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SANTA SEDE
El secreto de Juan Pablo II según Benedicto XVI: Sensibilidad mística
El Papa inaugura el primer congreso mundial sobre la Divina Misericordia
La Misericordia, dique del amor ante el avance de la secularización
Encuentro en el Vaticano sobre el papel de los abuelos en la familia
MUNDO
La misión no es proselitismo ni anti-ecumenismo, aclaran los obispos mexicanos
La Iglesia se ofrece para interceder por Ingrid Betancourt
Fallece la primera compañera de la fundadora de los focolares
El viaje del Papa a Estados Unidos prevé encuentros masivos
La «privatización» de la experiencia religiosa, causa del descenso de confesiones
Los pobres de la noche barcelonesa tienen ángeles custodios
FLASH
El Office Eclesial crece gracias a la contribución de los católicos
DOCUMENTACIÓN
Homilía de Benedicto XVI en el tercer aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II
Santa Sede
El secreto de Juan Pablo II según Benedicto XVI: Sensibilidad mística
Constata en la misa del tercer aniversario de su fallecimiento
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI presentó en el tercer aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II sus cualidades sobrenaturales y su sensibilidad mística como el secreto de su vida y del cariño que por él sienten creyentes y no creyentes.
Su sucesor presidió en la mañana de este miércoles, en la plaza de San Pedro, la misa de sufragio en la que participaron más de sesenta mil peregrinos, muchos de ellos venidos de Polonia, entre quienes se encontraba el cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia y secretario de Karol Wojtyla durante casi 40 años.
En una homilía, el Papa Joseph Ratzinger revivió «con emoción las horas de aquel sábado por la tarde, cuando la noticia del fallecimiento fue acogida por una gran muchedumbre en oración que llenaba la Plaza de San Pedro».
El cercano colaborador de Juan Pablo II subrayó que su relación con Cristo constituye la clave para comprender su biografía: «él sentía una fe extraordinaria en Él, y con Él mantenía una conversación íntima, singular, ininterrumpida».
«Entre sus muchas cualidades humanas y sobrenaturales, tenía una excepcional sensibilidad espiritual y mística», aseguró.
Y como prueba recordó los momentos en los que rezaba: «se sumergía literalmente en Dios y parecía que todo lo demás en aquellos momentos fuera ajeno».
«La santa misa, como repitió con frecuencia, era para él el centro de cada día y de toda la existencia. La realidad "viva y santa" de la Eucaristía que le daba energía espiritual para guiar al Pueblo de Dios en el camino de la historia».
Esta dimensión espiritual le permitió pronunciar aquellas palabras que se convirtieron en una especie de lema de su pontificado: «No tengáis miedo».
«Las pronunció siempre con inflexible firmeza, primero enarbolando el báculo pastoral coronado por la Cruz y, después, cuando las energías físicas se iban debilitando, casi agarrándose a él, hasta aquel último Viernes Santo, en el que participó en el Vía Crucis desde su capilla privada, apretando entre sus brazos la Cruz».
«No podemos olvidar aquel último y silencioso testimonio de amor a Jesús. Aquella elocuente escena de sufrimiento humano y de fe, en aquel último Viernes Santo, también indicaba a los creyentes y al mundo el secreto de toda la vida cristiana».
«Aquel "No tengáis miedo" no se basaba en las fuerzas humanas, ni en los éxitos logrados, sino únicamente en la Palabra de Dios, en la Cruz y en la Resurrección de Cristo».
«En la medida en la que iba desnudándose de todo, al final, incluso de la misma palabra, esta entrega total a Cristo se manifestó con creciente claridad», reconoció.
Sus últimas palabras, constató, «dejad que vaya al Padre», fueron el «cumplimiento de una vida totalmente orientada a conocer y contemplar el rostro del Señor».
Al final de la eucaristía, el Papa saludó a quienes promueven la beatificación de Juan Pablo II, que como ha revelado en estos días su postulador, monseñor Slawomir Oder, se encuentra en un momento importante.
Está a punto de entregar el informe y la documentación que deberían probar las virtudes heroicas de Karol Wojtyla ante el juicio de las comisiones de teólogos, por una parte, y de cardenales y obispos por otra.
Si este paso es afirmativo, el proceso debería demostrar la existencia de un milagro (una curación científicamente inexplicable), atribuido a la intercesión de Juan Pablo II tras su muerte.
El Papa inaugura el primer congreso mundial sobre la Divina Misericordia
Única esperanza del hombre, capaz de vencer al mal
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI inauguró este miércoles el primer congreso mundial sobre la Divina Misericordia, presentándola como única esperanza para el ser humano.
En la misa de sufragio por el tercer aniversario de Juan Pablo II, presidida en la plaza de San Pedro, el Papa saludó a los cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, que de los cinco continentes han venido para participar en este acontecimiento.
Juan Pablo II canonizó a la religiosa polaca Faustina Kowalska (1905-1938) en el año 2000, que como explicó su sucesor en su meditación se convirtió «por un misterioso designio divino en la mensajera profética de la Divina Misericordia».
