalizar las uniones de hecho
«Hablar de fe en Edith Stein es hablar de vida»
Entrevistas
Los retos de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano, según su secretario general (II)
Audiencia del miércoles
Benedicto XVI presenta a San Ireneo de Lyon
Santa Sede
La verdadera fe no es un invento intelectual, sino la enseñada por los obispos; aclara el Papa
Al presentar la figura de san Ireneo de Lyon
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- La verdadera fe cristiana no es un invento de intelectuales, sino la que transmiten los obispos, sucesores de los apóstoles, aclara Benedicto XVI.
Así lo explicó en su intervención durante la audiencia general de este miércoles, celebrada en la plaza de San Pedro del Vaticano con la participación de algo más de 20.000 peregrinos, dedicada a presentar la figura de san Ireneo de Lyon, figura decisiva entre las primeras generaciones de cristianos.
Fallecido entre el año 202 ó 203, probablemente mártir, Ireneo fue alumno del obispo Policarpo de Esmirna (en la actual Turquía), quien a su vez era discípulo del apóstol Juan. Tras mudarse a la ciudad de Lyon, en Galia, tras la persecución del emperador Marco Aurelio, se convirtió en obispo de esa ciudad.
Ha pasado a la historia por ser el «primer gran teólogo de la Iglesia», en el sentido de que creó la teología sistemática, y «el campeón de la lucha contra las herejías», en particular, el gnosticismo.
La «gnosis», como aclaró el pontífice, es una doctrina, según la cual, «la fe enseñada por la Iglesia no era más que un simbolismo para los sencillos, pues no son capaces de comprender cosas difíciles».
«Por el contrario --según esta corriente--, los iniciados, los intelectuales --se llamaban “gnósticos”-- podrían comprender lo que se escondía detrás de estos símbolos y de este modo formarían un cristianismo de élite, intelectualista».
«Obviamente este cristianismo intelectualista se fragmentaba cada vez más en diferentes corrientes con pensamientos con frecuencia extraños y extravagantes, pero atrayentes para muchas personas», constató el Papa.
«Para Ireneo la “regla de la fe” coincide en la práctica con el “Credo” de los apóstoles, y nos da la clave para interpretar el Evangelio, para interpretar el Credo a la luz del Evangelio».
«El Evangelio predicado por Ireneo es el que recibió de Policarpo, obispo de Esmirna, y el Evangelio de Policarpo se remonta al apóstol Juan, de quien Policarpo era discípulo».
Por eso, indicó el sucesor de Pedro, «la verdadera enseñanza no es la inventada por los intelectuales, superando la fe sencilla de la Iglesia. El verdadero Evangelio es el impartido por los obispos que lo han recibido gracias a una cadena interrumpida que procede de los apóstoles».
«Éstos no han enseñado otra cosa que esta fe sencilla, que es también la verdadera profundidad de la revelación de Dios», aclaró.
«No hay una doctrina secreta detrás del Credo común de la Iglesia. No hay un cristianismo superior para intelectuales».
«La fe confesada públicamente por la Iglesia es la fe común de todos. Sólo es apostólica esta fe, procede de los apóstoles, es decir, de Jesús y de Dios».
Al ilustrar la enseñanza de san Ireneo, Benedicto XVI explicó que «al adherir a esta fe transmitida públicamente por los apóstoles a sus sucesores, los cristianos tienen que observar lo que dicen los obispos, tienen que considerar específicamente la enseñanza de la Iglesia de Roma, preeminente y antiquísima».
«Esta Iglesia, a causa de su antigüedad, tiene la mayor apostolicidad: de hecho, tiene su origen en las columnas del colegio apostólico, Pedro y Pablo», recordó.
«Con la Iglesia de Roma tienen que estar en armonía todas las Iglesias, reconociendo en ella la medida de la verdadera tradición apostólica, de la única fe común de la Iglesia», concluyó el obispo de la ciudad eterna.
ZS07032803
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El Papa exhorta a los sicilianos a testimoniar la paz en la legalidad y el amor
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI alentó este miércoles a los habitantes de Sicilia, la isla donde surgió y opera la mafia, a testimoniar la paz en la legalidad y en el amor.
Antes de despedirse de los 20.000 peregrinos congregados en la plaza de San Pedro con motivo de la audiencia general, el Papa dirigió un saludo particular a la Iglesia en Sicilia, cuyos obispos se encuentran estos días en Roma cumpliendo con su quinquenal visita «ad limina apostolorum».
«Que ningún miedo sorprenda nunca ni altere vuestros corazones», les aconsejó.
«Quien sigue a Cristo no tiene miedo de las dificultades --subrayó--; quien confía en Él avanza con seguridad».
«Sed constructores de paz en la legalidad y en el amor, ofreciendo luz a los hombres de nuestro tiempo, quienes a pesar de que están sumergidos en los afanes de la vida cotidiana, experimentan el llamamiento de las realidades eternas», concluyó.
ZS07032809
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Israel cancela la reunión con el Vaticano sobre la aplicación de acuerdos mutuos
La Iglesia no cuenta con garantías jurídicas y fiscales
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- La delegación del gobierno de Israel que debía participar en el Vaticano en reuniones con la Santa Sede sobre la aplicación de los mutuos acuerdos ha cancelado su presencia a causa de la situación política internacional.
La Oficina de Prensa del Vaticano ha respondido con un comunicado oficial en el que se muestra comprensión ante las razones aducidas para la cancelación de la reunión plenaria de la Comisión Bilateral Permanente de Trabajo entre la Santa Sede y el Estado de Israel, prevista para el 29 de marzo, pero pide a Israel concordar cuanto antes un nuevo encuentro.
En la reunión, los representantes de Israel y de la Santa Sede debían afrontar cuestiones relativas a la aplicación del Tratado Fundamental («Fundamental Agreement»), firmado el 30 de diciembre de 1993, que permitió entablar las mutuas relaciones diplomáticas.
El último encuentro de los negociadores a ese nivel se celebró hace cinco años. Desde entonces las negociaciones habían avanzado esporádicamente a «nivel de trabajo».
Según el Vaticano, el 26 de marzo, «la delegación israelí comunicó la imposibilidad de participar en la reunión a causa de la condiciones políticas internacionales».
«La Santa Sede, si bien comprende las razones, ha constatado con pesar esta circunstancia y espera poder concordar cuanto antes con la parte israelí la nueva fecha de la convocación de la reunión plenaria», aclara el comunicado.
Las negociaciones buscan alcanzar un acuerdo sobre todas las cuestiones de propiedad e impuestos que están pendientes para que la Iglesia pueda contar con la seguridad jurídica y fiscal que le permita realizar su labor.
