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Santa Sede
El Papa hace un llamamiento a recuperar la dimensión humana del trabajo
El diálogo entre culturas y religiones no debe caer en el sincretismo, advierte el Papa
El Papa agradece la invitación para viajar a Ucrania
La Santa Sede constata que el fanatismo antirreligioso amenaza a los creyentes
La misericordia, respuesta a la Misericordia; según el predicador del Papa
Análisis
El talón de Aquiles del preservativo
Mundo
Se publica el documento de trabajo de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
El asesinato de dos hermanas siembra temor entre los católicos del norte de Irak
Informe Especial
«He sido curada»: Habla la religiosa que atribuye un milagro a la intercesión de Juan Pablo II
Espiritualidad
Predicador del Papa: «Bienaventurados los misericordiosos»
Fe de erratas
Las hermanas asesinadas en Irak no eran religiosas
Santa Sede
El Papa hace un llamamiento a recuperar la dimensión humana del trabajo
En un mensaje al Foro internacional de jóvenes organizado por el Vaticano
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- En medio de las dificultades laborales que experimenta la juventud en tiempos de globalización, Benedicto XVI ha hecho un llamamiento a recuperar la «dimensión humana del trabajo».
La propuesta del Santo Padre forma parte del mensaje que ha enviado a los participantes en el IX Foro internacional de jóvenes, organizado por el Consejo Pontificio para los Laicos sobre el tema «Testigos de Cristo en el mundo del trabajo», en Rocca di Papa (localidad cercana a Roma).
En el encuentro, que culminará con la Jornada Mundial de la Juventud, que este año se celebra a nivel diocesano el 1 de abril, Domingo de Ramos, participan unos 300 jóvenes de entre 20 y 35 años, comprometidos en la Iglesia y en el mundo del trabajo, procedentes de un centenar de países y de diferentes experiencias laborales y eclesiales.
«El proceso de globalización que tiene lugar en el mundo implica una exigencia de movilidad que obliga a numerosos jóvenes a emigrar y a vivir lejos del país de origen y de la propia familia», constata el Papa en su misiva.
«Y esto genera en muchos un inquietante sentido de inseguridad, con indudables repercusiones en la capacidad no sólo de imaginar y adoptar un proyecto para el futuro, sino incluso de comprometerse concretamente en el matrimonio y en la formación de una familia», aclara.
«En un contexto de liberalismo económico condicionado por las presiones del mercado, por la competencia y la competitividad», el Papa subrayó «la necesidad de valorar la dimensión humana del trabajo y de garantizar la dignidad de la persona».
«La referencia última de toda actividad humana sólo puede ser el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios», indicó.
«El trabajo forma parte del proyecto de Dios para el hombre» e implica «participar en su obra creadora y redentora».
«Por tanto, toda actividad humana debería ser motivo y lugar de crecimiento de los individuos y de la sociedad, desarrollo de los “talentos” personales que hay que valorar, y servicio ordenado al bien común, con espíritu de justicia y solidaridad».
«Además, para los creyentes, la finalidad última del trabajo es la edificación del Reino de Dios», añadió.
Para afrontar estos «problemas complejos» el Papa propone tomar como punto de referencia la doctrina social, tal y como la presentan el Catecismo de la Iglesia Católica y sobre todo el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.
«Hoy más que nunca es necesario y urgente proclamar “el Evangelio del trabajo”, vivir como cristianos en el mundo del trabajo y convertirse en apóstoles entre los trabajadores», asegura el Papa.
«Pero para cumplir con esta misión es necesario permanecer unidos a Cristo con la oración y con una intensa vida sacramental, valorando con este objetivo de manea especial el domingo, que es el día dedicado al Señor».
Con este espíritu, Benedicto XVI alienta «a los jóvenes a no desalentarse ante las dificultades».
ZS07033005
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El diálogo entre culturas y religiones no debe caer en el sincretismo, advierte el Papa
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- En el mundo globalizado es decisivo el diálogo entre culturas y religiones; ahora bien, este diálogo no debe caer en el sincretismo que pone al mismo nivel todo tipo de valores o creencias, fundiéndolos entre sí, advierte Benedicto XVI.
Así lo explicó este viernes a la nueva embajadora de Ucrania ante la Santa Sede, Tetiana Izhevska, aclarando que de este diálogo depende la paz y el desarrollo duradero.
«En nuestro mundo cada vez más condicionado por las urgencias de la globalización, es necesario un diálogo exigente y profundo entre culturas y religiones, pero no para nivelarlas todas en un sincretismo empobrecedor, sino para permitir que se desarrollen en un respeto recíproco y que trabajen, cada una según su carisma propio, a favor del bien común», considera el Papa.
Así lo explicó este viernes a la nueva embajadora de Ucrania ante la Santa Sede, Tetiana Izhevska, aclarando que «esta perspectiva permitirá seguramente reducir las causas siempre posibles de tensión y enfrentamiento entre grupos o entre naciones, y garantizará a todos las condiciones de una paz y un desarrollo duradero».
En su discurso el Papa reconoció que Ucrania es «puerta entre Oriente y Occidente en virtud de su situación geográfica» en el continente europeo y alentó «el intercambio fecundo» «entre los dos pulmones culturales que han forjado la historia de Europa y que han caracterizado en particular su historia cristiana».
«Estoy seguro de que la nación ucraniana, profundamente impregnada por el Evangelio en su vida, en su cultura y en sus instituciones, desde su bautismo de hace más de mil años en Kiev, se preocupará por aportar a las demás naciones el dinamismo de su identidad, preservando sus características originales», confesó.
ZS07033004
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El Papa agradece la invitación para viajar a Ucrania
Presentada por el presidente Viktor Yushchenko
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI agradeció este viernes la invitación que le ha presentado el presidente de Ucrania, Viktor Yushchenko, para visitar ese país.
El Santo Padre expresó su agradecimiento, aunque no confirmó la posible visita, en la ceremonia en que recibió las cartas credenciales de la nueva embajadora de ese país ante la Santa Sede, la señora Tetiana Izhevska.
En su discurso en francés, el Papa pide expresar al presidente «mi agradecimiento por su cálida invitación a visitar vuestro bello país».
Tras mencionar «la visita pastoral que realizó mi predecesor el Papa Juan Pablo II en 2001», recuerda que Ucrania y la Santa Sede mantienen relaciones diplomáticas desde hace 15 años.
Según el Papa, en el país, se da un «buen clima de relaciones entre las autoridades públicas y las iglesias y comunidades eclesiales que viven en Ucrania».
«Los creyentes gozan en vuestro país de libertad religiosa, que es una dimensión esencial de la libertad del ser humano y por tanto una expresión fundamental de su dignidad», constata.
