(
Zenit/ReL) El Cardenal Presidente del Pontificio
Consejo Justicia y Paz. Monseñor
Renato Martino, ha
declarado que los estados, organizaciones internacionales, toda la
sociedad civil y sus formas asociativas, así como las grandes
religiones, están llamadas a colaborar por la solidaridad entre los
seres humanos y por la paz en el mundo. Esa es una de las claves de
las conclusiones que ofreció el Cardenal Martino al término del
seminario internacional que, sobre el tema "Desarme, desarrollo y
paz. Perspectivas para un desarme integral", ha sido celebrado por
su dicasterio en Roma, el 11 y 12 de abril.
Martino
afirmó que durante los dos días se han analizado cuestiones muy
complejas y se ha buscado abrir un diálogo, pues existen «nuevas
problemáticas sobre las que es necesario cultivar colaboraciones
estrechas, intensas y fecundas», respetando las diversas
sensibilidades, pero con la certeza de la «convicción común de que
la dignidad humana hay que defenderla siempre».
«El conflicto en general y la guerra en particular están
modificando su propia fisonomía --ejemplificó--. Son más
horizontales que verticales, más difundidos que concentrados, más
fragmentados que unitarios, más cotidianos que excepcionales, más
próximos que lejanos, más inmateriales (y hasta virtuales) que
materiales».
Martino recordó que el Papa Juan XXIII afirmó
hace cuarenta y cinco años en «Pacem in terris» que es fundamental
el «desarme de los corazones» para la consecución de la paz; con el
seminario, el dicasterio subraya esta realidad: «Sin una conversión
de los corazones a lo bueno y a lo justo, difícilmente se podrá
realizar una reducción y, en definitiva, una eliminación del
armamento».
El punto de partida del análisis de las implicaciones éticas y
religiosas del desarme, del desarrollo y de la paz arroja, entre
otras consideraciones, el deber de «los Estados y de las
organizaciones internacionales de renovar su compromiso por un
desarrollo integral y solidario de la humanidad», objetivo
«necesario para la convivencia pacífica y ordenada de la familia
humana». Igualmente se constatan nuevas dificultades -derivadas de
la globalización y del progreso científico-técnico- para «distinguir
la economía civil de la militar en sentido estricto».
El cardenal italiano advierte que «los Estados, precisamente en
la incertidumbre provocada por la globalización y fenómenos como el
terrorismo a escala global, han retomado una siniestra carrera
armamentística y parecen perder confianza en el diálogo, en el
multilateralismo y en la cooperación internacional a todos los
niveles en el sector del desarme».
Pero son precisamente estos aspectos -sobre los que el pontificio
consejo ha hecho especial énfasis con este seminario internacional--
la clave para poner los cimientos a fin de conseguir «un auténtico
proceso de desarme, la afirmación de los derechos humanos y la paz
en la comunidad internacional». Según Martino, «los
desafíos son múltiples y todos estamos llamados, en la propia
condición y papel en la sociedad, a colaborar por la solidaridad
entre los seres humanos y por la paz en el mundo».
Ante todo --indicó-- «los Estados y las organizaciones
internacionales, en su papel de responsables del destino de los
pueblos y de la humanidad»; también «toda la sociedad civil, en
especial quienes de manera organizada están comprometidos en la
promoción del desarme, del desarrollo y de la paz, como las
organizaciones no gubernamentales», las cuales «merecen mayor
atención de la comunidad internacional».
Asimismo «hay que reafirmar el papel de las grandes religiones
--recuerda el presidente del dicasterio--, llamadas a dar siempre un
mensaje de esperanza, una palabra de sabiduría y prudencia a cada
hombre, sobre todo a quienes son responsables, en modos diversos, de
la suerte de otros hombres y de la realización del bien común». Para
Monseñor Martino «las religiones son un instrumento
de unión de los hombres entre sí y de los hombres con Dios», y
«están llamadas a promover una cultura de la paz» y una «pedagogía
de la paz por el bien común de la humanidad» El purpurado aludió al
papel de los cristianos: «no están llamados sólo a tomar posiciones
respecto a la guerra, sino sobre todo a hacerse constructores de
paz».
«Quien quiere la paz la prepara de lejos», y «construir la paz es
ante todo --señaló el purpurado italiano-- sustraer terreno a las
injusticias y a las opresiones que provocan la guerra». Así que «la
paz se construye a partir de las propias responsabilidades respecto
a la justicia, ante el bien de los demás», una construcción que
empieza desde los cimientos, «con la educación a la paz», tarea que
a su vez comienza por «ser testigos de paz», habiéndola realizado en
uno mismo.