
ZENIT
El mundo visto desde Roma
Servicio diario - 08 de enero de 2009
SANTA SEDE
El Papa pide redoblar los esfuerzos contra la pobreza para asegurar la paz
Benedicto XVI: las persecuciones contra los cristianos, “signo de pobreza moral”
El Papa condena el “uso de las armas” en el conflicto palestino-israelí
El pontífice se hace portavoz de los emigrantes latinoamericanos
Son ya 177 países los que mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede
Monseñor Carlos Osoro, arzobispo de Valencia
Benedicto XVI celebra los 40 años del Camino Neocatecumenal en Roma
MUNDO
México: Encuentro sin precedentes del cardenal Bertone con el mundo cultural
Los Sabios de Oriente adoraron al Niño Dios en San Salvador
18 de enero, jornada de oración por la paz en Tierra Santa
ENTREVISTAS
La “Humanae Vitae”: una profecía científica
DOCUMENTACIÓN
El estado del planeta en 2009, según Benedicto XVI
ANUNCIOS
DVD: "Juan Pablo II, el Papa que hizo la historia" - Estuche de cinco DVDs
Santa Sede
El Papa pide redoblar los esfuerzos contra la pobreza para asegurar la paz
“Hoy más que nunca está en juego el destino de nuestro planeta y sus habitantes”
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI insistió este jueves, en su tradicional discurso anual al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, en la necesidad de luchar contra la pobreza para garantizar la paz en el mundo, y afirmó que para construir la paz "es necesario volver a dar esperanza a los pobres".
El Papa hizo balance de la situación internacional, especialmente de los conflictos existentes en el mundo, de la guerra y de la actividad terrorista, y constató que "no obstante los muchos esfuerzos realizados, la tan deseada paz todavía está lejana".
Sin embargo, añadió, "no hay que desanimarse ni atenuar el compromiso a favor de una auténtica cultura de paz, sino, por el contrario, redoblar los esfuerzos a favor de la seguridad y el desarrollo".
Dedicó una especial atención a la actual crisis económica y sus consecuencias especialmente para los países subdesarrollados.
En su discurso, el obispo de Roma quiso dirigir la mirada "hacia los muy numerosos pobres de nuestro planeta", especialmente en el actual contexto de crisis económica.
En línea con su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, recordó que para asegurar la paz en el mundo es necesario "combatir la pobreza".
También advirtió que es "urgente adoptar una estrategia eficaz para combatir el hambre y favorecer el desarrollo agrícola local, más aún cuando el porcentaje de pobres aumenta incluso en los países ricos".
En este sentido, aunque valoró positivamente los acuerdos sobre desarrollo alcanzados en la Conferencia de Doha, el Papa advirtió que "para resanar la economía, es necesario crear una nueva confianza" que "sólo se podrá alcanzar a través de una ética fundada en la dignidad innata de la persona humana".
"Sé bien que esto es exigente, pero no es una utopía", recalcó.
Hoy más que nunca, añadió el Santo Padre, "nuestro porvenir está en juego, al igual que el destino de nuestro planeta y sus habitantes, en primer lugar de las generaciones jóvenes que heredan un sistema económico y un tejido social duramente cuestionado".
Jóvenes, niños, ancianos e inmigrantes
Otro de los puntos en los que el Papa se detuvo fue en la importancia de las nuevas generaciones, especialmente los niños y los jóvenes, recordando también su encuentro de la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney.
El Papa expresó su convencimiento de que para "combatir la pobreza, debemos invertir ante todo en la juventud, educándola en un ideal de auténtica fraternidad".
Este ideal, recordó, está expresado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
"Mi discurso en la Sede de la Organización de las Naciones Unidas se sitúa en este contexto: sesenta años después de la adopción de la Declaración universal de los derechos humanos, quise poner de relieve que este documento se basa en la dignidad de la persona humana, y ésta a su vez en la naturaleza común a todos que trasciende las diversas culturas", afirmó.
Este reconocimiento de la dignidad de la persona debe llevar a "construir nuestra existencia y las relaciones entre los pueblos sobre unas bases de respeto y de fraternidad auténticas, conscientes de que esta fraternidad presupone un Padre común a todos los hombres, el Dios Creador".
Por otro lado, al detenerse en la situación de África, el Papa afirmó que la infancia "ha de ser objeto de una atención del todo particular: veinte años después de la adopción de la Convención sobre los derechos de los niños, éstos siguen siendo muy vulnerables".
En especial, el Papa recordó que "muchos niños viven el drama de los refugiados y los desplazados en Somalia, en Darfur y en la República democrática del Congo. Se trata de flujos migratorios que afectan a millones de personas que tienen necesidad de ayuda humanitaria y que ante todo están privadas de sus derechos elementales y heridas en su dignidad".
También recordó a los niños no nacidos, a quienes definió como "los seres humanos más pobres", así como a los ancianos y los enfermos.
Al hablar sobre América Latina, el Papa habló sobre los inmigrantes, y pidió que las legislaciones "tengan en cuenta las necesidades de los que emigran facilitando el reagrupamiento familiar y conciliando las legítimas exigencias de seguridad con las del respeto inviolable de la persona".
El desarme es necesario
El Papa aludió también en su discurso a la cuestión del desarme, y mostró la preocupación de la Santa Sede por "los síntomas de crisis que se perciben en el campo del desarme y de la no proliferación nuclear".
"La Santa Sede no cesa de recordar que no se puede construir la paz cuando los gastos militares sustraen enormes recursos humanos y materiales a los proyectos de desarrollo, especialmente de los países más pobres", afirmó el Papa.
En este sentido, recordó que la Santa Sede "ha procurado estar entre los primeros en firmar y ratificar la "Convención sobre las bombas de racimo", documento que tiene también el propósito de reforzar el derecho internacional humanitario".
"La pobreza se combate si la humanidad se vuelve más fraterna compartiendo los valores y las ideas, fundados en la dignidad de la persona, en la libertad vinculada a la responsabilidad, en el reconocimiento efectivo del puesto de Dios en la vida del hombre", concluyó.
Por Inma Álvarez
Benedicto XVI: las persecuciones contra los cristianos, “signo de pobreza moral”
“Las religiones pueden contribuir a luchar contra la pobreza, advierte
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI lamentó este jueves, en su discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, las persecuciones que han sufrido miles de cristianos, especialmente en la India e Irak durante el año acaba de terminar.
Ante los embajadores reunidos en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano, el Papa dedicó un amplio pasaje de su intervención a la libertad religiosa, dentro del tema principal de su intervención, la pobreza y la paz.
"Las discriminaciones y los graves ataques de los que han sido víctimas, el año pasado, millares de cristianos, muestran cómo la que socava la paz no es sólo la pobreza material, sino también la pobreza moral. De hecho, es en la pobreza moral, donde dichas atrocidades hunden sus raíces", afirmó el Papa.
Pero advirtió también que en Occidente "se cultivan prejuicios u hostilidades contra los cristianos, simplemente porque, en ciertas cuestiones, su voz perturba".
Ante los representantes de las distintas naciones, el Santo Padre afirmó que "el cristianismo es una religión de libertad y de paz y está al servicio del auténtico bien de la humanidad", y que las religiones "pueden dar una valiosa contribución a la lucha contra la pobreza y a la construcción de la paz".
"Renuevo el testimonio de mi afecto paternal a nuestros hermanos y hermanas víctimas de la violencia, especialmente en Iraq y en la India", aseguró. El 13 de marzo apareció el cuerpo si vida del arzobispo caldeo de Mosul, en Irak, monseñor Paulos Faraj Rahho, de 65 años, quien días antes había sido secuestrado.
En 2008, en la India, en particular en el Estado de Orissa, según datos de la Conferencia Episcopal de ese país, la violencia de radicales hindúes contra los cristianos ha provocado 81 muertos, más de 40.00 desplazados del distrito de Kandhamal, 4.677 casas destrozadas, 236 iglesias y 36 conventos destruidos o seriamente dañados; cinco sacerdotes católicos heridos, así como la violación y el escarnio público de una religiosa.
