Luces y sombras de la España de hoy
04.04.08 @ 19:34:52. Archivado en Sociedad
Ignacio Sotelo es catedrático excedente de Sociología y hoy realiza un análisis lúcido de la situación social en El País en un artículo titulado “La otra cara de España”. Como allí se explica, el informe PISA constató el bajo nivel educativo del país. Situación que no será mejorable en un plazo razonable. Al parecer se opta más por mantener el nivel actual de mediocridad, de manera que difícilmente podremos competir en el ámbito científico con otros países. Lo que resulta evidente es que la globalización exige una especialización de la economía, y la nuestra está más por los servicios que por la investigación y el desarrollo.
No hace tanto tiempo Felipe González proclamaba con insistencia que había que fomentar una industria basada en la tecnología, dejando el resto de materias primas en mano de países productivos con un bajo coste salarial. Aquello que en su día el desaparecido ministro Ernest Lluch denominó el "dumping económico" es hoy una realidad internacional. Empresas asiáticas nos venden los ordenadores que producen sus fábricas con tecnología de países punteros y mano de obra autóctona barata. Pero también nos venden productos plagiados de los países europeos con una calidad inferior y un coste también inferior, compitiendo con nuestra propia economía.
Para terminar de contrastar el panorama social parece abrirse la veda a la industria del ocio, facilitando la entrada de todo tipo de mafias. No quedan al margen ni la especulación urbanística, ni la corrupción. De manera que la situación en proyección de futuro es alarmante.
Pero no voy a incidir sobre los temas que el Sr. Sotelo analiza con maestría. Si no a centrarme en el problema de la educación, para recordar que estamos sometidos, para bien y para mal, a la Administración local. Lo que posibilita una desigualdad en todo el territorio nacional que tiene su coste. El mismo informe PISA tendría unos resultados diferentes según autonomías. Cada Administración desarrolla sus propios decretos sobre leyes orgánicas. De igual modo que establece sus presupuestos, con mayor o menor inversión en educación.
Así que tenemos zonas comparables a determinados países líderes en el informe PISA y otras zonas, donde por diferentes casuísticas la educación tienen unos niveles de competencia vergonzosos. Lo cierto es que un país que no cuida la educación y la inversión en investigación y desarrollo, termina siendo un país que no se tiene en cuenta. No parece que haya cambiado mucho aquella muletilla de que Europa comienza en los Pirineos, porque puede que a este paso nos quedemos en el furgón de cola, después de gozar de ciertos privilegios al ingresar en la Unión Europea.
Que todo el énfasis sobre la educación se haya materializado en una asignatura, politizando la enseñanza hasta niveles propios de otros tiempos, demuestra mayor interés por influir en el pensamiento del niño, que en elevar la calidad de la enseñanza y mejorar la instrucción. Y eso es el comienzo de un gran fracaso que se mide en años, pero que tiene su inevitable desenlace.
Es necesario por tanto un gran pacto de Estado que permita la estabilidad educativa, por encima de los diferentes partidos y las respectivas autonomías. Una educación de calidad no sólo en el nombre sino en los hechos. Y eso se lleva a cabo con programas de colaboración entre la empresa y la Universidad, con iniciativas de Fundaciones privadas que como los antiguos mecenas del Renacimiento, fomenten la cultura y la educación.
Si no se corrigen los errores del pasado y se vuelve a jugar con la ingeniería social. En el futuro pintan bastos, por muy “glamurosa” que sea la puesta en escena, de cara a la galería.