Miedos, complejos, pensamiento dominante y otras consideraciones

Permalink 06.04.08 @ 10:50:15. Archivado en Religión

Aunque a muchos les resulte molesta la actitud firme de Benedicto XVI en su relación con otras religiones, es evidente que ninguna de sus manifestaciones intenta romper el diálogo interreligioso iniciado tras el Concilio Vaticano II. La conversión al catolicismo del periodista musulmán la pasada Vigilia Pascual, levantó ampollas incluso en el islamismo moderado. Pero además hay que añadir la susceptibilidad herida de los judíos tras saberse que el Santo Padre recuperaba una oración por los judíos en los oficios del Viernes Santo.

Lo cierto es que el próximo viaje del Papa Benedicto XVI a EEUU este mismo mes de abril, permitirá limar asperezas. Ya que el Vaticano ha dispuesto dos visitas oficiales con representantes judíos, según indica la agencia Zenit. De la misma manera sigue abierto el diálogo con el mundo islámico, pese a las manifestaciones de Bin Laden acusando al Vaticano de todos los males imaginables.

Lo que se está evidenciando es que va cobrando fuerza la idea de promover una nueva evangelización que pierda los complejos de estas décadas pasadas, abiertas el ecumenismo y el diálogo de interreligioso que ha dado una apariencia falsa de que todas las religiones deben medirse por el mismo rasero. Cierto que el respeto a la religiosidad de otros es fundamental, pero ello no puede ser excusa para manifestar nuestra fe. Al fin y al cabo proclamamos en el Credo que la única religión santa, católica y apostólica, es la nuestra. Y al despedir la Eucaristía se nos envía a todos a esta misión apostólica con un podéis ir en paz. Que más bien es una invitación a proclamar esa paz a todos los hombres.

Sin embargo, salimos tranquilos y volvemos a nuestra rutina, y así a fuerza de convertir una Verdad revelada en un hábito dominguero, terminamos por diluir la identidad católica en una fe como otra cualquiera. Para una sociedad cada vez más laicista, si hoy en cualquier plaza pública se proclamase el Evangelio, como sucedía en el ágora de Corintio en tiempos de San Pablo, se consideraría una provocación. Sería una locura. Todo está institucionalizado y trasformado a ojos ajenos en un ritual apto para adeptos.

Más diferente y agresivas son en cambio las iglesias protestantes. Yo he recibido muchas visitas a domicilio para predicar un determinada fe o las supuestas visiones de algún iluminado creador de una nueva iglesia. Solemos confundirlos con los Testigos de Jehová y la relación se limita a una escueta sonrisa de cortesía junto a la exclamación de que el tema no nos interesa. ¡Vamos que dejamos pasar la ocasión de evangelizar!. No estamos preparados para predicar nuestra fe, ni mucho menos para levantar la cabeza en alto y proclamar un creo en Jesucristo allí donde vayamos.

Vivimos una fe rutinaria y devota de uso propio, que no repercute ni irradia hacia el exterior. De manera que las homilías no nos hacen sentir ese fuego interior que los discípulos de Emaús sintieron al serles comunicada la interpretación de las Escrituras y tampoco sufrimos ninguna revelación extraordinaria cuando vamos a comulgar. Por mucho que allí se encuentre presente Jesucristo y se realice una fracción de la oblea consagrada, simbolizando la fracción del pan.

Pues este es el precioso relato de los discípulos de Emaús que el Evangelio proclama hoy en todo el mundo. Y me ha parecido oportuna esta salida a la blogosfera, con un apoyo decidido a estar presentes en el ágora pública que es Internet, al menos para recordar a quienes nos visiten que formamos parte de un proyecto maravilloso que es la construcción del Reino, con nuestras relaciones y con nuestras actitudes de cada día, pero sin complejos absurdos que nos lleven a refugiarnos en las catacumbas del siglo XXI. Es decir a doblegarnos al pensamiento dominante que desea aparcar las religiones fuera de la vida pública. En lo más recóndito de sus lugares de culto. Sin que participen de la construcción de la sociedad, aunque aporten numerosas obras que facilitan el cuidado de aquellos a quienes el Estado está obligado a atender.

Feliz domingo a todo el que pase por aquí.