El pontífice mostró su cercanía a las víctimas y les conminó a "no perder el ánimo" ante estas pruebas, y a no dejar de "proclamar el Evangelio desde las azoteas".
"El testimonio del Evangelio es siempre un 'signo de contradicción' con respecto al 'espíritu del mundo'. Si las tribulaciones son duras, la constante presencia de Cristo es un consuelo eficaz", afirmó.
Por otro lado, pidió a los gobiernos de las naciones donde ha habido persecuciones cruentas contra los cristianos que "las autoridades civiles y políticas se dediquen con energía a poner fin a la intolerancia y a las vejaciones contra los cristianos, que intervengan para reparar los daños causados, en particular en los lugares de culto y en las propiedades; que alienten por todos los medios el justo respeto hacia todas las religiones, proscribiendo todas las formas de odio y de desprecio".
Libertad religiosa
En su discurso, el obispo de Roma aludió en varias ocasiones a la cuestión de la libertad religiosa, a la que dio gran importancia dentro de la búsqueda de la paz.
Refiriéndose en general a la situación de Asia, recordó que las comunidades cristianas que viven allí "a menudo son pequeñas desde el punto de vista numérico, pero desean ofrecer una contribución convencida y eficaz al bien común, a la estabilidad y al progreso de sus países".
El testimonio de estos cristianos expresa, explicó "la primacía de Dios, que establece una sana jerarquía de valores y otorga una libertad más fuerte que las injusticias. La reciente beatificación en Japón de ciento veinticuatro mártires lo ha puesto de relieve de forma elocuente".
El sucesor de Pedro recordó que la Iglesia "no pide privilegios, sino la aplicación del principio de libertad religiosa en toda su extensión", y pidió especialmente a los países asiáticos que "garanticen el pleno ejercicio de este derecho fundamental, en el respeto de las normas internacionales".
En otro momento, recordó sus viajes a Francia y a Estados Unidos, y con ellos la cuestión de la "sana laicidad".
"Una sociedad sanamente laica no ignora la dimensión espiritual y sus valores, porque la religión, y me pareció útil repetirlo durante mi viaje pastoral a Francia, no es un obstáculo, sino más bien al contrario un fundamento sólido para la construcción de una sociedad más justa y libre", advirtió.
El mundo mira a la Iglesia
Benedicto XVI, al recordar sus recientes viajes, constató que pudo "percibir las expectativas de muchos sectores de la sociedad con respecto a la Iglesia católica".
"En esta fase delicada de la historia de la humanidad, marcada por incertidumbres e interrogantes, muchos esperan que la Iglesia ejerza con decisión y claridad su misión evangelizadora y su obra de promoción humana", afirmó.
Por Inma Álvarez
El Papa condena el “uso de las armas” en el conflicto palestino-israelí
Pide “que se relancen las conversaciones de paz” y condena “toda violencia”
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI condenó este jueves el uso de la violencia en el conflicto palestino-israelí, durante su tradicional discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, que tiene lugar a principios de cada año en el Vaticano.
Repasó uno a uno los conflictos existentes actualmente en los cinco continentes, y dedicó especial atención al que en estos momentos afecta a Oriente Medio, donde, afirmó, "en estos días, asistimos a un recrudecimiento de la violencia que ha provocado daños y sufrimientos inmensos entre las poblaciones civiles".
"Una vez más, quisiera señalar que la opción militar no es una solución y la violencia, venga de donde venga y bajo cualquier forma que adopte, ha de ser firmemente condenada", advirtió.
El pontífice pidió la ayuda de la comunidad internacional para que se restablezca la tregua en la franja de Gaza, " indispensable para volver aceptables las condiciones de vida de la población", y también para buscar una solución negociada al conflicto, "renunciando al odio, a la provocación y al uso de las armas".
"A ella no se podrá llegar sin adoptar un acercamiento global a los problemas de estos países, en el respecto de las aspiraciones y de los legítimos intereses de todas las poblaciones involucradas", añadió.
Mostró también su confianza de que de las próximas citas electorales en la zona "surjan dirigentes capaces de hacer progresar con determinación este proceso para guiar a sus pueblos hacia la ardua pero indispensable reconciliación".
El Papa expresó por otro lado su confianza en una mejora de las relaciones entre Israel, Siria y el Líbano, así como una salida negociada en el conflicto entre Irán y la comunidad internacional a causa de su programa nuclear.
También se dirigió a los iraquíes, que próximamente se verán libres de la presencia militar extranjera, y les pidió que sepan "pasar página" y "mirar al futuro con el fin de construirlo sin discriminaciones de raza, de etnia o religión".
Otros conflictos
Respecto a otros países de Asia, el obispo de Roma expresó su satisfacción por los atisbos de solución de algunos conflictos, como "la reanudación de nuevas negociaciones de paz en Mindanao, en Filipinas, y en el nuevo curso que están tomando las relaciones entre Pekín y Taipei".
Sin embargo, añadió, "en ciertos países perdura la violencia y que en otros la situación política permanece tensa", y auguró "una solución definitiva del conflicto en Sri Lanka".
En África, el pontífice aludió a la dramática situación de miles de refugiados en Somalia, en Darfur y en la República Democrática del Congo, así como la "crítica" situación de Zimbabwe. También mostró su contento por los acuerdos de paz alcanzados en Burundi y confió en que "se conviertan en fuente de inspiración para otros países, que no han encontrado todavía la vía de la reconciliación".
Respecto a Europa, el Papa se refirió al conflicto del Cáucaso, y afirmó que "los conflictos que atañen a los Estados de la región no pueden resolverse por la vía de las armas".
Citando expresamente a Georgia, el Papa pidió que "sean respetados todos los compromisos suscritos en el Acuerdo de cese el fuego del pasado mes de agosto, concluido gracias a los esfuerzos diplomáticos de la Unión Europea, y que el regreso de los desplazados de sus hogares sea posible cuanto antes".
En cuanto a la situación en los Balcanes, el Papa auguró "un futuro de reconciliación y de paz entre las poblaciones de Serbia y Kosovo, en el respeto de las minorías y sin olvidar la preservación del preciado patrimonio artístico y cultural cristiano, que constituye una riqueza para toda la humanidad".
Terminó su repaso de Europa aludiendo al conflicto chipriota, saludó la reanudación de las negociaciones "con vistas a la justa solución de los problemas vinculados a la división de la Isla".
Se detuvo también en América Latina, donde alabó "el compromiso prioritario de ciertos gobiernos para restablecer la legalidad y emprender una lucha sin cuartel contra el tráfico de estupefacientes y la corrupción".
"La Iglesia acompaña desde hace cinco siglos a los pueblos de América Latina, compartiendo sus esperanzas y sus preocupaciones. Sus Pastores saben que, para promover el progreso auténtico de la sociedad, su quehacer propio es iluminar las conciencias y formar laicos capaces de intervenir con ardor en las realidades temporales, poniéndose al servicio del bien común", concluyó.
Por Inma Álvarez
El pontífice se hace portavoz de los emigrantes latinoamericanos
Pide que se facilite su reagrupamiento familiar
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI se ha hecho portavoz de los derechos de los emigrantes latinoamericanos, en el discurso que pronunció este jueves a los embajadores acreditados ante la Santa Sede.
El pontífice dedicó un pasaje de su intervención, pronunciada en francés, a América Latina, y a los desafíos políticos, sociales y religiosos que afronta en estos momentos.
"Allí también, los pueblos aspiran a vivir en paz, libres de la pobreza y ejerciendo libremente sus derechos fundamentales", comenzó constatando el obispo de Roma.
En este contexto, pidió que "las legislaciones tengan en cuenta las necesidades de los que emigran facilitando el reagrupamiento familiar y conciliando las legítimas exigencias de seguridad con las del respeto inviolable de la persona".
El sucesor de Pedro alabó también "el compromiso prioritario de ciertos gobiernos para restablecer la legalidad y emprender una lucha sin cuartel contra el tráfico de estupefacientes y la corrupción".
