04.01.09

Huellas de Dios - Año nuevo, Dios eterno


Serie “Huellas de Dios

Huellas de Dios

En nuestra vida, algunas veces alejada de Dios, podemos encontrar al Padre en muchas situaciones por las que pasamos. Por eso, podemos seguir sus huellas, las huellas de Dios, para que nos sirvan de guía, de encuentro y, muchas veces, de consuelo.

Por tanto, estos pequeños relatos, pequeñas inspiraciones producidas por la presencia de Dios de forma firme y efectiva, son, precisamente, “Huellas de Dios” en nuestras vidas porque, en realidad, nosotros somos su semejanza y, como tal, deberíamos encontrar a nuestro Creador, sencillamente, en todas partes.

El de esta semana lleva por título:

Año nuevo, Dios eterno

Hace bien poco que el año 2009 ha dado sus primeros pasos y, por eso mismo, es tiempo, ahora, de reconocer que se nos ha abierto una puerta grande para que, entrando por ella, seamos capaces de ver a Dios en nuestras vidas.

En realidad, Dios, que es eterno, siempre nos ve y nos mira pero también es cierto que, en muchas ocasiones, nos hacemos los ciegos o los sordos ante el Creador porque, en realidad, no nos conviene lo que nos dice.

Tenemos, pues, más de un camino que seguir, más de una decisión que tomar, más de una ocasión para decir sí o no a Dios.

Bien podemos preguntarnos qué es lo que este nuevo año puede plantearnos y qué, sobre todo, podemos responder atendiendo, en primer lugar, a la voluntad de Dios.

¿Qué en cuanto a nuestra práctica religiosa?

En tal aspecto, las huellas de Dios nos marcan un claro camino a seguir: la oración, el rezo, las prácticas piadosas a favor de los desfavorecidos siguen siendo, para los creyentes y practicantes, unas pautas a seguir que no podemos abandonar. Incrementar cada una de ellas debería ser un objetivo a alcanzar.

¿Qué en cuanto a la defensa de la fe?

Seguramente, este año 2009 va a ser un año muy duro para la fe católica que profesamos. Nubarrones bastante negros se aproximan por el horizonte de la vida y tenemos la grave obligación (de hijos de Dios) de estar preparados para rebatir las asechanzas que el Maligno (en sus diversas formas) ha de estar urdiendo, ya, en los pensamientos de más de una persona dotada de un poder con el que hacer daño.

¿Qué en cuanto a la evangelización?

A cada cual, en cada circunstancia particular, le corresponde llevar a cabo la evangelización que Dios le haya encomendado o de la que, simplemente, se haya atrevido a hacerse cargo. Seguramente son muchos los sectores sociales, conocidos perfectamente por nosotros, en los cuales la Palabra de Dios podría ser recibida. Es muy posible que no siempre con gusto pero nadie ha dicho nunca que ser cristiano y, además, evangelizador, sea nada fácil… pero sí gozoso.

¿Qué en cuanto a la misma Fe?

Y, en cuanto a la creencia en Dios, a la filiación divina de la que gozamos y, sobre todo, a la realidad misma de pertenencia a un Reino del que somos deudores perpetuos, sólo nos cabe, ahora mismo y en lo sucesivo, permanecer, como sarmientos de la viña del Señor, unidos al Padre.

Frente a todos los avatares por los que podamos pasar (y no todos serán buenos ni benéficos para nosotros) siempre nos queda saber que Dios nunca nos abandona y que nuestra fe, firme y serena a la vez, nos permite decir “creo” y, con tal creencia, poder caminar hacia el definitivo Reino de Dios sabiendo, con toda seguridad, que aquello que dijera Tomás cuando comprobó la realidad y verdad de la Resurrección de Jesucristo, “Señor mío y Dios mío”, también es válido para nosotros.

Muchas veces podemos dudar de aspectos relacionados con la fe pero nunca, nunca, podemos mantener duda alguna sobre la santidad de la misma y, sobre todo, sobre el origen de la misma: Dios, eterno Dios.