El relevo de Joan Carrera como único obispo auxiliar del cardenal
Lluís Martínez Sistach en la diócesis de Barcelona se eterniza.
Carrera está a punto de cumplir los 78 años y su jubilación sigue
sin ser aceptada por el Papa tres años después de ser presentada,
algo verdaderamente insólito.
La razón hay que buscarla en la reiterada negativa del Vaticano a
aceptar a los candidatos a sucederle que propone Martínez Sistach,
al que le han devuelto la terna de aspirantes en al menos dos
ocasiones. En ambas ternas iba el actual rector del seminario, Josep
Maria Turull, a quien todos sitún como el favorito de Monseñor
Sistach para la sucesión y que Roma no parece dispuesto a aceptar.
Aunque fuentes del arzobispado atribuyen lo que está sucediendo a
la influencia de las opiniones del cardenal Antonio María Rouco,
miembro de la Congregación para los Obispos a la que le corresponde
proponer el nombramiento, lo cierto es que en el Vaticano tienen
conocimiento de actuaciones de Turull que dibujan un perfil eclesial
poco adecuado para ser obispo.
Turull, altavoz en mano, fue uno de los 150 sacerdotes que se
manifestó en el patio del palacio arzobispal cuando el Vaticano
decidió fragmentar en tres la archidiócesis de Barcelona en el año
2004. La última manifestación pública de rebeldía del clero
barcelonés se remontaba a 1966. Tampoco ayuda a su candidatura la
situación del seminario, que empieza a ver amenazada seriamente su
condición de seminario más importante de Barcelona ante el empuje
del recientemente creado seminario de Terrassa, precisamente una de
las diócesis que nació de la partición ordenada por Roma.
Todo indica que prontamente se producirá un consenso entre Roma y
Sistach para nombrar a un candidato de consenso, que jubile a quien
es ya el obispo en activo de más edad entre el episcopado español.