«Según una apropiada distinción de responsabilidades propias de la esfera religiosa y de la esfera civil, el Estado reconoce los diferentes cultos y confesiones religiosas, y les asegura el mismo derecho ante la ley, permitiendo de este modo a cada uno encontrar su lugar en la sociedad ucraniana y desempeñar un papel específico para el bien de toda la nación», afirma el obispo de Roma.
De los casi 47 millones de habitantes de Ucrania, el 9,78% son católicos, de rito oriental y latino. La mayoría de la población es ortodoxa.
ZS07033003
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La Santa Sede constata que el fanatismo antirreligioso amenaza a los creyentes
Dijo el observador del Vaticano ante la ONU, arzobispo Tomasi
GINEBRA, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- El fanatismo antirreligioso amenaza a la religión y a los creyentes con insultos, discriminación, persecución y daños que están en contradicción con la promesa de libertad aclamada por las sociedades democráticas, dijo aquí el observador vaticano ante un organismo de Naciones Unidas.
En una intervención el 22 de marzo, para la cuarta sesión especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el arzobispo Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU y ante otras organizaciones internacionales, hizo un llamamiento al organismo internacional para proteger la «libertad de religión, de expresión, de conciencia, de culto en privado y en público y respeto de las convicciones religiosas de los creyentes de todos los credos y de los no creyentes de la misma manera», en el contexto de otros derechos humanos.
«Violaciones de los derechos de los creyentes, incluso violencia abierta contra ellos, restricciones estatales, imposiciones indebidas y persecución, insultos públicos a los sentimientos religiosos, infortunadamente persisten y pedimos un remedio», dijo.
Las democracias deben vigilar el modo de «estar al lado del respeto de religiones concretas» en interés de garantizar los «derechos de libertad religiosa y libertad de expresión», añadió.
«No se puede considerar la ridiculización de lo sagrado como un derecho de libertad», dijo el arzobispo.
Urgió a que el Consejo, que revisa el respeto de los derechos humanos de todos los 191 estados miembros de la ONU, desarrolle «mecanismos o instrumentos» que puedan «defender el mensaje de las comunidades religiosas de la manipulación y puedan evitar una presentación irrespetuosa de sus miembros».
La Santa Sede, dijo, ve evidencias de «fanatismo antirreligioso que denigra la religión o, en general, a los fieles de una religión atribuyéndoles la responsabilidad de acciones violentas hechas hoy o en el pasado por algunos miembros de esta religión».
El nuncio vaticano dijo que «la crítica legítima» de acciones de algunos seguidores religiosos no debe convertirse en licencia para «insultar o difamar injustamente ni caer en burlas ofensivas de sus veneradas personas, prácticas, ritos o símbolos».
La ofensa religiosa, especialmente cuando se dirige a una minoría en una sociedad, es una forma de coerción contra creyentes que hace la profesión y la práctica pública de la religión más difícil, añadió.
El arzobispo Tomasi dijo que la Santa Sede ha vigilado la emergencia en el escenario mundial de «un aparente dilema entre el respeto debido a la religiones y el derecho a la libertad de expresión, como si fueran incompatibles y se excluyeran mutuamente», añadiendo que estos valores son «complementarios» y deben coexistir.
El respeto de la dignidad de la persona humana «implica respeto a su libertad en materia religiosa para profesar, practicar y manifestar públicamente la propia religión sin ser objeto de burla, injuriado, discriminado», constató.
«El respeto de los derechos y dignidad de otros debería marcar el límite de cualquier derecho, incluso el de la libertad de expresión y manifestación de las propias opiniones, incluidas las religiosas», dijo el arzobispo Tomasi.
Reconociendo los resultados trágicos del «fanatismo pseudorreligioso», el arzobispo subrayó que la religión y ciencia están entre los factores sociales que «más han contribuido al progreso de la humanidad a través de la promoción de los valores culturales, artísticos, sociales y humanitarios».
«Cualquier religión que alaba o tolera la violencia, intolerancia y odio se hace a sí misma no merecedora de este nombre», añadió.
«La dimensión religiosa de la persona humana, su actitud ante la trascendencia y las consecuentes exigencias éticas», dijo, «es una referencia básica de la conducta personal y social».
«Las religiones pueden ofrecer, y, de hecho, ofrecen, una sólida formación para la defensa de los valores de la justicia personal y social, para el respeto de los demás y de la naturaleza», indicó el nuncio vaticano.
«Un estado realmente democrático valora la libertad religiosa como un elemento fundamental del bien común, merecedor de respeto y protección, y crea las condiciones que permiten a sus ciudadanos vivir y actuar libremente», subrayó el arzobispo Tomasi.
«Un enfoque completo que ve el respeto de religión enraizado en la libertad que cada persona humana tiene derecho a disfrutar, en un equilibrio de derechos con los demás y con la sociedad, parece el camino razonable a emprender», concluyó.
ZS07033001
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La misericordia, respuesta a la Misericordia; según el predicador del Papa
En su cuarta predicación de Cuaresma al Papa y a la Curia
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- De la experiencia de la misericordia de Dios -«pura gratuidad»- brota la capacidad y la exigencia de tener misericordia unos con los otros, recordó, ante Benedicto XVI, el predicador de la Casa Pontificia este viernes.
Por ello es clave tener una experiencia renovada de la misericordia de Dios, invitó el padre Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap. -en su cuarta y última predicación de Cuaresma, en torno a las Bienaventuranzas Evangélicas- a la Curia Romana.
Las palabras de Jesús en el sermón de la montaña: «Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia», fueron el eje de esta meditación, orientada sobre todo al perdón y a la remisión de los pecados.
El predicador del Papa propuso observar el reflejo de la misericordia de Dios, su Hijo, pues «es conocida la acogida que Jesús reserva a los pecadores en el Evangelio y la oposición que ello le procuró por parte de los defensores de la ley».
«Jesús justifica su conducta hacia los pecadores diciendo que así actúa el Padre celestial –recordó el padre Cantalamessa-. A sus detractores les recuerda la palabra de Dios en los profetas: "Misericordia quiero, y no sacrificios" (Mt 9, 13)»; de hecho, la misericordia «es el rasgo más sobresaliente del Dios de la Alianza y llena la Biblia de un extremo a otro».
«Ser misericordiosos se presenta así como un aspecto esencial del ser "a imagen y semejanza de Dios"», advirtió.
«Pero lo más sorprendente, acerca de la misericordia de Dios, es que Él experimenta alegría en tener misericordia», recalcó el padre Cantalamessa.
Y como la misericordia divina tiene «el carácter de pura gratuidad», «debemos, entonces, tener misericordia porque hemos recibido misericordia», de lo contrario «nos será retirada», apuntó el predicador de la Casa Pontificia siguiendo textos evangélicos.
