- - -
ZENIT -
El mundo visto desde Roma
- - -
Servicio diario -
29 de mazro de 2007
¡Toma parte en la familia de ZENIT!
Campaña anual de recogida de fondos


Presentamos el presupuesto general de ZENIT para 2007 en la página : http://www.zenit.org/spanish/presupuesto2007.html

Como se puede constatar, la existencia y el desarrollo de ZENIT dependen principalmente (75% del balance) de los donativos de cada uno de vosotros, estimados lectores.

Invitamos a todos lectores a enviar un donativo en función de sus posibilidades. De antemano agradecemos lo que cada uno pueda hacer.

Para enviar un donativo a ZENIT: http://www.zenit.org/spanish/donativos.html

 

¡Que no falte tu apoyo!

 



Santa Sede
Benedicto XVI confiesa a jóvenes en la Basílica de San Pedro
La fe no se puede reducir a un hecho privado, explica el cardenal Bertone a los políticos
El Vaticano al Consejo de Derechos Humanos: «El primer derecho del niño es el de nacer»

Mundo
Sufrir por Cristo en China
Jornada de oración y ayuno por la paz
Iglesias cristianas se congratulan del acuerdo en Irlanda del Norte
Un DVD ofrece el testimonio espiritual de la carmelita Kaufmann (1939-2006)
La Iglesia en Colombia llama a la reconciliación, perdón y defensa de la vida

Flash
Comunicadores concuerdan en que el aborto no es un derecho

Entrevistas
El cardenal Herranz recuerda a Juan Pablo II y Escrivá como dos «rebeldes»

Espiritualidad
Predicador del Papa: Todos, con nuestros pecados, llevamos a Cristo a la Cruz

Documentación
Palabras del Papa al visitar un centro penitenciario para menores de Roma

 




 


Santa Sede



Benedicto XVI confiesa a jóvenes en la Basílica de San Pedro


CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI, como un sacerdote más, entró este jueves en uno de los confesionarios de la Basílica de San Pedro para confesar a varios jóvenes de la diócesis de Roma.

Culminaba así la vigilia penitencial que el pontífice presidió para preparar la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar a nivel diocesano el próximo Domingo de Ramos.

En una basílica llena de chicos y chicas, otros doscientos sacerdotes, con estola morada, algunos sentados en sillas, pues no había suficientes confesionarios, administraron a su vez el sacramento del perdón.

Mientras tenían lugar las confesiones, el coro y la orquesta de la diócesis de Roma interpretaban cantos meditativos penitenciales y se leyó el mensaje que Benedicto XVI ha escrito con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, así como otras lecturas espirituales.

El pontífice presentó la liturgia penitencial como «un encuentro alrededor de la Cruz, una celebración de la misericordia de Dios que en el sacramento de la confesión cada uno de vosotros podrá experimentar personalmente».

«En el corazón de cada hombre» hay «sed de amor», dijo el Papa en la homilía. De hecho, «el cristiano no puede vivir sin amor. Es más, si no encuentra el verdadero amor no puede decirse ni siquiera plenamente cristiano».

Al acercarse al sacramento de la confesión, explicó el Papa, «el amor y la misericordia de Dios mueven vuestro corazón». «Experimenta de este modo el perdón de los pecados, la reconciliación con la Iglesia; la recuperación, si se ha perdido, del estado de gracia».

«Cristo nos atrae hacía sí para unirse a cada uno de vosotros para que, por nuestra parte, aprendamos a amar a los hermanos con su mismo amor», aseguró.

«Hay mucha necesidad de una renovada capacidad de amar a los hermanos», dijo, invitando a los jóvenes «atreverse a amar en vuestra familias, en las relaciones con vuestros amigos y también a quien os ha ofendido».

Benedicto XVI presidirá en la mañana del 1 de abril, Domingo de Ramos, la Jornada Mundial de la Juventud, en la plaza de San Pedro del Vaticano, en una celebración eucarística que comenzará con la bendición y la procesión de los ramos.

El próximo año, la Jornada Mundial de la Juventud se celebrará en Sydney (Australia), en el mes de julio.
ZS07032904

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 



La fe no se puede reducir a un hecho privado, explica el cardenal Bertone a los políticos
Celebra misa para la Cámara de los Diputados de Italia

ROMA, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- La fe «no podrá reducirse nunca a un hecho privado», explicó el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, al celebrar este miércoles por la tarde la eucaristía para los miembros de la Cámara de los Diputados de Italia.

Por este motivo, el purpurado rezó durante la misa de preparación para la Pascua, celebrada en la iglesia de San Gregorio Nacianceno, que se encuentra junto a la Cámara, para que los políticos que llenaban el pequeño templo sean capaces de dar «testimonio en el mundo».

«Nuestra presencia en el mundo, incluidos los que tienen la tarea de la representación política, no podrá reducirse nunca a un hecho privado, pues aquello en lo que creemos no hay que esconderlo, sino más bien, hay que compartirlo», afirmó.

El cardenal Bertone citó a Igino Giordani (1894-1980), diputado italiano tras la segunda guerra mundial, primer laico casado que se consagró a Dios en el Movimiento de los Focolares, en proceso de beatificación, quien escribía: la Iglesia realiza su misión «de vida contra la muerte, no sólo en la iglesia (la de paredes) ni en la sacristía, ni en el convento, sino también en casa, en la calle, en la oficina y en el campo, incluso en el banco y en el parlamento».

Después citó a Giuseppe Tovini (1841-1897), abogado y banquero, beatificado por Juan Pablo II, quien decía: «nuestros hijos sin la fe nunca serán ricos, con la fe nunca serán pobres».
ZS07032903

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 



El Vaticano al Consejo de Derechos Humanos: «El primer derecho del niño es el de nacer»
Intervención del Silvano Tomasi, C.S.

GINEBRA, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha tomado la palabra ante el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra para recordar que «el primer derecho del niño es el de nacer».

Portavoz de la posición de la Iglesia fue el 23 de marzo el arzobispo Silvano Tomasi, C.S., observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas y otras Organizaciones Internacionales en Ginebra.

Al dirigirse a la cuarta sesión del Consejo de reciente creación, el representante papal recordó que «la Convención de la ONU sobre los Derechos de los Niños atribuye a los pequeños los derechos fundamentales de una persona; reconoce que son iguales y que tienen la misma dignidad que los adultos».

