06.02.09

Santos españoles entre los mártires de Japón


En 1549 muchos japoneses se convirtieron a la fe católica cuando el jesuita S. Francisco Javier llegó a Japón, pero tuvieron que esconderse o dejar la isla unas décadas después cuando comenzó una persecución. El 5 de febrero de 1597 ejecutaron a 26 mártires en Japón traspasándoles con lanzas mientras colgaban de cruces con argollas de hierro. Les habían cortado parte de la oreja izquierda y hecho andar 600 millas en invierno de Tokyo a Nagasaki (lo cual hicieron cantando el Te Deum, rezando el Rosario y cantando salmos que habían aprendido en la catequesis), pero todavía les quedaba fuerzas para alabar al Señor y predicar desde sus cruces.

S. Felipe de Jesús
, el primer santo mejicano, fue el primero en morir, pero S. Pablo Miki, (jesuita japonés e hijo de un capitán que estudiaba para el sacerdocio) es el más conocido predicador entre los mártires, aún colgado de su cruz:

“Al llegar este momento no creerá ninguno de vosotros que me voy a apartar de la verdad. Pues bien, os aseguro que no hay más camino de salvación que el de los cristianos. Y como quiera que el cristianismo me enseña a perdonar a mis enemigos y a cuantos me han ofendido, perdono sinceramente al rey y a los causantes de mi muerte, y les pido que reciban el bautismo.”

¿Y los demás 24? ¿Sabía que al menos cuatro de ellos eran españoles?

S. Pedro Bautista (48 años), de San Esteban del Valle (Ávila) era Embajador de España, comisionario de los franciscanos y “Padre de los pobres leprosos”. S. Martín de la Ascensión (30 años) de Guipúzcoa amaba rezar por la noche y era compañero de S. Francisco Blanco de Monterrey (Orense), que era pacífico, silencioso e inteligente. Estos dos santos andaron a Sevilla y de allí fueron mandados a las Islas Filipinas. S. Francisco de S. Miguel (53 años), de La Parrilla (Valladolid), solía decir: “Mañana tañerán a comer” cuando querían convencerle que dejara de ayunar. Se sintió inútil en Japón y a veces deseaba volver a Filipinas, pero el Señor tenía otros planes para él.

Al menos esos cuatro eran españoles, ya que de uno de los mártires, S. Matías, sólo se conoce el nombre porque se ofreció en lugar de otro Matías que buscaban los soldados. Los padres de dos de los mártires eran de nacionalidades diferentes: S. Antonio (13 años), que murió cantando a pesar de ver las lágrimas de su madre japonesa al pie de su cruz tenía un padre chino. El padre de S. Gonzalo García era portugués pero su madre india. Ese santo patrono de la diócesis de Bombay tartamudeaba el portugués pero hablaba muy bien en japonés. Convirtió a S. Gabriel (19 años), que hasta su conversión servía a un alto oficial.

Los mártires tuvieron diferentes oficios: un carpintero (S. Francisco), un forjador de espadas (S. Cosme Takeya), un fabricante de arcos y flechas que ayudó a construir iglesias (S. Miguel Kozaki), un farmacéutico que solía tener un mal carácter (Sto. Tomás Dangui), un fabricante y vendedor de tejidos de seda (S. Juan Kinuya, 28 años) y un médico (S. Francisco) que se convirtió y convirtió a su mujer tras llevar consigo por cuatro años un rosario de un señor feudal japonés.

Se nota también en la vida de otros mártires la importancia de compartir la fe en familia. S. León Karasumaru (que ayudaba a los franciscanos a construir iglesias, comprar propiedades y dirigir hospitales) había sido bautizado por jesuitas y era un catequista de los franciscanos (como S. Cosme Takeya). Era el hermano menor de S. Pablo Ibaraki, un samurai bautizado por los jesuitas que fabricaba vino de arroz. Ambos eran tíos de S. Luis Ibaraki (12 años) que reía y cantaba a lo largo del mes de tormentos. Otro mártir, Sto. Tomás Kozaki (14 años) se había hecho franciscano con su padre y escribió una carta de despedida a su madre tras su condena.

Los mártires del Japón mostraban un gran aprecio por haber recibido su fe. S. Diego Kisai (64 años) atendía a huéspedes en casa de los jesuitas, quienes educaron a muchos (como S. Juan de Gotoo). S. Pablo Suzuki (49 años) era catequista y murió 13 años tras su Bautizo. S. Joaquín Sakakibara (40 años) fue bautizado por un catequista cuando estaba muy enfermo y se hizo cocinero del convento franciscano en agradecimiento. También fue a un convento franciscano S. Ventura, que huérfano de madre fue puesto en un monasterio budista, pero lo dejó al enterarse de que había sido bautizado de niño. En su martirio pidió por su padre y madrastra.

Esos mártires vieron el fruto de su ejemplo cuando un joven enviado por un sacerdote para asistirles de camino a Nagasaki se unió a ellos (S. Pedro Sukejiro). De 1613 a 1637 el catolicismo fue oficialmente prohibido, pero en el s. XIX volvieron los misioneros. Aunque la gran mayoría de los japoneses todavía no son católicos, en septiembre del 2008, fue elegido como primer ministro Taro Aso, el primer católico en ocupar el puesto y cuyo abuelo se convirtió al catolicismo poco antes de morir.

[Fuente sobre los 26 Mártires de Japón: “La Colina de los Mártires, Nagasaki”, por Diego R. Yuki, S.J.]

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En el portal de la Agencia Fides se puede uno apuntar para recibir por e-mail las noticias diarias de la Agencia Fides, pero también encontrar estadísticas de la Iglesia de 1997 a 2002. Allí se ve que de 2000 a 2002 disminuían a nivel mundial los números de sacerdotes, religiosos y religiosas, pero en Asia los números aumentaban y mostraban el mayor crecimiento de sacerdotes diocesanos y religiosos (+1.937 en 2002).

También se puede encontrar en ese portal una sección de documentos muy interesantes, una sección de profundizaciones (con artículos por D. Nicola Bux, D. Salvatore Vitiello, Mons. Massimo Camisasca, D. Luciano Alimandi y Sua Ex. Mons. Mauro Piacenza), un librito de oraciones de cada día para los niños, una colección de oraciones de la Biblia y unos ejemplos de música católica de todo el mundo (como algunos himnos de las Jornadas Mundiales de la Juventud), además de un martirologio con nombres de misioneros que han sido matados por todo el mundo.

Nos dice el Evangelio del 4o. domingo de Tiempo Ordinario que la fama de Jesús tras curar a un endemoniado se extendió: “alcanzando la comarca entera de Galilea” (Mc. 1, 28). Hoy en día se extiende por todo el mundo, gracias a la labor de los misioneros y a la sangre de mártires como los de Japón. Nuestra Señora de Akita (Japón), ruega por nosotros.

Pregunta del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Conoce personalmente a algún misionero o admira a alguno entre los santos?

Mañana: los demonios - “éstos le obedecen” (Mc. 1, 27)