12.04.08

Me encanta hablar con mis hijos acerca de Jesús. Es algo tan raro en estos tiempos, aunque para mí no lo sea.

Hoy día 12 de febrero, Rut me ha estado contando la historia de Jesús, dentro de sus posibilidades, pero hay algo que ella tenía muy claro: Jesús es el Hijo de Dios. Y sin embargo a pesar de eso no le quita ninguna importancia a José, al contrario, para ella es como si José fuera su padre. José forma parte de la vida de Jesús, es el que le enseña e instruye junto con María en su niñez.

Para ella es muy normal, no se plantea nada más allá, simplemente lo cree por “Fe”. Cuando describe la matanza de Herodes, es como intentar que cuente algo que no quiere contar, porque sabe que no es lo correcto, pero aun así debe de contarlo, y entonces es cuando toma José su primacía, porque es a José a quien se le aparece el ángel, José es el Padre de familia, aunque ella tiene muy claro que Jesús es el hijo de Dios. Me encanta como puede compatibilizar las dos cosas, con la mayor naturalidad del mundo.

A lo largo de estos días hemos hablado del Antiguo Testamento. De la Creación, de Adán y Eva, de la Serpiente (que según ella, y la Biblia, era muy astuta), del Diluvio y Noé. Ahí nos hemos quedado, porque ahora toca Cuaresma.

Su hermano Juan fue monaguillo durante mucho tiempo en un pueblo de los Momeros. Era capaz de bajar a cualquier hora a ayudar, fueran entierros, bautizos o bodas. El párroco del pueblo estaba empeñado en que fuera cura, y yo le dije que sería el Señor el que le llamara, y nadie más. Pero lo más gracioso es que Rut quería ser “monaguilla”, y su hermano le decía que no que las niñas no podían ser monaguillas, que sólo podía haber monaguillos.

Cuando este año en Huesca a Rut le han ofrecido participar en la procesión de los hebreos (que sale el Domingo de Ramos y el Viernes Santo), ella me lo ha pedido de rodillas, y está entusiasmada. Quiere llevar su túnica y su palma, como si fuera una niña hebrea que espera a las puertas de Jerusalén la entrada del Rey de Reyes; y quiere vestir su túnica como niña cristiana en la procesión del Viernes Santo acompañando al Salvador.

Creo que estos son los valores que tenemos que inculcar a nuestros hijos desde pequeños, porque como dijo Jesús:

El reino de Dios es como un hombre que arroja la semilla en la tierra, y ya duerma, ya vele, de noche y de día, la semilla germina y crece, sin que él sepa cómo. (Mar. 4: 26 -27)

He aquí la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Lo caído en buena tierra son aquellos que, oyendo con corazón generoso y bueno, retienen la palabra y dan fruto por la perseverancia. (Cl. 8: 11 y 15)

Como quienes han sido engendrados no de semilla corruptible, sino incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios, (1 Pe: 1:23).

Lidia Alcolea
Madre de familia. Huesca