Cuando la Santa Sede estableció relaciones diplomáticas con el Estado de Israel en 1993, Juan Pablo II optó por proponer un «Acuerdo fundamental» y negociar más tarde estas cuestiones en detalle para demostrar su confianza en las autoridades israelíes.
ZS07032801
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El Papa alaba al progreso ecuménico con la Federación Mundial Luterana
En un mensaje por los 60 años de esta alianza eclesial
CIUDAD DEL VATICANO/LUND, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- Con motivo del sexagésimo aniversario de la fundación de la Federación Mundial Luterana (Lutheran World Federation, LWF), el Papa Benedicto XVI ha tenido palabras de aprecio para el trabajo ecuménico luterano-católico realizado.
Así lo ha manifestado en un mensaje hecho llegar por el presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el cardenal Walter Kasper, al presidente de la LWF, el obispo Mark S. Hanson, y leído el 25 de marzo con motivo de un oficio religioso celebrado en la catedral de Lund (Suecia).
En el mensaje, el Papa subraya que la LWF, desde el final del Concilio Vaticano II (1959-1965), «ha emprendido con la Iglesia católica un diálogo ecuménico hasta hoy fructífero», que ha dado «importantes pasos adelante» en el camino hacia la unidad de los fieles de estas dos confesiones cristianas.
Estos progresos, añade, «han sido expresados claramente» en numerosos documentos, como la «Declaración Conjunta sobre la Justificación», firmada por la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial el 31 de octubre de 1999, en la ciudad alemana de Ausburgo --y a la que se adhirió en julio de 2006, el Consejo Metodista Mundial--, con lo que se ha acortado una considerable distancia desde el punto de vista teológico, en una materia que estuvo en la base de la Reforma luterana del siglo XVI.
Actualmente, la Comisión luterano-católica trabaja en las diferencias todavía existentes entre luteranos y católicos en determinadas cuestiones de fe como el modo de concebir la Iglesia y sus sacramentos.
En su mensaje, Benedicto XVI afirma que las relaciones entre luteranos y católicos, profundizadas gracias a la oración común y a los innumerables encuentros a nivel mundial, son «un don del Espíritu Santo y al mismo tiempo una obligación de no cansarse en el llevar adelante los compromisos ecuménicos».
Se trata, añade el obispo de Roma, «de nuestra tarea constante de anunciar a través de un testimonio común a un mundo necesitado y en busca de una orientación, el mensaje salvífico del Evangelio de Jesucristo».
En sus palabras de saludo, el cardenal Kasper subraya que, a partir del Concilio Vaticano II, entre la Iglesia Católica y la LWF ha nacido una especie de «comunión» y que ambas «han dado pasos que miran adelante, hacia una colaboración y una amistad cada vez mayores».
La Federación Luterana Mundial es una alianza de iglesias nacionales y regionales de la confesión luterana. Fundada en 1947, tiene sede en Ginebra. Actualmente, reúne a 140 iglesias, que representan a 78 países, a las que pertenecen 66,7 millones de protestantes luteranos.
ZS07032805
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Mundo
El álbum de la visita del Papa Brasil es ya disco de oro
Vendió 75.000 ejemplares el mismo día que se lanzó
APARECIDA, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).-El disco «Benedicto, bendito el que viene en nombre del Señor», que contiene el himno compuesto para la visita del Papa Benedicto XVI a Brasil en mayo próximo, fue presentado el pasado 25 de marzo y el mismo día alcanzó la categoría de «Disco de Oro» por haber vendido 75.000 ejemplares.
El disco se presentó durante la primera misa de la mañana del domingo en la iglesia de Nuestra Señora de la ciudad de Aparecida, el mayor santuario de los brasileños y adonde el Papa acudirá para inaugurar la quinta conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe.
El álbum fue producido en colaboración entre el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Aparecida y la grabadora Codimuc, que recibió 75.000 encargos antes de que la música oficial de la visita del Papa fuera cantada el domingo por su compositor en el altar del santuario.
La producción del disco es de Dalvimar Gallo y los arreglos Carlos Henrique (Banda «Filhos de Davi») y Marcelo Duarte (Banda «Anjos de Resgate»).
Las músicas del álbum fueron seleccionadas por la Conferencia Episcopal de Brasil.
«Es un trabajo artístico de gran calidad que expresa el cariño del pueblo brasileño al acoger al Papa», afirmó el director artístico del álbum, el sacerdote Josafá Moraes, citado en la página oficial en Internet de la visita del Papa a Brasil: www.visitadopapa.org.br.
El disco compacto contiene dos versiones diferentes de la música «Benedicto, bendito el que viene en nombre del Señor». Una, grabada por los Cantores y Organistas del Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, y otra cantada por el popular dúo Gian y Giovani, reconocidos devotos del Santuario.
El himno fue compuesto por el religioso Luiz Turra y venció un concurso organizado por el Episcopado brasileño y en el que participaron quince composiciones.
«La música es fácil de aprender y esperamos que al Papa, que es pianista, le guste tanto como al Papa Juan Pablo II le gustó la que compusimos durante su segunda visita a Brasil», afirmó el arzobispo de Aparecida, monseñor Raymundo Damasceno, al recordar la música «Tu bendición, Juan de Dios», que aún hoy es interpretada en algunas ceremonias religiosas.
El álbum también incluye cuatro nuevas versiones de músicas religiosas como «Madre Aparecida» y «Virgen Madre Aparecida», grabadas por conocidos músicos como Daniel, Elba Ramalho y Joanna, y por la banda Angeles del Rescate.
Esta agrupación, considerada como uno de los mayores fenómenos de la música religiosa en Brasil, el país con mayor número de católicos del mundo, actuará el próximo 10 de mayo durante el «Encuentro con la Juventud» que el Papa celebrará en el estadio Pacaembú de la ciudad de Sao Paulo.
El álbum se vende a 9,90 reales (unos 4,8 dólares) junto con un cartel de Benedicto XVI.
El Papa realizará una visita a Brasil entre el 9 y el 13 de mayo y, además de Sao Paulo y Aparecida, estará también en Guaratinguetá, otro municipio del interior del Estado de Sao Paulo, donde visitará una hacienda en la que son rehabilitadas personas con dependencia de las drogas.
ZS07032808
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Irak: Mueren asesinadas dos monjas católicas caldeas
BAGDAD, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- Dos monjas católicas caldeas de avanzada edad fueron apuñaladas hasta la muerte el lunes por la noche en su casa de Kirkuk, en el norte de Irak, según informó la policía, que está investigando el motivo del ataque.
