12.01.09

¿Cómo se llena un colador de agua?


El Evangelio del domingo del Bautismo del Señor nos dice que Jesús: “salió del agua”(Mc. 1, 10) tras su bautismo (que significa “inmersión"). Él no necesitaba ser bautizado, pero nosotros sí. Nuestro “bautismo” simboliza una sepultura de agua de la que salimos con nueva vida. Me recuerda un cuento interesante, “Cómo llenar un colador de agua”, que compara la práctica de la espiritualidad con el modo de llenar un colador de agua. Nosotros somos el colador, agujereados por el pecado, y el agua simboliza a Dios. ¿Cómo se llena el colador de agua?

Si se vierte agua dentro con un tazón no se llena, pero si se tira el colador en el mar, se hunde y se llena de agua. Concluye el cuento: “No se logra vertiendo pequeñas dosis de vida divina en la individualidad, sino arrojando la individualidad dentro del mar de la vida divina”.

¿Cómo se practica eso? Las siguientes citas son respuestas de miembros de la Iglesia seleccionadas de www.fluvium.org [portal que “quiere ser una corriente de vida espiritual para el mundo"]. ¿Qué respuesta le gusta más y por qué? [El enlace de cada cita revela quién lo dijo y el contexto.]

1) Comunión con Cristo por fe y sacramentos
“Pablo supone siempre que hemos llegado a ser ‘uno en Cristo Jesús’ (Gálatas 3,28), que hemos muerto en el bautismo (Cf. Romanos 1) y vivimos ahora con Cristo, por Cristo, en Cristo. En esta unión –y sólo así– podemos ser en Él y con Él ’sacrificio vivo’, ofrecer el ‘culto verdadero’". […] Jesucristo, en su entrega al Padre y a nosotros, no es una sustitución, sino que comporta realmente en sí al ser humano, nuestras culpas y nuestro deseo; nos representa realmente, nos asume en sí mismo. En la comunión con Cristo, realizada en la fe y en los sacramentos, nos convertimos, a pesar de nuestras deficiencias, en sacrificio vivo: se realiza el “culto verdadero".

2) Entregar se con la ayuda de Dios
“En esta situación [de alejamiento de Dios] me encontraba, cuando una religiosa me invitó a hacer Ejercicios Espirituales. […] otra vez sentí la llamada al seguimiento radical de Cristo, la convicción profunda de que mi vida sólo sería plena si se la entregaba totalmente a Dios. Recuerdo que derramé muchas lágrimas y que me enfadé mucho con Dios. Pero en lo profundo de mi corazón sentía una gran paz: Dios no se había olvidado de mí, ni me había dejado de amar. Al terminar los Ejercicios, le pedí al Señor que me ayudara a darle ese sí que me pedía, pues yo no me sentía con fuerzas.[…] Había encontrado una perla de infinito valor. Estaba dispuesta a venderlo todo para poseerla plenamente.”

3) Enamorarse de Dios
“Cuando el corazón está enamorado, las potencias del alma actúan empapadas de aquello que se está constantemente contemplando con la mirada interior.[…] el amor humano, para que sea pleno, necesita también alimentarse de Dios. Sólo Dios puede colmar los deseos del corazón humano y, al mismo tiempo, dejarlo abierto a los demás. Amar a Dios significa buscarlo con el corazón, recordarlo, contemplarlo. Cuando el corazón está fundamentado en Dios, todas las relaciones interpersonales mejoran y adquieren un peso, una fidelidad y una riqueza ‘a prueba de balas’.”

4) La lucha diaria
“Los buenos propósitos, los enardecidos deseos, no son suficientes para conferir solidez a tus virtudes y para hacerlas verdaderas. Ni tampoco tales ardores y tales propósitos modifican, por sí solos, tu naturaleza y tu carácter. Para que tus virtudes sean sólidas y para que tu naturaleza y tu carácter se transformen, es necesario que el esfuerzo y la lucha perseveren durante todo aquel tempus laboris et certaminis, durante todo aquel período de trabajo y de brega, que es tu vida.”

Alegrémonos de que tengamos el buen ejemplo de la Virgen María, que desde siempre ha estado completamente inmersa en Dios: “Dios te salve, María, llena eres de Gracia. El Señor es contigo…”

Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Cuál de esas respuestas (1,2,3 o 4) le gusta más y por qué? ¿Le recuerda a algún santo alguna de esas respuestas?

Mañana: La Santísima Trinidad – “Tú eres mi Hijo amado”(Mc. 1, 11)