Recordó asimismo el trigésimo aniversario del comienzo de la mediación pontificia sobre el diferendo entre Argentina y Chile, relativo a la zona austral, y se alegró al constatar que "los dos países hayan sellado de alguna manera su voluntad de paz erigiendo un monumento a mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II".
Por otra parte, deseó "que la reciente firma del acuerdo entre la Santa Sede y Brasil facilite el libre ejercicio de la misión evangelizadora de la Iglesia y refuerce todavía más su colaboración con las instituciones civiles para el desarrollo integral de la persona".
Según explicó Benedicto XVI, "la Iglesia acompaña desde hace cinco siglos a los pueblos de América Latina, compartiendo sus esperanzas y sus preocupaciones".
"Sus pastores saben que, para promover el progreso auténtico de la sociedad, su quehacer propio es iluminar las conciencias y formar laicos capaces de intervenir con ardor en las realidades temporales, poniéndose al servicio del bien común", concluyó al hacer este análisis de la actualidad latinoamericana.
Son ya 177 países los que mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede
El último en hacerlo fue la República de Botswana el pasado noviembre
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2008 (ZENIT.org).- Con el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República de Botsuana, el pasado 4 de noviembre de 2008, son ya 177 estados de todo el mundo los que mantienen reconocimiento bilateral con la Santa Sede.
Así se recoge en un comunicado hecho público este jueves con motivo de la tradicional recepción del Papa al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, que se celebra siempre a primeros de enero de cada año, y en el que se resume la actividad diplomática llevada a cabo por el Vaticano en el último año.
La Santa Sede, recuerda el comunicado, mantiene también representantes ante las instituciones europeas, así como ante el Soberano Militar de la Orden de Malta, y dos misiones especiales que implican un cierto reconocimiento aunque no de forma plena: la Misión de la Federación Rusa, al frente de la cual hay un Embajador, y la oficina de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
El Vaticano está también representado en las instituciones de carácter mundial: como "Estado observador" ante la ONU, así como miembro de 7 organizaciones y agencias de las Naciones Unidas, observador de otras 8 y miembro u observador en 5 organizaciones de tipo regional.
Entre los países que no tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede se encuentran China, Corea del Norte, Vietnam y Arabia Saudí.
Acuerdos bilaterales
En el año 2008, la Santa Sede negoció tres acuerdos bilaterales con el principado de Andorra, con Brasil y con Francia, y ratificó el acuerdo firmado anteriormente con la República de Filipinas.
El acuerdo con el Principado de Andorra, ratificado el pasado 12 de diciembre, y el acuerdo con el Brasil, firmado el 13 de noviembre, tenían como objeto regular completamente la relación jurídica de la Iglesia católica en estos países y se referían a varios aspectos., mientras que el ratificado con Filipinas (29 de mayo) y el firmado con Francia (18 de diciembre) se referían a cuestiones concretas como los bienes culturales y la educación.
Monseñor Carlos Osoro, arzobispo de Valencia
El hasta ahora arzobispo de Oviedo sustituye al cardenal García Gasco
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- El papa Benedicto XVI ha nombrado al hasta ahora arzobispo de Oviedo, monseñor Carlos Osoro, de 63 años, nuevo arzobispo de Valencia, en sustitución del cardenal Agustín García-Gasco, según informa este jueves la Oficina de Información de la Santa Sede.
Igualmente, el cardenal ha sido designado por el Papa administrador apostólico de la archidiócesis de Valencia, hasta la toma de posesión de monseñor Osoro, que, de acuerdo con la Santa Sede y la Nunciatura Apostólica en España, tendrá lugar, previsiblemente, el próximo 18 de abril, sábado, según informa la agencia de la archidiócesis valenciana AVAN.
El ya arzobispo emérito de Valencia presentó el 12 de febrero de 2006 su renuncia al Papa al cumplir entonces los 75 años de edad, de acuerdo con lo establecido en el canon 401 párrafo 1 del Código de Derecho Canónico.
Monseñor Carlos Osoro
Monseñor Osoro nace el 16 de mayo de 1945 en Castañeda (Cantabria). Tras cursar estudios de magisterio, pedagogía, matemáticas y obtener también el título de instructor elemental de Educación Física, finaliza la carrera de magisterio y ejerce la docencia en Santander en el Colegio La Salle.
Ingresa en el Seminario para Vocaciones tardías "Colegio Mayor El Salvador" en Salamanca y, tras realizar los estudios eclesiásticos, es ordenado sacerdote en Santander el 29 de julio de 1973.
Su primer destino fue la parroquia de la Asunción de Torrelavega (Cantabria), formando parte del equipo sacerdotal, y trabajando preferentemente en el campo de la pastoral juvenil. Es profesor de Instituto, director de la "Casa de los muchachos".
Fue profesor de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado "Sagrados Corazones", dependiente de la Iglesia y adscrita a la Universidad de Cantabria.
En 1975 es nombrado Secretario General de Pastoral de la Diócesis, Delegado de Apostolado Seglar, Delegado Episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y Vicario General de Pastoral.
En 1976 se unifican la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y es nombrado vicario general de la diócesis de Santander, cargo en el que permanece hasta 1994.
En 1993 es nombrado Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander. En 1994 el Cabildo de la Catedral lo elige presidente. En el mismo año es nombrado rector del Seminario santanderino de Monte Corbán, donde inicia la reapertura del mismo y su consolidación, cargo en el que permaneció hasta 1997.
En 1996 es nombrado Director del centro Asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "San Agustín", dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas.
El papa Juan Pablo II le nombra obispo de Orense el 22 de febrero de 1997 y arzobispo de Oviedo el 7 de enero de 2002.
Es miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal para el trienio 2005-2008
Cardenal García-Gasco
El cardenal García-Gasco, nacido el 12 de febrero de 1931, fue nombrado arzobispo de Valencia por Juan Pablo II en 1992. En la Santa Sede es miembro del Pontificio Consejo para la Familia y de la Congregación del Culto Divino.
Organizó la acogida del V Encuentro Mundial de las Familias, que Benedicto XVI presidió en Valencia entre el 8 y 9 de julio de 2006, con la participación de más de un millón y medio de personas.
Fue creado cardenal por el Papa en noviembre de 2007.
El Ayuntamiento de Valencia le nombró Hijo Adoptivo de la Ciudad en octubre de 2008 y, el mismo mes, la Generalitat Valenciana le concedió la Gran Cruz de la Orden de Jaume I el Conqueridor.
Al hacerse la noticia de su nombramiento, monseñor Osoro ha enviado una carta a los fieles de la archidiócesis de Valencia que concluye con esta petición: "Pedid todos al Señor que con su gracia, sepa vivir entre vosotros los rasgos propios del Buen Pastor".
En particular, "caridad hasta el extremo, conocimiento de las personas que se me encarga, solicitud por todos, misericordia para con los más pobres, estar siempre disponible, cercano y en búsqueda de todos los hombres con la bondad del Buen Pastor".
Benedicto XVI celebra los 40 años del Camino Neocatecumenal en Roma
Este sábado en la basílica de San Pedro
ROMA, jueves, 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI celebrará en la basílica de San Pedro del Vaticano, el sábado 10 de enero, los cuarenta años del inicio del Camino Neocatecumenal en Roma.
Según informa un comunicado enviado a ZENIT por esta realidad eclesial, en el acto los iniciadores Kiko Argüello, Carmen Hernández, y el padre Mario Pezzi, presentarán al Papa la primera comunidad del Camino en la ciudad eterna, nacida en la parroquia de los Santos Mártires Canadienses, formada por 49 personas, con unos cien hijos.
Junto a ésta, explica la nota, ofrecerán al Papa "los frutos que el Espíritu Santo ha suscitado en estos años a través del Camino Neocatecumenal en beneficio de toda la Iglesia, sobre todo en vista de la Nueva Evangelización".