El teniente Marewan Salih de la policía de Kirkuk explicó que las monjas, sor Fawzeiyah Naoum, de 85 años, y su hermana Margaret, de 79, recibieron múltiples puñaladas por parte de dos intrusos que entraron en su casa, situada cerca de la catedral de Kirkuk.
Margaret Naoum fue apuñalada siete veces en el jardín de la vivienda, a la que entraron luego los atacantes donde se encontraba reclinada en un sofá Fawzeiyah Naoum, tras haber sido operada de la vista la semana pasada. Fue apuñalada tres veces.
La Iglesia caldea es una de las iglesias orientales católicas autónomas en plena comunión con la Iglesia católica apostólica romana. En su liturgia preserva el uso del arameo como lenguaje litúrgico, la lengua que hablaba Jesús.
Su patriarca, Su Beatitud Emmanuel III Karim-Delly, reside en Bagdad, y cuenta con seguidores principalmente en Siria, Turquía, Irán e Irak.
ZS07032807
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«La Educación que Venezuela Necesita»
Manifiesto de las organizaciones católicas educativas
CARACAS, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- Las organizaciones católicas de Venezuela en el campo educativo han dado a conocer públicamente mediante un manifiesto su postura ante este importante tema, con vistas a la futura reforma de la Ley Orgánica de Educación (LOE).
El manifiesto, llamado «La Educación que Venezuela Necesita», fue dado a conocer ayer 27 de marzo por la Asociación Venezolana de Educación Católica (AVEC), el Departamento de Educación de la Conferencia Episcopal Venezolana, Fe y Alegría, la Comisión Nacional de Laicos de la Iglesia Católica, la Confederación Nacional de Padres y Representantes de la Educación Católica y los institutos de educación católica, red que agrupa aproximadamente 765 centros educativos ubicados en todo el territorio nacional.
El documento subraya el interés de la Iglesia por desterrar definitivamente cualquier motivo de exclusión en el sector educativo nacional. Así como el papel que debe cumplir la familia como principal factor de formación para los niños.
Antón Marquiegui, presidente de la Asociación Venezolana de Educación Católica (AVEC), fue el portavoz del comunicado e instó al Gobierno Nacional a consultar a todos los sectores en la elaboración de la Ley.
Así mismo indicó que la Iglesia cree que es conveniente la mayor variedad posible en cuanto a los establecimientos educativos, así como preservar la libertad de las personas jurídicas, además de crear iniciativas educativas para toda la población.
Indicó que esto mantiene la libertad de pensamiento, la defensa de las culturas autóctonas y originarias del país, de la educación intercultural bilingüe y en ámbitos de exclusión a través de centros de capacitación.
En cuanto a la educación pública, dijo que las organizaciones representadas abogan por que ésta sea de excelencia, de calidad y de una verdadera inclusión, «en la que todo ciudadano sienta que tiene una oportunidad para progresar, una oportunidad para desarrollarse como persona».
Dijo también que este manifiesto es la oportunidad para hacer una revisión y un análisis profundo e hizo un llamamiento a todas las personas implicadas en la educación en Venezuela, para determinar qué es lo que realmente necesita el país.
El presidente de la AVEC afirmó que ésta constituye una propuesta de la Iglesia, con el fin de contribuir a realizar cambios positivos en el sistema educativo. Observó que planteamientos interesantes en materias como la ampliación del período escolar a 200 días de clase, la prohibición de propaganda política en los centros, así como la atención de las demandas de la comunidad, se mantienen en el segundo borrador de la Ley, ahora en estudio, pero se han sustraído del proyecto los aspectos relacionados con los derechos de los profesionales de la educación, otorgamiento de subsidios, derechos de los padres a decidir si sus hijos reciben educación religiosa en los centros, entre otras iniciativas que permanecían en el primer borrador.
Con este manifiesto de 115 puntos, la AVEC, la Iglesia y otras organizaciones católicas pretenden abogar por una educación sin exclusión, con libertad de pensamiento y sin desestimar la educación pública. Todo esto en el marco de la discusión de la reforma a la Ley Orgánica de Educación (LOE).
ZS07032806
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Monseñor Foley: Mantened los medios «limpios» para los niños
El arzobispo exhorta a los jóvenes a elegir lo que es bueno y bello
JOHANNESBURGO, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- El presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales ha pedido a los profesionales que mantengan «limpios» los medios de comunicación para los niños.
El arzobispo John Foley lo dijo el 24 de marzo, al inaugurar la V Cumbre Mundial sobre los Medios para los Niños, que se celebró en Johannesburgo, Sudáfrica, hasta este miércoles.
El prelado invitó a los participantes en el congreso a reflexionar cuidadosamente sobre la formación de los niños por parte de los medios y sobre su formación para responder de modo apropiado a los mismos medios.
Citando el mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, «los niños y los medios de comunicación: un desafío para la educación», el arzobispo Foley subrayó que «la educación para los medios exige formación en el ejercicio de la libertad... Muy a menudo la libertad se presenta como la incesante búsqueda de placer o de nuevas experiencias, esta es condena, no liberación».
«La auténtica libertad se experimenta como respuesta definitiva al ‘sí’ de Dios a la humanidad, llamándonos a elegir, no indiscriminadamente sino deliberadamente, todo lo que es bueno, verdadero y bello».
Dirigiéndose a los mil delegados presentes, entre ellos 300 niños y adolescentes, el prelado afirmó que el desafío que les interpela es el de asegurar que el «entretenimiento» no responda a los propios intereses y no se base en la explotación.
«Cualquier tendencia a producir programas --incluidos dibujos animados y videojuegos-- que, en nombre del entretenimiento, exalte la violencia y diseñe comportamientos antisociales o la banalización de la sexualidad humana, es una perversión, tanto más repelente cuanto que estos programas se dirigen a niños y adolescentes», dijo el arzobispo.
«¿Cómo se podría explicar el ‘entretenimiento’ a los innumerables jóvenes que actualmente sufren violencia, explotación y abusos?», preguntó.
El arzobispo Foley expresó su esperanza en que los jóvenes puedan ser formados por y a través de los medios en ayudar a construir una sociedad justa, basada en valores como la paz, la alegría y el respeto recíproco.
ZS07032804
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Por el bien común, los obispos de Italia advierten del riesgo de legalizar las uniones de hecho
Aclaran además la responsabilidad de los parlamentarios católicos
ROMA, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- La «legalización de las uniones de hecho es inaceptable y peligrosa», advierte este miércoles el Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).
En su «Nota relativa a la familia fundada en el matrimonio y a iniciativas legislativas en materia de uniones de hecho», los prelados aclararan que políticos y legisladores católicos deben comprometerse en la defensa de la familia «fundada en el matrimonio entre hombre y mujer» y que tienen el «deber moral de expresar clara y públicamente el desacuerdo y votar en contra de proyectos de ley» favorables al «reconocimiento legal de las uniones homosexuales».
