Marie Curie, una vida por y para la Ciencia
30.10.07 @ 19:03:11. Archivado en Sobre el autor
Siempre se ha dicho de los polacos que su alma es apasionada, austera, obstinada y luchadora. En el caso de Marie Curie (1867-1934), francesa de origen polaco, esta afirmación se cumplió con creces. Amó la Ciencia por encima de todas las cosas y a ella dedicó toda su vida.
Sin embargo, nunca lo tuvo fácil. Si rompió todos los moldes y logró hitos tales como obtener dos premios Nobel (fue la primera mujer en conseguir tal galardón y la primera persona en recibirlo dos veces) y ser la primera científica en ostentar una cátedra en la Sorbona, sólo se debió a que empleó todas sus fuerzas en la investigación científica.
Ya en los tiempos de estudiante en la Sorbona, sus compañeros miraban extrañados a una chica que siempre se sentaba en la primera fila de clase de física y que no hablaba con nadie “porque no quería perder un solo instante de estudio”. Evidentemente, Marie sólo podía enamorarse de un científico tan obstinado como ella... y en un laboratorio. Desde el primer momento congenió con el científico francés Pierre Curie, que a los pocos meses ya le propuso matrimonio. Así, Marie Sklodowska (éste era su nombre original) pasó a ser Madame Curie. El matrimonio de estos dos apasionados por la Ciencia alcanzó su cenit cuando ambos compartieron una misma investigación.
Cuestionados ambos por el reciente descubrimiento de Becquerel, según el cual compuestos del uranio emitían por sí solos unos rayos de naturaleza desconocida, quisieron saber las causas de aquel fenómeno que Marie bautizó después como ‘radioactividad’. Pronto ella descubrió que compuestos del torio también emitían espontáneamente rayos radioactivos. Así, examinó en el uranio y el torio todos los elementos existentes, pero ninguno producía esa fuerza. Por lo tanto, estaba segura de que debían contener un elemento desconocido. ¿Pero cuál? Admirado por el trabajo de su mujer, Pierre dejó sus estudios y se sumó a la investigación. Fue así como, tras unos meses sin apenas salir del laboratorio, en 1898 ambos establecieron la existencia de dos nuevos elementos: el polonio (que Marie bautizó así en recuerdo de su país natal) y el radio, mucho más radiactivo aún que el anterior.
Así llegó el reconocimiento mundial. Ambos obtuvieron en 1903 el Nobel de Física (Marie repetiría con el Nobel de Química años después) y Pierre la cátedra de la misma disciplina en la Sorbona. Sin embargo, tales honores trajeron la consecuencia de la fama, que Marie detestaba porque “la distraía de su trabajo”. Un detalle que reflejaba su carácter. También lo demostró meses antes cuando descubrió que el radio podía ser muy útil en la lucha contra el cáncer. Había nacido la industria del radio... y sólo los Curie tenían la fórmula de su formación. Cierto día, Pierre le planteó a su mujer elegir entre patentar la fórmula (y hacerse millonarios) o hacerla pública para que todos los investigadores pudieran trabajar con el radio. Sin dudarlo, Marie dijo lo que Pierre quería oír: no sacarían ningún provecho económico y seguirían su deber como científicos.
Cuando en 1906 Pierre murió atropellado por un carruaje, ella creyó morir con él. Sin embargo, su pasión por la Ciencia fue la que le permitió superar tan amargo trance. Al poco, la Sorbona le otorgó la cátedra de Física que había dejado vacante su marido. Su mejor homenaje fue continuar la lección donde Pierre la había dejado en su última clase antes de morir. Esta mujer admirable, cómo no, dedicó el resto de sus días a la docencia y a la investigación. Recibió miles de premios y honores. Ella, acostumbrada a su laboratorio, miraba con extrañeza y timidez toda la parafernalia que la rodeaba. Aquel no era su mundo, pero hacía el esfuerzo porque así se expandía el nombre de su amada Ciencia.En 1934, a causa de un cáncer producido por las radiaciones del radio al que tantas horas de su vida estuvo expuesta, murió Marie Curie. Gracias en parte a su esfuerzo, hoy son menos las personas que mueren por esta enfermedad.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA