
ZENIT
El mundo visto desde Roma
Servicio diario - 07 de febrero de 2009
ENTREVISTAS
México, esperanza para la Iglesia
DOCUMENTACIÓN
"¡Fuera Dios y toda autoridad!"
A propósito del bus ateo
Entrevistas
México, esperanza para la Iglesia
Entrevista con el cardenal Bertone a la luz de su visita a México
CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 7 febrero 2009 (ZENIT.org-El Observador).-El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, realizó un viaje a México del 15 a l 19 de enero. En su calidad de delegado papal, el purpurado presidió los momentos más importantes del VI Encuentro Mundial de las Familias y sostuvo encuentros con el mundo de la cultura de ese país y con el presidente de la República Mexicana, Felipe Calderón Hinojosa. A su regreso al Vaticano, el Secretario de Estado ofreció una entrevista conjunta a la Radio Vaticana, L'Osservatore Romano y el Centro Televisivo Vaticano, en la cual expuso un balance de su visita. La entrevista fue realizada por Carlo Di Cicco, subdirector de L'Osservatore Romano, y Roberto Piermarini, responsable de los Servicio Informativos de la emisora pontificia.
--Eminencia, su visita a México nos pareció muy diversa respecto a sus viajes precedentes: además del hecho de que su participación se realizó como legado papal, se tuvo la impresión de que marcó un nuevo inicio en las relaciones entre la Iglesia, la Santa Sede y la sociedad mexicana. ¿Qué sucedió realmente?
--Cardenal Bertone: Ha sido un viaje con un profundo carácter pastoral -como legado papal para el VI Encuentro Mundial de las Familias- y, naturalmente, también político, al sostener encuentros con el presidente de la República y otras autoridades. Hay que recordar que en tiempos recientes también monseñor Dominique Mamberti había ido a México, con ocasión del XV aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, lo que fue un gran cambio en México, una etapa marcada en 1993 por el Papa Juan Pablo II con ocasión de su viaje a la Jornada Mundial de la Juventud en Denver. El Secretario de Estado fue a México como legado papal, pero también como Secretario de Estado, lo que ha puesto el acento sobre estos aspectos positivos. No es que haya en México un laicismo positivo -un tema que se discutió luego en el encuentro de Querétaro-, pero sí encuentros y relaciones más positivos entre el Estado y la Iglesia. Hay una Iglesia que está reasumiéndose; una Iglesia mártir como lo es la mexicana. Se trató de una ocasión excepcional en la cual el Papa se hizo presente con dos mensajes: su bendición grabada y una transmisión en directa, durante los que resonó el palpitante y alegre grito mexicano: "El Papa está presente". Se trata de una convicción que expresa el gran deseo de la presencia del Papa, pero también del sentido de plena comunión y convivencia con el Papa, el Obispo de Roma.
--Familia y cultura fueron los dos polos más importantes en todas sus intervenciones. ¿Por qué les ha brindado tanta atención a estos dos temas?
--Cardenal Bertone: Porque en realidad, la familia es la primera instancia transmisora de valores y cultura para las nuevas generaciones, para los niños y los jóvenes que están creciendo: la familia es transmisora de valores. Éste es un dato comprobado en la experiencia de la vida familiar, a pesar de todas las dificultades que marcan el camino, no sólo en Europa, sino también en América Latina. Me acuerdo de una conferencia, de un debate, que tuvo lugar aquí en Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán, con el profesor Barbiellini Amidei, acerca justamente de la familia, en cuanto a su capacidad o incapacidad para enfrentar otras instancias de socialización en la tarea de transmisión de los valores. Al final llegamos al acuerdo de que la familia es la primera instancia de transmisión de los valores -y ésta es también la convicción de los Papas: de Juan Pablo II y, particularmente, del Papa Benedicto, tal como se retomó en los dos mensajes dirigidos a México-, la familia es la primera instancia de formación humana y cristiana. Ella transmite la identidad: la identidad propia de la familia, la identidad cultural y espiritual de un pueblo. El Estado nace luego gracias al conjunto, a la comunión entre las familias, por ello el Estado debe tener la misión de consolidar la identidad de un pueblo fundado en sus propias raíces, en sus propios orígenes, que determinan luego el desarrollo, tanto de la comunidad política, como de la eclesial.