En esa ocasión, el pontífice polaco estableció que el domingo posterior a Pascua fuera celebrado en la Iglesia como el Domingo de la Divina Misericordia.
La misericordia de Dios, dijo Benedicto XVI citando a Juan Pablo II, «es una clave de lectura privilegiada de su pontificado».
«Él quería que el mensaje del amor misericordioso de Dios alcanzara a todos los hombres y exhortaba a los fieles a ser sus testigos», subrayó, citando la homilía que pronunció en su último viaje a su tierra natal, en Cracovia-Lagiewniki, e17 de agosto de 2002.
«El siervo de Dios Juan Pablo II había conocido y vivido personalmente las terribles tragedias del siglo XX, y se preguntó durante mucho tiempo qué podría detener al avance del mal», alcaró.
«La respuesta sólo podía encontrarse en el amor de Dios. Sólo la Divina Misericordia, de hecho, es capaz de poner límites al mal; sólo el amor omnipotente de Dios puede derrotar la prepotencia de los malvados y el poder destructor del egoísmo y del odio».
«Por este motivo, durante su última visita a Polonia, al regresar a su tierra natal, dijo: "Fuera de la misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre"», concluyó.
La primera sesión del congreso tuvo lugar esta tarde en la Basílica de San Juan de Letrán, catedral del obispo de Roma, ponencias del cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena --promotor de la iniciativa-- ; así como del cardenal Camillo Ruini, obispo vicario del Papa para la diócesis de Roma; y del cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia, inseparable secretario de Juan Pablo II.
El programa no sólo prevé conferencias y encuentros litúrgicos y de oración, sino también de actividades de evangelización, en particular, una misión por las calles de Roma, que incluirá adoración en algunas iglesias y la disponibilidad para que las personas puedan recibir el sacramento de la Reconciliación.
La Misericordia, dique del amor ante el avance de la secularización
El Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, según el obispo español Munilla
ROMA, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- «Frente a una secularización de un hombre que no entiende su propia existencia», «volvemos a proclamar»: «abramos el corazón de par en par a Cristo porque el mayor fruto que nos trae es el don del amor, el don de su misericordia»: así explica el obispo español José Ignacio Munilla el sentido del primer Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, devoción amada por Juan Pablo II y subrayada por Benedicto XVI.
De hecho, el Papa Joseph Ratzinger, con la solemne Eucaristía que ha presidido en la mañana de este miércoles en memoria de Juan Pablo II --en el tercer aniversario de su fallecimiento--, ha abierto el Congreso, primero en su género.
Hasta el 6 de abril Roma acoge la gran cita mundial que une conferencias de cardenales, de obispos, de representantes de otras confesiones cristianas, celebración de los sacramentos, adoración eucarística, misión ciudadana, festival misionero y espectáculos.
La nutrida delegación española inscrita en el Congreso cuenta con el cardenal primado Antonio Cañizares como presidente y con el obispo Munilla como secretario, quien explica a Zenit el sentido de esta convocatoria a las pocas horas de su inicio.
Se ha buscado su coincidencia con el tercer aniversario de la muerte de Juan Pablo II, «gran padre de esta devoción de la divina misericordia» que se difundió con santa Faustina Kowlaska. «Bajo esa especie de pastoreo que sigue teniendo en la Iglesia», el Papa Wojtyla «nos quiere transmitir que ahora mismo necesitamos de esta devoción de la Divina Misericordia para llevar adelante lo que llamó "la nueva evangelización"», expresa monseñor Munilla.
Ésta consiste en «transmitir al mundo con ardor nuevo, con métodos nuevos, un mensaje de plena actualidad, que es que Dios nos quiere, que Dios está enamorado del hombre y nos busca denodadamente --recalca-- y no ceja hasta encontrarnos, hasta encontrarse personalmente con nosotros».
«Nos damos cuenta de que la Divina Misericordia es el instrumento para llevar esa evangelización a todos los pueblos», afirma.
La raíz de esta iniciativa de Juan Pablo II está en el «misterio del gran dolor del siglo XX», que él mismo experimentó, con conflictos bélicos y un «mal que se hizo especialmente encarnizado con Europa oriental».
En ese momento de dolor, Europa y tantos otros lugares sintieron la necesidad de la Misericordia» --recuerda el prelado--, y esta devoción «ha sido providencial para muchos pueblos que han sentido de una manera muy especial el zarpazo del mal en sus carnes».
Libre de regímenes dictatoriales, esta Europa «sigue estando necesitada de la Misericordia», advierte monseñor Munilla.
Igualmente «la secularización occidental ahora mismo necesita un sentido, una luz», y «esta devoción de la Divina Misericordia transmite un gran mensaje»: «la vida tiene sentido porque hay un corazón que nos quiere de una manera total e incondicional, que es el corazón de Cristo», sintetiza.
Llamada a España
Monseñor Munilla, en su conversación con Zenit, observa que «ciertamente se vive un momento en España de una secularización especialmente orquestada, estructurada».
«Creo que cada vez que se pretende dar una explicación de la existencia del hombre --una antropología-- sin Dios, el hombre es más pobre»; «nunca lo ha sido tanto como cuando ha sido presentado al margen de ese Dios creador del cual es imagen y semejanza», alerta.
