Amigo: «El Gobierno todavía no ha digerido la aconfesionalidad del Estado»
Por Jesús Bastante/ Foto: David GarrochenaRDLunes, 2 de febrero 2009
“Esta casa está abierta a todos, y de forma particular a quienes, como vosotros, nos ayudan a que las buenas noticias estén presentes, de vez en cuando, en los medios de comunicación”. Así recibe en su despacho arzobispal a Religión Digital Carlos Amigo Vallejo, cardenal de Sevilla. Una entrevista en profundidad en la que el prelado pasa revista a las relaciones Iglesia-Estado, los buses ateos, la Cope, los conflictos intraeclesiales, EpC y el futuro de la Iglesia. Siempre desde la propuesta, el diálogo, y la aceptación de la crítica.
-Acaba de sacar un libro, “Contra el pesimismo” (Esfera de los Libros), que demuestran que pese a lo mal que parece que está el mundo, hay razones para la esperanza.
Hace más de un año, me pidieron que escribiera un libro contra el pesimismo. No esperaba que ése fuera el título de ese libro. Un libro sobre la forma de vivir para que el hombre ejerciera su derecho a ser feliz, a tener esperanza… No es un libro ocasional ante la crisis, sino que se pensó en la persona que teniendo en sus manos muchos recursos para una vida tranquila, que no los aprovechara. Está escrito en forma de una sinfonía musical, y trato en él de dialogar con las personas, y decirles “vales más de lo que tú mismo sospechas”. Que no se pierdan los recursos, los talentos que Dios te ha dado.
-¿Vivimos en una sociedad pesimista?
Vivimos en una sociedad un poco quejica. A veces los términos de optimismo y pesimismo están algo desacreditados, a riesgo de que te tilden de ingenuo. Somos quejicas en cuanto que más resaltamos aquello que nos duele que las posibilidades que tenemos de sanar las heridas. Las heridas existen, y sería necio no decir que existen desgarrones que hacen sufrir. Pero con la queja resolvemos muy poco. Otra cosa es la denuncia. Pero la queja por la queja y el derrotismo como principio es algo completamente absurdo, y mucho más en un creyente.
-Sin embargo, ese derrotismo, esa negación, existe aunque sea como cliché, en la Iglesia, al menos vista desde la sociedad. ¿Qué parte hay de verdad y qué de prejuicio?
No podemos olvidar que la Iglesia está compuesta por hombres y mujeres que viven en esta sociedad, con muchos enfoques. Pero pensemos en Benedicto XVI o Juan Pablo II, ese modo de estar en distintos ambientes, con una palabra positiva y un profundo respeto a quien piensa diferente. Ésta es la actitud de la Iglesia. También ocurre que si un obispo hace unas declaraciones se subrayan ciertas frases. Y una cosa es que el obispo exprese su opinión, y otra que se subraye sólo lo negativo. Y, además, una denuncia puede aparecer como algo negativo y, sin embargo, puede ser muy positivo, porque nos abre los ojos.
-¿Cómo se siente Carlos Amigo en esa Iglesia?
No sólo muy bien, sino muy orgulloso. Y muy agradecido a la fe, y a todas las personas que me ayuda con su oración, su consejo o su crítica. Dentro del círculo más cercano de la Conferencia Episcopal, que tiene tantos miembros diferentes, pero uno se siente tan a gusto. Pocos foros donde se expresan opiniones, tienen esa calidad de personas bien formadas, con responsabilidad y donde te puedes expresar con entera libertad. Puede haber diferencias en el enfoque de las cosas, pero en lo esencial estamos todos absolutamente de acuerdo, y con unas relaciones realmente fraternas.