«No tenemos intereses políticos», pero «sentimos el deber –escriben en la Nota- de aportar nuestra contribución al bien común», y «estamos convencidos, junto a muchísimos otros, también no creyentes, del valor que representa la familia para el crecimiento de las personas y de toda la sociedad».
«A partir de estas consideraciones consideramos la legalización de las uniones de hecho inaceptable en el plano de principio, peligrosa en el plano social y educativo», se lee en el texto.
Y es que «cualquiera que sea la intención de quien propone esta opción, el efecto sería inevitablemente perjudicial para la familia», pues «se quitaría, de hecho, al pacto matrimonial su unicidad, que sola justifica los derechos que son propios de los cónyuges y que pertenecen sólo a ellos».
Pero «un problema aún más grave» -alerta la Nota- «estaría representado por la legalización de las uniones de personas del mismo sexo, porque en este caso se negaría la diferencia sexual, que es insuperable».
«Estas reflexiones no perjudican el reconocimiento de la dignidad de toda persona; a todos confirmamos nuestro respeto y nuestra solicitud pastoral», recalcan los prelados italianos.
En este contexto, la Nota recuerda que «el Derecho no existe con el fin de dar forma jurídica a cualquier tipo de convivencia o de proporcionar reconocimientos ideológicos: tiene en cambio el fin de garantizar respuestas públicas a exigencias sociales que van más allá de la dimensión privada de la existencia».
El Consejo Episcopal Permanente presta también atención a las situaciones concretas a las que pueden ser útiles garantías y tutelas jurídicas para personas que conviven.
Pero señala su convencimiento de que «este objetivo se puede buscar en el ámbito de los derechos individuales, sin hacer hipótesis sobre una nueva figura jurídica que sería alternativa al matrimonio y a la familia y produciría más perjuicios que los que desearía solucionar».
En cuanto a la actitud de políticos y legisladores católicos, los prelados recuerdan la reciente Exhortación apostólica post-sinodal «Sacramentum Caritatis», en la que se subraya la responsabilidad de «presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana» (n. 81), en los que se comprende «la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer».
Por ello «sería incoherente aquel cristiano que apoyara la legalización de las uniones de hecho», señalan los obispos italianos.
En esta línea, la Nota se remite a cuanto apuntó la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe en sus «Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales» (31 de julio de 2003).
En este documento vaticano se aclara que, frente a «un proyecto de ley favorable al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley».
Igualmente el citado dicasterio subraya que el fiel no «puede apelar al principio del pluralismo y de la autonomía de los laicos en política, favoreciendo soluciones que comprometan o que atenúen la salvaguarda de las exigencias éticas fundamentales para el bien común de la sociedad».
La Nota del Consejo Permanente de la CEI concluye con un llamamiento «a la conciencia de todos, en particular a cuantos tiene la responsabilidad de legislar, a fin de que se interroguen sobre las elecciones coherentes que hay que adoptar y sobre las consecuencias futuras de sus decisiones».
ZS07032810
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«Hablar de fe en Edith Stein es hablar de vida»
Según Sancho Fermín, un estudioso español de la filósofa
ROMA, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- La fe de Edith Stein (1891-1942), copatrona de Europa, filósofa, carmelita y mártir en Auschwitz, es una «fe vivida».
Lo afirmó el director del Centro Teresiano Sanjuanista de Ávila, Francisco Javier Sancho Fermín, en su intervención durante el Simposio Internacional «Fe y Mística en el Carmelo», clausurado el viernes pasado en la Facultad Teológica «Teresianum» de Roma.
«Edith Stein es una pensadora, pero sobre todo es una investigadora, una mujer que no se detiene en la investigación de la verdadera fe, sino que quiere vivir en conformidad con su fe. Hablar de la fe en Edith Stein es, por tanto, hablar de vida», dijo el coordinador de la edición de las obras de Edith Stein en español.
«Se podría decir que Edith Stein percibe lo que en el fondo ha sido la gran necesidad de la teología tras su separación de la vida: la recuperación de la dimensión existencial», añadió Sancho Fermín, uno de los mayores expertos en el pensamiento y la espiritualidad de Stein en España.
«En el caso del martirio de Edith Stein, una comprensión completa es sólo posible a la luz del desarrollo de su vida, sobre todo por la toma de conciencia de su misión de llevar la cruz», añadió hablando del martirio de Santa Teresa Benedicta de la Cruz.
«El martirio es un itinerario de fe, que frente a la realidad histórica no huye, sino que trata de dar una respuesta profundamente en comunión con Cristo y su mensaje», explicó durante el congreso en el «Teresianum».
Para el carmelita descalzo, «la experiencia de fe de Edith Stein, tanto frente a la verdad histórica del nazismo como frente a la realidad de los campos de concentración» deja una lección: «que Dios es el Dios siempre presente en la realidad, aunque esta realidad parezca contradecir muchas veces la imagen del Dios de la Providencia».
«El martirio nos pone frente a la realidad del abandono, como le sucedió a Cristo en la Cruz. Sí, es entrega, fruto de la confianza en Dios, pero es experiencia de la noche más oscura que pone a prueba la autenticidad de la fe», subrayó.
ZS07032820
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Entrevistas
Los retos de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano, según su secretario general (II)
Entrevista con monseñor Andrés Stanovnik, OFMCap.
BOGOTÁ, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- La Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que será inaugurada por Benedicto XVI en Aparecida (Brasil) el 13 de mayo, busca ser un gran acontecimiento evangelizador, explica su secretario general.
Por este motivo, aclara monseñor Andrés Stanovnik, OFMCap., obispo de Reconquista (Argentina), en esta entrevista concedida a Zenit, llamará a los cristianos del continente de la esperanza a convertirse en «discípulos y misioneros de Jesucristo».
Monseñor Stanovnik es además secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Su nombramiento como secretario general de la cumbre del episcopado fue anunciado por el Papa el 12 de diciembre pasado.
La primera parte de esta entrevista fue publicada por Zenit en el servicio del 27 de marzo de 2007.
--Hablamos al inicio de identidad cristiana. ¿Se puede hablar de una identidad latinoamericana? ¿No se darían realidades muy distintas, teniendo en cuenta la gran cantidad de países que se congregan en la Quinta Conferencia?