Al hilo del Concilio Vaticano II «decimos una cosa» --continúa--: «Solamente en Jesucristo el hombre descubre su auténtica riqueza» porque «Él revela al hombre su propia dignidad».
«Frente a una secularización de un hombre que no entiende su propia existencia --insiste-- le volvemos a proclamar: abramos las puertas a Jesucristo porque en Él entenderemos la dignidad del hombre».
Y es que «el amor de Dios al hombre tiene una forma de ser expresado: Misericordia», describe.
Por otro lado, la participación de la delegación de España en el Congreso desea «hacer presente esta nación que está consagrada al Corazón de Cristo». «Consideramos que el misterio de la Divina Misericordia empalma con la tradición de la citada devoción» y la renueva, apunta el prelado.
Otra necesidad en España es la constitución, a nivel nacional, de la Asociación de la Divina Misericordia.
«Está constituida en algunas diócesis puntualmente, pero no estructurada a nivel nacional. Y creo que es importante que también se dé ese paso -subraya monseñor Munilla--, que este Congreso Mundial de la Divina Misericordia nos dé el impulso para que en España nos organicemos y de esa manera seamos más eficaces en nuestro apostolado».
De hecho, el prelado en cierta forma acompaña esta iniciativa, también «por el hecho de tener un escudo episcopal que es el Corazón de Cristo».
Una cercanía que no responde a «ningún tipo de mandato expreso», pero que monseñor Munilla lleva a cabo «con la conciencia de que para que se pueda constituir oficialmente [la asociación] hace falta que alguien dé un impulso», según confirma.
Forma parte de la delegación llegada de España la hermana Glenda, conocida cantautora de música para la evangelización, invitada por el Congreso para que, igual que otros grupos, acompañe y anime momentos de adoración o misioneros.
Web oficial: http://www.worldapostoliccongressonmercy.org
Por Marta Lago
Encuentro en el Vaticano sobre el papel de los abuelos en la familia
XVIII Plenaria del Consejo Pontificio para la Familia
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- Del 3 al 5 de abril tendrá lugar en al Aula nueva del Sínodo, en el Vaticano, la XVIII Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Familia, sobre el tema «Los abuelos: su testimonio y presencia en la familia».El encuentro pretende subrayar el papel de cohesión, de apoyo y sostén a los nietos, de mediación en las relaciones entre cónyuges, y en las relaciones entre padres e hijos, desempeñado por la generación más anciana dentro del núcleo familiar.
La Plenaria se abrirá el 3 de abril con la introducción del cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, seguido por la intervención del arzobispo Fernando Filoni, sustituto de la Secretaría de Estado, sobre «El papel de los ancianos en la Iglesia y en la sociedad».
Posteriormente tomarán la palabra el padre Gianfranco Grieco, ofm. conv., jefe de oficina del dicasterio, que se detendrá en el tema «Familia, vida y medios de comunicación», mientras que el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, profundizará la perspectiva bíblica del argumento, con una ponencia sobre la figura de los abuelos a la luz de la Sagrada Escritura.
Al final de la mañana, el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de Ciudad de México, hablará de los contenidos y organización del VI Encuentro Mundial de las Familias, en programa en Ciudad de México para los días 16-18 de junio de 2009, y del Congreso internacional teológico-pastoral que lo precede.
La segunda jornada de los trabajos será abierta por el cardenal Wiyghan Tumi, arzobispo de Duala, Camerún, con una ponencia sobre «Los abuelos en la cultura cristiana africana»; seguirán las intervenciones del cardenal Carlo Caffarra, arzobispo de Bolonia, que recordará el 40 aniversario de la encíclica Humanae Vitae, y del arzobispo Agostino Marchetto, secretario del Consejo Pontificio para los Migrantes e Itinerantes, sobre «La figura de los abuelos en la familia de los migrantes».
Está también prevista una mesa redonda, en la que participarán parejas provenientes de Australia, República Democrática del Congo, Chile y Filipinas; al final, Alberto Marxuach, presidente internacional de la organización católica «Crescendo», informará sobre las actividades de este movimiento y sobre las conclusiones del V Encuentro Mundial de las Familias de Valencia (8-9 julio 2006).
Durante la última sesión, en la mañana del sábado 5, tendrá lugar un ulterior momento de intercambio de ideas y de propuestas con una mirada al futuro.
Los trabajos de la asamblea serán precedidos, cada mañana, por una liturgia eucarística en la Basílica Vaticana, que será presidida alternativamente por los cardenales George Pell, arzobispo de Sydney, Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano y Alfonso López Trujillo.
Traducido del italiano por Nieves San Martín
Mundo
La misión no es proselitismo ni anti-ecumenismo, aclaran los obispos mexicanos
Preparan la gran Misión Continental
MÉXICO, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org-El Observador).- Los obispos de México, reunidos en su 85 Asamblea Plenaria, han iniciado los trabajos de este importante encuentro con el objetivo principal de profundizar y asumir la Nueva Evangelización con los desafíos e interpelaciones del país en el espíritu de Aparecida para impulsar en México una Iglesia de discípulos y misioneros.