«Si la misericordia divina está en el inicio de todo y es ella la que exige y hace posible la misericordia de los unos con los otros, entonces lo más importante para nosotros es tener una experiencia renovada de la misericordia de Dios», propuso a la Curia, dado que se trata de la «experiencia pascual por excelencia».
Y se puede tener esta vivencia a través del sacramento de la Reconciliación, por lo que ofreció al Papa y a sus colaboradores esta meditación «como preparación a una buena confesión pascual», examinando cada uno la propia conciencia siguiendo las bienaventuranzas.
«De una experiencia profunda de la misericordia de Dios se sale renovados y llenos de esperanza», y tras haberla tenido «tenemos, a nuestra vez, que mostrarla con los hermanos» «tanto en el nivel de la comunidad eclesial como en el nivel personal», recordó.
«También en la vida de la Iglesia, como en la de Jesús, deben resplandecer juntas la misericordia de las manos y la del corazón –expresó el padre Cantalamessa-, tanto las obras de misericordia como las "entrañas de misericordia"», reaccionando «con el perdón», esencial en las relaciones humanas.
ZS07033007
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Análisis
El talón de Aquiles del preservativo
La castidad y la fidelidad mucho más eficaces
ROMA, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- La Iglesia católica es criticada una vez más por su oposición a los preservativos.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, acusó hace poco a la Iglesia de hipocresía en este tema en un encuentro organizado por el ministro de sanidad del país, informaba Reuters el 12 de marzo.
La agencia informaba también de la respuesta del cardenal Eugênio de Araújo Sales, arzobispo retirado de Río de Janeiro, en la que manifestaba los problemas que plantea el programa de preservativos del gobierno en un artículo de periódico. La política de distribución masiva de preservativos, escribía, promueve una cultura de promiscuidad sexual.
Una declaración publicada por la comisión episcopal de familia y vida de Brasil también rechazó las acusaciones de Silva. La comisión insistía en la necesidad de educar a los adolescentes en principios morales buenos.
Los gobiernos de muchos países favorecen cada vez más la amplia distribución de preservativos en un intento de reducir los embarazos adolescentes y la extensión de enfermedades sexuales. A principios de año, en Escocia, se distribuyeron preservativos a niños de 13 años, informaba el 16 de enero el Evening News de Edimburgo.
El periódico informaba que los datos obtenidos gracias a la Ley de Libertad de Información revelaban que en el 2005 se repartieron gratis un total de 56.638 preservativos a chicos entre 13 y 15 años en Edimburgo y en zonas limítrofes.
Simon Dames, portavoz de la Iglesia católica en Escocia, comentaba el programa, indicando la inconsistencia de la política del gobierno que prohíbe fumar a los menores de 18 años, y sin embargo promueve la actividad sexual distribuyendo preservativos a los que todavía no han alcanzado la edad de consentimiento, 16 años, para mantener relaciones sexuales.
En Estados Unidos, una declaración conjunta del cardenal Edgard Egan de Nueva York, y del obispo de Brooklyn, Nicholas di Marzio, criticó a las autoridades de la ciudad por distribuir preservativos gratis el día de San Valentín, Associated Press informaba el 16 de febrero.
La declaración de los obispos afirmaba que la única forma de protegerse contra las enfermedades de transmisión sexual es a través de la abstinencia antes del matrimonio y de la fidelidad después de él.
Los responsables sanitarios de Washington, D. C., también distribuyeron 250.000 preservativos en antes del Día de San Valentín, informaba el 16 de febrero el Washington Post.
La postura de la Iglesia justificada
Según el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, la abstinencia antes del matrimonio, al igual que la fidelidad entre los esposos, son con muchos los medios más eficaces para prevenir el Sida. El cardenal hizo estas observaciones en una conferencia sobre el sida en Roma, informaba Associated Press el 20 de diciembre.
Cada vez existen más evidencias que respaldan las declaraciones del cardenal. El 2 de marzo el Washington Post publicaba un amplio artículo examinando la experiencia con el sida de Botswana.
El periódico indicaba que algunos estudios apuntaban la práctica de tener sexo con múltiples parejas «como la fuerza más poderosa de propagación de una enfermedad asesina en un continente vulnerable».
El Washington Post citaba un informe de julio de expertos en Sida en la zona sur de África y de funcionarios que ponían «la reducción de parejas múltiples y ocasionales» como su primera prioridad para evitar la propagación del VIH. La región cuenta con el 38% de todos los infectados por VIH del mundo.
El artículo describía como Botswana ha seguido durante muchos años la política recomendada por los expertos internacionales de promover los preservativos y distribuir medicamentos antivirales. De nada ha servido. El índice de contagios por VIH en el país está entre los más acusados del mundo. Cerca del 25% de la población está actualmente infectada.
En Botswana nunca se han promovido seriamente campañas por la fidelidad, observaba el Washington Post, pero sí de preservativos. Se lanzó una campaña de 13,5 millones de dólares para promover el preservativo en el país, gracias al apoyo económico de la Fundación de Hill & Melinda Gates y a la empresa farmacéutica Merck. La suma gastada en la promoción de preservativos fue 25 veces superior a la gastada en programas de abstinencia.
«El aumento de índice del uso del preservativo no ha traído consigo un descenso en los índices de VIH», concluía el artículo. «Por el contrario, ambos índices han aumentado a la vez, hasta estar ambos entre los más altos de África».
Cambiar de comportamiento
Los expertos médicos están reconociendo cada vez más la importancia de modificar la forma de actuar de la gente, en lugar de programas basados en la distribución de preservativos.
El 11 de marzo de 2006, el British Medical Journal publicaba un artículo titulado: «Risk Compensation: The Achilles’ Heel of Innovations in HIV Prevention?» (Riesgo de Compensación: ¿El Talón de Aquiles de las Innovaciones en la Prevención del VIH?).
Escrito por un equipo encabezado por Michael Cassell, el artículo observaba que mientras las medidas farmacéuticas y otras pueden ayudar a reducir la extensión del VIH, pueden también inhibir el cambio a comportamientos más seguros al disminuir la percepción del riesgo entre las personas.
Las campañas de promoción de preservativos, combinadas con una reducción del riesgo percibido «pueden haber contribuido a aumentos en el uso no constante, lo que tiene un efecto protector mínimo, así como a un posible desprecio de los riesgos de tener múltiples parejas», comentaba el artículo.
Los autores también observaban que los estudios en algunos países occidentales muestran que la promesa de un aumento en el acceso a tratamiento antirretroviral «se ha asociado con un incremento significativo de los comportamientos de riesgo».
Antes de esta confirmación de la necesidad de cambiar de comportamiento sexual, ha habido un estudio llevado a cabo en la población rural de Zimbabwe entre 1998 y 2003. Un artículo titulado «Understanding HIV Epidemic Trends in Africa» (Entender las Tendencias Epidémicas del VIH en África), publicado el 3 de febrero del 2006 en la revista Science, informaba sobre los descubrimientos del estudio.