--Monseñor Stanovnik: Las Conferencias Generales son un acontecimiento original y único en la Iglesia Católica que peregrina por América Latina y El Caribe. Esto no sucede en otras partes, como por ejemplo en Europa, Asia o África. Esto fue posible gracias a la dimensión católica de nuestra fe, que empezó con el encuentro de culturas y pueblos, cuando Colón pisó por primera vez las costas de nuestro continente. Desde entonces, la obra de evangelización ha ido construyendo un sustrato cultural católico, que aún caracteriza nuestros pueblos. Si bien hubo luces y sombras, sufrimientos y alegrías, pecado y gracia, en la tarea evangelizador, como suele suceder en los encuentros entre seres humanos, el saldo es altamente positivo, aun cuando todavía haya mucho que superar y construir, para que seamos una verdadera comunidad de naciones equitativa, justa y solidaria.
Sin embargo, el hecho de que estemos a punto de celebrar la Quinta Conferencia General, en continuidad con las anteriores (Río de Janeiro, Medellín, Puebla y Santo Domingo), significa que hay una unidad religiosa y cultural que hace posible este encuentro. Hablamos de América Latina y El Caribe, porque nos reconocemos pertenecientes a una misma familia de naciones y pueblos. Nos descubrimos ligados no por algo meramente circunstancial o estratégico, sino por algo mucho más hondo, que nos da esa identidad de familia grande. En el ámbito de las 22 Conferencias Episcopales latinoamericanas y caribeñas nos reconocemos con alegría y gratitud como una verdadera familia de conferencias.
El CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) es testigo de esa realidad hace ya más de cincuenta años. Ciertamente, el substrato cultural católico ha hecho posible esta unidad regional. De España y de Portugal recibimos la fe y también la cultura, y junto con la cultura, la lengua. Gracias a esas raíces comunes, podemos construir la unidad entre nuestros pueblos sobre bases profundas y proyección trascendente. También es cierto que ese sustrato cultural católico está amenazado y que nos desafía a una tarea urgente para defenderlo y encontrar nuevos caminos para recrearlo y consolidarlo.
Junto con reconocer valiosos aspectos que hacen a la unidad de nuestros pueblos, reconocemos una rica diversidad. Brasil tiene características muy propias, que lo diferencian claramente de los demás países de América Latina. Si comparamos Guatemala, un país de América Central, o un país del sur, como Chile o Uruguay, vemos que son muy diferentes. Sin embargo, cuando un guatemalteco se encuentra con un uruguayo, se sienten más familiares que con un italiano, o con un americano del norte o un asiático. Este fenómeno de familiaridad entre nuestros pueblos es un don muy grande, un verdadero regalo de Dios. Todo lo que une y armoniza, todo aquello que «hace familia», refleja a Dios, que es comunión en la Trinidad, y permite que nos reconozcamos creados a su imagen y semejanza. Esta comunión en la unidad se construye con la ayuda de Dios, que nos abre a la riqueza que aportan las diferencias y particularidades.
En América Latina está casi la mitad de los católicos del mundo. Es una señal de esperanza y una responsabilidad muy grande para la Iglesia. No es extraño que la expresión «continente de la esperanza» nazca en el seno de la comunidad católica. La conciencia de catolicidad que tiene la comunidad católica le permite construir un espacio real de universalidad y de unidad entre pueblos. Es muy importante que en nuestras comunidades cultivemos esa dimensión católica descubriendo, al mismo tiempo, que no es posible construirla si no reconocemos, respetamos e integramos las diversidades. Asimismo, es bueno caer en la cuenta que el reconocimiento, respeto e integración de las diversidades sólo es posible si hay una suficiente y clara identidad de los actores, quienes construyen la unidad aportando sus riquezas y sus diferencias.
Tengo la impresión de que la próxima Conferencia General en Aparecida será particularmente sensible a estos aspectos, precisamente porque el tema gravita sobre la identidad y vocación del sujeto «discípulo y misionero de Jesucristo» y se abre inmediatamente a la misión universal a favor de «nuestros pueblos para que tengan vida en Cristo».
--¿Cómo está estructurado el documento de Síntesis de la Quinta Conferencia? ¿Qué puntos podría destacar de este texto?
--Monseñor Stanovnik: La finalidad de la «Síntesis de los aportes recibidos para la Quinta Conferencia General» fue recoger la reflexión de nuestras comunidades católicas esparcidas en todo el continente sobre su experiencia de fe, de Iglesia y de sociedad en el momento presente. Esta tarea llevó un año de trabajo. De la Síntesis destacaría dos cosas que considero muy importantes. Ante todo, este texto recoge la mirada de fe que tiene nuestro pueblo creyente sobre la realidad que nos toca vivir. Y luego, la misión en el continente.
La mirada de la persona creyente, es una mirada aprendida en la escuela de Jesús y madurada en la comunidad eclesial. Se trata de una mirada desde el corazón de Dios, en consecuencia es, ante todo, una mirada buena y misericordiosa, pero al mismo tiempo profundamente crítica. Como es la mirada de Dios Padre creador que nos revelan las primeras páginas del Génesis: y vio que todo era bueno. Dios no renuncia a su mirada buena cuando le pregunta a Caín «dónde está tu hermano», pero revela que su bondad y compasión no se contradicen con su mirada y su juicio profundamente críticos. La mirada de Jesucristo crucificado dirigida a cada uno, a su Iglesia, a la realidad del mundo, es profundamente conmovedora y compasiva pero, al mismo tiempo, agudamente crítica, sin muchas palabras. El gesto del crucificado es una espada que atraviesa profundamente la realidad. El juicio cristiano sobre la realidad debe integrar misericordia y justicia, una bondad amplia y profunda mirada crítica. El discípulo misionero debe aprender en la escuela de Jesús a ver, juzgar y actuar con él, por él y en él. Este estilo cristiano de discernimiento no se puede vivir «en solitario», sino inserto en la comunidad eclesial e iluminado por el magisterio de la Iglesia. Con otras palabras, podríamos decir que en la experiencia de amistad y comunión de vida con Jesucristo, vamos aprendiendo a discernir el tiempo presente, y con la ayuda de su gracia actuar conforme a su voluntad.
