11.01.09

Para predicar bien hace falta justicia


Comienza en los EE.UU. la Semana Nacional de las Vocaciones. Sta. Teresa de Lisieux escribió en su autobiografía, Historia de un alma: “¡Qué hermosa es, Madre querida, la vocación que tiene como objeto conservar la sal destinada a las almas! Y ésta es la vocación del Carmelo, pues el único fin de nuestras oraciones y de nuestros sacrificios es ser apóstoles de apóstoles, rezando por ellos mientras ellos evangelizan a las almas con su palabra, y sobre todo con su ejemplo…

El Evangelio del domingo del Bautismo del Señor nos recuerda: “En aquel tiempo, proclamaba Juan” (Mc. 1, 7), un gran predicador por su palabra y ejemplo. Con gran humildad no quiso bautizar al Señor, pero Jesús le explicó: “conviene que cumplamos toda justicia” (Mt. 3, 15). Esta virtud, necesaria en toda buena predicación, florece en la de S. Juan Bautista y en la del Señor. Una mujer laica como yo no es quién para decirle a nadie cómo predicar, pero éstos santos predicadores, que hablan sobre la justicia, sí:

1) ¿De qué justicia hablamos?
Según Sto. Tomás de Aquino: “La justicia es el hábito según el cual uno, con constante y perpetua voluntad, da a cada cual su derecho” (Suma Teológica). Cuando se suele pensar en justicia, se suele pensar en la justicia entre los hombres y sus derechos. Desde luego que: “Quien no tiene caridad para los demás no debe de ningún modo tomar a su cargo el oficio de la predicación.” (S. Gregorio Magno) Sin embargo, la caridad es ante todo amor de Dios, o sea que en la predicación eficaz: “Primero, justicia con Dios. Esa es la piedra de toque de la verdadera hambre y sed de justicia (Mt 5,6), que la distingue del griterío de los envidiosos, de los resentidos, de los egoístas y codiciosos. . . Porque negar a Nuestro Creador y Redentor el reconocimiento de los abundantes e inefables bienes que nos concede, encierra la más tremenda e ingrata de las injusticias […]¡Qué pobre idea tienen de la justicia quienes la reducen a una simple distribución de bienes materiales!” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios,167, 169).

2) Predicación con justicia
En la práctica, explica S. Gregorio de Nisa: “El temor de Dios enseña a la lengua a hablar lo que conviene, a no decir cosas vanas, a conocer el momento y, la medida en el hablar, y saber decir lo necesario y dar la respuesta oportuna; a no hablar tumultuosamente y a no dejar caer como una granizada, por la impetuosidad en el hablar, las palabras sobre los que nos salen al paso”. La predicación que toma eso en cuenta demuestra tanto prudencia como justicia.

3) Predicación sin justicia
¿Qué pasa si la predicación carece de justicia? Esto nos dice S. Pío X: “Otra manera de hacer daño es la de quienes hablan de las cosas de la religión como si hubiesen de ser medidas según los cánones y las conveniencias de esta vida que pasa, dando al olvido la vida eterna futura […]. El fruto que esta predicación produce es exiguo, ya que, después de oírla, cualquier profano llega a persuadirse de que, sin necesidad de cambiar de vida, él es buen cristiano con tal de decir: Creo en Jesucristo. ¿Qué clase de fruto quieren obtener estos predicadores? No tienen, ciertamente, ningún otro propósito más que el buscar por todos los medios ganarse adeptos halagándoles los oidos; con tal de ver el templo lleno a rebosar, no les importa que las almas estén vacias. Por eso es por lo que ni siquiera mencionan el pecado, los novísimos, ni ninguna otra cosa importante […]; una vez que (los oyentes) han aplaudido al perito de turno, salen del templo igual que entraron, como aquellos que-según San Agustin-se llenaban de admiración pero no se convertían.” (Motu Proprio Sacrorum Antistitum l-lX-l9l0)

4) Hace falta perseverancia
“No basta para ser justos que alguno quiera observar esta virtud esporádicamente en algún determinado negocio, porque prácticamente no existe quien quiera obrar en todos injustamente, sino que es menester que el hombre tenga la firme voluntad de conservarla siempre y en todas las cosas” (Sto. Tomás de Aquino).

5) Hace falta oración
Recordemos que la virtud de la justicia con Dios, o virtud de la religión, se expresa adorando al Señor con piedad, algo propio de la oración. Por eso lo recomienda S. Agustín:“Al hablar haga cuanto esté de su parte para que se le escuche inteligentemente, con gusto y docilidad. Pero no dude de que, si logra algo y en la medida en que lo logre, es más por la piedad de sus oraciones que por sus dotes oratorias. Por tanto, orando por aquellos a quienes ha de hablar, sea antes varón de oración que de peroración, y cuando se acerque la hora de hablar, antes de comenzar a proferir palabras, eleve a Dios su alma sedienta para derramar de lo que bebió y exhalar de lo que se llenó.” (Sobre la doctrina cristiana,4).

Recurramos nosotros también a la oración para pedirle al Señor muchos y muy buenos predicadores santos en nuestros días.

Fuente de citas: Antología de Textos para hacer oración y para la meditación por Francisco Fernández Carvajal

Pregunta del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Qué otras cualidades aprecian y admiran en los buenos predicadores que hay entre los santos?

Mañana:El bautismo de Jesús – “salió del agua”(Mc. 1, 10)