«En muchos casos, debido a la falta de buena voluntad y de recursos, no se aplican las medidas legales y las políticas sociales, teniendo graves consecuencias para los menores, que a menudo son las primeras víctimas del hambre y de las guerras», afirmó el prelado, según refiere el Vatican Information Service.

Por otra parte, añadió el nuncio apostólico, «a muchos niños se les niega el derecho a la vida; la selección prenatal elimina tanto a los niños que tienen la probabilidad de nacer con alguna discapacidad, como a las niñas por razón de su sexo, negándose así el valor propio e intrínseco de las personas discapacitadas y de las niñas a ser miembros de la familia y de la sociedad».

El arzobispo Tomasi subrayó que «el primer derecho del niño es el de nacer y ser educado en un ambiente familiar acogedor y seguro, donde se garantice su crecimiento físico, psicológico y espiritual, donde desarrolle su capacidad y donde la conciencia de la dignidad personal sea la base de las relaciones con los demás y para afrontar el futuro».

Tras poner de relieve que el Estado y la sociedad deben «sostener a la familia para que pueda desempeñar su propia tarea», el observador permanente recordó que la Iglesia católica, «con sus 300.000 instituciones sociales, caritativas y educativas trabaja diariamente por asegurar una educación de la infancia orientada a la creatividad y a la paz y al desarrollo de sus talentos, y que permita la reintegración de los menores abandonados y de los que han sufrido abusos en sus propias familias y si es posible en la sociedad».

«Defender los derechos de los niños y eliminar todas las formas de violencia contra ellos—concluyó-- sigue siendo un desafío para la comunidad internacional. Los buenos resultados se alcanzarán si se da prioridad al papel natural de la familia y si la cultura pública reconoce que también el niño es una persona humana en plenitud».
ZS07032902

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 


Mundo



Sufrir por Cristo en China


ROMA, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- El pasado día 22 de marzo, estudiantes y profesores, prelados y laicos, se reunieron en un «pub» de Roma para hablar de la libertad religiosa.

«Theology on Tap» (o teología al alcance de la mano), una iniciativa que consiste en acercar cuestiones teológicas y eclesiásticas los jóvenes de modo informal, ha iniciado otra temporada en Roma con una presentación sobre la libertad religiosa en China.

Raphaela Schmid, profesora de Filosofía en la Universidad Pontificia Gregoriana y directora de la sección romana del Fondo Becket para la Libertad Religiosa, reveló su experiencia durante la filmación de un documental sobre la Iglesia clandestina en China.

Schmid empezó con una presentación de la Iglesia oficial en China, reconocida por el Gobierno y guiada por la Asociación Patriótica, cuyo líder es el laico Liu Bai Nian.

Mientras que la Iglesia clandestina es fiel al Papa y rechaza someterse a cualquier tipo de control, sobre todo por lo que se refiere al nombramiento de obispos.

El proyecto conjunto del Fondo Becket y de «Rome Reports» ha llevado a la profesora Schmid a zonas remotas de China, en las que la gente vive en condiciones de extrema pobreza, y donde, a pesar de todas las privaciones, los fieles siguen con alegría el camino cristiano.

«Las personas que entrevisté querían siempre hablar de cómo Dios había entrado en sus vidas, querían expresar lo que significa para ellos ser cristianos», explicó. «Sólo después, cuando se les preguntaba directamente, salía a la luz que habían estado en la cárcel a causa de su fe».

«Consideran el sufrimiento secundario respecto a su experiencia de fe», subrayó. «No se han lamentado nunca de haber perdido el trabajo o de haber sido arrestados».

Los laicos no son los únicos que afrontan condiciones difíciles. Los raros y apreciados sacerdotes en la zona demuestran virtudes heroicas al llegar a cubrir largas distancias con tal de asistir a su propio rebaño. Un sacerdote, recordó Schmid, a la pregunta de dónde vivía, dijo que tenía «23 casas».

Montado en una vieja motocicleta, el sacerdote gira constantemente por las 23 aldeas que forman su parroquia, permaneciendo con las familias católicas en condiciones de extrema pobreza.
ZS07032908

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 



Jornada de oración y ayuno por la paz
Vivirán mañana religiosos de todo el mundo

ROMA, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- Unirse para invocar la paz es el objetivo de la «Jornada de oración y ayuno por la paz», lanzada para mañana 30 de marzo por la «Comisión Justicia, Paz e Integridad de la Creación» de la Unión de Superiores Mayores y la Unión Internacional de Superiora Generales.

Los religiosos de todo el mundo se proponen unir las oraciones e invocaciones a Dios para que cese la violencia y la guerra en Darfur, Irak, Afganistán, Sri Lanka, Uganda del Norte, Nepal, Colombia, Israel, Palestina y Líbano y en todos aquellos lugares del mundo dónde hay discordia y divisiones.

Los religiosos de todas las congregaciones masculinas y femeninas invitan a los fieles del mundo a unirse en la oración, recordando en particular las palabras de Juan Pablo II en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2002: «La oración por la paz no es un elemento que ‘viene después’ del compromiso por la paz. Al contrario, está en el corazón mismo del esfuerzo por la edificación de una paz en el orden, en la justicia y en la libertad. Orar por la paz significa abrir el corazón humano a la irrupción del poder renovador de Dios».

«Con la fuerza vivificante de su gracia, Dios puede abrir caminos a la paz allí donde parece que sólo hay obstáculos y obstrucciones; puede reforzar y ampliar la solidaridad de la familia humana, a pesar de prolongadas historias de divisiones y de luchas».

«Orar por la paz significa orar por la justicia, por un adecuado ordenamiento de las naciones y en las relaciones entre ellas. Quiere decir también rogar por la libertad, especialmente por la libertad religiosa, que es un derecho fundamental humano y civil de todo individuo. Orar por la paz significa rogar para alcanzar el perdón de Dios y para crecer, al mismo tiempo, en la valentía que es necesaria en quien quiere, a su vez, perdonar las ofensas recibidas».

