04.02.09
A continuación presento cronológicamente ordenados los fragmentos de siete textos que muestran la posición de la Iglesia Católica respecto a la Shoah. Después de cada texto incluyo un comentario que indica qué idea me sugiere cada texto.
[1.-]
Además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio comûn con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos…
La Iglesia, por consiguiente, reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación realizada por motivos de raza o color, de condición o religión…
Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Declaración han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para la gloria de Dios.Nostra Aetate, 4, 5.
Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.
http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html
Si el Estado de Israel fuera árabe, no estaríamos hablando hoy de él. O hablaríamos de él lo mismo que hablamos de Jordania: poco, muy poco o nada. Eso es lo que la Iglesia deplora: “los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos”.
[2.-]
Ante la tragedia de la Shoah a nadie le es lícito pasar de largo. Aquel intento de destruir de modo programado a todo un pueblo se extiende como una sombra sobre Europa y sobre el mundo entero; es un crimen que mancha para siempre la historia de la humanidad. Que esto sirva, al menos hoy y en el futuro, como una advertencia: no se debe ceder ante las ideologías que justifican la posibilidad de pisotear la dignidad humana a causa de la diversidad de raza, de color de la piel, de lengua o de religión. Dirijo este llamamiento a todos y, particularmente, a los que en nombre de la religión recurren al atropello y al terrorismo…
En el Yad Vashem, el memorial de la Shoah, y al pie del muro occidental del Templo, oré en silencio, pidiendo perdón y la conversión de los corazones…
En efecto, si estamos recordando el drama de las víctimas, no lo hacemos para volver a abrir heridas dolorosas, ni para suscitar sentimientos de odio y deseos de venganza, sino para rendir homenaje a aquellas personas, para mostrar la verdad histórica y, sobre todo, para que todos se den cuenta de que aquellos hechos tenebrosos deben ser para los hombres de hoy una llamada a la responsabilidad en la construcción de nuestra historia. ¡Que jamás se repita, en ningún rincón de la tierra, lo que sufrieron hombres y mujeres a quienes lloramos desde hace sesenta años!Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II con ocasión del sexagésimo aniversario de la liberación de los prisioneros del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.
Vaticano, 15 de enero de 2005.
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/messages/pont_messages/2005/documents/hf_jp-ii_mes_20050127_auschwitz-birkenau_sp.html
Juan Pablo II nos recuerda que no podemos contemplar la historia como si la Shoah no hubiera existido. Existió, tuvo lugar, y “se extiende como una sombra sobre Europa y sobre el mundo entero; es un crimen que mancha para siempre la historia de la humanidad”. Por eso hay que juzgar los sucesos a la luz de su existencia. Si se produjo una vez, eso quiere decir que no es imposible que produzca. Otra vez.
[3.-]
El Concilio reafirmó la convicción de la Iglesia de que, en el misterio de la elección divina, los inicios de su fe se encuentran ya en Abraham, en Moisés y en los Profetas. Sobre la base de este patrimonio espiritual y la doctrina del Evangelio, exhortó a una mayor estima y comprensión mutua entre cristianos y judíos, y deploró todas las manifestaciones de odio, persecución y antisemitismo (cf. Nostra aetate, 4). Al inicio de mi pontificado, deseo aseguraros que la Iglesia sigue firmemente comprometida, tanto en su catequesis como en los demás aspectos de su vida, a aplicar esta enseñanza decisiva.
En los años que siguieron al Concilio, mis predecesores el Papa Pablo VI y, de modo particular, el Papa Juan Pablo II, dieron pasos significativos para mejorar las relaciones con el pueblo judío. Yo tengo la intención de continuar por este camino. La historia de las relaciones entre nuestras dos comunidades ha sido compleja y a menudo dolorosa, pero estoy convencido de que el “patrimonio espiritual” atesorado por cristianos y judíos es de por sí la fuente de la sabiduría y de la inspiración que puede guiarnos hacia “un porvenir de esperanza", de acuerdo con el plan divino (cf. Jr 29, 11).