El Camino Neocatecumenal comenzó, en Italia, en 1968, "en un momento de gran crisis para la sociedad y, en particular, para el mundo católico", sigue recordando.
Kiko y Carmen, llegaron a Roma invitados por Don Dino Torreggiani, un presbítero de quién está en curso la causa de beatificación y que se ocupaba sobre todo de la pastoral de los marginados, de los gitanos y de los emigrantes.
Don Dino había visto en la experiencia de Kiko y Carmen en Madrid una respuesta a la necesidad de evangelizar a los alejados. "Después de haber hablado con algunos párrocos y de ser rechazados, Kiko se fue a vivir, al igual que hiciera en España, a una barraca en medio de los más pobres en el Barrio Latino", sigue explicando el comunicado emitido por el Camino.
El encuentro con un grupo de jóvenes que cantaban en una Misa en la parroquia de los Mártires Canadienses le llevó a iniciar las catequesis en aquella parroquia, donde el 2 de noviembre de 1968 nació la primera Comunidad Neocatecumenal de Italia.
"Así, mientras en Italia y en el mundo las manifestaciones y ocupaciones del movimiento estudiantil se sucedían sin tregua y el marxismo parecía casi una verdad absoluta demostrada en la historia, un pequeño germen que no anunciaba la violencia revolucionaria sino el amor al enemigo se introducía, en silencio y, providencialmente, en la misma Roma".
"Desde Roma --la diócesis donde el Camino Neocatecumenal está más difundido en el mundo-- el Camino Neocatecumenal se ha extendido por toda Italia donde hoy hay 5000 comunidades, con un total de cerca de 200.000 personas, sin contar los hijos, que como se sabe, en la comunidad, son muy numerosos".
Desde Roma después han salido también muchos de los equipos itinerantes, que en pocos años han llevado el camino a 120 países en 5 continentes, formando 20.000 comunidades en más de 5.500 parroquias.
Todo esto se ha podido realizar gracias y sobre todo al apoyo primero del Papa Pablo IV, después de Juan Pablo II y más recientemente de Benedicto XVI.
En la primera audiencia en 1974, el Papa Pablo VI saludó a las comunidades neocatecumenales con estas palabras: "¡Estos son los frutos del Concilio! Y esto es algo que nos consuela enormemente. Vosotros hacéis después del Bautismo lo que la Iglesia hacia antes: el antes o el después es lo secundario, el hecho es que vosotros miráis la autenticidad, la plenitud, la coherencia, la sinceridad de la vida cristiana. Y esto es un mérito muy grande, que nos consuela enormemente...".
Juan Pablo II visitando las parroquias de Roma, y hablando con los párrocos y vicarios parroquiales, tuvo la oportunidad de conocer a fondo los frutos del Camino Neocatecumenal, sobre todo de tanta gente alejada de la fe que, gracias a este camino, estaba volviendo a la Iglesia y en la carta Ogniqualvolta de 1990 reconocía el Camino como "un itinerario de formación católica valido para la sociedad y para los tiempos de hoy".
"Recientemente Benedicto XVI - que había conocido el Camino cuando era profesor en Tubinga a través de algunos estudiantes y, favorablemente impresionado, había ayudado a introducir esta experiencia en Alemania - ha guiado el proceso que ha llevado recientemente a la aprobación definitiva de los Estatutos", explica el Camino.
"Ya cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Ratzinger examinó a fondo los contenidos teológicos de las Catequesis Kerigmáticas, así como algunos pasos del Neocatecumanado, y en el 2003 comunicó la aprobación definitiva al Consejo Pontificio de los Laicos".
En junio de 2008 los Estatutos recibieron su aprobación definitiva y el Camino ha sido reconocido como "una modalidad de realización diocesana de la iniciación cristiana y de la educación permanente de la fe", ("Estatuto del Camino Neocatecumenal, art.1).
En el encuentro se le presentarán al Santo Padre las 14 Comunidades de Roma (cada una formada por 30-60 personas) que han terminado la etapa Neocatecumanal y que, de acuerdo con los párrocos y con cardenal Agostino Vallini, vicario del Papa para la diócesis, están preparadas para partir como "communitates in missionem" (comunidades en misóin) a las zonas más difíciles y secularizadas de la periferia de Roma, en ayuda de los párrocos.
"Es la primera vez en la historia de la Iglesia que salen en misión no individuos o familias, sino comunidades enteras que han hecho juntas un largo camino de fe. En la Iglesia primitiva el cristianismo no se conocía a través de un templo o de unos ritos, sino a través de una comunidad concreta que daba el signo de la unidad", indica.
Se presentarán también al Papa catorce "missio ad gentes", a requerimientos de diversos obispos para inaugurar la nueva evangelización en zonas secularizadas de grandes ciudades --como Colonia, Budapest, Viena, Estocolmo, Nueva York... o en zonas marginales-- como entre los aborígenes australianos o Las Antillas.
Siete misiones estarán destinadas a Europa, dos a América, tres a Oceanía y tres a India. Cada "missio" está compuesta por un presbítero, cuatro familias con muchos hijos y dos hermanas que ayudan a las familias, en total 40-50 personas.
Estas catorce "missio" se añaden a las primeras siete enviadas por el Papa en enero de 2006 y que llevan dos años en misión en Chemnitz, (antigua Karlmarxstadt), en la periferia de Amsterdam y en la zona meridional de Francia.
Las 212 nuevas familias que con sus hijos (cerca de mil) serán enviadas, por todo el mundo, para sostener la Implantatio Ecclesiae a petición de los obispos y que se añaden a las otras 500 familias con 2.500 hijos que ya están en misión desde hace años.
Esta experiencia la inauguró Juan Pablo II cuando voló en helicóptero al Centro Neocatecumenal de Porto San Giorgio (Italia) y, al final de una intensa celebración eucarística envió las primeras 100 familias en misión por todo el mundo.
El Papa saludará también a 700 itinerantes que, partiendo de Roma y de Madrid han abierto el Camino Neocatecumenal en 120 países en cinco continentes.
Se le presentarán al Santo Padre, además, 18.000 hermanos de las 500 comunidades de Roma, presentes en 103 parroquias, con sus párrocos y presbíteros
Después de una breve presentación y del canto del Evangelio sobre el envío de los 72 discípulos, el Santo Padre dirigirá su palabra a la asamblea.
Los 14 responsables de las "Communitates in missionem" recibirán entonces la cruz de la misión del Santo Padre, que hará una oración de envío recordando la experiencia de la Iglesia de los orígenes, "la cual enviaba algunos de sus hijos no sólo a confirmar en la fe a los propios hermanos, sino a anunciar con franqueza apostólica el Evangelio a los pueblos que aún no conocían a Cristo" e invocando la ayuda del Señor a fin de que mande "operarios, para que sea anunciado el Evangelio a todo criatura".
La celebración terminará con el solemne canto del Te Deum y la bendición apostólica. Se prevé la participación de unas 25.000 personas.
Mundo
México: Encuentro sin precedentes del cardenal Bertone con el mundo cultural
El país vive un incipiente movimiento a favor de la reconstrucción de la fe y la razón
QUERÉTARO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org-El Observador).- El próximo 19 de enero, en la sede histórica del Teatro de la República de Querétaro, lugar donde se firmó, en 1917, la Constitución que actualmente rige la vida institucional de la República, se llevará a cabo un encuentro entre el secretario de Estado de Benedicto XVI, el cardenal Tarcisio Bertone, con el mundo de la educación y la cultura de México.
El encuentro --sin precedente en la historia moderna del país-- es organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), encabezada por el obispo de Texcoco, monseñor Carlos Aguiar Retes; la diócesis de Querétaro, cuyo obispo es monseñor Mario de Gasperín Gasperín, y el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV), asentado en Querétaro y a cuyo frente está el doctor en filosofía Rodrigo Guerra López.
Si bien México es el segundo país del mundo con el mayor número de católicos del mundo, en su historia y Constitución han tenido gran influencia grupos orientados por el laicismo militante.