La vida consagrada, indican los religiosos, está siempre al servicio de la reconciliación y de la paz en el mundo: «Pensamos que reservar un día, durante la Cuaresma, para rezar juntos por la paz en la tierra, todos los miembros de congregaciones religiosas, pueda tener un significativo efecto sobre nuestro mundo», afirman en un comunicado que expresa confianza en la fuerza de la oración.
ZS07032907

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 



Iglesias cristianas se congratulan del acuerdo en Irlanda del Norte
Declaración conjunta de católicos, presbiterianos, anglicanos y metodistas

BELFAST, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- Líderes de las Iglesias Católica, Presbiteriana, Anglicana y Metodista se unieron para apoyar el anuncio de los líderes de los mayores partidos políticos de Irlanda del Norte, republicano y unionista, de que forjarán una administración de poder compartido en esta región profundamente dividida.

Al abandono de la lucha entre quienes desean una Irlanda del Norte unida con la República de Irlanda y quienes desean que la región permanezca bajo el control del Reino Unido, han seguido unas negociaciones cara a cara sin precedentes, entre los protestantes del Partido Unionista Democrático de Ian Paysley y los republicanos del Sinn Fein de Gerry Adams.

Está previsto que la nueva administración conjunta inicie su andadura el próximo 8 de mayo.

En una declaración hecha pública el día 27 de marzo --firmada por el arzobispo Sean Brady, presidente de la Conferencia Episcopal de Irlanda; David Clarke, presidente de la Iglesia Presbiteriana; arzobispo Alan Harper, primado de la Iglesia (Anglicana) de Irlanda; e Ivan McElhinney, presidente de la Iglesia Metodista--, los líderes ecelsiales calificaron el acuerdo como «un importante y extremadamente bienvenido paso en la consecución de un futuro estable para Irlanda del Norte».

«Junto con muchos otros, nuestras Iglesias han animado durante mucho tiempo a los políticos de nuestra región a trabajar hacia un gobierno local para Irlanda del Norte, y estamos seguros de que esto se materializará hoy», afirman los prelados en su declaración.

Los líderes eclesiales animan a todo el pueblo a seguir orando por el futuro de Irlanda del Norte. «Es importante que todos nosotros sigamos construyendo un país en el que todos mejoremos, donde la diversidad se respete y en el que la paz y la armonía puedan prosperar», afirman.

La mayoría de la población de Irlanda del Norte es católica, seguida de los presbiterianos, anglicanos y metodistas.
ZS07032906

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 



Un DVD ofrece el testimonio espiritual de la carmelita Kaufmann (1939-2006)
Es una entrevista inédita en la que habla de la fe, el perdón y la soledad

MATARÓ, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- Cristina Kaufmann Ammann (Baden, Aargan – Mataró) se convirtió en una monja famosa en España el día que se puso a rezar en la televisión en un programa de máxima audiencia. Era el año 1984.

Ahora, a casi un año de su muerte, un DVD recoge una entrevista inédita en la que esta religiosa carmelita descalza habla de la experiencia de Dios, del amor, de la vocación, de la juventud, del silencio, del perdón y de la soledad.

El DVD, titulado «Recreando las soledades», presentado en varios sitios de España, entre ellos la Conferencia Episcopal Española, es un testimonio en el que prácticamente se ve sólo a Kaufmann en plano medio hablando a la cámara.

Algunas frases de Santa Teresa y San Juan de la Cruz se entrelazan con sus palabras, así como imágenes simbólicas de pasos, puertas, claustros y gestos de confianza y de unión.

En este DVD considerado por algunos críticos como un ejemplo de «documental espiritual», la religiosa Kaufmann revela cuál es para ella la síntesis del cristianismo en algunos pasajes bíblicos como «Dios es amor» o «El Señor es mi pastor».

El documental es obra de Francesc Grané, director de Eulogos Media y amigo personal de Cristina Kaufmann desde 1983. Joan Grané, su hermano, es el realizador y el autor del montaje.

Aparte de sus reflexiones --en catalán, subtitulado en varios idiomas--, el testimonio de esta monja impacta por su sentido del humor, su capacidad poética y su intensa vida espiritual, que trasluce cuando habla y gesticula y especialmente en la profundidad de su mirada.

Cristina Kaufmann era una religiosa suiza que conoció España atraída por las pinturas del Greco y por la luz del Mediterráneo. Ingresó en el Carmelo de Carmelitas Descalzas de Mataró, donde fue priora y donde falleció. Los últimos años había hecho una experiencia eremítica.

Antes de entrar en el Carmelo había estudiado Secretariado y Pericultura. Entró en el Carmelo el 14 de septiembre de 1965.

Entre sus libros destacan «El rostro femenino de Dios: reflexiones de una carmelita descalza» y «El lenguaje de los místicos: Teresa de Jesús».

Francesc Grané, que ha trabajado en varias televisiones y actualmente es profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Ramon Llull, ha titulado el DVD «recrear soledades» porque «re-crear la soledad es volver a crearnos a nosotros mismos, re-crear nuestra vida, pero a partir de lo único que verdaderamente puede volver a construirla, que es Dios».

El DVD tiene una duración de 31 minutos. Las voces en off corresponden a Ester y Francesc Romero. Más información en: info@eulogosmedia.com
ZS07032905

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 



La Iglesia en Colombia llama a la reconciliación, perdón y defensa de la vida
Diócesis de Apartadó denuncia la muerte por hambre de 12 niños

BOGOTÁ jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), reiteró este miércoles, con motivo de la Semana Santa 2007, su llamamiento a defender la vida y la dignidad de cada ser humano, así como a la reconciliación, el perdón, la sana convivencia entre las personas y la solución dialogada de los conflictos.

En el mensaje titulado «Tiempo de gracia, de reconciliación y de paz», monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, arzobispo de Tunja y presidente de la CEC, insiste en la defensa de la vida «regalo del amor de Dios».

Invita a defender la vida humana, atropellada por expresiones como asesinatos, secuestros, terrorismo, violencia, narcotráfico, corrupción, promoción y defensa del aborto.

Asimismo, el mensaje anima a los colombianos a promover la ecología y la reconciliación con la naturaleza, apoyando campañas como la que busca el cuidado de la Palma de Cera y su no utilización para las celebraciones del Domingo de Ramos.

«En cuanto a garantizar una buena calidad de vida para todos es impostergable la lucha contra la pobreza, la injusticia y la inequidad. El derecho primero y fundamental de todo ser humano es la vida, garantía del respeto de todos los demás derechos», afirma el documento.