Al mismo tiempo, el recuerdo del pasado sigue siendo para ambas comunidades un imperativo moral y una fuente de purificación en nuestro esfuerzo por orar y trabajar en favor de la reconciliación, la justicia, el respeto de la dignidad humana y la paz que, en último término, es don del Señor. Por su misma naturaleza, este imperativo debe incluir una reflexión continua sobre las profundas cuestiones históricas, morales y teológicas planteadas por la experiencia de la Shoah.Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a un delegación del Comité Judío Internacional para Consultas Interreligiosas.
Vaticano, 9 de junio de 2005.
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2005/june/documents/hf_ben-xvi_spe_20050609_jewish-committee_sp.html
Aunque la Santa Sede no entablara relaciones con el Estado de Israel hasta 1993, parece que, una vez entabladas, no tiene ninguna intención de interrumpirlas. Benedicto XVI profundiza en la linea de su predecesor Juan Pablo II: no podemos contemplar la historia como si la Shoah no hubiera existido.
[4.-]
La historia de las relaciones entre la comunidad judía y la comunidad cristiana es compleja y a menudo dolorosa. Ha habido períodos benditos de buena convivencia, aunque también se ha producido la expulsión de los judíos de Colonia en el año 1424. Después, en el siglo XX, en el tiempo más oscuro de la historia alemana y europea, una demencial ideología racista, de matriz neopagana, dio origen al intento, planeado y realizado sistemáticamente por el régimen, de exterminar el judaísmo europeo: se produjo así lo que ha pasado a la historia como la Shoá. Sólo en Colonia, las víctimas de este crimen inaudito, y hasta aquel momento también inimaginable, conocidas por su nombre, se elevan a once mil; en realidad, seguramente fueron muchas más. No se reconocía la santidad de Dios, y por eso se menospreció también el carácter sagrado de la vida humana.
Este año se celebra el sexagésimo aniversario de la liberación de los campos de concentración nazis, en los que millones de judíos, hombres, mujeres y niños, fueron llevados a la muerte en las cámaras de gas e incinerados en los hornos crematorios. Hago mías las palabras escritas por mi venerado Predecesor con ocasión del sexagésimo aniversario de la liberación de Auschwitz y digo también: “Me inclino ante todos los que experimentaron aquella manifestación del mysterium iniquitatis". Los acontecimientos terribles de entonces han de “despertar incesantemente las conciencias, extinguir los conflictos y exhortar a la paz” (Mensaje con ocasión del sexagésimo aniversario de la liberación de los prisioneros de Auschwitz, 15 de enero de 2005: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 4 de febrero de 2005, p. 7)…
La Iglesia es consciente de que tiene el deber de trasmitir, tanto en la catequesis a los jóvenes como en cada aspecto de su vida, esta doctrina a las nuevas generaciones que no han visto los terribles acontecimientos ocurridos antes y durante la segunda guerra mundial. Es una tarea especialmente importante porque, desafortunadamente, hoy resurgen nuevos signos de antisemitismo y aparecen diversas formas de hostilidad generalizada hacia los extranjeros. ¿Cómo no ver en eso un motivo de preocupación y cautela?…
Los adultos tienen la responsabilidad de pasar a los jóvenes la antorcha de la esperanza que fue entregada por Dios tanto a los judíos como a los cristianos, para que las fuerzas del mal “nunca más” prevalezcan, y las generaciones futuras, con la ayuda de Dios, puedan construir un mundo más justo y pacífico en el que todos los hombres tengan el mismo derecho de ciudadanía.
Concluyo con las palabras del salmo 29, que son un deseo y también una oración: “El Señor dé fuerza a su pueblo, el Señor bendiga a su pueblo con la paz".
¡Que él nos escuche!Saludo del Santo Padre Benedicto XVI a la comunidad judía en la sinagoga de Colonia.