Este acontecimiento eminentemente religioso y cultural llevará por título " La realización de la razón en el horizonte de la fe" y tendrá como objetivo principal "colaborar a impulsar un nuevo protagonismo público de los católicos comprometidos con la vida académica y cultural en México a través de la presencia y palabra del cardenal Tarcisio Bertone", según lo han dicho a ZENIT-El Observador los organizadores.
Se trata, dice en un comunicado el comité organizador, de propiciar "el surgimiento de una nueva generación de universitarios, investigadores y científicos que de una manera no vergonzante y en comunión con la Iglesia desean que su razón se deje interpelar por su fe".
En palabras del director general del CISAV, Rodrigo Guerra López, "hay que reconocer que se presenta en México un incipiente movimiento a favor de la reconstrucción de la fe y la razón, la fe y la ciencia, la fe y la cultura; este incipiente movimiento no responde a ninguna estrategia pastoral o académica, sino a una suerte de despertar providencial de algunas personas distribuidas en diversas instituciones públicas y privadas de México".
"Dentro de este despertar --continúa diciendo el director del CISAV-- hay que tomar en cuenta tres realidades que colaboran sinérgicamente bajo distintas perspectivas: el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc), el propio CISAV y la Red Académica Fides et Ratio, que tuvieron una importante participación --por citar un ejemplo-- en el pasado debate sobre el aborto en México".
"Con el encuentro con el cardenal Bertone, se trata --dice Guerra López-- de estimular el trabajo de estas realidades laicales y, al mismo tiempo, de dar vida a nuevos sujetos que permitan estimular un renovado protagonismo cultural (católico) en México".
Los invitados serían --principalmente-- profesores universitarios, investigadores, directivos de colegios católicos, escritores, editores, rectores de las universidades católicas y de inspiración cristiana, directores de organizaciones que promuevan la doctrina social cristiana, la bioética personalista.
Así mismo estarán presentes actores políticos, sociales y económicos comprometidos con el desarrollo de una cultura cristiana propositiva tanto como obispos y superiores religiosos interesados en la promoción de cultura y educación.
El cardenal Bertone visitará México como legado del Papa en el VI Encuentro Mundial de las Familias, que se celebrará entre el 14 y el 18 de enero en la capital mexicana.
Por Jaime Septién
Los Sabios de Oriente adoraron al Niño Dios en San Salvador
Fiesta de Reyes con 900 miembros de las comunidades neocatecumenales
SAN SALVADOR, jueves, 8 enero 2008 (ZENIT.org).- Unos 900 miembros de las comunidades neocatecumenales de la parroquia María Auxiliadora de San Salvador aguardaron durante una hora y media la llegada de sus majestades Melchor, Gaspar y Baltasar, el 4 de enero pasado, en el salón Rossi de dicha parroquia.
Desde las 5 de la tarde --informa a ZENIT Lilian Angélica Martínez desde El Salvador--, padres de familia junto con sus hijos, abuelos y nietos --niños, adolescentes y jóvenes--, ocuparon las 550 sillas colocadas para los asistentes.
Quienes llegaron los últimos llenaron los pasillos laterales, mientras que unos 50 niños se sentaron en el suelo frente al escenario donde se colocarían los tronos de los Reyes Magos.
Alrededor de las 6,20 p.m, la ceremonia de bienvenida a los Reyes se inició con el inoportuno ingreso del rey Herodes y sus sirvientes. El rey judío pidió a los niños que le rindieran tributo a cambio de comida y regalos, pero tuvo por respuesta chiflidos y un apabullante "¡no!" que lo obligó a irse.
La inquieta espera terminó cuando los niños salieron del salón Rossi hacia la calle y un grupo de colaboradores lanzó fuegos artificiales hacia el cielo de San Salvador.
Entonces la comitiva de los Sabios de Oriente recorrió con paso solemne la 23 calle poniente, entre la primera y la quinta avenida norte, flanqueada una valla formada por 400 niños y decenas de adultos que recién salían de la misa de 6 de la tarde oficiada en el templo.
La comitiva estaba encabezada por el heraldo de los reyes, que pidió se les recibiera como a los "visitantes distinguidos" que son.
Entre danzas orientales interpretadas por varias niñas, el primer rey que desfiló solemnemente fue Melchor. El siguiente en alegrar a la bulliciosa audiencia fue Baltasar, que la tradición ha querido de color negro. Luego llegó Gaspar, acompañado, como sus compañeros de viaje, por su séquito que portaba antorchas a la usanza oriental.
El salón estaba decorado con seis ángeles luminosos colgados a los costados, palmeras tropicales y banderas color oro y escarlata en cada una de sus 16 columnas.
Los magos, sin voltear la vista a derecha ni izquierda, siguieron su camino y no se detuvieron hasta estar frente al pesebre donde María, José y el niño Jesús pasaban la noche. Una vez ahí, sus majestades, con humildad y evidente alegría, se inclinaron y adoraron al Niño Dios.
Sólo después de ese gesto, los magos aceptaron tomar asiento para saludar a los niños y niñas de la comunidades neocatecumenales a través de su heraldo.
Este personaje agradeció el recibimiento dado a sus majestades y comunicó algunas condiciones que ellos ponen a los niños para visitarlos el próximo año. Entre estas, que asistan y participen dignamente en la eucaristía cada sábado y que animen a sus padres a rezar laudes en familia todos los domingos.
Finalmente, sus majestades entregaron regalos a 18 niños y niñas que resultaron ganadores en el concurso de dibujo alusivo a la Navidad en el que participaron unos 130 infantes. Además, entregaron un obsequio al cura párroco de María Auxiliadora, el salesiano Miguel Giorgio.
Sus majestades visitan esta parroquia desde hace 22 años, a solicitud de las comunidades del Camino Neocatecumenal. Así como cada una de las 40 parroquias donde este camino de iniciación cristiana tiene presencia en El Salvador.
Al iniciar el Adviento, los infantes son invitados a escribir una carta a sus majestades en la que, además de indicar qué les gustaría recibir como regalo, cuentan cómo se han portado durante el año y les "informan" si han asistido a la eucaristía semanal, a las convivencia mensual y si han rezado laudes los domingos junto a sus padres y hermanos.
Adaptado por Nieves San Martín
18 de enero, jornada de oración por la paz en Tierra Santa
Convocada por la Acción Católica
ROMA, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- La Acción Católica del mundo se une a la oración de los cristianos de Tierra Santa para implorar el final del conflicto en la franja de Gaza.
En respuesta a los llamamientos de Benedicto XVI, la presidencia de la Acción Católica Italiana, ha invitado a todas las asociaciones diocesanas y parroquiales a unirse en una jornada de oración por la paz que tendrá lugar el 18 de enero.
Ese día, además, comenzará la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, motivo por el cual se propone dar a la iniciativa un carácter ecuménico.
"Nuestro compromiso --ha explicado el presidente nacional de la Acción Católica, Franco Miano-- es el de educar a los jóvenes en la paz, basándonos precisamente en el mensaje de Benedicto XVI, un compromiso por un estilo de vida nuevo, más sobrio y solidario para combatir el odio y la pobreza".
"La exigencia de una paz inmediata y de un alto al fuego por parte de israelíes y palestinos es un imperativo, no podemos quedarnos con los brazos cruzados ante el asesinato de vidas humanas, y el problema no será resuelto con las armas", ha explicado Miano.
"Los llamamientos lanzados por Benedicto XVI no pueden quedar olvidados, sino que deben llevar a una reflexión en el mundo entero", concluye el representante de la Acción Católica.
La Acción Católica es una asociación pública de fieles que tiene su origen en el mismo seno de la Iglesia católica. Fundada por el Papa Pío XI en 1922, no asume como propio uno u otro campo de apostolado particular, sino que se integra en las estructuras mismas de la Iglesia para colaborar en el anuncio del Evangelio a todos los hombres y ambientes. Está presente en los cinco continentes.
