06.04.08

¿Por qué no podemos aspirar a lo perfecto? (y II)



Un problema más difícil de soslayar es el del Credo. El Credo niceno-constantinopolitano, dice «Credo (…) et in unum Dóminum Iesum Christum, Fílium Dei unigénitum, et ex Patre Natum ante ómnia sáecula. Deum de Deo, lumen de lúmine, Deum verum de Deo vero, génitum, non factum, consubstantiálem Patri», es decir, el Credo dice que Jesucristo es consustancial al Padre; pero nosotros recitamos «de la misma naturaleza que el Padre», cosa que es verdad, pero no es lo que dice el Credo.

No es lo mismo ser de la misma naturaleza del Padre que consustancial al Padre. La distinción no es sutil, aunque ahora se haya convertido en un arcano, especialmente por la pérdida de contenido del concepto naturaleza.

Naturaleza (del griego fisis y ousía), se entiende como «la esencia de una cosa en cuanto sujeto de las operaciones que le son propias». Responde a la pregunta «¿qué cosa es esto?», a la que se contesta: una piedra, un animal, un hombre; es decir, lo que constituye una especie distinta de las demás.

Explica Santo Tomás en la Suma Teológica (C.29 a.2) que sustancia tiene dos acepciones:

1) Una, por la que sustancia es tomada como la esencia de algo, y se la indica con la definición, y, así, decimos que la definición expresa la sustancia de algo. Esta sustancia los griegos la llaman usía, y que nosotros podemos traducirla por esencia. 2) Otra acepción es la de sustancia como sujeto o supuesto que subsiste en el género de la sustancia. Esta acepción, en su sentido general, puede ser denominada con un nombre intencional. Es llamada supuesto. Hay tres nombres con los que se expresa algo y que corresponden a la triple consideración que puede hacerse de la sustancia, a saber: realidad natural, subsistencia e hipóstasis. Pues por existir por sí mismo y no estar en otro es llamada subsistencia; pues decimos que subsiste lo que existe en sí mismo y no en otro. Por ser supuesto de alguna naturaleza común es llamada realidad natural. Así, este hombre es una realidad natural humana. Por ser supuesto de los accidentes es llamada hipóstasis o subsistencia. Estos tres nombres son comunes a todo género de substancias. El nombre de persona sólo lo es en el género de las sustancias racionales.

Más adelante, en C.39 a.3, dirá Santo Tomás:

Porque naturaleza indica principio de operación, en cambio esencia viene de ser, algunas cosas que coinciden en alguna operación pueden ser llamadas de una naturaleza, como, por ejemplo, todo lo que produce calor; pero no pueden ser llamadas de una esencia, a no ser que tengan un solo ser. Por eso la unidad divina queda mucho más expresada diciendo que las tres personas son de una esencia que diciendo de una naturaleza.

De forma más sencilla, mi padre y yo somos de la misma naturaleza, sin embargo no compartimos esencia, no somos «consustanciales». Por ende, podría suceder que un semiarriano podría estar de acuerdo con un católico en esta parte del Credo. Haga usted un Concilio de Calcedonia para esto.

Aunque le echemos retranca, la cuestión baladí. En el ser de Cristo, es decir que sea Dios y Hombre, segunda persona de la Trinidad es la clave de nuestra fe.

Otro punto importante es la traducción de la parte final de la Comunión cuando el sacerdote con la Hostia levantada dice «Este es el Cordero de Dios,..». En primer lugar, el Misal Romano habla de «ecce qui tollit peccáta mundi», es decir «he ahí el que quita los pecados del mundo», es decir, habla de pecados, no pecado. Pero más grave es la traducción de «Dómine, non sum dignus ut entres sub tectum deum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea», donde en vez del imperativo«di de palabra» o «di una sola palabra» se vierte como «una palabra tuya bastará para sanarme».

Estos son algunos puntos de los muchos que podemos citar.

El Catecismo nos dice que «liturgia quiere significar que el Pueblo de Dios toma parte en «la obra de Dios». Por la liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra redención (1.069)» y que «la liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza».(1.074).

Si esto es así, ¿por qué no podemos aspirar a la perfección en la medida de lo posible, es decir, seguir lo más fielmente posible el Misal Romano?. ¿Es que acaso no es por la liturgia por donde «Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra redención?.

Sinceramente pienso que aquí podía estar una de las claves de la pérdida de espiritualidad por parte del pueblo. Y una vez perdida la espiritualidad, lo demás viene por añadidura.