-Sin embargo, desde fuera, sí que se establece una cierta dicotomía entre determinado estilo de ser obispo y otro. Se habla mucho del “excesivo poder” del cardenal de Madrid, frente a otros “estilos”, como el suyo…
Hace unos años, el presidente del Senado me invitó a comparecer, con motivo del V Centenario del Descubrimiento. Fue una comparecencia muy positiva, pero entre los distintos grupos políticos había diferencias enormes. Al término de aquello, asistí a una copa. Gratamente vi cómo aquellas personas que estaban enfrentadas ideológica y políticamente, allí convivían, se abrazaban, quedaban para verse… Una cosa es que las personas puedan tener diferentes ideas y otra que se lleven bien o mal. Entonces, hay diferentes estilos, esto es indiscutible. También por la forma de ser cada uno, por su educación o vocación. Creo que no se conoce al cardenal Rouco. Es una persona muy sensible, de sentimientos profundos. Es una persona muy cordial en el trato, que le gusta relacionarse con los demás. Ahora, es el cardenal de Madrid y el presidente de la CEE, y puede ser que aparezca con un poderío…. Pero en la Iglesia el poder siempre es el servicio, y éste también se paga con la crítica pública. Entra dentro del sueldo, que es exiguo, pero hay cosas en la Iglesia que nunca tienen precio, como la dedicación a los demás y el testimonio cristiano.
-Temas de plena actualidad. Acaba de salir el fallo acerca de Educación para la Ciudadanía, en la que se dice que no se puede objetar. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Lo peor que le puede acontecer a la educación es tener que acudir a los Tribunales. Esto supone un fracaso de aquello que debe ser fundamental en la educación, que es el diálogo la relación entre las personas, el ayudarse mutuamente la familia, la escuela y la administración pública en la educación de los ciudadanos. Me parece algo muy triste que los temas de educación tengan que llegar a los Tribunales, porque para eso está la escuela, para eso está la familia, para eso están las autoridades educativas, para tratar de solucionar los problemas. Si han ido a los tribunales quiere decir que ha habido un problema. Naturalmente, cuando un tribunal falla, hay que acatar la sentencia, y este tribunal ha dicho que los padres no tienen derecho a objetar. No termina aquí el tema, porque más allá de la ley, que hay que cumplir, los padres seguirán en su interior siendo objetores de conciencia. Y que sus hijos tengan que ir a regañadientes a cursar un asignatura, eso, desde el punto de vista escolar y pedagógico, es un absurdo. Y todos sabemos que cuando un alumno le tiene antipatía a una asignatura, pues el rendimiento en esa asignatura va a ser francamente bajo. Más allá de los asuntos legales, que hay que acatar… caben los recursos, pero creo que es absurdo que los problemas de la escuela tengan que resolverse en los tribunales.
-¿Qué deberían hacer los padres?
Una cosa es que los hijos estén obligados a ir a la escuela a cursar la asignatura, y otra que los padres y los hijos tengan que claudicar de sus convencimientos profundos, de su objeción a algo que por ley tienen que hacer.
-¿Se podría haber hecho de otra manera? ¿Se pudo haber llegado a algún acuerdo?
Sobró poder impositivo y faltó diálogo. Tantas formas distintas se podían haber elegido… que hay que educar a todas las personas para que sean buenos ciudadanos, esto no cabe la menor duda. La mejor pedagogía cristiana, san Juan Bosco, decía que no puede ser cristiano el que no es buen ciudadano. En esto teníamos que haber insistido todos. Después, no es un problema confesional. Y después, algo completamente inadmisible es que porque unos padres hagan objeción de conciencia, se les llame cavernícolas o retrógrados. Tienen todo el derecho del mundo a tener su conciencia y a querer que sus hijos se formen conforme a esta conciencia. Después, pues claro que se podía haber llegado a un acuerdo. Puede haber una asignatura consensuada en el programa, o una asignatura libre. Hay cosas que en el conocimiento de la Constitución, la educación vial, todas estas cosas, son muy positivas. Pero otra cosa es teñirla de un color, el que sea, a una asignatura.
-Ha desaparecido una joven en Sevilla, hace un año de la desaparición de Mariluz… ¿Qué se le dice a la familia en estos momentos?
En estas situaciones uno se queda sin palabras. Es el caso de Marta hoy, Mariluz y los chicos de Canarias antes… ¿Qué está ocurriendo? ¿A alguien se le puede secuestrar, matar o extorsionar para ver qué gestos hace antes de morir, como los que apalean a un mendigo? Se está perdiendo el valor de la persona, y en esto no hay que buscar culpables, sino que tenemos que poner a la persona en el primer puesto del ránking de interés, desde su concepción hasta su muerte. Y cuando el listón del valor supremo de la persona se baja, ocurren estas cosas en las que uno se queda sin palabras. El dolor de esta familia clama el cielo.
