Aracil: "Hay que mejorar la atenciòn social"

08.02.09 | 08:44. Archivado en Obispos

 

Más de tres millones de parados. La dramática cifra que hemos conocido esta semana se descuelga, sin embargo, de diez años de prosperidad económica en la que nuestro país no sólo no ha podido terminar con la pobreza, sino que la crisis económica ha terminado por desbordar las redes de atención social. Esta es la denuncia que Cáritas ha puesto sobre la mesa a través de los resultados de su último informe FOESSA o del Observatorio de la Realidad Social. De esta «compleja y multifacética» situación también se ha hecho eco monseñor Santiago García Aracil, arzobispo de Mérida-Badajoz, y uno de los prelados que mejor conoce cómo está afectando al sector más vulnerable de nuestra sociedad la grave situación económica, por su cargo como presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, el organismo encargado de las relaciones de la Iglesia con los agentes sociales, especialmente del ámbito político y económico. Lo entrevista Laura Daniele en Abc.

En esta entrevista concedida a ABC, el prelado denuncia que España le queda «bastante camino que recorrer en la conjunción de esfuerzos para conseguir niveles mayores de atención social».

-El Papa ha insistido en el origen moral de la actual crisis económica ¿Cómo ve usted la situación?

-Las crisis económicas de esta envergadura y amplitud son muy complejas y polifacéticas. No cabe duda de que mantienen relación directa con las limitaciones y las torpezas humanas.

- ¿Está afectando la recesión los recursos con los que cuenta Cáritas para llevar adelante su labor, teniendo en cuenta que el 60% de los donativos que recibe provienen del ámbito privado?

-Si la recesión es global, parece lógica la repercusión en todos los ámbitos y dimensiones de la vida social y de las instituciones que actúan desde los recursos estructurales o voluntarios de la sociedad. Pero lo que debe ocupar el primer plano de nuestra preocupación es que las consecuencias negativas de la crisis están afectando muy señalada y hasta desproporcionadamente sobre los más débiles y desposeídos. En consecuencia, la recesión global acentúa la pobreza en el mundo, y hace más urgente la intervención de las instituciones surgidas precisamente para atender a los pobres. Esto se constata de un modo singular en Cáritas.

-El Episcopado ha donado a Cáritas casi 2 millones de euros. ¿Qué mensaje quiere transmitir con este gesto?

-La íntima y esencial relación entre Cáritas y cada uno de las realidades eclesiales, llama especialmente a la puerta de nuestra conciencia en tanto miembros vivos de la Iglesia que siente como propias la necesidades y penurias de los hombres y mujeres del mundo en que vive y en el que ejerce su ministerio sobrenatural y humanitario. Ambos no se pueden separar porque, como ha dicho el Papa Juan Pablo II, el camino de la Iglesia pasa por el hombre. Es lógico, pues, que los obispos, como pastores de las comunidades cristianas, no solo llamemos a la generosa colaboración de los feligreses, sino que hagamos nuestra aportación tanto personal como institucionalmente.

-¿Son necesarios estos gestos para despertar la conciencia de los ciudadanos?

-Los obispos somos conscientes de que el gesto sencillo y de justicia fraternal que ha realizado la Conferencia Episcopal Española no llega a resolver casi nada. Pero debemos entender muy bien y transmitir con claridad que cada uno está obligado en conciencia a compartir lo que tiene. Debe presidirnos el convencimiento de que la solución a los problemas humanos y sociales, por muy materiales que fueren, tienen componentes y consecuencias que afectan al corazón de las personas. Por ello es necesario el testimonio humilde, claro y sencillo, de la caridad, de la cercanía personal a los que sufren, del sentimiento de fraternidad que abriga el corazón de los que se sienten abandonados, desatendidos o marginados sin especial culpa suya. Y eso reclama que cada uno hagamos lo que podamos, pensando más en nuestros vínculos con las personas que en medidas de eficacia instantánea.

-La debacle económica pone a prueba la infraestructura del Estado para dar respuesta a los más necesitados. ¿Cómo ve usted la red pública de ayuda en España?

-Me satisface constatar las diferentes iniciativas de acción solidaria con los más pobres. Son muchos, especialmente en las generaciones más jóvenes, los que, a pesar de otras apariencias contrarias, manifiestan su disponibilidad para ayudar en los procesos de atención social. No obstante considero que nos queda bastante camino que recorrer en la conjunción de esfuerzos para conseguir niveles mayores de atención social.

-¿Qué resta por hacer?

-Considero de grandísima importancia avanzar en la tarea de sensibilización social, no solo ante determinados acontecimientos lastimosos o ante situaciones de especial gravedad y extensión, sino ante la realidad penosa y vergonzante de la pobreza permanente en todos los lugares, y de la especial postración e indigencia de numerosos pueblos de nuestra aldea global.

-¿Cómo están respondiendo las parroquias al aumento de la demanda de ayudas?

-Las parroquias están realizando en estos momentos esfuerzos muy considerables de atención a los necesitados. Su número y gravedad está creciendo considerablemente, no sólo entre los inmigrantes que se quedan sin trabajo, y entre el número habitual de parados, sino entre los que se han visto seriamente afectados por las agobiantes obligaciones financieras y por otros motivos que reducen sus ingresos. El porcentaje de los que recurren a la atención de las comunidades cristianas ha crecido hasta desbordar los recursos de Cáritas.