Entrevistas
La “Humanae Vitae”: una profecía científica
El presidente de los médicos católicos denuncia los peligros de la píldora contraceptiva
ROMA, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- A pesar de haber sido publicada hace cuarenta años, la encíclica Humanae vitae suscita aún un fuerte debate. Para algunos, incluso dentro de la Iglesia católica, se trata de un texto inadecuado a los tiempos e insuficiente en las respuestas, mientras que otros sostienen que se trata de una encíclica "profética".
Para estos últimos, el papa Pablo VI hizo bien en poner en guardia contra el uso de contraceptivos, ya que estos son peligrosos para la salud de la mujer y para la relación dentro de la pareja.
En este contexto, el doctor español José María Simón Castellví, Presidente de la Federación Internacional de las Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC), anunció el pasado 4 de enero en las páginas de L'Osservatore Romano la publicación por parte de la FIAMC de un documento con el título "40 años después de la Encíclica Humanae vitae desde el punto de vista médico", en el que se ilustran todos los problemas relativos a la salud de la mujer, a la contaminación ambiental y al debilitamiento y banalización de las relaciones de pareja, que la píldora contraceptiva ha provocado.
Sobre esta cuestión, el doctor Simón Castellví concedió esta entrevista a ZENIT.
--Los críticos de la Humanae vitae sostienen que los contraceptivos han traído la emancipación femenina, progreso, salud médica y ambiental. Pero según el informe de la FIAMC esto no es cierto. ¿Puede explicarnos por qué?
--Simón Castellví: Los contraceptivos no son un verdadero progreso ni para las mujeres ni para el planeta. Comprendo y soy solidario con las mujeres que han dado la vida a muchos hijos, pero la solución no está en la contracepción, sino en la regulación natural d ella fertilidad. Esta respeta a los hombres y a las mujeres. El estudio que presentamos es científico y nos dice que la píldora es contaminante y en muchos casos anti-implantatoria, es decir, abortiva.
--El estudio sostiene de hecho que la píldora denominada anovulatoria, la más utilizada, que tiene como base dosis de hormonas estrógenas y progestágenos , funciona en muchos casos con un verdadero efecto anti-implantatorio. ¿Es verdad?
--Simón Castellví: Es cierto. Actualmente la píldora contraceptiva denominada anovulatoria funciona en muchos casos con un verdadero efecto anti-implantatorio, es decir abortivo, porque expele a un pequeño embrión humano. Y el embrión, incluso en sus primeros días, es algo distintos de un óvulo o célula germinal femenina. Sin esa expulsión el embrión llegaría a ser un niño o niña.
El efecto anti-implantatorio de estas píldoras está reconocido en la literatura científica. Los investigadores lo conocen, está presente en los prospectos de los productos farmacéuticos dirigidos a evitar un embarazo, pero la información no llega al gran público.
--El estudio en cuestión sostiene que la gran cantidad de hormonas en el ambiente tiene un efecto grave de contaminación medioambiental que influye en la infertilidad masculina. ¿Nos explica por qué?
--Simón Castellví: Las hormonas tienen un efecto nocivo sobre el hígado, y después se dispersan en el ambiente, contaminándolo. Durante años de utilización de las píldoras cntraceptivas se han vertido toneladas de hormonas al ambiente. Diversos estudios científicos indican que esto podría se r uno de los motivos del aumento de la infertilidad masculina. Pedimos que se hagan investigaciones más precisas sobre los efectos contaminantes de estas hormonas.
--El estudio elaborado por la FIAMC retoma las preocupaciones expresadas el 29 de julio de 2005 por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (International Agency for Research on Cancer), la agencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la cual los preparados orales de combinados de estrógenos y progestágenos pueden tener efectos cancerígenos. ¿Podría ilustrarnos la gravedad de estas implicaciones?
--Simón Castellví: Es grave que se esté distribuyendo un producto no indispensable para la salud y que podría ser cancerígeno. Esta no es una opinión de los médicos católicos sino de la Agencia de la OMS que lucha contra la difusión del cáncer. Nosotros sólo hemos citado sus preocupaciones al respecto.
--Usted y la asociación que usted representa sostienen que la Humanae vitae fue profética al proponer los métodos naturales de regulación de la fertilidad. ¿Puede explicarnos por qué?
--Simón Castellví: El papa Pablo VI fue profético también desde el punto de vista científico. Con esa encíclica puso en guardia sobre los peligros de la píldora contraceptiva como el cáncer, la infertilidad, la violación de los derechos humanos, etc. El papa tenía razón y muchos no quisieron verlo. Si se trata de regular la fertilidad, son mucho mejores los métodos naturales, que son eficaces y respetan la naturaleza de la persona.
--En un artículo publicado por L'Osservatore Romano ("L'Humanae vitae. Una profezia scientifica", 4 de enero de 2009) usted sostiene que los métodos contraceptivos violan los derechos humanos. ¿Puede precisarnos por qué?
--Simón Castellví: En el sexagésimo aniversario de la Declaración de los Derechos del Hombre se puede demostrar que los medios contraceptivos violan al menos cinco importantes derechos:
El derecho a la vida, porque en muchos casos se trata de píldoras abortivas, y cada vez se elimina a un pequeño embrión.
El derecho a la salud, porque la píldora contraceptiva no sirve para curar y tiene efectos secundarios importantes sobre la salud de quien la utiliza.
El derecho a la información, porque nadie informa sobre los efectos reales de la píldora. En particular, no se advierte de los riesgos para la salud y la contaminación ambiental.
El derecho a la educación, porque pocos explican cómo se practican los métodos naturales.
El derecho a la igualdad entre los sexos, porque el peso y los problemas de las prácticas contraceptivas recaen casi siempre sobre la mujer.
--La Humanae vitae sostiene que los contraceptivos influyen negativamente en la relación de pareja, separando el acto del amor de la procreación. ¿Puede explicarnos, como hombre de ciencia, esta afirmación?
--Simón Castellví: La relación entre los esposos debe ser de total confianza y amor. Excluir con medios impropios la posibilidad de la procreación, enturbia la relación de pareja. El donarse el uno al otro debería ser total y enriquecerse por la capacidad de la transmisión de la vida.
--Sustancialmente, la Humanae vitae es un documento que une y refuerza las parejas, ¿por que entonces tantas críticas?
--Simón Castellví: Muchas de las críticas han sido sugeridas por los intereses económicos que están detrás de la venta de la píldora contraceptiva. Otras críticas surgen de aquellos que quieren reducir y seleccionar la fertilidad y el crecimiento demográfico. Finalmente las críticas procede de aquellos que quieren limitar la autoridad moral de la Iglesia católica.
--¿Qué habría sucedido si la Iglesia no se hubiese opuesto a la difusión de la píldora contraceptiva?
--Simón Castellví : No quiero siquiera pensarlo. Solo considerando el efecto abortivo de las píldoras, la propia Iglesia católica sería hoy mucho menos numerosa. Puedo comprender el pensamiento de millones de mujeres que usan la píldora, pero quisiera sugerir que existe una antropología mejor para ellas, la que propone la Iglesia católica.
Por Antonio Gaspari, traducción de Inma Álvarez
Documentación
El estado del planeta en 2009, según Benedicto XVI
Discurso al Cuerpo Diplomático
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que el papa Benedicto XVI dirigió este jueves a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. Los embajadores han sido recibidos, como es tradición a primeros de cada año, por el Papa en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano.
* * *
Excelencias,
Señoras y Señores:
El misterio de la encarnación del Verbo, que conmemoramos cada año en la Fiesta de la Navidad, nos invita a meditar sobre los acontecimientos que marcan el curso de la historia. Precisamente a la luz de este misterio colmado de esperanza, se sitúa este tradicional encuentro con ustedes, ilustres miembros del Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, como una ocasión privilegiada para intercambiar nuestros mejores deseos al comienzo de este año. Me dirijo en primer lugar a Su Excelencia el Embajador Alejandro Valladares Lanza, para agradecerle el saludo que amablemente me ha dirigido, por primera vez, en calidad de Decano del Cuerpo diplomático. Mi saludo deferente se extiende a cada uno de ustedes, así como a sus familias y colaboradores y, por su medio, a los pueblos y gobiernos de los países que representan. Para todos, pido a Dios el don de un año lleno de justicia, serenidad y paz.
