01.04.08

Si un hábito de la mente determina nuestro modo de pensar y de vivir en la sociedad actual es la ciencia. El rigor, la precisión, la capacidad de predecir resultados conforman un ámbito del saber, el científico, de cuyas aplicaciones prácticas nos beneficiamos diariamente.

Ciencia y religión son vistas en ocasiones como parcelas rivales o en competencia. Si la ciencia explica mucho – se cree a veces - a la religión le quedaría, en consecuencia, poco que explicar. Ya Comte, adalid del positivismo, preveía la sustitución de la religión por la metafísica y, ulteriormente, de la metafísica por la ciencia.

Pero el conflicto, o la incompatibilidad entre ciencia y religión, es más aparente que real. La ciencia, en sí misma, no excluye la religión. Puede quizá caer en la tentación de excluirla si de la ciencia se deriva hacia una ideología cientificista, según la cual el único conocimiento válido sería el conocimiento científico y la única realidad sería aquella parcela de lo real que puede circunscribirse en el perímetro de la investigación científica.

Sobre este binomio, “ciencia-religión”, deseo recomendar un libro, cuya lectura me ha parecido de enorme interés. Se trata de una obra de Mariano Artigas, titulada “Ciencia y religión. Conceptos fundamentales” (EUNSA, Pamplona, 2007, 422 páginas).

El autor, ya fallecido, es un pensador solvente, doctor en Ciencias Físicas y en Filosofía. Un libro suyo anterior, “La mente del universo”, ya me había parecido enormemente sugestivo. Artigas compagina, como los buenos maestros, la seriedad con la claridad.

El libro que presentamos aborda veinticinco temas en los que están implicadas la ciencia y la religión. Temas de tipo epistemológico, que clarifican las características y el alcance de ambos saberes: “Ciencia y conocimiento ordinario”, “ciencia y filosofía”, “ciencia y religión”, “cientificismo”, “lenguaje científico”, etc. Temas de tipo histórico, como un brillante capítulo dedicado a “Galileo y la Iglesia”. O bien cuestiones de enfoque más sistemático como las dedicadas al “alma”, al “creacionismo”, a “Dios” o a la relación entre “evolucionismo y fe cristiana”.

Este libro tiene, además, la ventaja de que no hay que leerlo de un tirón. Cada uno de los capítulos conserva su autonomía. Si no lo han leído, háganlo. Les gustará.

Guillermo Juan Morado.