--De algún modo, usted pareció animar una refundación de la cultura católica mexicana, ¿con qué objetivo?
--Cardenal Bertone: En México hay grandes tradiciones culturales: existen muchas universidades y muchas instituciones educativas, y el riesgo consiste en que estas realidades, que renacieron luego de que se le restituyó a la Iglesia un espacio de libertad, se queden en un rincón. Hay un fuerte sabor a laicismo, hay fuerzas que se oponen a la Iglesia, que se oponen a la misión educativa y formadora de la Iglesia; a la función de la Iglesia de hacer cultura. Pero recordemos que la Iglesia ha sido la creadora de la universidad, las universidades nacieron en el seno de la Iglesia, y en México dicen que hay más de dos mil universidades, sumando las estatales y las privadas; muchas de ellas católicas, pertenecientes inclusive a institutos religiosos. Se trata de un recurso inmenso que hay que destrabar -por decirlo así-, que hay que hacer presente y activo, de modo que pueda incidir en la cultura del pueblo y demostrar -y en esto se encuentra el problema de la evangelización de la cultura- que también las universidades de matriz católica o de aspiración católica pueden hacer ciencia, que pueden hacerla progresar y crear por lo mismo nuevos ámbitos y formas de desarrollo cultural, precisamente a favor de la Nación mexicana. Por ello busqué animar e impulsar este tipo de desarrollo.
--En el encuentro con el mundo de la cultura y la educación, usted insistió en el éxito limitado que tuvo la cultura mexicana durante el último siglo. ¿No es un juicio demasiado duro para una Iglesia que sufrió una persecución incluso sangrienta?
--Cardenal Bertone: En realidad se trata de un juicio duro. Cité textualmente a un autor, Gabriel Zaid, quien recuerda su relación con un obispo europeo, que le preguntaba: "¿Es posible una cultura católica en México o que la Iglesia católica tenga algún influjo cultural en el país?". Cuando este obispo europeo, más exactamente un holandés, le preguntó que podía esperarse de México, Zaid -desolado- confesó: "No pude darle la menor esperanza. En México, más allá de los vestigios de mejores épocas y de la cultura popular, se acabó la cultura católica. -Dense cuenta de que nos encontrábamos en los años setenta- Se quedó al margen, en uno de los siglos más notables de la cultura mexicana: el siglo XX. ¿Cómo pudo ser? -Zaid responde- ¡Todavía me lo pregunto!". Este diagnóstico ciertamente es pesimista: lo he retomado justamente porque han habido impulsos, aspectos positivos sumamente significativos, por lo cual sería muy injusto subrayar lo negativo y suscribir íntegramente este diagnóstico. No obstante, la observación del escritor y la pregunta del obispo exigen una respuesta, son estimulantes. Que la cultura sea necesaria en la obra de la Iglesia y aún más en la de la misma humanidad, lo afirmó el Papa Juan Pablo II -en su gran discurso en la Unesco-, cuando gritó: "¡El futuro del hombre depende de la cultura! ¡La paz del mundo depende de la primacía del Espíritu! ¡El porvenir pacífico de la humanidad depende del amor!". Por tanto, puso en relación paz, cultura y amor. Para la Iglesia, la promoción cultural resulta una realidad connatural, inscrita en su ADN, en su historia: es una exigencia urgente y necesaria. Por el hecho mismo de que el Evangelio es por sí mismo creador de cultura, el anuncio del Evangelio es creación cultural.
La verdad es que la Iglesia mexicana fue perseguida y ofreció muchos mártires. Recibí y veneré la reliquia de un chico de 15 años, mucho más maduro de lo que parecería por su edad, José Sánchez del Río, que participaba en un círculo cultural de la Acción Católica. A pesar de su corta edad, fue apresado, y luego de su captura fue masacrado. Antes de morir, escribió: "Viva Cristo Rey", que era el grito de los mártires mexicanos. Por eso la Iglesia de México es ciertamente una Iglesia mártir, pero también por ello ha sido puesta al margen de la vida pública. Esta Iglesia ha practicado siempre una gran religión del culto, muy significativa, fuente de su fidelidad a Cristo y de su entusiasmo por la fe, pero un tanto resignada desde el punto de vista cultural. Por eso era y es necesario, relanzar a toda la promoción cultural que -como dije- es connatural a la misión de la Iglesia, particularmente en México.
