Bertone arremete contra el aborto y la eutanasia
Por J. B.RDJueves, 5 de febrero 2009

"No podemos caer en el engaño de pensar que se puede disponer de la vida hasta legitimar su interrupción, enmascarándola quizá con un velo de piedad humana. Por tanto, es necesario defenderla, tutelarla y valorarla en su carácter único e irrepetible". Así de rotundo se mostró el cardenal Bertone a la hora de arremeter contra el aborto y la eutanasia, así como contra algunos "avances científicos" que reprsentan "una clara violación del orden de la creación", durante la conferencia que impartió en la Casa de la Iglesia y a la que asistieron, entre otros, el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, y la portavoz del PP, Soraya Sáez de Santamaría.
"La libertad no puede ser invocada para justificar ciertos excesos", añadió el secretario de Estado vaticano, en una conferencia en la que trazó, "en rasgos generales", la postura de Benedicto XVI ante los Derechos Humanos. En su intervención, Bertone apuntaló cuestiones relativas al derecho a la vida, la educación, la familia, la sana laicidad y la libertad religiosa, defendiendo un "diálogo Estado-Iglesia" que "refuerce la colaboración con las instituciones civiles para el desarrollo integral de la persona y el derecho a la libertad religiosa, que facilite el libre ejercicio de la misión evangelizadora de la Iglesia y que señale el deber de la sociedad y del Estado que garantizar espacios donde los creyentes puedan vivir y celebrar sus creencias".
Bertone arrancó su conferencia reclamando el "pleno reconocimiento" de "la dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana", basada en tres principios: libertad, justicia y paz. Para Bertone, "en nuestros días hay un proceso continuo y radical de redefinir los derechos humanos individuales en temas muy sensibles y esenciales, como la familia, los derechos del niño y de la mujer, etc..." En este sentido, el cardenal italiano indicó que "los derechos humanos están por encima de la política y también por encima del Estado-nación".
Junto a la defensa de la vida y el "no" rotundo al aborto y la eutanasia, que supondrían "una regresión en el concepto del ser humano", Bertone se refirió a la familia y la educación, indicando que "nunca podrá olvidarse que la familia es la fuente fecunda de vida" y que la Iglesia "proclama que la vida familiar está fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer". Para Bertone, "el Estado debe apoyar con adecuadas políticas sociales todo lo que promueve la estabilidad y la unidad del matrimonio, la dignidad y la responsabilidad de los esposos, su derecho y su tarea insustituible de educadores de los hijos".
Tras destacar que "es a la familia, y más concretamente, a los padres, a quienes compete por derecho natural la primera tarea educativa", Bertone resaltó que "es un derecho inalienable de los padres asegurar la educación moral y religiosa de sus hijos". "La enseñanza confesional de la religión -añadió de inmediato- en los centros públicos resulta acorde con el principio de laicidad, porque no supone adhesión ni, por tanto, identificación del Estado con los dogmas y la moral que integran el contenido de esta materia. Asímismo, este tipo de enseñanza no es contraria al derecho de libertad religiosa de los alumnos y de sus padres, debido a su carácter voluntario".
En lo tocante a la libertad religiosa, Bertone señaló que "el Estado democrático no es neutral respecto a la libertad religiosa" y "ha de ser, en cambio, absolutamente neutral respecto de todas las diversas particulares opciones que ante lo religioso los ciudadanos adopten en uso de esa libertad". "Querer imponer -añadió- , como pretende el laicismo, una fe o una religiosidad estrictamente privada es buscar una caricatura de lo que es el hecho religioso".
"No es signo de sana laicidad", recalcó Bertone, "negar a la comunidad cristiana, y a quienes la representan legítimamente, el derecho de pronunciarse sobre los problemas morales que hoy interpelan la conciencia de todos los seres humanos, en particular de los legisladores y juristas". Aunque "la Iglesia se muestra respetuosa ante la justa autonomía" de los poderes públicos, "pide la misma actitud con respecto a su misión en el mundo". "La Iglesia no reivindica el puesto del Estado. No quiere sustituirle. La Iglesia es una sociedad basada en convicciones, que se sabe responsable de todos y no puede limitarse a sí misma", añadió el secretario de Estado, que volvió a reclamar para la Iglesia "la misma actitud de respeto y autonomía que ella muestra hacia las realidades temporales".