En la primera entrevista que concede tras su toma de posesión como nuevo arzobispo coadjutor de Sevilla
Juan José Asenjo: «Ante la bula, deben cesar los bulos»
Por Jesús Bastante/ Foto: David GarrochenaRDDomingo, 1 de febrero 2009
Vive a caballo entre Córdoba y Sevilla. A la espera de sustituto en la primera, y haciéndose al nuevo destino en la sede hispalense. Siempre de la mano de su cardenal, Carlos Amigo. No en vano Juan José Asenjo, nuevo arzobispo coadjutor de Sevilla, se declara “amigo del cardenal Amigo. Decir lo contrario sería mentir”. Como también asegurar, contra viento y marea, que su nombramiento supone un “castigo” al purpurado. En su primera entrevista desde su toma de posesión, Asenjo habla claro: “Ante la bula, con la firma autógrafa del Papa, deben cesar los bulos”.
-¿Cómo se enteró de su nombramiento? ¿Lo esperaba?
El martes 28 de octubre recibí una llamada telefónica del señor Nuncio para anunciármelo. Después recibí una comunicación escrita. Sinceramente no lo esperaba. Y no suelo hacer caso a los rumores.
-¿Qué va a pasar con Córdoba? ¿Prevé que el nombramiento de su sucesor se dará en breve? ¿Alguna "pista"? ¿Cuál es su balance de su estancia en Córdoba?
Córdoba tendrá su obispo en los próximos meses. Ignoro la fecha. El nombramiento corresponde en exclusiva a la Santa Sede. El balance de mi servicio a Córdoba no me corresponde hacerlo a mí. Yo sólo puedo decir que esta ha sido la etapa más feliz de mi vida sacerdotal y episcopal, que me hace mucho duelo dejar Córdoba, que siento no poder terminar tantos proyectos como teníamos iniciados y que me llevo de la Diócesis un recuerdo imborrable. Espero que a mi sucesor lo acojan con el mismo cariño que a mí.
-¿Cómo ha sido recibido en Sevilla? ¿Cuáles son sus funciones específicas en este período?
He sido recibido magníficamente y estoy muy agradecido a todos, al señor Cardenal, a los vicarios, al colegio de consultores, al cabildo, a los sacerdotes, consagrados y laicos, incluidas las autoridades, que me han acogido con los brazos abiertos. Mi tarea fundamental es colaborar con el señor Cardenal en el gobierno pastoral de la archidiócesis. En estos momentos estoy tratando de conocer las estructuras diocesanas, para lo cual me estoy entrevistando con los vicarios, los delegados diocesanos y otras muchas personas.
-¿Cuál es su relación con el cardenal Amigo?
Mentiría si no le dijera que excelente. Me ha acogido paternal y fraternalmente, cosa que no me extraña, y le estoy muy agradecido. Además desde que lo conocí en 1993, he tenido siempre una magnífica relación con él. Puedo decir, sin dudar, que soy amigo del cardenal Amigo.
- Su nombramiento ha levantado una polvareda acerca de si se debía a un "castigo" de Roma a Amigo o, bien, había sido el propio cardenal quien había solicitado un coadjutor. ¿Cuál es la verdad?
Me remito a las declaraciones del señor Cardenal. Él ha reiterado en estos días varias veces que fue él quien pidió un coadjutor, después de una madura reflexión, manifestación ésta que se ha visto refrendada por el texto de la bula de mi nombramiento, con la firma autógrafa del Santo Padre. La bula fue leída y mostrada públicamente en la celebración de mi toma de posesión del sábado 17 de enero en la catedral de Sevilla. De manera que bien se puede decir que ante la bula, deben cesar los bulos.
-Ha declarado que vivirá en el Seminario. ¿Por qué?
Estoy residiendo ya en el Seminario de Sevilla por razones prácticas, puesto que existe una zona en la que podré vivir con holgura con mi madre anciana y enferma y la persona que la cuida. Es un lugar adecuado, digno y funcional, que me fue sugerido por los responsables de la archidiócesis. No hay más razón.
-¿Qué es lo que más le atrae de la diócesis sevillana?