Los autores, Richard Hayes y Helen Weiss, escribían que se había logrado una reducción en el VIH gracias a los cambios en el comportamiento sexual. Los cambios implicaban retrasar el comienzo de la actividad sexual en los adolescentes y la reducción del número de compañeros sexuales ocasionales.
Un tema relacionado con el debate es la cuestión de la promoción de la abstinencia. Un artículo publicado en febrero en el Journal of Youth and Adolescence subrayaba las consecuencias negativas de comenzar las relaciones sexuales en una edad temprana.
El artículo, «Adolescent Sexual Debut and Later Delinquency» (Debut Sexual Adolescente y Delincuencia Posterior), de Stacy Armour y Dana Haynie, observaba que la cuestión de los efectos perjudiciales del sexo fuera del matrimonio es un punto de controversia sobre el debate de si promover o no la abstinencia. Hasta ahora, sin embargo, se ha investigado poco sobre el tema.
Armour y Haynie usaron datos del National Longitudinal Survey of Adolescent Health para examinar las interconexiones entre la edad de debut sexual y los problemas de delincuencia subsecuentes. El estudio cubría cerca de 12.000 estudiantes y los resultados se controlaron por variables como edad, raza y estructura familiar.
Entre las conclusiones del estudio estaba el descubrimiento de que la iniciación prematura de la actividad sexual aumenta el riesgo de delincuencia. Igualmente, retrasar la actividad sexual hasta más tarde «ofrece una efecto protector y reduce los riesgos de implicarse en la delincuencia subsiguiente». Los efectos negativos y positivos van más allá de la adolescencia y persisten en la edad adulta.
Una solución sostenible
La importancia de una solución basada en una visión completa de la persona humana fue el tema de un mensaje publicado por los obispos africanos para la última jornada mundial del sida el pasado 1 de diciembre.
El documento fue publicado por el Catholic Information Service for Africa, el 21 de noviembre, y firmado por el arzobispo de Abuja, Nigeria, presidente del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar.
«Nosotros los obispos católicos de África animamos a todos a considerar las causas más profundas de la pandemia», declaraba. El problema no es sólo médico o técnico, sino que implica temas morales más profundos. Además del compromiso de la Iglesia de proporcionar cuidados sanitarios a quienes están enfermos, la declaración apuntaba la necesidad de predicar el mensaje del Evangelio.
«Puesto que la misión de la Iglesia es dirigirse a la persona completa en todas las dimensiones de la vida, sentimos la responsabilidad especial de revitalizar los sólidos valores morales de nuestras sociedades», añadía el documento. «Esto es lo que nos llevará a una solución verdadera y sostenible del sida en África».
Por el padre John Flynn
ZS07033020
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Mundo
Se publica el documento de trabajo de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
BOGOTÁ, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- Este viernes se ha publicado el documento de trabajo que guiará las sesiones de trabajo de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que Benedicto XVI inaugurará el 13 de mayo en Aparecida (Brasil).
El documento es el resultado de un trabajo de síntesis de los aportes de las Conferencias Episcopales y otras muchas realidades eclesiales enviados en respuesta al «Documento de Participación» y las «Fichas» de trabajo, que distribuyó el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
El documento, como explica el secretario general de la Conferencia, monseñor Andrés Stanovnik OFMCap, en la «Presentación», se ha realizado con las aportaciones de 21 Conferencias Episcopales de la región, de los Departamentos del CELAM, de algunos dicasterios romanos, de organismos y eventos continentales y otras aportaciones varias.
«En total --revela--, llegaron más de 2.400 páginas con valiosas aportaciones, que enriquecieron la reflexión afrontando algunos grandes temas que no aparecían suficientemente tratados en el “Documento de Participación”».
«Los aportes recibidos fueron clasificados temáticamente por el equipo del CELAM --sigue informando el prelado argentino--. A continuación fueron estudiados por una comisión especial de obispos, teólogos/as, biblistas y pastoralistas, nombrados por la presidencia del CELAM. Una vez estudiados, fueron la base para redactar el presente documento».
«La síntesis de estas contribuciones no debe confundirse con el esbozo del documento final de Aparecida. Redactarlo será obra de quienes participen en la Conferencia General con la apertura propia del discípulo al soplo del Espíritu», explica monseñor Stanovnik.
El documento que ahora se presenta lleva por título «Síntesis de los aportes recibidos para la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano».
La «Síntesis» consta de una introducción, tres capítulos generales y las conclusiones.
«La introducción explica el gran camino emprendido en América desde la llegada de la fe, que la convirtió en el “continente de la esperanza”, y que ha logrado que con su singular originalidad enriquecer grandemente el camino de la Iglesia universal», explica una nota de prensa emitida por la página oficial de la Conferencia.
El primer capítulo, «Miramos a nuestros Pueblos a la luz del Proyecto del Padre», «expresa el amor de Dios por el pueblo latinoamericano, un amor que pese a su inmensidad se ha desvirtuado por el pecado del hombre», indica el comunicado.
«Esta realidad del pecado se refleja en América en recientes desafíos y en fenómenos como el impacto de la globalización, la hegemonía del factor económico y tecnocientífico y la crisis de la familia y la cultura --añade--. Este capítulo ahonda sobre el papel de la Iglesia, una Iglesia que aunque cuestionada y con deficiencias por corregir también tiene una rica vitalidad».
El segundo capítulo, «Jesucristo, fuente de vida digna y plena», «expresa la importancia de Jesús que revela el Reino de su Padre y el Misterio Pascual, fuente de vida nueva».
«Este acápite resalta a Jesús en la vida del hombre y en particular, en la vida del misionero, aquel que encontrándose con Él no puede dejar de anunciarlo en comunión con la Iglesia universal, que actualiza la misión de Jesucristo en constante diálogo con el mundo», constata el comunicado.
El último capítulo, «El Espíritu nos impulsa a ser discípulos y misioneros», «expresa la coherente respuesta del hombre que, consciente de su crisis, se encuentra con Dios y lo anuncia reverentemente a sus hermanos», añade la presentación.
«Este capítulo resalta las diferentes espiritualidades presentes en América Latina y su trabajo por la construcción del Reino de Dios, desde el ámbito personal, familiar, social y cultural», afirma.
El documento puede leerse en la página web www.celam.info
ZS07033008
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El asesinato de dos hermanas siembra temor entre los católicos del norte de Irak
KIRKUK, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- El arzobispo de Kirkuk (norte de Irak), monseñor Louis Sako, ha descrito el asesinato de dos hermanas católicas ancianas que ha conmocionado a toda una comunidad y avivado el temor a una propagación de la violencia anticristiana.