El presidente de la CEC agrega: «No es posible una sociedad en paz, sin la decisión firme de poner fin a toda clase de conflictos. Mientras éstos existan serán pocas las posibilidades de un desarrollo integral y la vida estará siempre amenazada».

Por otra parte, una docena de niños indígenas murieron este año por hambre en el departamento selvático del Chocó, mientras que otros siete están hospitalizados por la misma causa, denunciaron ayer fuentes de la Iglesia Católica en el noroeste de Colombia.

Los doce niños pertenecían a las comunidades del pueblo aborigen de los Emberá Chamí en seis aldeas de esa región, precisó el Secretariado de Pastoral Social de la diócesis de Apartadó a través de un comunicado.

El Secretariado advirtió que el problema del hambre forma parte de una «grave crisis de salud pública» que afrontan desde 2003 los asentamientos indígenas de la región colombiana del Bajo Atrato por la propagación de la tuberculosis.

Desde entonces, cuatro aborígenes han fallecido por esta enfermedad, dos la contrajeron y catorce más «presentan un cuadro sintomático asociado» a la tuberculosis, informó la Pastoral Social en Apartadó.

A ninguno de ellos, continuó la fuente, «se les ha hecho tratamiento porque no se cuenta con el personal médico disponible para hacerles un seguimiento médico durante cinco meses».

El Secretariado de Pastoral Social destacó que «a esto se suma el grave estado de desnutrición aguda, parasitosis, diarrea crónica, deshidratación severa y alteraciones en la piel» que presentan los indígenas, particularmente de la población infantil.

ZS07032901

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 


Flash



Comunicadores concuerdan en que el aborto no es un derecho


ROMA/QUERÉTARO, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- La encuesta número 19 del portal católico Periodismocatolico.com ha arrojado un resultado contundente en contra de la posibilidad de abortar como un derecho de la mujer, por considerar ésta que «el producto» pudiera afectar su a «proyecto integral de vida y su desarrollo integral».

La encuesta nació ante una iniciativa de ley auspiciada por la izquierda en la capital de México, para permitir el aborto antes de las 14 semanas de gestación si, por diversas causas, la mujer piensa que el bebé puede obstaculizar su vida futura. La pregunta del sondeo fue: «¿Es posible que la subjetividad individual se convierta en derecho para abortar?».

Del total de 128 votos recibidos, de varios países de habla hispana, 110 (85.3 por ciento) se pronunciaron por el «No»; mientras que 19 votos (14.7 por ciento) se inclinaron por el «Sí».

El portal incluye una sección de comentarios de los periodistas e intelectuales católicos que pasan por él y participan en sus encuestas. En ésta en particular, los comentarios han sido ricos en contenido y en postura católica ante la aceptación social del aborto, que el recientemente fallecido filósofo español Julián Marías calificó como el drama más grande del siglo XX.

«Plantear al “desarrollo integral” como justificación del aborto es una perversión jurídica porque el aborto es el antónimo del desarrollo; es siempre un empobrecimiento», ha dicho uno de los votantes.

Otro de ellos ha agregado: «El falso derecho de la mujer (o del varón) a decidir sobre la vida que gesta, es un atentado contra algo que es anterior a la libertad: la vida humana».

Legalizar el aborto como pretende la Asamblea Legislativa del Distrito federal «equivaldría a legalizar el aborto solo porque “se me antoja” y eso es absurdo e inaceptable como lo es cualquiera otra pretendida razón», ha subrayado una votante.

Mientras que otro sentencia: «Si el Estado y por ende los legisladores (diputados y senadores), no defienden a los más débiles, el Estado pierde su razón de ser».

La encuesta número 20 ya está en Periodismocatolico.com y tiene que ver con el constante ataque de los grupos de presión a la postura de la Iglesia en este rubro.

La pregunta, concretamente, es: «¿La defensa de la vida proviene de: a) Una postura conservadora e intolerante de la Iglesia; b) Una estrategia de carácter –exclusivamente—religioso; o, c) Una defensa integral del ser humano?».
ZS07032909

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 


Entrevistas



El cardenal Herranz recuerda a Juan Pablo II y Escrivá como dos «rebeldes»
Habla el presidente emérito del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- «Rebeldes». Así define el cardenal Julián Herranz al Papa Juan Pablo II y al fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá de Balaguer.

El purpurado, nacido en Baena, España, en 1930, presidente de la Comisión Disciplinar de la Curia Romana y presidente emérito del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, comenta con Zenit su reciente libro «En las afueras de Jericó: recuerdos de los años con san Josemaría y Juan Pablo II» (Editorial Rialp), en el que revive los años con el fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá, y su trabajo en la Santa Sede al servicio de Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

En esta entrevista concedida en su despacho, el cardenal desgrana sus recuerdos y se detiene en la llamada «crisis postconciliar» para afirmar que ante la dicotomía «Evangelio-Ley» cabe afirmar que se trata de «una contraposición demagógica».

--Veintidós años al lado de una persona como Josemaría Escrivá son muchos. ¿Usted era consciente de que Escrivá era no sólo un fundador sino también un santo?

--Cardenal Herranz: Sí, porque eran inseparables esas dos dimensiones de su personalidad: el Señor lo «utilizó» para fundar el Opus Dei precisamente porque era un contemplativo, un enamorado de Cristo, un santo.

Desde la contemplación de la santísima humanidad de Cristo, del amor de Dios encarnado, san Josemaría se «remontaba» --así decía-- al continuo trato filial con el Padre y el Espíritu Santo, que nos enseña a caminar con los pies en la tierra y la mirada en el cielo.

En un apunte personal escribí hace años en Jerusalén: «De un arbusto crecido junto al camino de Jericó he cortado una pequeña rama, para tocar con ella la urna donde reposan en Roma los amadísimos restos del hombre que fue el instrumento de quien Dios se sirvió para que mi alma en tinieblas clamase a Cristo, lo encontrase al fin, se enamorase de Él y lo siguiera».

--«Me duele la Iglesia», decía en la década de 1965 a 1975 Escrivá. ¿A qué se refería?

--Cardenal Herranz: Se refería a la llamada «crisis postconciliar», a la tremenda paradoja de que cuando el Espíritu Santo acababa de enriquecer a la Iglesia con el Magisterio del Vaticano II, interpretaciones erróneas del Concilio llevaban a muchas almas a consecuencias tremendamente tristes y dolorosas.

