Reig se despide de Cartagena-Murcia
Por Jesús BastanteRDDomingo, 4 de enero 2009
El obispo de Cartagena-Murcia, Juan Antonio Reig, abandonará en las próximas fechas la sede episcopal, según han confirmado a RD fuentes eclesiales de toda solvencia. En Roma, en Añastro, pero también en Murcia, la marcha se da por hecha, y sólo falta concretar la forma y fecha en que se haga efectiva. La Academia Pontificia por la Vida o el Instituto "Juan Pablo II", en el caso de la Santa Sede, y los arzobispados de Granada o Zaragoza, si el destino final de Reig continúa dentro de nuestras fronteras, son los posibles destinos del obispo.
Formalmente, la marcha de Reig se tramitará como un "ascenso", puesto que desde el Vaticano no se quiere dar la impresión de haber tomado partido por un laico -José Luis Mendoza- en detrimento de un obispo, pero lo cierto es que el escándalo en torno a la titularidad de la UCAM, que ha partido en dos a la Iglesia de Murcia, ha generado un fuerte malestar en la Santa Sede. Nadie duda de la buena voluntad de Reig Plá -a quien se le reconoce la honestidad y la pasión con la que ha defendido sus tesis, aun conociendo el criterio tanto del cardenal Rouco como de la Secretaría de Estado-, pero sí le achacan haber "sacado a la luz" un problema que debiera haberse solventado desde el punto de vista eclesiástico. Y que, en la práctica, ha puesto en duda la propia continuidad de la Universidad católica.
Y es que, hasta en cinco ocasiones, tanto la Santa Sede como el Episcopado español -en un extensísimo infrome asumido como propio por Rouco Varela, que firmó sus conclusiones- han impelido a Reig a que abandonara la lucha por la titularidad de la Universidad que, según todos los informes consultados, ostenta la Fundación Universitaria San Antonio.
El pasado mes de abril, con la llegada de una carta rubricada por el secretario de Estado vaticano, Tarcisio Bertone, el asunto parecía haber llegado a su fin. Pero el empeño de Reig Plá, quien ha actuado "en conciencia" durante todo este tiempo, hizo que el conflicto llegase a las esferas políticas y, de ahí, a los medios de comunicación.
Aunque la Santa Sede no quiere hablar de vencedores ni vencidos, lo cierto es que la batalla por la Ucam deja un claro vencedor: José Luis Mendoza, posiblemente el laico español con mayor peso en el Vaticano -es consultor de varios pontificios consejos, entre ellos el de Familia y Laicos-, y que hace pocas semanas viajó a Roma para realizar un donativo de cerca de medio millón de euros al Óbolo de San Pedro. Sin embargo, se trata de una victoria clara, pero sólo a corto plazo, pues la Santa Sede pretende que Mendoza realice un "gesto evidente de obediencia" al nuevo obispo. Que, dicho sea de paso, no volverá a tocar la cuestión de la titularidad. Otra cosa sería si, llegado el caso, existe alguna deuda importante, que pueda afectar al claustro de los Jerónimos, o alguna cuestión de tipo doctrinal que pudiera afectar a la "catolicidad" del centro docente. Algo que, al menos por el momento, no se contempla.
Entre los posibles destinos para Reig, gana enteros la Academia Pontificia de la Vida o el Instituto Juan Pablo II para la Familia, ambos en Roma. También se ha barajado un puesto en el Pontificio Consejo para la Familia, pero la presencia en el mismo de José Luis Mendoza podría hacer que la problemática -que ambos personajes han acabado por convertir en algo personal- se reprodujera. La otra opción, que según algunos círculos "gana enteros", sería la de "elevar" a Reig Pla a alguna diócesis de mayor rango. En este sentido, se apunta la posibilidad de Granada -uno de los dos prelados, Javier Martínez y Reig, si no los dos, habrán de acudir a Roma en breve-, en el caso de que Martínez abandone esta sede, o bien Zaragoza si, como parece, Manuel Ureña (antecesor de Reig en Cartagena-Murcia) accede a la diócesis primada de Toledo.
El propio Reig ha confirmado a sus íntimos que su marcha podría estar cerca. El pasado 11 de diciembre, el prelado envió una carta a sus sacerdotes, en la que reconoce "los tiempos difíciles y las circunstancias concretas de nuestra diócesis complejas", y apunta que "este curso está resultando especialmente duro para mí". Una carta que muchos han interpretado (junto al encuentro que el obispo mantuvo con el clero la semana siguiente) como "una despedida".