02.01.09

Schönborn pone las cosas en su sitio


Sabemos que el cardenal que, además, es arzobispo de Viena, y de apellido tan impronunciable que da título a este artículo, ha participado en alguna que otra Eucaristía que algunos llamaron blasfema pero que, en realidad, no era más que la plasmación de ciertas formas de celebrar en las que, por cierto, lo esencial y básico de una celebración de tal jaez se cumplía a la perfección.

Esto, quizá, pueda ser censurado por aquellas personas que entienden que el sacrificio de Cristo sólo puede celebrarse de determinada forma canónica cuando, en realidad, las tales formas se adaptan, por mor de la inculturación, a las características de muchos lugares del mundo. Prueba de esto será cuando Benedicto XVI visite Africa (Camerún y Angola) el próximo mes de marzo porque, con toda seguridad, diferirá mucho la forma de celebrar allí de la de aquí.

Decir, sólo, que Juan Pablo II Magno, en su encíclica “Slavorum apostoli” (1985) nº 21 dejó dicho, sobre la inculturación (y que debería ser aprendido por muchos para evitar equívocos) que aquella viene a ser la “encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas– y, a la vez, la introducción de éstas en la vida de la Iglesia”.

Por tanto, hacer como hacen algunos criticando las críticas, en su día, a lo hecho por Schönborn en aquella Eucaristía (porque pueden ser criticables las formas aunque no el fondo) y no admitir que se pueda hacer algo bueno y benéfico por parte del citado cardenal, es manifestarse de una forma poco comprensiva con la naturaleza humana.

Entonces, ¿Qué es lo que ha dicho el cardenal?

Parece que ha criticado el comportamiento de algunos obispos europeos en los años posteriores a la publicación (25 de julio de 1968) de la encíclica Humanae Vitae, de Pablo VI, relativa a la regulación de la natalidad.

Ya sabemos que la natalidad es un tema delicado de tratar porque lo políticamente correcto es que se permitan y difundan diversas técnicas (no precisamente santas) relativas a aquella o, también que se considere el aborto por las diversas progresías (políticas y eclesiales) como método anticonceptivo y, así, de regulación de la natalidad.

Sobre esto, por ejemplo, en el número 14 de la tal encíclica dice que hay que “excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto directamente querido y procurado

Y, claro, si en España, tenemos el caso de un Obispo, más que Obispo, que no aplica la legislación correspondiente contra un sacerdote que, al parecer, pagó un aborto (y hablo de la diócesis de Barcelona) es de entender que lo dicho por el cardenal vienés no guste mucho en según qué ambientes eclesiales (no digamos los políticos)

Y así en muchas de las materias referidas en la encíclica de Pablo VI que harían sonrojar a más de uno al ver el escaso caso que se la he hecho.

Por eso molesta lo dicho por Schönborn.

Creo recordar que el Cardenal Martini (muchas veces equivocado) se manifestó, ciertamente, no muy a favor de la encíclica de Pablo VI objeto del zaherimiento sufrido por el cardenal vienés.

Y esto, se diga lo que se diga, es razón más que suficiente para dar la razón a Schönborn.

Yo no sé, por otra parte, si tal cardenal será candidato a Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe o a Papa, como también se ha dicho.

Sin embargo, sí es cierto que las cosas hay que tenerlas, al menos, tan claras como parece tenerlas.