Es todavía pronto para opinar. No la conozco suficientemente. Tengo la mejor impresión de la organización de la curia y comienzo a entrar en contacto con los diferentes sectores pastorales. Observo que hay realidades diocesanas muy vivas y dinámicas, fruto del trabajo pastoral impulsado en estos años por el Cardenal Amigo. En otro orden de cosas, me impresiona la belleza su catedral y su riquísimo patrimonio artístico.
-¿Teme algún problema con las cofradías y hermandades?
Por mi parte, no. Creo conocer bien este sector pastoral, al que he dedicado muchas horas en los cinco años largos de mi servicio a Córdoba. He tenido con él muy buena relación y reconozco en él muchos valores. Valoro mucho este sector pastoral, que un obispo no debe despreciar. Estoy convencido de que las Hermandades y Cofradías son un camino peculiar de vida cristiana, de formación, de apostolado y de servicio a los pobres para miles y miles de andaluces, que los pastores de la Iglesia no podemos despreciar, sino acompañar y ayudar para que sus miembros vivan con hondura su vocación cristiana y cofrade.
-¿En qué Iglesia cree Juan José Asenjo?
En la Iglesia fundada por Jesucristo, madre y maestra, escalera de nuestra ascensión hacia Dios y prolongación de la Encarnación. La Iglesia es Cristo, que vive en medio de nosotros, predicando, enseñando, perdonando los pecados, sanando y santificando. Porque amo a Cristo, amo también a la Iglesia, más allá de sus manchas y arrugas, que son los pecados de sus miembros. Para mí, la Iglesia es la mesa familiar que nos reparte cada día el pan de la palabra y de la eucaristía, el hogar que nos arropa y acoge, permitiéndonos vivir nuestra fe no de forma aislada o a la intemperie, sino acompañados por una auténtica comunidad de hermanos.
-¿Cuál es su papel dentro de la sociedad?
El del fermento y levadura, llamada a transformar la masa que es el mundo, defendiendo los derechos de Dios y la verdad del hombre, y anunciando sin tregua a Jesucristo como camino, verdad y vida de los hombres y fuente de sentido, de plenitud y de humanización para nuestro mundo.
-La Iglesia española, ¿está perseguida?
Yo no hablaría de persecución, pero sí diría que la cultura secular que nos envuelve y determinadas disposiciones legales hacen hoy más difícil el anuncio del Evangelio. Vivimos una coyuntura difícil. No obstante, yo no pierdo la esperanza. El momento es difícil, pero apasionante. No era mejor la situación de los primeros evangelizadores en los inicios del cristianismo. Pero eso sí, desde la comunión profunda con el Señor, necesitamos recuperar el ardor apostólico y el entusiasmo misionero de los orígenes, seguramente la primera prioridad de la Iglesia en esta hora.
-Todavía no se conoce el fallo en su totalidad, sí se conoce la sentencia del Tribunal Supremo, en la que no se admite la objeción de conciencia ante EpC. ¿Qué opina del fallo? ¿Debería ser éste un tema de debate?
-Yo no niego la necesidad de que haya una educación sobre los valores cívicos, democráticos. Una educación para la convivencia, basada fundamentalmente en la Constitución. Ahora bien, pienso que tal y como se ha planteado la asignatura y me remito a las notas que ha publicado la Conferencia Episcopal, pues creo que el Estado invade el derecho primigenio de los padres a ser los primeros educadores, en el plano religioso y moral de sus hijos. Naturalmente respeto la sentencia, al fin y al cabo se trata de un poder del Estado. Personalmente, no me atrevo a opinar todavía hasta que no se conozca el fallo definitivo. Habrá que esperar.
-¿Qué opina de polémicas como las de los buses ateos? ¿Cuál debe ser la respuesta de la Iglesia frente a ese desafío?
Personalmente me duelen este tipo de iniciativas, que ofenden a los creyentes (no sólo a los católicos, sino también al resto de confesiones cristianas, a judíos o a musulmanes) y que, por otra parte, son contradictorias en sí mismas, pues si Dios no existe, no entiendo el interés por llevar a cabo esta campaña. En cualquier caso, y vuelvo a insistir en la idea anterior, iniciativas como ésta deben espolear nuestro brío apostólico, anunciando a Jesucristo con la palabra explícita, sin miedos ni complejos, y sobre todo, con el testimonio luminoso y convincente de nuestra propia vida, mostrándolo como fuente de sentido y de felicidad para nosotros los cristianos y manantial de esperanza para el mundo.
