02.04.08
La imagen que a menudo tenemos de la diplomacia es la de un diplomático comiéndose un canapé en una fiesta, mientras comenta los últimos cotilleos. Sin embargo, como sabrán, la diplomacia vaticana trabaja incansablemente para conseguir que se permita a los cristianos vivir su fe en todo el mundo. En muchas ocasiones, este trabajo requiere una paciencia infinita para ir venciendo uno a uno los obstáculos que ponen las distintas naciones a la libertad de los cristianos dentro de sus fronteras.Junto con China, son los países musulmanes los que ponen los mayores impedimentos a la práctica de la fe cristiana. En muchos de ellos, el cristianismo solamente se tolera a medias y, a menudo, sometido a fuertes restricciones: prohibición de construir iglesias, de llevar signos distintivos cristianos en público, de evangelizar e, incluso, pena de muerte para un musulmán que se convierta al cristianismo.
El país árabe más cerrado al cristianismo es, sin duda, Arabia Saudita, cuna del Islam. Hace muy poco, se ejecutó mediante decapitación al último cristiano converso. La entrada en la ciudad de la Meca está prohibida para cualquiera que no sea musulmán. Los signos cristianos, las reuniones religiosas no autorizadas, las oraciones cristianas en público o en privado y la literatura cristiana están severamente penados por la ley. Por supuesto, la construcción de iglesias no está permitida en ningún lugar del país.
Al igual que sucede con China, la importancia económica de Arabia, como gran exportador de petróleo, le proporciona, de hecho, inmunidad ante cualquier presión de los países de occidente para que deje de violar el derecho a la libertad religiosa de sus habitantes . Desgraciadamente, tanto los Estados Unidos como la Unión Europea han realizado una opción muy clara en este sentido: el dinero por encima de los derechos humanos. Es preferible mantener las relaciones comerciales con el gigante asiático y con los dueños del mar subterráneo de petróleo y no arriesgarse a ofenderlos con asuntos “menos importantes”.Como es lógico, la diplomacia vaticana lleva años pidiendo a Arabia que cambie su postura en estos temas. Si bien, en otros países musulmanes, sí que se han conseguido avances (el sultán de Omán dio hace poco su permiso para construir la primera iglesia cristiana en el país), en el Reino Saudita las negociaciones no han tenido éxito.
Uno de los negociadores, Anwar Ashiqi, presidente del Centro de Arabia Saudita de Estudios Estratégicos para Oriente Medio, hizo la semana pasada una curiosísima propuesta para lograr un avance en ese diálogo:
He tomado parte en varias reuniones relacionadas con el diálogo Islámico-Cristiano y se ha negociado este tema. […] Sólo sería posible iniciar negociaciones oficiales para construir una iglesia en Arabia Saudita después de que el Papa y todas las Iglesias cristianas reconozcan al profeta Mahoma.
Conozco a varios pensadores nominalmente cristianos e, incluso, a algún sacerdote, a los que esto no les parecería un precio demasiado alto. Quizás hasta se alegrarían de poder leer un par de lecturas del Corán en la Misa, en lugar de ese San Pablo tan pasado de moda. El sincretismo “de supermercado”, que toma de cada religión lo que más le gusta, tiene muy buena prensa hoy en día.
En cambio, a mi juicio, la propuesta no busca el sincretismo cristiano-musulmán, sino, pura y llanamente, que los cristianos reconozcamos a Mahoma como el último y el más grande de los profetas de Dios. Uno de mis tíos trabajó un tiempo en Arabia Saudita y contaba que la gente normal pensaba allí que los sacerdotes católicos saben que el Islam es verdadero, pero se lo ocultan a los fieles. “Pregúntenle al Papa”, le decían, “qué es lo que pone en la puerta del Paraíso. Lo sabe, pero se lo calla” (porque ellos piensan que en las puertas del Paraíso está escrita la profesión de fe musulmana: no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta). Quizá hagan falta más mártires para que los musulmanes de aquellos parajes se convenzan de que los cristianos somos sinceros y de que la Iglesia Católica no es una engañifa.
Sea como sea y ya se trate de sincretismo o de aceptación del Islam, si esperan que el Papa acepte esa condición, la cosa va para largo. Será mejor esperar a que se acabe el petróleo.