Al comienzo de este año 2009, mi pensamiento se dirige con afecto, ante todo, a los que han sufrido a causa de las graves catástrofes naturales, en particular en Vietnam, Birmania, China y Filipinas, en América central y el Caribe, en Colombia y en Brasil, o bien a causa de sangrantes conflictos nacionales o regionales o de atentados terroristas que han sembrado la muerte y la destrucción en países como Afganistán, India, Pakistán y Argelia. No obstante los muchos esfuerzos realizados, la tan deseada paz todavía está lejana. De cara a esta constante, no hay que desanimarse ni atenuar el compromiso a favor de una auténtica cultura de paz, sino, por el contrario, redoblar los esfuerzos a favor de la seguridad y el desarrollo. En este sentido, la Santa Sede ha procurado estar entre los primeros en firmar y ratificar la "Convención sobre las bombas de racimo", documento que tiene también el propósito de reforzar el derecho internacional humanitario. Por otra parte, observando con preocupación los síntomas de crisis que se perciben en el campo del desarme y de la no proliferación nuclear, la Santa Sede no cesa de recordar que no se puede construir la paz cuando los gastos militares sustraen enormes recursos humanos y materiales a los proyectos de desarrollo, especialmente de los países más pobres.
Siguiendo el Mensaje para la Jornada mundial de la Paz, que he dedicado este año al tema "combatir la pobreza, construir la paz", quisiera hoy dirigir mi atención hacia los pobres, los muy numerosos pobres de nuestro planeta. Las palabras con las que el Papa Pablo VI comenzaba su reflexión en la Encíclica Populorum progressio no han perdido su actualidad: "Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la aspiración de los hombres de hoy, mientras que un gran número de ellos se ven condenados a vivir en condiciones, que hacen ilusorio este legítimo deseo" (n. 6). Para construir la paz, conviene dar nuevamente esperanza a los pobres. ¿Cómo no pensar en tantas personas y familias afectadas por las dificultades y las incertidumbres que la actual crisis financiera y económica ha provocado a escala mundial? ¿Cómo no evocar la crisis alimenticia y el calentamiento climático, que dificultan todavía más el acceso a los alimentos y al agua a los habitantes de las regiones más pobres del planeta? Desde ahora, es urgente adoptar una estrategia eficaz para combatir el hambre y favorecer el desarrollo agrícola local, más aún cuando el porcentaje de pobres aumenta incluso en los países ricos. En esta perspectiva, me alegro que, desde la reciente Conferencia de Doha sobre la financiación para el desarrollo, hayan sido establecidos criterios útiles para orientar la dirección del sistema económico y poder ayudar a los más débiles. Yendo más al fondo de la cuestión, para resanar la economía, es necesario crear una nueva confianza. Este objetivo sólo se podrá alcanzar a través de una ética fundada en la dignidad innata de la persona humana. Sé bien que esto es exigente, pero no es una utopía. Hoy más que nunca, nuestro porvenir está en juego, al igual que el destino de nuestro planeta y sus habitantes, en primer lugar de las generaciones jóvenes que heredan un sistema económico y un tejido social duramente cuestionado.
Señoras y Señores, si queremos combatir la pobreza, debemos invertir ante todo en la juventud, educándola en un ideal de auténtica fraternidad. En mis viajes apostólicos del año pasado, tuve la ocasión de encontrar a muchos jóvenes, sobre todo en el marco extraordinario de la celebración de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, en Sydney, Australia. Mis viajes apostólicos, comenzando por la visita a los Estados Unidos, me permitieron percibir las expectativas de muchos sectores de la sociedad con respecto a la Iglesia católica. En esta fase delicada de la historia de la humanidad, marcada por incertidumbres e interrogantes, muchos esperan que la Iglesia ejerza con decisión y claridad su misión evangelizadora y su obra de promoción humana. Mi discurso en la Sede de la Organización de las Naciones Unidas se sitúa en este contexto: sesenta años después de la adopción de la Declaración universal de los derechos humanos, quise poner de relieve que este documento se basa en la dignidad de la persona humana, y ésta a su vez en la naturaleza común a todos que trasciende las diversas culturas. Algunos meses más tarde, en mi peregrinación a Lourdes con ocasión del ciento cincuenta aniversario de las apariciones de la Virgen María a Santa Bernadette, quise subrayar que el mensaje de conversión y de amor que se irradia desde la gruta de Massabielle sigue teniendo gran actualidad, como una invitación constante a construir nuestra existencia y las relaciones entre los pueblos sobre unas bases de respeto y de fraternidad auténticas, conscientes de que esta fraternidad presupone un Padre común a todos los hombres, el Dios Creador. Por otra parte, una sociedad sanamente laica no ignora la dimensión espiritual y sus valores, porque la religión, y me pareció útil repetirlo durante mi viaje pastoral a Francia, no es un obstáculo, sino más bien al contrario un fundamento sólido para la construcción de una sociedad más justa y libre.
Las discriminaciones y los graves ataques de los que han sido víctimas, el año pasado, millares de cristianos, muestran cómo la que socava la paz no es sólo la pobreza material, sino también la pobreza moral. De hecho, es en la pobreza moral, donde dichas atrocidades hunden sus raíces. Al reafirmar la valiosa contribución que las religiones pueden dar a la lucha contra la pobreza y a la construcción de la paz, quisiera repetir ante esta asamblea que representa idealmente a todas las naciones del mundo: el cristianismo es una religión de libertad y de paz y está al servicio del auténtico bien de la humanidad. Renuevo el testimonio de mi afecto paternal a nuestros hermanos y hermanas víctimas de la violencia, especialmente en Iraq y en la India; pido incesantemente a las autoridades civiles y políticas que se dediquen con energía a poner fin a la intolerancia y a las vejaciones contra los cristianos, que intervengan para reparar los daños causados, en particular en los lugares de culto y en las propiedades; que alienten por todos los medios el justo respeto hacia todas las religiones, proscribiendo todas las formas de odio y de desprecio. Deseo también que en el mundo occidental no se cultiven prejuicios u hostilidades contra los cristianos, simplemente porque, en ciertas cuestiones, su voz perturba. Por su parte, que los discípulos de Cristo, ante tales pruebas, no pierdan el ánimo: el testimonio del Evangelio es siempre un "signo de contradicción" con respecto al "espíritu del mundo". Si las tribulaciones son duras, la constante presencia de Cristo es un consuelo eficaz. Su Evangelio es un mensaje de salvación para todos y por esto no puede ser confinado en la esfera privada, sino que debe ser proclamado desde las azoteas, hasta los confines de la tierra.
El nacimiento de Cristo en la pobre gruta de Belén nos lleva naturalmente a evocar la situación del Medio Oriente y, en primer lugar, de Tierra Santa, donde, en estos días, asistimos a un recrudecimiento de la violencia que ha provocado daños y sufrimientos inmensos entre las poblaciones civiles. Esta situación complica aún más la búsqueda de una salida vivamente anhelada por muchos de ellos y por el mundo entero al conflicto entre Israelíes y Palestinos. Una vez más, quisiera señalar que la opción militar no es una solución y la violencia, venga de donde venga y bajo cualquier forma que adopte, ha de ser firmemente condenada. Deseo que, con el compromiso determinante de la comunidad internacional, la tregua en la franja de Gaza vuelva a estar vigente, ya que es indispensable para volver aceptables las condiciones de vida de la población, y que sean relanzadas las negociaciones de paz renunciando al odio, a la provocación y al uso de las armas. Es muy importante que, con ocasión de las cruciales citas electorales que implicarán a muchos habitantes de la región en los próximos meses, surjan dirigentes capaces de hacer progresar con determinación este proceso para guiar a sus pueblos hacia la ardua pero indispensable reconciliación. A ella no se podrá llegar sin adoptar un acercamiento global a los problemas de estos países, en el respecto de las aspiraciones y de los legítimos intereses de todas las poblaciones involucradas. Además de los renovados esfuerzos para la solución del conflicto israelopalestino, que acabo de mencionar, es preciso dar un respaldo convencido al diálogo entre Israel y Siria y, en el Líbano, apoyar la consolidación en curso de las instituciones, que será tanto más eficaz si se lleva a cabo en un espíritu de unidad. A los iraquíes, que se preparan para retomar totalmente en su mano su propio destino, dirijo una particular palabra de ánimo para pasar página y mirar al futuro con el fin de construirlo sin discriminaciones de raza, de etnia o religión. Por lo que concierne a Irán, no debe dejarse de buscar una solución negociada a la controversia sobre el programa nuclear, a través de un mecanismo que permita satisfacer las exigencias legítimas del país y de la comunidad internacional. Dicho resultado favorecerá en gran medida la distensión regional y mundial.