Por ejemplo, el deseo de actualizar la fe marginando a Dios y realizando una reducción temporalista del mensaje evangélico de salvación; un replanteamiento de la identidad sacerdotal que llevó a muchos a laicizar su estilo de vida y comportó una hemorragia de defecciones sacerdotales y religiosas; un experimentalismo litúrgico anárquico y desacralizante, con una progresiva banalización de la santísima Eucaristía, etc.

San Josemaría compartió, muy unido a Pablo VI, el íntimo dolor del Papa por esa situación.

--Usted ha dedicado su vida al servicio de la Santa Sede, principalmente en un ámbito no siempre conocido ni apreciado como el de la ley. ¿Qué significan la ley, los tribunales, el Derecho Canónico... en la vida de la Iglesia?

--Cardenal Herranz: Significan amor a Cristo y a la Iglesia, al pueblo de Dios.

La Constitución «Lumen gentium» del Vaticano II recuerda que Cristo ha fundado la Iglesia como comunión espiritual de fe, esperanza y amor y simultáneamente como sociedad terrena dotada de organismos jerárquicos y de leyes que establecen los derechos y deberes de todos los fieles.

Son leyes que van todas dirigidas al fin mismo de la Iglesia: la difusión del mensaje de Cristo en el mundo y la salvación eterna de los fieles.

La estructura social está al servicio de la gracia y de la comunión.

Por eso no tiene sentido la contraposición demagógica que algunos hacen entre Evangelio y Ley o entre espíritu pastoral y ordenamiento canónico.

--Usted ha trabajado durante todo el pontificado de Pablo VI en la preparación de la nueva legislación eclesiástica. ¿Qué diría usted, personalmente, de Pablo VI?

--Cardenal Herranz: Que fue un Papa santo, de heroicas virtudes cristianas y sacerdotales, que dirigió sabiamente y condujo a feliz conclusión el Concilio Vaticano II, en medio de agudas y dolorosas tensiones doctrinales.

Admiré su gran prudencia pastoral, su amor sacrificado a Cristo y su apasionado amor a una Iglesia, que --siendo fiel a las exigencias del Evangelio-- mantuviese un diálogo fecundo con la sociedad moderna. Por eso en mayo de 1992 escribí a Juan Pablo II solicitando que se iniciase la causa de beatificación.

--Durante veintisiete años ha trabajado con Juan Pablo II, es «su» Papa, si me permite la expresión. ¿Qué recuerdo aflora con más intensidad, de todos los que tiene de este pontífice?

--Cardenal Herranz: La fuerza con que, en la homilía de la canonización de san Josemaría, dijo a la multitud de fieles que escuchaban en Roma y en el mundo: «Él continúa recordándoos la necesidad de no dejaros atemorizar ante una cultura materialista, que amenaza con disolver la identidad de los discípulos de Cristo».

En ese momento vi como identificados en mi alma los dos grandes «rebeldes» que fueron Wojtyla y Escrivá.

El Papa tenaz defensor de la dignidad de la persona humana frente a la utopía totalitaria de la «justicia sin libertad» y la utopía agnóstica de la «libertad sin verdad»; y el fundador que predicó la rebelión espiritual contra la que llamaba «triple ola» anticristiana y antihumana: la ola «roja» del materialismo marxista, la ola «negra» del neo-paganismo revestido de laicidad, y la ola «verdosa» del pansexualismo animalesco.

--Estamos bajo el pontificado de Benedicto XVI. ¿Prevé cambios significativos en la manera de entender la disciplina eclesiástica?

--Cardenal Herranz: Probablemente en el campo de la promoción vocacional y de la disciplina del clero, según el conocido principio pastoral de que «para ser más hay que ser mejores».

Y también en el campo del gobierno eclesiástico, más dinámico y apostólico, para contrarrestar la creciente «dictadura del relativismo» con una vigorosa nueva evangelización.
ZS07032922

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 


Espiritualidad



Predicador del Papa: Todos, con nuestros pecados, llevamos a Cristo a la Cruz
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., a la liturgia del próximo domingo

ROMA, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. - predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo de Ramos de la Pasión del Señor, 1 de abril.

 

* * *



 

Una mirada de historiadores a la Pasión de Cristo



 

Domingo de Ramos
Isaías 50, 4-7; Filipenses 2, 6-11; Lucas 22, 14-23,56



En el Evangelio del domingo de Ramos escuchamos por completo el relato de la Pasión según San Lucas. Nos planteamos la cuestión crucial, para responder a la cual fueron escritos los Evangelios: ¿por qué un hombre así acabó en la cruz? ¿Cuál es el motivo y quiénes los responsables de la muerte de Jesús?

Según una teoría que empezó a circular después de la tragedia de la Shoa de los judíos, la responsabilidad de la muerte de Cristo recae principalmente, es más, tal vez exclusivamente, en Pilato y la autoridad romana, cosa que indica que su motivación es más de orden político que religioso. Los Evangelios han excusado a Pilato y acusado de ella a los jefes del judaísmo para tranquilizar a las autoridades romanas y tenerlas como amigas.

Esta tesis nació de una preocupación justa que hoy todos compartimos: cortar de raíz todo pretexto para el antisemitismo que tanto mal ha procurado al pueblo judío por parte de los cristianos. Pero el perjuicio más grave que se puede hacer a una causa justa es el de defenderla con argumentos erróneos. La lucha contra el antisemitismo hay que situarla sobre un fundamento más sólido que una discutible (y discutida) interpretación de los relatos de la Pasión.

La ajenidad del pueblo judío, en cuanto tal, a la responsabilidad de la muerte de Cristo, reposa en una certeza bíblica que los cristianos tiene en común con los judíos, pero que lamentablemente por muchos siglos ha sido extrañamente olvidada: «El que peque es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa de su padre, ni el padre con la culpa de su hijo» (Ez 18,20). La doctrina de la Iglesia conoce un solo pecado que se transmite por herencia de padre a hijo, el pecado original; ningún otro.

