CARLOS OSORO SIERRA Arzobispo electo de Valencia y administrador apostólico de la diócesis de Oviedo

«Ya tenía sitio para enterrarme en Covadonga»

RD
Domingo, 11 de enero 2009

 

Cree que Dios da el pastor que cada Iglesia necesita en cada tiempo, por eso al hablar de su próximo sucesor en la sede ovetense Carlos Osoro Sierra (Castañeda-Cantabria 1945), arzobispo electo de Valencia y administrador apostólico de la diócesis de Oviedo, responde con rotundidad evangélica sobre el perfil del nuevo obispo: «Tiene que ser siempre el del Buen Pastor». Feliz, con una satisfacción difícil de ocultar, Osoro deja Asturias, adonde llegó en 2002 como Arzobispo en sustitución de Gabino Díaz Merchán, por un «ascenso» episcopal a Valencia. Lo entrevista Fernando Canellada en La Nueva España.

-¿Qué balance hace de estos siete años en Asturias?

-Personalmente es positivo, por haber cumplido la voluntad de Dios. Hago los balances desde otras categorías distintas a las que se hacen en una empresa. Ésta es una empresa muy especial, muy singular. Primero, porque el balance lo hace Dios Nuestro Señor. Segundo, porque uno, cuando ha cumplido con la misión, con todas las deficiencias, pero sabiendo que completa Dios todo lo que uno no ha hecho, queda a gusto y tranquilo.

-Pero insistió en su despedida en pedir perdón...

-Uno sabe que es limitado. Me confieso todas las semanas. Creo que tengo mis límites y mis pecados. En mis siete a s he tratado a algunos como Dios no hubiese querido. En ese sentido, todos debemos pedir perdón; la cultura del perdón es necesaria. Pido perdón de verdad y pido que me perdonen.

-¿Por algunas de sus decisiones?

-No, en cuanto a decisiones no. Todas las decisiones de gobierno son discutibles. Yo, las que he tomado, han sido con todas las consecuencias. Hablo de algo más importante: faltas de caridad respecto a las personas. No haberles tratado con el sesgo de que son imágenes reales de Dios. No me refiero a toma de decisiones que ésas, en todo ejercicio de gobierno, hay que tomarlas y son discutibles. En la Iglesia hay una actitud moral ante el obispo que requiere otras actitudes a la hora de asumir, quienes creen, las decisiones que toma el obispo. Lo dejo a las conciencia de los demás.

-¿Qué Iglesia espera encontrar en Valencia?

-Creo que es una Iglesia muy viva, con muchas posibilidades, con mucho compromiso y con muchas vocaciones; ésos son los datos. Y sobre todo, espero dar mi vida y entrega absoluta a esa parcela de Iglesia que el Señor me encomienda en estos momentos. Con todo mi cariño y con toda la ilusión, que soy capaz de hacerlo.

-Con sus buenas relaciones con el arzobispo de Madrid, del que dicen que avala su brillante ministerio , ¿se ve de sucesor de Antonio María Rouco Varela en la Conferencia Episcopal?

-Voy a trabajar en Valencia, como he trabajado aquí. Nunca en mi vida pensé que iba a salir de aquí. La prueba es que hasta he elegido sitio, si me tenía que enterrar en Covadonga, pues quería descansar al lado de la Santina. Pero haré lo mismo allí. Mi objetivo es Valencia.

-¿Qué le espera a la Iglesia de Asturias con el sínodo que deja en el camino?

-Espero que el obispo que venga recoja todos los trabajos que se han hecho, que son muchos, y obre en conciencia. Espero que, a lo mejor, continúe, pero también podría recoger las versiones y hacer un plan de pastoral en función de los datos que hemos acumulado. Creo que hay que dejar libertad.

-¿Qué libertad tendrá su sucesor ante los planes del Principado para el real sitio de Covadonga? ¿Remonte? ¿Variante de Muñigo?