--Otro punto en el que se insistió fue la necesaria apertura y recuperación del mestizaje: ¿no se trata de un concepto que hace falta no sólo en México sino además en los países occidentales, donde este concepto se acepta con dificultad y aún hay mucho camino por recorrer?
--Cardenal Bertone: El mestizaje es un modo de pensar, una realidad muy bella que indica la evolución de la cultura que se verifica a través del encuentro de las culturas, un encuentro que no debe ser exclusión. En México -pero lo mismo vale para otros países, por ejemplo, el Occidente-, el código de la cultura es el Evangelio y la Biblia. No obstante, en Europa y en Occidente, el código cultural que es el Evangelio y la Biblia, o mejor, sus raíces cristianas, en ocasiones es puesto de lado y descartado como código de vida, de experiencia y de evolución cultural. En México, el barroco mexicano y la entera inspiración mestiza de la Virgen de Guadalupe, están en riesgo de dividirse por causa de quienes defienden solamente la cultura indígena y por quienes propugnan en cambio por una superioridad -por decirlo así- de la cultura europea, que habría cancelado las raíces, la fuentes indígenas. Por ello, estamos en riesgo de que la contraposición entre cultura indígena y cultura europea, sin un diálogo verdadero y una sinergia de las dos culturas, y sin una síntesis que parta de ambas y forme esta nueva cultura, que es la característica de identidad del pueblo mexicano y de tanto pueblos de América Latina. Esta escisión, este enorme divorcio, es el gran divorcio que se dio entre la cultura popular y la cultura de las élites, tan influenciada por la cultura europea. Así que, ante este divorcio, la gran síntesis barroca y mestiza es el signo de la identidad del pueblo mexicano. Hay que evitar la escisión y retomar la síntesis entre las culturas mediante un diálogo efectivo, fecundo y fructífero. Este diálogo está representado en México por el arte, pero también por esa presencia misteriosa, extraordinaria, que el Papa Juan Pablo II subraya en la figura de la Virgen de Guadalupe, al decir que es un símbolo de la inculturación de la evangelización. El rostro mestizo de la Virgen de Guadalupe desde el inicio de la historia del Nuevo Mundo, demostró que hay unidad de la persona, dentro de la variedad de las culturas y en el encuentro entre las culturas.
--¿Cómo juzga el encuentro sostenido con el presidente de la República?
--Cardenal Bertone: Ha sido un encuentro sumamente cordial, diría muy bello y muy rico, que duró poco más de una hora, una hora y diez. Fue el encuentro con un hombre católico, quien realizó un gran discurso en la asamblea del Encuentro Mundial de las Familias, un hombre que tiene la voluntad de recuperar las raíces cristianas de la cultura mexicana, pero que hace también preguntas precisas a la Iglesia. Él subrayó la relación entre religión y vida, la exigencia de coherencia en la pertenencia a la religión católica. Tengamos en cuenta que los mexicanos, de acuerdo a las estadísticas más recientes, se declaran católicos en un 87%, pero como en muchos lugares -por desgracia- el hecho de declararse católicos no significa que se viva en coherencia con el Evangelio y con las indicaciones de la Iglesia. Por eso hablamos con gran sinceridad y tocamos diversos temas, como el problema educativo en México, el tema de las escuelas católicas, que son -me parece- el 5% y, por tanto, un porcentaje muy bajo de todas las escuelas mexicanas, hablamos pues del problema de la instrucción. Hablamos también de la enseñanza de la religión católica para la formación integral de los niños y de los jóvenes, y para el desarrollo de su personalidad. Puse como ejemplo de ello el Acuerdo firmado entre la Santa Sede y Brasil, el cual contempla dicha materia. Se trata de un enorme país latinoamericano, de un país moderno. Saludé con gusto a todos los miembros de su familia, con tres hijos: uno se llama Juan Pablo, probablemente como recuerdo de las visitas de Juan Pablo II a México.
--¿A qué conclusiones ha llegado sobre la Iglesia en México luego de su encuentro en oración con los obispos, los seminaristas y los fieles?