-Me ha centrado el balón sobre la vida….El aborto. Parece que se tiende a una ley de plazos…
En este tema no cabe ningún tipo de equívoco. El aborto es un crimen, y la persona debe ser protegida desde el comienzo de su vida hasta el final. Y no valen subterfugios. Hay una gran confusión, y en esto esperaba más claridad de ideas. La confusión entre el aborto como crimen, como delito, y la despenalización. El aborto siempre es un crimen, otra cosa es que, en algunas circunstancias, pueda haber atenuantes, que es distinto. Pero nunca deja de ser un crimen. La vida es sagrada y debe ser respetada siempre.
-¿A qué viene el cardenal Bertone?
Pues a cumplir una promesa que tenía desde hace unos años. Se había organizado una serie de conferencias, y uno de los que tenían que venir era Bertone. Aquello no pudo ser, pero ahora sí. Y es lógico que el secretario de Estado tenga unas visitas de respeto con las primeras autoridades de la nación, pero no hay otra finalidad.
-¿Cómo está el clima de las relaciones Iglesia-Estado?
El clima entre las instituciones es el normal, se sigue dialogando. Y siempre hay estos temas pendientes, que no acaban de digerir algunos. Que un Gobierno o el Estado puede ser aconfesional, pero la mayor parte de los ciudadanos son confesionales. Todavía no se ha digerido que la aconfesionalidad significa protección al creyente, no enemistad ni varapalos al creyente.
-¿Está la Iglesia perseguida, don Carlos?
NO. En España, quiero decir. No hay persecución, sería excesivo. Hay algunos acosos por parte de ciertos sectores, con ocasión o sin ella. Recuerdo un programa de humor, en el que se decía “Y la próxima semana, hablaremos del Gobierno”. Pues con ocasión o sin ella, se habla de la Iglesia. A veces se sorprende uno al ver cómo algunos medios de comunicación, nada proclives a la Iglesia, son los que más información dan sobre ella. No se ha digerido la aconfesionalidad del Estado, y se cree que un Estado aconfesional es que los creyentes no tienen derecho a vivir en libertad. Y al decir esto digo católicos, musulmanes, judíos, cristianos…
-¿Hay una diferencia social entre creyentes y no creyentes? A raíz de la publicidad en autobuses ateos, los ateos arguyen que tienen el mismo derecho a proclamar su “no creencia” que los creyentes…
El creyente no tiene ningún derecho a incordiar al ateo, ni el ateo a incordiar al creyente. Está bien que Dios viaje en el autobús, pero no creo que el cartón publicitario sea el lugar adecuado para hablar de Dios, sino que debe haber otros foros. Eso me parece una frivolidad, y una polémica inútil. De Dios, los hombres deben hablar en otro sitio y de otra forma. Dios viaja en autobús, pero no en el cartel de publicidad.
-Hablando de Sevilla, y de monseñor Asenjo. ¿Nos podría explicar cuál fue el proceso para la elección del coadjutor? ¿Fue impuesto por Roma o pedido por usted?
Hace un año, más o menos, ya comenzaba a escuchar voces que me hablaban de mi jubilación en el ambiente social. Acababa de estar en algunos sitios donde había esta experiencia, que está contemplada en el Derecho Canónico. Hablé en Roma con ciertas personas, porque estaba muy interesado en que la transición, ese tiempo de espera y esperanza, fuera lo más corto posible. Por otra parte, llevo casi 27 años de arzobispo de Sevilla. Son muchos años en una misma diócesis. Las cosas van relativamente bien, pero algunas cosas, por ese tiempo largo, uno puede adormecerse, y podían ir mejor. Solicité al Santo Padre que me concediera algún arzobispo coadjutor.
-¿Él puso algún problema u objeción?
Ninguno, en absoluto. No era problema, pero sí que decían que como yo estaba muy bien… Yo decía que sí, pero a los 75 años hay que presentar el ministerio, y quieras o no, se crea una situación de espera respecto al sucesor. Y yo quería que ésta fuera lo más corto posible.
-¿Eso quiere decir que usted espera que se le acepte la renuncia cuanto antes?
