06.01.09

Resulta curioso el ejercicio de seguir las entradas – en definitiva, el interés de los lectores – con respecto a los posts que uno publica en el blog. No se trata de entrar en una “guerra de audiencias”. Ni de busca ser “popular”. La regla de oro, a mi juicio, es escribir sobre lo que a mí me interesa, con la confianza de que si me interesa a mí podrá también interesar a otros, sean muchos o pocos. Pero en un medio interactivo, si no hay “respuestas” cabe cuestionar el sentido de las “propuestas”.

Me atendré, en este somero análisis, a los últimos siete posts. No me fijo en los comentarios, porque éste es un índice engañoso. No siempre el artículo más comentado es el más leído. Me fijo sólo en las entradas. Pues bien, de los siete últimos escritos, el texto más visitado se refiere a Tamayo, un teólogo disidente. La polémica es un ingrediente que atrae al público. La exposición pacífica de la doctrina le atrae, parece ser, mucho menos, si es que le atrae de algún modo.

El segundo post más leído ha sido el que trata acerca de la forma extraordinaria del rito romano. En este asunto, los comentarios se han disparado. Es obvio que el tema interesa, quizá no a todos los posibles lectores, pero a aquellos a los que les interesa les interesa mucho. Este dato me permite confirmar la sospecha de que mis lectores pueden ser encuadrados en el marco de un sector de la población católica con alto nivel de conocimientos teológico-litúrgicos y con un nivel de información sobre las cuestiones de Iglesia muy por encima de la media.

El tercer lugar lo ocupa una recensión sobre una biografía de María Tudor. Ya no es la primera vez que lo noto. Las reseñas sobre libros gustan a mis lectores. Deduzco que, sobre todo, son lectores de libros, que agradecen una información sobre lo que va apareciendo en el panorama editorial español. Desde aquí, modestamente, me permito invitar a todo el portal a cuidar más este aspecto: Hablar más de libros. Existe un público atento a esta oferta. No deberíamos defraudarlo.

El cuarto lugar corresponde a un tema que puede englobarse dentro del binomio Iglesia-sociedad. “Censurar a la Iglesia” era el título. Un texto de corte más periodístico, podríamos decir que de periodismo de opinión. La horquilla de lectores se amplía. Ya no se trata sólo de católicos, sino de personas interesadas por la evolución de la sociedad y, en concreto, sobre el papel que en esta evolución le corresponde al hecho religioso-católico.

A cierta distancia le sigue un artículo, “Resentimientos”, de tono más reflexivo. No obstante, como cada persona puede encontrar algo de resentimiento en su vida, parece ser un argumento que interesa. Limitadamente, pero interesa.

En la cola de la lista, muy en la cola, figuran dos posts que son reflexiones de corte homilético. Una sobre la Epifanía; otra sobre el II Domingo después de Navidad. Es obvio que las leen pocos y que las comentan menos. Sin embargo, a mí me parecen las más importantes. Sucede, en este caso, lo mismo que en las parroquias. De todos los parroquianos, son una minoría los que acuden a Misa y una minoría aún más reducida los que se interesan por la predicación. ¿La causa? En el mejor de los casos, que no acierto en la tarea de comunicar de forma viva el Evangelio. En el peor, que el mismo Evangelio interesa poco y a pocos. Prefiero pensar que el defecto proviene de la primera de las causas.

Se aprende mucho teniendo un blog. Por acción o por omisión los lectores nos van diciendo si les aburrimos o si les estimulamos, si perdemos el tiempo o lo invertimos en posibles frutos de evangelización. Por ello me siento profundamente agradecido a todos ellos. Al final, en medio de tantas ofertas, que se molesten en abrir mi blog es todo un detalle. ¡Gracias!

Guillermo Juan Morado.