--Cardenal Bertone: Creo que es una Iglesia muy viva. La Iglesia en México no es una institución en crisis; hay un bello episcopado. Me encontré con los obispos, como hago en todas las visitas y viajes internacionales que realizo. También con ellos tuve una discusión muy franca. Pude ver una Iglesia en crecimiento, desde diversos puntos de vista, obviamente con todas las dificultades de los tiempos modernos y de los países de América Latina: por ejemplo, el problema de la agresividad de las sectas. Pero se trata de una Iglesia en crecimiento, que le da protagonismo a los laicos y los laicos tienen un gran deseo de colaborar, tanto en el ámbito de la cultura, como en el de la economía, típicos de la actividad laical, lo mismo que en la política. Ellos piden orientación de parte de la Iglesia, estímulo y propuestas para participar juntos y compartir. Apenas en noviembre del año pasado, los obispos realizaron la reunión de la Conferencia Episcopal con la participación de 120 exponentes del laicado católico, bien preparados y bien intencionados y, por lo mismo, capaces de colaborar y revigorizar la presencia de la Iglesia en la sociedad mexicana. La vocaciones siguen siendo numerosas, los seminarios siguen abarrotados, aunque con números diversos de una diócesis a otra, pero habiendo diócesis con cientos de seminaristas. Está por resolverse todavía el problema formativo, pero se trata de una fuerza inmensa. Consideremos que México cuenta con 92 diócesis, así que México puede ser una fuente misionera para los países que le circundan.
--Sus intervenciones y las intervenciones de Benedicto XVI tuvieron una armonía singular, como dos momentos de una misma trama del coloquio con la Iglesia mexicana. ¿Qué significa y cuál es el objetivo de esta sintonía?
--Cardenal Bertone: Debo decir primero que el Santo Padre conoce bien a la Iglesia de México, puesto que la Conferencia Episcopal y por tanto todos los obispos de México, vinieron en visita ad Limina pocos meses después de la elección de Benedicto XVI, quien -como hace en todas las visitas de este tipo- se preparó a detalle, estudió las relaciones proporcionadas por las diócesis, por el nuncio y por la Conferencia Episcopal, teniendo un diálogo puntual con cada obispo. Esto permite, naturalmente, tomarle el pulso a la vida de la Iglesia en un país determinado. Por otro lado, el primer colaborador del Papa está en perfecta sintonía con él. Naturalmente los discursos del Papa los conoce el Secretario de Estado y éste se prepara en estos viajes en armonía con las intervenciones y temas que al Santo Padre y a la Santa Sede más les preocupan. Los temas de la familia y de la cultura, especialmente durante el encuentro de Querétaro con el mundo de la cultura, son temas que el Papa tiene muy cerca del corazón. Conocemos bastante la articulación del pensamiento del Santo Padre y por ello no es difícil sintonizarse con el pensamiento del Papa: sostener a los obispos, al mundo católico y a los laicos mexicanos en esta comunión plena y concreta, no sólo mediante la oración, sino con el afecto, también público y entusiasta del Santo Padre, al mismo tiempo que compartir los proyectos culturales y pastorales que le interesan. Trate de animar a este gran país católico -este era el objetivo- a que sea un país atractivo, un país modelo para América Latina y el Caribe, sobre todo por su fuerza, por sus recursos extraordinarios: pues posee una gran riqueza humana y amplios recursos materiales, morales y culturales. Por ello, México puede convertirse en punta de lanza para los demás países de América Latina. Este es el deseo que quisiera formular luego de mi viaje a México y que pongo a los pies de la Virgen de Guadalupe.
Documentación
"¡Fuera Dios y toda autoridad!"
Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 7 febrero 2009 (ZENIT.org-El Observador).- Publicamos el artículo escrito por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "¡Fuera Dios y toda autoridad!".
VER
Nuevamente apareció, en una calle de nuestra ciudad, este letrero: "Ni Dios ni amo". Alguien lo había borrado del lugar donde fue pintado hace dos años, en el antiguo templo de San Agustín, convertido en centro cultural, pero su autor insiste en su deseo y en su lucha: eliminar a Dios y rechazar todo tipo de autoridad, empezando por la paterna. La mayoría de los que grafitean así, son "hijos de papi" y poseen respaldo económico para andar de vagos, seducidos por cualquier líder o corriente contestataria.