Ya asegurado el rechazo del antisemitismo, desearía explicar por qué no se puede aceptar la tesis de la total ajenidad de las autoridades judías a la muerte de Cristo, y por lo tanto de la naturaleza esencialmente política de ella. Pablo, en la más antigua de sus cartas, escrita en torno al año 50, da, de la condena de Cristo, la misma versión fundamental de los Evangelios. Dice que «los judíos dieron muerte al Señor» (1 Ts 2,15), y sobre los hechos ocurridos en Jerusalén poco antes de su llegada a la ciudad él debía estar mejor informado que nosotros, los modernos, al haber aprobado y defendido «encarnizadamente», en un tiempo, la condena del Nazareno.

No se pueden leer los relatos de la Pasión ignorando todo lo que les precede. Los cuatro evangelios atestiguan, se puede decir que a cada página, un choque religioso creciente entre Jesús y un grupo influyente de judíos (fariseos, doctores de la ley, escribas) sobre la observancia del sábado, sobre la actitud hacia los pecadores y publicanos, sobre lo puro y lo impuro.

Pero una vez demostrada la existencia de este desacuerdo, ¿cómo se puede pensar que ello no haya jugado ningún papel en el momento del ajuste final de cuentas y que las autoridades judías se decidieran a denunciar a Jesús ante Pilato únicamente por miedo a una intervención armada de los romanos, casi a su pesar?

Pilato no era una persona sensible a razones de justicia, como para preocuparse de la suerte de un desconocido judío; era un tipo duro y cruel, dispuesto a ahogar en sangre cualquier mínimo indicio de revuelta. Todo ello es muy cierto. No intenta salvar a Jesús por compasión hacia la víctima, sino sólo por una obstinación contra sus acusadores, con los que estaba en marcha una guerra sorda desde su llegada a Judea. Naturalmente, esto no disminuye en absoluto la responsabilidad de Pilato en la condena de Cristo, que recae en él no menos que sobre los jefes judíos.

No se trata, sobre todo, de querer ser «más judíos que los judíos». De las noticias sobre la muerte de Jesús, presentes en el Talmud y en otras fuentes judaicas (si bien tardías e históricamente contradictorias), emerge algo: la tradición judía nunca ha negado una participación de las autoridades religiosas del tiempo en la condena de Cristo. No ha fundado la propia defensa negando el hecho, sino a lo más negando que el hecho, desde el punto de vista judío, constituyera delito y que su condena fuera una condena injusta.

A la pregunta: «por qué Jesús fue condenado a muerte», después de todas las investigaciones y alternativas propuestas, se debe por lo tanto dar la respuesta que dan los evangelios. Fue condenado por un motivo esencialmente religioso, el cual sin embargo fue hábilmente formulado en términos políticos para convencer mejor al procurador romano. El título Mesías sobre el que estaba fundamentada la acusación del Sanedrín, en el proceso ante Pilato, se convierte en «Rey de los judíos», y éste será el título de condena que se colgará en la cruz: «Jesús Nazareno, Rey de los judíos». Jesús había luchado toda su vida para evitar esta confusión, pero al final será precisamente ella la que decida su suerte.

Esto deja abierto el tema sobre el uso que se hace de los relatos de la Pasión. En el pasado estos se usaron frecuentemente (por ejemplo, en ciertas representaciones teatrales de la Pasión) de manera impropia, con forzamientos antijudíos. Se trata de algo hoy por todos firmemente confirmado, aunque tal vez aún queda algo qué hacer para eliminar de la celebración cristiana de la Pasión todo lo que pueda ofender la sensibilidad de los hermanos judíos. Jesús fue y sigue siendo, a pesar de todo, el mayor don que el judaísmo dio al mundo. Un don, entre otras cosas, que pagó a un elevado precio...

La conclusión que podemos sacar de las consideraciones históricas realizadas es, por lo tanto, que poder religioso y poder político, los jefes del Sanedrín y el procurador romano, participaron ambos, por motivos diferentes, en la condena de Cristo. Debemos añadir enseguida que la historia no dice todo ni lo esencial sobre este punto. Por la fe, quienes dieron muerte a Jesús fuimos todos nosotros con nuestros pecados.

Dejemos ahora aparte las cuestiones históricas y dediquemos algún instante a contemplarle a Él. ¿Cómo se comporta Jesús en la Pasión? Sobrehumana dignidad, paciencia infinita. Ni un solo gesto o palabra que desmienta lo que Él había predicado en su Evangelio, especialmente en las Bienaventuranzas. Él muere pidiendo el perdón para sus verdugos.

Con todo, nada hay en Él que se asemeje al orgulloso desprecio del dolor del dolor del estoico. Su reacción al sufrimiento y a la crueldad es humanísima: tiembla y suda sangre en Jetsemaní, desearía que el cáliz pasara de él, busca apoyo en sus discípulos, grita su desolación en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Un rasgo de esta sobrehumana grandeza de Cristo en la Pasión me fascina sobre todo: su silencio: «Jesús callaba» (Mt 26, 63). Calla ante Caifás, calla ante Pilato, quien se irrita por su silencio, calla ante Herodes, que esperaba verle hacer un milagro (Cf. Lc 23, 8). «Al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba», dice de Él la Primera carta de Pedro (2, 23).

Sólo un instante antes de morir rompe el silencio y lo hace con aquel «fuerte grito» que lanza desde la cruz y que arranca al centurión romano la confesión: «Verdaderamente éste era hijo de Dios».

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
ZS07032920

Envía esta noticia a un amigo

TOP

 


Documentación



Palabras del Papa al visitar un centro penitenciario para menores de Roma
El 18 de marzo de 2007

ROMA, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía y el discurso final que pronunció Benedicto XVI al celebrar la misa junto a los menores de edad internados en un centro penitenciario de la ciudad de Roma, en la calle Casal del Marmo, el domingo 18 de marzo de 2007.

 

Homilía en la celebración eucarística



Queridos hermanos y hermanas;
queridos muchachos y muchachas:


He venido de buen grado a visitaros, y el momento más importante de nuestro encuentro es la santa misa, en la que se renueva el don del amor de Dios: amor que nos consuela y da paz, especialmente en los momentos difíciles de la vida. En este clima de oración quisiera dirigiros mi saludo a cada uno de vosotros: al ministro de Justicia, honorable Clemente Mastella, al que expreso en especial mi agradecimiento; al jefe del Departamento de justicia para menores, señora Melita Cavallo; a las demás autoridades que han participado; a los responsables, a los agentes, a los educadores y al personal de este establecimiento penal para menores, a los voluntarios, a los familiares y a todos los presentes. Saludo al cardenal vicario y al obispo auxiliar, monseñor Benedetto Tuzia. De modo especial, saludo a monseñor Giorgio Caniato, inspector general de los capellanes de los Institutos de prevención y pena, y a vuestro capellán, a quienes doy las gracias por haberse hecho intérpretes de vuestros sentimientos al inicio de la santa misa.