En una entrevista con la asociación católica Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), el arzobispo explicó que una religiosa dominica le llamó por teléfono la noche del 26 de marzo para informar de la muerte de las hermanas Fadhila y Margaret Naoum, de 85 y 79 años, respectivamente.
El arzobispo explicó que unos atracadores entraron en su casa, ubicada cerca del ayuntamiento y de un convento de Dominicas con el que las ancianas mantenían un estrecho contacto.
El arzobispo Sako calificó a Margaret como dinámica y muy activa en la Iglesia y dijo que Fadhila estaba postrada en la cama.
En un mensaje enviado el martes 27, pocas horas tras el funeral, el arzobispo escribe: «Nos hicimos cargo de Margaret y Fadhila. Estoy realmente conmocionado y enfadado por esta situación, que parece no tener fin».
El arzobispo aclaró que las hermanas no eran religiosas, y señaló que la policía está investigando el caso, aunque no ha habido ningún arresto.
En su opinión, se trata de un atraco que no tiene necesariamente motivos religiosos, pero añadió que los asesinatos podrían avivar los temores de que Kirkuk también vaya a padecer la misma violencia anticristiana que ha empezado a propagarse desde Bagdad y Mosul, y añadió: «Hay noticias de que los cristianos de Kirkuk están empezando a dejarse llevar por el pánico, aunque yo estoy intentando tranquilizarlos. La situación aquí no es la misma que en Bagdad y Mosul».
La violencia en estas dos ciudades y en otros lugares está desencadenando un éxodo cristiano, si bien el arzobispo Sako también precisó que, hasta el momento, Kirkuk sólo ha recibido a 30 familias desplazadas.
En su mensaje, el prelado informa de que la ciudad kurda de Ainkawa «no está preparada» para la llegada de comunidades católicas. Ainkawa y la región de Arbil albergan ahora el Colegio Babel, el seminario de San Pedro y varias congregaciones de religiosas, todos ellos evacuados de la zona de Bagdad.
ZS07033022
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Informe Especial
«He sido curada»: Habla la religiosa que atribuye un milagro a la intercesión de Juan Pablo II
En una rueda de prensa concedida a periodistas
AIX-EN-PROVENCE, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- Con una sonrisa en los labios, sor Marie-Simon-Pierre, la religiosa de 46 años, aseguró este viernes ante la prensa que ha sido curada de Parkinson de manera inexplicable gracias a la intercesión de Juan Pablo II.
«Todo lo que puedo deciros es que yo estaba enferma y que ahora estoy curada. Ahora le corresponde a la Iglesia pronunciarse y reconocer si es un milagro», afirmó ante unos sesenta periodistas en una rueda de prensa concedida en la casa diocesana de la ciudad francesa de Aix-en-Provence.
Acompañada por el obispo de esa diócesis, monseñor Claude Feidt, sin esconder su emoción, reconoció que para ella no hay dudas: «He sido curada, es la obra de Dios por intercesión de Juan Pablo II».
«Es algo muy fuerte, difícil de explicar con palabras», aclaró la religiosa que pertenece a la congregación de las Hermanitas de las Maternidades Católicas.
Al recordar el efecto del Parkinson, la misma enfermedad que padeció Karol Wojtyla, recordó: «mi cuerpo ya no era el mismo y yo no era la misma».
«A partir del fallecimiento de nuestro Santo Padre Juan Pablo II, los síntomas de la enfermedad se acentuaron y agravaron», explicó, recordando dos meses durísimos, hasta el 2 de junio de 2005, cuando pidió dejar de trabajar en la Maternidad de la Estrella (Maternité de l’Etoile), en Puyricard cerca de Aix-en-Provence.
Su superiora le pidió que escribiera el nombre de Juan Pablo II, tarea casi imposible dado su estado. Tras escribir unos caracteres casi irreconocibles, se fue a su habitación a descansar.
«Y allí, cuando entré en mi habitación, tuve ganas de escribir, a pesar de que para mí era difícil. Tuve la impresión de escuchar una voz que me decía: "toma el bolígrafo y escribe". Escribí un poco». Tras pocas palabras, se durmió para despertarse a las 4.30 de la mañana.
«Me levanté de un salto de mi cama, a pesar de que alzarme se había convertido en algo verdaderamente duro y pesado», siguió recordando.
«Me sentí totalmente transformada, ya no era la misma interiormente», afirmó este viernes. «Algo que me resulta difícil explicar con palabras». «Era demasiado fuerte, demasiado grande. Un misterio».
«Desde ese día he dejado de someterme a todo tratamiento». «Para mí es como un segundo nacimiento, tuve la impresión de redescubrir mi cuerpo, de redescubrir mis miembros», confía.
Aquel día, el 3 de junio de 2005, comenzó la jornada con una inolvidable Eucaristía de accion de gracias.
En estos momentos la religiosa desempeña sus servicios en una maternidad de París. «Trabajo como enfermera con mamás y bebés de la maternidad Saint-Félicité. Y cumplo con todas las exigencias».
Esta curación sin explicación científica será presentada por el postulador de la causa de beatificación, monseñor Slawomir Oder, en la fase romana, que tiene lugar en la Congregación para las Causas de los Santos.
Comenzará después de que se clausure el proceso diocesano, el 2 de abril en la basílica vaticana. La religiosa participará en esta celebración.
En declaraciones recientes, monseñor Oder había constatado dos elementos de este caso: la religiosa ha sido curada de Parkinson, la enfermedad de Juan Pablo II, y como él ha entregado su vida a la causa de la vida.
ZS07033006
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Espiritualidad
Predicador del Papa: «Bienaventurados los misericordiosos»
Cuarta predicación de Cuaresma al Papa y a la Curia
CIUDAD DEL VATICANO , viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- «Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia – Las bienaventuranzas evangélicas» es el tema de la cuarta y última predicación de Cuaresma que, ante Benedicto XVI y la Curia, pronunció este viernes el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap., predicador de la Casa Pontificia.
Ofrecemos íntegramente el texto de dicha predicación.
Las tres anteriores se publicaron en Zenit, respectivamente, los días 9, 16 y 23 de marzo.
* * *
P. Raniero Cantalamessa
«BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS
PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA»
Cuarta Predicación de Cuaresma a la Casa Pontificia
1. La misericordia de Cristo
La bienaventuranza sobre la que deseamos reflexionar en esta última meditación cuaresmal es la quinta, según el orden de Mateo: «Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia». Partiendo, como siempre, de la afirmación de que las bienaventuranza son el autorretrato de Cristo, también esta vez nos planteamos enseguida la pregunta: ¿cómo vivió Jesús la misericordia? ¿Qué nos dice su vida sobre esta bienaventuranza?