-Tendrá libertad absoluta. Se puede hacer todo con diálogo, como se entienden las personas. Otra manera de entendernos lleva al desastre.

-No habrá sido ajeno a algunas críticas recibidas por su cercanía a los «poderosos».

-Lo mejor que podían hacer era preguntar a los emigrantes o a los pobres quién ha estado más veces sentado a mi mesa.

-¿Algunos no entendieron muy bien su aparición como capellán de la nobleza de Asturias?

-Todos son hijos de Dios. A la hora de la verdad, lo digo con sinceridad, hay que preguntar a los pobres que han estado a mi mesa, pero eso no sale en los periódicos. Una cosa es hacer encuestas sobre la pobreza y otra estar con ellos. El otro día apareció una gitana llorando: que se me murió, que se me murió... Yo pensé que era un hermano, y se le había muerto la burra. Y había que sacar el animal de los locales donde la tenía muerta, y tuve que intervenir yo para que se la llevasen sin cobrarle. Y después le intenté comprar una burra. Bueno, es una anécdota. Ayer mismo llamó un chaval boliviano que había que atender, no había cenado. Yo creo que uno tiene que estar con todos. No hago diferencias. Todos son hijos de Dios. Una mujer santa, que está en proceso de canonización, y que trabajó con los más pobres de los pobres, Mercedes Cabeza, me decía: «Don Carlos, el más pobre es el que no conoce a Dios». Y a mí aquello siempre me ha impactado. Confesé a aquella mujer 16 años porque me lo pidió el entonces obispo de Santander, Juan Antonio del Val.

-Que, junto al obispo José María Setién, le ordenó sacerdote.

-Setién había sido vicario general de Santander, y le habían nombrado auxiliar de San Sebastián, predicó en la homilía.

-En la Cope, Federico Jiménez Losantos es un azote de Setién...

-Me honro con la amistad de Setién.

-¿Qué criterio defiende en la Conferencia Episcopal sobre la Cope y la renovación de su controvertido comunicador?

-El criterio que defiendo es el de no insultar absolutamente a nadie. Hay otras formas de comunicar que son constructoras de la sociedad.

-¿Qué le hubiera gustado completar en estos siete años en su labor pastoral?

-El sínodo. El haber seguido trabajando en la «misión joven» (reparto domiciliario de imágenes de la Santina). Algunos sacerdotes han quedado impresionados con los testimonios de los jóvenes.

-Culminado el año santo de las cruces con el solemne escenario de la Cámara Santa, ¿qué efectos ha tenido?

-La Cámara Santa era desconocida para muchos asturianos. Y hoy se ha convertido en uno de los santuarios queridos. Ayer recibía a un joven de Pola de Siero que está en Venezuela y le invité a la Cámara Santa. No la conocía. Quedó impactado por lo que había allí y por lo que supone. Las cruces y lo que tenemos en la Cámara Santa no son una anécdota. Son unos pasos muy importantes en la historia de este pueblo y de España. No hay que quedarse en lo anecdótico. Hay que profundizar en esos puntos neurálgicos de la historia.

-Juan Pablo II estuvo aquí; ¿qué conoce Benedicto XVI de la Iglesia de Asturias?

-Iré ahora a verle. Desconozco lo que piensa. Así como sabía lo que pensaba Juan Pablo II, cuando fui a ver a Benedicto no me dio tiempo a hablarle; estaba con el comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal y hablamos de España.

-¿Qué le pareció la formación de un foro de sacerdotes para analizar la realidad de la Iglesia?

-Creo que los foros en la sociedad son legítimos. En la Iglesia, los sacerdotes tienen los lugares propios para poder decir sus opiniones: reuniones arciprestales, el consejo presbiteral, el pastoral. No se necesitan más foros en la Iglesia. Si hay algún lugar en el que se puede hablar con libertad absoluta es precisamente en la Iglesia, pero... No digo más. He dicho bastante.