04.02.09
La FERE, seguramente, ha conseguido más
El pasado 30 de enero, publicaba, en Religión Digital (siempre proclive a estas cosas), don Manuel de Castro, a la sazón Secretario General de la FERE (Federación Española de Religiosos de Enseñanza) un texto del que se pueden deducir varias cosas.Como sabemos, puede dar la impresión de que, junto con el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, también puede incluirse a la FERE como los organismos beneficiados por la sentencia del Tribunal Supremo sobre la objeción de conciencia a la aberración llamada Educación para la Ciudadanía.
Y eso es, exactamente, lo que es: concordancia entre ambos (Ejecutivo y FERE, quiero decir); beneficio mutuo.
El artículo firmado por don Manuel de Castro abunda en las ideas que, malamente, se han ido defendiendo por parte de la Federación a la que representa de Castro y que son, exactamente, las contrarias de las que ha manifestado, por activa y por pasiva, la Conferencia Episcopal Española.
Por ejemplo, dice que “nuestra actitud en relación con la asignatura de Educación para la Ciudadanía ha sido la del diálogo”
En realidad, no se sabe con quién ha dialogado. Bueno, sí sabe con quién no ha dialogado: con los padres objetores de los centros que de Castro representa. Sí, sin embargo, ha dialogado, con los representantes del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero para que los conciertos económicos no se fueran al traste en caso de no apoyar a EpC en sus centros. Aunque esto es una presunción por mi parte, claro.
Por ejemplo, dice que “que estamos poniendo todos los medios para que dicha asignatura se imparta en nuestros colegios con un desarrollo acorde con el carácter católico de los mismos.”
La verdad, bien podemos decir que va a resultar bastante difícil que se pueda cohonestar el ideario de un centro católico con el ideario de una asignatura como EpC donde prima, por ejemplo, la ideología de género o, por ejemplo, el uso del preservativo como enseñanzas fundamentales para la juventud española.
Por ejemplo, se permite acudir a aspectos colaterales a la educación para echar balones fuera. Así, parece que comprende “la preocupación de los padres por la formación ética y moral que se les da a los alumnos en las escuelas”. Pero, como eso le quitaría la razón para sostener EpC en sus centros, dice que “Sería de desear que esa misma preocupación se extendiera a otros ámbitos que influyen tanto o más que la misma escuela, como son la televisión, Internet, los amigos”.
Es decir que, en realidad, la escuela poco influye en la instrucción de nuestros hijos y, entonces, algo como EpC apenas influirá. Eso es lo que entiende que pasa don Manuel de Castro que se encuentra, más o menos, en la inopia de lo que sucede en la realidad o, lo que es más que probable, disimula todo lo que puede.
Pero lo más curioso o, mejor, sintomático, del asunto es que la tal asignatura se llama, exactamente, “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” cuando, en realidad, aquí lo que no se ha respetado es, precisamente, un derecho humano como la copa de un pino de grande: el del ejercicio de la objeción de conciencia.
Ahora bien… seguramente, en el nuevo orden mundial masónico, tal derecho carezca de importancia.
Y es que hay algunos que les va la marcha pero es que, para conseguir ciertos barcos hay que perder cierta honra.