Colonia, 19 de agosto de 2005.
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2005/august/documents/hf_ben-xvi_spe_20050819_cologne-synagogue_sp.html
Benedicto XVI es perfectamente consciente de que el antisemitismo, “una demencial ideología racista, de matriz neopagana,” que “dio origen al intento, planeado y realizado sistemáticamente por el régimen [nazi], de exterminar el judaísmo europeo”, sigue existiendo hoy en día con la suficiente vitalidad como para constituir un peligro real e importante que debe ser públicamente denunciado por el sucesor de Pedro porque “desafortunadamente, hoy resurgen nuevos signos de antisemitismo”.
[5.-]
Era y es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, como hijo del pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con previsiones de bienestar, y también con la fuerza del terror y de la intimidación; así, usaron y abusaron de nuestro pueblo como instrumento de su frenesí de destrucción y dominio…
Esta es también la finalidad por la que me encuentro hoy aquí: para implorar la gracia de la reconciliación; ante todo, a Dios, el único que puede abrir y purificar nuestro corazón; luego, a los hombres que aquí sufrieron; y, por último, la gracia de la reconciliación para todos los que, en este momento de nuestra historia, sufren de modo nuevo bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio…
Elevemos este grito a Dios; dirijámoslo también a nuestro corazón, precisamente en este momento de la historia, en el que se ciernen nuevas desventuras, en el que parecen resurgir de nuevo en el corazón de los hombres todas las fuerzas oscuras: por una parte, el abuso del nombre de Dios para justificar una violencia ciega contra personas inocentes; y, por otra, el cinismo que ignora a Dios y que se burla de la fe en él…
El lugar en donde nos encontramos es un lugar de la memoria, el lugar de la Shoah. El pasado no es sólo pasado. Nos atañe también a nosotros y nos señala qué caminos no debemos tomar y qué caminos debemos tomar…
Los potentados del Tercer Reich querían aplastar al pueblo judío en su totalidad, borrarlo de la lista de los pueblos de la tierra. Entonces se verificaron de modo terrible las palabras del Salmo: “Nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza". En el fondo, con la aniquilación de este pueblo, esos criminales violentos querían matar a aquel Dios que llamó a Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre. Si este pueblo, simplemente con su existencia, constituye un testimonio de ese Dios que ha hablado al hombre y cuida de él, entonces ese Dios finalmente debía morir, para que el dominio perteneciera sólo al hombre, a ellos mismos, que se consideraban los fuertes que habían sabido apoderarse del mundo. En realidad, con la destrucción de Israel, con la Shoah, querían en último término arrancar también la raíz en la que se basa la fe cristiana, sustituyéndola definitivamente con la fe hecha por sí misma, la fe en el dominio del hombre, del fuerte.Discurso del Santo Padre Benedicto XVI en su visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.
Auschwitz-Birkenau, 28 de mayo de 2006
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/may/documents/hf_ben-xvi_spe_20060528_auschwitz-birkenau_sp.html
Querían “matar a aquel Dios que llamó a Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre” porque “este pueblo, simplemente con su existencia, constituye un testimonio de ese Dios que ha hablado al hombre y cuida de él”. Por eso “ese Dios finalmente debía morir, para que el dominio perteneciera sólo al hombre, a ellos mismos, que se consideraban los fuertes que habían sabido apoderarse del mundo. En realidad, con la destrucción de Israel, con la Shoah, querían en último término arrancar también la raíz en la que se basa la fe cristiana, sustituyéndola definitivamente con la fe hecha por sí misma, la fe en el dominio del hombre, del fuerte [el super-hombre nietzscheano, ubicado más allá del bien y del mal]”.Esta opinión del Santo Padre Benedicto XVI es compartida por muchos rabinos. Entre ellos el rabino Nossom Scherman.
http://www.torahmedia.com/downloadlink.php?fid=24993&bw=high
http://www.jewishworldreview.com/jwisdom/scherman_holocaust.php3Por eso la izquierda apoya todo aquello que sea contrario a Israel. Sea justo o no sea justo.