En la Biblia, la palabra misericordia se presenta con dos significados fundamentales: el primero indica la actitud de la parte más fuerte (en la alianza, Dios mismo) hacia la parte más débil y se expresa habitualmente en el perdón de las infidelidades y de las culpas; el segundo indica la actitud hacia la necesidad del otro y se expresa en las llamadas obras de misericordia. (En este segundo sentido el término se repite con frecuencia en el libro de Tobías). Existe, por así decirlo, una misericordia del corazón y una misericordia de las manos.
En la vida de Jesús resplandecen las dos formas. Él refleja la misericordia de Dios hacia los pecadores, pero se conmueve también de todos los sufrimientos y necesidades humanas, interviene para dar de comer a la multitud, curar a los enfermos, liberar a los oprimidos. De Él el evangelista dice: «Tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades» (Mt 8, 17).
En nuestra bienaventuranza el sentido que prevalece es ciertamente el primero, el del perdón y de la remisión de los pecados. Lo deducimos por la correspondencia entre la bienaventuranza y su recompensa: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia», se entiende ante Dios, que perdonará sus pecados. La frase: «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso», se explica inmediatamente con «perdonad y seréis perdonados» (Lc 6, 36-37).
Es conocida la acogida que Jesús reserva a los pecadores en el Evangelio y la oposición que ello le procuró por parte de los defensores de la ley, quienes le acusaban de ser «un comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores» (Lc 7, 34). Uno de los dichos históricamente mejor atestiguados de Jesús es: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mc 2, 17). Sintiéndose por Él acogidos y no juzgados, los pecadores le escuchaban gustosamente.
Pero ¿quiénes eran los pecadores? ¿A quién se indicaba con este término? En línea con la tendencia actualmente difundida de disculpar del todo a los fariseos del Evangelio, atribuyendo la imagen negativa a forzamientos posteriores de los evangelistas, alguien ha sostenido que con este término se comprenden «los transgresores deliberados e impenitentes de la ley» [1]; en otras palabras, los delincuentes comunes y los fuera de la ley del tiempo.
Si así fuera, los adversarios de Jesús efectivamente tenían razón en escandalizarse y considerarle persona irresponsable y socialmente peligrosa. Sería como si hoy un sacerdote frecuentara habitualmente a mafiosos, camorristas y criminales en general, y aceptara sus invitaciones a comer con el pretexto de hablarles de Dios.
En realidad las cosas no son así. Los fariseos tenían una visión propia de la ley y de lo que es conforme o contrario a ella, y consideraban réprobos a todos aquellos que no eran conformes a su praxis. Jesús no niega que exista el pecado y que haya pecadores; no justifica los fraudes de Zaqueo o el adulterio de una mujer. El hecho de llamarles «enfermos» lo demuestra.
Lo que Jesús condena es establecer por uno mismo cuál es la verdadera justicia y considerar a todos los demás «ladrones, injustos y adúlteros», negándoles hasta la posibilidad de cambiar. Es significativo el modo en que Lucas introduce la parábola del fariseo y del publicano: «Dijo entonces a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola» (Lc 18, 9). Jesús era más severo hacia quieres, despectivos, condenaban a los pecadores, que hacia los pecadores mismos [2].
2. Un Dios que se complace en tener misericordia
Jesús justifica su conducta hacia los pecadores diciendo que así actúa el Padre celestial. A sus detractores les recuerda la palabra de Dios en los profetas: «Misericordia quiero, y no sacrificios» (Mt 9, 13). La misericordia hacia la infidelidad del pueblo, la hesed, es el rasgo más sobresaliente del Dios de la Alianza y llena la Biblia de un extremo a otro. Un Salmo lo repite en forma de letanía, explicando con ella todos los eventos de la historia de Israel: «Porque eterna es su misericordia» (Sal 136).
Ser misericordiosos se presenta así como un aspecto esencial del ser «a imagen y semejanza de Dios». «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6, 36) es una paráfrasis del famoso: «Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo» (Lv 19, 2).
Pero lo más sorprendente, acerca de la misericordia de Dios, es que Él experimenta alegría en tener misericordia. Jesús concluye la parábola de la oveja perdida diciendo: «Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión» (Lc 15, 7). La mujer que encontró la dracma perdida grita a sus amigas: «Alegraos conmigo». En la parábola del hijo pródigo además la alegría desborda y se convierte en fiesta, banquete.
No se trata de un tema aislado, sino profundamente enraizado en la Biblia. En Ezequiel Dios dice: «Yo no me complazco en la muerte del malvado, sino (¡me complazco!) en que el malvado se convierta de su conducta y viva» (Ez 33,11). Miqueas dice que Dios «se complace en tener misericordia» (Mi 7,18), esto es, experimenta gozo al hacerlo.
¿Pero por qué –surge la cuestión- una oveja debe contar, en la balanza, igual que todas las demás juntas, e importar más precisamente porque se ha escapado y ha creado más problemas? Una explicación convincente la he encontrado en el poeta Charles Péguy. Extraviándose, aquella oveja, igual que el hijo menor, hizo temblar el corazón de Dios. Dios temió perderla para siempre, verse obligado a condenarla y privarse de ella eternamente. Este miedo hizo brotar la esperanza en Dios y la esperanza, una vez realizada, provocó la alegría y la fiesta. «Toda penitencia del hombre es la coronación de una esperanza de Dios» [3]. Es un lenguaje figurado, como todo lo que hablamos de Dios, pero contiene una verdad.
En los hombres la condición que hace posible la esperanza es el hecho de que no conocemos el futuro y por ello lo esperamos; en Dios, que conoce el futuro, la condición es que no quiere (y, en cierto sentido, no puede) realizar lo que desea sin nuestro permiso. La libertad humana explica la existencia de la esperanza en Dios.
¿Qué decir entonces de las noventa y nueve ovejas juiciosas y del hijo mayor? ¿No existe ninguna alegría en el cielo por ellos? ¿Vale la pena vivir toda la vida como buenos cristianos? Recordemos qué responde el Padre al hijo mayor: «Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo» (Lc 15, 31). El error del hijo mayor está en considerar que haberse quedado siempre en casa y haber compartido todo con el Padre no es un privilegio inmenso, sino un mérito; se comporta como mercenario más que como hijo. (Esto debería ser una alerta para todos nosotros, que, por estado de vida, ¡nos encontramos en la misma situación que el hijo mayor!).
Sobre este punto la realidad ha sido mejor que la parábola misma. En la realidad, el hijo mayor –el Primogénito del Padre, el Verbo-, no se quedó en la casa paterna; Él se fue a «una región lejana» a buscar al hijo menor, esto es, la humanidad caída; ha sido Él quien le ha reconducido a casa, quien le ha procurado vestidos nuevos y le ha preparado un banquete al que puede sentarse en cada Eucaristía.