«Nos disponemos a emprender una nueva etapa en nuestro caminar pastoral, ponemos nuestros esfuerzos en manos de Dios para que Él los ilumine y los haga fructificar en cada diócesis de nuestro país hasta ser una Iglesia viva, fiel y creíble; mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial por los pobres; trabajar con todas las personas de buena voluntad para favorecer la presencia de Dios en la sociedad, y fortalecer con audacia la pastoral de la familia y de la vida», expresaron los prelados mexicanos mediante un comunicado firmado por la presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que recae en el obispo de Texcoco, monseñor Carlos Aguiar Retes.
La asamblea se inscribe en lo que se ha denominado el espíritu de Aparecida, que llama a cada uno de los episcopados del continente a ser discípulos y misioneros, para que los pueblos de América Latina y El Caribe, tengan vida y la tengan en abundancia.
Atajando las posibles críticas al tema de la Misión, los obispos mexicanos han creído pertinente aclarar que «la misión no es una forma de proselitismo ni de anti-ecumenismo; no se trata de una competencia; se trata de ir en búsqueda de los católicos que no han sido evangelizados, además de evangelizar a quienes no conocen a Jesucristo».
En miras a la Misión Continental y «para promover la conciencia y la acción misionera permanente de los discípulos», con los obispos de toda América Latina, la CEM se prepara para la Apertura de los trabajos hacia la Misión, el próximo 17 de agosto en Quito, en el contexto del Tercer Congreso Misionero Americano.
«Ponemos este proyecto en manos de Nuestra Señora de Guadalupe, conscientes de que quien le abrió el camino al Evangelio en nuestro Continente será quien inspire, ayude y proteja nuestro proyecto misionero», han concluido los obispos mexicanos su comunicado.
La Iglesia se ofrece para interceder por Ingrid Betancourt
A través de la mediación de tres sacerdotes
BOGOTÁ, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- La Iglesia católica en El Guaviare ofreció la mediación de tres sacerdotes para que la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entregue a Ingrid Betancourt ante la gravedad de su estado de salud, informaron ayer varios medios colombianos.
El obispo de la Diócesis, monseñor Guillermo Orozco, explicó que estos tres religiosos ya han participado en anteriores oportunidades para buscar la libertad de cautivos.
El prelado aclaró que sería una labor discreta y nunca con la intención de llevar ni exigir dinero por esa tarea humanitaria.
El obispo reveló también que hace un par de semanas envió a la comandancia de las FARC una carta en búsqueda de que acepten la mediación de la Iglesia católica para un acuerdo humanitario, sin embargo la guerrilla no ha dado respuesta a esa comunicación.
Ya el 28 de marzo el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, clamó de nuevo por la liberación de la ex candidata presidencial.
Fallece la primera compañera de la fundadora de los focolares
Natalia Dallapiccola difundió la espiritualidad de la unidad tras el Telón de Acero
ROCCA DI PAPA, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- Primera compañera de la fundadora de los focolares, persona clave en la difusión de la espiritualidad de la unidad en países del Telón de Acero y apoyo en la promoción del diálogo interreligioso desde el movimiento eclesial, Natalia Dallapiccola ha fallecido en la noche del martes.
El Centro Mariápolis de Castelgandolfo --cerca de Roma-- acogerá el jueves su funeral, confirma el movimiento de los focolares en un comunicado enviado a Zenit.
A dos semanas del funeral de Chiara Lubich --fallecida el 14 de marzo-- en la basílica papal de San Pablo Extramuros, Natalia Dallapiccola «ha sido la primera en seguirla» --se lee en la nota--, igual que había hecho en vida. Tenía 83 años. Trastornos cardiopulmonares provocaron su muerte, momento en que estuvo acompañada por otras compañeras de los comienzos de los focolares.
El movimiento subraya el «papel determinante» que tuvo Dallapiccola en la difusión del ideal de la unidad --propio de los focolares-- en el Este europeo.
Primero había acudido a Berlín occidental en 1959, pues Lubich le encomendó el nacimiento del focolar allí. A los tres años se trasladó a Lipsia, en Alemania Oriental, con el primer grupo de focolarinas y focolarinos médicos llamados por el obispo local, pues eran necesarios en el hospital católico por la carencia de personal sanitario --huido a Occidente--.
Dallapiccola también estableció contactos con Polonia, Checoslovaquia, Hungría y Lituania, donde surgieron las primeras comunidades del movimiento.
Con la salud quebrantada, vivió en el Centro Mariápolis desde 1976. En aquella época se abría en el movimiento el diálogo interreligioso, una misión que también encomendó Chiara Lubich a su primera compañera, quien construyó relaciones profundas con líderes judíos, musulmanes, hinduistas y budistas, entre otros credos.
Su profunda vivencia de la espiritualidad de la unidad decidió asimismo el importante papel que Dallapiccolo desempeñó en la formación espiritual de los miembros del movimiento.
«Tras la "marcha" de Chiara, Natalia advertía el compromiso de poner todo de su parte para llevar a delante el movimiento. Chiara había llamado a Natalia "Anzolon" -"Angel", en dialecto trentino--, por el amor siempre vivo en ella hacia todos», subraya el comunicado.