Dirigiendo la mirada al gran continente asiático, constato con preocupación que en ciertos países perdura la violencia y que en otros la situación política permanece tensa, pero existen progresos que permiten mirar al futuro con una confianza mayor. Pienso, por ejemplo, en la reanudación de nuevas negociaciones de paz en Mindanao, en Filipinas, y en el nuevo curso que están tomando las relaciones entre Pekín y Taipei. En este mismo contexto de búsqueda de la paz, una solución definitiva del conflicto en Sri Lanka debe ser también política, mientras que las necesidades humanitarias de las poblaciones afectadas deben continuar siendo objeto de continua atención. Las comunidades cristianas que viven en Asia a menudo son pequeñas desde el punto de vista numérico, pero desean ofrecer una contribución convencida y eficaz al bien común, a la estabilidad y al progreso de sus países, dando un testimonio de la primacía de Dios, que establece una sana jerarquía de valores y otorga una libertad más fuerte que las injusticias. La reciente beatificación en Japón de ciento ochenta y ocho mártires lo ha puesto de relieve de forma elocuente. La Iglesia, como se ha dicho muchas veces, no pide privilegios, sino la aplicación del principio de libertad religiosa en toda su extensión. En este contexto, es importante que, en Asia central, las legislaciones sobre las comunidades religiosas garanticen el pleno ejercicio de este derecho fundamental, en el respeto de las normas internacionales.
Dentro de algunos meses, tendré la alegría de encontrar a muchos hermanos en la fe y en la existencia humana que viven en África. En la espera de esta visita que tanto he deseado, pido al Señor que sus corazones estén dispuestos a acoger el Evangelio y a vivirlo con coherencia, construyendo la paz a través de la lucha contra la pobreza moral y material. La infancia ha de ser objeto de una atención del todo particular: veinte años después de la adopción de la Convención sobre los derechos de los niños, éstos siguen siendo muy vulnerables. Muchos niños viven el drama de los refugiados y los desplazados en Somalia, en Darfur y en la República democrática del Congo. Se trata de flujos migratorios que afectan a millones de personas que tienen necesidad de ayuda humanitaria y que ante todo están privadas de sus derechos elementales y heridas en su dignidad. Pido a los responsables políticos, a nivel nacional e internacional, que tomen todas las medidas necesarias para resolver los conflictos abiertos y pongan fin a las injusticias que los han provocado. Deseo que en Somalia, la restauración del Estado pueda finalmente progresar, para que cesen los interminables sufrimientos de los habitantes de ese país. Asimismo, en Zimbabwe la situación es crítica y es necesaria gran cantidad de ayuda humanitaria. Los acuerdos de paz de Burundi han proporcionado un rayo de esperanza a la región. Expreso mis deseos para que sean plenamente aplicados y se conviertan en fuente de inspiración para otros países, que no han encontrado todavía la vía de la reconciliación. La Santa Sede, como ustedes saben, sigue con una atención especial el continente africano y está feliz de haber establecido el año pasado las relaciones diplomáticas con Botswana.
En ese vasto panorama, que abraza el mundo entero, deseo asimismo detenerme un momento en América Latina. Allí también, los pueblos aspiran a vivir en paz, libres de la pobreza y ejerciendo libremente sus derechos fundamentales. En este contexto, hay que desear que las legislaciones tengan en cuenta las necesidades de los que emigran facilitando el reagrupamiento familiar y conciliando las legítimas exigencias de seguridad con las del respeto inviolable de la persona. Quisiera alabar también el compromiso prioritario de ciertos gobiernos para restablecer la legalidad y emprender una lucha sin cuartel contra el tráfico de estupefacientes y la corrupción. Me alegro que, treinta años después del comienzo de la mediación pontificia sobre el diferendo entre Argentina y Chile, relativo a la zona austral, los dos países hayan sellado de alguna manera su voluntad de paz erigiendo un monumento a mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II. Deseo, por otra parte, que la reciente firma del acuerdo entre la Santa Sede y Brasil facilite el libre ejercicio de la misión evangelizadora de la Iglesia y refuerce todavía más su colaboración con las instituciones civiles para el desarrollo integral de la persona. La Iglesia acompaña desde hace cinco siglos a los pueblos de América Latina, compartiendo sus esperanzas y sus preocupaciones. Sus Pastores saben que, para promover el progreso auténtico de la sociedad, su quehacer propio es iluminar las conciencias y formar laicos capaces de intervenir con ardor en las realidades temporales, poniéndose al servicio del bien común.
Fijándome por último en las naciones que están más cerca, quisiera saludar a la comunidad cristiana de Turquía, recordando que, en este año jubilar especial con ocasión del bimilenario del nacimiento del Apóstol San Pablo, numerosos peregrinos llegan a Tarso, su pueblo natal, lo que señala una vez más el estrecho vínculo de esta tierra con los orígenes del cristianismo. Las aspiraciones a la paz están vivas en Chipre, donde se han retomado las negociaciones con vistas a la justa solución de los problemas vinculados a la división de la Isla. En lo que concierne al Cáucaso, quisiera recordar una vez más que los conflictos que atañen a los Estados de la región no pueden resolverse por la vía de las armas y, pensando en Georgia, expreso el deseo de que sean respetados todos los compromisos suscritos en el Acuerdo de cese el fuego del pasado mes de agosto, concluido gracias a los esfuerzos diplomáticos de la Unión Europea, y que el regreso de los desplazados de sus hogares sea posible cuanto antes. Por lo que respecta, finalmente, al sudeste europeo, la Santa Sede sigue adelante con su compromiso a favor de la estabilidad de la región, y espera que seguirán creándose las condiciones para un futuro de reconciliación y de paz entre las poblaciones de Serbia y Kosovo, en el respeto de las minorías y sin olvidar la preservación del preciado patrimonio artístico y cultural cristiano, que constituye una riqueza para toda la humanidad.
Señoras y Señores Embajadores, al término de este recorrido que, en su brevedad, no puede mencionar todas las situaciones de sufrimiento y pobreza que están presentes en mi corazón, vuelvo al Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la paz de este año. En ese documento, he recordado que los seres humanos más pobres son los niños no nacidos (n. 3). No puedo dejar de mencionar, al concluir, a otros pobres, como los enfermos y las personas ancianas abandonadas, las familias divididas y sin puntos de referencia. La pobreza se combate si la humanidad se vuelve más fraterna compartiendo los valores y las ideas, fundados en la dignidad de la persona, en la libertad vinculada a la responsabilidad, en el reconocimiento efectivo del puesto de Dios en la vida del hombre. En esta perspectiva, dirijamos nuestra mirada a Jesús, el Niño humilde recostado en el pesebre. Porque Él es el Hijo de Dios, Él nos indica que la solidaridad fraterna entre todos los hombres es la vía maestra para combatir la pobreza y construir la paz. Que la luz de su amor ilumine a todos los gobernantes de la humanidad. Que Ella nos guíe a lo largo del año que acaba de comenzar. Feliz año a todos.
[Traducción del original en francés distribuida por la Santa Sede
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