13.04.08

Como colofón a este segundo día en Roma me quedaba por visitar la gran Iglesia de los jesuitas en Roma: Il Gesú.

Toda la Iglesia está dedicada y orientada a la exaltación del nombre de Jesucristo. En el altar podemos leer: SS Nomini Iesu Sacrum.

En la Iglesia esperan la resurrección de los muertos insignes jesuitas. Así, a la izquierda del altar se encuentra enterrado San Roberto Belarmino, uno de los santo, Doctor de la Iglesia y martillo de herejes. A la derecha San José María Pignatelli, aragonés restaurador de la Compañía de Jesús. Un buen ejemplo al que mirar los jesuitas de hoy en día, tan embebidos de «liberacionismo».

En el ábside, el triunfo del Cordero. A la izquierda, en restauración la capilla de San Ignacio; a la derecha, la dedicada a San Francisco Javier. También en la Iglesia se halla otro de las devociones de los jesuitas: el Sagrado Corazón de Jesús.

En toda la longitud de la circunferencia de la cúpula, están escritas las palabras de San Pablo en la Carta a los Filipenses (Fil 2, 9-11) y que tanto se meditan en los turnos de Adoración Nocturna:

«Propter quod et Deus exaltavit illum, et donavit illi nomen, quod est super omne nomen: ut in nomine Iesu omne genu flectatur caelestium, terrestrium et infernorum, et omnis lingua confiteatur, quia Dominus Iesus Christus in gloria est Dei Patris»

El lema jesuita se encuentra diseminado por toda la Iglesia: Ad maiorem Dei Gloriam

Y en la bóveda de cañón, JHS, Jesucristo Salvador de los hombres. Unos ángeles sostienen el monograma de Cristo.

Todo en honor de Cristo y su Iglesia. Cuando uno se acerca a este lugar, no puede más que decir: ¡Qué pena de Compañía!.