Y apunta el «secreto» de Natalia: «la fidelidad a la elección de revivir a María Desolada, en su "stabat" a los pies de la Cruz en el momento en que Jesús lanza al Padre el grito de abandono». Lo había aprendido de la fundadora de los focolares.
Natalia apoyaba a cuantos compartían el empeño por construir la unidad en todo ambiente. Esto «desconcertaba y se revelaba "contagioso"» -recuerda la nota- «y sorprendió hallarlo documentado en los informes de la "Stasi" --la policía secreta alemana--, que habla del «programa del Movimiento "Fucolar" de crear una fuerte unidad religiosa a pesar de las opiniones nacionales diferentes».
Por Marta Lago
El viaje del Papa a Estados Unidos prevé encuentros masivos
Los obispos ultiman los itinerarios de la visita
WASHINGTON, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- El público en general tendrá oportunidades de saludar a Benedicto XVI durante su visita de tres días a Washington, cuando llegue el 15 de abril.
Una parte importante del itinerario exigido por el Papa incluye oportunidades para que el público pueda ver al Santo Padre mientras se traslada a algunos eventos, informó hoy la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.
Los detalles de los itinerarios del viaje del Papa están todavía siendo ultimados pero habrá varias oportunidades para el público en general de saludar a Benedicto XVI mientras viaja en el «papamóvil».
Creado para el Papa Juan Pablo II, el vehículo hecho a la medida, a prueba de balas, permite un contacto visual óptimo entre el Pontífice y su audiencia.
El público en general podrá ver a Benedicto XVI el miércoles, 16 de abril, mientras sale de la visita en la Casa Blanca al presidente y a la señora Bush y viaja hacia la Nunciatura en la avenida Massachusetts. El Papa viajará en la «papamóvil» parte de la ruta.
Después, el público podrá ver al Papa cuando se traslade en el «papamóvil» a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en la avenida Michigan.
El jueves, 17 de abril, tras un discurso a los directivos de más de doscientos colegios católicos y universidades de Estados Unidos en la Universidad Católica de América, el Santo Padre se trasladará a través del campus al Centro Cultural Juan Pablo II en la calle Harewood para encontrarse con líderes de varias religiones, incluyendo los de las tradiciones budista, musulmana, hindú, jainita y judía.
El acceso a las áreas del público en el campus de la Universidad Católica para ver a Benedicto XVI el 16 y el 17 de abril es posible sólo a través de tickets que la universidad ha puesto a disposición de las organizaciones eclesiales católicas.
Los detalles de los itinerarios exactos estarán a disposición cuando sean ultimados. Se puede obtener más información sobre el calendario del Papa durante su visita a Estados Unidos visitando www.uspapalvisit.org.
La «privatización» de la experiencia religiosa, causa del descenso de confesiones
Según el obispo uruguayo Pablo Galimberti
MONTEVIDEO, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- Monseñor Pablo Galimberti, obispo de Salto, ciudad del noroeste uruguayo, atribuye la actual tendencia a la disminución de las confesiones a una suerte de «privatización» de la fe, que hace que muchos católicos prescindan de la figura del sacerdote y sigan los ritos religiosos con arreglo a conveniencias personales.
El obispo de Salto ha afirmado en recientes declaraciones que «en términos generales, adecuándolo a cada país y a cada tradición, yo creo que esto es un fenómeno mundial que está en todos los países con distintos acentos, obviamente. El asunto es que hoy asistimos también a una tendencia hacia la 'privatización' de la experiencia religiosa».
«Una privatización, o sea: yo me arreglo con Dios y yo uso los ritos religiosos de mi Iglesia según mis necesidades y mi urgencia», aclara Monseñor Galimberti.
Desde el punto de vista de los católicos, en opinión del prelado salteño, la sociedad de consumo lleva buena parte de la culpa en el alejamiento de los fieles. Los domingos son días atractivos para las compras, para paseos, para los deportes y que una agenda cada vez más extensa. «Y también la misa que se va corriendo, que queda un poco subordinada a otros intereses que también presionan familiarmente», indica.
Monseñor Galimberti recordó, de su experiencia sacerdotal, algunos casos reveladores al respecto de la pérdida de la noción y del sentido de pecado. En particular el de un joven estudiante que, luego de hacer un análisis «casi psicológico» de sus problemas, no advertía errores propios o ajenos. «¿Y este joven no tiene cuerpo, no ha pecado, es un ángel», se preguntaba. Sin embargo, su mayor disgusto fue cuando comunicó sus inquietudes a la dirección del colegio, a cargo de un sacerdote, y no obtuvo respuesta.
En todo caso, la falta de discernimiento tiene para el obispo una explicación clave que le toca al sacerdote. Monseñor Galimberti sostiene que muchos sacerdotes se han alejado del sacramento de la confesión para evitar «los enredos», una especie de mejor no me meto con problemas personales que pueden llegar a ser extremadamente complejos. El prelado añade que los sacerdotes tienen «cada vez las agendas más llenas» y por ende con menos tiempo para el encuentro personal con los fieles.