-El arzobispo de Sevilla es, históricamente, uno de los "líderes" de la Iglesia andaluza. Como tal, tendrá que dialogar con la Junta. ¿Qué espera de la Administración andaluza en materia educativa, de respeto a la Iglesia y acerca del patrimonio cultural?
Efectivamente, como todos los obispos, tendré que dialogar con las autoridades, como he hecho en Córdoba y antes en los ámbitos y lugares en que me ha correspondido servir a la Iglesia. En relación con el patrimonio cultural, la colaboración de la Junta de Andalucía ha sido fecunda en los últimos años. En otros sectores los problemas son mayores, pero habrá que seguir dialogando y colaborando. En cualquier caso, la colaboración nunca puede significar sumisión o pérdida de libertad por parte de la Iglesia para el cumplimiento de su misión, para el anuncio del Evangelio y para emitir un juicio moral de aquellas leyes o normas en las que no se respeta la ley natural, la dignidad o los derechos fundamentales de la persona, lo cual no significa entrar en política.
-Usted ha sido durante cinco años secretario general y portavoz de la CEE. ¿Cuál es el estado de las relaciones Iglesia-medios? ¿Cómo se podrían mejorar?
Podría mejorar con la buena voluntad de ambas partes, favoreciendo un clima de amistad entre la Iglesia y los medios. La Iglesia los necesita para poder amplificar la Buena Noticia que cada día tiene que dar a nuestro mundo: que Dios nos ama, que es un Padre bueno, que quiere nuestra felicidad… Por nuestra parte, existe en muchos casos miedo, fruto en ocasiones de experiencias negativas. En algunos medios se propende a destacar lo más episódico, esperpéntico o negativo de la vida de la Iglesia. Insisto en que es necesaria una relación de amistad, que es más exigible a los periodistas católicos, que como acaba de decir el Papa en un mensaje a los periodistas católicos italianos, deben practicar el valor de la coherencia y el testimonio silencioso de una vida inspirada por los valores de la fe. Todos tendríamos que hacer un esfuerzo. También la Iglesia, como dijo recientemente monseñor Juan del Río, debe trabajar por restaurar la amistad de la Iglesia con los medios.
-En los próximos días, el Secretario de Estado, cardenal Bertone, visita España, donde mantendrá encuentros con los obispos, el Rey, Zapatero y Rajoy. ¿A qué se debe esta visita?
La visita responde a una invitación de la Conferencia Episcopal para que pronuncie una conferencia sobre los derechos humanos en el magisterio de Benedicto XVI, en el marco de la conmemoración del sesenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es lógico que se entreviste con las autoridades a las que usted alude. El cardenal Bertone como secretario de Estado de la Santa Sede tiene rango de primer ministro y no sería lógico que viniese a España de “incógnito” por así decirlo. Pienso que no hay, pues, que buscar segundas o terceras intenciones. Las cosas casi siempre son más sencillas.
-Estamos viviendo una fuerte crisis. ¿Cuál es la palabra de la Iglesia ante ella?
-Yo pediría a todos, también a los medios, que descubrieran la emergencia social, la situación dramática que está viviendo mucha gente, familias donde todos sus miembros están en paro. Recordar esta realidad, para excitarnos a todos a la cercanía, a la caridad y a la solidaridad y denunciar las raíces éticas de la crisis. Valores como el lucro justo, la solidaridad… se han ido olvidando. Por otro lado, se están doblando las aportaciones a Cáritas. En Córdoba, por ejemplo, tenemos un proyecto, el Colencor, que da empleo a 71 personas.
-Por último, un mensaje para los lectores de RD.
Que crezcan cada día en amor a Jesucristo y a la Iglesia, que es el espacio natural de nuestro encuentro con el Señor, y que no olviden nunca, y menos en estos momentos, a los más pobres y necesitados y a todos aquellos que van quedando en las cuentas de la vida social como consecuencia de la crisis económica. Para todos los que hacéis RD mi saludo cordial y mi agradecimiento por esta entrevista y por las atenciones recibidas con ocasión de mi nombramiento y toma de posesión.