11.01.09
De la libertad de expresión al insulto
No podemos olvidar que existe una responsabilidad moral inherente a la libertad de expresión, y cuando la publicidad se convierte en un medio para insultar, se rompe de principio el concepto de libertad.
Los polémicos “autobuses ateos” no promocionan una “idea”, sino que portan un mensaje con el objetivo de denigrar a un colectivo concreto de personas, los creyentes. Si aún así fuese en forma de crítica constructiva, sería incluso comprensible que Esperanza Aguirre afirmase que “vivimos en un país libre”, o que muchos católicos aceptasen que la otra parte hiciese publicidad de su libre opinión, pero dados el mensaje y las formas que en concreto se han utlizado en esta camapaña, no se puede aceptar el insulto.
Todo el mundo entendería que en los autobuses no hubiese carteles publicitarios en los que ponga “Fulanito es un amargado”, “Alá no existe, los musulmanes están locos”(este sobre todo) o “Los negros son estúpidos” se imaginan… ¡que escándalo!. Sin embargo en este caso la libertad se supera a sí misma y se autodestruye, cuando los insultados implícitamente somos los cristianos como colectivo humano. Débiles, a los que se puede ningunear sin demasiado problema.
Cuando la UAL hace un juicio sobre la actitud que todos los creyentes tenemos frente a la vida, y llega a la conclusión de que somos unos amargados, crea una opinión distorsionada, y por lo que es obvio que no pueden saber realmente lo que yo o cualquier creyente disfruta o no la vida, resulta tan inapropiada como porque no decirlo, hiriente.
Al llegar a una conclusión que se sabe incoherente por imposible, queda claro que el objetivo no es otro sino el de insultar, utilizando falacias de bajo rango que van a lo más íntimo e importante de la persona.
Si encima se paga publicidad en el transporte público para hacer proselitismo de una conclusión forzada en un objetivo insultante contra los cristianos, y las instituciones se lucran con la divulgación de una mentira manifiesta. Entonces no es anecdótico que entremos al trapo de cuatro gilipuertas que desde el principio buscaron barro, y exijamos que no se permita el insulto público contra nosotros.
Yo disfruto la vida, no se si ellos lo hacen, no tengo capacidad de criterio para generalizar una actitud tan trascendente e importante en los demás.
Javier Tebas