Los pobres de la noche barcelonesa tienen ángeles custodios
Los Jóvenes de San José les llevan comida, trabajo y evangelio
BARCELONA, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- Desde hace unos meses, un grupo de jóvenes de entre 15 y 20 años recorre las noches de los sábados las calles de Barcelona, España, atendiendo a los indigentes, dándoles de comer, ayudándoles a introducirse en la vida laboral y llevándoles la buena noticia del Evangelio. Son los Jóvenes de San José.Se trata de un grupo de jóvenes nacidos del seno de la Unión Seglar de San Antonio María Claret, fundada por el padre José María Alba Cereceda, SJ --explica a Zenit Marcos Vera Pérez, organizador de Jóvenes de San José--, «atendiendo a la enseñanza evangélica de ayudar al prójimo en sus necesidades, pero ayudarle con visión sobrenatural, con aquella visión que nos enseña San Mateo en el capítulo 25 de su evangelio ‘tuve hambre y me disteis de comer', sabiendo que lo que hacemos a cualquiera de estos pequeños a Él se lo hacemos.
Esta obra apostólica se propone tres objetivos, informa Vera. En primer lugar, «saciar el hambre de los pobres que viven en las calles de Barcelona, por lo menos una vez a la semana». Los jóvenes salen los sábados por la noche de 21:00 a 02:00 de la mañana.
En segundo lugar, «ayudar a estos indigentes a introducirse en el mundo laboral, a buscarles un empleo digno, que les permite desarrollar una vida lo más normal posible».
Y, en tercer lugar, «predicar el Evangelio a estas gentes que viven alejadas de todo el mundo. Hablarles de Dios, decirles que Él los ama y que no se olvida de ellos».
«Nos mostramos así como instrumentos inútiles del amor siempre misericordioso de Dios --explica Marcos Vera--, para conseguir eso, pues la boca habla de lo que hay en el corazón, procuramos llevar una vida de piedad y oración».
Los Jóvenes de San José es un pequeño grupo de treinta jóvenes todos ellos entre 15 y 20 años de edad «que se pasan las noches, que todos utilizan para ir de fiesta y pasarlo bien, de los sábados en hacer esta obra que tanto necesita nuestra ciudad», añade Marcos.
Según fuentes oficiales la cifra de sin-techo que hay en Barcelona ronda las 800 personas. Con estas salidas los Jóvenes de San José están logrando dar de cenar a unas cien personas aproximadamente.
«Nosotros procuramos llevar a las calles de Barcelona la devoción a la Virgen Santa María por eso les ofrecemos el escapulario a todas aquellas personas con las que nos cruzamos en nuestra ruta, parece increíble el gran número de personas que acepta este obsequio», comenta Marcos.
Nuestro padre fundador el padre José María Alba «siempre nos animaba a hacer ‘más, más y más por Cristo, por María y por España', por eso en uno de sus últimos escritos nos decía que debíamos ser ‘comunidades de amor'».
El padre Alba, fue fundador de la pía unión Sociedad Misionera de Cristo Rey, que dirige un colegio en el pequeño pueblo de Sentmenat, varias iglesias de la diócesis de Cuenca, y tiene una pequeña misión en Chosica (Perú), que aspira a formar jóvenes coherentes con el evangelio.
Pero la obra del padre Alba, fallecido en 2001, no acaba aquí, explica Marcos Vera, «cientos de familias se han tomado la santidad como un deber primario gracias a su predicación, son muchos los jóvenes e incluso los niños que asisten a los turnos de adoración nocturna que el fundó, que son más de catorce».
Marcos relata que dos mendigos les pidieron un saco de dormir y no tenían medios para procurárselos. Les animaron a que lo pidieran a la Virgen. Poco antes de volver a salir, un sacerdote les entregó un saco de dormir que le había entregado una feligresa y, por la noche, ya en la calle, una mujer se les acercó ofreciéndoles otro.
«A partir de esa noche estos dos buenos hombres -concluye Marcos--, que aman, porque rezan a la Virgen María tienen sus sacos de dormir. Y ahora, gracias a estos pobres instrumentos que somos nosotros, los Jóvenes de San José podemos decir que hay dos personas más en Barcelona, que saben, porque lo han vivido, porque lo han experimentado que ninguno de los que acuden a la Reina del Cielo y de la Tierra implorando su asistencia y reclamando su socorro, haya sido abandonado de ella».
Por Nieves San Martín
Flash
El Office Eclesial crece gracias a la contribución de los católicos
Una creación del Centro RIIAL Nuestra Señora de Guadalupe
MÉXICO, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org-El Observador).- El equipo que opera y anima el Centro de Formación y Desarrollo Nuestra Señora de Guadalupe (http://www.riial.org/centro), acaba de celebrar el séptimo aniversario del servicio gratuito conocido como Office Eclesial, un programa muy usado en las parroquias de Latinoamérica, al mismo tiempo que lanza nuevos productos a la comunidad católica del continente.
