Magdi Allam, el musulmán converso al catolicismo
que bautizó el Papa, aseguró en la noche del miércoles que el
integrismo islámico no habría llegado a tener tanto poder "sin la
complicidad de Occidente".
Allam consideró que
Europa ha cometido "
errores", por lo que hizo un
llamamiento "
a que recupere la identidad la identidad que ha
traicionado, el cristianismo".
Allam
presentó este miércoles mediante videoconferencia en la Universidad
CEU San Pablo su primer libro traducido al español, 'Vencer el
Miedo. Mi vida contra el terrorismo islámico y la inconsciencia de
Occidente'.
La intención del también vicedirector de 'Il Corriere della
Sera" era la de asistir en persona al acto, pero no fue posible
porque el Gobierno de España no le ofrecía "el mismo grado de
protección del que dispone en Italia".
Para Allam, "el islam como religión es
intrínsecamente violento", pero matizó que con los musulmanes "como
personas hay que dialogar" siempre con unas reglas base "como las
sacralidad de la vida, el respeto a la dignidad humana y a la
libertad".
En el libro, publicado por Ediciones Encuentro, Allam
habla de sí mismo y de su experiencia personal y profesional; del
miedo a los terroristas islamistas, de la inconsciencia de una parte
de Occidente que los considera como un mero movimiento de
resistencia y de una situación que, como él ha señalado, le obliga a
vivir con escolta desde hace cuatro años.
En la presentación intervinieron, además del autor, el presidente
de Ediciones Encuentro, José Miguel Oriol, y el
director de la Fundación Universitaria San Pablo CEU,
Alfredo Dagnino.
Dagnino lamentó "sobre manera" no poder contar con la presencia
de Allam, ya que "el Gobierno español y
especialmente el Ministerio del Interior no han garantizado la
exigencias de seguridad". Por su parte, José Miguel
Oriol criticó que el Gobierno "que padecemos haya
mermado la libertad de palabra".
Oriol explicó que el Ministerio de Exteriores "no
era proclive a que viniese Magdi Allam",
circunstancia que "afectó" a Interior, que "dio largas"
a las peticiones de la Embajada italiana que habían sido formuladas
con "15 días de antelación".