02.02.09

El Vaticano acelera el ecumenismo


No cabe la menor duda que si algo era de esperar de parte de Benedicto XVI cuando fue elegido para suceder a Juan Pablo II Magno es que imprimiera un sello personal en lo tocante a la unión entre los cristianos separados y que, por decirlo así, su pontificado se caracterizara, entre otras importantes realizaciones, por ser ejemplo de voluntad de hacer que aquel “Para que sean uno” manifestado por Cristo (Jn 17: 21) se hiciera efectivo.

Por tanto, nada de lo que ahora se va a decir, debería extrañar y, sobre todo, molestar, a nadie.

Recoge La Buhardilla de Jerónimo un hecho a tener en cuenta que habla, a la perfección, del sentido que el Vaticano (y, por tanto, Benedicto XVI; o, más bien, al revés) quiere darle al ecumenismo.

Cuando el anglicanismo aceptó la ordenación de mujeres, muchos de sus fieles llegaron a la conclusión de que aquella no era, en realidad, su religión. Tal fue la cosa que hasta un número de 400.000 decidieron “emigrar” de la, hasta entonces, su fe y a la que, en realidad, era la misma: la católica.

Pues bien, el Vaticano ha debido entender que no se puede dejar, a aquellos miles de creyentes que han tomado el camino del catolicismo, olvidados en un limbo espiritual.

Por eso, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha recomendado, al parecer, al Santo Padre, que cree, para tal grupo de católicos, una Prelatura personal (al estilo del Opus Dei) para que, estando dentro de la Iglesia, desarrollen su específica espiritualidad sin, por ello, romper la comunión católica.

Y esto, piénsese lo que se pueda pensar de la situación del anglicanismo, no es, sino, algo que se debe aceptar como intrínsecamente bueno, aceptable y fruto, sin duda, de la acción del Espíritu Santo sobre muchos corazones vaticanos.

Pero, además, y continuando con las fructíferas noticias sobre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, en entrevista aparecida en Religión en Libertad el Cardenal Castrillón Hoyos, presidente de la Comisión Ecclesia Dei, viene a decir que Monseñor Bernard Fellay, Superior General de la FSSPX reconoce teológicamente el Concilio Vaticano II que, como sabemos, era uno de los escollos (entre otros) con los que se topaba la comunión total con Roma.

En tal entrevista se puede deducir que la voluntad de Benedicto XVI es dar solución, efectiva, a la situación creada entre la FSSPX y Roma y que, en realidad, la tendencia a la comunión está bastante bien trazada en el corazón del Santo Padre.

Por otra parte, tras la elección del Metropolita Kirill como nuevo Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, parecen que las relaciones entre Roma y la Iglesia Ortodoxa Rusia puede tomar un nuevo rumbo. Seguramente, por eso, la persona que acudirá a la ceremonia de entronización de Kirill será el cardenal Walter Kasper , a la sazón Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos porque es sabido que el ahora nuevo Patriarca ruso es más partidario del ecumenismo que el que lo fuera anteriormente, Alexis II, fallecido el 5 de diciembre de 2008. eso decimos que, en lo referido al ecumenismo, el Vaticano (y, muy especialmente y sobre todo) Benedicto XVI ha puesto una marcha más en los temas que tanto duelen a la Iglesia fundada por Cristo.

Y eso, hay que agradecerlo, como poco, con más de una oración de gracias a Dios.