En primer lugar, el Centro Guadalupe ha puesto en marcha un nuevo curso gratuito por correo electrónico, que explica paso a paso cómo utilizar el Módulo Sacramental de Office Eclesial. Como ésta es la función más utilizada por las parroquias, el Centro, surgido de la Red Informática de La Iglesia en América Latina (RIIAL), ofrece este recurso para ayudar en el importante trabajo que la Iglesia realiza en los registros sacramentales.
Quienes deseen recibir el Módulo Sacramental del Office Eclesial, lo pueden solicitar en el enlace: http://www.riial.org/aplicativos/cursosac.htm
Para ello, se debe descargar e instalar la nueva versión 2.1 que lanzó el Centro en diciembre de 2007, ya que todas las actualizaciones y mejoras que el Centro desarrolla serán hechas sobre esa versión. La Versión Parroquial puede solicitarse en http://riial.org/lists/?p=subscribe&id=10, mientras que la Versión Obispado puede solicitarse en http://riial.org/lists/?p=subscribe&id=9
Por otra parte, el Centro Guadalupe ha lanzado una invitación tanto a los usuarios como a posibles benefactores, para colaborar en el sostenimiento del Centro y que siga funcionando en la innovación y el fortalecimiento de las estructuras eclesiales, como lo ha hecho hasta ahora.En diciembre de 2007 se ha lanzado la campaña para formar parte de los Amigos del Centro RIIAL Guadalupe, para que se ayude a sostener económicamente la tarea y con ella los servicios gratuitos que aprovechan ya miles de usuarios y parroquias.
Las contribuciones económicas permitirán continuar desarrollando Office Eclesial con más funciones; ofrecer soporte técnico gratuito a todos aquellos que lo solicitan; capacitar a los técnicos RIIAL que los obispos necesitan para que el anuncio del Evangelio pueda hacerse también con los medios informáticos (el Centro ha visitado al 75% del territorio de América Latina y formado ya mas de 700 agentes); ofrecer acceso a herramientas de formación virtual especiales para la Iglesia y asesorar innumerables proyectos pastorales que desean utilizar la tecnología al servicio de la Evangelización
«Hace años que todo este trabajo se hace sin haberles solicitado otra ayuda, gracias a la solidaridad de las instituciones que apoyan a la Iglesia en América Latina», dice en el comunicado el Centro RIAL Guadalupe, quien agrega que «hoy nos toca ser corresponsables y solidarios con este esfuerzo para poder asumir los nuevos compromisos a los que nuestros obispos nos llaman desde Aparecida».
Documentación
Homilía de Benedicto XVI en el tercer aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 2 abril 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI este miércoles al presidir la celebración eucarística en el tercer aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II.
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Queridos hermanos y hermanas:
La fecha del 2 de abril ha quedado grabada en la memoria de la Iglesia como el día del adiós a este mundo del siervo de Dios el Papa Juan Pablo II. Revivamos con emoción las horas de aquel sábado por la tarde, cuando la noticia del fallecimiento fue acogida por una gran muchedumbre en oración que llenaba la Plaza de San Pedro. Durante varios días, la Basílica Vaticana y esta Plaza se convirtieron verdaderamente en el corazón del mundo. Un río ininterrumpido de peregrinos rindió homenaje a los restos del venerado pontífice y sus funerales supusieron un ulterior testimonio de la estima y del afecto que se había conquistado en el espíritu de tantos creyentes y personas de todos los rincones de la tierra.
Al igual que hace tres años, tampoco hoy ha pasado mucho tiempo tras la Pascua. El corazón de la Iglesia se encuentra todavía sumergido en el misterio de la Resurrección del Señor. En verdad, podemos leer toda la vida de mi querido predecesor, en particular su ministerio petrino, según el signo de Cristo Resucitado. Él sentía una fe extraordinaria en Él, y con Él mantenía una conversación íntima, singular, ininterrumpida. Entre sus muchas cualidades humanas y sobrenaturales, tenía una excepcional sensibilidad espiritual y mística.
Bastaba observarle mientras rezaba: se sumergía literalmente en Dios y parecía que todo lo demás en aquellos momentos fuera ajeno. En las celebraciones litúrgicas estaba atento al misterio en acto, con una aguda capacidad para percibir la elocuencia de la Palabra de Dios en el devenir de la historia, penetrando en el nivel profundo del designio de Dios. La santa misa, como repitió con frecuencia, era para él el centro de cada día y de toda la existencia. La realidad «viva y santa» de la Eucaristía que le daba energía espiritual para guiar al Pueblo de Dios en el camino de la historia.
Juan Pablo II expiró en la vigilia del segundo domingo de Pascua, «el día que hizo el Señor». Toda su agonía tuvo lugar en ese «día», en un espacio-tiempo nuevo, que es el «octavo día», querido por la Santísima Trinidad a través de la obra del Verbo encarnado, muerto y resucitado. El Papa Juan Pablo II demostró en varias ocasiones que ya antes, durante su vida, y especialmente en el cumplimiento de la misión de Sumo Pontífice, se encontraba de alguna manera sumergido en esta dimensión espiritual.