En la celebración eucarística es Cristo mismo quien se hace presente en medio de nosotros; más aún, viene a iluminarnos con su enseñanza, en la liturgia de la Palabra, y a alimentarnos con su Cuerpo y su Sangre, en la liturgia eucarística y en la Comunión. De este modo viene a enseñarnos a amar, viene a capacitarnos para amar y, así, para vivir. Pero, tal vez digáis, ¡cuán difícil es amar en serio, vivir bien! ¿Cuál es el secreto del amor, el secreto de la vida? Volvamos al evangelio. En este evangelio aparecen tres personas: el padre y sus dos hijos. Pero detrás de las personas hay dos proyectos de vida bastante diversos. Ambos hijos viven en paz, son agricultores muy ricos; por tanto, tienen con qué vivir, venden bien sus productos, su vida parece buena.

Y, sin embargo, el hijo más joven siente poco a poco que esta vida es aburrida, que no le satisface. Piensa que no puede vivir así toda la vida: levantarse cada día, no sé, quizá a las 6; después, según las tradiciones de Israel, una oración, una lectura de la sagrada Biblia; luego, el trabajo y, al final, otra vez una oración. Así, día tras día; él piensa: no, la vida es algo más, debo encontrar otra vida, en la que sea realmente libre, en la que pueda hacer todo lo que me agrada; una vida libre de esta disciplina y de estas normas de los mandamientos de Dios, de las órdenes de mi padre; quisiera estar solo y que mi vida sea totalmente mía, con todos sus placeres. En cambio, ahora es solamente trabajo.

Así, decide tomar todo su patrimonio y marcharse. Su padre es muy respetuoso y generoso; respeta la libertad de su hijo: es él quien debe encontrar su proyecto de vida. Y el joven, como dice el evangelio, se va a un país muy lejano. Probablemente lejano desde un punto de vista geográfico, porque quiere un cambio, pero también desde un punto de vista interior, porque quiere una vida totalmente diversa. Ahora su idea es: libertad, hacer lo que me agrade, no reconocer estas normas de un Dios que es lejano, no estar en la cárcel de esta disciplina de la casa, hacer lo que me guste, lo que me agrade, vivir la vida con toda su belleza y su plenitud.

Y en un primer momento —quizá durante algunos meses— todo va bien: cree que es hermoso haber alcanzado finalmente la vida, se siente feliz. Pero después, poco a poco, siente también aquí el aburrimiento, también aquí es siempre lo mismo. Y al final queda un vacío cada vez más inquietante; percibe cada vez con mayor intensidad que esa vida no es aún la vida; más aún, se da cuenta de que, continuando de esa forma, la vida se aleja cada vez más. Todo resulta vacío: también ahora aparece de nuevo la esclavitud de hacer las mismas cosas. Y al final también el dinero se acaba, y el joven se da cuenta de que su nivel de vida está por debajo del de los cerdos.

Entonces comienza a recapacitar y se pregunta si ese era realmente el camino de la vida: una libertad interpretada como hacer lo que me agrada, vivir sólo para mí; o si, en cambio, no sería quizá mejor vivir para los demás, contribuir a la construcción del mundo, al crecimiento de la comunidad humana... Así comienza el nuevo camino, un camino interior. El muchacho reflexiona y considera todos estos aspectos nuevos del problema y comienza a ver que era mucho más libre en su casa, siendo propietario también él, contribuyendo a la construcción de la casa y de la sociedad en comunión con el Creador, conociendo la finalidad de su vida, descubriendo el proyecto que Dios tenía para él.

En este camino interior, en esta maduración de un nuevo proyecto de vida, viviendo también el camino exterior, el hijo más joven se dispone a volver para recomenzar su vida, porque ya ha comprendido que había emprendido el camino equivocado. Se dice a sí mismo: debo volver a empezar con otro concepto, debo recomenzar.

Y llega a la casa del padre, que le dejó su libertad para darle la posibilidad de comprender interiormente lo que significa vivir, y lo que significa no vivir. El padre, con todo su amor, lo abraza, le ofrece una fiesta, y la vida puede comenzar de nuevo partiendo de esta fiesta. El hijo comprende que precisamente el trabajo, la humildad, la disciplina de cada día crea la verdadera fiesta y la verdadera libertad. Así, vuelve a casa interiormente madurado y purificado: ha comprendido lo que significa vivir.

Ciertamente, en el futuro su vida tampoco será fácil, las tentaciones volverán, pero él ya es plenamente consciente de que una vida sin Dios no funciona: falta lo esencial, falta la luz, falta el porqué, falta el gran sentido de ser hombre. Ha comprendido que sólo podemos conocer a Dios por su Palabra. Los cristianos podemos añadir que sabemos quién es Dios gracias a Jesús, en el que se nos ha mostrado realmente el rostro de Dios.

El joven comprende que los mandamientos de Dios no son obstáculos para la libertad y para una vida bella, sino que son las señales que indican el camino que hay que recorrer para encontrar la vida. Comprende que también el trabajo, la disciplina, vivir no para sí mismo sino para los demás, alarga la vida. Y precisamente este esfuerzo de comprometerse en el trabajo da profundidad a la vida, porque al final se experimenta la satisfacción de haber contribuido a hacer crecer este mundo, que llega a ser más libre y más bello.

No quisiera hablar ahora del otro hijo, que permaneció en casa, pero por su reacción de envidia vemos que interiormente también él soñaba que quizá sería mucho mejor disfrutar de todas las libertades. También él en su interior debe "volver a casa" y comprender de nuevo qué significa la vida; comprende que sólo se vive verdaderamente con Dios, con su palabra, en la comunión de su familia, del trabajo; en la comunión de la gran familia de Dios. No quisiera entrar ahora en estos detalles: dejemos que cada uno se aplique a su modo este evangelio. Nuestras situaciones son diversas, y cada uno tiene su mundo. Esto no quita que todos seamos interpelados y que todos podamos entrar, a través de nuestro camino interior, en la profundidad del Evangelio.

