09.01.09

Semillas de cizaña en La Moncloa


El pasado miércoles, 7 de enero, se produjo una reunión entre el Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero y el Cardenal Cañizares, aún Arzobispo de Toledo y recientemente nombrado, por Benedicto XVI, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos.

Se trataba, al parecer, y según lo dicho por la vicepresidente primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, de una reunión de “cortesíaporque sabemos que el Ejecutivo socialista es muy cortés con la Iglesia católica y siempre la trata como le corresponde a una institución tan importante.

Pero es, exactamente, al revés.

La siembra de cizaña la ha procurado la misma vicepresidenta al decir que es necesario separar las relaciones que el Ejecutivo mantiene con la Conferencia Episcopal Española, presidida por el Cardenal Rouco Varela y las que mantiene con el Vaticano, representado, ahora, por Antonio Cañizares.

Y es que tal finura conceptual sólo está al alcance de ciertos comportamientos maquiavélicos como, por ejemplo, los de María Teresa (tan encantada, como hemos podido ver, con la religión hindú)

El caso es que, seguramente, y como era lo que se quería desde La Moncloa, el malestar se ha empezado a sembrar y es recogido, con fruición, por aquellos que están interesados en que tal estado de tensión se produzca y promocione.

 

Sobre eso sería lo fácil decir que el Cardenal, ahora Prefecto, Antonio Cañizares, tiene algún grado de culpa en lo sucedido porque, de no haber acudido a la reunión y no haber permitido que la famosa foto saliera a la vista de todo el mundo, nada de esto habría sucedido.

Sin embargo, las cosas no pueden ser tan sencillas como así pueden parecer aunque, en realidad, sean muy simples.

Bien se sabe que el Vaticano no es, precisamente, un Estado donde su cabeza visible, el Papa, actúe a tontas y a locas y no medite lo que hace. Por eso no se puede argumentar que, en realidad, lo que se trata es de dar una especie de “aviso” al Presidente de la Conferencia Episcopal Española, el también Cardenal Rouco Varela sino que se trata, más que nada, de un intento, espero que infructuoso, de hacer ver que existe división en la Iglesia católica española y salir ganando en tal río revuelto.

Pero, ¿Saben lo que yo creo que, en realidad, pasa?

Pues pasa que, como es conocido, existe, en materia de comunicación, un asunto trascendental para la vida española que lleva las siglas de COPE.

Sobre esto ya dijo bastante, ayer mismo, Luis Fernando Pérez Bustamante pero, no estará mal abundar en el asunto para que nadie se lleve a engaño.

En tal cadena de radio existen unos comunicadores que no son muy bien vistos por el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero siendo, especialmente, Federico Jiménez Losantos, César Vidal e Ignacio Villa (y dejo aparte a Cristina López Schlichting porque creo que la quieren hacer pasar por el sector católico de los mismos para, así, enfrentarla con quienes no lo son)

Bien.

Resulta que a raíz de la polémica surgida entre los que quieren que la información sea silenciada y la verdad callada (es decir, el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero y demás progresía española) y los que no pueden consentir que así sea la cosa, al parecer, vino a producirse, según se dice, una falta de sintonía entre Antonio Cañizares y Federico Jiménez Losantos y, al contrario, una sintonía entre Rouco Varela y el mismo comunicador.

No puede ser casualidad que se trate de hacer ver, ahora, que el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero se lleva bien con Cañizares (por lo que pueda hacer, éste, en Roma) y, al contrario, se lleva mal con Rouco Varela que es, quien, al fin y al cabo, puede hacer posible que la COPE siga siendo la COPE y no tuerza su camino leal y fiel a la verdad.

Yo creo que es sólo eso de lo que se trata porque, aunque todo pueda parecer muy urdido y muy pensado se trata de una operación burda y basta puesta en manos socialistas y, por ende, laicistas.

No crean que la cosa va más allá: siembran cizaña para ver si cosechan alguna desgracia en el seno de la Iglesia católica española.

Pero, al fin y al cabo, como no conocen, a fondo, el sentir de la Iglesia católica ni entienden lo que es la universalidad de la fe, se acabarán dando de narices con la doctrina de aquella y, lo que es mejor, su ridícula y simple acción manipuladora se quedará en lo que es: un instrumento podrido en manos podridas y lejanas, mucho, de la verdad, de la que no tienen más conocimiento que su existencia.

Justo al contrario que la Iglesia católica; justo al contrario que Cañizares y Rouco.

Pero, de eso, ni se coscan y, cuando llegue el momento de la cosecha, seguramente se segará y quemará, como dice la Parábola de tal sembrado.