Su pontificado, en su conjunto y en muchos momentos específicos, se nos presenta como un signo y un testimonio de la Resurrección de Cristo. El dinamismo pascual, que ha hecho de la existencia de Juan Pablo II una respuesta total a la llamada del Señor, no podía expresarse sin participar en los sufrimientos y en la muerte del divino Maestro y Redentor. «Es cierta esta afirmación --afirma el apóstol Pablo--: Si hemos muerto con él, también viviremos con él; si nos mantenemos firmes, también reinaremos con él» (2 Timoteo 2, 11-12).
Desde niño, Karol Wojtyla había experimentado la verdad de estas palabras, al encontrar en su camino la cruz, en su familia y en su pueblo. Muy pronto decidió llevarla junto a Jesús, siguiendo sus huellas. Quiso ser un servidor fiel suyo hasta acoger la llamada al sacerdocio como don y compromiso de toda la vida. Con Él vivió y con Él quiso morir. Y todo esto a través de la singular mediación de María santísima, madre de la Iglesia, madre del Redentor íntima y realmente asociada a su misterio salvífico de muerte y de resurrección.
En esta reflexión evocativa nos guían las lecturas bíblicas que se acaban de proclamar: «¡No tengáis miedo!» (Mateo 28, 5). Las palabras del ángel de la resurrección, dirigidas a las mujeres ante el sepulcro vacío, que acabamos de escuchar, se han convertido en una especie de lema en los labios del Papa Juan Pablo II, desde el solemne inicio de su ministerio petrino. Las repitió en varias ocasiones a la Iglesia y a la humanidad en el camino hacia el año 2000, y después al atravesar aquella histórica etapa, así como después, en la aurora del tercer milenio. Las pronunció siempre con inflexible firmeza, primero enarbolando el báculo pastoral coronado por la Cruz y, después, cuando las energías físicas se iban debilitando, casi agarrándose a él, hasta aquel último Viernes Santo, en el que participó en el Vía Crucis desde su capilla privada, apretando entre sus brazos la Cruz. No podemos olvidar aquel último y silencioso testimonio de amor a Jesús. Aquella elocuente escena de sufrimiento humano y de fe, en aquel último Viernes Santo, también indicaba a los creyentes y al mundo el secreto de toda la vida cristiana. Aquel «No tengáis miedo» no se basaba en las fuerzas humanas, ni en los éxitos logrados, sino únicamente en la Palabra de Dios, en la Cruz y en la Resurrección de Cristo. En la medida en la que iba desnudándose de todo, al final, incluso de la misma palabra, esta entrega total a Cristo se manifestó con creciente claridad. Como le sucedió a Jesús, también en el caso de Juan Pablo II las palabras dejaron lugar al final al último sacrificio, la entrega de sí. Y la muerte fue el sello de una existencia totalmente entregada a Cristo, conformada con Él incluso físicamente con los rasgos del sufrimiento y del abandono confiado en los brazos del Padre celestial. «Dejad que vaya al Padre», estas palabras --testimonia quien estuvo a su lado-- fueron sus últimas palabras, cumplimiento de una vida totalmente orientada a conocer y contemplar el rostro del Señor.
Venerados y queridos hermanos: os doy las gracias a todos por haberos unidos a mí en esta misa de sufragio por el amado Juan Pablo II. Dirijo un pensamiento particular a los participantes en el primer congreso mundial sobre la Divina Misericordia, que comienza precisamente hoy, y que quiere profundizar en su rico magisterio sobre este tema. La misericordia de Dios, lo dijo él mismo, es una clave de lectura privilegiada de su pontificado. Él quería que el mensaje del amor misericordioso de Dios alcanzara a todos los hombres y exhortaba a los fieles a ser sus testigos (Cf. Homilía en Cracovia-Lagiewniki, 17 de agosto de 2002).
Por este motivo, quiso elevar al honor de los altares a sor Faustina Kowalska, humilde religiosa convertida por un misterioso designio divino en la mensajera profética de la Divina Misericordia. El siervo de Dios Juan Pablo II había conocido y vivido personalmente las terribles tragedias del siglo XX, y se preguntó durante mucho tiempo qué podría detener al avance del mal. La respuesta sólo podía encontrarse en el amor de Dios. Sólo la Divina Misericordia, de hecho, es capaz de poner límites al mal; sólo el amor omnipotente de Dios puede derrotar la prepotencia de los malvados y el poder destructor del egoísmo y del odio. Por este motivo, durante su última visita a Polonia, al regresar a su tierra natal, dijo: «Fuera de la misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre» (ibídem).
Demos gracias al Señor porque ha entregado a la Iglesia este servidor suyo fiel y valiente. Alabemos y bendigamos a la Virgen María por haber velado incesantemente sobre su persona y su ministerio para beneficio del pueblo cristiano y de toda la humanidad. Y mientras ofrecemos por su alma elegida el Sacrificio redentor, le pedimos que siga intercediendo desde el Cielo por cada uno de nosotros, por mí de manera especial, a quien la Providencia ha llamado a recoger su inestimable herencia espiritual. Que la Iglesia, siguiendo sus enseñanzas y ejemplos, pueda continuar fielmente sin compromisos su misión evangelizadora, difundiendo sin cansarse el amor misericordioso de Cristo, manantial de verdadera paz para el mundo entero.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
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