Añado sólo algunas breves observaciones. El evangelio nos ayuda a comprender quién es verdaderamente Dios: es el Padre misericordioso que en Jesús nos ama sin medida. Los errores que cometemos, aunque sean grandes, no menoscaban la fidelidad de su amor. En el sacramento de la Confesión podemos recomenzar siempre de nuevo con la vida: él nos acoge, nos devuelve la dignidad de hijos suyos. Por tanto, redescubramos este sacramento del perdón, que hace brotar la alegría en un corazón que renace a la vida verdadera.

Además, esta parábola nos ayuda a comprender quién es el hombre: no es una "mónada", una entidad aislada que vive sólo para sí misma y debe tener la vida sólo para sí misma. Al contrario, vivimos con los demás, hemos sido creados juntamente con los demás, y sólo estando con los demás, entregándonos a los demás, encontramos la vida. El hombre es una criatura en la que Dios ha impreso su imagen, una criatura que es atraída al horizonte de su gracia, pero también es una criatura frágil, expuesta al mal; pero también es capaz de hacer el bien.

Y, por último, el hombre es una persona libre. Debemos comprender lo que es la libertad y lo que es sólo apariencia de libertad. Podríamos decir que la libertad es un trampolín para lanzarse al mar infinito de la bondad divina, pero puede transformarse también en un plano inclinado por el cual deslizarse hacia el abismo del pecado y del mal, perdiendo así también la libertad y nuestra dignidad.

Queridos amigos, estamos en el tiempo de la Cuaresma, de los cuarenta días antes de la Pascua. En este tiempo de Cuaresma la Iglesia nos ayuda a recorrer este camino interior y nos invita a la conversión que, antes que ser un esfuerzo siempre importante para cambiar nuestra conducta, es una oportunidad para decidir levantarnos y recomenzar, es decir, abandonar el pecado y elegir volver a Dios.

Recorramos juntos este camino de liberación interior; este es el imperativo de la Cuaresma. Cada vez que, como hoy, participamos en la Eucaristía, fuente y escuela del amor, nos hacemos capaces de vivir este amor, de anunciarlo y testimoniarlo con nuestra vida. Pero es necesario que decidamos ir a Jesús, como hizo el hijo pródigo, volviendo interior y exteriormente al padre. Al mismo tiempo, debemos abandonar la actitud egoísta del hijo mayor, seguro de sí, que condena fácilmente a los demás, cierra el corazón a la comprensión, a la acogida y al perdón de los hermanos, y olvida que también él necesita el perdón.

Que nos obtengan este don la Virgen María y san José, mi patrono, cuya fiesta celebraremos mañana, y a quien ahora invoco de modo particular por cada uno de vosotros y por vuestros seres queridos.

 

Alocución de despedida



Queridos muchachos y muchachas:
Ante todo, quisiera daros las gracias por vuestra alegría. ¡Gracias por esta participación! Para mí es una gran alegría haberos dado un poco de luz con mi visita. Así se concluye ahora nuestro encuentro, así se concluye mi breve pero intensa visita. Como se ha recordado, es mi primer contacto con el mundo de las cárceles desde que soy Papa. He escuchado con atención las palabras del director, del comandante y de un representante vuestro, y os agradezco los sentimientos cordiales que me habéis manifestado, así como la felicitación que me habéis dirigido con ocasión de mi onomástico. Además, he percibido que aún sigue vivo entre vosotros el recuerdo del cardenal Casaroli, llamado familiarmente padre Agostino. Él me habló muchas veces de sus experiencias, a través de las cuales se sentía siempre muy amigo, muy cercano a todos los muchachos y muchachas presentes aquí.

Vosotros, queridos muchachos y muchachas, provenís de diversas naciones. Me gustaría poder permanecer más tiempo con vosotros; pero, por desgracia, el tiempo es limitado. Quizá en otra oportunidad encontremos una jornada más larga. Sin embargo, sabed que el Papa os quiere y os sigue con afecto. Asimismo, deseo aprovechar esta ocasión para extender mi saludo a todos los que están en la cárcel y a cuantos, de diferentes maneras, trabajan en el ámbito penitenciario.

Queridos muchachos y muchachas, hoy para vosotros, como se ha dicho, es una jornada de fiesta: ha venido a visitaros el Papa; están presentes el ministro de Justicia, diversas autoridades, el cardenal vicario, el obispo auxiliar, vuestro capellán, muchas otras personalidades y amigos. Por tanto, es una jornada de alegría. La liturgia misma de este domingo comienza con una invitación a estar alegres: "¡Alégrate!" es la primera palabra de la misa. Pero, ¿cómo puede ser feliz quien sufre, quien está privado de libertad, quien se siente abandonado?

Durante la misa hemos recordado que Dios nos ama: este es el manantial de la verdadera alegría. Aun teniendo todo lo que se desea, a veces se es infeliz; en cambio, se podría estar privado de todo, incluso de libertad y de salud, y estar en paz y en alegría, si dentro del corazón está Dios. Por tanto, el secreto está aquí: es preciso que Dios ocupe siempre el primer lugar en nuestra vida. Jesús nos reveló el verdadero rostro de Dios. Queridos amigos, antes de dejaros os aseguro de todo corazón que seguiré recordándoos ante el Señor. Estaréis siempre presentes en mis oraciones.

Os anticipo mi felicitación por la próxima fiesta de Pascua, y os bendigo a todos. Que el Señor os acompañe siempre con su gracia y os guíe en vuestra vida futura.

[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]

ZS07032921

Envía esta noticia a un amigo

TOP



 



ZENIT es una agencia internacional de información.
Visite nuestra página http://www.zenit.org

SERVICIO DIARIO Y SEMANA INTERNACIONAL
Para suscribirse/darse de baja:
http://www.zenit.org/spanish/subdiario.html

ZENIT EN TIEMPO REAL
Para suscribirse a ZENIT, EN TIEMPO REAL:
http://www.zenit.org/spanish/subenvivo.html

SYNTHESIS
Para suscribirse a SYNTHESIS,
la selección semanal de
los mejores artículos de Zenit:
http://www.zenit.org/spanish/subsemanal.html

Para cualquier información: infospanish@zenit.org
* * * * * * * * * * * * * * * *
La reproducción de los servicios de Zenit requiere
el permiso expreso del editor.

(c) Innovative Media Inc.