01.02.09
Remedios contra el infierno, según uno que lo vió
Las Sagradas Escrituras indican la existencia de “los espíritus inmundos” (Mc. 1, 27), como oímos en el Evangelio del 4o. domingo de Tiempo Ordinario y Jesucristo hablaba también sobre el infierno. San Juan Bosco (cuya fiesta se celebró ayer) tuvo varias visiones en sueños del infierno y sus castigos (Sueños 68, 150) y oyó una voz que decía que “muchos se dedican en esta tierra a todos los goces y después padecerán horribles sufrimientos”. Decía que lo que vió era tan terrible que los que pudieran verlo o se dedicarían a una vida santa o saldrían huyendo asustados. En uno, un monstruo arrastraba a los jóvenes a una caverna infernal, especialmente por la impureza, la desobediencia y la soberbia. Algunos caían con mayor rapidez llevados por el respeto humano. [Ver aquí “Los Sueños de S. Juan Bosco”]
Cuenta S. Juan Bosco en su autobiografía (enlace con versión en inglés) que al comienzo de su obra con los jóvenes las autoridades civiles mandaban a la policía a sus Misas para vigilarle y éstos decían que oían tantas cosas en los sermones sobre los demonios y el infierno que deseaban confesarse ellos mismos (lo cual hacían esperando con los jóvenes). El santo predicaba sobre tres de las cuatro postrimerías (la muerte, el juicio final, el infierno). La otra postrimería es la gloria eterna. Solía decir: “Los tres enemigos del hombre son: la muerte (que lo sorprende) , el tiempo (que se escapa), y el demonio (que le tiende sus lazos).”
S. Juan Bosco recomendaba a sus jóvenes estos remedios contra el infierno:
1) Comunión frecuente y confesión sacramental sincera detestando el pecado. Recomendaba que los jóvenes recibieran esos sacramentos con frecuencia no forzados, sino por amor. Estableció que sus alumnos asistieran a Misa, pero no que fueran a recibir la comunión en filas, un banquillo tras otro (una práctica muy común en los EE.UU.), para evitar la presión de cometer sacrilegio, de recibir al Señor sin estar debidamente dispuestos. No obligaba nunca a nadie a confesarse, pero ofrecía el Sacramento de la Reconciliación a sus jóvenes cada vez que se reunían y buscaba discretamente a niños que sabía por revelación divina no estar reconciliados con Dios.2) Devociones al Santísimo Sacramento, a la Virgen María, a San José y a otros santos. Un fruto de los esfuerzos de S. Juan Bosco de alentar la devoción al Santísimo y a María Auxiliadora entre sus jóvenes fue la santidad de Sto. Domingo de Savio, uno de sus alumnos.
3) Oración, meditación y lectura espiritual bien hecha. El santo tenía una memoria prodigiosa y leía muchos libros en su juventud que no eran espirituales, hasta que leyó “La imitación de Cristo” por el Bto. Tomás de Kempis. Este patrono de editores recomendaba: “Propagad buenos libros. Sólo en el cielo sabréis el gran bien que produce una buena lectura". S. Juan Bosco dedicó su Orden a S. Francisco de Sales por su mansedumbre, pero también para imitarle en combatir los errores de la fe. En la obra de este santo, “Introducción a la vida devota” se pueden encontrar meditaciones muy buenas sobre los pecados y las cuatro postrimerías.
4) Obediencia hasta en cosas pequeñas a Dios (a la Iglesia, a los padres y a los superiores). Recomendaba a los padres y a los superiores: “Trata de hacerte querer más que temer.” Sus jóvenes le obedecían con gusto por el amor que le tenían. Eso no significaba que no les reprochaba sus pecados y que no les recordaba las penas del infierno, sino que lo hacía con caridad para que el amor a Dios que les inspiraba superara esos temores.
5) Hacer las obras de misericordia y evitar el ocio. S. Juan Bosco organizaba muchas actividades para los jóvenes en los “Oratorios Festivos” y trabajó para la expansión de su obra a escuelas nocturnas, clases para aprender ciertas profesiones y a colegios, además de ofrecer excursiones anuales al campo durante el verano a los mejores alumnos. Todas esas actividades eran ocasiones para catequizar a los jóvenes.
Padre Nuestro, que estás en los cielos…perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
Pregunta del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Por qué le parece que la gente cree o no cree en la existencia del infierno hoy en día?
Mañana: La Presentación del Señor – “El Santo de Dios” (Mc. 1, 24)