07.01.09

Oímos en el Evangelio del domingo de Epifanía que los Reyes Magos: “habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.” (Mt. 2, 12) Nos dan un maravilloso ejemplo de la virtud cristiana de la prudencia puesta en práctica, que nada tiene que ver con lo que el mundo considera ser prudente.
¡Cuánto le gustaría al mundo que los cristianos no nos arriesgárramos a lo siguiente al practicar la virtud de la prudencia!:
1) Tener que humillarnos ante Dios
“El primer paso de la prudencia es el reconocimiento de la propia limitación: la virtud de la humildad. Admitir, en determinadas cuestiones, que no llegamos a todo[…]” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 86) Es que “La virtud no es solamente propia de nuestro deseo, sino también de una gracia superior.” (S. Cipriano). Los Reyes Magos fueron humildes buscando a Dios por la ciencia. Estaban dispuestos a recibir las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad que impulsaron su viaje a Belén.
2) Tener que humillarnos ante los hombres
Los Reyes Magos consultaron con otros cuando perdieron a la estrella de vista en Jerusalén porque “para conocer algo con certeza, [hay que] tener en cuenta muchas condiciones y circunstancias, difícilmente observables por uno solo.” (Sto. Tomás de Aquino)3) Tener que nadar contra corriente
Los Reyes Magos podrían haber pensado que sería prudente volver a Jerusalén por si Herodes no les engañaba y les premiaba. Pero, “no es prudente, como se pretende con frecuencia, el que sabe situarse en la vida y sacar de ella el mayor provecho, sino el que sabe construir su vida según la voz de la recta conciencia y según las exigencias de la justa moral.”(Papa Juan Pablo II, Sobre la prudencia, 25-X-l 978). Tampoco temían por sus propias vidas tras haber estado ya ante Herodes.“[Las virtudes no] significan mediocridad: algo así como la mitad de lo que es posible realizar. […] Por la prudencia el hombre es audaz, sin insensatez; no excusa, por ocultas razones de comodidad, el esfuerzo necesario para vivir plenamente según los designios de Dios. La templanza del prudente no es insensibilidad ni misantropia; su justicia no es dureza; su paciencia no es servilismo. […]las últimas metas de la prudencia no son la concordia social o la tranquilidad de no provocar fricciones. El motivo fundamental es el cumplimiento de la Voluntad de Dios, que nos quiere sencillos, pero no pueriles; amigos de la verdad, pero nunca aturdidos o ligeros.” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios,83, 87, 88).

4) No podernos quedar con los brazos cruzados
Como dice S. Gregorio de Nisa: “¿De qué vale una nave muy bien construida si el piloto va borracho?” La prudencia debe guiar las acciones humanas. Además, “la prudencia exige ordinariamente una determinación pronta, oportuna. Si a veces es prudente retrasar la decisión hasta que se completen todos los elementos de juicio, en otras ocasiones seria gran imprudencia no comenzar a poner por obra, cuanto antes, lo que vemos que se debe hacer; especialmente cuando está en juego el bien de los demás.” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 86).
5) Tener sólo miedo de perder la fe
Los Reyes Magos entregaron todo a Jesús porque: “El corazón del que ama ya no es suyo, lo dió al Amado” (S. Juan de la Cruz) El mundo no consideraría eso “prudente". Nos dice S. Juan Crisóstomo: “Veamos cuál es la prudencia que exige el Señor. Como serpientes -dice-. Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionando su cuerpo, con tal de conservar la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo todo, tu dinero, tu cuerpo y aun la misma vida, con tal que conserves la fe.“ “Prudencia es el amor que sabe distinguir bien entre lo que es ventajoso en su camino hacia Dios y lo que puede ser un obstáculo.” (S. Agustín) ¿No hicieron esto los Reyes Magos al no volver a Herodes?“Cuando los hipócritas planteen a vuestro alrededor la duda de si el Señor tiene derecho a pediros tanto, no os dejéis engañar. Al contrario, os pondréis en presencia de Dios sin condiciones, dóciles, como la arcilla en manos del alfarero, y le confesaréis rendidamente: Deus meus et omnia!, Tú eres mi Dios y mi todo.” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios,167).
Canción “El Alfarero” por Manuel López
“Señor mío Jesucristo, yo te entrego mi entera libertad, mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad. Tú me has dado todo lo que tengo y todo lo que amo y yo lo pongo todo a disposición de tu voluntad. Tu gracia y tu amor son toda la riqueza para mí. Concédemelos, Señor, pues nada más deseo.” (Oración que solía rezar S. Ignacio de Loyola)
Fuente de citas sobre la prudencia: Antología de Textos para hacer oración y para la meditación por Francisco Fernández Carvajal
Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Qué otros ejemplos hay en la Biblia o en la vida de los santos de cómo se debe vivir la prudencia cristiana?
Mañana: San Severino - “cayendo de rodillas lo adoraron” (Mt. 2, 11)