04.04.08
Esta mañana estaba manteniendo el equilibrio en el metro para leer el periódico del vecino sin que se notase demasiado. Entre mis dones naturales no está el carné de conducir, así que puedo hacer algo de deporte. Para mi desgracia el pijiprogre no pasaba de la sección de deportes. Llega la parada, dobla ceremoniosamente el diario exindependiente de la mañana y,… sorpresa, resaltado en portada y con buena tipografía: MORAL DE LAICO, de Francisco J. Laporta. Lo reconozco, pequé, no pude reprimir la curiosidad y compré el periódico. La decepción fue absoluta, todo pecado lleva consigo la penitencia.Pensé que sería un interesante artículo sobre la fundamentación de la moral desde una postura agnóstica y laica (sic). No es más que un bodrio (dícese del guiso mal aderezado), mal escrito; una sopa de lugares comunes insoportable. Os dejo un párrafo, por si alguien tiene dudas:
Resulta asombroso contemplar cómo se ignora la evidencia de que una parte no menor de los grandes desastres morales de que hemos sido testigos durante años y años se ha producido en nombre de creencias religiosas o ha sido provocado y alentado por quienes decían obedecer tales convicciones. Y no menos sorprendente es admirar -porque es, en efecto, algo tan paradójico que es casi admirable- la facilidad con la que esos credos se armonizan con prácticas políticas y económicas de las que sabemos con toda certeza que -ésas sí- son la causa del dolor, la pobreza y el sufrimiento de millones de seres humanos, es decir, de la gran inmoralidad contemporánea.
El texto no está ni siquiera bien estructurado, probablemente porque el corta-pega de tópicos no le permite hilar mejor los párrafos, pero el discurso ya lo conocemos:
- Primero, nos recuerda que Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot eran obispos.
- Segundo, que la historia del pensamiento aparece espontáneamente en el género humano hace sólo dos siglos.
- Tercero, que las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, se crearon no sólo ex novo si no que son contrarias a la Iglesia Católica.
- Cuarto, que las cosas son así porque lo dice Blas: digan lo que digan, es ya incontrovertible (¡uy!, que miedo).
- Quinto, que la moral laica viene acompañada de milagros laicos que suspenden la obligatoriedad de la lógica: primero afirma que lo que triunfa con el impulso ético ilustrado, la tolerancia religiosa, y la separación Iglesia-Estado, es la idea de la esencial igualdad moral de los seres humanos al margen de sus convicciones religiosas y después priva a cualquier creyente —en el diccionario del buen progre cualquier creyente es el católico— de poder tener una postura ética.
- Sexto, se decide que laico, laicista, laicismo y aconfesionalidad no sólo significan exactamente lo mismo, si no que son los únicos términos adecuados para decir que se es buena persona.
- Y séptimo que como puede haber algún lector que no trague o que le sepa mal, le añadimos las especias insípidas de siempre: la Iglesia es una dictadura (porque sólo se admiten las categorías de dictadura y democracia, y democracia es lo que se dice en el punto cuarto), la Iglesia odia a las mujeres, y por supuesto los adjetivos apropiados: maduro, adulto, avanzado.
Sinceramente el artículo no da más de sí. Sin embargo sí me preocupa el motivo. No hay razón informativa para que algo tan pobre intelectualmente ocupe tanto espacio. La desconexión con la realidad mediática, incluso para El País, es total: no hay declaraciones, es la tribuna de un habitual, no opina ni comenta situaciones inmediatas pasadas o futuras. Si el por qué no está satisfecho, sólo queda preguntarse el para qué. Creo que en breve nos veremos sometidos a la típica campaña tostón sobre laicidad, lo malos que son los curas y que los que presentan la objeción para cursar EpC son los Obispos.
Pero no todo es negativo, y como diría el otro, «te das cuenta Sonso que cualquiera puede llegar a catedrático y escribir en El País», parece ser que ya teníamos precedentes de tan preclara autoridad moral…laica, of course.