06.04.08

Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible


No creo que sea muy complicado de entender que para alcanzar la condición de discípulo de Cristo implica aceptar una serie de mínimos en cuestiones morales. No estamos bajo la ley mosaica pero bien está que recordemos que el propio Cristo endureció las exigencias de dicha ley en muchos aspectos. Por ejemplo, en materia de moral sexual, Cristo considera pecado no sólo la comisión del adulterio, sino el mero deseo o anhelo del mismo. Jesús sabía que el mal está en el corazón, que es donde se engendra el pecado. La comisión del mismo no es sino el fruto de la mala semilla plantada previamente.

Con todo, buena parte de nuestros pecados permanecen ocultos a los ojos del mundo. Nadie que pretenda ser cristiano va por ahí presumiendo de ser un adúltero, un estafador o un asesino. Sólo nuestros seres cercanos y, en última instancia, sólo Dios sabe la cantidad y largueza de nuestros pecados. A Él nada le es oculto, pues nos conoce mejor que nosotros mismos.

Pues bien, en un pueblo de Ciudad Real, Abenójar, parece que hay muchos que no aceptan lo que el sentido común dicta. No quieren entender algo tan evidente como que una señora que se ha “casado” con otra señora no puede estar en una cofradía católica y menos ser su vicepresidenta. No es necesario que reproduzca acá los versículos de la Escritura que presentan la práctica de la homosexualidad como algo pecaminoso a los ojos de Dios. Tampoco es necesario que repita la doctrina de la Iglesia sobre esta cuestión. Las cosas son como son y en esta materia no van a cambiar, de la misma manera que no cambiará la consideración del adulterio como un pecado grave.

Buscar el escándalo mediático no ayuda NADA a la causa de los homosexuales que quieren ser cristianos. Son MUCHOS los que viven su condición en la gracia de Dios, absteniéndose voluntariamente de llevar una vida sexual activa. Ellos se merecen que la Iglesia no admita situaciones tan irregulares como las que tenían lugar en Abenójar.

Luis Fernando Pérez Bustamante