En una novela suya, Dostoiewski describe una escena que tiene todo el ambiente de una imagen real. Una mujer del pueblo tiene en brazos a su niño de pocas semanas, cuando éste –por primera vez, dice ella- le sonríe. Compungida, se hace el signo de la cruz y a quien le pregunta el por qué de ese gesto le responde: «De igual manera que una madre es feliz cuando nota la primera sonrisa de su hijo, así se alegra Dios cada vez que un pecador se arrodilla y le dirige una oración con todo el corazón» [4].
3. Nuestra misericordia, ¿causa o efecto de la misericordia de Dios?
Jesús dice «Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia» y en el Padre Nuestro nos hace orar: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Dice también: «Si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas» (Mt 6, 15). Estas frases podrían llevar a pensar que la misericordia de Dios hacia nosotros es un efecto de nuestra misericordia hacia los demás, y que es proporcional a ella.
Si así fuera en cambio estaría completamente del revés la relación entre gracia y buenas obras, y se destruiría el carácter de pura gratuidad de la misericordia divina solemnemente proclamado por Dios ante Moisés: «Realizaré gracia a quien quiera hacer gracia y tendré misericordia de quien quiera tener misericordia» (Ex 33,19).
La parábola de los dos siervos (Mt 18, 23 ss,) es la clave para interpretar correctamente la relación. En ella se ve cómo es el señor quien, en primer lugar, sin condiciones, perdona una deuda enorme al siervo (¡diez mil talentos!) y que es precisamente su generosidad la que debería haber impulsado al siervo a tener piedad de quien le debía la mísera suma de cien denarios.
Debemos, entonces, tener misericordia porque hemos recibido misericordia, no para recibir misericordia; pero hay que tener misericordia, si no la misericordia de Dios no tendrá efecto en nosotros y nos será retirada, como el señor de la parábola la retiró al siervo despiadado. La gracia «previene» siempre y es ella la que crea el deber: «Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros», escribe San Pablo a los Colosenses (Col 3, 13).
Si, en la bienaventuranza, la misericordia de Dios hacia nosotros parece tener el efecto de nuestra misericordia hacia los hermanos, es porque Jesús se sitúa aquí en la perspectiva del juicio final («alcanzarán misericordia», ¡en futuro!). «Tendrá un juicio sin misericordia el que no tuvo misericordia; pero la misericordia se siente superior al juicio» (St 2, 13).
4. Experimentar la misericordia divina
Si la misericordia divina está en el inicio de todo y es ella la que exige y hace posible la misericordia de los unos con los otros, entonces lo más importante para nosotros es tener una experiencia renovada de la misericordia de Dios. Nos estamos acercando a la Pascua y esta es la experiencia pascual por excelencia.
El escritor Franz Kafka tiene una novela titulada «El Proceso». En ella se habla de un hombre que un día, sin que nadie sepa por qué, es declarado en detención, si bien continúa con su vida acostumbrada y su trabajo de modesto empleado. Empieza una extenuante búsqueda para conocer los motivos, el tribunal, las imputaciones, los procedimientos. Pero nadie sabe decirle nada; sólo que existe verdaderamente un proceso en su contra. Hasta que un día vengan a llevárselo para la ejecución de la sentencia.
En el curso del suceso se va conociendo que habría, para este hombre, tres posibilidades: la absolución auténtica, la absolución aparente y el aplazamiento. La absolución aparente y el aplazamiento, sin embargo, no resolverían nada; servirían sólo para mantener al imputado en una incertidumbre mortal para toda la vida. En la absolución auténtica, en cambio, «las actas procesales deben ser completamente suprimidas, desaparecen del todo del proceso, no sólo la acusación, sino también el proceso y hasta la sentencia se destruyen, todo es destruido».
Pero de estas absoluciones auténticas, tan suspiradas, no se sabe que haya habido jamás ninguna; hay sólo rumores al respecto, nada más que «bellísimas leyendas». La obra concluye así, como todas las del autor: algo que se entrevé de lejos, se persigue con afán como en una pesadilla nocturna, pero sin posibilidad alguna de alcanzarlo [5].
En Pascua la liturgia de la Iglesia nos transmite la increíble noticia de que la absolución auténtica existe para el hombre, no es sólo una leyenda, algo bellísimo pero inalcanzable. Jesús ha destruido «la nota de cargo que había contra nosotros; y la suprimió clavándola en la cruz» (Col 2, 14). Ha destruido todo. «Ninguna condenación pesa ya para los que están en Cristo Jesús» (Rm 8, 1). ¡Ninguna condenación! ¡De ningún tipo! ¡Para los que creen en Cristo Jesús!
En Jerusalén había una piscina milagrosa y el primero que se arrojaba dentro, cuando las aguas se agitaban, se sanaba (v. Jn 5, 2 ss.). En cambio la realidad, también aquí, es infinitamente mayor que el símbolo. De la cruz de Cristo ha brotado la fuente de agua y sangre, y no uno solo, sino todos los que se arrojen dentro salen curados.
Después del bautismo, esta piscina milagrosa es el sacramento de la Reconciliación, y esta última meditación desearía servir precisamente como preparación a una buena confesión pascual. Una confesión «fuera de serie», o sea, distinta a las acostumbradas, en la que permitamos de verdad al Paráclito «convencernos de pecado». Podríamos tomar como espejo las bienaventuranzas meditadas en Cuaresma, comenzando ahora y repitiendo juntos la expresión tan antigua y tan bella: ¡Kyrie eleison!, ¡Señor, ten piedad!
«Bienaventurados los puros de corazón»: Señor, reconozco toda la impureza y la hipocresía que hay en mi corazón; tal vez, la doble vida que llevo ante Ti y los demás. ¡Kyrie eleison!
«Bienaventurados los mansos»: Señor, te pido perdón por la impaciencia y la violencia oculta que existe dentro de mí, por los juicios temerarios, el sufrimiento que he provocado a las personas a mi alrededor... ¡Kyrie eleison!
«Bienaventurados los que tienen hambre»: Señor, perdona mi indiferencia hacia los pobres y los hambrientos, mi continua búsqueda de comodidad, mi estilo de vida aburguesada... ¡Kyrie eleison!
«Bienaventurados los misericordiosos»: Señor, frecuentemente he pedido y he recibido a la ligera tu misericordia, ¡sin darme cuenta de a qué precio me la has procurado! A menudo he sido el siervo perdonado que no sabe perdonar: ¡Kyrie eleison! ¡Señor, ten piedad!
Hay una gracia especial cuando no es sólo el individuo, sino toda la comunidad la que se pone ante Dios en esta actitud penitencial. De una experiencia profunda de la misericordia de Dios se sale renovados y llenos de esperanza: «Dios, rico de misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo» (Ef 2, 4-5).
