09.04.08
Tenemos lo que nos merecemos
La democracia no puede ser sólo meter un papel en una urna y marcharse a casa a ver los escrutinios, la responsabilidad no puede quedarse en eso. Votar es algo más. Recuerdo con estupor cómo en los ochenta había gente que votaba a Felipe González sólo porque era “guapísimo”. Elegir así, no es elegir democráticamente. Cuántos esfuerzos durante el franquismo de gente bienintencionada por democratizar la sociedad quedan así inutilizados.Mucha gente vota sin convicción ideológica, sin conocer la responsabilidad moral que supone apoyar una serie de ideas que pueden quedar ocultas en la “letra pequeña” de programas electorales que no leemos. Todos sabemos que los medios de comunicación no son objetivos y sin embargo no nos importa dejarnos influir por ellos. Dejar que otro decida por mí, sea una persona o una línea editorial, no es democrático. Se da el caso, últimamente, que gracias a estas “líneas editoriales” más gente de lo que sería deseable vota por odio, da su confianza a una opción política en la que no se confía con tal de no apoyar a otro partido.
Dejamos que una sutil dictadura maneje nuestras conciencias dibujando o desdibujando personajes, historias y argumentos. (Recomiendo vivamente la lectura de “1984” de George Orwell). A los niños de mi generación, los que vimos quitar la foto del generalísimo para poner la foto del rey y dejamos de ponernos en pie cuando entraba el maestro por la puerta del aula, no nos enseñaron todo lo que nos tenían que enseñar, los maestros se dejaron cosas en el tintero creyendo erróneamente que ciertos valores eran cosa de un pasado que se quería olvidar con urgencia y el olvido, como todo, tiene que ser con prudencia. Al final, somos jóvenes de 30 o 40 años que nos conformamos con cualquier cosa con tal de disponer de ciertas comodidades transitorias, ya se sabe, mi coche, mi casa, mis vicios, así mi generación es enormemente manipulable, y creyendo tener la verdad absoluta no tiene absolutamente nada.
No sabemos ver más allá de nuestras narices, y nos creemos todo lo que los políticos nos dicen, no juzgamos, solo creemos en todo aquello que vemos en la televisión, también nos dicen que somos la generación más preparada….. eso sí que es bueno. La democracia descansa sobre gente que piensa que Cervantes es un personaje de ficción, y que Don Quijote es un personaje histórico. Juan Pablo II decía que una auténtica democracia es posible en un Estado de Derecho sobre la base de una recta concepción de la persona humana y requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la subjetividad de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad.
En el Estado de Derecho es soberana la ley, no el arbitrio de los hombres. Cuando con la apariencia de gobierno con el pueblo, para el pueblo y por el pueblo, los políticos y grupos de poder sólo buscan su provecho particular, o impiden la participación efectiva en la actividad política a un determinado grupo de ciudadanos y, cuando la corrupción política, el enriquecimiento personal o el tráfico de influencias son normales, se genera cuanto menos desconfianza, esto lo escribe el teólogo Doménec Melé, pero yo a la desconfianza añadiría sensación de fraude, de negación de la verdadera democracia. A los representantes que hemos elegido el pasado 9 de marzo les debemos pedir que no olviden la dimensión moral de su representación que consiste en el compromiso de compartir destino con su pueblo y buscar soluciones a los problemas reales que tenemos.
Una autoridad responsable es ejercida con espíritu de servicio, paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad… una autoridad ejercida por personas capaces de asumir auténticamente como finalidad de su actuación el bien común y no el prestigio. ¿Soy un iluso? No lo se, pero creo que cuando votamos no somos conscientes de lo que hacemos. Deberíamos elegir personas que estén dispuestas a hacer política de verdad. Es cierto que cuando entrego mi papeleta lo que hay escrito en ella se diluye en un mar de siglas y recuentos, y puede dar la impresión que una papeleta más o menos no tiene importancia. Nada más lejos de la realidad, así nos va el pelo, votando sin responsabilidad acabamos teniendo lo que nos merecemos.
Alberto Jáimez
Empresario, Portugalete (Vizcaya)
Laico Dominico, miembro de la Orden Tercera de los Dominicos