Ahora se han terminado los rumores respecto al sucesor. Esta diócesis es compleja, variada, muy viva, y no se podía despertar todos los días pensando en quién iba a ser su pastor. Lo que tengo que hacer es presentar al Santo Padre mi renuncia, y después lo que el Santo Padre diga. En mi mano he hecho todo lo posible para que esta transición fuera lo más suave posible. No podemos olvidar que Sevilla tiene su historia, y la historia de las últimas transiciones han sido muy peculiares (Segura y Bueno Monreal). Todas estas cosas también pesan en la historia de la diócesis.
-¿Es Juan José Asenjo el mejor candidato? ¿Qué posibles desafíos se va a encontrar?
Una vez que el Santo Padre le ha designado, es el mejor candidato. Sin duda es el mejor candidato. Pero después monseñor Asenjo reúne una serie de cualidades personales, sacerdotales, episcopales, muy adecuadas para una diócesis como Sevilla. Él tiene un conocimiento de las instituciones. Sevilla es capital de una Autonomía tan grande como Andalucía, y él tiene una experiencia privilegiada como secretario de la Conferencia Episcopal. Otro tema es el conocimiento de la cultura, de la vida, de la religiosidad… y él la tiene por su experiencia en Córdoba.
-¿Puede tener algún problema con las hermandades y cofradías?
Con las cofradías no suelen tenerse problemas, porque suelen ser muy jerárquicas. No hay problemas graves, sino de tercer nivel, sobre si se autoriza o no una procesión. Hay que estar atento y estar cerca de las cofradías, ayudarles, pero no es un mundo conflictivo ni contrario por supuesto al obispo. Siempre está la religiosidad popular y lo que se dice de ella. Pero la gente sencilla vive la fe de forma profunda. Se equivoca quien llega a Sevilla y piensa que todo esto es fiesta. No: hay unos sentimientos profundos, lo que ocurre es que en cada sitio, los elementos culturales del pueblo emergen directamente en la religiosidad popular. Es el mismo Evangelio, que se puede cantar con música distinta: de sardana, muñeira, sevillana…
-¿Qué tal se siente en Religión Digital?
Pues muy bien. Me invitaron a estar en este mundo, y todo lo que sea ayudar a la comunicación es interesante. Internet ya es el presente. Hay una gran cantidad de páginas de contenido religioso, y también de crítica. Cuando una persona sale a los medios de comunicación y tiene unas actividades públicas, tiene que aceptar que se le critique públicamente. Y en eso no hay que enfadarse: es lógico que, si tú expresas una opinión, haya personas que no estén de acuerdo. Yo me siento muy a gusto con los medios de comunicación. A los medios de comunicación no hay por qué tenerles miedo. Ahora, tampoco hay que creerse a pies juntillas lo que dice un medio de comunicación.
-No me puedo ir sin preguntarle sobre la Cope. Usted, que por ciertos medios es visto como un obispo abierto y progresista, en el caso de la Cope usted siempre se ha postulado como un ferviente defensor de la cadena. ¿Se puede deslindar el espíritu y el servicio que hace esta emisora a la sociedad, del trabajo de algunos de sus comunicadores, como Federico Jiménez Losantos, o es imposible separar a Losantos de lo que significa Cope?
En un medio de comunicación, sea el que sea, intervienen muchas personas, desde la empresa que está detrás de ese periódico, hasta las personas que componen la primera página. El medio de comunicación, como tal, es un valor democrático. En un país democrático, si no hay medios de comunicación plurales… Se puede decir que hay libertad de expresión, pero si a usted le cierran el periódico, o no le conceden licencias, a ver cómo se puede hablar. Podemos hablar de Federico o de los redactores o tertulianos… Unos te gustan más, otros te gustan menos. Pero como medio no sé quien dijo que cuando se cierra un periódico, se ha cortado parte del pensamiento de una nación.
-No sé por qué, pero intuyo que usted escucha por las mañanas a Carlos Herrera…
Carlos Herrera es muy amigo mío, pero no de ahora. Desde hace muchos años. Somos amigos, siempre que le pido alguna colaboración para alguna cosa, Carlos está. Yo le sigo, me gusta su forma de escribir y de hablar, aunque alguna cosita, y él lo sabe, tal vez no me gusta mucho. Pero tú aceptas a las personas también cuando dicen algo que a lo mejor no te ha gustado tanto.