En autobuses urbanos de ciudades europeas se han puesto carteles en que se afirma que es probable que Dios no exista; por tanto, hay que gozar la vida y no temer. Están muy activos los que se consideran ateos. Quieren desterrar todo signo que mencione a Dios o lo recuerde en espacios públicos. Es por donde van algunos de nuestros laicistas, quienes abogando por la libertad, la coartan a los creyentes, pues pretenden que la fe se quede encerrada en las conciencias, en los hogares y en los templos. ¡No saben lo que es la fe! Pronto van a pedir que se elimine el nombre de Dios en el himno nacional...
JUZGAR
El ser humano, por su sed insaciable de trascendencia y por su búsqueda permanente de lo divino, lleva en su corazón el anhelo de ser más. Es la tentación que describe el Génesis: la serpiente, símbolo del demonio, incita a Adán y Eva a ser como dioses, conocedores del bien y del mal. Es la pretensión de hoy y de siempre: afianzarse a sí mismos y prescindir de todo aquello que sea superior a nosotros. Es el orgullo de la ciencia y de la técnica: sentirse dueños de la vida y de la historia, como si depender de Dios nos quitara valía, nos esclavizara, nos impidiera crecer y avanzar.
El anhelo legítimo de independencia, de libertad y de autonomía, que llevamos inserto por Dios mismo en nuestro ser, nos hace crecer, desarrollar las capacidades que El nos dio, pues no tiene envidia de nosotros, ni teme que seamos más que El. Todo lo contrario. Quiere que crezcamos como personas, que seamos alguien, que disfrutemos de la vida, que nos desarrollemos integralmente. El nos creó no para ser marionetas o monigotes en sus manos, sino para que seamos nosotros mismos y lleguemos a la plenitud. Sin embargo, sabe que somos limitados; que con frecuencia calificamos como bueno lo que nos perjudica; que dañamos a otros para subir y salir adelante. Por ello, nos ofrece una ayuda; nos da señales en la naturaleza para que no nos destruyamos; contamos con su Palabra, que nos ha revelado a través de la historia; nos envió a su propio Hijo, Jesucristo, que es su Verbo, la expresión más plena de su Ser, la revelación de Sí mismo. Cristo nada nos quita, sino que nos enseña el camino para ser personas, y nos ayuda a lograr una felicidad tan profunda que si los anarquistas y rebeldes sociales lo conocieran, no lo sentirían contrario, sino amigo, hermano, salvador.
ACTUAR
Padres de familia: acérquense a Jesucristo; inviten a sus hijos que lo conozcan y procuren vivir conforme a su Evangelio. Es la mejor manera de que aprendan a ser libres. Es el método educativo más eficaz para que crezcan como seres positivos, maduros, serviciales, generosos, atentos, agradecidos, respetuosos de sus padres, de toda autoridad legítimamente constituida y de la sociedad. De lo contrario, sin Dios en la vida de ustedes y de sus hijos, los exponen a ser violentos, agresivos, destructores y antisociales.
Jóvenes: ¡No teman conocer a Jesús y acercarse a El! Nada pierden y todo ganan. El es el único camino cierto y seguro de felicidad plena. No buscarán pandillas oscuras para afianzarse en su negatividad y en su inconformidad social, sino que se unirán a otros jóvenes para ser constructores de una nueva sociedad, de una nueva Iglesia, de nuevas familias. ¡Hagan la prueba y verán qué bueno es el Señor!
Intensifiquemos la evangelización y catequesis, la pastoral juvenil, en vez de sólo quejarnos de cómo está la juventud. Letreros como el aparecido en nuestra ciudad nos invitan a un examen de conciencia, pues nos indican que debemos acercarnos más a los jóvenes y presentarles a Jesús, liberador y salvador.
Por monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia
PALENCIA, sábado, 7 febrero 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, con el título "Con serenidad y fortaleza" a propósito de la publicidad atea en autobuses de varias ciudades de Europa.
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La Conferencia Episcopal Española publicó el pasado 23 de enero una Nota de prensa, con el título: "Una publicidad lesiva de la libertad religiosa, en autobuses públicos". La Nota pide a las autoridades civiles competentes la tutela del ejercicio pleno del derecho de libertad religiosa, de forma que la libertad de expresión no pueda ser esgrimida como excusa para ofender deliberadamente las convicciones más intimas de otros ciudadanos.