[6.-]
Todos los cristianos deben sentirse comprometidos a dar este testimonio para evitar que la humanidad del tercer milenio padezca de nuevo horrores semejantes a los que evoca trágicamente el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau.
Antes de volver a Roma quise visitar precisamente ese lugar, tristemente conocido en todo el mundo. En el campo de Auschwitz-Birkenau, al igual que en otros campos semejantes, Hitler hizo exterminar a más de seis millones de judíos. En Auschwitz-Birkenau murieron también cerca de 150.000 polacos y decenas de miles de hombres y mujeres de otras nacionalidades. Ante el horror de Auschwitz no hay otra respuesta que la cruz de Cristo: el Amor que desciende hasta el fondo del abismo del mal, para salvar al hombre en la raíz, donde su libertad puede rebelarse contra Dios.
La humanidad de hoy no debe olvidar Auschwitz y las demás “fábricas de la muerte", en las que el régimen nazi trató de eliminar a Dios para ocupar su lugar. No debe caer en la tentación del odio racial, que está en la raíz de las peores formas de antisemitismo.Audiencia General del Santo Padre Benedicto XVI.
Vaticano, 31 de mayo de 2006
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2006/documents/hf_ben-xvi_aud_20060531_sp.html
Otra vez el Santo Padre Benedicto XVI nos recuerda que la “humanidad de hoy no debe olvidar Auschwitz y las demás ‘fábricas de la muerte’, en las que el régimen nazi trató de eliminar a Dios para ocupar su lugar, porque el “odio racial… está en la raíz de las peores formas de antisemitismo”. El Santo Padre usa el presente de indicativo porque no habla del pasado sino del futuro que constantemente se hace presente: hic et nunc.
[7.-]
En estos días, en los que recordamos el Holocausto, me vuelven a la memoria las imágenes recogidas en mis repetidas visitas a Auschwitz, uno de los campos de concentración en los que se consumó la brutal matanza de millones de judíos, víctimas inocentes de un ciego odio racial y religioso. A la vez que renuevo con afecto la expresión de mi plena e indiscutible solidaridad con nuestros hermanos destinatarios de la Primera Alianza, espero que la memoria del Holocausto impulse a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal cuando conquista el corazón del hombre. Que el Holocausto sea para todos advertencia contra el olvido, la negación o el reduccionismo, porque la violencia hecha contra un solo ser humano es violencia contra todos. Ningún hombre es una isla, escribió un conocido poeta. Que el Holocausto enseñe, tanto a las personas mayores como a las nuevas generaciones, que sólo el fatigoso camino de la escucha y del diálogo, del amor y del perdón, conduce a los pueblos, las culturas y las religiones del mundo a la anhelada meta de la fraternidad y de la paz en la verdad. ¡Que la violencia nunca más humille la dignidad del hombre!
Audiencia General del Santo Padre Benedicto XVI.
Vaticano, 28 de enero de 2009
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2009/documents/hf_ben-xvi_aud_20090128_sp.html
Quizá se pueda decir más alto, pero difícilmente se puede decir más claro: “A la vez que renuevo con afecto la expresión de mi plena e indiscutible solidaridad con nuestros hermanos destinatarios de la Primera Alianza, espero que la memoria del Holocausto impulse a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal cuando conquista el corazón del hombre. Que el Holocausto sea para todos advertencia contra el olvido, la negación o el reduccionismo”.
Ésto es lo que dice la Iglesia: es necesario tener muy en cuenta la Shoah para interpretar los signos de los tiempos.
Hoy, miércoles 4 de enero de 2009, sigue ejerciendo el sacerdocio y la docencia el padre Juan Masiá Clavel, autor de este artículo: La moral no prohibe desconectar a Eluana.