El estilo de misión, el otro aspecto que se destaca en la Síntesis, se caracteriza por reflejar esa mirada de Dios que siempre rescata, recupera, recrea. Esta feliz noticia se nos revela en la Sagrada Escritura. Sigue rescatando hoy y esa tiene que ser la mirada y el estilo de la misión del cristiano. Pero rescata con una profundidad crítica que se revela en toda su conmovedora realidad en la cruz de Jesucristo. Por eso, el compromiso del cristiano tiene que llegar a esa medida. En este sentido, el martirio es el punto más alto del testimonio del creyente y el gesto inconfundible de autenticidad de su misión. ¿Cómo hacer para que el discípulo y misionero de Jesucristo realmente sea vida para nuestros pueblos? El desafío es recuperar para él la dimensión de martirio que tiene la vocación cristiana. Si no está dispuesto a jugarse el todo por el todo, es un testigo pálido de la vocación y misión a la que está llamado. No refleja a Jesucristo. Es verdad que la propuesta de Jesucristo le queda grande a la Iglesia. Pero por fidelidad a él, no la puede achicar o acomodar a una cierta medida tolerable. Creemos que para Dios no hay nada imposible y fue a él a quien se le ocurrió hacernos a su imagen y semejanza, y luego hacernos sus discípulos y discípulas por la amistad con Jesucristo. Tenemos que pedir la gracia de encontrarnos con Él y que Él nos transforme. Por eso lo primero de la Quinta Conferencia no es elaborar una estrategia pastoral para recuperar a los católicos que se fueron a otros grupos religiosos. Algunos medios quisieran que fuera eso para que la novela fuera más interesante y seductora, y no faltaran los buenos y los malos. Lo más importante de la Quinta Conferencia es la renovación de la Iglesia y de cada uno de sus miembros, para que seamos verdaderos discípulos y discípulas del Señor Jesús, dispuestos a dar la vida y a anunciar que sólo dándola se la recibe. El camino de la misión hoy, deberá medirse por la fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia, en el diálogo abierto y respetuoso con todos, y en el compromiso solidario para construir una sociedad más equitativa y fraterna.
--¿Cómo se dan, al interior de la Quinta Conferencia, los debates entre los obispos, las sesiones de trabajo y la contribución de teólogos y peritos?
--Monseñor Stanovnik: Cuando nos referimos al acontecimiento que va a suceder en Aparecida, solemos nombrarlo como «una reunión del CELAM», o decimos también «la V CELAM». Esto induce a un error, porque da a entender que se trata de un encuentro de obispos convocado por el CELAM. La Quinta Conferencia General no es «una reunión del CELAM». Es una reunión, a la que el Santo Padre convoca las 22 conferencias episcopales de América Latina y del Caribe, y le encarga al CELAM su preparación.
Hay un solo Colegio Apostólico que lo constituyen los obispos, sucesores de los apóstoles, y presidido por el sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI. Entonces este colegio se reúne de diversas maneras: en concilio, en sínodo, convocado siempre por su Cabeza. Pero también puede convocarlo por pedido de una porción de obispos de una determinada área. Esto es lo que sucede en América Latina desde hace un poco más de cincuenta años, como experiencia única y original en la Iglesia Católica. Las cuatro Conferencias Generales anteriores nacieron por iniciativa de los obispos latinoamericanos, quienes presentaron al Santo Padre su deseo de reunirse, y le propusieron además el tema que en su momento juzgaban necesario profundizar. Hasta el presente, el Papa siempre acogió favorablemente estas iniciativas, asumió el tema enriqueciéndolo con su aporte personal y, escuchando las sugerencias sobre la conveniencia de lugares donde debía celebrarse, secundó de buen grado las opiniones de los obispos latinoamericanos, indicando el lugar y la fecha de sus celebraciones.
Ahora podemos comprender mejor por qué el Reglamento para el funcionamiento de una Conferencia General es un instrumento que elabora la Santa Sede. Y también, porqué es tan importante que el Santo Padre venga a Aparecida a inaugurar las deliberaciones de los obispos.
En el Reglamento se establecen las normas y se indican los organismos que son necesarios para el buen desarrollo de una Conferencia General. También allí se dice quiénes son los obispos participantes por derecho, el número proporcional de obispos delegados por conferencias episcopales, el número de invitados que representan a los sacerdotes, religiosas y religiosos, diáconos, laicos y laicas, observadores de otras confesiones cristianas y del judaísmo, representantes de los organismos de ayuda, y un grupo de peritos. En esta Conferencia General participarán 162 obispos y 104 invitados no obispos, es decir, de éstos últimos suman más de una tercera parte del total de asistentes.
La Asamblea de Aparecida va a reflexionar sobre el tema que nos entregó el Papa: «Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6)». La Síntesis de los aportes recibidos será un subsidio cualificado para consulta de los participantes, quienes trabajarán durante 19 días en grupos, comisiones, subcomisiones y plenarios, con una intensa dinámica de diálogo y participación, para que todos los participantes contribuyan con sus ideas a desarrollar el tema de la reunión, ayudados por los teólogos y peritos que fueron convocados para ese servicio.
--¿La Quinta Conferencia pretende llegar concretamente a la vida de las personas en el ámbito de la misión?
--Monseñor Stanovnik: La finalidad de la Quinta Conferencia, como lo fue de las cuatro anteriores, es la evangelización del continente. Desde que se empezó a hablar de esta Conferencia General, se dijo que debía ser un acontecimiento que diera un nuevo y fuerte impulso a la misión. Dependerá de las orientaciones pastorales que surjan de Aparecida, para ver luego qué características estructurales y programáticas conviene que tenga esta misión. Lo que sí aparece claro es que, a través de las 22 conferencias episcopales que se reunirán en la próxima Conferencia General, se quiere llegar a todas las Iglesias particulares del continente y, desde ellas, a cada uno de los católicos, para tomar conciencia de nuestra vocación misionera como discípulos y discípulas de Jesucristo y comprometernos con ella. Es decir, el compromiso para el cristiano laico, consistirá en primer lugar, vivir coherentemente los valores cristianos en la familia y en la sociedad, actuar como ciudadano consciente de sus obligaciones y derechos, y ser honesto en el trabajo y el compromiso por el bien común.
Un continente, que tiene aproximadamente un 80% de bautizados, no puede ser el menos equitativo del planeta. ¿Cómo es posible que exista esa brecha entre la fe y la vida, entre el evangelio y la cultura en un continente mayoritariamente cristiano? La Quinta Conferencia General es un gran llamado a la conversión. Podríamos decir que, mediante este gran acontecimiento, Jesucristo llama a la Iglesia en América Latina para que se convierta más a Él, para que con Él y en Él se comprometa a extender su Reino, colaborando en hacer este mundo más humano y más conforme el querer de Dios.
--¿Cuál es la importancia de que la Conferencia esté bajo los auspicios de María?
--Monseñor Stanovnik: Cuando nos enteramos que el Santo Padre Benedicto XVI había decidido que la Quinta Conferencia se realizara junto al Santuario de Aparecida, nos alegramos muchísimo. Primero, porque la Conferencia va acontecer en un santuario mariano, lo cual tiene un alto significado en nuestra región. La devoción mariana es una característica muy propia de nuestros pueblos. Nuestra gente se siente muy vinculada a los santuarios marianos, donde experimenta una especial cercanía de la Virgen, y se deja llevar por ella hacia el encuentro con Jesucristo y con la Iglesia. Los obispos estaremos allí más de 20 días, acompañados de numerosos peregrinos durante las celebraciones diarias de la Santa Misa en el altar mayor de la Basílica. La presencia de la Virgen María, primera discípula y misionera, nos estará recordando a cada paso nuestra común vocación de discípulos y misioneros de Jesucristo.