Resulta sorprendente que la presencia de un crucifijo en la pared de un colegio público, se considere lesiva del derecho aducido por un solo padre, mientras que la exhibición publicitaria de un mensaje injurioso contra los creyentes en los autobuses urbanos, con evidente intención de agravio, se estime perfectamente admisible. Ciertamente, la lógica del laicismo es bastante peculiar...
¿Por qué es una blasfemia?
La Nota razona de la siguiente forma: "Insinuar que Dios probablemente sea una invención de los creyentes y afirmar además que no les deja vivir en paz ni disfrutar de la vida, es objetivamente una blasfemia y una ofensa a los que creen".
"Dios es amor" (cfr 1 Jn 4, 8) y es la fuente de la felicidad del hombre. El ateísmo más militante suele sostener que la existencia de Dios es incompatible con la libertad humana. Dios es presentado como un tirano que nos conduce a vivir angustiados y amargados. Es difícil formular una blasfemia más contraria al rostro de Dios revelado en la Biblia: Dios es el Padre misericordioso que derrama sus gracias sobre todos sus hijos, incluyendo quienes le ofenden o le ignoran. El dolor que sentimos los creyentes ante una campaña de este tipo, es similar al que podría experimentar un ateo al leer con sorpresa en una valla publicitaria: "Libérate de tus padres y serás feliz".
Blasfeman, luego existe
Más allá de la ofensa a Dios y de la falta de respeto a las convicciones de los creyentes, es muy probable que, por esas "carambolas" de la providencia divina, esta campaña injuriosa acabe teniendo resultados beneficiosos en sus destinatarios. De hecho, nuestra cultura actual ignora la cuestión de Dios, por entender que es un asunto privado que debe ser expulsado de la vida pública, y la noticia religiosa suele reducirse a criticar a la Iglesia. Sin embargo, esta campaña trae la cuestión de Dios al centro del debate, aunque sea de una manera impropia y maliciosa.
En efecto, son muchos los que se plantean en estos días cuál es el concepto de Dios del que han partido los autores de esta campaña, y si verdaderamente coincide con el Dios Padre revelado por Jesucristo y predicado por la Iglesia. Además, no deja de ser sorprendente que quienes se consideran ateos, gasten su dinero en intentar convencer a los demás de que Dios no existe. ¿Qué beneficio pueden sacar de este "apostolado"? Difícilmente nosotros invertiríamos nuestros bienes, por poner un ejemplo, para advertir a los demás de que no existen los extraterrestres, si no creemos en ellos. Es decir, este tipo de campañas promovidas por asociaciones militantes del ateísmo, lejos de aportar ningún dato objetivo contra la existencia de Dios, acaban por resultar un "espejo" de la conciencia incómoda de quien las pone en marcha. No sería lógico suponer que quien viviese pacíficamente su increencia, fuese a embarcarse en estas empresas publicitarias. Hoy también, siguen haciéndose realidad las palabras del Evangelio que se refieren a Cristo como signo de contradicción ante el que nadie permanece indiferente (cfr. Lc 2, 34).
Serenidad y mansedumbre, fortaleza y valentía
La Nota de la Conferencia Episcopal Española que estamos comentando, concluye con esta equilibrada invitación: "Los católicos respetarán el derecho de todos a expresarse y estarán dispuestos a actuar, tanto con serenidad y mansedumbre ante las injurias, como con fortaleza y valentía en el amor y la defensa de la verdad".
Esta conclusión final es muy importante, porque nos ofrece una orientación sobre el talante con el que los cristianos debemos afrontar este tipo de injurias: Tan incorrectas e impropias serían las reacciones indolentes, como las agresivas, o como las equidistantes.
Sabemos de sobra que nadie hubiese permitido un lema publicitario formulado en los siguientes términos: "Probablemente Alá no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida". Es evidente que estas blasfemias que se lanzan en Occidente, son un abuso de los principios de respeto y tolerancia sembrados por el cristianismo. Pero, sin embargo, no nos avergonzamos del Evangelio; y deseamos ser seguidores de aquellas palabras de Jesús que nos piden "guardar la espada" (cfr. Jn 18, 11); al mismo tiempo que responder con la misma firmeza y serenidad con que Cristo se dirigió al soldado que le abofeteaba: "Si he hablado mal, dime en qué. Pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?" (Jn 18, 23).
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