5. Una Iglesia «rica en misericordia»
En su mensaje para la Cuaresma de este año, el Santo Padre escribe: «Que la Cuaresma sea para todos los cristianos una experiencia renovada de . amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que también nosotros cada día debemos "volver a dar" al prójimo». Así es la misericordia, la forma que el amor de Dios toma ante el hombre pecador: tras haber tenido esta experiencia, debemos, a nuestra vez, mostrarla con los hermanos. Ello tanto en el nivel de la comunidad eclesial como en el nivel personal.
Predicando los ejercicios espirituales a la Curia Romana desde esta misma mesa en el Año Jubilar 2000, el cardenal François Xavier Nguyên Van Thuân, aludiendo al rito de apertura de la Puerta Santa, dijo en una meditación: «Sueño una Iglesia que sea una "Puerta Santa", abierta, que abrace a todos, que esté llena de compasión y comprensión por todos los sufrimientos de la humanidad, tendida a consolarla» [6].
La Iglesia del Dios «rico en misericordia», dives in misericordia , no puede no ser ella misma dives in misericordia. De la actitud de Cristo hacia los pecadores examinada antes deducimos algunos criterios. Él no hace trivial el pecado, pero encuentra el modo de no alejar jamás a los pecadores, sino más bien de atraerlos hacia sí. No ve en ellos sólo lo que son, sino aquello en lo que se pueden convertir si son tocados por la misericordia divina en lo profundo de su miseria y desesperación. No espera a que acudan a Él; frecuentemente es Él quien va a buscarles.
Actualmente los exégetas están bastante de acuerdo en admitir que Jesús no tenía una actitud hostil hacia la ley mosaica, que Él mismo observaba escrupulosamente. Lo que le situaba en oposición con la élite religiosa de su tiempo era una cierta manera rígida y a veces inhumana en que interpretaban la ley. «El sábado es para el hombre -decía-, no el hombre para el sábado» (Mc 2,27), y lo que dice del descanso sabático, una de las leyes más sagradas en Israel, vale para cualquier otra ley.
Jesús es firme y riguroso en los principios, pero sabe cuándo un principio debe ceder paso a un principio superior que es el de la misericordia de Dios y la salvación del hombre. Cómo estos criterios que se desprenden de la actitud de Cristo pueden aplicarse concretamente a los problemas nuevos que se presentan en la sociedad, depende de la paciente búsqueda y en definitiva del discernimiento del Magisterio. También en la vida de la Iglesia, como en la de Jesús, deben resplandecer juntas la misericordia de las manos y la del corazón, tanto las obras de misericordia como las «entrañas de misericordia».
6. «Revestíos de entrañas de misericordia»
La última palabra a propósito de cada bienaventuranza debe ser siempre la que afecta personalmente e impulsa a cada uno de nosotros a la conversión y a la práctica. San Pablo exhortaba a los Colosenses con estas palabras:
«Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros» (Col 3, 12-13).
«Los seres humanos –decía San Agustín- somos como vasos de arcilla, que solo con rozarse, se hacen daño (lutea vasa quae faciunt invicem angustias)» [7]. No se puede vivir en armonía, en la familia y en cualquier otro tipo de comunidad, sin la práctica del perdón y de la misericordia recíproca. Misericordia es una palabra compuesta por misereo y cor; significa conmoverse en el propio corazón del sufrimiento o el error del hermano. Es así que Dios explica su misericordia frente a las desviaciones del pueblo: «Mi corazón está en mí conmovido, y a la vez se estremecen mis entrañas» (Os 11,8).
Se trata de reaccionar con el perdón y, hasta donde es posible, con la excusa, no con la condena. Cuando se trata de nosotros, vale el dicho: «Quien se excusa, Dios lo acusa; quien se acusa, Dios lo excusa»; cuando se trata de los demás ocurre lo contrario: «Quien excusa al hermano, Dios lo excusa a él; quien acusa al hermano, Dios lo acusa a él».
El perdón es para una comunidad lo que es el aceite para el motor. Si uno sale en coche sin una gota de aceite en el motor, en pocos kilómetros todo se incendiará. Como el aceite, también el perdón resuelve las fricciones. Hay un Salmo que canta el gozo de vivir juntos como hermanos reconciliados; dice esto: «es como ungüento fino en la cabeza», que baja por la barba de Aarón, hasta la orla de sus vestiduras (v. Sal 133).
Nuestro Aarón, nuestro Sumo sacerdote, dirían los Padres de la Iglesia, es Cristo; la misericordia y el perdón es el ungüento que desciende de esta «cabeza» elevada en la cruz y se extiende a lo largo del cuerpo de la Iglesia hasta la orla de sus vestidos, hasta aquellos que viven en sus orillas. Donde se vive así, en el perdón y en la misericordia recíproca, «el Señor da su bendición y la vida para siempre».
Procuremos identificar, en nuestras relaciones con los demás, la que parezca más necesitada de recibir el ungüento de la misericordia y de la reconciliación, y volquémoslo silenciosamente, con abundancia, por la Pascua. Unámonos a nuestros hermanos ortodoxos, que en Pascua no se cansan de cantar:
«¡Es el día de la Resurrección!
Irradiamos gozo por la fiesta,
abracémonos todos.
Digamos hermano también a quien nos odia,
perdonemos todo por amor a la Resurrección» [8].
[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
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[1] Cf. E.P. Sanders, Jesus and Judaism, London 1985, p. 385 (Trad. ital. Gesù e il giudaismo, Genova 1992).
[2] Cf. J.D.G. Dunn, Gli albori del cristianesimo, I, 2, Brescia 2006, pp.567-572.
[3] Ch. Péguy, Il portico del mistero della seconda virtù, in Oeuvres poétiques complètes, Gallimard, Parigi 1975, pp. 571 ss.
[4] F. Dostoevskij, L'Idiota, Milano 1983, p. 272.
[5] F. Kafka, Il processo, Garzanti, Milano 1993, pp. 129 ss.
[6] F.X. Van Thuan, Testimoni della speranza, Città Nuova, Roma 2000, p.58.
[7] S. Agostino, Sermoni, 69, 1 (PL 38, 440)
[8] Stichirà di Pasqua, testi citati in G. GHARIB, Le icone festive della Chiesa Ortodossa, Milano 1985, pp. 174-182.
ZS07033021
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Fe de erratas
Las hermanas asesinadas en Irak no eran religiosas
KIRKUK, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- La versión del asesinato facilitado por la policía de Kirkuk de las hermanas Fadhila y Margaret Naoum, de 85 y 79 el lunes por la noche llevó a pensar que se trataba de religiosas.
Como aclara el arzobispo de esa ciudad del norte de Irak, monseñor Louis Sako, en un artículo que publica este viernes Zenit, se trataba de fervientes católicas, pero no eran religiosas.
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