Para la Conferencia de Aparecida, el acontecimiento mariano se hace aún más significativo, si tenemos presente que la inauguración y la clausura coinciden providencialmente con fiestas marianas: el 13 de mayo la Virgen de Fátima, y el 31 de mayo la Visitación de la Santísima Virgen María.
En el contexto del Santuario de Aparecida, donde se realizará la reunión de obispos, la presencia de Nuestra Señora nos trae a la memoria aquellos días en que ella, perseverando junto a los apóstoles, cooperó con el nacimiento de la Iglesia. A ella nos confiamos, para que también hoy esté con nosotros, nos muestre el camino de la docilidad y de la obediencia al Espíritu Santo, para que con su luz sepamos discernir el tiempo presente y así, renovados por el ardor misionero, trabajemos tenazmente a favor de la vida de nuestros pueblos en Cristo, Camino, Verdad y Vida.
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Audiencia del miércoles
Benedicto XVI presenta a San Ireneo de Lyon
Intervención durante la audiencia general de este miércoles
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles en la que continuó con su serie de meditaciones sobre los padres apostólicos. En esta ocasión, presentó la figura de san Ireneo de Lyon.
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
En las catequesis sobre las grandes figuras de la Iglesia de los primeros siglos llegamos hoy a la personalidad eminente de san Ireneo de Lyon. Sus noticias biográficas nos vienen de su mismo testimonio, que nos ha llegado hasta nosotros gracias a Eusebio en el quinto libro de la «Historia eclesiástica».
Ireneo nació con toda probabilidad en Esmirna (hoy Izmir, en Turquía) entre los años 135 y 140, donde en su juventud fue alumno del obispo Policarpo, quien a su vez era discípulo del apóstol Juan. No sabemos cuándo se transfirió de Asia Menor a Galia, pero la mudanza debió coincidir con los primeros desarrollos de la comunidad cristiana de Lyon: allí, en el año 177, encontramos a Ireneo en el colegio de los presbíteros.
Precisamente en ese año fue enviado a Roma para llevar una carta de la comunidad de Lyon al Papa Eleuterio. La misión romana evitó a Ireneo la persecución de Marco Aurelio, en la que cayeron al menos 48 mártires, entre los que se encontraba el mismo obispo de Lyon, Potino, de noventa años, fallecido a causa de los malos tratos en la cárcel. De este modo, a su regreso, Ireneo fue elegido obispo de la ciudad. El nuevo pastor se dedicó totalmente al ministerio episcopal, que se concluyó hacia el año 202-203, quizá con el martirio.
Ireneo es ante todo un hombre de fe y un pastor. Del buen pastor tiene la prudencia, la riqueza de doctrina, el ardor misionero. Como escritor, busca un doble objetivo: defender la verdadera doctrina de los asaltos de los herejes, y exponer con claridad la verdad de la fe. A estos dos objetivos responden exactamente las dos obras que nos quedan de él: los cinco libros «Contra las herejías» y «La exposición de la predicación apostólica», que puede ser considerada también como el «catecismo de la doctrina cristiana» más antiguo. En definitiva, Ireneo es el campeón de la lucha contra las herejías.
La Iglesia del siglo II estaba amenazada por la «gnosis», una doctrina que afirmaba que la fe enseñada por la Iglesia no era más que un simbolismo para los sencillos, pues no son capaces de comprender cosas difíciles; por el contrario, los iniciados, los intelectuales --se llamaban «gnósticos»-- podrían comprender lo que se escondía detrás de estos símbolos y de este modo formarían un cristianismo de élite, intelectualista.
Obviamente este cristianismo intelectualista se fragmentaba cada vez más en diferentes corrientes con pensamientos con frecuencia extraños y extravagantes, pero atrayentes para muchas personas. Un elemento común de estas diferentes corrientes era el dualismo, es decir, se negaba la fe en el único Dios Padre de todos, creador y salvador del hombre y del mundo. Para explicar el mal en el mundo, afirmaban la existencia junto al Dios bueno de un principio negativo. Este principio negativo habría producido las cosas materiales, la materia.
Arraigándose firmemente en la doctrina bíblica de la creación, Ireneo refuta el dualismo y el pesimismo gnóstico que devalúan las realidades corporales. Reivindica con decisión la originaria santidad de la materia, del cuerpo, de la carne, al igual que del espíritu. Pero su obra va mucho más allá de la confutación de la herejía: se puede decir, de hecho, que se presenta como el primer gran teólogo de la Iglesia, que creó la teología sistemática; él mismo habla del sistema de la teología, es decir, de la coherencia interna de toda la fe. En el centro de su doctrina está la cuestión de la «regla de la fe» y de su transmisión. Para Ireneo la «regla de la fe» coincide en la práctica con el «Credo» de los apóstoles, y nos da la clave para interpretar el Evangelio, para interpretar el Credo a la luz del Evangelio. El símbolo apostólico, que es una especie de síntesis del Evangelio, nos ayuda a comprender lo que quiere decir, la manera en que tenemos que leer el mismo Evangelio.
De hecho, el Evangelio predicado por Ireneo es el que recibió de Policarpo, obispo de Esmirna, y el Evangelio de Policarpo se remonta al apóstol Juan, de quien Policarpo era discípulo. De este modo, la verdadera enseñanza no es la inventada por los intelectuales, superando la fe sencilla de la Iglesia. El verdadero Evangelio es el impartido por los obispos que lo han recibido gracias a una cadena interrumpida que procede de los apóstoles. Éstos no han enseñado otra cosa que esta fe sencilla, que es también la verdadera profundidad de la revelación de Dios. De este modo, nos dice Ireneo, no hay una doctrina secreta detrás del Credo común de la Iglesia. No hay un cristianismo superior para intelectuales. La fe confesada públicamente por la Iglesia es la fe común de todos. Sólo es apostólica esta fe, procede de los apóstoles, es decir, de Jesús y de Dios.
