03.01.09

Es conocida la Carta Apostólica “Summorum Pontificum”, “motu proprio data”, del Papa Benedicto XVI sobre el uso de la Liturgia Romana anterior a la reforma efectuada en 1970. No es fácil, para los que no somos expertos, adentrarse en estas cuestiones. Todo lo que concierne a la Liturgia es complejo, por la inmensidad de aspectos teológicos y jurídicos que están implicados. De un Misal, por ejemplo, no se cambia ni una coma sin que, precedido de muchos estudios, la autoridad competente no lo permita. Sea pues nuestra aproximación una aproximación cauta y modesta.Creo que el mejor comentario y la mejor introducción al “Motu proprio” es la misma carta de Benedicto XVI dirigida a los obispos que acompaña la “Summorum Pontificum”. Nadie como el Papa puede decirnos mejor lo que el Papa piensa y desea.
El Papa expresa su confianza y esperanza al entregar el “Motu proprio”. Nada, al respecto, se ha improvisado, sino que “el documento es fruto de largas reflexiones, múltiples consultas y de oración”. El Papa es humilde y sabe lo que se trae entre manos. Él necesita reflexiones, consultas y oración. También nosotros, y en mayor medida que el Papa, cuando se trata de emitir un juicio sobre este asunto.
Benedicto XVI, consciente de la confusión creada que antecedió a la promulgación del “Motu proprio”, quiere disipar dos temores: La sospecha de que la “Summorum Pontificum” menoscabase la autoridad del Concilio Vaticano II – lo cual equivaldría a menoscabar la autoridad del Papa, ya que, como es sabido, los documentos conciliares han sido aprobados y decretados por la autoridad del Papa, ya que no hay Concilio sin Papa o contra el Papa - . Este temor, nos dice Benedicto XVI, es infundado: “el Misal, publicado por Pablo VI y reeditado después en dos ediciones sucesivas por Juan Pablo II, obviamente es y permanece la Forma normal – la Forma ordinaria – de la Liturgia Eucarística”.
El segundo temor se refiere a la sospecha “de que una más amplia posibilidad de uso del Misal de 1962 podría llevar a desórdenes e incluso a divisiones en las comunidades parroquiales”. También este temor le parece al Papa infundado: “se ve claramente – escribe – que el nuevo Misal permanecerá, ciertamente, la Forma ordinaria del Rito Romano, no sólo por la normativa jurídica sino por la situación real en que se encuentran las comunidades de fieles”.
Pero, disipados esos temores, hay una “razón positiva” que anima al Papa a promulgar el “Motu Proprio”: “Se trata de llegar a una reconciliación interna en el seno de la Iglesia”, de “hacer todos los esfuerzos para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo”.
Confianza, esperanza, revalidación de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II y deseo de promover la reconciliación y la unidad en el seno de la Iglesia. Tales parecen ser las motivaciones del Papa.
¿En caso de duda, quién decide? El Papa dice que la autoridad del Obispo, autoridad que incluye la de ser el moderador de la Liturgia en su propia diócesis, no queda en nada disminuida. Más aún, el ejercicio de la autoridad episcopal se ve favorecido al contar cada Obispo con unos criterios – derivados del “Motu Proprio” – en conformidad con los cuales ha de actuar.
Ojalá que esta apertura de mente y de corazón del Papa Benedicto XVI se extienda a todos los que hayan de opinar o de tomar decisiones sobre tan delicados temas.