07.04.08

Me preguntan con frecuencia qué tenemos que hacer para evangelizar. Por lo pronto hemos avanzado en cosas importantes. Ya estamos de acuerdo en que tenemos que evangelizar. Nadie nace cristiano. Nadie llega a ser cristiano del todo si no se convierte al Dios de Jesucristo. El bautismo nos hace cristianos pero el bautismo supone un catecumenado y requiere una conversión personal, para vencer en nosotros las tendencias del pecado original, para desligarnos de las inducciones pecaminosas del ambiente, para asumir decididamente los criterios y los estilos de Jesús en nuestra vida. Solo así llegamos a ser de hecho hijos de Dios, a recibir los dones de su amor y a crecer en ellos. La pregunta es compleja. Hoy me entretengo solo en un punto.

La mayoría de nuestros contemporáneos tienen una mentalidad que no les permite llegar a la conversión ni a la fe verdadera. El ambiente social dominante nos hace creer que la vida consiste en disfrutar cada día lo que podamos, como sea. Somos libres y ser libre consiste en buscar el modo de divertirme y los medios que necesito para ello, cada uno a su manera, como le parezca mejor. Mucha gente no tiene idea de que necesite ninguna salvación de ninguna clase, y todavía menos que tenga que preocuparse de buscar nada para salvarse. Mientras estamos sanos y fuertes nadie piensa en la salvación, ni en la salvación de la vida actual, ni en la salvación del alma y de la vida después de la muerte. Mientras uno disfruta de la vida, en la cultura actual, no es fácil preocuparse de pensar si somos inmortales o no. Hay momentos en los que estas preocupaciones afloran, porque forman parte de nuestra vida, pero no tenemos tiempo ni ganas de detenernos en ellas.

Y sin embargo una condición necesaria para creer de verdad en Dios y en Jesucristo es ser consciente de que necesitamos su ayuda para llegar a ser nosotros mismos. Para ahondar en este camino se puede comenzar de muchas manera, un buen modo de hacerlo es partiendo de la idea de libertad, como cualidad fundamental de nuestra persona. Ser persona es ser libre, y ser libre es ser capaz y responsable de realizar correctamente la propia existencia entrando en relación con los demás, con la verdad de los demás y con la verdad del mundo. El ser del hombre consiste en “estar en” y “estar con” los demás, con el mundo entero, en su verdad. Tenemos que darnos cuenta de que ser hombre es tratar de vivir en la verdad de los demás y en la verdad del mundo. Solo así lograremos estar en nuestra propia verdad. Si no emprendemos esta tarea nos quedamos en ser sombras, ficciones, abortos de nosotros mismos, como dice San Pablo de sí mismo.

Luego veremos que esta verdad plena de cada uno está en situarse ante Dios de manera correcta, con la ayuda y mediación de Jesucristo, que forma parte de la humanidad y es patrimonio de todos los hombres.

Estas son las etapas fundamentales de la evangelización. Claro que para hablar de esto con una persona hace falta tiempo, confianza, capacidad, paciencia, sinceridad. Pero esta es la tarea apasionante de los cristianos actuales, ser capaces de ayudar a algún amigo a redescubrir la importancia de Dios en nuestra vida, la necesidad de Jesucristo para saber quiénes somos, cuáles son las riquezas de nuestra vida, hasta dónde podemos contar con la bondad de Dios. Estoy convencido de que ésta es la cuestión capital. Si una persona está aclarada y bien hecha por dentro, luego en todos los aspectos de la vida las cosas funcionan bien y se difunde el bien. Si estas cuestiones no están bien resueltas, la cosa no funciona. Pregunto, ¿Os interesan estos asuntos? ¿Podemos hablar de esto? ¿Qué otros puntos, qué cuestiones os interesan más? Dios con todos.

+Fernando Sebastián Aguilar