Al adherir a esta fe transmitida públicamente por los apóstoles a sus sucesores, los cristianos tienen que observar lo que dicen los obispos, tienen que considerar específicamente la enseñanza de la Iglesia de Roma, preeminente y antiquísima. Esta Iglesia, a causa de su antigüedad, tiene la mayor apostolicidad: de hecho, tiene su origen en las columnas del colegio apostólico, Pedro y Pablo. Con la Iglesia de Roma tienen que estar en armonía todas las Iglesias, reconociendo en ella la medida de la verdadera tradición apostólica, de la única fe común de la Iglesia. Con estos argumentos, resumidos aquí de manera sumamente breve, Ireneo confuta en sus fundamentos las pretensiones de estos gnósticos, de estos intelectuales: ante todo, no poseen una verdad que sería superior a la de la fe común, pues lo que dicen no es de origen apostólico, se lo han inventado ellos; en segundo lugar, la verdad y la salvación no son privilegio y monopolio de pocos, sino que todos las pueden alcanzar a través de la predicación de los sucesores de los apóstoles, y sobre todo del obispo de Roma. En particular, al polemizar con el carácter «secreto» de la tradición gnóstica, y al constatar sus múltiples conclusiones contradictorias entre sí, Ireneo se preocupa por ilustrar el concepto genuino de Tradición apostólica, que podemos resumir en tres puntos.
a) La Tradición apostólica es «pública», no privada o secreta. Para Ireneo no hay duda alguna de que el contenido de la fe transmitida por la Iglesia es el recibido de los apóstoles y de Jesús, el Hijo de Dios. No hay otra enseñanza. Por tanto, a quien quiere conocer la verdadera doctrina le basta conocer «la Tradición que procede de los apóstoles y la fe anunciada a los hombres»: tradición y fe que «nos han llegado a través de la sucesión de los obispos» («Contra las herejías» 3, 3 , 3-4). De este modo, coinciden sucesión de los obispos, principio personal, Tradición apostólica y principio doctrinal.
b) La Tradición apostólica es «única». Mientras el gnosticismo se divide en numerosas sectas, la Tradición de la Iglesia es única en sus contenidos fundamentales que, como hemos visto, Ireneo llama «regula fidei» o «veritatis»: y dado que es única, crea unidad a través de los pueblos, a través de las diferentes culturas, a través de pueblos diferentes; es un contenido común como la verdad, a pesar de las diferentes lenguas y culturas. Hay una expresión preciosa de san Ireneo en el libro «Contra las herejías»: «La Iglesia que recibe esta predicación y esta fe [de los apóstoles], a pesar de estar diseminada en el mundo entero, la guarda con cuidado, como si habitase en una casa única; cree igualmente a todo esto, como quien tiene una sola alma y un mismo corazón; y predica todo esto con una sola voz, y así lo enseña y trasmite como si tuviese una sola boca. Pues si bien las lenguas en el mundo son diversas, única y siempre la misma es la fuerza de la tradición. Las iglesias que están en las Germanias no creen diversamente, ni trasmiten otra cosa las iglesias de las Hiberias, ni las que existen entre los celtas, ni las de Oriente, ni las de Egipto ni las de Libia, ni las que están en el centro del mundo» (1, 10, 1-2). Ya en ese momento, nos encontramos en el año 200, se puede ver la universalidad de la Iglesia, su catolicidad y la fuerza unificadora de la verdad, que une estas realidades tan diferentes, de Alemania a España, de Italia a Egipto y Libia, en la común verdad que nos reveló Cristo.
c) Por último, la Tradición apostólica es como él dice en griego, la lengua en la que escribió su libro, «pneumática», es decir, espiritual, guiada por el Espíritu Santo: en griego, se dice «pneuma». No se trata de una transmisión confiada a la capacidad de los hombres más o menos instruidos, sino al Espíritu de Dios, que garantiza la fidelidad de la transmisión de la fe. Esta es la «vida» de la Iglesia, que la hace siempre joven, es decir, fecunda de muchos carismas. Iglesia y Espíritu para Ireneo son inseparables: «Esta fe», leemos en el tercer libro de «Contra las herejías», «la hemos recibido de la Iglesia y la custodiamos: la fe, por obra del Espíritu de Dios, como depósito precioso custodiado en una vasija de valor rejuvenece siempre y hace rejuvenecer también a la vasija que la contiene… Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia» (3, 24, 1).
Como se puede ver, Ireneo no se limita a definir el concepto de Tradición. Su tradición, la Tradición ininterrumpida, no es tradicionalismo, pues esta Tradición siempre está internamente vivificada por el Espíritu Santo, que la hace vivir de nuevo, hace que pueda ser interpretada y comprendida en la vitalidad de la Iglesia. Según su enseñanza, la fe de la Iglesia debe ser transmitida de manera que aparezca como tiene que ser, es decir, «pública», «única», «pneumática», «espiritual». A partir de cada una de estas características, se puede llegar a un fecundo discernimiento sobre la auténtica transmisión de la fe en el hoy de la Iglesia. Más en general, según la doctrina de Ireneo, la dignidad del hombre, cuerpo y alma, está firmemente anclada en la creación divina, en la imagen de Cristo y en la obra permanente de santificación de Espíritu. Esta doctrina es como una «senda maestra» para aclarar a todas las personas de buena voluntad el objeto y los confines del diálogo sobre los valores, y para dar un empuje siempre nuevo a la acción misionera de la Iglesia, a la fuerza de la verdad que es la fuente de todos los auténticos valores del mundo.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Santo Padre saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
San Ireneo, discípulo de san Policarpo, fue Obispo de Lión. Ireneo era sobre todo un Pastor, que expuso y defendió con claridad la verdad de la fe, en particular frente a las sectas gnósticas. Preocupado por la cuestión de la «regla de la fe», y su transmisión, Ireneo afirmaba que aquella coincide con el «Credo» de los Apóstoles, transmitido a los Obispos y a sus sucesores. Así, la enseñanza verdadera la imparten los Obispos que la han recibido a través de una Tradición constante. Destaca la enseñanza de la Iglesia de Roma, cuya apostolicidad se remonta a Pedro y Pablo. Para Ireneo la Tradición apostólica es pública, no privada o secreta. El contenido de la fe se recibe de los Apóstoles, de ahí la importancia de la "sucesión apostólica". Además, la Tradición apostólica es única, con el mismo contenido fundamental en todas partes. Finalmente, la transmisión de la Tradición apostólica no depende de la capacidad de hombres más o menos doctos, sino del Espíritu Santo. Esto hace que la Iglesia sea una realidad siempre viva y joven, enriquecida con múltiples carismas.
Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular, a los fieles de diversas parroquias y a los estudiantes llegados de España, así como al grupo de militares de la Armada Española. Saludo con afecto también a los visitantes de México y de otros países latinoamericanos. Os animo a adquirir una sólida formación en la fe de los Apóstoles, y a transmitirla fielmente a los demás con vuestras palabras y el ejemplo de vuestra vida. ¡Gracias por vuestra visita!
[© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
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